-Desde que ella, su amada murió, víctima de una venganza, sus lágrimas fueron forjando una espada de fe…

Capítulo 1: Saber encajar las derrotas también es vencer

El chico de pelo sedoso y largo despertó en una cama que no le resultaba conocida. En sus brazos sintió una punzada de amargo y largo dolor, pero nada comparado con lo que su corazón sentía. La había dejado atrás en aquel lugar cuando se había abierto la brecha. Aunque le juro amor eterno, sobre las adversidades, los engaños y la horrible vida en aquel pueblo.

Ahora estaba ahí, en una cama corriente, con los brazos vendados, llorando la muerte y la perdida de la que era su alma gemela. Apretó tanto los dientes de la rabia, tanto los puños de la impotencia, que su corazón comenzó a llorar sangre a través de las heridas hechas en los brazos.

Se levantó dificultosamente del lecho, mientras que se podía apreciar su torso repleto de cicatrices y señales que el destino le había deparado hasta ese día. Tan solo un pantalón negro holgado portaba en esos momentos y decidió ir a recuperar sus cosas. Sin embargo, una mano nudosa se poso en su hombro y una voz de anciano, dulce y comprensiva le llego hasta los oídos.

-¡Vaya chico! Veo que has despertado, me alegro. – Sin hacer caso a sus lágrimas, tomó sus brazos vendados y le puso nuevas gasas para que las heridas no se infectasen. – Tienes suerte de que pasara por aquel bosque. Si no, toda suerte de criaturas te hubieran podido hacer cualquier cosa.

El chico no se inmutó, simplemente se derrumbó sobre la cama ensimismado mientras intentaba poner su cabeza en orden y asimilar lo ocurrido. Estaba con ella, corriendo a sabiendas de que en algún momento su perseguidor les daría caza. De repente, algo se abrió en la tierra y pudo ver otro lugar, un lugar que no había visto nunca jamás, ni siquiera en los libros. Fue un descuido, tan solo unas milésimas de segundo. Tres virotes de ballesta silbaron en la noche y la niebla.

Ella entonces lo apartó del camino, recibiendo los proyectiles, en la espalda, omóplato y brazo. Sin dejar de sonreírle, con las ultimas fuerzas que le quedaron, lo empujó a través del portal justo cuando su cazador llego a la altura de ella, lo último que pudo apreciar fue un reflejo argenta y la sangre que le salpicó la cara.

No recordaba nada de lo que había sucedido luego, simplemente despertó y el anciano se le apareció.

Este último estaba poniendo agua a hervir, mientras que con palabras lo mas cuidadas posibles, le comenzaba a interrogar, sin embargo, por su tono sugería que la conversación sería más bien cordial:

-Dime chico, ¿Cómo te encuentras? – su voz tenia un tono calmado y pausado que sólo los ancianos saben poner cuando quieren obtener algo de información, mientras tomaba los cabellos del joven entre los dedos, le comentó – para alguien tan joven como tú, pasar por una experiencia así ha tenido que ser horrible, mírate… Tienes el pelo completamente canoso…

El joven tomó uno de sus largos mechones y lo miró con curiosidad. Era cierto, tenía el pelo completamente blanquecino y débil, debido a una experiencia terrorífica. Sin embargo le restó importancia y le dijo al viejo:

-Bueno he conocido días más felices, - dijo el chico en un esfuerzo titánico por mostrar una sonrisa – gracias por traerme hasta aquí, debió suponer grandes dificultades…

El hombre mayor levantó la mano y lo hizo callar, el té estaba listo. Le hizo un ademán al chico para que le siguiera y con la olla de agua hirviendo, el viejo lo condujo por una especie de pasillo empedrado.

Cuando llegaron, al chico se le ilumino el rostro por un segundo. Estaba en una especie de despacho iluminado por unas velas que el anciano enciendo en cuanto entro por la puerta.

El hombre sirvió el té en un escritorio enorme sobre el que había varios papeles y un juego de tazas. También había algunas pastas y un cuenco con varios caramelos de limón.

-Siéntate, - le ordenó el anciano con amabilidad, y una vez que el chico estuvo sentado, le tendió la mano. – Mi nombre es Harry Potter, y soy director de esta escuela. ¿Cuál es tu nombre?

-Steve Grace – dijo el chico mientras le daba la mano. – No se exactamente como he llegado hasta aquí, pero yo me dedicaba a…

El chico frunció el ceño, su cabeza le daba vueltas y comenzaba a dolerle terriblemente. El señor Potter, a su vez, al ver que el chico sufría tan terrible tormento, volvió a ponerle una mano en el hombro mientras que con la otra mano le ofrecía una taza.

-No te esfuerces Steve, en tu situación lo mejor seria que tratases de pensar lo menos posible en los últimos acontecimientos, y disfruta de este maravilloso té rojo.

Steve tomo la taza de te y comenzó a darle unos cuantos sorbos. Desde luego era exquisito, no había probado algo similar desde hacia bastante tiempo, así que se relajó un poco mientras tomaba pequeños sorbos del brebaje ambarino.

- Déjame aclarar un poco aquello que te ha ocurrido Steve – dijo con toda la amabilidad posible, tan pronto como el chico comenzó a prestarle atención, se levantó y siguió con su explicación – La verdad es que llevaba algún tiempo tratando de buscarte, eres una persona bastante especial.

Iba caminando a lo largo de la estancia, que estaba llena de cachivaches plateados en estanterías de cristal, cuadros y un sombrero viejo y raído encima de un taburete en un rincón, luego tomo saliva y continuó su monólogo:

-Aunque sea difícil de creer Steve, tú no pertenecías al mundo al que fuiste arrojado. Tú originalmente eras un niño de este mundo, tus padres tuvieron que enviarte ahí para protegerte.

El anciano Harry hizo una pausa y un ademán de continuar, pero luego se llevó la mano a la barbilla, como si supiera que tendría que decir algo, pero no encontrara exactamente las palabras adecuadas.

-El cazador que te perseguía y desafortunadamente alcanzó a Edeline fue enviado por los enemigos de tu familia y probablemente ya esté de camino a este mundo…

De nuevo hizo una pausa incómoda y miró directamente a los ojos de Steve. Luego a lanzó un vistazo a la taza de té vacía, con lo cual su gesto se relajo un poco en general, cosa que el chico no acabó de comprender.

-Bueno Steve – terminó por concluir el anciano – Debes estar muy cansado y no hablaremos aquí más por hoy. Esta noche tendrás un sueño en el que decidirás tu futuro, un sueño lúcido que recordarás, dependiendo del camino que elijas. Se que conoces poco, que estas confuso, asustado y furioso… pero tendrás que confiar en mí por lo menos hasta que duermas.

El anciano volvió a sentarse despacio en su butaca, con un gesto de desconcierto, sorpresa y rabia. Se llevó las manos a la cara mientras sollozaba, parece que aquello no le resultaba fácil. Por un momento se derrumbó, quizás recordando algún hecho trágico del pasado.

-Perdóname, pero estas son las palabras que me dijo alguien importante por última vez… esta noche sabrás más, te lo prometo. Ahora lo mejor es que descanses en la habitación que te he preparado, si eres tan amable de acompañarme…

Steve siguió dócilmente al anciano mientras éste le guiaba de nuevo por el túnel hacia la estancia que había dejado en primer lugar. El cuarto estaba ligeramente diferente, la cama estaba hecha y con sabanas nuevas y limpias.

El chico comenzó a bostezar a causa del cansancio mental que sufría, y cuando Harry le abrió el lecho, se acostó cuan largo era. El anciano se sentó en una silla a su lado y le mesaba el cabello, mientras le cantaba una canción que le recordó a su madre. Sandman dejó su arenilla en los ojos del chico para que tuviera un sueño profundo y reparador.

-Duerme y duerme y sueña con tener, una vida sin la tentación. De delirios de oro y poder, de juzgar aunque exista razón…Duerme y duerme y sueña con ser, de tu mejor tesoro guardián. El amor que yo en ti he volcado… de eso tienes mucho que dar…