El ama de la casa salió del comedor con el delantal puesto. Estaba haciendo la cena y a la vez respondiendo a las llamadas telefónicas que nadie de la casa era capaz de coger.
— ¿Conducirás tú, Skandar, o te lleva tu hermana?—le preguntó preocupada por el estado en el que volvería de la fiesta—.
— Llevo yo el coche, no te preocupes, no voy a beber nada que lleve alcohol—.
— Si no, ya me encargo yo de que no lo haga—respondí a la vez que Skandar ya se dirigía a la entrada principal—.
Su hermana se despidió de nosotros con la mano mientras intentaba entrar en razón a su madre de que el pequeño de la casa no haría ninguna locura esa noche.
Skandar me abrió la puerta del copiloto para que entrara antes de sentarse a mi lado. Como todo un caballero. Por cierto, él iba vestido con una camisa blanca que le quedaba perfecta, llevaba los tres primeros botones desabrochados que le daban un aspecto seductor. Se había metido la camisa por dentro de los vaqueros oscuros, atados con un cinturón. No iba nada mal, salvo por las converse negras desgastadas.
— ¿No crees que deberías tirar ya esos zapatos?—le pregunté incluso sabiendo la respuesta a la vez que encendía el motor.
— No, para nada. Son mis zapatos de la suerte.
— ¿Y para qué necesitas la suerte hoy?
Apartó un momento la vista de la carretera y me miró sonriente.
— No me gusta esa sonrisa—le dije observando su perfil—.
No contestó, pero no le insistí para que me dijera qué era lo que estaba tramando. Seguro que esa noche iba a hacer algo, llevaba sus zapatos de la suerte. Estaba claro que algo ocurriría esa noche. Pero lo que no sabía era que yo estaba implicada en ello.
La fiesta, como ya he dicho, se celebraba en la casa de un amigo. Aparcó el coche enfrente de la casa y salimos a la calle. Me adelanté para ir a la puerta y noté que alguien me cogía de la mano con delicadeza.
— ¿Qué haces?—le dije al ver que me acercaba a él—.
— Pues lo que te dije. Tienes que aparentar que eres mi nueva novia y para eso hay que tener más contacto entre los dos— me explicó mientras me pasaba la mano, que antes sujetaba la mía, alrededor de mi cintura—.
— Mientras ese sea el único contacto que haya…
Cuando nosotros llegamos la mayoría de la gente ya estaba disfrutando de la fiesta. La gente se encontraba en el salón principal, decorado con luces de colores que parpadeaban sin cesar mientras la música dance sonaba por toda la habitación. Había mesas con comida y refrescos al lado izquierdo del salón donde se encontraba la gente que no les gustaba bailar.
Nos mezclamos entre todo aquel gentío para, según Skandar, hacernos visibles. En aquel momento me sentía utilizada. Aunque lo hiciera voluntariamente, tenía que actuar como si fuera la pareja de Skandar, algo que no me apetecía en lo más mínimo.
Mientras la música sonaba el castaño, que aún me sujetaba por la cintura me acercó a él para que quedáramos los dos de frente. Terminó por colocar su otra mano mientras yo –sin ninguna otra opción- ponía mis manos en su cuello acariciándole la nuca de vez en cuando.
— Mira, allí, al lado del DJ— me dijo al oído—.
Giré la vista hacia el lugar que me había indicado con un gesto de la cabeza. Liberty, la supuesta ex, se encontraba mirándonos mientras daba pequeños sorbos de su bebida.
— Creo que está funcionando—me dijo mientras sonreía—.
— Ay, me sabe mal.
— ¿Qué? A ver, se suponía que estabas de mi parte y además te recuerdo que me estaba engañando con otro, ¿te parece poco?—dijo con la rabia en sus ojos—.
— Pero quizá lo entendiste mal. ¿Qué salía en esa foto? Ella abrazando a un chico, nada más. No tienes pruebas.
Iba a protestar pero se quedó pensativo, seguramente por la respuesta que le acababa de dar. Me soltó y se dio la vuelta en dirección a las mesas de la entrada. Le seguí para saber qué era lo que estaba pasando ahora.
