Sasuke estaba vistiéndose para ir a buscar a Jack a la casa de su madre y luego ir al trabajo. Sakura estaba preparándole el desayuno. Lo llama a comer. Sobre la mesa apoya dos tazas de café y algunas tostadas. Él baja por las escaleras y va a la cocina.

- Debo irme – dijo apurado.

- Pero si todavía no desayunas – dijo Sakura preocupada.

- Compraré un café por ahí, no te preocupes – dijo – Adiós cariño –

Le da un beso y se va por la puerta del garaje.

Sakura se sienta en la mesa y apoya su cabeza sobre su mano. Suspira. Mira la hora; eran las siete y media. "¿Sería muy temprano?" Se preguntaba. Esboza una pequeña sonrisa.

En la estación de trenes, la cual usa siempre para ir a la radio donde trabaja, se acerca a uno de los teléfonos públicos. Dudosa introduce la moneda para llamarlo. Marca los primeros cinco números, pero luego cuelga. Se siente extraña. Luego de unos instantes vuelve a tomar la moneda que introdujo en el teléfono y marca todos los números.

- Hola, soy Naruto Uzumaki, por favor deja tu mensaje luego de la señal – suena el contestador y luego el sonido que indica dejar el mensaje.

Estaba punto de colgar, cuando escucha su voz.

- Hola – se escucha del otro lado de la línea.

- Hola, soy yo – dijo Sakura.

- Esa voz melodiosa no la podría confundir con ninguna otra –

- Quería llamarte para, bueno, agradecerte la ayuda – le dijo un poco tímida.

- Pues, de nada. Espero que estés mejor –

- También quería llamarte para pedirte tu… -

- Ven a mi casa – le interrumpe.

- ¿Cómo? – dijo Sakura confundida.

- Que vengas a mi casa. Te prepararé algo –

- Eh…sí, está bien –

- Perfecto. Adiós –

- Adiós – dijo colgando el teléfono – Diablos, ¿por qué le dije que sí?

El vivía en el piso tres. Sakura se estaba cansando de subir las escaleras, ya que el ascensor estaba fuera de servicio. Cuando llega toca la puerta. Escucha el leve sonido del bastón golpeando contra el piso. Le abre la puerta. Estaba con los anteojos de siempre y con un simple abrigo de lana.

- Hola Naruto – dijo ella.

- Pasa. El café ya casi está – dijo él haciéndole señas de que entre.

Ella entra y Naruto cierra la puerta. Le quita el saco que tenía puesto y va directo a la cocina. Sakura comienza a admirar nuevamente la gran colección de libros. Sobre una mesa ve un gran libro. Le da curiosidad y se acerca. Nota que todas las páginas tenían puntos sobresalientes. Desde la cocina, Naruto le habla.

- ¿Sakura? – le pregunta.

- ¿Sí? – dijo sobresaltada.

- Nada, solo quería saber donde estabas – le dice mientras a se acerca a ella con dos tazas humeantes.

Le da una a ella y la otra la apoya sobre la mesa. Se sienta en un sillón que estaba al lado de la mesa.

- Estaba "leyendo" – dijo Naruto haciendo la seña de las comillas con los dedos.

- Así que así es como lees – dice pasando la mano sobre los puntos – Es increíble –

- Está en Braille -

Naruto se para y va detrás de ella. Le agarra la mano, apoyándola sobre el papel.

- Cierra los ojos – le susurra.

- ¿Qué? – dijo confundida.

- Cierra los ojos – le dice sonriendo.

Los cierra. Naruto apoya su mentón sobre el hombre de ella y comienza a pasar su mano y la de ella sobre el papel para lee lo que dice.

- Antes de que pudiera decir sus últimas palabras, Charlotte abrazó a Monee lo más fuerte que pudo. "Monee, te prometo que nunca romperé nuestra promesa". "No te preocupes Charlotte. Siempre estarás en mi corazón" -

Sakura abre los ojos y lo mira.

- Vaya, es… increíble – dijo – Siento que escuché este fragmento en algún lugar -

- "Mi dulce Camelia" de Jean Peul Sartre –

Aquel rubio encantador no dejaba de acariciar la mano de Sakura.

- Sigues teniendo las manos suaves y delicadas como ayer – dijo Naruto con una voz suave que hizo temblar a Sakura.

La mano de Naruto iba recorriendo todo el contorno del cuerpo de Sakura. Esta estaba muy nerviosa. Rápidamente, cuando la mano de él estaba llegando hacia la parte de la cadera, se separa de él.

- Perdona, debo… debo irme – dijo Sakura yendo rápidamente a la puerta.

Al momento vuelve porque había olvidado su abrigo. Se acerca al sillón donde lo había apoyado. Pasa por al lado de Naruto. Al coger el saco se vuelve hacia la puerta, pero antes de que pueda llegar, Naruto le agarra la mano.

- No te dejaré ir muy fácilmente – le dice poniéndole una sonrisa.

Sakura se voltea hacia Naruto pensando lo peor. Él, lentamente, eleva su mano. Ella pensaba que la dirigía hacia su cuello. La posa en sus anteojos.

- Antes de que te vayas, quiero que veas algo – le dice quitándose lentamente los anteojos.

Cuando por fin los oscuros lentes se separan de su rostro, se ven sus párpados cerrados. Sakura no entendía.

- ¿Qué estás haciendo? – dijo confundida.

- Quiero que veas… - dijo y abrió los ojos – como soy… -

Sus ojos eran de un azul increíble. Quedó hipnotizada. Nunca había visto algo así, no de tan cerca como estaba ella en ese momento. Eran como una tela celeste que se movía con el viento. Él se acercaba a ella para besarla. Sakura no sabía como reaccionar. Un leve movimiento hacia atrás impulsa a Naruto a traerla hacia él de un impulso. Apenas la tuvo a pocos centímetros de él la besó. Le cogió la mandíbula muy delicadamente para hacerle señas de que quería seguir el beso. Ella estaba muy confundida, pero a la vez quería seguir. Sus cálidos labios eran delicados y empalagosos para ella. Aunque su mente le diga que pare, su cuerpo la acercaba cada vez más a él.

Volviendo a su casa, dentro de un tren prácticamente vacío Sakura estaba llorando por lo que había hecho. En su mente se dibujaba el momento en que ella lo atraía a sí misma. Se sentía culpable. Culpable de haber traicionado a Sasuke. Pensaba en cuando ella misma lo estaba besando sin poder detenerse y sin importarle otra cosa que no fuera unir sus labios con los de él.

En un estacionamiento al aire libre, estaban Sasuke y un amigo de él caminando y hablando.

- ¿Cómo te está yendo con la nueva empresa, Sasuke? – le pregunta el hombre.

- Bien, hemos logrado aumentar las acciones – dijo Sasuke.

- ¿Y cómo está la familia? – pegunta el amigo.

- Bien, mi hijo está por cumplir años – le dice Sasuke con una expresión de felicidad.

- ¿En serio? ¿Cuántos? – le pregunta el hombre con una sonrisa.

- Ocho en dos semanas – dijo Sasuke.

- ¿Y como está Sakura? –

- Bien, es increíble el empeño que le pone al trabajo –

- ¿En serio? No la he escuchado en la radio en ningún momento la última semana – dijo.

- ¿Cómo? – dijo Sasuke confundido.

- Bueno, tampoco he podido escucharla por todo el trabajo que tuve –

- Ah, claro – dijo Sasuke aún confundido.

Esa misma noche, estaba Sasuke en su escritorio con algunos papeles bajo una pequeña lámpara. Por la puerta aparece Sakura vestida con ropa para ir a dormir.

- Está dormido – dijo Sakura refiriéndose a Jack.

Sasuke solo le hizo una mueca de aceptación.

- ¿Se te apetece algo? – preguntó.

- No, estoy bien, gracias – dijo sin prestarle mucha atención.

- ¿Un día duro? –

- No, no mucho. ¿Y tú? ¿Que tal? –

- Bien, ya sabes, como siempre – le dice un poco nerviosa – ¿Así que no quieres no nada?

- No –

Sakura se iba de la habitación, pero Sasuke le habla antes de que se vaya.

- Sakura -

- ¿Si? – le dijo disimulando sus nervios.

- ¿Me amas? –

Sakura se sintió muy incómoda con esa pregunta, pero igual la respondió como si nada.

- Pues claro que sí. Que pregunta tan tonta – le dijo con una sonrisa.

- Sí, perdona, me siento un estúpido al… preguntar eso – le dijo con una sonrisa escondida.

- Yo voy a dormir – dijo Sakura.

- Subo enseguida – dijo él.

- Bien – dijo y se fue de la habitación.

En la sala, ella va apagando las luces y ve sobre la estantería un aljibe hecho completamente de cristal con detalles. Era de un tamaño de aproximadamente veinte centímetros. Lo miró por un rato y luego sonrió.

A la mañana siguiente, estaban los dos en su cuarto cambiándose. Sakura estaba en el baño peinándose mientras su esposo le hablaba desde delante del armario.

- ¿Quiere que hoy almorcemos juntos? – le pregunta a ella.

- No puedo, tengo que ir a la radio – dijo sin prestarle mucha atención.

- Entonces a las doce treinta – dijo para que ella aceptara.

- ¿Doce treinta? ¿Tendré hambre para esa hora? – le dice con tono de broma.

- Te esperaré –

- Amor, no te voy a hacer esperarme una hora o más –

- No importa. Te esperaré -

Mientra hablaban, Sasuke nota un vestido de satén rosado que nunca había visto antes, lo cual era obvio porque todavía tenía la etiqueta. Debajo de la silla que sostenía ese vestido, había dos pares de zapatos, también nuevos.

- Diablos – dijo ella.

- ¿Qué? –

- Acabo de acordarme que tengo una cita en Georgiana – dijo secándose la cara con una toalla.

- Georgiana… ¿el salón de belleza? – dijo y la miró fijamente – No lo necesitas – le sonrió y le dio un beso.

Unas horas más tarde, Sasuke estaba en su oficina con el teléfono en mano. Del otro lado de la línea escucha la voz de la operadora.

- ¿Operadora? -

- Sí, quisiera que me comunicara con el salón Georgina – dijo Sasuke.

- Ahora mismo –

Pasó un instante y le comunicaron con el lugar.

- Si, buen día. Quisiera saber sobre una cita a las doce treinta… Uchiha, Sakura Uchiha – hubo un momento de silencio - ¿No hay? Bueno, gracias – Sasuke cuelga el teléfono completamente confundido.

Caminando por la calle, estaba Sakura vestida con el vestido que había visto Sasuke sobre la silla y un abrigo largo hasta la rodilla como el vestido. A pocos metros del edificio de Naruto, aparecen dos de sus amigas con bolsas de compras en las manos.

- ¿Esa no es Sakura? – dijo una a la otra.

- Sí, es ella. Cuanto tiempo sin verte – dijo una rubia.

- Ino, Hinata, hacía tiempo que no las veía – dijo Sakura – Iba a llamarte –

- Sí, eso dices siempre cuando llamo para las fiestas – dijo Ino.

- Cielos, hacía mucho que no hablábamos. Vaya, estás increíble – dijo con voz alagadora.

- ¿Y a dónde ibas? – preguntó Ino.

- Yo solo iba a… mirar un tapizado para el living – dijo metiendo excusa.

- Vamos a tomar un café, ¿te apuntas? – dijo Ino.

- No, me retrasaría – dijo Sakura.

- ¿Para el tapizado? Venga, vamos – dijo Hinata en broma.

- Bien, iré – dijo Sakura mirando nuevamente al edificio de Naruto.

En el café de enfrente, estaban las tres sentándose en una mesa.

- Chicas, discúlpenme, tengo que hacer una llamada – dijo Sakura y se fue a un teléfono de allí dentro.

- Pudo haber usado mi celular – dijo Hinata.

Sakura introdujo las monedas en el teléfono y marcó los números. Luego de dos pulsos, escuchó la voz de Naruto.

- Hola, soy yo. No me lo vas a creer. Estoy en el café de la esquina con unas amigas…no, no, espérame… ¿me esperarás?…de acuerdo. Adiós – colgó el teléfono y fue nuevamente a la mesa.

- Perdonen, llamé a la empleada para que recogiera la ropa de la tintorería – dijo Sakura.

Por la puerta se lo ve pasar a Naruto con su bastón y sus anteojos negros. Se dirige a la barra.

- Buenos días – dijo Naruto estrechando la mano del cantinero.

- Buenos días – dijo estrechándole la mano.

- Un café con moca – dijo.

Sakura lo miró de reojo sin que sus amigas lo notaran.

- ¿Qué van a tomar? – dijo Ino.

- Tomaré un café cortado. ¿Tú? – dijo Hinata.

- Yo tomaré solo un café – dijo Sakura.

- ¿No quieres algo para comer? – preguntó Hinata.

- No podría – dijo y miró a Naruto que se iba hacia la parte de los baños – Discúlpenme de nuevo, voy al baño –

Se levantó y fue a los baños.

- Está preciosa – dijo Ino a Hinata - ¿Crees que sea operada? -

- ¿Por qué lo crees? – preguntó Hinata – Si está preciosa -

- Ahora es cuando se hacen, antes de todo se vaya al demonio – dijo Ino con una risa irónica.

Sobre la pared entre los dos baños, estaba Naruto parado con sus dos manos en la punta de su bastón. Ella se le acerca y él le baja la manga del vestido acariciando su pecho izquierdo.

- Tengo amigas ahí fuera – dijo antes de que él la interrumpiera con un beso.

En las mesas, Ino y Hinata estaban hablando sobre Sakura.

- Ella es muy simpática – dijo Ino.

- Eso lo empeora. Es dulce y simpática y no ha tocado a nadie a excepción de Sasuke – dijo Hinata.

Dentro de uno de los baños, estaban Naruto y Sakura besándose contra una de las paredes del cubículo. La mano de él se deslizaba por la pierna de ella hacia arriba hasta llegar a la entrepierna. Ella largó un suspiro suave. Naruto le levantó el vestido hasta la cintura y la alzó. Ella rodeó la cintura de él con sus piernas.

En la mesa, las chicas seguían conversando.

- ¿Sigues yendo a clases de Tenis? – preguntó Hinata.

- Lo que yo hago no lo llamaría Tenis – dijo Ino con una risa pícara.

Hinata se ríe. A la mesa se acerca Sakura.

- Ya está – les dijo Sakura con una sonrisa.

- Por fin. Empezaba a preocuparme – dijo Ino.

- No, no pasa nada. Estoy bien – dijo con una pequeña risa.

- Creímos que te había raptado ese rubio sexy – dijo Hinata.

- ¿Qué rubio sexy? – dijo Sakura riéndose.

- El ciego que estaba en la barra – dijo Ino - ¿No lo viste?

- No, no me entero de nada – dijo Sakura.

Naruto se acerca a la barra para tomar su café.

- Ahí, mira. Aquel – dijo Hinata señalándolo con la mirada.

Sakura se voltea para verlo.

- Podría encontrarle el atractivo – dijo Sakura sin prestarle mucha atención.

- Cariño, si me hablara me caería de espaldas al instante – dijo Hinata.

- No puedes – dijo Ino con voz autoritaria.

- ¿Por qué no? – preguntó Hinata.

- Por dos razones. Kiba uno y tus hijos la otra – dijo Ino seria.

- Bueno, ¿sabes Ino? No haría falta de que se enteraran. Podría ser algo clandestino. Sería como ir a clases de cerámica – dijo Hinata.

- Tener una aventura no es ir a clases de cerámica – dijo Ino mucho más seria.

- Podría – dijo Hinata sin prestarle mucha atención.

- Empezaría así. Pero luego… algo pasaría. Alguien se enteraría o se enamoraría y sería… desastroso – dijo Ino – Siempre acaba en un desastre –

Sakura y Hinata la veían de manera extraña. Estaban comprendiendo la indirecta. Hinata posó su mano en la nuca por los nervios de seguir hablando.

- Ino… – dijo Hinata.

- ¿Cuándo? – preguntó Sakura impactada.

- Fue hace mucho tiempo – dijo Ino con un tono de voz muy apagado – y es la única cosa en mi vida que desharía si pudiera –

Sakura miró hacia atrás y vio como Naruto se iba del bar.

En el departamento de él, estaba ella sentada en la cama con la cabeza baja hablándole.

- Acabas de hacerlo allí enfrente – le dijo.

- Creo que sí – dijo mientras tomaba un poco de agua.

- Podríamos dejarlo ahora y nadie saldría herido –

- Sí, pero si lo dejáramos ahora – dijo caminando hacia ella – yo saldría herido –

- ¿Entonces pase lo que pase alguien saldrá herido? –

- Puede que no – dijo él arrodillándose delante de Sakura – Puede que nos cansemos –

- Dios, espero cansarme de ti – dijo mirando hacia arriba con una expresión de preocupación.

Él no le presta mucha atención a lo que dijo.

- Te tengo en mi cabeza. Eres lo único que tengo en mi mente. Cuando me despierto, cada mañana -

- ¿Y en que piensas? – dijo mientras le desabrochaba la hebilla de los zapatos.

- Si es un día que no se si te veré, pienso "¿Hoy lo veré?". Y busco excusas para venir a la ciudad –

- ¿Y cuando sabes que me verás? – preguntó bajándole el cierre del vestido.

- Esos días… estoy calmada. Y me odio a mí misa –

Naruto le quitó el vestido y la abrazó por la parte de los pechos. Ella sentía su respiración en su cuello. Eleva la cabeza de él y lo besa.