Cuentos de la Casa de La Luna
Por
Resmiranda
Capítulo Trece
Record and play, after years of endless rewind;
Yesterday wasn't half as tough as this time."
-- Barenaked Ladies, Too Little Too Late
...o...
La primera cosa que Sesshoumaru, el Príncipe de las Tierras del Oeste, Rey del País iluminado por la Luna, Señor de la Casa de La Luna. Aprendió en su extraña búsqueda con la Miko del Tiempo era que los humanos, en suficientes cantidades, eran extrañas e impredecibles criaturas. La segunda cosa que él aprendió fue que Kagome le inspiró a comportarse como un chico de doce años.
Ellos se toparon con una aldea en la tarde de su primer día. Kagome y Myouga habían estado parloteando sin parar por casi siete horas, y para cuando ellos finalmente hubieron cerrado sus bocas Sesshoumaru se encontró a sí mismo sufriendo de un increíble dolor de cabeza. Desde que ella tenía que estar en algún lugar y él no, él seguía a Kagome en el camino y como tal pudo escucharla hablar sobre su vida ahora que ella ya no viajaba con Inuyasha y su grupo de amigos. Desafortunadamente, fue increíblemente aburrido, solo porque él no tenía idea del significado de la mitad de las palabras que ella usó. Por lo que él pudo recoger, ella había estado estudiando historia – para lo que ella pareció referirse a este tiempo – y que ella era tan instruida que ahora ella era una erudita y que iba a continuar con sus estudios. También pareció ser que mientras habían pasado cincuenta años desde que Naraku fue finalmente atrapado y derrotado en una tardía mañana de otoño, solo seis años o algo así habían pasado para ella. Eso explicaba su carencia de edad más sucintamente que la simple explicación que Myouga le había proporcionado a él, que fue sencillamente que ella era una viajera del tiempo.
Ella le contó a Myouga sobre sus amigos y sobre un muchacho con el que tuvo una 'cita' – Sesshoumaru asumió que esto significaba cortejo – y cómo su pequeño hermano había crecido y que pronto iría a la escuela secundaria. Sus 'clases' sonaban tan aburridas como su vida, aunque si meditaba sobre aquello la vida de ella no era más aburrida que la suya propia. El encontró ese prospecto increíblemente deprimente.
La mitad de la conversación fue de Myouga parloteando acerca de su persona y, tangencialmente, de Sesshoumaru, que era aún peor que escuchar sobre la vida de Kagome ya que él ya sabía el final, como fuera. Durante largas rapsodias sobre su batalla y las cosas diarias de estado que Sesshoumaru hacía, el demonio permitió que su mente quedara agradablemente en blanco, un talento que había desarrollado en el despacho de sesiones informativas y por las cuales él estaba eternamente agradecido. Le servía mucho, parecía, sin importar donde estuviese, o a que cotorreos él estuviese forzado a escuchar.
El sol bajaba por el cielo cuando él captó el olor de muchos humanos viviendo cerca de otros, el cual no era el más agradable de los olores. El arrugó su nariz.
"Así que de todos modos, le dije a Eri-chan que de ninguna manera iba a tener una cita con su hermano porque él nunca se lava los dientes y que yo simplemente no podía soportar eso -" Kagome estaba diciendo mientras Myouga asentía compasivamente cuando Sesshoumaru la interrumpió.
"Hay una aldea no muy lejos de aquí hacia el oeste," él anunció desde su posición detrás de ella. Kagome saltó – ella casi había olvidado que él estaba ahí. Girando abruptamente en su camino casi chocó nariz-contra-armadura con él. Ignorando su cercano roce hacia una sangrante nariz, Kagome juntó sus manos en un aplauso.
"¡Excelente!" ella exclamó. "Deberíamos ir allá y así empezar a buscar a Machiko."
Sesshoumaru dijo nada, simplemente la miró fijamente desde arriba. Ella se veía extremadamente energética para ser alguien que había estado medio-delirante la noche anterior. El esperó a que ella emprendiera el camino hacia la dirección de la aldea con ese irritante brinco en sus pasos, pero ella solo lo miró fijamente.
El estuvo apunto de preguntarle si por si acaso le había crecido otra cabeza mientras él se distrajo cuando ella se sonrojó y miró hacia abajo. "Um..." ella dijo. "¿Podrías guiar el camino? No tengo idea de hacia donde está el oeste." Luego, para su completa sorpresa, ella le sonrió radiantemente.
Ligeramente tomado por sorpresa, Sesshoumaru se alejó de su brillante sonrisa. "Quieres decir ¿que no has tenido idea de en que dirección hemos estado yendo todo este tiempo?" él preguntó.
La joven frente a él se encogió de hombros despreocupadamente. "Bueno, pensé que si andaba por un camino lo suficiente estaba segura de que me encontraría con una aldea en algún punto," ella le dijo alegremente.
Sesshoumaru la miraba.
Kagome esperó que dijera algo. El la estaba mirando de nuevo con esos extraños ojos dorados que solo raramente revelaban lo que él realmente estaba pensando. Eran tan diferentes de los ojos de Inuyasha, que pudieron ser extraños y dorados, pero al menos eran anchos y expresivos; los de Sesshoumaru eran estrechos, y un tono más claro que los de su hermano. El efecto en conjunto era algo familiar pero alienígena. Inuyasha había sido todo para ella, pero mirar los ojos de su hermano era como regresar al hogar, a una casa con todos los muebles cambiados de lugar.
Moviéndose de un pie hacia el otro incómodamente, Kagome deseaba que él le gritara. Eso, al menos, le sería lo suficientemente familiar para ser reconfortante. En cambio, después de un largo rato, él simplemente sacudió su cabeza muy ligeramente y se desvió del camino que habían estado siguiendo. Sintiéndose estúpida, ella lo siguió.
No había mucha maleza en esta dirección, lo cual era bueno, pero ella tenía el inconfundible sentimiento de que Sesshoumaru estaba molesto, lo cual era malo. Kagome se preguntaba si la situación podría ser considerada un empate.
Después de casi cinco minutos, Myouga, se posó al lado de su oreja, aclaró su garganta. "No se preocupe, Kagome-sama; Sesshoumaru-sama también viaja en direcciones aleatorias sin saber adonde va a veces," él dijo en voz baja.
"¿Lo hace?" Kagome susurró de vuelta, frunciendo. "Entonces ¿por qué sacudió la cabeza si él hace lo mismo?"
La vieja pulga se encogió de hombros. "¿Quizás él esta sorprendido de que alguien más pueda ser tan inconsciente como él?" Myouga postuló.
Frente a ella, Sesshoumaru se detuvo.
"Te oí," él le anunció al mundo antes de continuar caminando como si no hubiese dicho algo en absoluto.
Mientras Kagome esperó a que su corazón latiera de nuevo, Myouga gritó desde su hombro. "¡Ah, Sesshoumaru-sama¡Por favor perdóneme!" él gritó, aunque para ella él no sonaba terriblemente arrepentido, en absoluto.
Quedándose un poco más atrás, Kagome puso una mano sobre su boca y susurró tras ella. "¿Crees que se creyó esa disculpa?" ella le preguntó a Myouga.
"No," Sesshoumaru dijo en voz alta desde quince metros frente a ella.
"¡Iip!" Kagome chilló.
Esta vez Myouga ni siquiera se molestó en mantener su voz baja. "Sesshoumaru-sama sabe que soy un leal sirviente de su casa, y como tal no quiero faltarle al respeto cuando digo esas cosas. Yo soy viejo, y tengo un profundo amor a la verdad," él le dijo a Kagome.
"¿Ah si?" Kagome se preguntaba. Esto era novedad para ella.
Frente a ella, ella oyó un bufido claramente.
"¡Y yo oí eso, Sesshoumaru-sama!" Myouga gritó.
"Lo sé," dijo el demonio, levantando una mano y cortando una gruesa enredadera que sobresalía con sus garras.
Deja vu, Kagome pensó. El peor, irritante deja vu. Claramente le fue recordada a Inuyasha y Shippou, excepto que no realmente.
Caminaron en silencio por un momento, Kagome recordando otros bosques y otros tiempos, Y Sesshoumaru dios-sabe-que.
Kagome corrió una mano por la roja tela de su hakama – ella se había puesto los atuendos tradicionales que esa miko de Edo le hubo endilgado para que así ella fuera fácilmente reconocible a la vista – y se preguntaba si se veía como Kikyou aún más ahora. Cada vez que ella se sentía triste o recordaba el pasado, ella pensaba que ella debía parecerse aún más a su predecesora. Si Sesshoumaru se volteara, ella se preguntaba que vería.
"Llegamos," el Señor demonio anunció, sacudiendo a Kagome fuera de sus pensamientos. Aunque sus piernas estaban cansadas y su pie lastimado empezaba a punzar solo un poco, ella trotó hacia su lado y observó desde el borde del bosque la pequeña aldea que se veía igual a cualquier otra pequeña aldea en Japón.
"¿Qué hacemos ahora, Kagome-sama?" Myouga preguntó.
Con toda sinceridad, Kagome no tenía idea. Miroku hubiera encontrado la casa más grande en el pueblo y hubiera ofrecido llevar a cabo un exorcismo, pero Kagome no tenía idea de cómo inclusive pretender hacer tal cosa. Ella se encogió de hombros. "Supongo que iremos a buscar a la miko de esta aldea," ella dijo en voz alta.
"¡Excelente idea!" Myouga estuvo de acuerdo. Sesshoumaru dijo nada. Kagome estaba empezando a caer en cuenta que Sesshoumaru no decía nada si no tenía nada que decir; era casi como un nuevo concepto para ella, así que dejó su silencio pasar y continuó caminando.
La aldea era silenciosa y de mediano tamaño, muy similar a Edo cincuenta años atrás, aunque Kagome no sabía en que se convertiría esta aldea en un futuro; considerando que Edo sería Tokio, ella tenía muy poco conocimiento de donde estaba ella en términos de su propio tiempo. Los agricultores probablemente aún estaban fuera en el bosque, colocando trampas para un poco de carne para la cena, y las mujeres estaban cuidando de los asuntos domésticos, talvez preparando comida y atendiendo a los niños. Estaba tranquilo en el frío del sol del atardecer.
"¡Miko-sama!"
Sorprendida, Kagome volteó su cabeza. Emergiendo por entre algunas cabañas estaba un anciano, sonriendo y agitando su mano mientras hacía reverencias. El no dejó de hacer reverencias mientras renqueaba hacia ella, dándole la impresión de uno de esos pequeños juguetes en forma de pato que se mecían de arriba abajo hasta que se caían. Kagome se movió, incómoda – ella nunca se había acostumbrado a ser tratada con deferencia, y el anciano estaba tomando demasiado tiempo haciendo reverencias que probablemente no los alcanzaría hasta el anochecer. Mirando hacia atrás Kagome se aseguró de que Sesshoumaru no fuera a matar al hombre. Ya que el Señor demonio no pudo haberse visto más aburrido si lo intentaba, ella asumió que estaba bien el acercarse al aldeano, así que se dio la vuelta y caminó hacia él.
"Buenas tardes, ojii-san," ella lo saludó, optando por la formalidad.
"Buenas tardes, miko-sama," el anciano sonrió abiertamente e hizo otra reverencia. "¿Qué la trae a nuestra aldea y cómo puedo ayudarla?"
"Er... bueno..." Kagome dijo. "Supongo que estaba buscando a la miko de esta aldea."
Ante esta proclamación, el rostro del hombre cayó, lo cual, considerando el número de arrugas que tenía, no era algo bueno para ver. Reverencia. "Lo siento, miko-sama, pero perdimos a nuestra miko recientemente. Por el momento no tenemos una sacerdotisa."
Kagome frunció. "¡Lo siento mucho¿No tuvo tiempo para entrenar a otra miko?"
El anciano sacudió su cabeza. "Lamentablemente, no. Ella era muy joven. Lo siento si venía a visitarla". Reverencia de nuevo.
Kagome apartó la mirada de él – todas esas reverencias la estaban mareando – y mordió su labio. "Supongo que no nos dejaría... ¿quedarnos aquí esta noche?" ella dijo indecisamente. "Puedo hacer pequeños conjuros y sé de medicinas..."
El anciano la interrumpió con una sonrisa que dobló su rostro en un número de arrugas. Parecía una deferente pasa. "Miko-sama¡es usted muy amable! La llevaré a la cabeza de la aldea y él decidirá."
"Gracias," Kagome dijo, e hizo una reverencia, completando el gran círculo de inclinaciones.
El anciano se volteó y renqueó por el camino en dirección hacia una casa grande. El pie de Kagome empezaba a doler, así que renqueó tras él, y ella pudo sentir a Sesshoumaru seguirla.
La aldea era pintoresca y pequeña y llena de tierra, igual que todas las otras aldeas por las que ella había pasado en su tiempo en el Segoku Jidai. Había niños arropados contra el frío, jugando en un prado detrás de pequeñas casas, y cuando Kagome pasó por una cabaña, ella vio a una mujer dentro, su rostro en sus manos, llorando. Ella tuvo que detener su impulso de separarse de su pequeño séquito y preguntarle a la mujer que la estaba preocupando. Con dificultad, ella arrancó su mirada y mantuvo sus ojos en el piso por el resto del pequeño viaje.
Cuando finalmente llegaron, el anciano se volteó e hizo un ademán para que ella esperara, así que Kagome quitó su arco de su hombro y se apoyó en el mientras él se acercaba a la puerta.
"Kagome-sama," Myouga dijo, próximo a su oreja. "¿Se siente bien?"
Kagome sacudió su cabeza. "Estoy bien. Solo me duele el pie, eso es todo," ella le dijo.
"Ah," él respondió sabiamente. "Sería bueno dejarlo descansar¿si?"
Kagome sonrió. "Definitivamente. Solo espero que tengan un cuarto libre o algo," ella susurró de vuelta. "Estoy casi por colapsar."
"¿Por qué no lo dijiste?"
Sorprendida, Kagome miró sobre su hombro. "Ah, no es nada," ella le aseguró a Sesshoumaru. El demonio la miró fijamente en el apagado, amarillo atardecer.
Ella no miró hacia otro lado esta vez. Ella estaba empezando a caer en cuenta de cuan poco sabía ella de él. El era un Lord, y un poderoso demonio, pero acerca de él ella sabía próximo a nada, excepto que había perdido a su pequeña niña. Sus pensamientos eran ocultos para observadores externos, y como tal, ella estaba perdida en como reaccionar hacia él, o que clase de sentimientos ella debería tener hacia él en varias situaciones.
Por falta de una mejor palabra, Sesshoumaru era confuso. Inclusive ahora, él la estaba considerando con lo que solo podría describirse como una aburrida intensidad, como si a él realmente, realmente, realmente no le importara. Kagome mantuvo su mirada tan bien como pudo.
Por su parte, Sesshoumaru estaba empezando a cuestionar su impulso en seguirla, y desde que cuestionar a posterioridad sus propios motivos era algo que él quizá hacía una vez por década, la sensación de reexaminación propia lo ponía algo incómodo.
Habían pasado años desde que él hubo estado en una aldea humana, cuando su padre le enseñaría a seguir y observar las vidas de los humanos mientras él hacía visitas cortas a las aldeas bajo su reinado. Ellos siempre se mantendrían en distancia, observando desde árboles de los bosques vecinos, o caminando por los pueblos por la noche. Era extraño estar en el medio de uno ahora, siguiendo a una humana por quien no tenía ningún afecto verdadero o lazo; ella solamente era recuerdos vacíos, atados juntos con holgura, de un tiempo que ya pasó.
Pero así él la seguía de todas formas. Sesshoumaru se preguntaba por qué.
"¡Miko-sama!"
Kagome casi salta fuera de su piel. Girando, ella gritó para responder. "¡Si!" ella chilló, su voz más aguda de lo que ella planeó. Parado en la cima de las pequeñas escaleras hacia la puerta de su casa, el líder de la aldea le dio una mirada extraña, pero pareció quitarla rápidamente. El era un hombre mediocre, como cientos de líderes de aldea que ella había visto. Era mucho más alto que ella, aunque parecía caminar con un permanente encorvamiento. Se apresuró bajando las escaleras y se detuvo frente a ella, haciendo una profunda reverencia. Esto impresionó a Kagome enormemente ya que ella creía que él no podría inclinarse más abajo. "Miko-sama, permítame presentarme. Soy Hiro, y estoy a cargo de esta aldea. ¡Me gustaría darle a bienvenida¡Es un honor!" él exclamó.
Kagome asintió. "De igual forma, Hiro-sama," ella le devolvió con una sonrisa.
El hombre se levantó, pero mantuvo su mirada hacia abajo. "Miko-sama, por favor entre a mi casa. Hay algunas cosas que me gustaría discutir con usted."
Sorprendida, casi retrocede un paso. "E- está bien," ella respondió. ¿Ahora qué? Ella se preguntaba. Ella vio un sutil centelleo en los ojos del líder incluso cuando su cabeza estaba inclinada; ella sabía que él estaba subrepticiamente estudiando al demonio detrás de ella. Bien, ella pensó. Inuyasha usualmente causaba comentarios, pero Sesshoumaru definitivamente llamaba la atención; con suerte, el rumor de la miko y el youkai alcanzaría a los oídos correctos.
Enderezándose, el hombre se volteó y los guió dentro de su casa.
Nadie parecía comentar sobre la presencia de Sesshoumaru; lo hicieron pasar con deferencia, aunque Kagome pudo ver su nariz arrugarse muy levemente. Esnob, ella pensó.
Una vez que estuvieron acomodados en una habitación bastante espaciosa, pequeñas tazas de sake asentadas en bandejas frente a ellos, el líder aclaró su garganta. En el abarrotado momento antes de que empezara a hablar, Kagome encontró que era muy difícil separar el presente del pasado; este escenario era tan familiar, había pasado tantas veces cincuenta años atrás, que casi miró fijamente a la figura a lado de ella, esperando ver orejas de perro en lugar de orejas con elegantes puntas de un completo youkai. Se abstuvo.
"Miko-sama, deseo implorar su asistencia," el líder dijo. "Desde el mes pasado, nuestra aldea ha sido atacada por un jabalí youkai. Han pasado años desde que un youkai ha aparecido cerca de nuestra aldea, así que no sabemos como deshacernos de él, y ha asesinado a siete personas en un mes, y ha derrumbado cinco cabañas hasta volverlas polvo.
"Le daremos refugio por la noche, y comida para su viaje si nos ayuda," él terminó, e hizo una reverencia.
Unos simples seis años atrás, Kagome hubiera dicho si inmediatamente, pero algo estaba regañando a su mente. Ajustando sus ojos, ella consideró al líder sospechoso. "¿Puede este jabalí haber tenido que ver con la muerte de la miko previa?" Ella preguntó lentamente.
Inmediatamente el líder se sentó. "Aja-ja!" se rió nerviosamente. "Eso puede, er, tener relación con ella."
Recordar sentimiento de hundimiento. Ejecutar resignación, etapa correcta, Kagome pensó.
"Pero seguramente," el líder dijo, aparentemente no había terminado, "¡una miko que ha dominado a un demonio encontrará a nuestro pequeño problema de youkai ser solo un insignificante asunto!"
Kagome frunció. "¿Dominar?" ella se preguntó.
El líder asintió hacia Sesshoumaru. "Su mascota, miko-sama."
Hubo un breve momento en que el mundo pareció detenerse. Entonces Kagome se atoró y el sake que había estado asentado tan inofensivamente en su boca de pronto subió a su nariz. Tosiendo, ella se inclinó hacia delante, apoyándose sobre una mano y cubriendo su boca con la otra.
Al lado de ella, Sesshoumaru estaba aún como una piedra, considerando sus opciones. El no había estado poniendo estricta atención a la conversación, pero alguien había mencionado la palabra 'mascota' y asentido hacia su dirección, así que pareció una segura apuesta a que su honor había sido totalmente puesto en tela de juicio. El no tenía el hábito de asesinar desenfrenadamente, pero a veces solo parecía ser la cosa más conveniente para hacer.
¿Matarlo ahora? El pensó, O ¿después? Decisiones, decisiones.
Sacando una mano con envenenadas puntas, el Señor demonio hizo sus nudillos sonar.
Su concentración fue destrozada cuando un agitado brazo se disparó en su línea de visión, palma hacia él así como para bloquearlo de la fuente del insulto, y casi muy tarde, Sesshoumaru recordó que él había dado su palabra de abstenerse de matar. Se volteó a la joven que tosía al lado suyo y se preguntaba que diablos él había estado pensando para prometer una maldita estupidez como esa.
Aún tratando de recuperar el uso de sus pulmones. Kagome miró al Señor demonio a través de llorosos ojos, incapaz de articular el único pensamiento en su cabeza. ¡Tú lo prometiste! Ella no tenía idea de cómo lo detendría si él decidía hacer Filete de Líder, pero seguramente sus poderes purificadores podrían ser capaces de abollarlo. Aunque ella realmente, realmente no quería usarlos. Por favor¡solo déjalo ir! Ella suplicaba silenciosamente, aunque ella temía que su mensaje fuera extraviado en un torrente de moco e irritadas lágrimas. Visiones de cuerpos decapitados danzaban en su cabeza – lo cual, reflexionándolo, era algo espeluznante. Kagome esperó, el futuro colgando del balance.
El mundo se hacía más lento. Para su horror, Sesshoumaru lentamente se desdobló en su completa altura y dirigió una fría mirada furiosa al aún ignorante hombre a la cabeza de la habitación.
Luego volteó sus talones y se fue.
La inundación de alivio era tan palpable que Kagome empezó a toser de nuevo. El líder se veía confundido. Por el más rápido de los momentos, Kagome sintió una profunda y obligatoria urgencia de abofetearlo en la cara – esa despreocupada, ignorante cara, mirándola con una expresión de profunda inconciencia, esa cara que no tenía idea de cuan cerca había estado de ser solo un shish kebab en las envenenadas garras de un youkai que consideraba a todos como inferiores a él. En la parte trasera de su mente, Kagome sabía que su desprecio la incluía a ella.
"Apreciaría," ella dijo, muy lentamente, "que usted no dijera eso de nuevo."
"No entiendo," el líder dijo. "¿Usted no controla a ese youkai?"
Aclarando su garganta, Kagome consideró las opciones, optando por una cercana verdad. "El es un... camarada," Ella dijo, lamiendo sus labios y secando sus ojos.
"¿Un camarada?" el líder preguntó. "Nunca había escuchado de una miko con un demonio por camarada."
Siempre hay una primera vez para todo. "El y yo alguna vez luchamos contra un enemigo común," ella le informó. "Pero, y quiero dejar esto absolutamente claro, yo no lo controlo El me lo prometió, a menos que fuéramos amenazados, él no mataría a nadie mientras viajamos juntos, pero..." Kagome consideró sus palabras cuidadosamente, "él a veces puede ser, er, olvidadizo."
Para las orejas de ella solamente, Myouga rió entre dientes.
El líder le prestaba atención con amplios ojos. "¿Miko-sama?"
Kagome le dio una brillante sonrisa, intentando cambiar el tema. "No me preocuparía acerca de eso," ella dijo. "Usted aún sigue vivo, así que ¡estoy segura de que a él se le olvidará pronto! Pero debo preguntarle algo, si sería tan amable."
Ligeramente aturdido, el asintió. Kagome sintió una punzada de compasión.
"Estoy buscando a una hime llamada Machiko. ¿Sabe de ella?" ella dijo alegremente.
Para su decepción, Hiro sacudió su cabeza. "Er, no. No he oído de tal hime."
Sacudiendo el sentimiento de hundimiento a un lado con una mano, Kagome se encogió de hombros. "Está bien. Solo quería preguntar." Sentándose, ella alisó su hakama, y mantuvo su cabeza en alto. "Ahora, cuénteme acerca de este youkai jabalí."
...o...
La pequeña colección de jóvenes aldeanas estaba riéndose tontamente por él. El podía oírlas. Y si decían algo más sobre sus sugestivas orejas, él iba a cortarlas en pedazos, con promesa o sin promesa. Sesshoumaru suponía que las orejas podían, teóricamente, ser algo eróticas, pero que generalmente tenían poco que ver con la forma y mucho que ver con lo que uno hacía con ellas. Ya sea que fueran orejas puntiagudas de youkai u orejas redondas de humano era completamente irrelevante. Myouga, en su hombro, se reía con disimulo.
Aparentemente, la manada de jóvenes mujeres estaba en la entrada de una casa esperando a ver a la miko demoler al youkai que había plagado a su aldea, pero parecían más interesadas en el youkai el cual quería nada más que huir más que el otro que no dejaría de acosarlas. Lo cual, Sesshoumaru hizo recordar las vagas charlas de su padre sobre féminas, solo estaba en su naturaleza. Pon atención, y querrán que te alejes; ignóralas, y caerán a tus pies. Sesshoumaru se preguntaba quien había diseñado a tan ridícula criatura; seguramente deberían ser reprendidos por tan común trabajo. Los inicios de un dolor de cabeza se juntaron en sus sienes.
El mantuvo sus ojos centrados en Kagome e intentó ahogar los agudos susurros acerca de su – aparentemente – fino rostro. La miko estaba parada al borde del pueblo y mirando hacia la dirección donde usualmente el jabalí atacaba, arco y flecha en mano. Sesshoumaru notó que estaba favoreciendo a su pie sano, y solo se preguntaba cuan valiente rostro estaba ella poniendo por el bien de los aldeanos. Era una estupidez ir, herida, a una batalla en la cual ella no conocía al enemigo. Myouga había intentado decirle esto, pero ella lo había rechazado, diciendo que ella necesitaba hacer esto porque sus poderes espirituales la obligaban. Sesshoumaru secretamente sospechaba que ella solo lo estaba haciendo porque no quería dormir en el suelo en el frío otra noche más.
Arriba muy alto, la luna brillaba en el cielo, y una fría brisa levantaba la larga, negra cola de caballo que colgaba sobre su espalda.
Kagome se estaba congelando y estaba extremadamente nerviosa. Ella nunca antes realmente se hubo enfrentado a un youkai por si sola. El youkai detrás suyo la hubiese puesto menos ansiosa si es que ella lentamente no se hubiera dado cuenta de que él nunca había hecho alguna promesa actual de protegerla, y el frío no le estaba ayudando con su nerviosismo para nada. Sus dedos estaban entumecidos, sus labios se sentían como si estuviesen a punto de caerse, y su nariz se inundaba. Ella resolló un poco para aclararla, pero solo tuvo éxito en hacerla inundarse más rápido. Vamos, ella pensó. Acabemos con esto para que yo pueda ir a dormir. Desafortunadamente, el jabalí no estaba cooperando.
Pensamientos positivos, pensamientos positivos. Que tal, cuando muestre su estúpida cara, voy a matarlo extra, solo por si acaso, ella pensó malhumoradamente. Doblando sus dedos de los pies, Kagome recordó que había estado perpetuamente de mal humor la mayoría de su tiempo aquí, y encontró que no le gustó. El hosco comportamiento con el cual ella estaba atacando este trabajo no era muy característico de ella, ella razonó, cualquiera sería ligeramente repelido por tal misión. La única cosa que la reconfortaba era la presencia de Myouga; por el momento, Sesshoumaru era más estresante que reconfortante. Ella se preguntaba si él la dejaría esta noche. Parte de ella quería eso – no más miradas perturbadoras, no más momentos de terror, no más silencios incómodos – pero la otra parte de ella estaba agradecida por su compañía, fuera estoica y dominante.
Kagome sacudió su cabeza e intentó concentrarse. El silencio del bosque frente a ella empezaba a volverse inquietante, y ella había viajado por suficientes bosques para saber que el silencio era mucho, mucho peor que el sonido. Las ligeras risas y vagos, sombríos cotorreos de los aldeanos detrás de ella también estaban empezando a crispar sus nervios. Ella estaba segura de que hablaban de ella; talvez criticando su postura, talvez riendo de sus extraños gestos. Tambaleándose entre humillación e ira, Kagome intentó alejarlo como paranoia, pero el sentimiento persistió. Dios, por una cama, ella suspiró interiormente. Una cálida, suave cama, con sábanas y una almohada y mi osito de peluche, el señor Hugglebuns... La nostalgia clavó sus uñas en su estómago. Ella se preguntaba que estaría haciendo su madre en este preciso momento. ¿Recogiendo los platos¿Tejiendo¿Conversando con su abuelo?
Desearía estar con ellos, ella estaba pensando, cuando un ruido la sacó de su ensueño.
De hecho, no fue un sonido fuerte como la pista de un sonido. El ligero, no-sonido de talones a la distancia, y Kagome prestó atención, de repente en alta alerta. Haciendo un gran esfuerzo, ella podía oír el estrépito de algo pesado, viniendo hacia ella. El nudo en su estómago se apretó.
"Bien," ella farfulló, la voz sonando baja y grave en sus propios oídos. "Ven a mí."
Ella no tuvo que esperar mucho.
Vino entre los árboles repentinamente, ramas quebrándose ante sus pezuñas. Era enorme, con brillantes colmillos y cintas de baba colgando de su papada; incluso sus cerdas se veían negras y con púas. Sus pequeños, ojos de cerdo resplandecían carmesí, y cuando pausó en el borde del bosque, él meció su gran cabeza pesadamente de lado a lado, examinando a la aldea y la gente que había venido a ver. Kagome pudo sentirlo mirarla – maldad, buscando sangre. Kagome dio un involuntario paso hacia atrás por temor.
Lo cual resultó ser un error cuando una clara lanza de dolor traspasó su tobillo. Ella se tambaleó un poco, recuperó su postura mientras el jabalí bajaba su cabeza, elevó su arco y jaló de la cuerda, y el youkai se inclinó en su dirección y retumbó hacia ella.
Tranquila, inhala, exhala, ella pensó frenéticamente, su mente volviéndose borrosa del pánico. Inhala, exhala... suelta...
El hilo azotó por su oreja cuando la flecha voló, y ella sintió el arco girar en su mano mientras miraba el brillante arco del proyectil por el aire, arriba y después abajo. De repente ella ya no estaba fría, sino quemando. Rápidamente ella deslizó otra flecha en su lugar con dedos temblorosos mientras el jabalí volteaba, cavando hendiduras en el suelo cuando cambiaba de dirección, y cargó de nuevo.
Muy lento, ella dijo desesperadamente, mientras, al parecer en cámara lenta, ella dejó ir la flecha, y el jabalí pisoteó pasándola de largo. Cuando pasaba, él deslizó un colmillo entre el arco y el hilo, halándolo con él.
"¡Ah!" ella gritó, el arco azotando fuera de su mano tan rápido que quemó la piel de sus palmas. El youkai solo estaba jugando con ella, ella sabía, y esta vez ahí no había nadie que la ayudara, nadie que la levantara en brazos y la llevara lejos del peligro. Distantemente, ella pudo oír los gritos de aldeanos aterrorizados, sin duda corriendo y buscando refugio mientras ella se quedaba, sola y temblando con un paralizante miedo, para enfrentar al jabalí.
Sesshoumaru observó la rápida batalla desarrollarse. El youkai era mucho más rápido de lo que parecía - su enorme peso contradecía a un equilibrio sobre sus pies que hubiera sido anormal en un jabalí común. La miko había gritado ya dos veces, y había tropezado una. Próximo a su oreja, Myouga gritaba con urgencia, diciéndole que la ayude, que la salve.
Pero algo en su aroma lo hizo esperar. Algo brillante, que olía a cascadas y a luz de sol, diferente de su aroma normal. Algo extraño, y casi incómodo para él. Sesshoumaru se mantuvo donde estaba, y la miraba estoicamente mientras el jabalí giraba para el último ataque y ella cayó a la tierra.
Kagome sintió el irritante impacto al suelo contra su rodilla, la visión del gigante youkai jabalí vibrando un poco con el repentino golpe antes de aclararse de nuevo. Ella estaba jadeando fuertemente, tratando de recuperar su aliento, nunca quitando sus ojos del oponente, pero ahora carente de un arma. En los ojos de cerdo, ella pudo ver triunfo. Pausadamente, el jabalí sacudía su cabeza y chillaba.
La estaba provocando.
Una repentina ola de ira colapsó, cayendo sobre sus hombros y a través de su pecho, caliente y quemando, y en su corazón, Kagome sintió la furia encenderse, quemándola donde se arrodillaba. Sus furiosos respiros, raspando su garganta, venían más y más rápido mientras el jabalí inclinaba su cabeza una última vez, y corrió.
Solo su aliento y su corazón podían ser escuchados, ahogando el sonido de hendidas pezuñas, y sus dedos se enroscaban alrededor de sus palmas.
"No," ella susurró, sola en el borde del bosque. "No."
El youkai se disparó hacia ella, y las manos de Kagome se elevaron frente a ella, y en sus extremidades ella sintió su poder crecer, empujando fuera, incapaz de ser negado.
"¡NO!" ella gritó mientras sus dedos se encendían con poder, y el youkai fue bañado en luz, gritando su propio grito, mientras su cuerpo era lanzado hacia atrás y su carne se quemaba.
Siguió gritando por largo tiempo, después de que los hombros de Kagome se desplomaran y sus manos cayeran a sus lados, exhausta.
Sesshoumaru se acercó a su desplomada figura, mesurados pasos uniformemente cubriendo el suelo entre ellos. El pesado sonido de sus jadeos alcanzó sus oídos cuando se detuvo, ligeramente a un lado y detrás de ella. Desde su hombro, Myouga saltó por su manga y hacia el la rodilla doblada de la miko.
"¡Kagome-sama, eso fue magnífico!" la pulga gritó, saltando de arriba abajo en su tela roja. "¡Verdaderamente magnífico¡Inuyasha-sama hubiera estado orgulloso¡Maravilloso¡Excelente!"
Kagome hizo ningún movimiento para indicar que lo había escuchado, aunque esto no detuvo la efusiva alabanza de Myouga.
"¡Hermoso¡Midoriko-sama no pudo haberlo hecho mejor¡Eso fue simplemente fabuloso!" la pulga gritó, perdido en su propia emoción. "¡Ha llevado a cabo una difícil tarea, y lo hizo bien! Sesshoumaru-sama," Myouga se volteó hacia él, "¿no lo cree?"
Sesshoumaru tenía que admitir que el repentino estallido de luz pura había sido algo interesante que ver, y estuvo agradecido de haber estado detrás de la miko y no frente a ella. El encogió los hombros. "Impresionante," él resaltó, fríamente mirando al youkai jabalí retorcerse a cincuenta metros de distancia, notando que los árboles habían detenido su vuelo por el aire. Una sombría sonrisa haló sus labios. El sabía por experiencia que golpearse contra árboles dolía un poco.
"¿Ve?" Myouga decía ansiosamente. "¡Incluso Sesshoumaru-sama, quien es un gran guerrero, piensa que lo hizo bien!"
"Ah si," Kagome respiró, pero ella no sonaba feliz. Myoga inmediatamente se detuvo en medio salto.
"¿Kagome-sama?" él preguntó, preocupación en su voz. "¿Se encuentra bien?"
En vez de contestar, la miko se levantó sobre sus pies, lanzó su alborotado cabello sobre su hombro, y giró repentinamente para enfrentar a Sesshoumaru, quien estaba ligeramente sorprendido en encontrar su rostro completamente enrojecido.
"Tú," ella chilló agudamente. "¿Qué demonios pensaste que hacías?"
Un leve ensanchamiento en sus ojos era todo lo que él se permitiría hacer para mostrar su sorpresa ante su audaz tono. Sesshoumaru se preguntaba si era una pregunta capciosa. "Nada," el le dijo. El notó con interés que sus manos estaban apretadas en puños en sus lados.
"¡Eso es!" ella gritó, como si hubiese demostrado un punto. "¡No hiciste nada, cuando un cerdo gigante con una obsesión por mikos casi me convierte en una presa!"
Para acentuar su acusación, el jabalí chilló de nuevo. Claramente estaba en agonía, un estado que Sesshoumaru usualmente soportaba en totalidad, pero los chillidos lo estaban inquietando. Igual que Kagome.
"¿Quién diablos te crees que eres, solo mirando sin hacer nada mientras casi trituran mis huesos en pequeñitos pedazos?" ella estaba diciendo. "¿Por qué no me ayudaste¡Arriesgué mi maldita vida, y todo lo que haces es pararte ahí pareciendo aburrido!"
Sesshoumaru pestañeó, fallando en ver la conexión entre su pelea y su inactividad. Seguramente ¿ella no esperaba que él se hiciera responsable?
Su dedo se levantó y lo señaló acusadoramente. "¡Tal como ahora!" ella gritó.
Sesshoumaru sospechaba que había perdido el sentido de la conversación en algún lugar atrás. "¿Qué?" él preguntó, completamente perplejo.
Para su continuada conmoción, la miko pateó sobre el suelo como un niño mimado. "¡Como ahora!" ella reiteró. "¡Solo te ves así! Como si no te molestara que te importara algo. ¡Tú me conoces, y así no ayudaste¿Por qué? Porque ¿soy humana? Porque ¿soy una miko? Porque ¿estoy contaminada con tu hermano¿Por qué?"
Abruptamente interrumpiéndose a sí misma, Kagome dio un ligero paso hacia atrás y cruzó los brazos, esperando una respuesta.
Teniendo una considerable dificultad en entender el hilo de pensamientos de Kagome, Sesshoumaru se tomó la única parte de su bombardeo de palabras que él de hecho entendió y se colgó de ella como una cuerda de salvamento. "Siempre me veo así," él le informó. En el fondo, el cerdo moribundo chilló de nuevo.
Kagome no lo pudo soportar. Con frío, enferma, herida, y sola ella estuvo repentinamente harta hasta los huesos. "¡Ooooooh!" ella chilló. ¡Tú, idiota!"
"¿Disculpa que dijiste?" el Señor youkai dijo fríamente, su voz baja y peligrosa, pero Kagome había sobrepasado el punto de preocuparse si lo había ofendido o no.
"¡Tú me oíste!" ella gritó, un tembloroso dedo aún apuntando hacia él. "Solo te paraste ahí mientras tu acompañante casi muere," ella acusó. "¿Es así como tratas a tus aliados?"
Sesshoumaru sintió su mandíbula apretarse mientras él daba un paso hacia delante y se inclinada. Teatralmente, él olfateó el aire.
"Y ¿Qué diablos haces?" Kagome exigió.
Ignorándola, él tomó otro largo respiro. "¡Ah!" él dijo en falsa sorpresa. "¿Qué es este olor?" él olfateó de nuevo mientras ella daba un paso atrás, y luego se enderezó, poniendo una mirada de leve sorpresa en su rostro. "Pero mira¡yo creo que este es el hedor de la hipocresía!" él exclamó. "¡Alguien se esta quejando sobre sus aliados cuando ella hace poco o nada para contribuir por el bienestar o protección de sus acompañantes! Cuan terriblemente extraño."
"¡Ah!" Kagome chilló. Su cerebro estaba resaltando con gran, indiferente interés, que Sesshoumaru había perdido su famosa compostura. Ay, mira, su mente dijo. Esas líneas en su rostro se están volviendo irregulares, talvez ¿deberíamos alejarnos? Kagome la ignoró y continuó. "Creo que tenemos a un participante del Idiota más Grande del Mundo," ella dijo. "Alguien se apegó por sí solo a mí, no al revés, sin siquiera preguntarme si estaba bien, y luego cuando algo me pasa¡él no hace nada¡Increíble!"
Dorados ojos se estrecharon hacia ella. "Alguien," Sesshoumaru dijo, "hizo ninguna estipulación de que yo debía actuar para protegerla en tal situación"
Azules ojos se estrecharon de vuelta hacia él. "Y alguien," Kagome siseó, "¡debería usar el sentido común!"
"Ah, claro, si estamos hablando de sentido común, uno debe señalar que cierta miko fue a una batalla ya herida y sin ningún apropiado conocimiento de las capacidades de su enemigo."
"Uno también debe señalar que cierto youkai ¡pudo haber despachado muy fácilmente a dicho enemigo!" Kagome lanzó de vuelta.
"Cierta miko no lo pidió."
"Cierta miko estaba demasiado ocupada ¡tratando de no ser asesinada!"
El agudo sonido de alguien aclarando su garganta pasó por la tensión en el aire. Ambos Kagome y Sesshoumaru giraron y miraron furiosamente al intruso, quien resultó ser el líder.
"¿Si, Hiro-sama?" Kagome dijo malhumoradamente.
El líder rió nerviosamente. "Um," él dijo, su voz alta y forzada. "Detesto interrumpirlos en su tan enérgica discusión, pero ¿podría uno de ustedes talvez terminar de matar al jabalí?"
Ambos Kagome y Sesshoumaru se mantuvieron inmóbiles por largo rato. Luego, con gran restricción, Sesshoumaru caminó los cincuenta metros hacia el tembloroso youkai, y lo cortó casi atravesando su cuello con sus garras.
El jabalí murió enseguida después de eso, y Sesshoumaru lo miró e intentó no sonreírle a la poco familiar, emocionante sensación del enojo. No hosco, frío enojo, pero alto, ardiente enojo que pronto se disiparía, y casi rió en voz alta mientras un fragmento de recuerdo flotaba hacia él. Su madre, sonriéndole mientras él rabiaba por algún insulto percibido de un amigo de su infancia el cual su nombre ya no podía recordar. "El enojo es bueno," ella le dijo. "Son los dioses, diciéndote que estás vivo." Flexionando sus garras, el Señor youkai tomó un profundo respiro, y se sintió limpio.
Detrás de él, hubo un suave talón, y el se volteó para ver a la miko pareciendo agotada e indecisa. El podía oler saladas lágrimas en su piel.
Ella se acercó a él lentamente. La adrenalina pasaba por sus extremidades, causándole que temblara violentamente, y no podía creer tales horribles palabras que habían salido de su boca. ¿Cómo puedo ser tan cruel y estúpida? Kagome pensó. ¿Por qué no pensé? El mundo se vertía a su alrededor mientras Sesshoumaru se volteaba y dejaba su otra vez fría dorada mirada caer sobre ella.
Ella quería llorar. "Lo lamento," era todo lo que ella podía pensar en decir.
Sesshoumaru se encogió de hombros, se volteó, y caminó dentro del bosque sin mirar atrás.
Kagome colapsó en sus rodillas hacia el suelo, e intentó recuperar su aliento.
"¿Kagome-sama?"
Ella le dio un estrangulado grito, tardíamente recordando que Myouga había tomado su hombro como su nueva percha. "Myouga-jii-chan," ella suspiró, mirándolo a través de ojos cansados. "Realmente lo arruiné¿cierto?"
Para su sorpresa, Myouga se rió entre dientes. Era un cálido, intenso sonido que le recordaban a tiempos pasados. Un poco de fuerza regresó a sus extremidades. "¿Por qué te ríes?" ella le preguntó con una cansada sonrisa.
Myouga solo rió más y más fuerte hasta que estuvo gritando y con un ataque de risa. Tan cansada para hacer el esfuerzo de interrumpir su risa, Kagome esperó.
Finalmente, Myouga se seco los ojos. "Ay, Kagome-sama¡eso fue muy entretenido!"
"Talvez para ti," ella dijo, "pero Sesshoumaru se fue. Lo insulte, y él me dejó." Estaba muy frío donde ella estaba arrodillada, y Kagome frotó sus brazos. Un pensamiento le cruzó.
"Espera," ella dijo." "¿Por qué no te fuiste con él?" ella exigió.
Myouga se rió de nuevo. "El regresará mañana en la mañana," él anunció confiado. "El simplemente necesita tomarse un tiempo lejos de esta aldea."
"¿El regresará?" Kagome repitió tontamente.
"Oh, si," Myouga respondió. "El nunca lo admite, pero le gusta cuando la gente lo enfrenta. Como batallas, solo que sin la inminente amenaza de heridas. Ahora vayamos a adentro, esta frío aquí afuera."
"Espera un minuto," Kagome dijo. "Pensé que él odiaba cuando la gente discutía con él. Y fui tan grosera..."
"Kagome-sama," Myouga dijo cálidamente, "Soy un anciano, y yo constantemente insulto a Sesshoumaru-sama y peleo con el verbalmente. ¿Cómo cree que aún no estoy muerto si él no disfruta eso?"
Detrás de ella, Kagome podía oír los pasos de aldeanos que se acercaban, precavidos y cautelosos, viniendo para llevarla a una cálida cabaña con una cama y comida.
"¿Regresará?" ella dijo de nuevo.
"Si," Myouga le aseguró. "Ahora levántese. Se me caerá la nariz si se pone más frío."
…o...
Exactamente como Myouga había dicho, Kagome caminó fuera de su cabaña a la mañana siguiente para encontrar a Sesshoumaru esperándola.
Ella lo había mirado fijamente y él a ella.
"Confío en que cierta miko esté finalmente despierta y lista para continuar nuestro viaje," él dijo fríamente.
Kagome lo había estudiado. Si no hubiera sabido mejor, ella habría pensado que aún había una inclinación en sus labios.
"Solo si cierto youkai puede ser molestado," ella le lanzó de vuelta.
Abruptamente, Sesshoumaru había volteado su espalda, y había comenzado a alejarse. Kagome claramente lo oyó pronunciar un pequeño, "¡Hmmph!"
Ella sonrió y lo siguió.
Y ahora ella se encontró a si misma parada en la nieve, cincuenta metros lejos de su actual aldea de residencia, y discutiendo con él por lo que pareció la millonésima vez en dos semanas.
"Gracioso," ella dijo, "pero yo pensé que no íbamos a buscar peleas con humanos ya que, tu sabes, entonces tu los asesinas."
Ya que su único objetivo era molestarla, Sesshoumaru bostezó. "Talvez estabas muy ocupada toqueteando tu cabello, miko-sama, pero esos humanos me buscaron pelea a mí. "
Kagome hizo rechinar sus dientes. Sesshoumaru pudo haber disfrutado sus pequeños intercambios, pero ella los encontraba frustrantes al igual que ligeramente emocionantes. "Si, pero, pudiste solo alejarte. Mi madre siempre me dijo que alejarse de una pelea lo hace una persona de más altura que otra que participa en ella. Se que eso suena tonto, pero ellos ni siquiera estaban hiriendo tu orgullo¿o sí¡No fue a ti al que le hicieron proposiciones indecorosas! Así que pudiste solo continuar caminando, incluso si seguían llamándome. ¡Puedo cuidarme sola sabes!"
Sesshoumaru no respondió. Kagome tuvo la clara impresión de que ella le hablaba a una pared, excepto que una pared hubiese sido más receptiva. Experimentalmente, ella extendió un dedo y lo golpeó en el pecho.
El se tambaleó muy ligeramente, lo cual Kagome encontró muy entretenido. Lo hizo de nuevo.
Sesshoumaru alcanzó una decisión mientras miraba fijamente a la nieve que caía: él la iba a matar.
El había jurado que no; de hecho su honor lo obligaba a no hacerlo, pero después de tanta irritación cuanto valía el honor¿realmente? Después de todo, nadie lo había visto prometer mantener sus garras lejos de su garganta... así que de hecho¡era como si nunca hubiese hecho esa promesa en absoluto¿Cierto? Y él siempre podría regresarla con Tenseiga. Le daría una lección, y sería bien aprendida también. Si tan solo el discutir con ella no fuese tan condenadamente placentero, él le hubiese enseñado una conducta apropiada días atrás.
Despreocupadamente, se preguntaba cuanto tiempo tomaría para que ella aprendiera las numerosas lecciones que él requería para su precio. Eran relativamente simples, así que talvez él solo tendría que matarla una vez para que ella lo entienda. Quizá él debería escribirlas para ella para que ella primero pueda estudiarlas.
El encontró esta idea agradable. Sesshoumaru empezó a hacer una lista de las varias cosas que él hubiese deseado que a ella la hubiesen entrenado para hacer antes que él hubiese decidido acompañarla.
No Exasperar al Demonio. Esa era una buena, una que abarcaba todo en toda situación. ¿Qué más? No Molestar al Demonio con Parloteo Constante. Excelente. Sesshoumaru escogió ignorar que ella ya lo había advertido acerca de que ella hablaba de manera excesiva, ya que esas cosas solo necesitaban ser corregidas. Tratar al Demonio con Respeto. Mantener Manos Alejadas en Todo Momento. Dejar de Golpear al Demonio En El Pecho, Por Favor, Gracias. Esa sería particularmente muy útil en este momento.
"¡OYE!"
Sorprendido, Sesshoumaru arrancó su fija mirada de los ondeantes copos de hielo y se reenfocó en la miko cubierta de nieve que estaba pinchando con un sorprendentemente afilado dedo en el pecho.
Kagome miró mientras el Señor demonio lentamente regresaba de cualquier insulso planeta que su cerebro estaba ocupando y se reenfocó en su rostro. "¿Me estás escuchando siquiera?" ella exigió.
Sesshoumaru pestañeó, y Kagome observó pequeños trozos de nieve soltarse de sus pestañas y caerse suavemente en sus mejillas. "No," él le dijo.
"Eso es lo que pensé," resoplando, Kagome retrocedió y puso su dedo a un lado, aunque en las dos semanas que habían viajado entre aldeas juntos él nunca hubo hecho un movimiento para amenazarla. A otras personas, si; a ella, no.
"Lo siento," ella dijo.
El no dio señales de que la había escuchado.
"¡OYE!" Kagome dijo nuevamente.
Sesshoumaru visiblemente se sobresaltó "¿Qué?" él lanzó.
Kagome apretó su puño. "Empecemos de nuevo. Puedo cuidarme sola ¿está bien?"
El señor demonio lentamente levantó una insolente ceja. "Eso no fue lo que dijiste hace dos semanas," él le informó.
"¿Perdón?"
Sesshoumaru inhaló, y corrió una mano con garras por su cabello, un gesto que Kagome estaba segura hacía solo para distraerla. "Si mal no recuerdo, tú estabas gimiendo acerca de cómo necesitabas ser protegida."
"No," Kagome insistió, "Dije que yo podría necesitar ayuda de vez en cuando. Hay una diferencia."
"No desde mi punto de vista. De una forma u otra, solo significa que yo te debo sacar de problemas."
"Si, pero eso solo fue un pequeño problema," Kagome le lanzó. Ellos solo habían luchado contra otro youkai en su viaje, y ella lo había eliminado rápidamente. Kagome se sintió más que preparada para arreglárselas con hombres.
"¿Pequeño problema?" él dijo ociosamente. "No tenía idea de que tomaras una violación tan a la ligera. La próxima vez, claro, puedes enfrentar tu problema."
"¡Eso no es lo que quise decir!" Kagome gritó.
"Efectivamente."
"Quiero decir, tengo mi arco y flechas. Pude haberme ocupado de ellos."
"Lo dudo. No puedes soportar pararte sobre lagartijas. ¿Qué te hace pensar que puedes lastimar a un humano?" él respondió.
Kagome cruzó sus brazos. "Pude haberme ocupado de eso."
"¿De verdad?"
"¡Si!"
"Lo dudo."
"¡Oooh!" ella chilló. "Sabes, realmente me estas molestado ahora. ¿Por qué seguimos aquí afuera en primer lugar?"
"¿Porque no querías que los aldeanos escucharan tus quejas?" Sesshoumaru postuló.
"No. ¡Porque no pudiste guardarte tus estúpidos gruñidos!"
"Y tú no puedes quedarte con tus ridículas opiniones como consejo propio."
Kagome rabió. "¡Mis opiniones no son ridículas!"
"Como tu... ¿cómo dijiste¿Aliado? Si. Como tu aliado, siento la obligación de resaltar que tus opiniones dan importancia a absurdos caprichos como cuidar de guardias insolentes tú sola aunque tengas profundas objeciones morales de quitarle la vida a una oruga."
"Y como tu aliada, estoy tratando de mantenernos alejados de problemas el tiempo suficiente para-"
Al borde de su oído, hubo un crujido, y ella supo que alguien estaba detrás de ella. "¿Disculpa?" una voz femenina se hecho a hablar, confirmando sus sospechas.
"¿Y ahora qué?" Kagome gritó, y giró en la nieve para enfrentar a la intrusa.
La vista que encontraron sus ojos y el estado resbaloso del hielo bajo sus pies la hubiesen hecho terminar sobre su estómago en el suelo si Sesshoumaru no la hubiese atrapado por la cintura y hubiese evitado su caída más que solo hacia el lado de él.
Frente a ella había una muy joven, muy embarazada mujer con un extraordinariamente largo y negro cabello y amplios ojos. Incluso antes de que ella dijera algo, Kagome supo quien era, y todo a su alrededor, ella sintió que los largos paseos por los bosques y las placenteras, irritantes peleas se detuvieron de repente.
Inexplicablemente ella se sintió triste.
Frente a ellos, la muchacha abrió su boca. "Por favor perdóneme," ella dijo, su mirada asentándose sobre ellos como un manto. "Soy Machiko, y estoy buscando a la miko Kagome." Ella miró hacia otro lado, pareciendo ligeramente nerviosa. "Um... ¿me dijeron que te encontraría aquí. ¿Es usted Kagome-sama?"
Estoy usando ropa de miko¿no?, genio. Kagome quiso decir, pero se abstuvo.
A su lado, Kagome escuchó a Sesshoumaru reír con disimulo ligeramente, claramente pensando lo mismo, y ella suspiró. Bueno, ella pensó alegremente. ¡Al menos él no durmió con ella!
Iba a ser una larga noche.
