Bueno, aquí viene otro capítulo más. Pero antes de empezar supongo que viene siendo hora de repetir la imprescindible advertencia de derechos. Como sólo algunos pocos genios habrán podido deducir, ni estoy disfrutando de un margarita tumbada en una hamaca en mi mansión de la playa, ni estoy a cinco metros bajo tierra sirviendo de inspiración tanto a poetas como a escritores románticos y siendo recordada por mis deslumbrantes obras literarias. No, lo siento por aquellos a los que voy a defraudar ya que lamento comunicaros que no soy ni J. K. Rowling ni William Shakespeare, y por lo tanto ni Harry Potter ni Romeo y Julieta me pertenecen.
En fin, después de aburriros un buen rato, aquí os dejo. Besos.
Enamorados del enemigo
LPOV
Había conseguido que se enfadara, estaba claro. Pero, ¿quién se creía que era el muy imbecil? No podía aguantar a la gente como él, que iba de protector de damiselas en apuros. ¡Ese comportamiento machista me ponía de los nervios! A ver si se enteraba que las mujeres no necesitamos a nadie que nos proteja, nos valemos solitas. Por favor, más bien de los que nos tenemos que defender es de los hombres, que son todos unos capullos.
Por eso lo hice aunque sabía que no debía, no pude evitarlo y en cuanto el profesor dio la señal me lancé sobre él y lo derribé.
"Quizás eres tú el que necesita que lo ayuden..." dije, y lo vi en sus ojos, el orgullo herido de todo machito cuando lo vence una mujer.¡Él se lo había buscado! Ya era hora de que alguien le diera una lección, y teniendo en cuenta que llevaba entrenando toda mi vida, para mí sería como robarle un caramelo a un niño.
No obstante, antes de que me diera cuenta se abalanzó sobre mí y caí al suelo debajo suyo.
Estaba atrapada y lo peor era que aún sabiendo que podría liberarme con bastante facilidad, no tenía ganas de hacerlo. Quería quedarme justo ahí, con su cuerpo sobre el mío y sintiendo cómo nos amoldábamos a la perfección.
Y entonces él comenzó a agacharse, acercando cada vez más su cara a la mía hasta que apenas nos separaban unos milímetros. No se mi había escapado lo bien que le quedaba la camiseta prieta que usaba en gimnasia, negra y sin mangas, que marcaba todos y cada uno de sus músculos, esos que ahora era capaz de sentir contra mi cuerpo con perfecta claridad. Acercó más su rostro y sentí como mi respiración se agitaba a medida que sus labios se aproximaban a los míos.
"Te noto algo... atrapada" dijo con tono engreído, rompiendo mi embelesamiento y trayendo de vuelta mi orgullo perdido.
Así, me giré y quedé sentada encima suyo, con las manos a la altura de su cabeza.
"¿Qué decías?" contesté.
Nos miramos a los ojos durante largos segundos, hasta que volvió a girarnos y se puso en pie.
"Menos hablar y empieza luchar Scott" dijo, y yo me levanté, me recogí el pelo para que no me molestara durante la pelea y me situé dispuesta a atacar, pero James se había quedado quieto, recorriéndome con los ojos.
"¿Quieres dejar de mirarme?" dije enfadada " Me pones nerviosa"
Finalmente salió de su trance momentáneo y empezamos la pelea. Los golpes se sucedían unos a otros y no se me escapó la destreza con la que luchaba. Estaba claro que llevaba entrenando para el combate tanto como yo.
Seguimos un buen rato, dando y recibiendo ataques cada vez más duros, y al final, aprovechando un descuido mío, James me agarró el brazo y lo inmovilizó contra mi espalda al mismo tiempo que me hacía caer hacia delante.
Había perdido, lo sabía. Estaba atrapada entre el suelo y su cuerpo, no podía moverme aunque quisiera así que ya podía proclamarse campeón. Me lo imaginaba alardeando ante la clase, presumiendo de su victoria, y es por eso que me sorprendió tanto lo siguiente que hizo.
Liberó mis manos y me acarició el cuello, apartándome algunos mechones de pelo y consiguiendo que escalofríos recorrieran toda mi columna vertebral. Entonces, me giró bruscamente, tanto que se me cortó la respiración, y me sujetó la cara para que lo mirara.
Estuvo así, totalmente quieto, lo que me parecieron horas, mirándome con algo que no era capaz de descifrar. ¿Sorpresa? ¿Confusión?
¿Enojo?
No tenía ni idea de lo que estaba pasando y los nervios se iban apoderando de mí conforme la furia se hacía más notoria en sus ojos.
Después, rápidamente se levantó y sin decir una sola palabra salió corriendo del gimnasio.
¿Qué demonios había pasado? Era imposible que estuviese enfadado conmigo, había ganado ¿no?, así que teóricamente debería estar feliz, presumiendo delante de la clase. Además, era él el que me había pedido que fuera su compañera y el que me había abrazado esa misma mañana.
Confundida, me puse en pie y salí hacia los vestuarios para ducharme. Estaba claro que tenía una larga conversación pendiente con mi sexy moreno, no pensaba dejar que las cosas se quedaran así porque, aunque en realidad lo que debía era alejarme de él, no podía marcharme sin saber a qué había venido su estúpido comportamiento bipolar.
En fin, me dispuse a llegar a clase lo antes posible para ver si lo encontraba, pero nada, no estaba allí, y cuando sonó el timbre todavía no había llegado.
La siguiente hora tampoco apareció, ni durante el resto del día. Quedaba claro que lo que fuera que había pasado en educación física lo había molestado de verdad y que no tenía intención de arreglar las cosas conmigo.
Esa noche no dormí bien, no podía quitarme de la cabeza lo que había pasado y el hecho de que el próximo día el moreno no fuera a clase no ayudo mucho.
Y así pasaron los días, yo seguía sin poder pegar ojo y James sin aparecer.¡Me estaba hartando! Algo tenía que hacer pero lo único que se me ocurría era demasiado arriesgado, tanto que cruzaba la línea de la estupidez.
Así que estaba claro, lo haría, iría a la mansión de los Potter y hablaría con él, iría a la casa de los asesinos de mis padres, aquellos que querían encontrarme para matarme.
Definitivamente estaba loca, pero ¿qué se le iba a hacer? Ya no tenía remedio.
De ese modo, esa misma mañana en vez de ir a clase me dirigí a buscar a James. Su casa era fácil de reconocer ya que era la más grande de toda la villa. Estaba a las afueras, encima de una colina y al lado de las ruinas de lo que antaño había sido mi propia casa.
No llamé, tampoco quería tentar tanto al destino y encontrarme con el alcalde, así que rodeé el edificio para ver si encontraba alguna ventana abierta o algo por donde colarme y llegar a la habitación del moreno. Afortunadamente y por primera vez en mucho tiempo, la suerte estuvo de mi lado y no necesité cometer mi primer delito por allanamiento, mi chico estaba entrenando solo en el jardín trasero, desnudo de cintura para arriba dejando a la vista su musculosa espalda mojada por el sudor.
Mmm... y después de lo que podían haber sido días comiéndomelo con los ojos, decidí que era hora de hacer algo más productivo y me acerqué por detrás procurando no llamar la atención. Estaba a punto de decir algo cuando se giró y me derribó, aplastándome contra el suelo.
Digamos que se estaba volviendo una costumbre para nosotros acabar en esa posición, aunque no era que yo me quejara en absoluto.
"Hola" dije, intentando romper la tensa atmósfera.
"¡¿Qué estás haciendo aquí?!" Me preguntó enfadado "¡No deberías haber venido! ¿es que no entiendes lo peligroso que es esto?"
Bien, yo si lo sabía, pero ¿podía saberlo él?
Antes de darme tiempo a pensar en ello me agarró de la mano, comenzó a correr y no se detuvo hasta que no llegamos a una pequeña caseta llena de material de jardinería. Entonces, cerró la puerta y volvió a mirarme con rabia.
"¿A qué has venido?
"Yo... yo sólo..." no podía hablar, parecía tan enfadado que simplemente no me salían las palabras. "sólo quería saber que te pasa, James. Llevas dos semanas sin venir a clase y yo... estaba preocupada." Reconocí, acercándome lentamente a él y acariciándole la mejilla.
Pude ver el enfrentamiento interno en sus ojos, que cambiaban entre la amargura y la ira, aunque finalmente fue la segunda la que venció.
"¡No puedes venir aquí y decirme eso!" chilló.
"¡Claro que puedo!" contesté, gritando como él. "Eres tú el que no puede desaparecer durante tanto tiempo sin decir una palabra. ¡Mierda, ni siquiera hice nada para que te enfadaras así!"
"¿Qué no hiciste nada?" me agarró por los brazos y empezó a zarandearme. "¡Como te atreves a decir que no has hecho nada?"
"¡Por qué no te dejas de joder y me cuentas de una puta vez lo que he hecho!
" Yo te diré lo que has hecho. ¡Revolucionar todo mi mundo eso has hecho! ¡Hacerme desear lo que no debo! ¡Conseguir que sienta cosas que no he sentido en mi vida!" siguió chillando cada vez más alto y yo no sabía que decir. "Tú... ¡cómo has podido Lily! ¿Por qué?"
"Mi vida también ha cambiado desde que te conozco James" contesté frustrada "nunca antes había sentido nada parecido y..."
Fue entonces cuando me di cuenta de lo que había dicho y un miedo incontrolable se apoderó de mí.
"¿Cómo me has llamado?"
Él sonrió maliciosamente y empezó a acercarse hasta que choqué contra una de las paredes de la cabaña.
"Te he llamado por tu nombre, ¿no es así, Lily?"contestó, y colocó sus manos a cada lado de mi cabeza "¿Por qué es así como te llamas, verdad?" Se arrimó más a mí, hasta que nuestras frentes se rozaban "Eres la hija pequeña del matrimonio Evans, Lillian."
No me podía mover, mi cuerpo no respondía, sólo intentaba asimilar lo que estaba pasando.
"Debería matarte ahora" dijo, y aunque sólo había sido un murmullo, algo se quebró dentro de mí, haciendo que un dolor intenso me destrozara por dentro.
"¡Pues hazlo, mátame!" grité dolida. "¡Acaba conmigo como lo hicistéis con mis padres!"
"Entonces es cierto, ¡Eres una Evans!"
"Sí lo soy, y si piensas matarme será mejor que lo hagas ahora porque yo..."
Antes incluso de que terminara de hablar, se agachó y me besó con dureza, apretándome contra la pared. Forcejeé para intentar separarme, utilizando toda la fuerza que me quedaba.
"¡Cómo te atreves!" Dije, golpeándolo "primero me amenazas con matarme y luego..." Pero no me dejo acabar, me sujetó las manos encima de la cabeza y volvió a juntar sus labios con los míos, aprovechando el momento para adentrarse en mi boca y explorarla como nunca lo había hecho.
Finalmente, sin fuerzas para resistirme, comencé a corresponderle y el beso se fue volviendo cada vez más salvaje. Una constante batalla entre nuestras lenguas para ver cual ganaba e invadía la cavidad del otro.
Cuando soltó mis manos, le rodeé el cuello en busca de sujeción y él empezó un camino de ardientes caricias por todo mi cuerpo, consiguiendo que temblara pese al calor que sentía en ese momento. Y yo, sin querer quedarme atrás, fui bajando mis manos por sus hombros, acariciando su pecho desnudo y deleitándome al notar como se tensaban todos los músculos con cada uno de mis roces y como soltaba todos esos deliciosos suspiros.
Pero cuando sus manos se aventuraron por debajo de mi camisa, la certeza de lo que estábamos haciendo me golpeó y comprendí a donde nos llevaría todo eso.
Yo quería que pasara, de eso no tenía dudas, hacía tiempo que lo tenía muy claro por mucho que intentara negármelo a mí misma. Era consciente de que estaba completa e irracionalmente enamorada de James Potter, y sí, quería seguir adelante y entregarme a él en cuerpo y alma. Pero no de esa manera, impulsado por el odio y la rabia.
Por eso, aunque me moría de ganas de quedarme entre sus brazos para siempre, conseguí liberarme y antes de que pudiera detenerme eché a correr, permitiendo finalmente que las traidoras lágrimas se escaparan de mis ojos.
···
JPOV
Estaba hecho un lío y no sabía que hacer. Porque, vamos, una cosa era que la completa desconocida que había besado en la fiesta fuera una Evans, y otra muy distinta que la única sobreviviente de la familia fuera la chica que me gustaba.
Jane Scott era en realidad Lily Evans. ¡Era una idea tan estúpida que parecía irreal!
Pero estaba claro. Me había pegado horas mirando el cuadro del estudio y no había dudas ¡Joder, no entendía cómo no me había dado cuenta antes! Jane (o Lily) era clavada a Rosaline, tenía los mismos ojos verde esmeralda que tanto me habían fascinado, sólo que el pelo de esta era castaño en lugar de pelirrojo. ¡Dios, tenía que ser broma! Jane, la chica que tanto me atraía, mi mayor enemiga.
Enfadado, golpeé un tronco cercano y lo partí por la mitad.
Llevaba dos semanas sin ir a clase para no cruzarme con ella, dedicándome única y exclusivamente a mis entrenamientos, y mi padre había empezado a sospechar. ¡Debía acabar con eso!
De repente, noté como alguien se me acercaba sigilosamente por la espalda, sabía que mis padres estaban trabajando y el servicio nunca me interrumpiría cuando estaba practicando, así que sin ni siquiera comprobar quien era, me giré y derribe al misterioso atacante. O más bien misteriosa.
Ahí, debajo mío estaba ella, Jane. Bueno Lily, mejor dicho.
Nos quedamos quietos durante un buen rato, hasta que ella dijo algo para romper la tensión, pero sólo consiguió desatar mi enfado.
"¿Qué estás haciendo aquí? No deberías haber venido ¿es que no entiendes lo peligroso que es?"
Estaba histérico. Sólo de pensar lo que podía pasar si mi padre la reconocía... No, no podía permitirlo.
La agarré de la mano y empecé a correr hasta llegar a la caseta del jardinero, y una vez ahí, cerré la puerta y me volví para enfrentarla.
"¿A que has venido?" pregunté enojado. Ella empezó a hablar pero era incapaz de escucharla, la furia se estaba apoderando de mí, y después de tanto tiempo controlándola estaba comenzando a perder el control. Por eso, cuando se acercó y me preguntó que pasaba, acariciándome la mejilla con su suave mano, no pude aguantar más.
"¡No puedes venir aquí y decirme eso!" comencé a chillar.
"Claro que puedo" contestó "¡Eres tú el que no puede desaparecer por tanto tiempo sin decir una palabra! ¡Mierda, ni siquiera hice nada para que te enfadaras!
"¿Qué no hiciste nada?" La agarré por los brazos estallando de rabia "¿Cómo te atreves a decir que no has hecho nada?"
"¡Por qué no te dejas de joder y me cuentas de una puta vez lo que he hecho!" gritó, acercándose más a mí.
"Yo te diré lo que has hecho" contesté "¡Revolucionar todo mi mundo, eso has hecho!¡Hacerme desear lo que no debo! ¡Conseguir que sienta cosas que no había sentido en mi vida! Tú...¡Cómo has podido Lily! ¿Por qué?"
Al principio no se dio cuenta que había dicho su verdadero nombre, pero cuando lo hizo pude distinguir el miedo en sus ojos, e incrédula me preguntó como la había llamado.
"Te he llamado por tu nombre, ¿no es así, Lily?" pregunté mientras la acorralaba contra la pared "¿Por qué es así como te llamas, verdad? Tu eres la hija del matrimonio Evans, Lilian. Debería matarte ahora"
No se porque dije eso ya que sabía que sería incapaz de hacerlo aunque quisiera, pero antes de pensarlo las palabras salieron de mi boca, y pude ver el dolor que le causaron.
"¡Pues hazlo!" chilló "¡mátame!"
Ya no necesité escuchar más, finalmente había confirmado mis sospechas. Jane era Lily Evans, y yo, su mayor enemigo, estaba completamente enamorado de ella.
La verdad me golpeó con fuerza. La amaba, tanto que hasta me costaba creerlo.
Sin detenerme a escuchar lo que decía, me agaché y comencé a besarla. Sentía como forcejeaba intentando apartarse, y empezó a gritar mientras me golpeaba, pero me dio igual. Había perdido completamente el control así que únicamente le sujeté los brazos para que se estuviera quieta y volví a besarla con fuerza, explorando su boca profundamente.
Poco a poco ella empezó a corresponderme y yo la solté para poder acariciar ese cuerpo que tan loco me estaba volviendo. Su espalda, caderas, muslos... noté como Lily empezaba a temblar y al mismo tiempo como temblaba yo al sentir sus pequeñas manos bajando por mi pecho desnudo.
Pero aún y todo no era suficiente, necesitaba sentirla de verdad, sentir su piel junto a la mía, su calor envolviéndome, y me dispuse a eliminar todo lo que estorbaba en mi camino, adentrándome bajo su camisa y tocando por primera vez la nívea piel de su liso vientre.
Seguí subiendo por su costado hasta que de repente Lily se separó y echo a correr.
Me costó un buen rato reaccionar y cuando lo hice y salí tras ella ya había desaparecido.
¡Joder! ¿Por qué siempre tenía que liarla? Lo había visto claramente, sus preciosas orbes esmeralda llenas de lágrimas, y es que ¡Dios, era gilipollas! Primero la amenazaba con matarla y luego intentaba desnudarla en una cabaña en el jardín. Genial. A ese paso iba a ganarme un oscar al mayor capullo de la historia.
La única mujer a la que había amado en toda mi vida debía odiarme.
Era jodidamente perfecto.
Pobre James, no le sale nada bien al pobre chico...
En fin, el próximo capítulo cuenta una de las escenas más famosas de Romeo y Julieta, es más cortito pero a mi personalmente me gusta bastante.
Besos. GWP
P:D: Le daré otro minipunto a quien adivine la escena de la que estoy hablando.
