Capítulo
VI
—
No, claro. Pero no voy a quedarme con vosotros.
—
¿Por qué?
—
Bueno, porque he venido a Londres con una beca para estudiar.
—
Pero no vas a ponerte a estudiar esta misma noche.
—
Ya, pero mañana tengo que ir a la academia y no puedo irme a dormir
a altas horas.
—
Vale, podrás subir a tu habitación con la condición de que te
quedes hasta que termine la cena.
—
¿Me estás chantajeando?—le dije en tono de broma.
—
Es mi casa— se excusó—.
—
Está bien. Pero después me iré a mi habitación y no quiero que
nadie me moleste.
—
Prometido— poniéndose la mano en el corazón.
En
media hora más o menos sus amigos llamaron a la puerta. Eran tres en
total. Uno pelirrojo y más alto que Skandar, otro más bajito y con
el pelo castaño lleno de rizos y moreno de piel y el tercero era
castaño, alto y muy blanco de piel. Venían caragados con bolsas
donde llevaban las bebidas. Al entrar no se habían percatado de que
yo estaba en el salón, sentada aún en el sofá, entonces Skandar me
presentó:
—
Harry, Chris, Mark ella es Marta.
Me
levanté de mi asiento y les saludé con un beso en la mejilla a los
tres, que se quedaron plantados delante de mí sin decir nada, sólo
mirándome. La habitación se quedó en silencio hasta que Skandar lo
rompió.
—
Bueno… será mejor que llame a la pizzería.
Nadie
se movía de su sitio. Me estaba incomodando que tres chicos me
estuvieran mirando fijamente.
—
Me estoy yendo... — seguía Skandar a la vez que caminaba a cámara
lenta y a la vez nos miraba.
—
¡Te acompaño!— dije a la vez que corría y le empujaba para que
saliera de la habitación donde nos encontrábamos.
Salimos
al pasillo que llevaba hasta la cocina, dónde allí también había
un teléfono.
—
¿Me lo parece a mí o tus amigos son un poco raros?
—
Te voy a contar la verdad. Pero no se lo digas a nadie— poniéndose
el dedo índice en los labios.
—
Está bien.
Se
acercó un poco más y me dijo susurrando.
—
En realidad no son de este planeta. Son extraterrestres.
—
¿Son ellos los que se llevan nuestros calcetines?
Asintió
con la cabeza y se puso a reír inmediatamente, algo que hice yo
también.
En
la cocina preparé los vasos y algunos platos pequeños con snacks
mientras Skandar llamaba a la pizzería para que trajeran el
encargo.
—
¿Necesitas ayuda?— me preguntó Skandar al colgar el teléfono y
yo hacía un intento de coger todos los vasos y platos llenos de
chips con las dos manos, algo imposible para alguien que no hiciera
acrobacias.
—
Me iría bien algo de ayuda.
—
Trae, yo llevaré los vasos—dijo cogiendo los vasos de la encimera
de la cocina.
Cuando
entramos de nuevo al salón, donde se encontraban esos tres los vimos
ya tumbados en el sofá grande de tres plazas y con los pies apoyados
en la mesita que había delante de ellos, mientras miraban un partido
de futbol en la televisión. El pelirrojo, Chris, desvió la mirada
del aparato para mirarnos.
—
Skandar, Liberty me ha llamado.
—
Aaa…—dijo indiferente mientras repartía los vasos entre los
presentes.
—
Dice que no le contestas a sus llamadas. ¿Os ha pasado algo?
—
No, ¿debería?—dijo ahora sí, algo mosqueado.
Yo
mientras dejé los platos en la mesa y me senté en el otro sofá
doble que había, y escuché todo lo que decían. ¿Liberty? ¿Quién
era esa chica?
