Muchísimas gracias por sus reviews, dark., Yuly, LunaRoja también me encanta Valezka, es divertidísimo escribir sobre ella, es tan tonta y sagaz al mismo tiempo; Giselle Lestrange también adoro al pequeño Scorpius, ya somos 4 damas que daríamos la vida por él, jeje, y Astoria no me cae mal pero te gustará saber que de alguna manera la voy a desaparecer del mapa, ¡sí!, y pues, quiero respetar la mayoría de los personajes lo más que puedo, así que el trío mestizo se quedará como está, ¡lo lamento! Tendrás que crear un dúo de sex-symbols con una mal tercio XD. Insisto, muchísimas gracias por sus comentarios, son el alimento de todos los días, en verdad los valoro como no tienen idea, y si tiene oportunidad de recomendar mi Fic porque les agradó, se los agradeceré todavía más. ¡GRACIAS!
Por cierto, estoy escribiendo una nueva historia que es totalmente paralela a esta, es de la época estudiantil de nuestro querido trío de oro, por allá del sexto año, ¡la estoy haciendo tan fiel al libro que casi creerán que en realidad sucedió! Agradecería mucho si se dan una vueltesita por allá, es un Dramione nada cursi, espero les guste.
NUNQUAM
Memorias de las serpientes
Capítulo IV: De indiferencia y tensión
Durante la siguiente semana, Rose y Scorpius apenas se dirigieron la palabra. Hasta había una especie de armoniosa indiferencia entre ambos, si era necesario hablarse, lo hacían como dos extraños lo harían, como si de desconocidos se tratase.
Evidentemente, nadie pasó esto por alto. Aunque en realidad nadie se quejó. Los escándalos terminaron, y todo mundo estaba mucho más tranquilo, el estrés se había reducido notablemente gracias a que ya no se oían gritos en los pasillos ni debates de media clase. Con decir que hasta los maestros estaban agradecidos de que aquellos dos hubieran entrado en un trance de mutua apatía.
Y ni hablar de las miradas, se evitaban a toda costa, y si por casualidad se cruzaban, ambos volteaban con rapidez a cualquier otro lado con tal de evadir comentarios o expresiones innecesarios.
Y es que, el suceso de la semana anterior los había dejado marcados.
Decir que Scorpius no estaba agradecido, sería una gran mentira. Después de todo, habría sobrevivido incluso si Rose no lo hubiera ayudado, pero el horrible dolor y la tensión que había sentido en aquel momento, habían sido suficiente razón para agradecer que Rose hiciera algo.
Y ese agradecimiento, se lo demostró ignorándola. Porque sólo así era capaz de expresarlo.
Porque a los trece años, que una niña pegue sus labios a los de un niño, se considera un beso. Y que aquello sucediera entre ellos era algo nefasto, repugnante, inmundo, ni siquiera se atrevería a contarlo jamás, ni a su madre, ni a Severus, quien al parecer no se había percatado del incidente. Porque una sangre impura había unido sus impuros labios a los vírgenes y castos labios de él.
Porque decir "gracias" sería demasiado denigrante, rebajarse al nivel de una sangre mezclada y decirle la dichosa palabra, habría sido aún peor que haber sido "besado" por ella. Porque a pesar de todo, seguía teniendo un orgullo y una imagen que proteger, y de ninguna manera le haría creer a la estúpida pelirroja que la consideraba como su igual.
Sí, Scorpius tenía sentimientos encontrados. No sabía qué hacer, y por eso optó por ignorarla.
Y al parecer ella también, su mente era un revoltijo de ideas. Después de darle muchas vueltas al asunto, había descubierto que ayudar a Scorpius podría haber sido un paso saltable, pues la profesora Valezka no había tardado demasiado en llegar y ella habría hecho algo quizá mucho mejor. Pero aún así no se arrepentía, ya tenía el derecho de mirar a Scorpius con suficiencia para hacerle saber que la había necesitado. Pero Rose no se atrevió, no se atrevió a humillarlo y a burlarse de él por ello. Por alguna extraña razón de su conciencia de Gryffindor, había decidido que no se mofaría de él, después de todo se había asustado a un extremo inesperado y no consideraba cortés utilizar dicho suceso como una herramienta de chantaje.
Gryffindor tenía que ser.
Porque a los trece años, que una niña pegue sus labios a los de un niño, se considera un beso. Y no cualquier niño o niña, no, sino una Gryffindor y un Slytherin. Porque no sólo a los trece años, sino a cualquier edad, este hecho asusta tanto o más que haber visto al mismísimo lord Voldemort.
Por eso, cada vez que por casualidad sus cuerpos se encontraban cerca, se sentía un aire de tensión impresionante, un cosquilleo desconcertante recorría sin escrúpulos la espina dorsal de ambos y el cabello de sus nucas se erizaba cual frío invierno. Era insoportable estar uno al lado del otro temiendo que en cualquier momento sus hombros chocaran creando el contacto físico que tanto deseaban... evitar.
Y el ambiente se tornó pesado, mucho muy pesado. Al grado de que Albus, apenas lo podía tolerar. Siempre lo usaban a él como canal para enviar y recibir mensajes, no al grado de decir "Al, dile al cretino que me pase la poción", no, más bien, Rose le pediría la poción a Albus, aunque ésta estuviera más cerca de Scorpius, y entonces Albus se la tenía que pedir al blondo y posteriormente alcanzársela a Rose.
Era toda una pachanga, ahora Albus tenía que cuidar constantemente de hallarse entre los dos y de decidir con quién hablar, porque uno no hablaría mientras lo hiciera el otro. Y lo peor del caso, es que no tenía ni la más mínima idea del por qué.
Y entonces, la paz reinó en Hogwarts.
Y aunque Albus estaba un tanto incómodo, tenía que admitir que no extrañaría aquella horrible sensación de que su oído estaba a punto de estallar.
Así pasaron un par de semanas, hasta que llegó el día de la práctica del tema número 14. Comenzaban a sentirse las gélidas caricias del invierno, pero aún no lo suficiente para que el lago diera de sí y se convirtiera en hielo. La cita era a las siete de la mañana de un sábado, en el patio de transformaciones. Trajes de baño listos y muchas ganas de nadar.
Rose y Albus habían entrado a cursos de natación en su infancia, todo porque tío y papá Harry Potter, había considerado importante que aprendieran, después de todo, no sabrían cuándo tendrían que meterse al lago a la deriva sin saber qué hacer, quizá en algún torneo de los tres magos, nadie podía asegurarlo.
Sin embargo, Scorpius no sabía nadar, y aunque trataba de ocultarlo, se encontraba sumamente nervioso. Albus lo sabía, era el único que lo podría saber, pero en realidad no tenía idea de cómo ayudar a su amigo a sentirse con mayor confianza. Tenía la esperanza de que a la profesora Valezka se le hubiera ocurrido una buena forma de realizar la práctica, y así lograr que el alterado rubio pudiera entrar con mayor tranquilidad, de lo contrario se hiperventilaría otra vez.
Así pues, ese buen día de los inicios de diciembre, llegaron prestos y puntuales a la cita antes fijada. La profesora Valezka ya se encontraba ahí cuando ellos llegaron, pero parecía estar esperando a alguien.
— Buenos días, chicos —saludó con una amplia sonrisa en el rostro, y por alguna extraña razón que Albus no logró comprender, se le ruborizó su propio rostro. Ambos slytherins evitaron devolver el saludo, pero Rose lo hizo y se acercó a la profesora dando brincos de emoción —. ¿Listos para una nueva aventura?
— ¡Completamente! —afirmó Rose con entusiasmo. Se quedaron parados a mitad del patio por unos quince minutos hasta que Rose habló—. ¿Qué estamos esperando, profesora?
— ¡Ah! Una bióloga reconocida del mundo mágico accedió a acompañarnos en nuestra travesía, su nombre es Luna Scamander, es egresada de aquí —respondió bastante feliz, como si conocer a dicha persona fuese un grandísimo honor.
— ¡Claro! Es la co-autora del libro que usamos en Cuidado de Criaturas Mágicas, ¡no puedo creerlo! ¡nunca tiene tiempo de ir a las reuniones familiares! —gritó Rose notablemente excitada.
Scorpius y Albus la conocían, aunque por razones diferentes. Scorpius había terminado de leer el dichoso libro antes de entrar a clases ese año, y Albus la conocía en persona por motivos familiares, aunque, como había dicho Rose, rara vez la veían, porque se la pasaba viajando son su esposo y sus hijos en busca de entrañables criaturas. Y cada vez que iban, era como una reunión de raritos, porque aunque el señor Rolf era un hombre muy agradable, estaba igual de loquito que Luna y sus hijos, que a la fecha aún eran algo pequeños, pero ya se les veía un futuro bastante excéntrico.
Por la salida que daba al patio de transformaciones, entró la doctora Scamander, como quien se ha perdido en el espacio. Pero enseguida que los vio hizo una fugaz sonrisa y se acercó a ellos.
— ¿Qué tal? Me alegra que los scarntres no los comieran antes de que yo llegase hasta aquí —y esbozó una sonrisa perdida mientras los examinaba con detenimiento, como si no los conociera.
— ¡Ah! ¡Doctora Scamander! Es un placer para mí conocerla —casi gritó, mientras le estrechaba la mano—, mi nombre es Valezka Vablatsky, soy la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras y jefa de la casa Slytherin, fui yo quien envió la invitación a nombre de la profesora McGonagall, de verdad, ¡muchas gracias por venir! Estoy segura de que aprenderemos mucho de usted.
— El placer es totalmente mío —volvió a sonreír, mientras viraba la mirada de nuevo hacia los niños—, ¿qué tal si me dicen sus nombres, pequeños?
Rose y Albus compartieron una mirada divertida, con los años y el poco convivio, la "tía" Luna se había vuelto más distraída con los aspectos sociales y los había olvidado por completo, al parecer.
— Yo soy Rose —se adelantó la pelirroja—, soy hija de Ron y Hermione Weasley.
Como si se le hubiera iluminado el cerebro, la doctora Scamander abrió mucho los ojos en un gesto de sorpresa y reconocimiento.
— ¡Claro! Pero si tienes toda la cara de tu madre, y los ojos y el cabello de tu padre —le dio unas palmaditas en la cabeza, como si jamás la hubiera visto en la vida, pero la hubiera reconocido por sus rasgos, muy semejantes a los de sus amigos Hermione y Ron—. Entonces tú eres James, ¿no? ¡Eres idéntico a tu padre! —se dirigió a Albus, quién más estupefacto que ofendido la observó.
— Bueno, al menos te acordaste de mi hermano James, pero yo soy Albus —le sonrió.
— ¡Bueno! Los dos se parecen, a la que no podría olvidar es a la pequeña Luna, después de todo, lleva mi nombre —aclaró, sin dejar de sonreír.
La profesora Valezka sabía la historia y la razón por la que se conocían por lo que no mostró ninguna señal de estupefacción, pero aún así estaba muy contenta.
El pequeño Scorpius, no tan pequeño, porque en realidad estaba a la altura de la doctora Scamander, apenas se inmutó, sus nervios aún no terminaban por desaparecer y estaba más preocupado por pensar qué haría dentro del agua que por conocer a la afamada bióloga. Por lo que la profesora Valezka lo abrazó por un hombro y lo obligó a integrarse a la conversación.
— Él es Scorpius, también es de Slytherin, como Albus y yo —como si de un bicho raro se tratase, la doctora Scamander observó a Scorpius, quien, evidentemente, tenía toda la cara de su padre, y tras varios segundos de observación, reaccionó como si su mente cambiara de repente de tema.
— ¿Estás en slytherin? —le preguntó a Albus y lo miró con curiosidad, éste asintió apenado, se suponía que la tía Luna ya estaba al tanto de ello— ¡Felicidades! —sorprendido aceptó un abrazo de la doctora Scamander y luego la rubia mujer se adelantó hacia el pasillo que daba a las escaleras que descendían al lago— ¿Qué esperamos? ¡Vamos a la aventura!
Cuando hubieron bajado la larga escalinata al aire libre que llegaba hasta el embarcadero, se encontraron con el profesor Longbottom que lucía muy entretenido alimentado aves que yacían posadas sobre unos pedestales. Cuando oyó los pasos de los visitantes, giró su cuerpo y caminó sonriente hacia la doctora Scamander y la abrazó con nostalgia.
— ¡Qué bueno verte Luna! Ya tenía tiempo que no se te encontraba por el Reino Unido.
— Estamos de vacaciones —informó la doctora Scamander—, pasaremos la navidad con papá.
— ¿En verdad? ¿La pasarán aquí? ¿Y por qué no van todos a la cena de navidad que organizarán los Weasley?
— No hemos sido invitados —contestó como si no le importara.
— ¡Pues ya estás invitada! Lleva a tu padre también, los pequeños Lorcan y Lysander se divertirán con mis hijos, será una mega reunión en la madriguera —su cara redonda enrojeció levemente por la emoción, la doctora Scamander asintió alegremente.
— ¡De acuerdo! ¡Iremos! —giró sobre su eje hasta toparse de nuevo con los jóvenes, incluyendo a la profesora Valezka. Entonces cayó en la cuenta— profesora, ¿no es usted muy joven para ser jefa de una casa? —la profesora Valezka estaba en blanco, ésta era la mujer más distraída que había conocido jamás—. Además es muy guapa, ¿no le tiran los canes los alumnos? —esto sí que la sacó de su órbita.
— ¿Perdón? ¿Qué quiere decir? —vaya, y la doctora Scamander era distraída.
— Pues sí, debe tener mucho pegue entre los alumnos de sexto y séptimo, ¿la puedo tutear?
— Sí-i... sí... claro... yo... bueno... no lo he notado... yo...
— Bueno, ¡es hora de partir! —exclamó girando de nuevo y encaminándose hacia el muelle.
La profesora Valezka estaba un poco atontada, pero igual la siguió junto con los adolescentes y el profesor Longbottom. Cuando se acercaron hasta la orilla, la doctora Scamander ya se había trepado sobre la pequeña barcaza, y en seguida subieron los demás. Remaron hasta cierto punto medio del lago y pararon con lentitud sobre la oscura superficie del agua, apenas se alcanzaba a vislumbrar pequeños destellos de luz reflejados desde abajo. La luz del sol comenzaba a emanar desde el horizonte, dando un aire más agradable a la situación.
— He traído conmigo, un pedazo del plantío, que hice hace menos de medio año a orillas del lago, de branquialgas —Rose y Albus sonrieron—, son las mismas que tu padre usó en la competencia de la copa de los tres magos —habló dirigiéndose a Albus—. Su efecto sólo dura una hora, así que aprovéchenla bien.
— Gracias profesor —extendió las manos la profesora Valezka y recibió las pequeñas algas que se movían como si tuvieran vida propia—. Ahora bien, nos adentraremos en el lago y nadaremos en grupo, nadie debe separarse, si alguno desobedece será reportado y tendrá algunas horas de trabajo comunitario que cumplir —Scorpius y Albus se miraron con desagrado—. Quítense su ropa, si no tenían bañador pueden ir en ropa interior.
Afortunadamente Rose y Albus poseían un traje, lo mismo que la profesora y la doctora Scamander, pero Scorpius tuvo que quedarse en bóxer, el cual en realidad no se veía mal, ni parecía ropa interior.
Por un fugaz momento, Rose sintió que su rostro se calentaba sin motivo alguno. Pero antes de averiguar por qué se había ruborizado, prefirió concentrarse en lo que la profesora Valezka estaba por decir.
— Los grindylows se encuentran por aguas profundas al oeste del lago —aclaró—, ¿cuál es el hechizo para rechazar a los grindylows? —Rose levantó la mano automáticamente, pero Scorpius no tuvo tanta decencia:
—"Relaxo" —respondió, Rose le hubiera dirigido una mirada de desaprobación, si esto no implicara cruzar su mirada con la de él.
— Bien, agarren sus varitas a su muñequera —les decía, mientras les entregaba unas muñequeras elásticas que se colocaban en el antebrazo contrario a la mano con la que usaras la varita, y las cuales tenían un espacio para meter la varita y quedara bien ajustada con el brazo. Scorpius era zurdo, así que se la colocó en el brazo derecho—. Iré yo primero, enseguida Scorpius, Rose, Albus y al final irá la doctora Scamander, y, si tiene algún comentario que hacernos por favor háganoslo saber y nos detendremos —la doctora Scamander asintió contenta.
— Las branquialgas, harán que les surjan branquias a la altura del cuello y sus manos y pies tomarán la forma de una aleta o una pata de pato, recuerden, dura sólo una hora, los estaré esperando aquí —les informó el profesor Longbottom, mientras agarraba un libro que se hallaba al fondo del barquito.
— Tomaré la primera parte —daba instrucciones la profesora Valezka, mientras repartía las branquialgas—. No las mastiquen, sólo tráguenlas porque saben muy mal, todos al mismo tiempo, ¿todos listos?
Los adolescentes asintieron, la profesora contó hasta tres y se metió su trozo de branquialga a la boca y la tragó con dificultad mientras hacía muecas de desagrado, pronto fue visible su transformación y enseguida que hizo efecto se lanzó al agua. Scorpius seguía nervioso, así que Albus tuvo que darle un par de golpes en la espalda para que lograra pasarse las branquialgas y lo aventó al agua antes de la transformación, ya le daría su merecido después, jodido Potter.
En seguida bajaron Albus, seguido de la gryffindor y la doctora. Ya dentro del agua la profesora Valezka atrapó a Scorpius que se movía desesperadamente porque no había logrado tragarse la branquialga, lo abrazó fuertemente y lo obligó a tragarse la branquialga a como diera lugar, entonces se comenzó a convulsionar durante la transformación, y antes de que notara su desesperación logró transformarse e inhaló un chorro de agua aliviado.
Nadaron con lentitud a través del oscuro lago por largos minutos, escuchando algunas explicaciones de la doctora Scamander, hasta llegar a una zona de algas en la que Albus se quedó atrapado y no podía zafarse por la desesperación, la profesora Valezka lo ayudó sin problemas y logró liberarse.
El lago tenía un color verde muy denso, apenas alcanzaban a ver unos veinte metros de distancia, cualquier cosa más lejana de ello se confundía y se veía difundida en el intenso color verde. Los rayos de luz de la mañana apenas empezaban a atravesar la superficie del lago y se veían como columnas blancas dentro del agua. Al mirar hacia arriba se podía ver un poco al sol deslumbrando las aguas cuya tensión superficial creaba formas espirales. Si bien, no se alcanzaba a ver demasiado, la temperatura de agua era agradable aunque muy fría, y el paisaje de algas y plantas se difuminaba a través de las sombras y rayos de luz colados que llegaban hasta el fondo dando un poco de distinción a uno que otro objeto.
Nadaron con lentitud hasta llegar a un gran arco adornado con algas y piedras lisas, donde dos guardias tritones vigilaban la entrada al reino de las sirenas, Rose y Albus se mostraron emocionados e insistieron en entrar. Aún les quedaba suficiente tiempo así que se acercaron al gran arco y los tritones extendieron sus tridentes para impedirles el paso.
— Buenos días, habitantes del agua —les saludó la doctora Scamander—. Quisiéramos hacer una pequeña visita a su hogar, no nos tomaremos demasiado tiempo.
Ambos guardias se miraron instantáneamente, y sin retirar los tridentes viraron sus cabezas para observarlos a todos. La profesora Valezka mostró una actitud tímida en un intento por ocultar su rostro, pero fue imposible que los tritones no la vieran, entonces se dirigieron a la doctora Scamander.
— Pasar, todos pueden... excepto —su voz sonaba aguda y con una especie de eco producido por las burbujas que salían de sus bocas, tras la pequeña pausa que utilizaron para retirar los tridentes y señalar a la profesora Valezka con ellos, volvieron a hablar—. Ella.
Sorprendidos, voltearon todos a mirarla. Ella les dirigió una mirada de decepción y timidez, se encogió de hombros y prosiguió a hablar:
— Vayan ustedes si así lo desean, yo esperaré aquí —hizo una breve pausa, mientras les dirigía una mirada triste a los tritones—. No tarden, todavía tenemos que ir tras los grindylows.
— Yo me quedaré aquí, con la profesora —exclamó pronto Scorpius, mirando con recelo a los guardias, sus grandes ojos amarillos lo observaron de vuelta de una manera casi espeluznante.
Rose fue incapaz de burlarse de él, haciendo guasa de su evidente temor por acercarse a las criaturas de piel gris de apariencia resbalosa, optó por girar su rostro hacia la profesora Valezka que en seguida le dio su aprobación e indicó a los demás que siguieran.
— ¿Sabían que los tritones o sirenas, son híbridos quiméricos? Significa que son mitad una especie y mitad otra, de manera evidente —comenzaba a explicar la doctora mientras se adentraban hacia la aldea acuática.
La profesora Valezka y Scorpius se miraron por unos instantes, y se alejaron lo suficiente para que los guardias no los pudieran escuchar.
— ¿Por qué no la permiten pasar, profesora? —preguntó casual el rubio mientras trataba de controlar su vaivén flotante dentro del agua. La profesora meditó por unos momentos, buscando la respuesta más adecuada.
— Lo cierto es que, no tengo idea —resolvió al fin—. Pero ha sido siempre así —aclaró, dejando un hueco de información en la conversación.
— ¿Cómo? ¿O sea que ya había intentado entrar antes? —captó el hueco Scorpius, y decidió preguntar por curiosidad.
— Bueno... sí —respondió dubitativa—. Cuando era estudiante... —no estaba segura de lo que iba a decir, pero al final decidió soltar la sopa— el profesor Longbottom tenía al alcance de la mano las branquialgas que había plantado, así que tomé algunas y me aventuré hacia el lago —terminó, y soltó una sonrisa tímida y vergonzosa.
— ¡¿Usted sola?! —preguntó sorprendido y horrorizado a la vez.
— ¡No! ¡Claro que no! —respondió con rapidez, sabiendo que entrar solo era sumamente peligroso, y que además estaba dando el mal ejemplo—. Vine... con un amigo... —exclamó lento y pausado—. Pero jamás lo intentes, cuando empecé a trabajar aquí le dije al profesor que ocultara sus branquialgas y ahora las tiene bien resguardadas. Además lo que hice fue una tontería —terminó por decir, como si quisiera dar una lección a su estudiante, pero era obvio que había sacado la parte libertina de sí misma.
— ¿Y qué pasó? —preguntó el blondo, incitándola a continuar con la conversación.
— Bueno —comenzó la profesora, su cabello, suelto hasta ese momento, se movió rítmicamente al mirar hacia arriba intentado recordar con claridad—, lo mismo que ahora —hizo una breve pausa—. Llegamos mi amigo y yo, y al observarme, dijeron que yo no podía entrar.
— ¿Y no le dijeron por qué? —preguntó completamente absorto y sorprendido el joven Malfoy, mientras pataleaba desesperado por no hundirse demasiado.
— Uhm... —meditó y algunas burbujas salieron de su boca—. Bueno... dijeron algo como que "tenía el rostro de él" —Scorpius hizo una mueca de "¿quéee?", levantando una ceja más que la otra.
— ¿"Él" quién? —preguntó por fin.
— No tengo idea, ¡oye! ¿Por qué mejor no me platicas cómo van las cosas en tu casa? —cambió de tema la profesora, en vista de que en realidad ya no sabía qué más decir, eso era todo lo que ella sabía sobre ese asunto, y recordar viejos tiempos en Hogwarts era un poco doloroso para ella, hermoso, pero doloroso.
— ¿Eh? Bueno... la verdad es que mi mamá ha estado algo rara —respondió con total naturalidad, era algo verdaderamente afortunado de la profesora el inspirar tanta confianza. La profesora puso expresión de atención incitándole a continuar—. En la última carta que me mandó, mencionó algo sobre hacer un largo viaje.
— Vaya, ¿y no te dijo a dónde, cuándo, ni por qué? —Scorpius negó con la cabeza—. Pregúntale, a lo mejor se trata de vacaciones de Navidad —el blondo se encogió de hombros y aceptó la respuesta, era posible que fuera así, después de todo, las vacaciones ya estaban muy cerca.
— ¡Volvimos! —gritó Albus—. Está increíble, hubieras venido Scorpius —se acercó y le dio una palmada en la espalda—. Tienen una explanada gigantesca decorada con conchas de mar y piedras de río, era realmente impresionante, ¡hasta tenían una fuente de burbujas!
Scorpius sólo sonrió con decepción, pero no se arrepintió de su decisión. Al cabo de unos segundos retomaron su rumbo al oeste del lago hasta encontrar una familia de grindylows que los ignoraron completamente. La doctora Scamander les explicó algunas propiedades, usos y motivos por los que existía el grindylow, y para qué ayudaba a la comunidad mágica. Después de mucho acercarse, fue que los grindylows sintieron amenazado su espacio y territorio, por lo que se lanzaron contra ellos quienes, con una destreza distinguible, los rechazaron con el hechizo previamente aprendido.
El tiempo se había agotado, quedaban escasos cinco minutos para llegar hasta el bote antes de que el efecto de la branquialga se les pasara. Nadaron en la dirección contraria, aún recibiendo algunas explicaciones sobre un par de criaturas que habían logrado ver.
Sin embargo, los efectos de las branquialgas comenzaron a perderse apenas acercándose al bote, nadaron con rapidez y desesperación hacia él. Faltando unos diez metros para llegar a la superficie, Rose comenzó a quedarse atrás, porque se empezaba a cansar y sentir el efecto de desaparición de la transformación, los demás se adelantaban sin ella luchando por sus propias vidas.
Rose sintió un pánico y una desesperación tan horribles que, de haberse notado, se habría visto que lloraba mares porque por más que se movía no podía flotar, no podía elevarse en el agua, era como si un vacío en su interior la obligara a permanecer estática en su sitio, y posteriormente comenzar a descender. Se movía frenéticamente conteniendo la respiración lo más que le era posible, de pronto ya sólo veía las sombras de los demás definidas por la contraluz que entraba por la superficie del lago. ¡¿Pero qué estaba sucediendo?! ¡¿Por qué no podía flotar?! Ella había demostrado ser una excelente nadadora, y ahora... ¡¿por qué no le servía de nada?! ¡¿por qué tenía que sucederle esto a ella?! Era una buena persona, no merecía sufrir de semejante manera.
La presión comenzó a hacer mella sobre su cuerpo, sintió mucho dolor, como si algo aplastante la presionara por todas partes, tratando de triturarla, de hacerla pedacitos. El bote se había quedado en la zona más profunda del lago, por lo que mientras más descendía, más pronto encontraría el fondo, pero el fondo era realmente profundo, después de todo, vivía un calamar gigante en él, sólo si el lago era realmente grande y hondo un calamar podría vivir en él, y vaya que lo era, porque mientras más bajaba, más oscuro veía el arriba, no era posible, no era justo, lo único peor que esto podría ser que una araña marina llegara para comérsela, pero no estaba segura de que existieran.
Al llegar al bote, los demás subieron apenas logrando respirar, fue entonces cuando se dieron cuenta de que Rose no había llegado con ellos. Scorpius seguía en el agua y al notar su ausencia, volvió sobre el mismo camino de antes, lago adentro, para buscarla, era el último que había tragado las branquialgas y por lo tanto le quedaban un par de minutos más que a los demás antes de transformarse.
Nadó con todas las fuerzas que podía hasta que vislumbró a una Rose ya inconsciente atorada a una especie de estalagmita que sobresalía desde el fondo del lago. Sintió dolor, mucho dolor, la presión era aplastante, los oídos amenazaban con explotarle pero llegó hasta donde Rose se encontraba y se dio cuenta de que había una roca de apariencia pesada amarrada con un alga al pie de Rose, seguro había sido obra de algún grindylow vengativo, pensó para sus adentros que, de no ser por la estalagmita, quién sabe hasta dónde hubiera llegado la pelirroja con la piedra arrastrándola. Entonces comenzó a sentir su propia necesidad de respirar aire. El rubio cortó el alga sin problemas, pero Rose no tenía aire en los pulmones así que no flotó por sí misma, por lo que la tuvo que agarrar fuertemente y patalear lo más que pudo para intentar llegar a la superficie, la branquialga perdía su efecto y aún le faltaba medio camino por recorrer.
La profesora Valezka se volvió a lanzar al agua utilizando un hechizo que separaba las aguas allá donde ella deseara ir, vislumbró a los muchachos y se encaminó dentro de lo que parecía un túnel de aire hasta alcanzarlos, unos treinta metros más abajo, ayudó a Scorpius a entrar en el túnel, lo cual resultó ser un gran alivio y pudo respirar una bocanada de aire que apenas le entró al cuerpo con desesperación. Rose se encontraba ya dentro del túnel, y la profesora realizó un encantamiento que ayudó al agua dentro de los pulmones de Rose a salir, los cuales al ser liberados la obligaron a respirar profundamente y a despertar de la inconsciencia de la que fue víctima un momento atrás.
Los jóvenes estudiantes encontraron extraña y difícil la experiencia de caminar sobre el agua por lo que se tuvieron que arrastrar por el túnel hasta el bote, donde los esperaban ya el profesor Longbottom y la doctora Scamander con un par de toallas para protegerlos del aire que comenzaba a soplar algo frío. Al subir a la barcaza, la profesora Valezka hizo desaparecer el túnel y volteó para mirar a los dos muchachos e inspeccionar que se encontraran bien, mantenía una expresión de preocupación, pero todo parecía en orden, aún así resolvió llevarlos a la enfermería por cualquier cosa.
Al final resultó que ambos se encontraban bien y que no pasaría a mayores. Definitivamente, realizar prácticas de campo de ese tipo había sobrepasado los límites de calma de la profesora McGonagall, por lo que prohibió tajantemente volver a realizar ninguna actividad dentro del lago o el bosque prohibido por el resto del año. Pero todo resultó bien, a pesar de todo, los muchachos eran fuertes y seguían su vida común y corriente, o al menos eso parecía, porque la tensión entre Rose y Scorpius, no había hecho nada menos que volver a aumentar.
