Capítulo II
Mi habitación se encontraba en el piso superior al igual que los demás dormitorios. Disponía de un baño personal al cual podía acceder desde mi propio cuarto. Me había proporcionado además de una cama de matrimonio, de un pequeño escritorio de madera y un armario donde colocar toda la ropa que llevaba. Por fortuna, la puerta del dormitorio se podía cerrar con llave, por lo que se me haría más fácil ocultar todo lo que iba a hacer.
Me dieron tiempo para que organizara mis cosas y descansara un poco antes de la cena. Estuve tumbada en la cama desde que acabé de organizarme hasta que alguien golpeó con suavidad la puerta. Me levanté y caminé hasta la puerta, la cual abrí pocos instantes después. Justo al otro lado se encontraba el menor de la familia. Mantuvo la vista fija en mis ojos durante unos segundos antes de hablar.
— Ya está todo listo. Cuando quieras…
Hizo un gesto con la mano queriendo decir que ya podía bajar. Esa era la primera vez que oía su voz. Era algo grave pero normal a su edad. Aún no había averiguado cuantos años tenia pero no más de diecinueve.
— Gracias— pronuncié a la vez que cerraba la puerta detrás de mí—.
Él se me adelantó y bajó las escaleras de dos en dos dando saltos. Le seguí por detrás hasta la cocina, de donde salía un olor riquísimo.
Al entrar, su madre que se encontraba de espaldas a mí colocando los dos últimos platos en la mesa se giró y me sonrió.
— Ya puedes sentarte. Espero que te guste, he cocinado algo típico de Inglaterra.
En la mesa se encontraban ya sentados el padre y los dos hijos. La mayor dio una palmada en el asiento que se encontraba a su lado.
— Ven, siéntate aquí— me dijo con una enorme sonrisa dibujada en la cara—.
Rodeé la mesa y me senté a su lado, quedando justo enfrente del chico. Miré el plato que tenía delante de mí. Roast Beef con verduras. Tenía una pinta buenísima y pensé que seguramente el sabor sería aún mejor.
— Skandar, es de mala educación empezar antes de que todos estén sentados en la mesa— le riñó su madre, que aún estaba de pie—.
Como respuesta, el joven dejó los cubiertos en el plato y tragó lo que tenía en la boca antes de mostrar una amplia sonrisa en los labios. Su hermana se rió.
— No es más tonto porque sino no nace—me dijo al oído—.
— Te he oído— contestó él mirándola desafiante—.
— No podré dormir esta noche del miedo que me das—le respondió ella irónicamente y le enseñó la lengua—.
A simple vista parecía una familia normal, pero aseguro que no lo era. Al fin su madre se sentó en la mesa. Media hora después, los platos se encontraban vacíos al contrario que nuestros estómagos.
Eran tan solo las ocho de la tarde, allí en Inglaterra la cena se hacía entre las siete y las siete y media, por lo que cuando terminamos de comer, los tres más jóvenes de la casa nos fuimos al salón mientras los mayores se quedaron conversando en la cocina. Soumaya, la mayor se sentó en la butaca individual que se encontraba al lado de la ventana y yo no tuve más remedio que sentarme junto al chico en el sofá.
— Skan, ni se te ocurra poner la película que dan en el canal ocho— le dijo su hermana—.
Pero ya era tarde, eso era lo primero que hizo al encender el televisor. Se rió y escondió el control detrás, entre el sofá y su espalda.
— Si quieres cambiar el canal levántate— le retó Skandar—.
— No tengo ganas de pelearme— dejó ir un bufido— me voy a mi habitación—.
La hermana mayor se levantó de su asiento y empezó a subir las escaleras hacia el piso superior. Skandar me miró.
— ¿Te parece bien esto o quieres que cambie?
Me reí al entender lo que acababa de ocurrir. Sólo lo había hecho para molestar a su hermana.
— No, me parece bien.
— Es una película de terror— me dijo como si eso fuera a hacerme cambiar de opinión—.
— En serio, me parece bien.
Levantó una ceja para después girarse de nuevo hacia delante. La verdad es que esa película ya la había visto y sabía que es lo que ocurría en cada instante, lo que hizo que no me asustara en ningún momento. Me estaba aburriendo pero tampoco quería decir nada, cualquier cosa que pusiera en la televisión acabaría por producir el mismo efecto. Los párpados cada vez me pesaban más, acabaría durmiéndome. Y eso es lo que pasó.