Cuentos de La Casa de La Luna
Por
Resmiranda
Capítulo Catorce
"Una
ráfaga súbita: las magnas alas desplegadas
sobre la
doncella vacilante, sus muslos acariciados
por las negras palmas,
su cuello en el pico preso;
él la sujeta indefensa pecho
contra pecho."
-- William Butler Yeats, "Leda y el Cisne"
(Versión traducida por Gustavo Negrin.)
"Ese día
Estuve estancada en casa, como de costumbre, mientras
Ella mostraba el trasero por el lago
Supuestamente recogiendo lirios para teñir."
-- Katharyn Howd Machan, "La hermana de Leda y el Ganso"
...o...
Si hay algo mejor que un vientre redondo, un cálido fuego, y sangre gratis, no sé que será, pensó Myouga, dormitando frente a las llamas. La vieja pulga estaba sorprendentemente en debate.
Habían sido unas buenas dos semanas, incluso si las discusiones estaban empezando a estresarlo. Su vida no había sido amenazada, nadie lo había aplastado últimamente, y ahora que estaba viajando con Kagome-sama parecía que él comía mejor y dormía más profundamente. Ahora si tan solo sus dos acompañantes pudieran cerrar la boca por más de una hora, la vida sería buena.
Un leve fruncido pasó por su cara. Desde su primera batalla verbal, las discusiones se habían intensificado en frecuencia y volumen, y mientras eran divertidos de ver mientras ambos luchaban por ventaja, Myouga no pudo evitar sentir que ellos quebraban la paz algo seguido. Kagome-.sama y su amo parecían disfrutar de atacar el punto débil del otro en decibeles lo suficientemente altos para despertar a los muertos, aunque al menos ahora ellos se dieron por vagar un poco lejos de las aldeas cuando la tentación de satisfacerse con peleas verbales era demasiado grande.
Con todas las cosas en consideración, las peleas eran un curioso fenómeno, envueltas en el misterio de la situación. Myouga aún no estaba seguro de por qué Sesshoumaru había decidido seguir a Kagome, pero él sospechaba que tenía que ver con el profundo aburrimiento del líder demonio y la desconcertante naturaleza de Kagome. No era que ella fuera particularmente interesante o fascinante, pero era que ella a veces hacía cosas que eran increíblemente extrañas y fuera de sincronización con el resto del universo. El lo había presenciado, esos tantos años atrás: sus amigos la escucharían o la seguirían no porque ella fuera ingeniosa o cautivadora, pero solo por curiosidad de lo que ella haría o diría. Ella cotorrearía acerca de pruebas, o trabajo de colegio, o cosas que solo no tenían sentido para ninguno de ellos hasta que ella les explicase como funcionaban las cosas en su tiempo, e incluso ahí sus amigos se quedaban más confundidos que cuando ella empezó y simplemente asentirían. Ella era silenciosamente impredecible, siempre dejándose atacar o secuestrar, siempre saltando al corazón de una situación. Los eventos siempre sucedían cuando ella estaba ahí; el mundo era más excitante cuando ella estaba cerca.
Tan cercano como Myouga podía decir, era que a la gente le gustaba estar alrededor de Kagome solo para ver en que lío ella terminaría después. Sesshoumaru, sin embargo, sucedía para otra gente; nada parecía ocurrir a menos que él instigara, así que la idea de que los eventos cayeran en su lugar en vez de ser concienzudamente alineados era probablemente un nuevo concepto para él. Myouga sospechaba que su Señor seguía a Kagome solo para poder ser un espectador alguna vez.
Por supuesto, también había las peleas. Pero respecto a eso, Myouga meditó, Sesshoumaru sería más propenso a estar de acuerdo de que habían peores formas de ocupar el tiempo de uno que dejar sin aliento a una adorable joven, causando que se ruborice con gracia, y luego entablar combate en una briosa discusión con ella.
Myouga inclinaba su cabeza y buscaba el sonido de un acalorado intercambio, pero parecía ser que ellos se habían calmado por el momento. Quizás ellos se habían rendido y estaban lanzándose bolas de nieve el uno al otro. Mejor así, el decidió. Talvez él podría tomarse un descanso por una vez sin uno de ellos tratando de insertar a la fuerza la última palabra mientras el otro duerme.
Dejando que sus párpados se deslizaran para cerrarse, Myouga dejó ir sus pensamientos y se concentró en el crujiente fuego y su animada calidez que lo cubría del amargo frío de afuera. El podía oler la limpieza sin-olor de la nieve en la ligera brisa que pasaba por la cabaña, y era maravilloso. El mundo parecía estar más en paz cuando había nieve en el piso. Myouga dejo su mente divagar y pasar entre el sueño y el despertar.
Solo unos insuficientes segundos después, una frustrada Kagome empujó a un lado la tapa que colgaba sobre la puerta y pisoteó con sus pies llenos de nieve por todo el lugar, despertándolo a sacudidas. Ella fue seguida de cerca por Sesshoumaru, quien mostraba una débil expresión de diversión y quien pausó dentro de la puerta para sacudirse ligeramente, derramando copos de nieve.
"¡Ah! ¡Sesshoumaru-sama! ¡Kagome-sama! Es bueno verlos---" él empezó, pero antes de que pudiera continuar Sesshoumaru se hizo a un lado en la cabaña y la tapa se movió de nuevo. Esta vez, la muchacha que entró era una extraña. Muy embarazada, ella se tambaleó entrando, y una delgada sirvienta la siguió. Para Myouga, la pobre criada parecía como si no pudiese alzar un tazón de arroz, mucho menos asistir a una mujer embarazada, pero él admiraba el hecho de que ella se había quedado con su señora, sus manos ondeando como si ella esperara que su carga se viniera abajo en cualquier momento y no iba a ser desprevenida, incluso si las dos se cayeran al piso.
Kagome se bajó al nivel del piso y plegó sus brazos en su regazo mientras que Sesshoumaru deslizó sus manos dentro de sus mangas y se paró a un lado. Hubo un vergonzoso silencio mientras la joven embarazada se esforzaba para sentarse también, y Myouga escuchó un inconfundible suspiro de alivio de la miko cuando finalmente la mujer se asentó en posición.
La vergüenza encendió las mejillas de Kagome – ella no había pensado en la dificultad de sentarse en el piso, y deseó haber tenido una silla que ofrecer a Machiko. Lastima, esas cosas no podían ser. Con todo, probablemente era mejor tratar de superar las cosas.
Moviéndose un poco Kagome, le sonrió a la muchacha - no podía tener más de dieciséis – y luego hizo una reverencia. "¿Cómo puedo servirte, Machiko-sama?" ella preguntó educadamente.
Le respondió con silencio. Inquisitiva, ella se puso derecha después de un momento y le dio a la hime una mirada confundida.
Entonces Machiko explotó en lágrimas. Su sirvienta inmediatamente se levantó en sus pies y empezó a hacer un escándalo.
Kagome estaba horrorizada. Después de un segundo de estar sentada e inmóvil, ella se apresuró hacia su mochila y sacó un pañuelo, el cuál sujetó para la sollozante joven "¡Discúlpame!" ella dijo desesperadamente, sin efecto empujando las manos de la muchacha con el cuadrado de tela. "¡No quise hacerte sentir mal!"
La sirvienta, aun aleteando como una extremadamente irritable mariposa, empujó las manos de Kagome lejos. "¡Ella ha estado así en los últimos cinco meses!" ella gritó, extremidades formando ángulos en su consternación. "¡Juro que estoy a punto de volverme loca!"
Machiko empezó a llorar más fuerte.
"¡Está bien! ¡Todo está bien!" Kagome intentó asegurarle a la muchacha, dándole palmaditas en la mano. Sin darse cuenta, la hime empezó a aullar, un sonido de alto tono con un efecto semejante a uñas sobre un pizarrón. Volteándose, Kagome lanzó una mirada desesperada a Sesshoumaru, quien estaba acostado contra la pared mirando hacia la nada, sin prestar atención. Hombre inútil, ella protestó mentalmente, y se volvió a la sollozante hime.
Sesshoumaru estudiaba las rajaduras de la pared de la cabaña e intentó no pensar en los agudos gemidos, ni en el maduro olor de la joven. Un híbrido, con sangre manchada y una dura vida por delante. Espontáneamente, se preguntó si el padre del niño era como su propio padre, envuelto en sombras y secretos, con una completa vida nueva escondida, construida en silencio mientras su otra vida se derrumbaba. Se preguntaba si este youkai había sido por siempre desconocido e inconocible también. El se preguntaba si alguna familia desperdiciaba su amor en él, también, sin darse cuenta de las miles de pequeñitas mentiras que oscurecían la verdad sobre él.
En su pecho, hubo una familiar picadura, como los colmillos de una víbora hundiéndose en su corazón. Sin importar cuantas décadas pasaran entre los recuerdos, siempre se sentían igual. Fue como si en ese día cuando descubrió todos esos secretos alguien hubiese concienzudamente, cincelado una orden dentro de su mente, diciéndole que siempre se sentiría de esta forma; que sin importar cuan diferente el mundo sea cuando la memoria arrastrara sus dedos sobre su alma, este sentimiento nunca cambiaría.
Sesshoumaru sofocó un gruñido y forzó a su mente a estar en blanco.
Kagome, sin darse cuenta, frunció tristemente a la aún sollozante joven. Parecía no haber nada que hacer más que esperar a que se calmara – algún intento de tranquilizarla la podría perturbar de nuevo. Agarrando la manga de la sirvienta, Kagome hizo un furtivo ademán, indicándole que tomara asiento, y la criada, claramente acostumbrada a esto, suspiro con resignación y se desplomó mientras Kagome se sentó de nuevo y lentamente contó hasta cien.
Aun sentado en el piso, Myouga encontraba el completo fracaso extremadamente entretenido, y no muy alentador tampoco. Esta debe ser la hime a quien buscaba, él conjeturó. Será un increíble golpe de suerte que la hayamos encontrado. Si dejara de llorar, claro.
Kagome continuó contando lentamente. En el ochenta y nueve, los sollozos de Machiko habían disminuido a solo unos pocos cada diez segundos. Kagometomó esto como buena señal e inhaló profundamente.
"¿Hime-sama?"
Amplios, enrojecidos ojos se encontraron con los suyos, y la hime resolló con todas sus fuerzas. "Mis disculpas, miko-sama," ella dijo, aunque la rellena nariz la hizo sonar como, "Bis disculbas, biko-saba." Kagome estrechamente evitó reírse completamente y forzó su expresión a una de preocupación.
"No hay problema," ella le aseguró. "Por favor, dime que te está molestando."
Machiko resolló otra vez. "Bueno," ella dijo. "No se realmente como decir esto, pero ahora que la he conocido, sé que usted entenderá." Kagome notó que sus ojos centellearon en la dirección de Sesshoumaru mientras tomaba un profundo respiro.
"Estoy embarazada con un hijo de un youkai."
Recordando verse un poco sorprendida, Kagome asintió compasivamente, indicando que continúe.
Machiko sacudió su cabeza. "No puedo creerlo, incluso ahora," ella dijo, colocando una mano en su mejilla y Kagome notó con urgencia que sus ojos se empezaban a llenar de lagrimas nuevamente. "¡Fue tan de repente!"
A su lado, la criada subrepticiamente viró los ojos. Kagome presionó sus labios juntos. "¿Y?" ella dijo, impaciente a que la muchacha contara la historia para que pudiesen llegar al punto con algo más conveniente.
Para el intenso disgusto de Kagome, la joven hime presionó una mano contra su frente. Su larga, manga azul-medianoche resbaló de su muñeca, exponiendo los kimonos debajo. "¡Fue tan romántico, la forma en la que nos conocimos!"
Eso lo apostaría, Kagome pensó poco amablemente.
"Fui separada de mis amigas, y me perdí en el bosque, y la siguiente cosa que supe, es que escuché un fuerte sonido ¡y corrí!" Ella lanzó otro indelicado sollozo. "Y entonces lastimé mi pie, y luego lloré, y luego..." Unos cuantos estrechados dedos se elevaron para quitar una lágrima de forma dramática. "... y luego, él vino por los árboles."
La hime pausó, recordando dramáticamente. Kagome tuvo forzarse a sí misma a no dejar que su mente divagara.
"¡Fue amor a primera vista!" la muchacha dijo efusivamente. "El caminó hacia mí y me preguntó si estaba bien, y no le pude responder. Yo estaba pasmada, e incluso si yo estaba lastimada, él me hizo sentir segura." Ella suspiró. "El era tan apuesto, y fuerte, y apuesto, y listo, y apuesto-"
Kagome se sintió en peligro de perder el control sobre la conversación. "¿Cómo supiste que era un youkai?" ella le preguntó rápidamente, interrumpiéndola.
A Machiko no pareció importarle. "¡Tenía las orejas puntiagudas más lindas!" ella exclamó. "¡Ah! Y una cola. Creo que era un perro youkai montañero en disfraz."
Frunciendo, Kagome inclinó su cabeza a un lado. "¿Quieres decir que no sabes?" ella preguntó incrédula.
En el rostro de la hime nació un frenético sonrojo, y ella lanzó su mirada hacia abajo. "Bueno," ella dijo tímidamente, "realmente no tuvimos tiempo para hablar."
Tras ella, Kagome escuchó a Sesshoumaru toser, solo un poco. Así que estás escuchando. Kagome mantuvo su rostro cuidadosamente neutral y empezó mentalmente a hacer una lista de las partes del cuerpo de él que ella iba a purificar primero.
"Ya veo," ella dijo después de un momento. "¿Y qué es lo que deseas de mí?"
El labio inferior de la hime empezó a temblar peligrosamente de nuevo, y su criada colocó una mano en su muslo en advertencia y habló en vez de ella. "Miko-sama," la sirvienta dijo con tono grave, "talvez ¿podríamos hablar sobre esto solo entre mujeres?" Con un notorio levantamiento de cejas, ella miró al estoico youkai apoyado contra la pared trasera.
Kagome se mordió el labio, insegura de cómo explicarle la delicada situación, pero por primera vea Sesshoumaru pareció comprender el sensible asunto. Ella lo sintió rozarla al pasar, y observó mientras él salió por la puerta y dejó la tapa caer en su lugar tras él. Era muy probable que él escuchara de todas formas, pero Kagome decidió que ninguna de sus invitadas realmente necesitaba saber eso.
Una vez que la criada consideró que Sesshoumaru no podría oír, ella se acercó inclinándose. "Como puede haberlo notado, miko-sama, Machiko-sama está excesivamente embarazada."
Echando un vistazo hacia el vientre hinchado de la hime, Kagome evaluó que Machiko estaba, en efecto, extremadamente embarazada, y probablemente estaría dando a luz cualquiera de estos días. Frunciendo, ella asintió, no comprendiendo por qué la sirvienta se veía tan horrorosa, y Machiko tan devastada. "Lo he notado," ella reconoció. Ella observó como los labios de la sirvienta se estrecharon en una línea.
"Entonces también debería saber que este incidente ocurrió hace solo cinco meses," ella dijo." Y aún así la hime se ve como si estuviese en el último de los trimestres. El hijo del youkai esta creciendo más rápido que el hijo de un humano." Meciéndose hacia atrás en sus talones, ella le dio a Kagome una estricta mirada.
"Tememos que las consecuencias de traer al mundo a este niño hasta su último periodo puedan ser graves."
Machiko dejo ir otro sollozo ahogado.
"Nosotras no sabemos que hacer. Por favor, dénos orientación, miko-sama."
Kagome sintió como si alguien la hubiese lanzado en un helado lago, y ella estuviese pisando agua, lejos de la profundidad. Mordiendo sus labios, ella miró hacia abajo y manoseó sus mangas.
Ella había asumido que la hime estaba lista para dar a luz al niño, pero parecía que el bebé era demasiado grande y robusto para que la pequeña muchacha lo aguante. En su propio tiempo, el niño hubiese sido traído por la sección de cesarias y hubiera sido colocado en cuidados intensivos, pero aquí no había tales cosas, y Kagome sabía mejores cosas que intentar alguna clase de operación médica mayor sin entrenamiento. Ella podía remendar heridas, pero no hacerlas, e incluso si supiera ella ciertamente no lo haría sin ayuda, instrumentos esterilizados, y anestesia.
Parecía ser que uno de ellos o ambos morirían.
Y aún...
Había tantos hanyous, y tantas mujeres que los habían parido sin morir. Kagome se preguntaba si los perros de montaña eren especiales en algún sentido, o si esto era un fenómeno en común, y si lo era, ¿Cómo se lidiaba con el usualmente?
Ella levantó su cabeza de nuevo. "¿Podrían disculparme?" ella dijo alegremente. "¡Tengo que preguntarle algo a mi acompañante!" No dándoles tiempo de responder, Kagome se levantó y trotó fuera de la puerta.
Como resultó ser, Sesshoumaru ni siquiera había intentado ser discreto en escuchar tras la puerta; ella lo encontró agachado afuera de la ventana con su espalda hacia la puerta. Su cabeza estaba inclinada con una oreja puntiaguda levantada en dirección a la conversación. Ella imaginó que si él hubiese tenido un cigarrillo, sería un perfecto modelo para hacer cosplay, de un extraño, asesino vigilando.
No enteramente cómoda con darle una patada, ella se decidió por aclarar su garganta suavemente, lo cual causó que el líder demonio girara sobre su eje lentamente en la nieve. Si no hubiese sabido mejor, ella hubiese pensado que él se veía avergonzado. Virando los ojos, ella hizo un movimiento con su cabeza hacia los árboles detrás de la aldea antes de ir chapoteando a través de la nieve en esa dirección, y Sesshoumaru se levantó y la siguió.
"Esto me es familiar," le comentó secamente cuando llegaron a detenerse en el lugar donde, no hacía treinta minutos previos, ellos habían estado lanzándose acaloradas discusiones el uno al otro. Kagome no estaba de humor.
"Dime lo que sepas acerca de recibir hanyous," ella exigió.
Lo que sea que él hubiese estado esperando, no era esto. "¿Qué?" él preguntó, confundido.
Kagome parecía estar de mal humor, y le frunció." Dije, ¿Qué sabes acerca de recibir hanyous?"
La mente de Sesshoumaru curiosamente se entumeció. "Nada," el suplió.
Pisoteando el suelo, la miko le lanzó una mirada furiosa. "¿No sabes nada sobre ellos? ¿Son más grandes que los bebés humanos, o este es una anomalía?"
Un repentino alivio lo invadió. "Si," Sesshoumaru respondió rápidamente. "Usualmente son más grandes. Es conocimiento general."
Con gran esfuerzo, dejo resbalar eso. "¿Cómo se lo maneja entonces?" ella preguntó.
Encogiéndose de hombros, el youkai inspeccionó sus aparentemente, perfectamente manicuradas manos. "Usualmente hay una especie de medicina que la madre toma para inducir el nacimiento en el sexto ciclo de la luna que también la ayuda a sobrevivir."
"¿Sabes donde conseguir esa medicina?" Kagome preguntó.
Sesshoumaru sacudió su cabeza. "No, usualmente es específica para la tribu del youkai involucrado," él le dijo. "Lo que puede ser difícil, ya que la dama en cuestión parece ser un tanto frívola."
Suspirando pesadamente, Kagome estuvo de acuerdo. "Si. Mi madre siempre me dijo que consiguiera el nombre y el número de teléfono. Pensarías que esta joven habría por lo menos deducido su especie."
El líder youkai no respondió, meramente levantó sus cejas.
Kagome lo ignoró y empujó algo de nieve alrededor con su pie, pensando.
Eventualmente alcanzó una conclusión. "Supongo... tendré que encontrar esta tribu," ella dijo, resignación en su voz.
"Esa es una opción," Sesshoumaru respondió.
Kagome le lanzó una mirada. "¿Tienes una idea mejor?"
"No."
"Muy bien entonces," ella dijo. "Entonces lo haremos. ¿Qué sabes acerca de perros youkai montañeros?"
Encogiéndose de hombros elegantemente, Sesshoumaru frunció sus labios muy ligeramente. "Viven un poco lejos hacia el norte de aquí, quizá unos días de caminata en tiempo," él suplió. "Existen varias tribus, así que puede que tome más tiempo del que tu desearías invertir, pero no debería ser un problema el encontrar el correcto si se da una mejor descripción del youkai en cuestión."
"¡Eso!" Kagome dijo firmemente. "Ella debió haberlo visto muy bien, ¿cierto?"
En respuesta, Sesshoumaru alzó una ceja aún más arriba. De repente extremadamente incómoda, Kagome giró en su eje y pisoteó por la nieve y de vuelta a la cabaña, brillando tan roja como una luz de tráfico y siguiéndole el paso, un entretenido youkai en su estela.
Lanzando la tapa a un lado y pisoteando dentro de la habitación, Kagome notó a la hime y a la criada apartarse exaltadas de una aparentemente corta y acalorada discusión. "Necesito una descripción del padre," Kagome anunció. "He sido informada que una medicina esta disponible que ayudará en el parto, pero que es específica para la tribu en cuestión, así que necesito encontrarlo." Con un ademán ella se sentó en su lugar, alcanzó su mochila, y sacó una libreta para notas y un lápiz para así poder anotar la información pertinente. Sesshoumaru escogió ese momento para entrar por la puerta y reanudar su pose de pura reflexión contra la pared.
Para la intensa irritación de Kagome, la hime lo miró con lágrimas en los ojos. "¡Gracias, mi señor!" ella exclamó, haciendo una reverencia en su dirección. Kagome frunció, pero intentó empujar su irritación a un lado.
Sesshoumaru, siendo él mismo, dijo nada.
La hime continuó mirándolo con gran entusiasmo. "Una descripción, ¿por favor?" Kagome finalmente agregó, cuando pareció que ninguna información estaba por venir.
Sorprendida, Machiko se volvió hacia ella. "¡Ah! Si..." ella dijo. "Um... él tenía cabello largo castaño oscuro... ojos verdes... vestía armadura y tenía una cola color café y lindas orejas con punta, y lindos colmillos pequeños..." ella se detuvo, pareciendo pensar por un momento, aunque Kagome sospechaba que todas sus apariencias de estar pensando eran solamente de mentira.
"¡Ah! Y tenía una cicatriz, empezando desde aquí –" ella señaló su hombro izquierdo " – hasta acá." Ella corrió el dedo hasta su cadera derecha. Kagome no era buena silbando, pero ella hubiese silbado bajo si hubiese podido. Esa era ciertamente una cicatriz impresionante. Ella escribió eso en su cuaderno.
"¿Algo mas?" ella inquirió. La hime sacudió la cabeza.
"No. Él parecía ser un poquito más alto que usted, sin embargo." Ella ofreció "Creo que eso es todo."
Kagome asintió, diligentemente copió la información, cerró el cuaderno, y levantó la mirada para ver a Machiko de nuevo observando fijamente a Sesshoumaru. Kagome aclaró su garganta.
"Machiko-sama," ella dijo amablemente mientras la joven redirigía su atención, "Voy a encontrar al padre de tu bebé, y te traeré la medicina que necesites. Prometo que tú y tu hijo vivirán. No hay por que temer."
Una enorme sonrisa partió el rostro de la muchacha. "¡Gracias, miko-sama!" ella exclamó fervientemente. Ella hizo la mejor reverencia que pudo, su sirvienta siguiéndola
Kagome sonrió e hizo una reverencia de vuelta. "Sería un honor si pasan la noche aquí," ella dijo de repente. "La noche esta fría, y ustedes no deberían estar viajando en esas condiciones."
La sirvienta respondió. "Gracias, miko-sama. Es muy amable."
"Iré a ver si puedo conseguir más bolsas de dormir para ustedes," Kagome les informó, y se levantó sobre sus pies, y salió de la cabaña.
Después de deshacer rápidamente la casa del líder de la aldea, Kagome regresó cargando camas extras para sus invitadas y encontró a Sesshoumaru sentado en la nieve, apoyándose contra el lado de la cabaña.
"¿Qué haces aquí afuera?" Kagome exigió, casi dejando caer las camas en consternación.
"Durmiendo," Sesshoumaru respondió. Los olores de la mujer embarazada y de la sirvienta excesivamente nerviosa casi eran sofocantes dentro de la cabaña, e incluso si estaba frío afuera él había decidido que podría soportarlo más fácilmente que la pestilencia que le recordaba a cosas que estaban mejor enterradas.
"¿Por qué?" ella exigió." "¡Hay mucho espacio allá adentro!"
Por primera vez, Sesshoumaru no tenía ganas de pelear con ella, así que no dijo nada.
Después de un corto momento de silencio, el la escuchó suspirar ruidosamente. "Como quieras," la miko resopló, y se movió exageradamente hacia adentro. El la dejo ir. Era mas acogedor afuera en el frío, de todas formas.
...o...
A la mitad de la noche, Sesshoumaru fue groseramente despertado por una helada mano serpenteando bajo su haori y sobre su pecho desnudo. Con un valiente esfuerzo, él sabiamente se abstuvo de chillar como una nena y abofetear la mano lejos de él.
Con un débil control de su dignidad en su lugar, él lentamente abrió sus ojos para encontrar a Machiko retorciéndose contra él, dándole una torcida tímida sonrisa y pareciendo para todo el mundo una prostituta novata, confiada en su habilidad de atraer a un cliente. Sesshoumaru jamás había visto algo tan poco sugestivo en su vida. El observó como ella casualmente movió un helado dedo sobre su tetilla. "¿Le gusta eso, mi señor?" ella respiró, posiblemente en lo que ella pensó era una manera seductiva.
¡Mátala! su aún débil mente gritaba, inmediatamente seguido de un, ¡No! ¡No puedes matar! ¡Maldito honor! ¡Huye!
En el parpadeó de un ojo él estaba tres metros lejos, mirando a la extremadamente embarazada joven gradualmente cayendo sobre la nieve. Lo que vio le dio una breve puñalada de algo, que después de un momento, él reconoció como culpa. Ahora sobre su espalda, ella se veía como una tortuga que había sido puesta al revés, lo cuál era algo patético de ver en realidad, seguro de que podría suavizar incluso el más duro de los corazones.
En la parte trasera de su mente, olvidados recuerdos de repente se revolvieron cuidadosa y dolorosamente, como los suaves, seductivos temblores antes de un terremoto. Otro rostro se derritió sobre el de Machiko, con grandes, suplicantes ojos y suaves manos. En su pecho, su corazón se movió de un tirón dolorosamente, y luego el recuerdo se había ido, y la hime era todo lo que quedaba. Sesshoumaru se permitió rendirse en la crueldad momentánea, echando al espectro del pasado.
El observó con vago interés para ver si ella podría ser capaz de enderezarse sola.
Después de varios momentos de esfuerzo, ella se las arregló para levantarse apoyándose contra la pared y le disparó una mirada llena de dagas. Dada su actual condición, su mirada furiosa era análoga a que él pie de él estuviese siendo perseguido por un gatito.
"Discúlpeme, mi señor," ella dijo fríamente. "No quise ofenderlo."
Manteniendo su rostro cuidadosamente neutral, Sesshoumaru la miro fijamente hasta que ella se incomodó y evitó sus ojos. "¿Qué crees que estabas haciendo?" él finalmente preguntó.
La hime lanzó sus manos hacia arriba en un gesto indefenso. "No lo sé, mi señor." Ella dijo. "Todo lo que puedo decir es que no he sido yo misma últimamente. Desde que... bueno... " ella se movió, claramente avergonzada, y dejó una temblorosa mano asentarse sobre su vientre hinchado. "No soy yo misma," ella repitió. Ella ya no se veía frívola e inconstante. En cambio, había una expresión de desesperación y miedo en sus facciones, como si estuviese mirando por un largo túnel sin luz al final.
La muchacha estaba claramente loca. Sesshoumaru decidió que si en la vida debiera tener hijos se iría de viajes prolongados para evitar las repercusiones del embarazo.
"Vete," él le dijo.
Para su profundo disgusto, ella solo se rió tontamente. El la miró fijo.
"¿Qué?" él preguntó finalmente cuando ella no se detuvo.
Ella suspiró unos cuantos respiros profundos, tratando de controlar sus desesperadas y pequeñas risas. "¡Lo lamento!" ella dijo. "Es solo que... ¡Ni siquiera sé su nombre! ¡No puedo creer que hiciera eso!"
Sesshoumaru no lo pudo resistir. "No sabías su nombre tampoco," él resaltó.
Abruptamente, la hime detuvo su risa y miró hacia otro lado. "Discúlpeme, mi señor," ella dijo finalmente. "Pensé que lo entendería" Ella puso una mano en la pared y empezó a escalar pesadamente sobre sus pies.
No te intrometas más en esto de lo necesario, su cerebro le dijo advirtiéndole, pero la curiosidad lo estaba golpeando en la cabeza, exigiendo una explicación. "¿Por qué?" el inquirió.
Momentáneamente distraída de su tarea de levantarse, Machiko lo miró sorprendida. "Su miko, claro," ella le dijo.
"¿Qué con ella?"
Machiko se mordió el labio. "Ya veo," ella dijo. "Perdóneme, yo pensé que... desde que ustedes dos viajan juntos..." ella le lanzó una mirada arrepentida. "Yo pensé que ustedes eran más que solo amigos," ella le dijo finalmente. Ella estaba sobre sus pies ahora, y por alguna razón ella se veía triste y etérea en la nieve que caía.
"No somos amigos," Sesshoumaru le informó.
Con rostro pálido, Machiko ni siquiera rió esta vez. "Ya veo," ella dijo de nuevo. "Lo dejaré ahora, mi señor. Buenas noches a usted."
El líder youkai observó mientras ella se tambaleaba por la esquina y entró de puntillas a la cabaña. Cuando estuvo bien fuera de vista él se permitió a sí mismo un extraño gesto y sacudió ligeramente su cabeza antes de reanudar su posición en el suelo.
El no durmió por el resto de la noche, por miedo a que el pasado se reafirmara.
En cambio, él dejo que su mente se desenfocara, y miró fijamente a la nieve que caía.
...o...
Machiko y su criada se fueron temprano en la mañana, haciendo reverencias y agradeciendo a Kagome. Mientras ellas escalaban con dificultad dentro de su carruaje, Myouga, sentado en el hombro de Kagome, suspiró.
"Parece que nos dirigimos hacia las montañas," él dijo con una pista de resignación en su voz.
Mirándolo con sorpresa, Kagome levantó sus cejas. "¿No te agradan las montañas?" ella le preguntó, volteándose para ir adentro y empacar sus cosas.
Myouga sacudió su cabeza. "No en esta época del año," él le dijo. "Estará más frío allá arriba."
Kagome no había pensado en eso. "Supongo," ella respondió. Probablemente era el tiempo de cubrirse de nuevo, y de repente la idea de caminar no era particularmente para disfrutar. Ella deseó que hubiese alguna forma de llevar con ella un fuego portátil, pero eso probablemente no podría ser, y de nuevo el cuento había arruinado la línea de tiempo. Probablemente tomaría otro mes antes de pudiera ir a buscar a Miroku y Sango, o a sus hijos, y encontró a la idea deprimente.
"Quizás no tome mucho tiempo," ella sugirió, aunque ella misma no creía que el viaje tomaría algo menos de un mes.
Aparentemente Myouga lo pensó también, mientras solamente se encogía de hombros. "Uno siempre puede esperar," él estuvo de acuerdo. "Pero estaré dentro de su ropa, si no le molesta."
"No seas pervertido," ella lo regañó, empujando varios desechos dentro de su mochila.
"¡Kagome-sama! ¡Me ofende que usted impugne mi honor tanto!" la pulga respondió. Kagome solo rió mientras levantaba la mirada para ver a Sesshoumaru parado en la entrada. La risa murió en su garganta.
El no se dio cuenta. "¿Se fueron?" él preguntó con arrogancia.
"Hace solo unos minutos," Kagome respondió, y Sesshoumaru asintió.
Kagome frunció. El youkai se veía extrañamente cansado. No había alguna indicación física, como círculos negros bajo sus ojos, pero la manera en que parecía cargarse a sí mismo esta mañana sugería que no había dormido mucho. Había una cierta inclinación en sus hombros que insinuaba cansancio, lo cual era preocupante. Ella no lo había visto de otra manera que no fuera aburrido desde aquella noche – parecen años atrás ahora – que habían hablado él uno con el otro alrededor del fuego en el bosque.
"¿Te sientes bien?" ella le preguntó, preocupación preponderante sobre la necesidad de empezar el viaje.
Si él hubiese sido un hombre de gestos, ella se imaginó que él hubiese agitado la mano, barriendo con ella la pregunta. "Estoy bien."
"Solo te ves un poco cansado," ella continuó. "¿Deberíamos esperar antes de irnos?"
Sesshoumaru estaba ligeramente sorprendido por su declaración. El no había sabido que ella se daría cuenta. "No deseo hablar de ello," él dijo cuidadosamente. "Y si ya has terminado de entretenerte aquí...?"
"Para tu información," ella resopló, "Solamente estoy tratando de asegurarme de que tenemos todo." Cielos, ella pensó. El es tan imposible a veces. ¿Por qué siquiera me molesto?
Sesshoumaru solo se encogió de hombros y salió.
"¿Qué le pasa?" Kagome le sisió a Myouga.
Myouga ejecutó un encogimiento de hombros similar. "A veces mi señor tiene problemas para dormir," él le dijo. "No es nada para preocuparse, y estará bien mañana. Aunque yo evitaría molestar su lado malo."
"¿Tiene otro lado?" Kagome se preguntó, recogiendo su mochila y caminando fuera. Ella casi se choca con la espalda de Sesshoumaru.
"Te oí," él le informó, antes de voltearse en dirección del Norte.
"Bueno, que bueno que lo hiciste," ella le lanzó, apurándose para formar fila junto a él.
Myouga solo suspiró y se enterró bajo el cuello de su haori mientras el pequeño grupo empezó su viajé a las montañas, y la luz del sol se asomaba por el borde del horizonte, bañándolos en oro.
