Epílogo
Bella se fue y con ella una parte de mi alma, sin embargo, algo me reconfortaba el corazón abstracto, y era que, finalmente se había cerrado un ciclo, esta vez me había tocado pagar, pero ellos… ellos se merecían ser felices. Ethan, en parte era mi descendiente que siempre ignoré, pero tenía además, la mitad o mi alma completa, era un hombre noble, bueno, enamorado de Bella hasta el último instante, creo que su amor por ella lo había heredado en los genes y se había confirmado en su alma. Sé que sería un buen hombre, no había nadie mejor que él para cuidarla y amarla por la eternidad.
Por otro lado, estaba mi Bella, hermosa, el amor de mi vida. La adoraba. En un principio quise que fuera mía, estaba dispuesto a luchar por ella, incluso después de saber la verdad —que Ethan era mi consanguíneo—, sin embargo, cuando me di cuenta que ella lloraba por las noches, y veía que su rostro cada día se demacraba aún más, por amor, fue cuando me di cuenta que uno no puede jugar con el destino, porque él siempre tiene nuestras vidas pre- destinadas e intentar torcerle el brazo, es un error imposible de lograr.
Todo lo vivido con Bella, en esta vida, fue una especie de "veranito de San Juan". Pude sentirla y hacerle mía, amarla y ser feliz junto a ella, aunque fuera sólo por un corto tiempo. Pero, en fin, yo le debía la felicidad que le había quitado siete generaciones antes, y esta vez… debía hacerme a un lado, para que eso se cumpliera.
Ese día en que Bella se fue, merodeé cerca de su habitación, necesitaba recordarla y una sensación extraña me satisfacía, era como mirar una película de amor, pero como espectador. Entré a su habitación y no había ni rastros de ella, no quedaba nada, sin embargo, algo, que ni yo sé cómo identificar, me hizo mirar por la ranura de la ventana. Me asomé más y vi a Ethan, sentado en un banco del parque de la facultad, vestido de fútbol. Era de noche, pero mi vista agudizada, me hacía ver y oír mejor. Él estaba con la cabeza entre sus manos y lloraba como un niño abandonado, desesperado y absolutamente solo. Sentí un escalofrío, que jamás había vivido desde mi conversión, y algo hizo un clic en mí, jamás, nunca, me debí entrometer en esa relación, ellos se amaban demasiado, venía un hijo de ambos en camino, y por mi culpa, estaban separados por miles de kilómetros y con el sufrimiento que les nacía desde las entrañas.
Con tremendo panorama me decidí y bajé a hablar con Ethan, él merecía saber la verdad.
—Hola —susurré, pero él me escuchó enseguida.
—Hola —sus ojos estaban enrojecidos de tanto llorar.
—Se fue ¿cierto? —pregunté, porque podía sentir su dolor como si fuera mío.
Ethan asintió sin mirarme, aún con la cabeza entre sus manos.
—Mira, quizás te parezca absurdo lo que te voy a decir, viniendo de mí, pero, es un deber moral —sonreí con timidez.
Sus ojos calipsos, como alguna vez habían sido los míos, me miraron confusos.
—Bella te ama…
—¿Bella? —dijo él confundido.
—Isabella —corregí.
Su rostro mostraba la confusión de su corazón.
—No creo… —dijo intentando controlar su pena.
—Te lo aseguro, así que si me permites un consejo —sonreí— yo que tú iría por ella y la traería conmigo.
—Pero tú y ella… —exclamó desconcertado.
—Nuestra relación acabó hace mucho tiempo, en parte, porque me di cuenta que ella era a ti a quien amaba —me sentía aliviado diciéndole la verdad.
—¿En serio? —una sonrisa se dibujo en su rostro.
—Sí, completamente, así que ya sabes ¡Ahora está en tus manos!
Me puse de pie y me fui. Algo me mantenía contento, no sabía qué era, pero creo que había cumplido con una parte de mi karma.
Como los vampiros lo sabemos todo, me enteré que Ethan había ido por Bella a Estados Unidos. Me acordé de ella y me sentí emocionado ¡Aún la amaba! Pero, esta vez, su felicidad era lo primero.
Después, por la visiones de mi hermana, supe que se habían casado, ella volvió a la universidad y su pequeño niño nació muy bien. Además, por las circunstancias en que había ocurrido todo, Ethan pudo renunciar a los Eximius sin mayor problema.
Un día encapotado, sin mucho que hacer, salí, por no quedarme encerrado en la casa. Pasé por una plaza, con muchos niños jugando y riendo, y una sensación reconfortante me llenó el alma vacía. Me quedé junto a un árbol observando la vida en esos seres llenos de luz, estaba atónito mirándolos, sus travesuras, esa ternura y la inocencia propia de los infantes. Un tironcito en mi pantalón me despertó de la catarsis. Era un pequeño, de poco más de tres años, su pelo era rizado en las puntas, con una dulce carita redonda y con tremendos ojos turquesa.
—Hola —me increpó con su mirada, a pesar de que era un punto de personita.
—Hola —le sonreí y me puse en cuclillas, para intentar estar a su altura.
Cuando me agaché, con una de sus manos rechonchitas, llenas de hoyitos como margaritas y sucias con alguna golosina, acarició mi rostro, como descubriéndome y ese contacto me llenó el corazón casi hasta las lágrimas.
—¿Quieres ser mi amigo? —me dijo con su voz dulce y enana.
—Sí, por supuesto —le sonreí.
—Pero tienes que conocer a mis papás —su mirada se internaba en mis ojos.
—Bueno, si tú quieres —contesté sin pensarlo.
—Sabes… mi mamá es una princesa —sus bellos ojos calipsos se iluminaron ante su aseveración.
—¡De verdad! —quise ponerme a la altura de su entusiasmo.
—Es muy bella y vive en un castillo.
—¿En serio? Y ¿Cómo se llama tu mamá?
—Isa… y mi papá es su príncipe encantado.
—¡Guau! —ya sabía perfectamente con quién hablaba.
Oí que una señora mayor lo llamaba con efusividad.
—¡Edward! ¡Edward! —sentí que me desvanecía ante lo que oía, sería posible ¿Le habían puesto mi nombre? ¡Oh, por Dios! Una ola de felicidad me invadió y me sentí muy satisfecho.
—Anda te llaman —dije con una gran sonrisa.
—¿Nos volveremos a ver? —me dijo con su voz pequeña.
—Puede ser —acaricié su pelo miel, ondulado.
La señora lo tomó por la mano y le llamó la atención, pero él no la oía, estoy seguro, ella lo tenía por la muñeca y él me miraba a mí y movía su mano gordita y pequeña, despidiéndose de mí.
Agradecimientos
A todas las que leyeron y postearon en mi fic ¡¡¡Miles de gracias!!! Siempre les estaré infinitamente agradecida.
Las espero en "Energía al Límite".
Muchos cariños,
Karen
