Cuentos de la Casa de la Luna

Por

Resmiranda

"Confía en los hombres y te serán leales; trátalos maravilloso y se mostrarán a sí mismos maravillosos." –Ralph Waldo Emerson

"Si crees que esto va a evitar que yo hable, no será lo que esperabas," Kagome dijo petulantemente.

Sesshoumaru gruñó. "Solo quiero que dejes tu gimoteo," él respondió. "Te quejabas una y otra vez de tu fatiga. Ahora te estoy cargando. ¿Talvez es demasiado esperar que alguna vez seas feliz?"

Kagome bufó. "Aprecio la idea," ella dijo, "pero esto es verdaderamente muy incómodo." Ella se retorció en su posición sobre su hombro, la pesada armadura que él usaba cortándola en el estómago.

Sesshoumaru dijo nada.

"Insoportablemente incómodo," ella intentó de nuevo. "Pero sabes, ahora que me llevas, puedo hablar todo lo que yo quiera y no quedarme sin aliento. ¿No sería eso lindo?"

Sesshoumaru continuo sin decir nada.

"Porque sé que te encanta oírme hablar," ella continuó, moviéndose ligeramente y tratando de apoyar su mentón sobre su mano para así aliviar el peso en su estómago. "Si no, me hubieses arrojado por ese acantilado hace mucho tiempo."

El líder youkai apretó sus dientes. "No pienses que no es una opción que no haya considerado minuciosamente," él espetó.

"¡Ajaja!" Kagome rió nerviosamente. "Pero si quisieras, ya lo hubieses hecho, ¿cierto?"

"Quizás sea mi último recurso," él respondió. "Para cuando alcances el final de mi paciencia."

Kagome pensó en eso. "Solo por curiosidad," ella especuló, "¿Qué tan cerca del final de tu paciencia estoy en este momento?"

"Tan cerca como estoy del borde de este acantilado," Sesshoumaru respondió.

Arriesgando un vistazo hacia su derecha, Kagome tanteó que estaban viajando muy cerca del borde del camino en verdad. Si ella no hubiese podido ver el suelo directamente bajo los pies de Sesshoumaru, ella hubiera jurado que caminaban sobre aire.

Kagome enmudeció. En el cuello de su haori, ella escuchó a Myouga soltar un suspiro de alivio. Después de unos minutos, ella lo escuchó empezar a roncar.

Habían sido cinco días de Sesshoumaru caminando rápida e incansablemente en dirección hacia el norte y forzando a Kagome a mantenerse en un intempestivo paso. Ella supuso que habían hecho un buen tiempo. Aún, cuando cada día surgía sin costuras hacia el siguiente en hora tras hora de exhausto tropiezo a través de los bosques, ella encontró que no le importaba mucho cuanto habían avanzado, solo cuanto más les faltaba por andar, y esa distancia siempre parecía ser la misma: muy lejos. Cada día ella despertaba adolorida y aún cansada, y cada noche ella caía como un globo de plomo dentro de su bolsa de dormir, a veces sin molestarse en comer, lo cual siempre era un mal paso. Cuando despertaba cada mañana, ella ni siquiera tenía la presencia de mente para quejarse, y ella comía paquetes enteros de tallarines secos y los pasaba con una botella de agua que ella usualmente obtenía por la nieve o por el delgado hielo que cubría los riachuelos por los que ellos cruzaban. El agua siempre sabía a cosas silvestres y a musgo, los tallarines eran siempre sin sabor y difíciles de masticar, y cada día ella ansiaba ciruelas más y más.

Myouga se estaba convirtiendo en un acompañante mediocre. Las pulgas no estaban hechas para el clima frío, así que él pasaba la mayoría de su tiempo durmiendo en su haori. Kagome siempre lo encontraba desconcertante cuando su ropa empezaba a roncar.

Y Sesshoumaru era tan insípido. Kagome estaba agradecida por su compañía, pero siempre parecía haber un hueco entre ellos. Con Inuyasha, sus emociones siempre hubieron flotado a la superficie, fácilmente accesible e identificable, y así era fácil sentirse cerca suyo y saber que estaba pensando. Pero con Sesshoumaru, a pesar de sus discusiones, ahí permanecía un abismo, amplio y aparentemente imposible de atravesar, y era frío, parado solo en el borde. Kagome estaba harta de eso.

Ellos habían entrado a las montañas esta mañana, y habían estado haciendo un terrible tiempo subiéndola, ya que Kagome se dio cuenta de que había desarrollado un ligero miedo a las alturas y la senda era estrecha y difícil de navegar.

Ni siquiera eran montañas particularmente bonitas para empezar. Eran áridas y frías y el sol se negaba a brillar con nada más que el mínimo esfuerzo. La aguada luz bañaban las aburridas rocas cafés que se elevaban a su alrededor, y Kagome encontraba irritante que la única cosa interesante fuera la espalda de Sesshoumaru, y ese escenario nunca cambiaba. Su cansada mente se había entretenido brevemente imaginando a Sesshoumaru en diferentes atuendos o con diferente color de cabello, pero ese entretenimiento rápidamente se desgastó. Hubo solamente varios momentos en los que ella pudo meterlo dentro de un uniforme de criada antes de que la visión imaginaria de él perdiese su paciencia y la cortara en cintas.

Con frío, cansada, con hambre – ella tenía frío, estaba cansada, y hambrienta tan seguido estos días – y casi terminalmente aburrida, Kagome decidió de que estaba permitida para algún bien-justificado lloriqueo. Así que ella se había quejado, y Sesshoumaru le había dicho que era o callarse y caminar con dignidad, o seguir hablando y ser cargada como una revoltosa niña.

"No creo que hagas eso," Kagome había dicho, tropezando con una roca.

"¿Se puede saber qué fue lo que te dio la impresión de que yo no sería leal a mi palabra?" Sesshoumaru había dicho suavemente mientras él parecía deslizarse sin esfuerzo sobre el terreno frente a ella. "¿Me estás llamando mentiroso?"

El le había estado dando cuerda a ella para que empezaran una pelea de nuevo, y ella lo había reconocido. Kagome estaba cansada de pelear, pero parecía que no podía detenerse a sí misma. "Si. Eres un gran, gran mentiroso. A ti no agradan los seres humanos, ¿recuerdas? Rin era la excepción. Tú no me tocarías voluntariamente."

"Si fuera tú," él había dicho, su voz baja y peligrosa, "No especularía sobre cosas de las que no se nada."

"Si, bueno," Kagome había hablado entre dientes, un sentimiento de culpa mordisqueando su conciencia. "Aún pienso que no harías eso."

Sesshoumaru había lanzado uno de sus acostumbrados suspiros mientras caminaba ligeramente sobre una formación de roca. "Una vez más, ¿por qué no? Y por favor abstente de toda suposición ofensiva esta vez."

"Porque si," ella respondió, jadeando un poco mientras trepaba tras él, "eso haría las cosas más fáciles para mi, y tu nunca, jamás harías algo para hacer mi vida más fácil."

Sesshoumaru no confirmó ni negó esta acusación, solamente continuó escogiendo su camino por la senda de la montaña.

"De hecho," ella había dicho, porque no se pudo resistir, "pienso que siempre te sales con la tuya para ser una molestia. Eres argumentativo, arrogante, gruñón –"

"¿Gruñón?" él había cuestionado sin darse la vuelta. El sonaba entretenido.

"No me interrumpas," Kagome espetó. "Si, gruñón, y siempre estas presumiendo por ahí como si todo fuera tan fácil para ti y yo tengo que hacer todo el trabajo, y hace frío y estoy cansada, y solo quiero terminar con esto, y esa tonta hime pudo haber por lo menos preguntado el nombre del joven y ahora yo tengo que andar buscando perros demonios en las montañas cuando ya he tenido suficiente de estúpidos perros demonios por varias vidas y no es solo –"

Había habido un torbellino de actividad, y entonces Kagome se encontró a sí misma con un hombro en su estómago, mirando al piso que se movía bajo los pies de Sesshoumaru, y ahora con la sumada amenaza de ser lanzada por un acantilado.

Kagome no la estaba pasando bien.

Sobre su corazón, espesa, fría fatiga se vertió, formando un charco sobre su centro, endureciéndose donde cayera, pero incluso la insensibilidad del agotamiento no pudo bloquear la resonante soledad.

Bajo sus manos, la fría armadura quemaba y arañaba solo un poco, y bajo ésta, en algún lugar, estaba el hombre. Bajo duras capas estaba el hermano del muchacho que ella había amado, él primer salvador de ella y sus amigos, y un ciento de cosas más que ella solo había vislumbrado fugazmente, entre un respiro y el siguiente. El era su compañero, pero él era resbaladizo y etéreo, como una ilusión óptica que ella podía ver solamente por la esquina de su ojo, difícil de aferrarse a ella, pero imposible de ignorar.

Y ese era el corazón del problema. Ella no podía excluirlo del universo, no podía hacerlo a él no importante. El era irritante, poco amable, y frío, pero aparte de Myouga, él era todo lo que ella tenía; ella parloteaba para llenar el vacío entre ellos, el abismo que ella no podía atravesar. Quizás, ella pensó, si lo llenaba con sus palabras, ella sería capaz de cruzarlo, pero en vez de llenarlo, sus pequeñitos pensamientos se destartalaban uno sobre otro, vacíos y sin sentido, dentro de la grieta sin fondo.

Los silencios de él la hacían más solitaria de lo que ella podría sentirse simplemente estando a solas.

Varios minutos pasaron en los cuales Kagome eligió estar inusualmente callada, sin embargo ella se entretuvo a sí misma observando el hermoso cabello plateado de Sesshoumaru dar vueltas y tambalearse con el ritmo de sus agigantados pasos y el ligero viento. En su mente, ella intentó determinar que tan probable era que Sesshoumaru cumpliera con su palabra de lanzarla por el borde del acantilado. El dijo que él cumplía su palabra y no es un mentiroso, pero también dijo que no me mataría. Veredicto: probablemente seguro.

Kagome atravesó su propia línea de razonamiento varias veces antes de decidir que era, en verdad, saludable.

"Sesshoumaru -" ella empezó.

"Al menos que vayas a decir, 'por favor lánzame por el precipicio,' te aconsejaría que guardes tu recomendación," Sesshoumaru la interrumpió.

"¡Escúchame!" Kagome dijo rápidamente. "¡Dame un minuto, y luego si no te convencí de que me dejes hablar cerraré la boca para bien!"

Sesshoumaru olfateó. Aunque ella no podía ver su rostro, ella estaba segura de que él había puesto la más aburrida expresión, lo cual, ella lentamente había aprendido, significaba que él estaba intensamente interesado en lo que sea que estuviese pasando a su alrededor.

"Tienes cincuenta pasos. Por favor intenta ser interesante," él dijo.

Kagome tomo un profundo respiro, de repente temerosa. Las palabras se atoraron en su garganta.

Después de un corto silencio, Sesshoumaru aclaró su garganta. "Estas perdiendo tiempo, miko."

En su mente, Kagome alineaba las palabras, para así sacarlas. "Sesshoumaru," ella dijo. "¿Por qué siempre estamos discutiendo?"

Hubo una pausa en la que Sesshoumaru presumiblemente buscó una respuesta cínica. "Porque siempre eres una molestia?" él respondió.

Kagome apretó sus dientes, intensamente consiente de que él solo estaba apretando sus botones. "No," ella dijo. "¿Por qué siempre estamos peleando? ¿Por qué no podemos tener una conversación normal alguna vez?"

Bajo ella, sintió que el cuerpo de él bajo la velocidad un poco, como si encontrara que caminar y pensar al mismo tiempo fuese una difícil tarea. "¿Qué?" él preguntó, como si no hubiese comprendido sus palabras.

Suspirando, ella se movió ligeramente en su hombro. "Quiero decir, yo..." ella se detuvo, dándose cuenta, por primera vez, solo que tan difícil podría ser. Ella quería conocerlo, pero no tenía idea de cómo llegar a él, cómo escalar dentro de su mente y envolverlo alrededor suyo de la forma que hacía con todos los demás. Había algo ahí, manteniéndola fuera, y ella estaba frustrada.

"Viajamos juntos, pero no te conozco," ella dijo finalmente. Era una declaración franca, torpe y primitiva, y ella hizo una mueca por la indelicadeza de sus palabras. "Lo que quiero decir es que... Supongo, viajar con un acompañante, un poco de corta conversación es agradable de vez en cuando, sin todo el agudo intercambio. Talvez jugar algunos juegos de palabras o algo."

"¿Juegos de palabras?"

"O algo. O podemos llegar a conocernos. ¿Cierto?"

Silencio.

"O... algo..."

Sesshoumaru no dijo nada, y Kagome miró el pedregoso camino pasar; con cada paso, ella estaba más y más convencida de que él iba a levantarla de su hombro y la lanzaría hacia el barranco. Talvez me sirva, ella pensó con tristeza.

Kagome abrió su boca, de repente a punto de llorar. "Solo háblame," ella dijo suavemente. "Por favor."

Sesshoumaru dejo de caminar, y se mantuvo en silencio por un largo momento. "Encuentro al diálogo... difícil," él dijo.

"¡Puedo hacer la mayoría de la conversación!" Kagome le dijo rápidamente, animándose.

Lo escuchó resoplar. "De eso, estoy muy conciente."

Bufando, ella se retorció. "Sabes a lo que me refiero," ella dijo.

"¿Lo sé?"

Kagome quería golpearlo, pero se abstuvo, aunque ella se preguntaba si él alguna vez hubo alcanzado un punto con alguien en el cual cada lado se sintiera cómodo con juguetones golpecitos en el hombro. Ella sospechaba que no, y si lo intentaba, ella se retiraría tras un tocón. Kagome pensó brevemente, tratando de buscar una solución. De repente, la encontró.

"Oye, ¿por qué no solo te pregunto algo y tú respondes?" ella preguntó. "De esa forma todo lo que tienes que hacer es decirme acerca de ti. ¡No tienes que hacer nada por tu propia cuenta!"

Sesshoumaru vaciló.

"¿Por favor?" ella intentó persuadirlo.

"Ah, esta bien," él dijo, empezando a caminar de nuevo. "Si te va a hacer feliz, lo haré." Su tono de voz claramente decía que él no podía creer que se estuviese sometiendo a sus caprichos, pero Kagome decidió que tomaría lo que ella pudiese.

Ella aplaudió y rió. "¡Genial! Aunque, primero lo primero."

Sesshoumaru sonaba precavido. "¿Qué?"

"Gracias."

El demonio se detuvo de nuevo. "¿Disculpa que has dicho?" él preguntó, sorprendido.

"Gracias," Kagome repitió. "Por llevarme por esta peligrosa montaña. Es mucho más seguro que caminar yo sola."

"Ah." Por alguna razón, Kagome fue sorprendida con la idea de que Sesshoumaru no estaba acostumbrado a que le agradezcan, y ella hizo una anotación mental de hacerlo más seguido. "De nada," él dijo mientras se movía hacia delante otra vez.

"¡Bien!" Kagome dijo. "Es algo incómodo aquí arriba. ¿Puedo solo montar sobre tu espalda?"

"No soy un animal de carga."

"Lo sé," ella le aseguró rápidamente. "Puede ser un poco más fácil para ambos. Ha habido muchas personas que me han llevado a lugares, y en la espalda es definitivamente la mejor forma para ir."

"¿Lo es ahora?" El sonaba entretenido.

"Sip," ella respondió. "Sobre el hombro me hace sentir como un saco de arroz, y si me llevaras en tus brazos, solo te cansarías después de un rato."

"¿En mis brazos?"

Una breve visión de Sesshoumaru cargándola, estilo nupcial, centelleó por su mente, y Kagome se ruborizó. "¡No que tú te rebajarías a hacer eso!" ella dijo rápidamente. "¡Solo digo que no es la mejor opción! ¡Lo cuál es bueno, ya que nunca lo harías! ¡Lo cual es bueno!"

Sesshoumaru enmudeció.

Su rostro quemaba. Bueno, con este pequeño experimento me salió el tiro por la culata en tiempo record, ella pensó con abatimiento.

El permaneció en silencio por un rato. Ella se preguntaba si era un sádico de closet y le gustaba verla sufrir. "¿Estás segura que deseas que te permita hablar?" él pregunto finalmente.

"Si," ella respondió. "Si pongo mi pie en mi boca, que así sea."

"Debes disfrutar del sabor de tus dedos, entonces," él dijo.

Antes de que ella pudiera replicar, Sesshoumaru se detuvo. Hubo una cálida mano en su espalda, y entonces él estaba colocándola frente a él gentilmente sobre el estrecho camino. Alcanzado detrás de su cuello, él haló e gran peso de su cabello sobre su hombro mientras él se volteaba y se arrodillaba en el suelo, exponiendo la parte trasera de su armadura hacia ella mientras tendía sus elegantes, manos con garras.

"Muy bien," él dijo. "Sube."

Torpemente, Kagome caminó hacia delante y colocó sus manos sobre sus hombros mientras ella cubría sus caderas desde atrás. Aunque ella había asumido esta posición con Inuyasha miles de veces, siempre había parecido natural con él; con Sesshoumaru, cuya presencia entera gritaba No Tocar, era extraño. Vulgar, inclusive.

El había dicho lo correcto, él no era un animal de carga. Kagome se sintió mal por aparentemente reducirlo a esto.

"Lo siento," ella dijo entre dientes mientras sus codos se conectaban con sus rodillas y él se levantó sin esfuerzo.

"No te preocupes," él respondió. "No hay nadie aquí que pueda ver esto."

Asintiendo, ella se inclinó hacia delante y torpemente descansó su mentón sobre su hombro mientras él se volteaba nuevamente, rápidamente esta vez. Kagome intentó recordar la primera vez que Inuyasha la había llevado de esta forma y no pudo. Ella se preguntó si había sido tan incómodo como ahora.

Probablemente no, ella decidió, sintiendo una triste sonrisa halar de su boca. Estábamos probablemente muy ocupados gritándonos el uno al otro para que nos importe. Talvez cometí un error...

Ella estuvo en silencio por un momento, observando las largas, sedosas hebras de su cabello volar con el viento. Ellas danzaban sobre su hombro y luego al frente de nuevo, como si estuviesen luchando para regresar a su lugar exacto pero nunca lográndolo. Finalmente ella dijo algo.

"Puedes poner tu cabello en su lugar si quieres," ella le dijo.

"Pero entonces terminarías cubierta por el, Kagome-sama," él dijo, burlándose ligeramente.

"No importa, me gusta tu cabello," ella dijo.

Sesshoumaru no parecía saber que responder a eso. "Muy bien," dijo con rigidez. Retirando un brazo de debajo de su pierna – una acción que le hizo estrujarlo vergonzantemente más fuerte con sus muslos – él lanzó el pesado montón de cabellos tras de sí. Cayó alrededor de ella, suave y grueso, sin embargo no se atrevió a tocarlo con sus manos, aunque ella lo quisiera. El deseo pareció demasiado atrevido, el impulso demasiado familiar, e incluso si ella estaba cerca de él en este momento, él nunca había parecido estar aún más lejos que ahora.

Las pesadas, brillantes hebras rozaron la piel desnuda de su cuello rápidamente, y Kagome tiritó. Hora de una distracción, ella pensó con tristeza.

El incómodo silencio creció mientras ella buscaba algo para decir para difundir la repentinamente bizarra situación. Mirando fijamente el hombro de él, ella finalmente encontró algo.

"Oye," ella dijo, "¿Se puede saber qué fue lo que pasó con esa enorme cosa esponjosa que solías llevar todo el tiempo?"

Hubo una leve pausa. "Esa 'enorme cosa esponjosa'," Sesshoumaru respondió, su tono ligeramente molesto, "era la reliquia de piel de mi padre. Y la extravié."

Kagome frunció. "¿La extraviaste? ¿La pusiste en algún lugar y olvidaste donde? Porque encuentro eso difícil de creer. Era terriblemente grande."

Sesshoumaru no respondió enseguida, y Kagome tomó esto como una invitación a continuar. "Realmente grande. Estoy impresionada de que la hayas llevado contigo tanto tiempo sin que te tragara. ¿La piel no es pesada? ¿No te retrasaba para nada?"

Bajo sus manos, ella sintió los músculos de sus hombros encogerse. "No realmente," él dijo. "Llevarla era un honor – solo al heredero de la Casa se le estaba permitido tocarla."

"¿Y tú la perdiste?"

"Ciertas circunstancias requerían que la dejase atrás," él dijo, pareciendo escoger sus palabras con cuidado.

Un recuerdo le hizo cosquillas a su mente. La primera vez que lo había visto sin la reliquia fue a la luz del fuego, solo hace unos meses para ella, diez años para él. Debió haberla perdido en algún punto entre cuando fue depuesto y cuando la encontró.

"¿Se incendió?" ella preguntó.

Hubo un sonido bajo, y después de unos segundos, Kagome lo identificó como una de sus risas sin sentido del humor. "No," él le dijo. "Se volvió demasiado pesada."

Se volvió demasiado…? El océano. Que bonito, Kagome. Eso estuvo realmente bien. "¿Creció demasiado?" ella preguntó, tratando de hacer de eso una broma.

"No."

Ellos continuaron. El sol permaneció inmóvil y cayó en el cielo. El viento sopló. El suelo pasó bajo ellos.

Finalmente Kagome no pudo soportarlo más.

"Bien, ¿sabes que?" se le escapó.

"No, aunque algo me dice que estoy apunto de averiguarlo," Sesshoumaru respondió, mirando fijamente hacia delante.

"Vuelve a llevarme sobre tu hombro y pelea conmigo," ella dijo como si él no hubiese hablado. "Esto es demasiado extraño. No creo que pueda manejarlo."

"¿Pensé que era incómodo en mi hombro?"

"¡Lo es, pero es aún más incómodo en tu espalda!"

"Hm," él resopló "¿Debería estar ofendido?"

Frustrada, ella sintió sus manos intentar apretarse en puños, pero ella solo logró apretarlo a él, como si estuviese tratando, con solo tocarlo, de transmitirle solo cuan incómoda era la situación. "No, solo hazlo," ella gruñó. "No me gusta esto para nada. Fue una terrible idea. De hecho, probablemente fue la peor idea que jamás haya tenido, y te doy permiso de burlarte de mi sin piedad mientras me bajes ahora."

Sesshoumaru soltó un gran suspiro, y sin ceremonia se detuvo y la dejó caer. Kagome golpeó el piso con un discordante porrazo, y en el cuello de su haori, ella escuchó a Myouga moverse, claramente sacudido fuera de su siesta.

"¡Au!" ella gritó. "¡Eso dolió!" Colocando una mano sobre su dolorido trasero, Kagome lo miró con furia, y luego pestañeó sorprendida.

Ceja levemente arrugada y ojos estrechos en doradas líneas, el líder demonio se veía más molesto de lo que ella jamás lo había visto.

"Por favor toma ya una maldita decisión," él espetó. El inclinó su cabeza a un lado y pareció considerar algo. "Insufrible mujer," él añadió.

"No soy insufrible," Kagome lanzó de vuelta. "Solo estoy fuera de mis casillas."

"Entonces sea lo que sea, entra a ellas de nuevo," él gruñó, y con la velocidad de un trueno, la lanzó sobre su hombro, giró sobre sí, y saltó hacia delante.

"¡Iip!" Kagome chilló cuando su estómago se sacudió. Ay, por favor, que no me maree, ella pensó desesperadamente. Eso es todo lo que necesito: otra razón para que él me odie.

"Silencio," dijo Sesshoumaru. "Eres peor que esa detestable hime."

"¡Ah!" Kagome exclamó, su voz algo perdida en el viento. "¡No estoy tan mal! Puedo hablar mucho, pero no soy tan descerebrada."

"Al menos ella sabía cuando detenerse antes de conseguir ser asesinada," Sesshoumaru replicó. "No puedo decir lo mismo de ti."

"¿De que diablos hablas?" Kagome exigió. "¡Tú no le dijiste más de tres palabras a ella!"

Finalmente la comprensión le llegó.

"Espera un minuto..." ella dijo. "¿Por qué estabas tan cansado el día en que se fueron? ¿Le hiciste algo?"

"¡No!"

Pero Kagome tenía un papel, retorcerse sobre su hombro para poder reprenderlo más efectivamente. "¡Solo era una niña, depravado! Bien, lo di por sentado, ella obviamente tenía algo de experiencia, ¡pero QUE ASCO!"

"¡No la toqué!" él líder demonio replicó. "Ella me atacó."

"¿Hablas en serio?"

"Desafortunadamente así es."

"¡Esa pequeña libertina!"

"Estoy de acuerdo."

"¡Bien!"

Hubo silencio.

"Yo creo que esta es la primera vez que los he visto a ustedes dos estar de acuerdo en algo," Myouga dijo, sacando su cabeza debajo del collar de Kagome, recordándole de su presencia y su profunda culpa de privarlo de su sueño.

"Perdón por despertarte de tu siesta," Kagome respondió, sintiéndose avergonzada.

Myouga se encogió de hombros. "Estoy seguro que seré capaz de recuperarlo si ustedes están en silencio por solo unos minutos."

Kagome se sonrojó sintiéndose culpable. "Seguro, no hay problema."

"¡Gracias, Kagome-sama!" Myouga dijo alegremente antes de voltearse a su señor. "Y usted, Sesshoumaru-sama, por favor no diga algo que la moleste antes de yo poder dormir. Es una falta de respeto a sus mayores."

"Hmph," Sesshoumaru respondió mientras Myouga gateaba bajo el collar de Kagome de nuevo. Por varios minutos, Kagome se mordió el labio para no decir nada hasta que ella escuchó el placentero sonido de los ronquidos emanando de su ropa otra vez.

Estimando que Myouga dormía cómodamente, Kagome saltó a la oportunidad de hablar. Por alguna razón, ella se estaba sintiendo algo engreída. "Oye, eso es muy bonito," ella dijo. Ella se retorció contra él de nuevo. "Oye, Sesshoumaru, ¿qué tal se siente?"

Los últimos minutos habían sido extraños para Sesshoumaru. El no estaba acostumbrado a los silencios cómodos, pero se había sentido extrañamente contento con estar en silencio mientras sabía que Kagome también estaba cómoda. Era irónicamente desconcertante para él el compartir tal calma de compañía, y no estaba seguro si le gustaba. La mayor parte de su vida fue gastada manteniendo a otra gente fuera de balance y consolidando su dominio de hierro en delantera; inclusive si estaba en desventaja, él sabía donde estaba parado. Esta paz amistosa era extraña, como si él estuviese tratando de encajar en un espacio de una diferente forma a la de su normal postura. No era incómodo, per se, pero difícil de adaptarse a él.

Por su parte, él estaba muy confundido y frustrado, y completamente inseguro de cómo proseguir. "¿Como se siente qué?" él exigió.

"¡Estar de acuerdo conmigo! ¿No se siente bien? ¿Más que siempre estar discutiendo conmigo?"

Sesshoumaru frunció sus labios contra el viento. "Supongo que hay algo de valor en eso," él reconoció. "Sin embargo, no es tan placentero como para hacer de ello un hábito."

"¡Oye!"

"También," él añadió, "por favor deja de moverte, al menos que desees retomar nuestra previa conversación con respecto a barrancos y tu precaria posición con respecto a ellos."

"Eres tan imposible," Kagome resopló, forzando a sus miembros a inmovilizarse, pero ella sintió una sonrisa en el rostro.

Ella observó el suelo pasar bajo los pies de él por un rato, y se maravilló de cuan fácil la simple tarea de moverse parecía para él. Moverse era usualmente algo que requería muy poco esfuerzo, pero parecía haber ningún esfuerzo involucrado en absoluto. Inuyasha aterrizaría no muy gentilmente en el suelo antes de brincar de nuevo, pero Sesshoumaru apenas rozaba la tierra con sus pies antes de despejar suavemente otra vez. No hay duda de porque él siempre parece ser impecable, Kagome pensó ociosamente. El no necesita tocar nada para ir a algún lugar.

El sol caía más rápido en el cielo ahora, la pálida luz tornando a las apagadas rocas a un dorado claro y sería de tarde pronto, y después de eso sería de noche. Kagome ni siquiera quería pensar sobre cuan frío iba ha estar en la montaña una vez que el sol se pusiera; ella había visto las manchas de hielo que se agrupaban en las sombras, y si ella tuviese que escoger una forma de morir, morir congelada no estaba al principio de la lista.

Frunciendo sus labios en consternación, ella se preguntaba si ellos armarían un campamento, o si Sesshoumaru continuaría por la noche hasta que tropezaran con una tribu, si es que una tribu existía en esta montaña. Kagome fue la primera en admitir que no tenía idea de donde estaban, y no estaba segura si reconocería a otro inu-youkai si lo encontraba. Sesshoumaru era el único inu-youkai verdadero que ella conocía, así que ella no estaba segura de si había o no había algo que buscar, o si ellos eran indistinguibles de algún otro youkai a la vista.

Claro, todo eso era un punto de discusión si nunca encontraban uno. Parecía ser que cuando ella quería evitar a los youkai, ellos venían por montones, usualmente buscando su sangre, pero cuando ella los buscaba todos ellos habían decido tomar unas vacaciones colectivas en Fiji y que le habían negado la invitación. La situación hubiese sido graciosa sino fuera tan irritante.

"¿Sesshoumaru?"

Bajo ella, él tropezó ligeramente antes de enderezarse de nuevo.

Removido fuera de la placentera calma de sus zancadas, el líder demonio se recogió a si mismo y se sacudió. "¿Qué?"

"¿Cómo son los perros montañeros?" ella preguntó. "No estoy segura de si alguna vez escuche de uno."

"Como cualquier otro perro," él respondió, recuperando su velocidad. "Y viven en las montañas."

"¿Son amigables?"

"Supongo. Aunque no estoy seguro de por qué uno bajaría de la montaña exclusivamente para copular con una fémina humana. Ellos muy rara vez se alejan de sus guaridas."

Kagome frunció. Algo no parecía estar bien. "Entonces ¿por qué?"

Sesshoumaru esnifó. "No tengo idea. Deberías preguntarle cuando lo encontremos."

Suspirando, Kagome se desplomó un poco en su hombro. "No creo que aprecie que le pregunte eso," ella le dijo.

"Es más probable que no," él dijo.

Un pensamiento suelto la encontró. "¿Qué si no era un perro youkai? ¿Qué si era otra cosa? No confiaría a Machiko ni deletrear su propio nombre, mucho menos reconocer la especie bien."

"Entonces es probable que no lo encontremos a tiempo, y la hime morirá," Sesshoumaru respondió.

Kagome tomó una rápida bocanada de aire en horror. "Eso es terrible," ella exclamó. "¡No digas cosas así!"

"¿Por qué no?" él preguntó, confundido. "Es verdad, ¿o no?"

"¡Si, pero tu no lo digas!"

Sesshoumaru viró los ojos. "Esta bien."

"¿Qué otra clase de youkai hay en las montañas?" Kagome preguntó, pensando en voz alta. "Talvez si empezamos por aquí podamos encontrar al chico correcto."

Bajo ella, lo sintió encogerse de hombros.

Kagome cavó por las polvorientas esquinas de su mente, tratando de pensar en animales que viven en las montañas. "Youkai Aves," ella dijo. ¿Qué más? "Murciélagos youkai, osos youkai. Venados youkai. Perros youkai, gatos youkai—"

Sesshoumaru olfateó el aire. "Lobos," él suplió.

Sobre su hombro, él sintió a Kagome inmovilizarse. "¿Por qué dices eso?" ella preguntó, su voz apretada.

"Porque hay tres de ellos siguiéndonos," él respondió.

La mente de Kagome se apagó.

Sesshoumaru evaluó la situación. Tres lobos youkai, viniendo hacia él a gran velocidad, sin embargo no olían hostiles. De hecho, uno de ellos olía vagamente familiar. Sesshoumaru se preguntó de donde había atrapado ese olor antes.

Plantando un pie firmemente sobre una roca, Sesshoumaru se impulsó y elevó por el aire, buscando un lugar donde aterrizar donde cinco personas no estuviesen apretadas, y lo encontró solo unos cuantos brincos lejos, así él gentilmente golpeó el suelo e hizo camino por el rocoso terreno.

"Urk," dijo su pasajera.

"Intenta no enfermarte," él le dijo. "Da una mala impresión."

Ella no respondió mientras él aterrizaba suavemente, y dentro de segundos había tres lobos youkai parados frente a él, dándole pícaras sonrisas.

"¡Sesshoumaru-sama!" dijo el de la mitad. "¡A pasado mucho tiempo!"

"En verdad," Sesshoumaru respondió. Bajo su brazo, la miko se había inmovilizado aún más. El podía oler su sangre, subir a la superficie de su piel. Rápidamente él la colocó en el suelo, pero ella no se volteó para saludar a los lobos.

Sesshoumaru evaluó la situación, reconociendo al lobo frente a él como un aliado por olor, pero no por vista. Claro, el olor no le interesaba tanto como la vista. El dejo caer su mirada en el pecho del joven youkai.

"Si hubiéramos sabido que venían, hubiéramos mandado a un enviado," dijo el líder. "¿Qué los trae por aquí sin aviso y trayendo tan agradable regalo?"

Sesshoumaru sintió una espina de irritación. "Ella no es un regalo," él le informó al lobo. "Ella es mi acompañante en este viaje." El levantó sus ojos de su cicatriz que corría desde su hombro derecho, bajo el peto, y aterrizando en su cadera derecha. "Y lo que nos trae hasta aquí eres tú, aparentemente."

El lobo lanzó una risa nerviosa. "¿Por qué dices eso?" él dijo, su voz quebrándose un poco.

Sesshoumaru simplemente sonrió malignamente. A su lado, la miko se volteó.

Su corazón estaba palpitando tan fuerte contra su pecho que pensó que explotaría, y había agua helada en sus venas, derramándose sobre ella, congelándola hasta los huesos, bañándola en frío. Kagome flexionó sus dedos, sintiéndolos temblar, de repente débiles e inútiles en sus costados.

Solo un momento en tiempo, y ella estuvo parada ahí por una eternidad, escuchándolo hablar. Su voz era tan familiar y tan ajena al mismo tiempo, pero ella conocía a este youkai. El mundo se había estrechado en un límite, y una vez que lo atravesara ella sabía que iba o a desmayarse o a llorar, pero ella no podía quedarse en este lugar para siempre.

Lentamente, moviéndose como en un sueño, ella giró sobre su mismo lugar, y ahí estaba él. Largo cabello oscuro, atado hacia atrás en una cola, una sonrisa picaresca en su rostro, fuertes manos en fuertes caderas, tal y como ella lo recordaba.

Lamiendo sus labios secos, ella se forzó a si misma a hablar.

"¿Kouga...kun?"

Pero no. El la miró, y sus ojos eran verdes, no azules, su rostro era un poco más alargado, sus ojos ligeramente más amplios, y a la luz del sol su cabello era castaño oscuro, no negro. El le0 fruncía, y no había reconocimiento en él. "¿Quién eres?" él dijo.

Kagome casi se desmayó de alivio.

"¿Y cómo conoces a mi padre?"