Muchísimas gracias por sus reviews, Vlakat y ivtacroia osnaleg, espero que sigan leyendo junto con más lectores D.
NUNQUAM
Memorias de las serpientes
Capítulo III: De miedo y orgullo
Una vez reunidos a las afueras del castillo todos los adolescentes de tercer año, de las casas Gryffindor y Slytherin, pues compartían la case de Defensa Contra las Artes Oscuras, la profesora Valezka les indicó que caminaran con cuidado de no tropezarse. Se mostraban excitados y alterados, algunos reflejaban algo de nerviosismo y miedo, pero finalmente estaban emocionados por ir al bosque prohibido.
La profesora Valezka era una persona bastante excéntrica, pocas veces se la veía vestida con túnicas y se llevaba de una manera maravillosa con todos sus alumnos, no sólo con los de Slytherin, y los llevaba a menudo fuera del salón para realizar prácticas de campo, cosa que rara vez realizaban otros maestros. Además, todos la tuteaban porque si no ella se sentía como una señorona, y la verdad es no sentía que mereciese ese honor. Así pues, profesora y alumnos eran casi como amigos, varios incluso confiaban tanto en ella que le otorgaban el decoro de hacerla su tutora escolar y pedirle ayuda sobre asuntos personales.
De hecho, no era raro encontrarla platicando seguido con sus alumnos, desde los más pequeños, hasta los más grandes, algunos que incluso se tomaban el atrevimiento de coquetear con ella. Pero lo cierto es que, no sólo era una persona rara, sino una mujer bastante distraída y alegre, a menudo sarcástica y cuando alguien le faltaba al respeto no dudaba en defenderse bravamente. De esta manera, por más coqueteo que le hicieran, ella JAMÁS lo notaba, porque para ella todos eran como sus niños y los cuidaba como tales, JAMÁS pasaba por su cabeza que a los 17 – 18 años ya eran todos unos hombres casi hechos y derechos.
Al llegar a las afueras del bosque prohibido se toparon con el profesor Hagrid, quien tenía el ánimo de un huracán, estaba emocionadísimo por entrar al bosque.
Después de toda la guerra que había precedido estas épocas, el bosque prohibido se había vuelto mucho más seguro, incluso tenían un acuerdo con los centauros y con las acromántulas, donde ellos no se meterían con ningún ser humano que portara un escudo de Hogwarts. Así pues, la profesora Valezka dividió a sus alumnos en grupos de tres y les indicó que tenían que dividirse para explorar el bosque prohibido.
— Deberán dividirse en equipos de tres, utilizar sus mapas y un hechizo orientador para no perderse, quien se encuentre en problemas lance un haz de luz roja al cielo —todos los atentos alumnos escuchaban sin chistar, estaban tan excitados que apenas podían reprimirse—. Hay una familia de boggarts en el bosque, el primer equipo que encuentre a uno de ellos, lo combata y lo atrape ganará el derecho a hacer la práctica de campo del tema número 14, la búsqueda de los grindylows en el lago —los alumnos emitieron sonidos de emoción, sumergirse en el lago era aún más peligroso y excitante que entrar al bosque prohibido, era por eso que la profesora Valezka no podía llevarlos a todos—, quien lo consiga lance chispas verdes al cielo y yo me encargaré de supervisar que lo hayan logrado, si no es así lanzaré una chispa amarilla para que todos sepan que fue una falsa alarma, de lo contrario las chispas serán azules y todos deben volver aquí, ¿comprendido? —los chicos asintieron con rapidez—. Ahora bien, ¿cuál es el hechizo para combatir a un boggart? —"Riddíkulus" vociferaron los alumnos, mientras hacían el movimiento propio con la varita—, ¿para atrapar al boggart y meterlo en el saco? —preguntó mientras señalaba un saco que se les iba a entregar a cada uno de los equipos—. Bien, pues estamos listos, el profesor Hagrid y yo estaremos en los alrededores con un mapa que conocerá su ubicación, así que no teman, están completa y totalmente a salvo. Tomen sus sacos y adéntrense en el bosque prohibido, si algún equipo se desintegra, ¡será descalificado! ¡Y créanme que lo sabré! —terminó por hablar mientras daba unos golpecitos a su propio mapa.
Con estas últimas palabras, los muchachos tomaron sus sacos y prepararon las varitas, poco a poco, de los mas valientes a los más dudosos se fueron metiendo entre los árboles del bosque prohibido, había un camino definido pero no era necesario seguirlo, así que todos se fueron dividiendo conforme entraban a las profundidades del mismo.
Desde un principio, la mayoría de los alumnos confiaban en que no iban a ganar, puesto que el equipo de Albus, Rose y Scorpius contenía a dos de las mentes más brillantes y a un valiente y hábil duelista en su equipo; sin embargo, cabía la gran posibilidad de que por algún motivo se enfadaran y se desintegraran, así tendrían oportunidad los demás de lograr la gran hazaña.
Este equipo, a quien pronto apodaron como el trío mestizo, combinado, mezclado, extraño, deshonroso, alienígena, y demás referentes, fue de los primeros en entrar al bosque, Albus iba cargando el saco porque si no de seguro los otros dos se peleaban por no tenerlo, caminaron con lentitud hacia ningún lado en lo que se perdían un poco en la maleza del bosque.
— Lumos —exclamó Rose, cuando se iba oscureciendo el bosque por la espesa mata de hojas en las copas de los árboles, Scorpius hizo automáticamente lo mismo, para no quedarse atrás—. Bien, cuando encontremos al boggart, yo me le enfrentaré, Scorpius lo meterá al saco, y tú cerrarás el saco y lo cargarás de regreso, Albus.
— ¿Estás loca? Yo lo enfrentaré, seguro que tú chillas si se transforma en tu peor pesadilla —se burló Scorpius, mientras continuaban su camino hacia la negrura, evitando tropezar con piedras y ramas, el aire olía a humedad, no harían más de dos días que había llovido con demasiado ímpetu.
— Tiene razón, Rose —lo apoyó Albus—. Si nos topamos con una acromántula pensarás que es un boggart y la atacarás.
— ¡Eso no es verdad! —chilló la niña, quien a continuación dio un brinco y un gritito ahogado porque vislumbró una pequeña araña en el hombro de Scorpius, no tardó demasiado en protegerse de la horripilante y repulsiva arañita colocándose detrás de Albus. El rubio simplemente se la sacudió, y le dedicó una mirada de superioridad—. Bien, de acuerdo —admitió la pelirroja—, yo lo meteré al saco.
— No, yo opino que tú cargues el saco y que Severus lo meta en él —espetó él haciéndole saber que Albus era más que un cargador.
— Olvídalo, prefiero enfrentarme al boggart que sólo tener que meterlo al saco, el mejor duelista aquí, soy yo —se irguió con orgullo mientras se señalaba a sí mismo.
— Sí bueno, todo gracias a papi, de no ser por él no serías nada —le respondió con sarcasmo.
— ¡Cállate, inepto! —discutió Rose en defensa de su primo— ¡Al menos él no es un niño mimado!
— ¡¿Qué haz dicho?!
— ¡Niño mimado! ¡Niño mimado!
— Cállate, estúpida —por alguna extraña razón, que Albus no terminaba de entender, Scorpius y Rose NUNCA se llamaban por su nombre, se limitaban a decirse alguna palabra insultante—. Ser rico no es un pecado, pecado es temerle a un insignificante, indefenso y ridículo ejemplar de arácnido.
— Claro que no, eso es algo incontrolable. ¡Lo que sí es una ridiculez, es sentirse superior por posesiones que a uno en realidad no le pertenecen! ¡Nada será tuyo hasta que tus padres estén bien metidos bajo tierra!
— ¡Si mis padres no pretendieran darme todo lo que me dan, no me habrían dado la vida! Tenerme fue un gran regalo y fruto de felicidad.
— Seguro que sí, porque cuando naciste eras un bebé lindo —aguijoneó Rose, sin quitarle la mirada de encima mientras se habría paso entre los arbustos—. ¡Pero mira en lo que te has convertido! ¡En un patético intento de Slytherin que ni siquiera puede ganarle la snitch al hermano mayor de su mejor amigo! —había dado en el clavo.
Eso era algo que Scorpius no podía tolerar, cada partido contra Gryffindor era una pesadilla, porque James era la estrella buscadora por excelencia, un partido contra él, era un partido prácticamente perdido, al menos para él, porque de vez en cuando su equipo tenía la fortuna de, con la excepcional habilidad de Albus, meter tantos goles que aunque el otro equipo atrapara la snitch no era suficiente. Sin embargo, en contraparte estaba la hermanita de Albus, Lily (toda una familia de jugadores de quidditch), quien casi equiparaba a su hermano en la misma labor: cazadores.
Y eso fue lo que logró que explotara la bomba, a Scorpius le hirvió la sangre. Rose lo conocía demasiado bien para saber donde fastidiarlo más, y él, apenas lograba hacerle cosquillas con la cuestión de las arañas. Enardeció, su rostro enrojeció al grado de no lograr ocultar su irritación, maldita fuera la idiota pelirroja, siempre tenía que picarle donde el orgullo más le dolía, y la odiaba por eso. Que se pudriera en el infierno.
Caminó presuroso adelantándose a sus compañeros, lo mismo tuvieron que hacer ellos para no separarse de él, o serían descalificados.
Rose sintió una mínima chispa de arrepentimiento que fue inmediatamente olvidada, Scorpius le caía tan mal que pensaba que merecía todos esos insultos y muchos más, era un infeliz engreído con un estúpido complejo de superioridad. Sí, ella le temía a las arañas, igual que su padre, ¿y qué? No era la manera de decirle que no era la indicada para la labor de enfrentarse al boggart, podía haber sido más sutil. Pero la palabra sutil seguro que no entraba en el vocabulario de semejante imbécil.
Fue entonces cuando lo vieron.
La figura de un hombre pálido cubierto con una capa hecha trizas, que tenía un par de rendijas que pasaban por nariz, apareció ante ellos. Scorpius apenas pudo reaccionar, la calva figura se acercó a él con confianza y burla, el chico apenas alzó la varita y fue incapaz de hacer nada más, estaba estupefacto, paralizado, aterrorizado, su boca y ojos abiertos de par en par, temblando de miedo, sudando frío, no pudo hacer más que quedarse así, sin saber qué hacer.
— He... vuelto... —le dijo la figura arrastrando las palabras con extrema lentitud mientras se acercaba pretendiendo hacerles daño. Rose y Albus estaban petrificados, las tantas historias que sus padres les habían contado, ávidas de detalles y descripciones gráficas hacían que esta figura fuera inconfundible, incluso si ellos no la habían visto antes JAMÁS: lord Voldemort, había regresado, ¿cómo era eso posible? Papá había asegurado que habían logrado destruirlo, incluso la convincente historia de los horrocruxes lo confirmaba todo, a menos que... lord voldemort hubiera tenido más horrocruxes de los que suponía tener, después de todo, había matado a muchísima gente, podía haber particionado su alma en cientos de pedazos.
La escena era terrorífica, el blanco ser que tenían en frente era un auténtico ejemplo de lo demacrado y acabado que podía volverse alguien por una obsesión enfermiza de poder como la suya. El aire se volvió denso y frío, un vaho blancuzco comenzó a salir de sus bocas clarificando la baja temperatura, lord Voldemort los miró como a unos viejos reclutas que lo han dejado a su suerte por años: con desprecio.
Un escalofrío horripilante recorrió toda la espina dorsal de Scorpius, no tardó en recordar aquellas noches que su madre lloraba en el regazo de su padre al recordar el pasado, un terrible pasado JAMÁS contado, o al menos no por boca de ellos.
Podía recordar las espantosas historias que su abuelo solía recordar cuando estaba borracho. Cada grito agonizante, cada miembro mutilado, cada gota de sangre derramada, cada minúsculo detalle era descrito por su narrador, sin reparar en el grafismo de sus historias y en el miedo que él mismo lograba transmitir a su nieto. Tantas cosas que además habían sido alimentadas y agrandadas con la imaginación de un niño, tanto dolor JAMÁS sufrido, tanta angustia JAMÁS llorada, tanto pánico JAMÁS sentido, se habían concentrado en su inmensa imaginación permitiendo agrandar un horror que JAMÁS debió haber existido, porque el hombre no debía seguir con vida, y por lo tanto, su regreso sería la peor desdicha que el más joven de los Malfoy podría vivir.
Entonces, Rose cayó en la cuenta, eso no era el verdadero señor tenebroso de las macabras historias de su padre, debía ser el mayor temor de Scorpius, por alguna razón, el rubio le temía tanto al regreso del señor de las tinieblas que su cerebro se había suspendido, evitando que dedujera que aquello no era lord Voldemort, sino el mismísimo boggart.
— ¡Albus, rápido! ¡Ése es el boggart! —espetó Rose mientras empujaba levemente al morocho.
Entonces éste también reaccionó, se acercó sorpresivamente a la criatura que inmediatamente cambió su forma a lo que parecía un cuerpo desnudo flacucho y quebradizo que residía en posición fetal sobre el pasto, lucía totalmente desnutrido y tenía lo que parecía una mata de cabello negro completamente revuelto. Antes de atacarlo, Albus se dio cuenta de que esa criatura no era nada más y nada menos que él mismo, convertido en un esperpento carente de personalidad, orgullo y nombre, y entonces lo comprendió, aquello a lo que más temía, era a ser un don nadie, a quedar bajo la inmensa sombra que su padre había formado, a seguir siendo el resto de su vida "el segundo hijo de Harry Potter, que para acabarla de amolar, era un Slytherin".
Una oleada de coraje invadió todo su ser, él no era un don nadie, él no sería NUNCA un don nadie, él era Albus Severus Potter, y no pensaba vivir a las espaldas de su padre, y si era necesario se cambiaría el nombre y su idéntica imagen para sobresalir por sí mismo. Si él estaba en Slytherin es porque así lo había querido, y no tenía por qué sentirse mal en lo más mínimo por eso, él era especial, era diferente, él era un Slytherin más por convicción que por circunstancia, y se encargaría de limpiar el nombre de su casa, porque no todos los egresados de ella eran unos pedantes que no sabían más que usar la lengua para fingir lo importantes y valiosos que eran, él tenía que darle un vuelco a la existencia mágica, no tenía idea cómo, pero de lo que sí estaba seguro, ¡es de que lo iba a conseguir!
Así pues, haciendo uso de todo su valor, gritó con fuerza y decisión "riddíkulo" a la figura deforme, que enseguida tomó la forma de un títere extraño con cabeza de piña. Rose no tardó nada en coger el saco y vociferar "bauleo" para encerrar al boggart dentro del saco. Lanzó las chispas verdes incluso antes de cerrar el saco.
Scorpius cayó sobre sus rodillas con pesadez, enseguida dejó caer su torso apoyándose sobre sus manos donde una de ellas sostenía la varita con debilidad. Quedando a gatas y con la cabeza gacha, permaneció inmóvil por unos minutos hasta que empezó a sollozar. ¡Pero qué falta de dignidad! Jamás en su vida había llorado abiertamente frente a alguien, ni siquiera frente a su propia madre, y ahora no podía contenerlo. Respiró hondo y con trabajo, perdió el aire y comenzó a hiperventilarse con un horrible sonido que salía desde su garganta.
Albus se encontraba estático por la ira contenida. Lidiaba su propia batalla interna por el orgullo sin poner atención a los detalles de su alrededor.
Rose estaba asustada, no sabía qué hacer. El rubio engreído comenzaba a perderse y ella no agarraba el valor para acercarse a él. Jamás se había acercado a él a menos de medio metro, y el único contacto físico que habían tenido era para lastimarse mutuamente. Jaloneó a Albus en un intento desesperado por hacerlo volver en sí pero fue imposible. Seguía paralizado con los puños y la expresión apretadísimos.
— ¡Accio bolsa! —gritó, sin tener resultado aparente. ¡¿Qué podía hacer? ¿Qué podía hacer?! Los profesores no aparecían por ningún lado, ¡estúpido rubio cabrón! Si no fuera por él no se habrían alejado tanto.
Scorpius cayó de lado con las manos en el cuello, los ojos desorbitados, Rose sintió una inmensa desdicha, ¡si tan sólo supiera algún hechizo mágico! ¡Sabía que debía haber puesto atención a la aburridísima plática sobre primeros auxilios de madame Pomfrey!.
Con toda la resignación que pudo resistir su ser, se acercó a zancadas al rubio, lo obligó a recostarse de espaldas y a quitarse las manos del cuello. Se colocó a su lado y tomó su rostro entre sus manos, cobró fuerzas y antes siquiera de darse cuenta, como si quisiera que todo pasara tan rápido que ni lo sintiera, pegó sus labios a los de él y exhaló con fuerza por la boca, respiró hondo por la nariz y repitió el proceso al menos unas 5 veces.
El dióxido de carbono expedido por la boca de Rose no tardó en invadir los pulmones de Scorpius. Y entonces, como por arte de magia (y, ¡por Merlín!, ¡cómo hubiera deseado que fuera así!), comenzó a volver en sí, tosió con fuerza mientras intentaba incorporarse. Rose se paró de un brinco y se alejó de él lo antes posible, casi hasta ocultarse tras el cuerpo inerte del morocho. Entonces, fue que éste también reaccionó.
Scorpius logró sentarse y recargar su espalda sobre un árbol que estaba próximo, respiraba con fuerza y tiritaba, la espalda se le había empapado por el sudor segregado ante la situación previa, y ahora el aire enfriaba su espina dorsal. Se tapó el rostro con las manos y su cabello sucio y sudoroso se entremezcló con sus dedos. Albus se acercó a él quitándose la capa y la tendió sobre su amigo, quien apenas se movió ante la acomedida acción.
Segundos después llegó la profesora Valezka y no tardó demasiado en comprender la situación. Observó el saco que se regodeaba en sí mismo, sabiendo así que habían atrapado al boggart. Lanzó la esperada chispa azul y liberó al boggart que, inmediatamente después de ser liberado, huyó como alma que lleva el diablo. Se acercó a los muchachos y les indicó que se reunieran con los demás miembros del grupo a las afueras del bosque, al principio se mostraron renuentes pero al final tuvieron que acceder.
En caso de entrar en un estado de depresión como el que causaban los dementores, darle una barra de chocolate habría sido la mejor opción para hacer sentir mejor al rubio. Pero lo que él había vivido era un susto tremendo, y si le daba algo dulce, seguro terminaría por enfermarse (quizá le daría incluso lo que los muggles conocían como diabetes). Así pues, la profesora Valezka optó por echarle un hechizo que lo dejara inconsciente y levitarlo hasta la enfermería, una vez en el aire, lo cubrió con su capa y lo llevó de vuelta al castillo.
