N/A: Lo sé, lo sé, no tengo perdón, he tardado quinientos milenios, tenéis todo el derecho del mundo a acribillarme y tal, peeeeeero...¡he llegado con el epílogo! Es bastante largo, y MUY fluff, cursi, pink...etc xD. Me he divertido mucho haciendolo y quizás haga alguna secuela en el futuro basandome en el nuevo personaje que aparece, pero no sé xDxDxD. Otra vez, miles de gracias a todas y cada una de las personas que leyeron, comentaron y favoritearon la historia, es gracias a vosotros que me animo a escribir ^____^. Ha sido un placer escribir ésta historia^^. Sin más dilación...

Disclaimer: DGM no me pertenece, es de Hoshino Katsura.


Epílogo: ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? De bodas y un bebé.


Los rayos del sol, pálidos y suaves, se colaron por las cortinas mal corridas de la habitación. Miranda se removió un poco en la cama y se agarró al torso desnudo de Komui, que dormitaba a su lado. Él dormía profundamente, con la cara enterrada en la almohada y murmurando cosas sin sentido sobre helados de tomate, anillos y papeles.

Miranda se abrazó más a él, en un vago intento de que el sueño volviese a ella, pero decididamente, se había despertado. Se incorporó aun somnolienta y miró a su alrededor. La desordenada habitación estaba llena de ropa de la noche anterior y eso siempre le subía los colores a la cara de Miranda, quisiese o no.

Bostezo y se estiró como un gato enfurruñado mientras se arreglaba un poco el pelo. Inconscientemente se pasó la mano por el abultado vientre.

Se inclinó sobre el hombre dormido y acercó sus labios a su oído. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Komui ante la respiración de Miranda en su oído. Ella apartó el pelo suave de él con cuidado, y dijo las palabras fatales.

—Komui, levántate, Lenalee se va a casar— susurró. Acto seguido, el susodicho dio un salto en la cama y miró a Miranda asustado. Y ella comprendía perfectamente porque.

Por una vez, la dichosa frasecita era verdad.

. . .

Corre por aquí, vuela por allá, faltan flores, ¡sobran asientos!, ¡¿Dónde está el vestido?! , frases así se oían por los pasillos de la Congregación, y por un momento, cualquier persona ajena, se hubiese pensado que allí no luchaban contra una guerra inminente y que exorcistas y buscadores morían día a día.

Lenalee estaba en el salón donde se celebraría la ceremonia, ansiosa, nerviosa y sobretodo, furiosa. Nada en ese día estaba saliendo como se suponía que tenía que salir, y eso la ponía histérica. Se sentó en uno de los bancos que habían dispuesto para la ceremonia, hundiendo la cabeza entre los brazos. A su alrededor podía escuchar a la gente hablando, moviéndose, y algunos, llamándola, pero ella simplemente, sentía que no podía más.

En ese momento, sintió un par de manos suaves en sus hombros, masajeándolos levemente. Una voz cálida y más que conocida, susurró en su oído.

—Lenalee cariño, tranquilízate. Todo ira bien. Los preparativos ya casi están, tenemos a los Noes y los akumas vigilados para que no arruinen el día, y a Miranda para que controle a Komui. Así que ve con ella para cambiarte y tan sólo relájate. Es el día de nuestra boda, ¿no? — le dijo Allen al oído intentando infundirle optimismo.

Lenalee suspiró con una sonrisa y se giró para besar a su prometido-casi-esposo. Una vez echa esta importante tarea, fue con Miranda, que le sonreía no muy lejos de allí. Ella miró a Allen y este le sonrió.

—Vamos. Además, da mala suerte que el novio vea a la novia antes de la boda—acabó con una risa. Dicho esto, se fue entre el gentío, y Lenalee siguió a Miranda a una habitación a parte para prepararla para la boda. Apenas quedaban dos horas.

Ya en la habitación, Miranda se encargó de arreglar a Lenalee, ayudarla con el vestido, el peinado y el maquillaje. No es que esas cosas se le dieran muy bien, pero, eran amigas, la tenía que ayudar.

Pasaron las horas, entre risas, llantos histéricos y recuerdos memorables. Miranda también estaba muy susceptible por las hormonas.

En un momento dado, mientras Miranda le acaba de arreglar el complicado moño a su amiga, notó como esta suspiraba profundamente. Ella sonrió.

—No te preocupes por Komui. Todo ira bien. Lo tengo controlado y de todas formas, sabe que si no me hace caso, dormirá en el sofá. Y tenemos un sofá realmente duro, creeme— Lenalee se echó a reír. Miranda sonrió y la miró por el espejo—. ¿Recuerdas el día que le dijisteis Allen y tú que os ibais a casar? ¿No fue tan mal, no?— tanto la novia como la dama de honor, cerraron los ojos un momento, haciendo memoria.

"—Komui, Lenalee y yo, tenemos algo importante que decirte—Allen y Lenalee estaban sentados en el gran sofá rojo del despacho de Komui, agarrados de las manos e increíblemente sonrojados.

Komui los miraba suspicaz, y a su lado, Miranda se preparaba para detener a su marido. Sería difícil, pero nada que un par de amenazas no pudiesen arreglar.

Allen tomó aire, abrió la boca…y la cerró como un pez. Ningún sonido salió de ella y el cada vez se veía más y más nervioso. Finalmente, Lenalee no lo aguantó más y se puso en pie acercándose a Komui. Levantó su mano izquierda y le enseñó el sencillo anillo de diamantes que brillaba en su dedo anular.

Silencio. Por varios minutos un silencio sepulcral se implantó en la habitación.

El grito que Komui Lee soltó se pudo oír por toda la organización al minuto siguiente.

¡LENALEEEEEEE! ¡TU, BASTARDO! ¡NO SOBREVIVIRÁSSSSS! — Komui intentó saltar encima de Allen, pero Miranda lo agarró por los brazos y siseo en su oído una frase que lo dejó totalmente quieto.

Allen sobrevivió a esa noche, pero tuvo que destruir unos cuantos Komurines."

Tanto a Miranda como Lenalee les salieron unas gotas tras la cabeza estilo anime y se echaron a reír como unas locas. Lenalee se levantó del asiento y con ayuda de Miranda, caminaron hacía la puerta. La ceremonia ya iba a empezar.

Entonces, Lenalee se giró hacía su amiga.

—Una cosa que hace rato que me he preguntado es… ¿Qué le dijiste a Komui para lograr calmarlo? —preguntó curiosa.

Miranda Lee sonrió con malicia.

—"Un mes sin hacerlo y dos semanas de sofá" —rió ella antes de salir por la puerta. Lenalee se sonrojó levemente ante el sentido de la frase y Miranda rió aún más al verla.

—¡Hablo de su café! Lo hago con él y no puede sobrevivir sin una taza al día—explicó con malicia. Más risas.

Mientras iban por el pasillo, Miranda se agarró la barriga en un movimiento reflejo al notar una patada más fuerte de lo habitual y dolores varios. Decidió pasarlo por alto.

. . .

Y a todo esto os preguntareis… ¿Dónde está Komui? Allen le había pedido –casi suplicado- a Bakanda y Lavi que lo tuviesen vigilado algunas horas mientras él intentaba acabar de arreglar todo y se preparaba él mismo.

Y lo único que se les había ocurrido hacer a esos dos, era atar y amordazar a Komui, con tal de que dejase de berrear sobre la boda, Allen y la madre que los parió a todos.

Por supuesto lo soltaron cuando la ceremonia estaba a punto de empezar, pero eso no evito que Lavi y Kanda recibieran unos cuantos golpes por parte de su jefe. Ese día Komui estaba más que histérico, su pequeña hermanita se iba a casar con Walker y él no podía hacer nada para evitarlo o sufriría la furia de su esposa, que era peligrosa cuando se enfadaba.

Suspiró masajeándose las manos por las cuerdas que lo habían mantenido atado y salió de su despacho a paso ligero rumbo a su habitación y la de Miranda para cambiarse deprisa. La ceremonia estaba a punto de empezar y él tendría que acompañar a Lenalee por el pasillo.

Entro en su cuarto corriendo, se arregló rápido y salió como un rayo rumbo a la capilla del lugar.

Frente a la enorme puerta cerrada estaba Lenalee con un largo y sencillo vestido de novia. Blanco, por supuesto. Un velo ligero cubría su rostro, pero el sonrojo era perceptible. Ambos estaban nerviosos, ella porque esa podía ser la decisión más importante de su vida, él, por miedo de perderla.

Komui caminó hasta llegar a su lado y la cogió del brazo. Y por una vez, decidió tomar aire y aguantarse, felicitar a su hermana y no gritarle por su noviazgo con Allen.

Y entraron en el pasillo que llevaba hasta el altar.

Todos los buscadores y exorcistas los observaban con una sonrisa y había incluso algunos que lloraban. Era un día memorable, la hermana pequeña del supervisor POR FIN había encontrado pareja y se iba a casar ¡y sin ninguna muerte de por medio! Un logro que tenían que reconocerle a Miranda por saber controlar a Komui.

A paso lento, con la marcha nupcial de fondo, Lenalee llegó hasta el altar donde Allen con un elegante traje la observaba con la sonrisa más amplia que ella jamás había visto. Esa sonrisa le infundaba ánimos y la ayudó a dar los últimos pasos hasta llegar a su lado.

Su hermano le dio un beso en la frente y le dio una sonrisa sincera, el mejor regalo que Lenalee podría querer. Se puso de pie al lado de Allen, donde también estaba Lavi. Miranda, al lado de Lenalee le sonrió a su esposo, rogando a dios que nadie acabara en el hospital.

La ceremonia podía empezar.

. . .

Fue una ceremonia sencilla, el cura comenzó con las típicas palabras y todos, incluidos la feliz pareja tan sólo querían que llegara a la parte más emocionante "Puedes besar a la novia". Lo malo…es que el cura nunca llegó.

—…y así, el que tenga en contra algo con esta sagrada unión, que hable ahora o calle para siemp…—pero el cura no pudo continuar ya que fue interrumpido por un…ruido. Un chapoteo, más bien. Todos miraron a todos lados, hasta que se fijaron en Miranda que se agarraba el vientre con ambas manos y soltaba chillidos de dolor. Estaba de rodillas en el suelo sobre un charco de…¿agua?

Komui corrió a su lado abrazándola y entonces cayó en la cuenta de lo que había pasado. Miranda acaba de romper aguas.

Todo se volvió negro y Komui se hundió en la oscuridad.

. . .

Cuando Komui volvió a abrir los ojos, estaba en una silla bastante dura e incomoda en una habitación a parte de la enfermería. El olor a desinfectante y dios-sabe-qué-más era inconfundible. No se conseguía ubicar hasta que oyó los dolorosos chillidos de Miranda y fue cuando miró a la camilla y la vio ahí, retorciéndose de dolor y sudando, que recordó que había pasado. Por poco no se desmaya otra vez.

Se acercó corriendo a la camilla de su esposa y se sentó a su lado agarrándola de la mano. Pero al instante un dolor agudo lo atravesó de punta a punta. Le había apretado la mano a más no poder, mientras seguía en crisis.

—K...Komui…ayuda….ayuda….¡COÑO, AYUDA, JODER!— mi pobre mano, sintió que se le partían algunos huesos. Jamás pensó que Miranda tendría tanta fuerza. Y que sería capaz de soltar tantas palabrotas.

Lenalee aun con el vestido de novia, estaba al otro lado de la camilla, intentando tranquilizar a su amiga.

—Miranda, tranquila, respira, expira, respira, expira…— un apretón más fuerte de las manos de Komui. Chillido por parte de él. Miranda estaba de los nervios, las contracciones cada vez eran más fuertes y tenía que descargarse con alguien. Komui era el indicado.

Allen esperaba fuera, en la sala de espera, pues sólo les habían permitido la entrada a Lenalee y al marido de la paciente. Fuera, la sala de espera estaba revolucionada. Lavi, Kanda, Marie, Bookman, Reever, la mitad del departamento científico, unos cuantos buscadores y algunos más estaban por allí.

Todos hablaban, cotilleaban sobre como sería el niño (o la niña), si sería tan vago como su padre, tan histérico como su madre…etc. Era un gran acontecimiento, nunca nadie había tenido un bebé en la Congregación. Las enfermeras estaban como locas.

Y todos de etiqueta, pues acaban de salir de la boda.

El caos era total, y Allen tan sólo podía pensar que si el hijo de ese par, ya causaba ese efecto aún sin nacer, cuando naciera sería una amenaza peor que todos los Noes juntos. Allen nunca había sido creyente, por lo que Lavi se extrañó cuando se acercó a hablarle y le encontró rezando un padre nuestro.

El tiempo pasaba muy despacio para todos los que estaban fuera, pero para Komui, Miranda y Lenalee, aquello era una tortura. Komui estaba seguro de que tendrían que amputarle la mano, Lenalee estaba preocupada por Miranda y su estado, pues en aquella época era muy común que las mujeres murieran en los partos. Ya casi ni se acordaba de su propia boda, aunque estaba segura de que lo haría después.

Y Miranda…ella tan sólo quería que todo acabara de una puñetera vez.

—Komui, cariño…esto…es culpa…tu…ya— dijo entre jadeos como pudo, aunque sonreía a medias. Komui suspiró y le sonrió a su esposa para infundarle ánimos. Lenalee enrojeció ante la frase.

—Pues que yo sepa tú también colaboras- — no pudo continuar porque Miranda le trituró la mano. La pregunta era si lo había hecho a posta o porque le dolía—. Vale, no he dicho nada.

En ese momento llegó la enfermera, diciendo que ya era hora de que ese bebé saliera. Sacaron a Lenalee de la sala y sólo permitieron quedarse a Komui. Lenalee pataleó, chilló y pidió de mil formas que la dejaran estar junto a Miranda, aunque al final fue el propio Komui quien la convenció de que se quedara fuera.

Cuando la novia aún de blanco salió de la enfermería, no pudo hacer nada más aparte de sorprenderse por la de gente que había allí y correr a los brazos de Allen

Sólo quedaba esperar.

. . .

Un llanto, rasgo el aire de la noche. Era el llanto de un niño, un bebé. Todos en la sala de espera fijaron la vista en la habitación de donde salía el ruido. Ya era inminente. Un nuevo Lee estaba en el mundo. La mitad del departamento científico se hecho a llorar, porque eso significaba que Komui tenía descendencia. La peor pesadilla de algunos.

Una enfermera joven, salió afuera donde estaban todos y sonrió a Allen y Lenalee.

—Podéis pasar, pero cuidado con molestar a la madre, está muy débil. Luego los demás podrán entrar en grupos—añadió mirando al resto. Dicho esto, los novios entraron en la habitación.

Y entonces supieron que la escena que presenciaron no se les olvidaría nunca. A Miranda, perlada de sudor y jadeando levemente, pero con un bulto blanco entre los brazos y a Komui abrazando a su esposa y mirando a su hijo como si fuera la cosa más bella del mundo.

A Lenalee se le saltaron las lágrimas. Por un momento, se olvidó por completo del Conde, los Noes o cualquier otra cosa. Era tía. Tenía una sobrinita. Ésta vez si que se echó a llorar en los brazos de Allen. Aunque eran lágrimas de felicidad.

Ambos se acercaron a la camilla y Miranda les dedicó una sonrisa deslumbrante. Nunca la habían visto tan feliz, exceptuando quizás el día de su boda.

—Emily, saluda a los tíos Allen y Lenalee— susurró Miranda al bebé. Con que era una niña. Lenalee se compadeció de ella y el padre sobre protector que le había tocado.

El bebé abrió los ojos mirando a sus tíos. Eran de color verde profundo, y un rizo de cabello castaño se divisaba en su cabecita. Iba a ser una niña muy guapa. Lenalee abrazó a Miranda y en ese momento los demás empezaron a entrar en la habitación.

Komui les sonrió ampliamente a todos.

Nunca nadie le había visto tan feliz. Lenalee suspiró y le sonrió a su hermano.

—Me parece que la boda queda para otro día, ¿no? Y por cierto, tu hija es muy guapa, de mayor romperá muchos corazones— le dijo su hermana con malicia sabiendo como reaccionaría eso.

—¡JAMÁÁÁÁS!— chilló, sacando su taladro hiper-grande. Se giró hacía todos los hombres de la sala con expresión seria—. Más les vale, que nunca toquen un solo pelo de la cabecita de Emily o…—activó el taladro y muchos salieron de la enfermería despavoridos.

Allen y Lenalee sonrieron. Miranda le tiró de la oreja a Komui para "regañarlo" y Lavi, Kanda, Krory y Marie rieron. Todo volvía a la normalidad, sí.

Aunque Lenalee tenía una cosa clara. Le debía mucho a Miranda, por fin era libre de la sobreprotección de Komui, y su hermano había encontrado aquello que llevaba tanto tiempo buscando. El amor.

—Miranda.

—¿Sí?— preguntó ésta acunando al bebé con dulzura. Lenalee sonrió.

—Gracias.


¡Nos veremos en mi próxima historia Komui/Miranda, que no tardaré mucho en subir ;)!

Un beso.

Aprilian.