CODICIA

Saga miraba con horror, lo que había hecho su hermano gemelo; no sabiendo cómo, el joven tomó los ropajes del patriarca y luego, se sentó en el trono reservado para el representante de la diosa de la sabiduría en la Tierra.

Lo peor del asunto, es que no era el único que presenciaba semejante acto de sacrilegio. Antes que él, un joven aspirante recién llegado de la India, de cabellera dorada, vestido con una simple túnica, que mantenía los ojos cerrados y entre sus manos, un rosario de cuentas, estaba de pie, silencioso, soportando las burlas de Kanon, mientras imitaba al patriarca.

-Shaka, Shaka, Shaka – decía el joven mientras reía cínicamente - ¿Así que eres el que viene a tomar posesión de la armadura de Virgo?

-Si, lo soy – respondió el aludido con calma – Y tú no eres precisamente el gran patriarca… ¿Verdad?

-No, pero muy pronto lo seré. Y te aseguro, que cuando sea el único al mando del Santuario, habrá muchos cambios; ya no será un lugar que venere a dioses que ya ni siquiera se toman la molestia de venir a la tierra. Me imagino a mí mismo, sentado en este trono, teniendo a mi lado los tesoros sagrados de Atenea, ¿Los has visto? El Niké y el Escudo Sagrado… Son realmente hermosos.

-Con esos ideales, no creo que todos acepten tu mandato fácilmente.

-Ah, ¿Te crees muy listo? Bien – Kanon se puso de pie – Se supone que tú eres la reencarnación de Buda, el Iluminado, venerado por miles. Me pregunto, por qué un hombre que es casi considerado como un dios, de una religión y creencia distintas, ha escogido servir a Atenea, una diosa de rango inferior y perteneciente a una creencia muy distinta. En serio, me gustaría saberlo.

Saga quiso intervenir, preparando la técnica con la cual enviaría a otra dimensión a su insolente hermano, pero fue detenido, inesperadamente, por un gesto de Shaka.

-El querer amar y proteger a los humanos – respondió el joven hindú – Es verdad que soy superior a la diosa que es venerada en este Santuario, incluso, debería crear mi propia orden de santos guerreros, para cumplir esa misión por mí mismo. Pero eso sería contradecir mis propias enseñanzas, que establecí hace mucho tiempo. Dos cosas que te hacen mucha falta: La humildad y el desinterés.

-¡Imbécil, a me no me vienen a dar lecciones de…!

-¡Galaxian Explosion!

Los destellos a la velocidad de la luz, sorprendieron a Kanon, quien fue duramente arrojado contra el muro, destrozando el trono del patriarca y estampándolo contra la pared. Fue tal la magnitud de los golpes, que el ropaje que tenía quedó hecho pedazos. Terminado el ataque, el ambicioso joven cayó al suelo, herido. Inmediatamente, Saga se dirigió hasta esa parte y agarró con fuerza a su hermano, levantándolo del suelo.

-No había necesidad de eso – comentó Shaka.

-¡Nadie te pidió que te entrometieras en esto! ¡Soy el único con la autoridad necesaria para castigar a mi hermano por su falta! ¡Es mí responsabilidad y cualquier cosa, me disculparé con el patriarca después!

Y luego, mientras llevaba a rastras a Kanon, el joven santo dorado de Géminis miró seriamente a Shaka.

-Por favor, no quiero que comentes esto con nadie.

Shaka no tuvo más remedio que resignarse ante este hecho, pues sentía que el cosmos de Saga era bastante agresivo y su nivel no era para ser subestimado. Aunque quedó un poco preocupado sobre el destino de Kanon, cuyos ojos brillaron al sentirse señor del Santuario, aunque fuera por unos instantes.