Chapter 2 :: Can't Take My Eyes Off You
You're just too good to be true, can't take my eyes off you.

Miraba el techo e intentaba formar figuras con las manchas que habían por la filtración de humedad. Había terminado mi octavo cigarrillo del día, tenía que aprovechar mientras mi padre estaba ausente y Rose también.

Mi estómago suplicaba algo comestible, y mi cabeza sólo pensaba en Rose, la extremadamente impuntual y desconsiderada Rose, tenía que estar aquí hace bastante rato para poder salir a comer algo. Maldije la hora en la que me quedé con las llaves, esperar a Rose siempre era una mala idea.

El teléfono de la casa sonó, el identificador de llamadas mostró el código de Texas y no pensé dos veces en quién podía ser.

"Hola, papá."

"Jasper, ¿Cómo va todo por allá?" Me preguntó algo preocupado.

"Muriendo de hambre, esperando a Rose." Me quejé. "¿Y a tí?"

"Si quieres yo llamo a Rose, tengo su celular en mi agenda y si…"

"No te preocupes, yo me ocupo." Lo interrumpí y tosí un poco.

"¿De nuevo con el cigarro?"

"En realidad cerveza helada." Respondí fingiendo una broma mientras miraba las cinco latas de cerveza en el tacho de basura de mi habitación.

"Jasper, hice este viaje porque confiaba en ti y en tu buen juicio. Si hubiera tenido idea que…"

"No te preocupes, Rose acaba de llegar." Me inventé mientras azotaba la puerta de mi cuarto con mi pie. "Ya estamos saliendo. ¡Espera un momento, Rose! ¡Hablo con papá! Te manda saludos."

"Mejor pásamela." Sentenció Robert.

"Nada de eso, muero de hambre. ¡Saludos a todos por allá!"

Le colgué el teléfono y lo tiré en mi cama. Cojí las llaves y bajé de tres en tres los escalones. Me puse un largo saco hasta casi las rodillas y salí. Para variar, llovía en Forks. Subí la solapa de mi saco para mantener seco mi cuello, mientras que mechones de mi cabello caían sin orden alguno sobre mi frente. Creo que necesitaba un corte, lo arreglaría llegando a casa.

En ese momento me acordé de Rose, marqué su número, pero no espere que me saludara ella, sino su contestadora, y no me equivoqué.

"¡Hey! Si estás escuchando esto es porque estoy ocupada. Deja tu mensaje después del Pi. Sino te devuelvo la llamada, no creas que mi contestadora falla, sino es que, simplemente, no estoy interesada. Au revoir."

Rosalie, tan sutil como de costumbre. "Te intenté llamar, no contestaste, lo lamento. No soy uno de tus fans, Rose. Estoy camino al Café Y Más, si no llegas a tiempo te tendrás que conformar con mis sobras, claro, si es que dejo algo."

Colgué y guardé mi celular en el bolsillo trasero de mis desgastados jeans. Mi cabello no me permitía ver lo que estaba delante mío, así que sólo miraba la vereda. Miraba cómo algunas flores habían intentado salir, haciendo ranuras en el asfalto, pero se marchitaban al fin y al cabo. En cambio, la hierba mala aprovechaba las ranuras de las flores, pero sobrevivía. Irónico.

Estaba por dar la vuelva a la esquina cuando desesperados gritos de una muchacha a mis espaldas.

"¡Francis! ¡Francis!"

Me volteé bruscamente y me encontré con un hermoso labrador negro corriendo con su correa al viento. Reaccioné rápidamente y lo detuve agarrándolo de la correa. Intentó correr, pero era más fuerte que él y se cansó un poco. Levanté la vista y me encontré con la muchacha Weller corriendo hacia mí. Supuse que era suyo. Se sorprendió al verme, pero cambió de expresión y me dirigió una tímida sonrisa.

"Jasper." Me saludó un poco agitada

"Weller."

"En realidad es Webber." Me corrigió mirando al cielo avergonzada, cuando el avergonzado debería ser yo.

"Eso dije." Le confirmé mirándola seriamente. Sabía que la persuadiría.

"Oh."

"Emmh, tu perro." Le recordé entregándole la correa.

"Graci…" Estaba por terminar cuando otros gritos se escucharon, esta vez la llamaban a ella y no al perro.

"¡Angela! ¿Por qué corres tanto si sab…?" Preguntó entrecortadamente a la chica, pero recobró la postura al verme. "Hale." Me saludó seriamente.

"Hola…Chico." Genial, debía hacer más vida social en la escuela si no quería hacer el ridículo una vez más.

"Ben." Dijo Angela soltando una risa, mientras pasaba su brazo por la cintura de su acompañante, quien había tomado una posición un tanto protectora. Debía tener una facha pésima, sabía que el constante dolor de cabeza y las desveladas se traslucirían pronto o temprano.

"Ben, claro, Ben." Admití.

Hubo un breve momento incómodo, esos silencios que no sabes cómo llenar, en mi caso, preparándome para las palabras que, estaba seguro, ella estaba por decir...

"Jasper… Lo lamento en serio. Debe ser my doloroso, pero no te dejes vencer ¿Está bien?" ¿Por qué siempre me quedaba bloqueado ante esas palabras? –Pensé.

"Tal vez no somos muy amigos que digamos, pero aquì nos tienes." Continuó Ben haciendo hincapié en nos.

Me limité a asentir, tenía que pensar en algo rápido que decir. "Angela, Ben, linda pareja, lindo perro." Bastante original, una ovación para Jasper Hale Whitlok, damas y caballeros. Dí un paso atrás y continué. "¿Escuchan eso? Es mi estómago, muero de hambre así que los dejo. Ben, sé mas caballeroso, no puedes permitir que una dama se esfuerce tanto ¿Verdad?" Ser odioso siempre se me había dado bien, ¿Por qué cambiar ahora?

Me dí la vuelta y continué con mi camino, sentí una mirada cargada de odio a mis espaldas, y no sé porqué presentí que no era Angela quien me la dirigía. Continué mi camino, esta vez un poco más rápido y con más cosas en la cabeza que comparar las flores con la hierba mala.

Las palabras de Angela y Ben se quedaron en mi mente, estancadas. ¿En realidad podía contar con ellos dos? ¿Aunque ni siquiera recordara sus nombres o los saludara en la escuela? Lo más seguro era que lo hubieran dicho nada más por ser buenos, pero algo en los ojos de Angela me dijo que tal vez –Sólo tal vez.- fueran sinceros.

Volteé y me encontré con el par nuevamente, ahora el llevaba al perro, pero veía cómo se esforzaba por tenerlo bajo control. Ella le contaba algo y el la volteaba ver con cierto brillo en los ojos, y ella lo miraba de igual manera.

Que alguien te mirara así se debería sentir… Bien. Diferente, nadie me había mirado así nunca, y dudaba que alguien pudiera. Mi cabello parecía el nido de especies desconocidas y apostaría a que tendría algún nudo por ahí. Era bastante pálido, y mis malvas ojeras no ayudaban para nada. Si tenía algo que estuviera bien, eran mis ojos, heredados de mi madre, y francamente, no me sentía para nada merecedor de ellos.

Seguía arrastrando mis botas hacia el café, sin mirar de frente en ningún momento, sentí mi celular vibrando como por cuarta vez en esos minutos y no contesté, era su hora de sufrir. Estaba a unos pasos del café y sonreí al no ver a Rosalie cerca.

Entré al café y sentí mi cuerpo más caliente al instante en el que dejé la helada lluvia detrás mío. Moví mi cabello para poder ver, un par de gotas le cayeron a una mujer junto a mí y no ocultó su ceño fruncido. Levanté la vista y me encontré con ella.

Su mirada era sorprendida, tal vez le habría dado miedo, o algo así. Parecía una pequeña bailarina de ballet, de ésas que vienen en las cajas musicales. Tenía los rasgos finos, la nariz respingada y los pómulos delicados. Sus labios eran breves, pero gruesos. Sus ojos eran absolutamente hermosos, verdes. Un verde que nunca había apreciado así en ojos. Su cabello era lacio y caía de forma ordenada hasta sus hombros, totalmente obscuro. Una chica, en pocas palabras, sencillamente hermosa. Parecía un ángel, sí, uno de esos ángeles que modelaban ropa interior de la que Rose compraba a montones.

Sentí como mis labios se habían abierto, y ahora estaban a punto de separarse, de no ser por el golpe que sentí.

"Eres un completo idiota, ¿Tanto te costaba contestar el teléfono? ¿O esperarme unos minutos más?" Me reprochó.

Fruncí el ceño, ¿Cómo podía ser tan desconsiderada? No iba a empezar a pelear con ella ahora mismo, así que me dirigí a la barra a pedir algún postre. –Aunque mirando de reojo a la hermosa muchacha.

Saludé a la mesera y le pedí dos porciones de torta de chocolate, dos lates y un alfajor. Ella me los dio, junto la cuenta.

"Emmh, ¿Por casualidad no sabrás si son de aquí los de aquella mesa?" Le pregunté a la muchacha señalando al ángel con un movimiento de cabeza. "Molly." Agregué después de leer su placa –Todos deberían usar una.- y otorgarle una sonrisa torcida.

Rió nerviosamente. "No lo sé, primera vez que vienen. Pueden ser turistas, aunque tratándose de Forks, lo dudo. Me parece que son los Cullen, me comentaron que una familia se mudaba y son cuatro también" Me dijo algo nerviosa. Oh, no me había percatado de la compañía del ángel.

"Esta bien, gracias, Holly." Le sonreí y volteé. El ángel seguía allí, mirándome todavía. Me sentí afortunado. Le dí los postres a Rose.

"Vaya caballero sureño, eh." Me miró con esas miradas que ponían de punta a cualquiera y no espero respuesta alguna de mí.

"Vamos, Rosalie. No vas a querer quedar como una tonta frente al chico nuevo, ¿O si?" Le pregunté con la vista fija en la muchacha de ojos verdes, quien a su vez no despegaba su vista de mí.

Rosalie volteó en busca del chico, pero se encontró primero con ella. La examinó de arriba a abajo y su fría mirada desapareció. Luego se posó en los ojos del muchacho que la acompañaba y –Cómo buen primo, describo a la perfección cada mirada de Rose.- Ésta mostró un poco de lujuria. Me alegré, con eso no estaría tan enojada conmigo. Sonrió y salió, coquetamente, por supuesto. -¿Qué esperaban? Era Rosalie, tan simple como eso.

Me quedé observando a el ángel por un instante más. Era tan bella, y no me miraba con temor o lástima, como las posadas en mí últimamente. Mire abajo, para después despedirme de sus hermosos ojos y salí.

Salí a mi triste realidad: Dos porciones de torta y cómo acompañante, nada más ni nada menos que Rosalie Hale King.

"Jasper y Alice. No es la primera que te mira así, pero que le devuelvas la mirada es un buen paso, te felicito primito." Me dijo Rosalie guiñándome el ojo.

"¿Alice?" ¿Y cómo ella sabía su nombre y yo no?

"Así es, hoy me encontré con Lauren. Me comentó que había visto al chico nuevo y estaba 100% comestible, pero que de su hermana no había ni rastro. Supongo que eran ellos, el se llama Edward, ella Alice, su papá Car…Car… era un nombre antiguo, bastante antiguo. Pero el tío está bueno también, no me molestaría enfermarme un poco más a menudo."

"No encuentro muy sexy a un tipo que pueda ser tu padre o te pregunte si tienes gases para darte la prescripción correcta."

Ella rió. "Créeme, yo puedo hacer eso sexy." Arrogante, para variar. "Agradece tu también, lo llevamos en la sangre. No me digas que no adoras que ninguna chica te reproche algo cuando te confundes de nombre." Tal vez me pasaba eso más a menudo, ¿Por qué mi prima malvada nunca me lo había comentado antes? Tan sólo esperaba que nunca me hubiera confundido de nombre con María. –Claro, si ese era su verdadero nombre.

"Oh, no. ¿Lo de los nombres me pasa tan a menudo?"

"Claro, hasta a María la confundiste un par de veces. El primer día que te habló le dijiste Margarita, luego Marita, y me parece haber oído más de una vez Conchito."

"¿Y cómo es que nunca me corrigió?" Era un desgraciado, ¿Cómo podía confundir María con Conchito?

"Ya te lo dije, el sencillo pero irresistible sex appeal de los Hale, no lo subestimes. Aparte, María estaba muerta por ti. Y a juzgar por la mirada de aquella chica, al parecer se va a sumar a tus fans."

Golpeé su cabeza, que estaba cubierta por una capucha, y ella sólo se rió. Extrañaba a esa Rose, hace mucho que no sonreíamos así, y se lo debía –Indirectamente o no.- a mi pequeño ángel, Alice.