Momentos adicción.
La sala común de Gryffindor se hallaba aburridamente vacía esa noche; y se debía a que más de la mitad de los alumnos se habían ido por las vacaciones de navidad. Lily siempre regresaba a casa, pero este año Petunia cumplía los 18 y como regalo sus padres habían prometido viajar con ella; y eso estaban haciendo ahora. Aunque sus padres consideraban que Lily ya era lo suficiente madura para quedarse sola en la casa (estaba en séptimo año de Hogwarts), ella prefirió quedarse en el castillo. En realidad al principio había dudado de volver, pero, para variar, ÉL la había hecho cambiar de opinión. Y justamente, a ÉL era el que estaba esperando ahora. ¿Cuánto podía durar ese maldito entrenamiento de Quidditch?. Se había ido unas cuantas horas antes…
Además que el equipo ni siquiera estaba completo, pero James Potter nunca iba a rechazar la oportunidad de un campo de Quidditch vacío, aunque fueran solo él, y tres personas más.
Lily bostezó por décima vez en lo que iba de la noche, y se recostó un poco más en el sofá en frente de la chimenea, viendo el fuego arder. Ya había terminado el día anterior toda la tarea que le habían dado para las vacaciones, ya había visitado a Hagrid, ya había escrito cartas para sus padres… ¿Qué más quedaba por hacer?. Estar con él algún tiempo, claro. Porque James 'la persona más ocupada del mundo' Potter, nunca tenía un rato libre. Si no era el Quidditch, eran los millones de castigos que tenía que cumplir con Sirius, o sus tareas de premio anual, o estudiar, o quién sabe que más.
Lily ya se sabía todos sus horarios de memoria, porque eran los mismo que tenía ella, los dos iban a ser Aurors. Aunque se sentaba con él en las clases, no alcanzaba. A ella le faltaba otra cosa. Hablar, reirse, caminar por ahí, escaparse con él por las noches… O por qué no, besarse.
Esta última actividad estaba preocupando severamente a Lily últimamente. Es decir, antes de que sean novios, había escuchado por miles de chicas diferentes elogios hacia la manera de besar de James Potter, y nunca había prestado atención, ¿para qué? Ellos nunca iban a ser nada. Pero desde aquel primer beso escondidos en los terrenos, y los otros miles que se habían dado, a Lily se le había generado una especie de adicción. Sí, adicción.
Si pudiera besarlo todo el tiempo, lo haría. Y lo consideraba algo totalmente normal. Porque lo amaba, era su novio, y ¡Merlín! Esos músculos, producto de las horas en escoba, y las gafas que acentuaban esa mirada sexy y juguetona, y ese pelo negro despeinado … James Potter estaba bueno.
Y eso nadie podía negarlo. No por nada miles de chicas se quedaban embobadas mirándolo cada vez que pasaba por los pasillos, tenía su propio club de fans, y miles de citas para San Valentín. En más de una ocasión Lily tuvo que contenerse para no ahorcar a una que otra idiota que miraba desde demasiado cerca.
Pero cuando recordaba que eran novios y que James no dudaba ni un poco de que se fueran a vivir juntos cuando termine este año y que estuvieran en la Academia juntos, se calmaba bastante.
Y de repente, el corazón de Lily empezó a latir más fuerte que nunca. Obviamente lo había visto entrar. Sonriente, lleno de barro , más despeinado que nunca y con las gafas torcidas y ojeras marcadas. Pero a ella no le importó y se lanzó a besarlo casi sin contenerse. Y fue un beso 'especial', de esos que implican caricias y tal vez algo más. Y cuando se separaron Lily ya quería pegarse a él de nuevo, pero claro, el idiota se estaba riendo, como siempre que terminaban de besarse.
- ¡Señorita Evans, contrólese! – replicó James sonriente.
Lily tenía ganas de contestarle que el tampoco se contendría si fuera ella y lo viese entrar así, tan malditamente sexy (aunque el no se hubiese dado cuenta, probablemente y aunque Lily era la única que lo podía encontrar sexy lleno de barro), pero no habló.
Solo le sonrió radiante y se sentaron juntos, a contarse todo lo que no se habían contado en los últimos días… y a seguir besándose, claro.
