DISCLAIMER: D. Grey Man no es mio
Kanda se apoyó en la pared de la habitación respirando profundamente fijando su mirada en la pequeña que aprendía a caminar. Allen soltó sus brazos manteniendo su distancia mientras Hasu daba pasitos temblorosos caminando hacia su nervioso padre, su risita llenaba la habitación como ningún sonido.
"Ve con papá mi pequeña flor de loto" – Susurró Allen atrapando a su hija cuando esta se fue hacia atrás en un tropiezo, volvió a enderezarla para que siguiera en su camino.
"Papa" – Gritó la pequeña encerrando su manita en los dedos de Kanda encontrando soporte en su caminar, el samurai la atrajo hasta su cuerpo sentándola en su regazo besando su cabello largo y negro una y otra vez.
"¿Te encuentras bien?" – Preguntó Allen tratando de esconder su preocupación de su voz pero el japonés la podía escuchar en la voz infantil.
"Un poco cansado, pero ya te dije que no es nada de que preocuparse"
"Kanda has estado debilitándote cada vez mas, desde que fuiste a esa maldita misión no eres el mismo"
"Moyashi no quiero hablar de ello" – Sus miradas se encontraron por unos segundos y Allen supo en ese momento que nada estaba bien. "Vamos a tomar un baño, Komui y Lenalee prometieron llevarla al pueblo" – Kanda se levantó lentamente con Hasu en uno de su brazos, la pequeña apretó sus manos en las mejillas de Kanda para luego distraerse en el largo cabello, jalándolo y tratando de meterlo en su boca.
"Kanda Hasu, oficialmente eres un peligro andante" – Rió Allen sacando el cabello azabache de su puño, su hija hizo un puchero lista para ponerse a llorar.
"No llores" – Pidió Kanda besando sus labios algo que la tranquilizaba desde muy bebé. Hasu continuó con su puchero pero no lloró por todo el camino intentando nuevamente tomar el cabello de su padre que se movía con sus pisadas.
Komui y Lenalee estaban sentados esperando pacientemente la llegada del pequeño rayo de sol dentro de la Orden, Krory y Miranda estaban con ellos listos para partir en lo que parecía ser una gran excursión para llevar a la bebé por primera vez fuera del oscuro edificio.
Más de un millón de veces Allen se lamentaba no poder vivir una vida normal fuera de estas paredes que llamaba casa para que Hasu pudiera ver todo lo que el mundo tenía que ofrecer.
"Vendremos por ella antes de anochecer, muchas gracias por hacer esto" – Lenalee aceptó a la niña que se retorcía impacientemente por ir a sus brazos.
Kanda y Allen la besaron una vez más antes de desaparecer tras la puerta. El onsen estaba reservado esa tarde para los dos chicos, nadie tenía permitido entrar (esa advertencia iba claramente para Lavi, el único con un deseo de morir latente al molestar a Kanda todo el tiempo).
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Los dos amantes de desnudaron lentamente viéndose a lo ojos por un largo tiempo, ambos cuerpos pálidos y tonificados por el ejercicio, el agua caliente liberó sus preocupaciones al aire.
El japonés tomó la delgada muñeca del ingles entre sus manos halando su cuerpo completo hasta tenerlo sentado en su regazo sintiendo el cosquilleo en su estomago por el contacto de piel contra piel.
"Voy a morir" – Susurró Kanda apoyando su frente en el hombro del menor, escondiendo sus ojos nublados.
"BaKanda todos vamos a morir" – Río Allen acariciando el largo cabello que hace unos cuantos minutos su hija quería comerse.
"No hablo de eso idiota, no se si serán meses o años pero siento como la fuerza esta abandonando mi cuerpo, ya no puedo sostener mi espada como lo hice antes y mis pasos son inseguros" – Dijo en voz baja
"No me dejes" – Suplicó aferrándose al cuerpo repleto de cicatrices, sabiendo que el suyo se encontraba en igual estado, buscó sus labios con desesperación adorando la suave piel que encontró con delicados besos.
"Allen Walker no suplica" – Gruñó Kanda fusionando sus labios en un apasionado beso, sus cuerpos se movían bajo el agua buscando cercanía, expresando de una manera que no se lograba a comprender en palabras la necesidad que sentían el uno por el otro.
Kanda se separó del abrazo dando vuelta a su posición para aprisionar al chico entre la orilla del baño y su cuerpo, su mano endurecida por la espada entrelazó sus dedos con la mano deforme de su amante, las manos que le pertenecían a los akuma; su otra mano viajó lentamente hacia abajo pellizcando sutilmente uno de los pezones antes de moverse nuevamente.
"Kanda Yuu nunca muestra sentimientos y mira adonde te llevó eso, a un amante y una hija…baka" – Dijo Allen con un tono divertido en su voz, Kanda se echó a reír, algo guardado solamente para sus oídos. "Te amo Kanda" – Allen llevó sus labios a los del mayor con renovada fuerza sin dejar que el otro contestara a su declaración de amor. "K-Kanda" – Jadeó cuando Kanda encerró sus miembros en una sola de sus manos y comenzaba a bombear creando esa amada fricción, su líquido inmediatamente mezclándose con el agua tibia.
"Moyashi" – Suspiró Kanda liberando sus miembros presionando su cadera hacia adelante para frotarse contra su amante. "Déjame entrar" – Pidió sintiendo como los muslos de su amante se separaban instintivamente, Kanda rozó su entrada con sus dedos jugueteando con la sensible piel antes de que estos se deslizaran dentro.
Allen gimió con abandono mientras Kanda movía sus dedos en un ángulo perfecto rozando un área que lo hizo perder el control.
"Ya… ya no mas" – Lloró el menor empujando la mano que lo penetraba con desesperación haciendo sonreír al japonés.
Allen sintió como su cuerpo se estrechaba poco a poco acomodándose para recibir a su amante.
"¿Estas bien?" – Preguntó el mayor de los dos acariciando la mejilla con la marca de la maldición, estaba preocupado por la poca lubricación, temeroso de lastimar a su amante más de lo que lo había lastimado todos esos años.
"BaKanda…n-no es… mi primera v-vez" – Gimoteó mordiendo su labio para no gritar; Kanda se mantuvo inmóvil por un momento mas antes de embestir su cuerpo con movimientos lentos y sensuales, esta vez no habrían prisas. El japonés acaricio el olvidado miembro desde la base con extrema suavidad, igualando sus estocadas al cuerpo más pequeño.
Para Allen esto se sentía como una despedida y por mas que lo deseó no pudo contener sus lagrimas sin darse cuenta que el japonés había derramado un par, bajando su rostro para no ser visto.
"Te amo… Moyashi" – Susurró Kanda en su oído lamiendo su mandíbula juguetonamente, Allen se aferró a su cuerpo alcanzando su clímax con un silencioso grito, Kanda continuó sus movimientos incrementando su velocidad para alcanzar ese delirio que tanto añoraba hasta correrse dentro de su amante.
Allen se apoyó contra su pecho respirando laboriosamente, Kanda sintió sus piernas temblar bajo su peso, sus ojos se estaba cerrando poco a poco pero no podía quedarse dormido en un lugar así.
Lentamente salieron del baño, su piel arrugada por estar sumergida mucho tiempo, irían a traer a su pequeña una vez estuvieran decentes. Kanda se puso su capa de exorcista sobre su espalda desnuda caminando frente a Allen disimulando su firme andar hasta que su mundo se envolvió en sombras.
P.D
uuf tarde tarde! planeaba actualizar ayer pero oh sorpresa, no pude despegarme del televisor por ver la NFL y todo ese deporte me secó el cerebro de ideas de romance hahahaha asi que hoy, con un delicioso te de menta en mis manos termine este capitulo que espero sea de su agrado
