Capítulo
V
—
¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal? ¿Estás mareada?
—
Estoy bien, estoy bien. Pero deja de hacer tantas preguntas. Me poner
nerviosa.
—
Perdona. Pero ¿por qué has salido de la tienda, así sin más?
No
podía decirle la verdad, incluso me tomaría por una chiflada, por
lo que inventé una excusa bastante convincente.
—
Es que tengo una fobia un poco rara.
—
¿Fobia? — me miró con cara de estar perdido, de no saber de qué
le estaba hablando.
—
Tengo fobia a las arañas. Cuando me he girado, he visto una en la
estantería de enfrente. Parezco ridícula pero de verdad que tengo
un miedo horrible a esos insectos.
—
Arácnidos. Las arañas no son insectos, aunque la mayoría de la
gente lo cree así, están equivocados. Son de la familia de los
arácnidos.
Me
quedé perpleja ante la lección de biología que me acababa de
dar.
—
Lo que tu digas— miré el reloj de pulsera—. Mejor busquemos a tu
hermana. No voy a volver a entrar en ese sitio—señalé la tienda
mientras empezaba a andar a lo largo del ancho pasillo—.
Anduvimos
en silencio hasta que me cansé de estar tanto tiempo callada y
empecé de nuevo una conversación.
—
¿Tienes pensado que vas a hacer el año que viene?
Quise
preguntar por sus estudios, así al menos sabría cuales eran sus
intereses. Mi pregunta lo sacó de sus pensamientos por lo que tardó
en reaccionar.
—
Sí. Bueno, aún no lo tengo muy claro.
—
Creo que con dieciocho años ya deberías tener algo pensado.
—
De momento no tengo ningún problema, no veo porqué tendría que
irme.
—
¿Irte? ¿A dónde? —no sabía a que venía esa respuesta.
—
¿Cómo que a adónde? Me estabas preguntando sobre si iba a
independizarme y yo te contesto que aún no lo tengo claro. Estoy
bien en casa con mis padres.
—
Vale, ahora entiendo.
—
¿Qué entiendes?
Se
me escapó la risa.
—
No te estaba preguntando eso, quería saber qué era lo que ibas a
estudiar en la universidad. Si eso lo que piensas hacer. ¿O vas a
ponerte a trabajar?
—
Me gustaría estudiar medicina.
—
Tienes que tener mucha sangre fría para ser médico. Tan solo
imaginarme a mí abriendo a una persona con un bisturí me da
escalofríos.
—
Ya lo sé. Pero es algo que siempre he querido ser. ¿Y tú que
piensas hacer con tu vida?
—
Sinceramente no lo se. Quizá dentro de unos años me veas pidiendo
limosna por las calles de alguna ciudad.
Si
tengo que decir la verdad, esa tarde me lo pasé demasiado bien.
Hacía tiempo que no salía una mañana con alguien y me entretenía
hablando de cualquier cosa. La verdad, es que nunca había tenido
tiempo para amistades exceptuando las hechas, cuando era una niña,
en la escuela. Ahora supongo que mi deber era hacer caso a las
órdenes que me daban y limitarme a hacerlo bien. Y no importaba si
conocía a alguien con quien podía compartir mis cosas, porque de
todos modos nunca podía decir nada. Mi vida era un secreto, que muy
pocas personas sabían.
Los
tres, almorzamos en un restaurante de comida rápida del centro
comercial antes de regresar de nuevo a casa con el coche de Soumaya.
En casa, no había nadie. Los mayores habían ido de visita a casa de
unos amigos y se quedarían allí a cenar, por lo que la casa era
toda nuestra.
—
Chicos, yo me voy. He llamado a Helen y Gloria así que no vendré
hasta la noche. Skandar, acuérdate de avisar a papá y mamá—dijo
la hermana mayor mientras bajaba las escaleras y consultaba la hora
en el teléfono móvil.
—
¿Pero vas a estar para la cena?
—
No. Te he dicho que volveré a la noche. Y quizá algo más tarde.
—
¿Pero entonces que se supone que vamos a cenar Marta y yo?
—
Ya os las apañaréis. Bueno, hasta luego.
Cerró
la puerta de la entrada detrás de ella al mismo tiempo que Skandar
se dejaba caer en el sofá a mi lado.
—
¿Sabes cocinar? — me preguntó.
—
Si quieres lo intento.
—
No, gracias. No quiero tener que ir a l hospital por indigestión.
—
Pues entonces ya me dirás.
Se
levantó y se fue directo al teléfono. Marcó un número y esperó
un par de segundos a que alguien contestara.
—
¡Harry! ¿Tienes planes para esta noche?... Bien, entonces llama a
los demás y diles que vengan a mi casa… De las pizzas ya me
encargo yo. Adiós.
Me
miró con una sonrisa en la casa.
—
¿Te importa si vienen unos amigos a casa?
