Hecatombe, porque Valezka no me salió de la manga. ¡Disfruten!
NUNQUAM
Memorias de los condenados
Capítulo VIII: De sufrimiento y animadversión
Al volver de las vacaciones, Scorpius no volvió a recibir una sola carta de su madre. Y su padre seguía frecuentando, más seguido que antes, a la profesora Valezka.
La profesora, después de mucho meditarlo, y decepcionada de no encontrar la respuesta que buscaba en la biblioteca, aceptó por fin el acceso que tenía el señor Malfoy a bibliotecas más importantes, sin dejar de revisar en la zona prohibida de la biblioteca de Hogwarts tampoco. Esto no eximía a los archivos del Ministerio, que, tras el intento de tener acceso, la llevó a una serie de circunstancias de lo más inverosímiles. E inverosímiles en todo el sentido de la palabra, si cabía.
Para no hacer el cuento largo, la profesora Valezka acudió al Ministerio de Magia y solicitó un permiso especial para entrar en los archivos del Departamento de Misterios que concernía al señor Tenebroso. Esto la inclinó hacia la Oficina de Aurores a través del cual conoció en persona al afamado héroe Harry Potter quien, analizando la situación y conociendo los detalles que había escuchado en navidad sobre ella, más, considerar que era apropiado que la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras se informara sobre estos menesteres para instruir de mejor manera a sus alumnos, terminó por aceptar su petición.
Por fin dentro de los archivos, en compañía del señor Potter y sin tener mucho éxito en su búsqueda, se topó con la señora Weasley, que de una manera insospechadamente coincidente lo había ido a buscar ese día. En la Oficina de Aurores la remitieron a los archivos del Departamento de Misterios y ahí se conocieron. Interesada por conocer a la inusual Jefa de Slytherin, se dio a la tarea de cuestionarle algunas cosas y de entre ellas el por qué de su estadía ahí, Valezka no tuvo otra opción que inventarle una historia paralela a lo la marca tenebrosa, a lo que el señor Potter intervino aludiendo que, en sus épocas de estudiante, la señora Hermione había creado algo que funcionaba de manera semejante y que seguramente la podría ayudar.
Con tanta insistencia en asistirla, la profesora Valezka, agradecida e indecisa, terminó por aceptar. La señora Weasley quedó citada para ir al colegio para echarle un vistazo a la biblioteca, lugar donde había hallado la respuesta a aquella pregunta. Sin embargo...
— ¡¿Qué está haciendo ella aquí?! —preguntó el señor Malfoy airado, cuando vio a Hermione Weasley entrar junto con la profesora Valezka a la biblioteca de Hogwarts.
Lo único que la profesora quería en ese momento era que un agujero gigante se la tragara y la enviara a Plutón, que para variar ya no era planeta. El señor Malfoy comenzaba a visitarla sin previo aviso y, pensando que no se lo toparía esa noche, porque había ido los tres días anteriores seguidos, podría entrar en materia con la señora Weasley. La mujer no pudo mostrarse menos sorprendida, el cuento que le había inventado Valezka comenzaba a carecer de sentido alguno y en cambio su mente fabricaba una hueva hipótesis.
— ¿Así que tú eres el que está interesado en los tatuajes tenebrosos, Malfoy? —preguntó con sarcasmo— ¿Acaso piensas crear una secta por tu cuenta? —el señor Malfoy no pudo menos que ofenderse, le mostró los dientes amenazador y la enfrentó con la varita.
— ¡No! —gritó la profesora Valezka, antes de que la otra bruja hiciera lo mismo—. Señora Weasley, ¿cómo puede siquiera imaginar algo así? Lo lamento, ¿sí? No debí ocultarle que el señor Malfoy estaba involucrado, por favor, permítanme explicar... —pero había una impresionante tensión en la habitación, el señor Malfoy se sentó inconforme tras recibir la mirada suplicante de Valezka, quien en ese momento experimentaba la desagradable sensación de tener que dar explicaciones a los mayores, entonces recordó que estas personas casi le doblaban la edad.
La señora Weasley optó por cruzarse de brazos y esperar mientras continuaba dirigiéndole una mirada de desprecio al señor Malfoy. Valezka no sabía qué hacer, el secreto del señor Malfoy estaba en juego y ella le había prometido discreción, pero no se imaginó que se encontraría en una situación así de incómoda. Para su fortuna, y ayudada por su expresión implorante, fue el señor Malfoy quien decidió tomar la palabra. Apoyó los codos sobre la mesa que tenía y se tapó la cara con las manos, últimamente hacía eso muy a menudo.
— Escucha, Granger... —empezó.
— Weasley —corrigió la señora, el blondo hizo una mueca que ninguna de las dos notó.
— Como sea... —hizo una pausa lo suficientemente larga como para que la castaña se exasperara pero, a la vez, no tuviera tiempo de replicar—. Los portadores de la marca... se están muriendo...
— No me extraña —espetó la señora Weasley con gesto ufano—. La mayoría están en Azkaban, es algo inevitable.
— No es eso.. no me queda mucho tiempo —las mujeres se dedicaron entre sí una mirada de desconcierto—. Mi madre está a punto de ser totalmente consumida —declaró con voz ahogada—. Pronto será mi turno.
La voz del señor Malfoy sonaba tan deprimente y alejada que Valezka no pudo evitar sentir un dejo de compasión. Se acercó a él sigilosamente y le tocó el antebrazo izquierdo, a lo que él respondió instintivamente apartándose de ella mientras se levantaba abruptamente y su rostro expresaba dolor. La joven castaña lo miró sorprendida y preocupada al mismo tiempo. Decidida, tomó la mano del señor Malfoy y levantó la manga de su capa negra, tan sólo para revelar una horrible imagen que la hizo sentir pánico.
Como inyectadas de tinta y sangre, del cráneo con lengua de serpiente, que oscilaba en el antebrazo del rubio, salían una serie de surcos que recordaban a las raíces de un árbol y que hasta ese momento habían envuelto parte del antebrazo del hombre, haciéndolo lucir casi putrefacto e informe.
Valezka lo soltó asustada y profirió un alarido. La señora Weasley estaba sin habla, perturbada por la visión.
— Pero usted dijo... usted dijo... —apenas podía respirar— dijo que morían de la nada, como si de la maldición Avada Kedavra se tratase.
— Mentí —susurró el señor Malfoy cabizbajo, bajando la manga de su capa nuevamente para cubrirse—. No quise entrar en detalles... no quise recordar el doloroso y decadente fallecimiento de mi padre... fue aterrador... no tuvimos otra opción que meterlo en una habitación a él sólo; gritaba, gemía y lloraba cuando no estaba mudo de agonía, su piel se ennegrecía y sangraba, sus ojos ardían como en llamas y su carne se descomponía en vida cual leproso hasta que pudimos ver sus entrañas, no había hedor más hórrido que el de su deceso, carcomiéndose lentamente aún sin poder morir...
"— El proceso duró meses, apenas pudimos tolerarlo, mi madre lloraba mares por largos lapsos, y ahora... sufre lo mismo que él... y pronto decaerá y yo la seguiré a ella. Mi esposa no tenía idea de lo que ocurría, creía que ellos tenían una extraña enfermedad mágica así que "se hartó de cuidar de mi madre enferma mientras yo fornicaba con otras putas", me reclamó, pero no tenía idea, no sabe el dolor por el que hemos pasado, nunca supo la razón, nunca supo nada, nunca confió en mí... porque nunca confié en ella.
El señor Malfoy se desplomó sobre la silla nuevamente, agobiado. Valezka no pudo menos que arrodillarse frente a él débilmente y escabullirse entre sus piernas para abrazarlo desconsolada, no podía evitar sentirse destrozada porque ella estaba viviendo algo análogo, aunque no tan aterrador, con su propia madre. Al ver esa imagen, la señora Weasley sintió como si una estaca le lacerara la garganta.
Pero lo que pasaba por la mente del señor Malfoy en ese momento era el hecho de que, sus dos momentos de mayor debilidad los había vivido con Valezka y no le hubiera importado de no ser porque la estúpida sangre-sucia estaba ahí también. ¡Estúpida, estúpida sangre-sucia! ¡Todo era su culpa! Si tan sólo no hubiera hecho lo que hizo, las cosas habrían sido muy diferentes, ¡era su culpa! Y pensar que las dos vertientes de su existencia habían dependido tan íntimamente de ella, sólo contribuía a enervarlo aún más, porque era su culpa que las cosas hubieran terminado de esta manera. ¡Maldita! ¡Por eso los sangre-sucia no podían ser más que unos inútiles! ¡Impuros! ¡Infelices! Y sintió unas casi irreprimibles ganas de llorar, pero era demasiado orgulloso para hacerlo frente a la "señora Weasley".
La señora Hermione se sintió mucho muy impotente por no tener idea de qué hacer. Lo único que se le ocurrió fue dar media vuelta y volver a su hogar para meditar, pero a pesar de todo, no fue capaz de soltar la lengua con su familia.
El señor Malfoy estaba indignado, pero una vez que la sangre-sucia se había ido, comenzó a sentir que la temple volvía a él. Pasó la noche en el castillo, con mayor precisión, en el cuarto de Valezka. No pudo pegar el ojo y se ocupó en consumir las uñas que le quedaban. Valezka volvió a revisar su brazo y, al parecer, sólo dolía ahí donde tenía los surcos negros y ensangrentados, sintió la desdicha del señor Malfoy tan de cerca como si fuera propia.
— Astoria, se marchó —dijo con un hilo de voz, mientras la profesora le limpiaba la herida—. No puedo negar que... de alguna manera me afectó.
— ¿Qué... sucedió? —preguntó la joven, dubitativa.
— Discutimos —respondió minutos después—. Todo empezó con el asunto de los amigos de Scorpius, admito que yo también estaba consternado cuando me enteré de que se juntaba con los engendros de Potter y Weasley, pero... al cabo de un tiempo comenzó a carecer de importancia... después de todo, quedé en deuda con ellos, les debo el no terminar en Azkaban... y yo tenía asuntos más importantes que atender, sobre todo con mi... madre...
La profesora guardó silencio, suponiendo que el señor Malfoy continuaría.
— Obviamente le molestó mucho que le restara importancia al asunto y terminó por inclinarse hacia otras cuestiones... entre ella y yo —no era necesario que el blondo diera explicaciones sobre el caso—. Al principio todo estaba bien, ella sabía lo que yo era y lo aceptó... pero luego quiso más y yo no fui capaz de dárselo... —se masajeó los ojos con la mano libre—. Todo fue a partir de mediados de sexto... no pude evitarlo... se convirtió en una necesidad —y ahí, o quizá unos momentos antes, perdió a Valezka.
— ¿A qué se refiere? —preguntó desconcertada, el hombre la miró con ojos cansados y luego posó su mano sobre la cabeza de ella.
— Eres muy ingenua —la chica hizo un puchero—. Pues a que me volví un vividor, a eso me refiero... creo que... fue en consecuencia de algo... que sucedió... —recordando que era una adulta y no una niña curiosa, evitó cuestionarlo—. Apenas puedo tolerar esta opresión en el pecho... pero últimamente no cualquier mujer me apetece...—bajó su mano para acariciar la mandíbula de Valezka y acercó un poco su rostro al de ella, la profesora desvió la mirada y giró sutilmente la cabeza, para evitarlo—. Te has estado desvelando tantas noches... y todo para no hallar nada...
— Aún confío... —dijo despacio, mientras cubría el brazo del señor Malfoy con una venda—, en que hay una razón por la que usted y yo nos conocimos... —el señor Malfoy rió.
— ¿Hablas del destino? ¿Sabes que eso son patrañas, no? —Valezka frunció el cejo.
— Yo no sé si tal cosa existe —inquirió—, pero usted es muy escéptico; sería prudente que recuperara un poco de la fe que ha perdido, después de todo, encontró a alguien que quiere ayudarlo, y lo encontró a tiempo.
El señor Malfoy sonrió. La escuincla tenía algo de razón en ello, aún le quedaban unos meses antes de que no hubiera vuelta atrás, quizá, sólo quizá, algo que lo ayudara a él y, con suerte, a su madre, habría de llegar.
Los días concurrentes no asistió al colegio. Tendría asuntos que atender, pensó Valezka.
Pero la señora Weasley sí volvió, aún no sabía qué actitud tomar con respecto a Malfoy pero, al menos, no le deseaba la muerte y la agonía, ni a él ni a nadie en particular. Guardó silencio con su familia porque, en realidad, no encontró los términos adecuados para explicar los hechos, cuando lo hiciera, sólo entonces, se lo plantearía a su marido y mejor amigo.
La señora Weasley estuvo yendo unas tres o cuatro veces a la semana durante dos semanas, era un largo trayecto el que se tenía que hacer de Hogsmeade —donde se aparecía— hasta Hogwarts, por lo que no siempre tenía tiempo de acudir. Al principio no recordaba qué libros había consultado, pero terminó por hallarlos sin dificultad tras la tercera búsqueda. El hechizo era simple, ni siquiera pertenecía a la sección restringida, por lo que le pareció ilógico que tuviera mucho que ver con asuntos del señor Tenebroso.
Al igual que Valezka, compartía la opinión de que la mayoría de los conocimientos de Voldemort los había adquirido en Hogwarts, por lo que le dedicó tiempo a revisar los libros que le parecían útiles, e incluso revisaba los que Valezka ya había checado, por desconfianza claro está, porque no encontró nada útil en ellos, como quien dice perdió tiempo valioso, pero al menos era más rápida que el señor Malfoy y la profesora Valezka juntos.
A la tercera semana, el señor Malfoy seguía sin hacer acto de aparición y Valezka comenzó a preocuparse, pero recordando que "las malas noticias llegan rápido", guardaba la tranquilidad y continuaba normal con sus clases y búsquedas bibliotecarias. Hasta que el jueves de esa semana recibió una carta. Era de su madre.
— ¡Señora Weasley! —corrió hasta ella, mochila en mano, para encontrársela cuando supo de su llegada—. Yo... —estaba agitada, por lo que respiró hondo y explicó—. He recibido un telegrama urgente y... verá, mi madre está hospitalizada, necesito ir a verla...
— Bueno, claro, si es un asunto de carácter urgente, nadie te puede retener...
— Me preocupa el señor Malfoy... —la señora hizo una mueca como de incredulidad—. Sé que suena ridículo, pero por favor... ayúdelo... no sé cuánto tiempo tendré que irme, como puedo necesitar una semana, puedo necesitar tres... y... bueno, si lo ve... bueno... a veces él es más maduro de lo que aparenta.
— Sí, lo sé —respondió en automático—. Vete ya, yo me encargaré, ¿le avisaste ya a la directora McGonagall?
— Sí, por supuesto —respondió, era claro que había arreglado algunos asuntos mientras esperaba a que la señora Weasley llegara—. Gracias por todo, ¡hasta luego!
Salió corriendo por las puertas del castillo que daban al gran terreno hasta las rejas y el camino de Hogsmeade. Subió a un carruaje, previamente alistado por el viejo señor Filch, y se encaminó al pueblo, donde podría aparecerse para llegar más rápido con su familia.
Hermione pretendía seguir yendo a la escuela por lo que había tenido que inventarse una historia muy convincente para que su esposo la dejara de fastidiar, en general Ron no era muy celoso pero el que la castaña llegara a casa a altas horas de la noche era muy poco usual, de cualquier manera la mitad de lo que había dicho era verdad, estaba investigando un asunto de suma importancia y bastante urgente, el resto, como el asunto y los por qués habían salido completamente de su imaginación, lo cual no tardó en atraer la atención de Harry y pronto también de Ginny, en fin, Hermione tuvo que hacer uso de su ingenio como nunca antes había hecho para quitárselos a todos de encima, en primera para que no se preocuparan y en segunda para que la dejaran laborar con libertad.
Al cabo de un par de días después del suceso con Valezka, se topó con Neville como era costumbre, pero ahora las cosas habían llegado a los oídos de él también, un poco molesta por tener que repetir la misma historia otra vez trató de evadirlo pero terminó por quedar con él en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras cuando terminara su última clase. Quizá a Neville se le había olvidado o quizá se le había presentado un imponderable, pero tras veinte minutos de espera, Hermione decidió echar manos a la obra en vez de esperar sentada, traía dando vueltas en la cabeza la sospecha de que el libro que había hallado tenía algo oculto que no había logrado descifrar. Dejando una nota tras de sí se dirigió hacia la biblioteca.
Draco caminó lentamente sobre el pasillo hasta llegar al ya tan familiar salón de Defensa Contra las Artes Oscuras, subió las escaleras hacia el despacho y se adentró sin hallar a nadie. Por un momento consideró sentarse pero en seguida vio un papelito sobre el escritorio, se acercó e identificó en él una impecable caligrafía, recordando el primitivo dibujo de su anterior nota, casi le parecía imposible que Valezka escribiera así, ella era mucho más liberada y despreocupada que eso, pero terminó por leer el pequeño papel que decía "Estoy en la biblioteca".
"No me extraña", pensó para sí mismo, habían pasado tanto tiempo en la biblioteca que casi absorbía el olor a tinta y papel viejo su piel misma, así pues, caminó con paso más presuroso hacia la biblioteca y no vislumbró a nadie. El toque de queda se había dado un par de horas atrás y no esperaba encontrar a nadie en el trayecto. Caminó entre las estanterías y se adentró en los pasillos para encontrar a Valezka.
Distraído alcanzó a ver una figura femenina frente a un librero que revisaba un libro grande y de apariencia pesada. Pero a la persona que halló, no fue a la profesora Valezka, era Hermione, su vieja antagonista de escuela.
Su mente era un revoltijo de ideas, apenas había podido resistir estar en el mismo lugar que ella en año nuevo o junto con Valezka, pero esto era un contexto totalmente distinto.
Su esposa se había ido a un largo viaje de nunca volveré, las mujeres habían dejado de motivarlo, y Valezka simplemente no accedía a corresponderle aunque fuera un simple roce de labios.
Así que, con paso decidido, y guiado por el instinto y la necesidad, se acercó sigiloso y silencioso hasta Hermione quien, en ese momento, intentaba devolver un libro a su lugar en la parte superior de la estantería, con esfuerzo se estiraba por empujar el libro hasta el fondo. Draco pegó su pelvis y pecho contra el trasero y espalda de la castaña, mientras se estiraba sin dificultad para ayudarla a meter el libro por completo en el estante.
Un rápido movimiento de sorpresa se apoderó de Hermione pero no pudo evitar quedarse estática en el lugar en el que se encontraba. El aroma del hombre tras ella invadía su olfato reconociendo inmediatamente de quién se trataba, se quedó inmóvil, incapaz de reaccionar. La mano de Draco se apoderó de la suya mientras ambas bajaban con lentitud hasta quedar suspendidas en el aire.
Separaron sus manos y Draco encaminó la suya hasta su cuello, liberándolo de la maraña de cabello que lo invadía, mientras que su otra mano retomaba la osadía de adentrarse por debajo del suéter de la mujer, a la altura de su torso. Hermione respiró hondo, ladeando ligeramente la cabeza para dar algo de mayor movilidad al rostro de Draco que se acercaba con peligrosidad hasta chocar sus labios con la tersa piel de su cuello. Un escalofrío recorrió su espina dorsal y el cabello de la nuca se le erizó por completo.
Era una noche fría, y ayudada por las leves caricias que le proporcionaba el rubio, causaban que su cuerpo se estremeciera y se le pusiera la piel de gallina, por no mencionar qué otras partes de su cuerpo se habían erizado.
Ella amaba a su familia, a su esposo, a sus hijos, a su trabajo, a su vida, todo. Estaba satisfecha en cómo habían salido las cosas y era feliz. Pero una pequeña espina clavada en alguna parte de su corazón, se había resistido rotundamente a salir y, entonces, la invadió la culpa, la vergüenza, la deshonra y a la vez la nostalgia, el placer, la pasión.
Sus cabezas se llenaron de recuerdos, recordando los viejos tiempos estudiantiles de Hogwarts. Las imágenes fugaces, las sensaciones táctiles, placenteras y vergonzosas, los aromas embriagantes, el silencio profundo de la oscuridad, lo sentimientos encontrados, la duda, la culpa, la tristeza, la libertad, el placer, el gozo, pero sobre todo, la tentación por lo prohibido...
Y entonces, el cuerpo de Hermione gritó por más. Los recuerdos invadieron su cabeza deseando continuar el sacrilegio de los condenados. Inclinó un poco su cuerpo a fin de frotarse con el de él, provocándolo e incitándolo a proseguir, Draco emitió un breve y sorprendido gemido de satisfacción mientras sus manos recorrían ya, sin pudor alguno, el cuerpo de su víctima.
Porque Hermione, sin poder evitarlo, extrañaba esto, quería volverlo a vivir, aunque fuera una sólo última vez. Su marido era el hombre más gentil que hubiera conocido jamás, la llenaba de besos, de caricias, la consentía como si de una diosa o una pieza de cristal se tratara, siempre suave, sereno y con respeto, de vez en cuando pasional y salvaje, con cuidado de no lastimarla, y le gustaba, y lo disfrutaba.
Pero Draco, se encontraba en el otro extremo, además de salvaje y pasional era rudo, animal, impúdico, atrevido y sobre todo, inolvidable. Sí, por eso sentía culpa y vergüenza, porque a pesar de todo, no había sido capaz de olvidar esas caricias agresivas, llenas de hambre, necesidad y desesperación que él le otorgaba.
Y el tiempo no hacía justicia a su forma de ser, porque seguía siendo arriesgado y violento, y es por eso que Hermione no se pudo negar a recorrer de nuevo el camino de lo prohibido, porque no podía evitar sentir un placer incontrolable por tocarse con él como si la realidad no existiera, como si de un simple sueño se tratase, como si no hubieran límites, incluso aunque se encontrasen en medio de la biblioteca.
A Valezka no le tomó más que unos segundos trasladarse desde Hogsmeade a Swansea, región de Gales donde se hallaba el Hospital Singleton. El lugar, por supuesto, estaba plagado de muggles. Pero eso, a Valezka, no le inmutaba de la menor manera.
Caminó con paso presuroso a través de la calle hasta la entrada y pidió informes en la recepción. Previa identificación verificada, la mandaron a la habitación en que se encontraba su madre. Al entrar, la encontró dormida, dejó su mochila junto a la puerta y se acercó a la cama para observarla.
La señora se veía tan demacrada y anciana, que Valezka apenas pudo contener el llanto. Valezka había nacido cuando su madre ya estaba entrada en años. Casi había sido un milagro que la muchacha naciera puesto que el embarazo había sido de alto riesgo. Sin embargo, su madre apenas tenía los 65 años y se veía tan acabada que los doctores del Hospital no lograban concebir que su estado de salud y deterioro fuera tan grave. Era claro que la señora sufría de una enfermedad de carácter mágico, pero por más que Valezka le había insistido, se había negado a asistir a un hospital de ésta índole.
La muchacha arrastró con cuidado una silla hasta estar junto a la cama y se sentó. Tomó una mano de su madre y la encerró entre las suyas propias. Al cabo de un rato, se durmió rendida. El tiempo se desvaneció con el contacto de su piel con la de su progenitora, Valezka no había estado durmiendo bien, por lo que pasaron un par de horas en que se mantuvo con medio cuerpo acostado sobre la cama, sin soltarse de la anciana mujer.
— Mi pequeña —habló la señora, mientras acariciaba con su mano cansada la cabellera despeinada de la aludida. Valezka abrió los ojos perezosamente y levantó el cuerpo poco a poco, se acomodó las gafas y sonrió—. Me alegra que estés aquí.
— Mamá... por favor... —la mujer posó un dedo flacucho sobre los labios de su hija.
— Ya hemos hablado de eso —su voz era acompasada y tierna—... muchas veces —Valezka relajó los hombros, decepcionada—. Pronto veré a Colwyn, así que la muerte no me asusta, por favor no insistas más —la muchacha dejó escapar una lágrima.
»— ¿Sabes qué es lo que me hace más feliz de volver a ver a tu padrastro? —la muchacha la miró—. Que por fin, todas sus dudas se habrán disipado.
La mujer sonrió tristemente, su pálida piel retomó tan sólo un poco de color, y sus ojos azul cielo brillaron. La mayor parte de su cabello era cano pero tenía vestigios de haber poseído un cabello rubio dorado, y un rostro redondo. Ninguna parte de sí tenía asomo del aspecto de Valezka. La señora presionó el botón de un control que tenía a su lado y la cama cambió de posición para que pudiera estar sentada con una ligera inclinación, se estiró levemente hasta alcanzar una fotografía familiar, la misma que tenía Valezka en su habitación, la acarició con nostalgia y después prosiguió.
— Colwyn —el hombre de la fotografía era más bien blanco y con el cabello rojo pálido. Tiempo atrás, al verla el señor Malfoy, no había sido consciente de las diferencias físicas que evidentes estaban—, cariño, por fin me mirarás a los ojos con confianza, una vez más.
— Mamá... —Valezka no sabía cómo reaccionar, tenía poco conocimiento de lo que había sucedido al ser concebida. Y por eso precisamente había enviado el telegrama su madre, porque era necesario que supiera toda la verdad, porque sentía el final de su vida tan cerca que temía no tener tiempo de darse a explicar.
— Escucha, Valezka, mi amor—le decía, mientras con trabajos levantaba su brazo para acariciar el rostro de la castaña, quien recibió la mano de su madre en su rostro y la sostuvo para que resistiera un poco—. Sabes que siempre te he amado, lamento de verdad todo por lo que tuviste que pasar —regresó su brazo hacia la cama—. Sé que lo sabes, pero quiero confirmarte el hecho de que, nunca le mentí a Colwyn, nunca le fui infiel.
Valezka siempre había optado por no poner a su propia madre en tela de juicio, porque de cualquier manera era una madre espléndida y la había tratado igual o incluso de mejor manera que a sus hermanos. Pero eso no significaba que no le intrigara cómo habían sucedido las cosas y por qué.
— Cuando estuviste por primera vez en mi interior —comenzó su relato—, se avecinaba una guerra en Inglaterra. Una guerra de magos, por supuesto, Colwyn y tus hermanos eran completamente ajenos a ello, incluso yo lo era. Claro que estaban sucediendo cosas terribles pero parecían tan lejanas, que no creí que seríamos víctimas... de algún ataque —suspiró cadenciosamente, pero sin dejar de mirar directamente a Valezka, continuó—. Fue entonces cuando aquel hombre apareció —el estómago de la chica se contrajo—, yo nunca fui una bruja excepcional, pero le di pelea, se dirigía a sí mismo como mortífago y decía seguir órdenes del señor Tenebroso. Él quería convertirme, porque tenía la idea de que, siendo descendiente lejana de Cassandra Vablatsky, tendría poderes premonitorios.
»— Sin embargo, el propósito de reclutarme por la fuerza no era único —cada vez, le costaba más trabajo respirar y hablar al mismo tiempo—, decía que tenía un linaje excepcional y que había sido elegida, de entre otras mujeres, para dar vida al fruto del mismísimo demonio.
Valezka experimentó un escalofrío que le recorrió toda la espina dorsal, una angustia muy profunda, y tal vez, sólo tal vez, un poco de asco.
— Después de mucho forcejear, logró detenerme y mantenerme estática —la mujer comenzó a sollozar—. Invocó un conjuro tan largo que apenas podía mantenerme consciente cuando lo terminó de hacer, y al hacerlo, lo que me pareció ser un ejército de mortífagos apareció... —sollozó— estuve horas inmóvil, apenas capaz de observar lo que hacían, una especie de poción nauseabunda en un caldero gigantesco, tenía el aspecto de sangre hirviendo, era grotesco... y entonces... lo vi... —se tapó el rostro, aterrada por evocar los recuerdos del pasado, Valezka no quería escucharlo.
— No, mamá... olvídalo, no tienes que decírmelo —suplicó agarrando compulsivamente las manos de su madre y besándolas—. No tengo que saberlo, nadie tiene por qué saberlo— la anciana rompió en lágrimas y mientras Valezka trataba de callarla con sus propias palabras la mujer exclamó desesperada.
— ¡Era él!... Valezka... era él... —la joven se quedó muda, no quería oírlo, porque no oírlo significaba que existía la posibilidad de que sus sospechas no fueran ciertas; pero lo oyó, y no sabía cómo reaccionar.
»— Dejó caer sobre el caldero, tras cortarse, una daga de plata embarrada con su sangre, parecía fastidiado, apenas hizo aquello y se esfumó tan rápido como había aparecido... largos, larguísimos minutos pasaron hasta que lo que sea que estuviese dentro del caldero se volvió sólido y luminiscente... —la cansada mujer se enjugaba las lágrimas con la manga de su bata, hasta que no pudo más y terminó por taparse los ojos con una mano mientras con la otra sujetaba fuertemente la muñeca de su hija.
»— Otro o el mismo hombre, no estoy segura..., hizo al objeto levitar hasta estar cerca de mí... era como una esfera pequeña que me cegaba con su luz, entrecerré los ojos y apenas pude vislumbrar cómo la introducía en mí, atravesaba la piel de mi vientre como si no existiera, no pude resistirlo más y desfallecí —hizo una pausa muy larga, tratando de recordar con claridad. Sollozó, y con voz cada vez más desesperada continuó—. Desperté algunos días después en un hospital muggle, lejos de casa, sin rastros de agresión ni heridas...
»— ... Era obvio que no podía decírselo a Colwyn, jamás me habría creído, y cuando le pedía que tuviera fe en mí... decía tenerla, pero nunca la tuvo... no habían rastros de violación... parecía lógico que... no me creyera... —Valezka estaba materialmente en blanco, no podía concebirlo, no podía ser cierto—. Mientras el embarazo procedía, fui perdiendo mi fuerza mágica, era como si todo mi poder estuviera siendo absorbido por el feto. Acudí a mi hermano, tu padrino Idris, que me acompañó en momentos de transición que no podía compartir con Colwyn; y cuando el bebé nació, ¡fui visitada nuevamente por uno de aquellos hombres!, ¡decía que no podía permitir que me quedara libre!, yo no tenía fuerza alguna, ¡fue como si me hubiera vuelto una squib!, Idris me defendió y peleó largo y tendido contra aquel monstruo... —se calmó momentáneamente, respiró hondo a duras penas, y continuó—. Idris y yo sabíamos que no sería el único en venir, por lo que la familia entera tuvo que irse al exilio, Colwyn no comprendía nada, ¿cómo iba a hacerlo?. Cuando la gran guerra terminó, pudimos volver a nuestro hogar, pero nada volvió a ser lo mismo... nunca más.
Valezka bajó la mirada y observó sus manos abiertas sobre sus rodillas, su rostro no exponía expresión alguna. Era evidente que necesitaría tiempo para digerir toda la información obtenida. Pero comenzaba a comprender muchas cosas, como el rechazo que sus hermanos le otorgaban y el repudio de su padrastro, los hostigamientos y comentarios sarcásticos; el aislamiento, aunado a que no podía ir a la escuela muggle porque no podía controlar sus arranques de magia, su infancia había sido un auténtico infierno.
Ya más tranquila la anciana agregó.
— Idris fue reclutado como infiltrado poco tiempo después y obtuvo algo de información que me alcanzó a pasar antes de que lo asesinaran —así es, Valezka ni siquiera había conocido a su padrino, de hecho, cuando mucho una vez había sido mencionado en la familia, y posiblemente por alguna discusión—. Ahora lo único que recuerdo es que... supuestamente, el bebé que parí era el único producto sobreviviente de un proyecto alterno... también dijo que al convertirse a mortífago le habían clavado una daga de plata en el brazo, la cual le plasmó la marca... —parpadeó cadenciosamente— y que... dicha arma, ayudaría al futuro señor oscuro a reunir a todos los fieles que quedaran... otra vez...
"El bebé", "el engendro", "el producto", "el fruto del mismísimo demonio", esos eran los términos que la señora Vablatsky utilizaba para referirse a ella, a su propia hija. Valezka no pudo pasarlo por alto, en ningún momento se había referido la mujer a aquel ser como su hijo, y técnicamente no lo era, porque no había habido una concepción, Valezka seguía observando sus manos, ahora temblorosas, pensando que no era muy diferente de un clon, un experimento, un conejillo de indias.
— Valezka —escuchó la voz dura de un hombre de mediana edad. La muchacha levantó la cabeza, aún sin enfocar la mirada, alcanzó a vislumbrar la silueta de su hermano mayor—. Vete ya, deja descansar a mi madre —fueron las frías palabras que obtuvo. Sin pensar, y guiada por el automatismo, se levantó de donde se encontraba sentada y acercó su rostro al de la anciana mujer para besar su frente.
La mujer la retuvo momentáneamente con debilidad y se acercó a su oído:
— Mi niña... —apenas podía ya susurrar la mujer—. Eres mi orgullo, mi única hija bruja... perdónalos... ellos nunca... podrán... conocer la verdad... pero yo decidí... que las cosas no tenían que ser... como los oscuros esperaban que fueran —y con un último y trabajoso suspiro, se volvió a quedar dormida.
Valezka caminó con trabajo hasta los baños del hospital, dejó su mochila a un lado y abrió la llave del agua. La dejó correr, mientras la observaba desperdiciarse por el vertedero. No podía ser posible. Pero lo era. Se miró al espejo, el poco rimel que se había aplicado perecía escurrido esperando su final, juntó sus manos para recoger algo del agua fría y la estrelló contra su rostro, lavó su cara hasta que no hubieron rastros ni de lágrimas.
Mientras se observaba al espejo, su cerebro comenzaba a tener dudas, ¿por qué su madre no la había abortado? ¿por qué?, sintió nauseas, de haber estado en su lugar, ella lo hubiera hecho, no hubiera sido capaz de soportar el dolor y la angustia de llevar un demonio adentro; ni siquiera la había abandonado, eso sólo demostraba cuán fuerte había sido su madre, cuánto había hecho y sacrificado por ella. Pero entonces, pensó en él, en su padre, no..., en su creador, en... su original.
No pudo soportarlo demasiado, y tan pronto como ese último pensamiento cruzó por su mente, volvió lo poco que había comido ese día. No se atrevió a levantar la mirada cuando terminó, asqueada y consternada, se enjuagó la boca y cerró la llave del agua. Evitó volver a mirarse al espejo por temor a sentir la necesidad de vomitar otra vez, porque al ver sus ojos, veía los de él, al ver su cabello, veía el de él, al ver su piel, su aspecto, su rostro, sus manos...
Sus piernas temblaron y le fallaron dejándola caer estrepitosamente. Sintió el dolor de su cabeza al rebotar contra el frío suelo. Dirigió su mirada al techo donde las lámparas de tungsteno le diluían la vista. Deseó profundamente que el golpe la dejara inconsciente para dejar de sentir el desasosiego que en ese momento la dominaba. Al menos ahora no podía ver ninguna parte de su cuerpo, pasó por su mente la idea de que no sería capaz de volver a mirarse a un espejo nunca más. ¿Por qué no podía desmayarse justo en ese momento? Cuando más necesitaba que su mente quedara ausente.
Entonces fue víctima de lo que había visto que le sucedió al señor Malfoy. Pensó para sí misma "de haber sido yo, me hubiera abortado a mí misma", y comenzó a reírse. "¿Será porque, tú no eras tan fuerte como creías ser? ¿Por eso no lo soy yo?".
— ¡No, yo no soy tú! ¡Me niego a creerlo! —gritó histérica sin poder contener la risa—. Encima, por tu causa he perdido a todos los que me han querido: a mi padrino, a Derrick y ahora mi madre... no son muchos, ¡jajaja!... no son muchos... —se le cortó la risa lentamente— no son muchos...
Y entonces, sin previo aviso, cruzó por su cabeza el rostro del señor Malfoy. Abrió los ojos como platos, momento, ¿el señor Malfoy? ¿qué tenía que ver en este asunto? Vislumbró su primer encuentro con él, y cómo lo había desdeñado, ahora pensaba en él como ¿alguien importante para ella? Después de haber pasado tanto tiempo con él, haberlo ayudado y haberlo fastidiado hasta el cansancio, parecía natural. Pero ¿por qué parecía más importante de lo que debería? Después de todo no tenía mucho de conocerlo, se le había insinuado descaradamente, como hacía con todas, ¡y podría ser su padre!.
Recordó el brazo herido del rubio y cómo los surcos de putrefacción comenzaban a carcomerlo. Un escalofrío recorrió su cuerpo y se levantó de repente. Miró al gran espejo y sintió odio.
— ¡No! ¡A él no me lo vas a quitar! —gritó encolerizada.
Y viendo el espejo sintió el coraje que necesitaba, porque gritarle a su reflejo era como gritarle a él. Porque quisiera o no, era la viva imagen de él, la viva imagen del mismísimo lord Voldemort.
