¡Hola de nuevo! Esta vez no me he tardado tanto como las veces anteriores, ¿verdad? Y es que la estructura de esta historia ya está construida, por lo que es más sencillo mantener el orden de ideas que la han visto nacer. Una vez más MUCHÍSIMAS GRACIAS por sus comentarios y sobre todo por sus +Favoritos y Alerts! Me impresionó el recibimiento que tuvo esta historia y espero sinceramente sea de su agrado, de manera que les nazca recomendarlo =D.
Les recuerdo que esta historia es una precuela de "Nunquam", gran parte del estado emocional que sufre el señor Draco Malfoy en esa historia es consecuencia de lo que sucedió aquí =(.
Una vez mas quisiera hacer de su conocimiento que tengo un blog (link en mi perfil) donde escribo una que otra sandez, por si están interesadas/os =D. Gracias por su atención, disfruten!
- ARCANUS -
Memorias de los condenados
Capítulo II: Lágrimas de impotencia
Aquella noche, Hermione se encaminó hacia el sexto piso, donde se había encontrado con Malfoy anteriormente, tal vez se lo podría volver a topar por ahí.
Sin éxito, vagó a lo largo del pasillo por lo que le parecieron horas, al final Malfoy no se había aparecido. Se sintió algo decepcionada por el asunto, pues esperaba interrogarlo, quizá, tan sólo quizá, después de todo Harry sí tenía razón con respecto a Malfoy, y ahora tenía un pretexto perfecto para abordarlo. Esperó algunos minutos más hasta que se aburrió y decidió volver a su sala común.
Al llegar a las escaleras, observó detenidamente las escaleras que daban al pasillo de arriba, pensó que no perdería nada subiendo a revisar.
Sintió una ventisca de aire frío que se colaba por alguna ventana abierta del pasillo, caminó alrededor del perímetro, pasando frente a lo que alguna vez fue la entrada a la Sala de los Menesteres, donde practicaba el ED, y que por razones que no sabían explicar, había desaparecido y no quería volverse a mostrar.
Al dar la vuelta por una de las esquinas del pasillo, escuchó claramente el sonido de una puerta abriéndose y posteriormente cerrándose, regresó sobre sus pasos tan de prisa como le fue posible y alcanzó a ver un pedazo de brazo desapareciendo en el aire.
Era él. Estaba segura. ¿O podría ser Harry? No, imposible. Corrió sobre la zona donde había alcanzado a ver aquel pedazo de humano y chocó estrepitosamente contra alguien, cayendo ambos al suelo. ¡Lo sabía! Malfoy se sobaba la cabeza con disgusto antes de buscar al responsable de su caída.
Hermione le arrancó la capa invisible de encima y lo miró acusadora. El rubio se levantó y le devolvió la mirada con odio, pero no dijo absolutamente nada. En lugar de eso, estiró el brazo para exigirle que le devolviera la capa, Hermione se la devolvió, no tenía motivos para negársela. Malfoy se dio la media vuelta y siguió sobre su camino, entonces Hermione recordó a qué había venido, así que lo agarró del brazo obligándolo a voltear.
— ¿Qué quieres? Maldita sangre-sucia —Hermione hizo oídos sordos y lo miró con severidad.
— ¿Qué hacías hace rato en la biblioteca, Malfoy? —el aludido levantó la cabeza haciendo uso de su superioridad de altura, mirándola con suficiencia y altanería.
— No sé de qué hablas —espetó con sarcasmo—, ahora, si me permites...
— No irás a ningún lado, Malfoy —acribilló la muchacha—. Sé que estabas escuchándonos a Harry y a mí —la castaña hizo una pausa breve—. No sé para qué lo hacías, pero sé que lo hacías y ahora también sé que posees una capa invisible.
— Eso ya lo sabías —espetó el rubio.
— Pero sé que la has estado utilizando, así que, o me dices qué estás tramando o voy a decirle a Dumbledore que apoyo la teoría de Harry —Draco la miró con odio y con un dejo de cierta desesperación en su rostro, ¿qué le pasaba a esta impura? ¿quién se creía ella para estarlo chantajeando de esa manera? Además, aunque le dijera lo que tramaba, iría de chismosa con el vejete chiflado, así que decirle o no, no hacía ninguna diferencia.
— Escúchame bien, asquerosa —la amenazó, empujándola contra la pared—. Tú no eres quien para entrometerte en la vida privada de los demás, así que más vale que te alejes de mí o sufrirás las consecuencias.
Dicho eso, Draco se dio la media vuelta y caminó hacia las escaleras, pensando que Granger no haría nada más, pero se equivocaba, y él no tenía el nervio demasiado tranquilo para estar soportando a una maldita bruja de raza inferior.
— ¿O si no qué, Malfoy? Si me entrometo, ¿qué es lo que harás? —la sangre del muchacho hirvió, así que lo estaba provocando. La pagaría muy cara si continuaba comportándose como mandamás—. Vamos, dímelo. No te tengo miedo porque eres un maldito cobarde.
El blondo no lo pudo soportar más, Hermione apenas pudo reaccionar mientras el chico la empujaba brutalmente contra la pared y le aprisionaba las manos para evitar que agarrara su varita, oculta en alguna parte de su capa; así pues se dio a la tarea de rebuscarla entre sus ropas, tocándola aquí y allá hasta encontrarla metida en una bolsa interna de la túnica, sin dudar la aventó lejos de ellos sobre el pasillo y volvió a azotar con fuerza a la castaña haciendo un par de huesos de ella crujir.
Su cara expresaba odio e ira, Hermione no pudo evitar expresar desconcierto y temor en su rostro. La había desarmado y la tenía apresada contra una pared que tenía texturas que amenazaban con dejar alguna marca en su espalda. Pero ella se lo había buscado, y lo sabía, lo había provocado y además estaba conciente de que Malfoy no debía estar en sus cabales, considerando que lo había visto con los ojos hinchados días atrás, algo lo estaba atormentando, eso seguro, y ahora Hermione le había dado un pretexto maravilloso para descargar su furia sobre ella.
Y entonces, el rubio sonrió con malicia. Como si hubiera leído la mente de la castaña, a Draco se le ocurrió la gloriosa idea de desquitarse con ella todo lo que había estado sufriendo. La sed de venganza brotaba de sus ojos que brillaban como dos perlas bajo la escasa luz de la luna, se las pagaría, por provocarlo y por haber sido un fastidio todo ese tiempo desde que la conoció en primero hasta ahora que lo fastidiaba sin razón aparente, y se las pagaría incluso por haber sido partícipe en la captura de su padre, que si no fuera por ello la maldita misión de asesinar a Dumbledore no habría sido asignada a un indefenso y desconcertado muchacho de escasos dieciséis años. Sí, dieciséis años y ya tenía en su antebrazo la maldita marca tenebrosa que le quedaría grabada para siempre. La sonrisa desapareció.
— ¡Por tu culpa! ¡Por tu culpa! —vociferó cerrando los ojos con fuerza mientras la restregaba contra la piedra punzante de la pared, pensando de qué manera haría la sangre impura sufriese a su merced.
Había cruzado el límite, Hermione estaba conciente de que muchos pensamientos y recuerdos abarcaban ahora la mente de Malfoy, y por lo que se veía no eran para nada buenos, peor aún era que no podía hacer nada contra un monigote que le rebasaba como por una cabeza y media y que, aunque no recientemente, jugaba quidditch lo que dotaba de cierta fuerza, si bien Malfoy no era un hombre de estructura tosca o grande, al menos era lo suficientemente fuerte como la aplastar sus muñecas con tanta fuerza que llegaba casi al grado de dejarle marcas.
El rubio abrió los ojos para mirar fijamente a Hermione, quien en un reflejo instantáneo de nerviosismo al enfrentar su mirada, se mordió los labios. Y este acto, ese simple acto, instaló en el cerebro de Draco una extraña necesidad de cercanía, una necesidad de lastimarla casi con un sentido erótico de agonía. No pudo evitar mirar fugazmente los labios de la castaña que, al ser liberados de sus dientes, habían dejado un rastro de humedad que los hacían brillar de una manera inmensamente exquisita.
¡Pero claro! Quizá lo único lo suficientemente humillante para la sangre sucia sería ser tocada por el cabrón de Malfoy, aunque esa humillación sería recíproca, pero al menos el agresor era él, y no había nada de malo en que él disfrutara el momento de una manera u otra, aún cuando tuviera que asearse con un hechizo purificador después de ello. Además, sería mucho más vergonzoso y difícil decirles a sus amigos idiotas "Malfoy me besó", que decir "Malfoy me atacó", y no estaba en posición de dejarle las cosas por el camino más fácil.
— Sabes Granger, tiene mucho tiempo que no tengo a una fémina tan cerca de mí —le susurró arrastrando las palabras y con la voz ronca mientras pegaba su cuerpo peligrosamente al de la castaña y acercaba su boca al oído de ella para hacerse escuchar más claramente—. Tengo instintos, Granger —Hermione se sintió muy desdichada, si tan sólo tuviera su varita—. ¿Y sabes qué es peor aún? —su voz pausada hacía que la castaña fuera víctima de sensaciones de incomodidad y desgracia—, que el deseo se acumula —y dicho esto, procedió a lamer lenta y cadenciosamente la orilla de la oreja de Hermione.
— No te atreverías —replicó temblorosa—. Tú jamás te ensuciarías con una sangre-sucia inmunda como yo —casi con un tono de súplica, tenía la esperanza de que la dignidad y ego de Malfoy fueran más fuertes que su deseo por dañarla.
Pero Malfoy sólo rió por lo bajo, acercando sus labios al cuello de su víctima.
— Más bajo no puedo caer, Granger, créeme —lamió suavemente el cuello de la chica y procedió a soplar con suavidad, causando que un escalofrío recorriera su cuerpo. Hermione no pudo evitar gemir, un poco por miedo, un poco por sorpresa. Malfoy levantó su rostro para enfrentarla y la miró con intensidad, una oleada de disgusto atravesó el cuerpo de Hermione, se sentía tan indefensa, tan impotente—. Estoy a punto de tocar fondo...
Y dicho lo dicho, pegó sus labios a los de ella de una manera agresiva y salvaje, Hermione hacía un esfuerzo descomunal por mantener la boca cerrada, pero el rubio ejerció más fuerza con su pelvis sobre la de ella aunado a una fuerte mordida que le propinó en los labios, lo cual hizo que la castaña emitiera un sonido de queja abriendo ligeramente la boca. El blondo no perdió la oportunidad introduciendo su lengua hambrienta en la cálida y húmeda cavidad de la castaña.
Hermione no sabía qué hacer, el único que la había besado en toda su vida era Viktor, y sólo lo había hecho por encima de los labios, Malfoy rebuscaba efusivamente la lengua de ella con la suya propia lo que confundía considerablemente a Hermione y la presión del cuerpo de Malfoy la hacía tener sensaciones prohibidas, porque estaba frotando zonas muy sensibles que ni ella misma conocía.
Las lenguas se chocaron, y Hermione sintió horror y placer al mismo tiempo, ¿qué era esa sensación? ¿Por qué sentía un hormigueo en la boca de estómago cada vez que Malfoy la embestía? Y entonces, la imagen de cierto pelirrojo apareció en su mente, "¡ayúdame, por favor, ven a salvarme!"
Ya prácticamente no sentía sus brazos pues la sangre había dejado de fluir en sus manos, así que Malfoy la tuvo más fácil para aprisionar sus brazos sobre su cabeza con una sola mano y empezar a agarrar parte de su cuerpo, con desesperación, con violencia. "¡Ron, ayúdame!" gritaba con desesperación en su mente. Pero Malfoy no se detenía, y nadie llegaba, nadie corría por los pasillos para ayudarla, nadie vendría, nadie la salvaría.
"Mmm... dame un beso Won-Won".
Hermione abrió mucho los ojos, Malfoy había abandonado su boca para aventurarse a su cuello y su pecho, una mano recorriendo peligrosamente el costado de su pierna, y entonces, lo inesperado. Hermione presionó su propia pelvis sobre la de Malfoy y cerró los ojos haciendo un esfuerzo monumental por fingir que no había hecho lo que hizo, Malfoy levantó el rostro sorprendido, la miró y volvió a pegar sus labios con los de ella.
"Sí, Lav-Lav, besémonos con pasión, mmm...".
Hermione abrió la boca voluntariamente, sintió de pronto una ira y un resentimiento tan profundos que comenzó a cooperar con el hambriento y desesperado beso. Malfoy se sintió contrariado, pero eufórico, excitado, sediento, por un momento pareció obvio que la sangre-sucia era amateur en eso de los besos, pero no tardó mucho en agarrar el ritmo.
Tenía a Hermione aplastada contra la pared, así que no escaparía, soltó sus brazos, el único peligro era que lo golpeara, y en todo caso, la volvería a sujetar.
"Won-Won, vamos a tocarnos...".
Unas gruesas e intensas lágrimas brotaron de los ojos de Hermione, Malfoy la había soltado, y lo único que podía hacer era abrazarse de su cabeza y revolver su cabello, ojalá fuera Ron... ¡ojalá fuera Ron! Pero el estúpido de Ron estaba con la estúpida de Lav-Lav, y el único brindándole placer en ese momento era el mismísimo Malfoy.
"Vamos a acariciarnos, Lav-Lav".
Odio, ira, sí, Hermione estaba ardida, maldito pelirrojo, si tan sólo estuviera ahí, en lugar del blondo. Hermione hizo a su mano descender bajo el brazo de Malfoy hasta llegar a alcanzar su espalda. Lloraba, y besaba ardientemente al rubio, que la tocaba sin escrúpulos, bajo su falda, bajo su blusa. Paseó su mano por la espalda del chico hasta llegar a su trasero obligándolo a embestirla otra vez.
Sintió placer, y también lo sintió Draco, emitiendo un gemido de satisfacción... cuánto tenía que no hacía esto, cuánto tenía que no tenía tiempo para esto, cuánto tenía que no podía ni pensar en esto... no importaba que fuera Granger, después de todo era una chica y tenía todo lo que una chica de su edad debe tener.
— ¡Ah! ¡Ron! —jadeó la castaña.
Draco se detuvo en seco, cayó en la cuenta de que todo el rato la chica había tenido los ojos cerrados, era de esperarse. Pero sólo sonrió, porque había descubierto una debilidad muy grande de la sangre-sucia y ya no iba a poder chantajearlo. Se separó de ella, que abrió los ojos desconcertada y agitada, la respiración entrecortada, la blusa medio abierta.
El muchacho colocó sus manos sobre la pared a los costados de la cabeza de ella y sonrió con malicia, Hermione de pronto fue conciente de lo que había sucedido y se protegió a sí misma colocando sus brazos al frente, sobre su pecho.
— Creo, sangre-sucia —le espetó con sarcasmo—. Que vas a necesitarme más de lo que yo te necesitaba a ti.
Dicho esto, se acercó y lamió descaradamente sus labios. Dio media vuelta, recogió su capa invisible y caminó hacia las escaleras. Hermione se quedó ahí, parada, hasta que no pudo oír más sus pasos, llegó hasta donde se encontraba su varita y, en medio del pasillo, se tiró sobre sus rodillas hasta caer sentada, lo único que pudo hacer, fue echarse a llorar.
