Cuentos de la Casa de La Luna

Por

Resmiranda

Capítulo Diecisiete

"Mañana en la noche es nada más que una larga lucha en vela contra omisiones y remordimientos del ayer." –William Faulkner

...o...

La piel bajo sus ojos estaba seca, pálida y magullada, y el color de ella era preocupante – casi pastoso. El podía ver sus venas ramificándose en azules afluentes por su garganta; justo debajo de la superficie, su sangre pasaba rítmicamente, pero no era tan fuerte como a él le hubiese gustado. Contra las pieles en las que ella había apoyado su cabeza su largo cabello negro se escapaba de sus ataduras, lacio y suave como plumas y esparcido ligeramente a su alrededor. Ella aún estaba durmiendo.

Sesshoumaru se sentía bastante molesto consigo mismo mientras se agachaba al lado de su peluda cama e intentaba decidir la mejor manera de despertarla, ya que cada momento en que se la pasaba mirándola lo hacía sentir mucho más culpable por ser forzado a devolverla hacia el mundo de los vivientes de nuevo.

Silenciosamente, él maldecía a Akiyama y a su ambulante... ojo. Si ese despreciable lobo no hubiese decidido pasear por lugares desconocidos, Sesshoumaru aún estuviese durmiendo y no estuviese en este irritante apuro. De hecho, si éste se hubiese guardado su... las manos para sininguno de los dos estuvieran aquí. La boca de Sesshoumaru se torció de irritación. En la parte trasera de su cabeza una vocecita le señalaba que él ni siquiera tenía que estar aquí de todas formas, y que había sido su propia lujuria por vagabundear – sin mencionar su maldito e inconveniente sentido del honor – lo que lo había puesto en esta posición en primer lugar. Sesshoumaru ignoró esto, por miedo a arruinar su vil humor.

El frunció el ceño. Ella casi siempre había despertado por cuenta propia antes, así que nunca había habido la necesidad de que él se intrometiera en sus hábitos de sueño. Incluso si ella dormía un poco más del tiempo en el que él hubiese querido continuar el camino, una marcada aclaración de garganta siempre se había hecho cargo de eso. Era realmente una pena que su método salvavidas haya fallado.

Sesshoumaru la observaba fijamente mientras los dedos de sus pies empezaban a entumecerse por falta de circulación e intentó dar una solución a este problema. El había pensado en golpearla levemente con su pie como lo había hecho la primera mañana que pasaron juntos, pero él recordó que ella no había estado terriblemente feliz por aquello. Siguiendo laboriosamente el punto de contemplación a su lógica conclusión, él también había decidido que ella estaría algo descontenta con un brusco golpe en el costado, o un pellizco en el brazo. Después de todo, a él le gustaban sus propios dedos; eran terriblemente útiles, y si fueran derretidos por una purificación realmente sería un inconveniente hasta que le crecieran otros nuevos. De hecho, ahora que lo pensaba, él no estaba completamente seguro que a él le pudiesen crecer dedos nuevos si estos fuesen purificados, lo cual era una razón para ser cauteloso. No por primera vez en su vida, Sesshoumaru deseó no haber delegado muchas de las más desagradables tareas, tales como despertar a los sirvientes, a Jaken. Si tan solo él estuviese aquí, Sesshoumaru pensó, casi melancólicamente.

Hubo algo al borde de su oído, como si, inquietara su conciencia. Gradualmente Sesshoumaru se dio cuenta del sonido de muy pequeños ronquidos emanando debajo de la sabana. Con cautela, él deslizó un dedo bajo el borde de las pieles, y descubrió a Myouga.

"Gmplntz," dijo Myouga.

"Despierta," Sesshoumaru exigió. "Necesito que absorbas algo de sangre."

Aturdidamente Myouga restregó sus pequeñas manos por su cara. "Mi señor," él lloriqueó "No puedo despertar a esta hora de la mañana y en este frío en mi tiempo de vida. ¿No tiene respeto por sus mayores?"

Sesshoumaru se preguntaba si esta era una pregunta capciosa. "No," él dijo después de un momento, operando sobre la suposición de que cualquier respuesta que él diera era la correcta.

Myouga hizo un sonido desesperado.

Sesshouamaru esperó. Cuando no parecieron venir más comentarios, él levantó a la pulga hacia su rostro para una inspección más cercana, solo para encontrar que Myouga se había dormido de nuevo.

"¡Deja de dormir!" él ladró. "Necesito que despiertes a Kagome."

"Despiértele usted mismo," la pulga dijo entre dientes, casi inaudiblemente.

"¿Cómo?"

"De la misma forma en que despierta a todos los demás," Myouga dijo bruscamente.

"¿Golpeando?" él dijo en forma dudosa. Este no sonaba como el mejor de los consejos.

"Olvídelo. Solo sacuda su hombro. ¡Ahora déjeme dormir! Está frío allá afuera."

Sofocando un gruñido, Sesshoumaru lo lanzó de vuelta bajo la sábana. Su acompañante aún estaba muerta para el mundo.

Si tan solo no se viese tan cansada, y si tan solo él no se sintiera responsable de aquello. El la había presionado mucho los últimos días. Rápidamente, él deseó tener a Aun, aunque el dragón no sería terriblemente útil en el frío de todas formas. No había nada que hacer, él supuso. Colocó una mano sobre su hombro y lo sacudió tan cuidadosamente como pudo, sin embargo aún más fuerte como se atrevía.

Ella no pareció soportar esto.

"Mrr," ella dijo, ejecutando una complicada maniobra que resultó en todo su cuerpo – salvo su rostro desde la nariz hacia arriba – convirtiéndose en un completamente irreconocible bulto bajo el montón de pieles. "Durmiendo," ella murmuró, la palabra se apagó bajo capas de apestosas pieles.

Sesshoumaru sabía que él no había sido el más virtuoso de los demonios – realmente tampoco estaba dentro de la descripción del trabajo, después de todo – pero él estaba casi convencido que no había hecho algo para merecer esto. El consideró sacudir su hombro otra vez, pero no había como saber donde estaba bajo todas esas pieles, y por otro lado, él no quería agarrar accidentalmente algo peligroso.

El frunció y suspiró. "Kagome," él dijo, gentilmente tocando la parte posterior de sus dedos contra su mejilla. Ella se sentía más frágil de lo que parecía, piel de pergamino sobre huesos de porcelana, y él echó para atrás sus dedos, casi con miedo de romperla, casi con miedo de continuar.

Ella removía tristes recuerdos.

Apretando los dientes él decidió que había tenido suficiente de esto y molestamente aplastó su culpa y sus reservaciones. Sin detenerse a pensar para no dudar, él deslizó una mano bajo el entero montón de pieles y los quitó rápidamente.

"Aaaaiiiiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnngggg!" Kagome chilló, levantándose bruscamente y poniendo la más lastimosa cara que él había visto en mucho tiempo. Ella abrazó sus propios hombros, dedos clavándose en la gruesa tela de su haori, ojos aún fuertemente cerrados. "¡Santo Dios, hace frío!"

Esto no estaba ayudando a mitigar su culpa. "Despierta," él dijo bruscamente, poniéndose de pie y caminó airado unos cuantos metros hacia la entrada de la cueva. Después de un momento él regresó a ver sobre su hombro.

Ella estaba ciegamente buscando las pieles cerca de sus pies. "¡Hay mejores formas de despertarme!" ella lloriqueó. "Eso fue muy cruel."

"Lo intenté," él le informó. "No fuiste receptiva."

Kagome quería llorar. Ella tenía frío y era temprano y estaba hambrienta y él era un idiota y el universo solo no estaba andando como ella quería, y no lo había hecho por las últimas cuatro semanas y todo lo que ella quería era una comida caliente, y un baño caliente, y un masaje para pies. De un chico caliente. Sin camiseta. Y bonito cabello. Desafortunadamente nada de eso parecía venir. Incluso el más accesible de sus tres necesidades estaba fuera de su alcance; ella dudó que Sesshoumaru alguna vez hubiese dado un masaje de pies en su vida, y ella dudó severamente de que él rompería esa moda solo por ella.

Su cabello no es tan increíble de todos modos, ella se mintió gruñonamente a sí misma. En voz alta ella dijo, "¿Qué fue lo que hice para merecer esto? ¿En serio?" Cuando se hizo aparente que nadie le respondería, ella restregó el sueño de sus ojos y borrosamente buscó a su alrededor para encontrar que sus sábanas estaban varios metros lejos de ella y Sesshoumaru con su espalda hacia ella, brazos cruzados y pies firmemente plantados sobre el suelo, pareciendo decididamente gruñón por cuenta propia. Kagome intentó reparar su tono.

"No para, tú sabes, molestarte, pero ¿por qué debo estar despierta tan temprano?" ella preguntó. "Pensé que solo nos quedaríamos aquí por unos días hasta que Akiyama regrese." Ella se movió sobre sus rodillas y alcanzó una piel para envolverla a su alrededor.

Detrás de ella él demonio bufó. "Parece ser que él no regresará," él anunció. "Cúlpalo a él."

El filo de su voz rozó a través de su aún confundido cerebro. "¿Qué?" ella dijo insípidamente. Su tono la despertó aún más que el frió. Sus dedos encontraron una piel, y ella se sentó, arrastrándola sobre sus hombros mientras se daba la vuelta para confrontar su espalda y su no-tan-bonito-cabello, tomando un profundo respiro que hizo nada para calmarla. "Por favor dime que no acabas de decir lo que pienso que dijiste, por que si dijiste lo que dijiste me voy a poner a llorar."

Después de haberlo pensado en su cabeza Sesshoumaru sintió un pequeño rizo de pánico por sus opciones. En una mano, mentir solo la haría sentir mas mal cuando supiera la verdad; en la otra, el odiaba que lloraran. El no sabía como alguien podía manejar a una mujer que llora, y la única con la que él pudo ser capaz de hacer algún progreso había sido Rin.

Rin, él pensó, y muy profundo en su mente el sonido de ella hizo eco.

Y entonces Sesshoumaru pestañeó como si algo en su pecho se apretó de repente, como un puño arrugando un pedazo de papel, repentinamente emboscado por el recuerdo, desviado por un nombre. Sus dedos se movieron, y él tragó fuerte alrededor del bulto de filosos bordes que había aparecido en la base de su garganta.

¿No había superado esto ya? Él se preguntó distantemente. La pregunta quemaba por su cerebro, oscura y brillante. El cerró sus ojos y pensó para disiparlo.

Kagome rozaba sus entumidos dedos y soplaba dentro de sus manos en lo que fue un fútil intento de calentarlas. Ociosamente ella se preguntaba si ella alguna vez estaría cálida de nuevo, porque estaba casi segura de que el congelante clima había cambiado la composición química de sus huesos en alguna manera, haciendo que se sintieran congelados en vez de calcificados... lo que sea que era. Ella le lanzó una envidiosa mirada a Sesshoumaru, quien no parecía sentir el mordisco, o si lo hacía, él no reaccionaba. Quizás él compartiría el secreto con ella. "Sesshoumaru, querrías -" ella empezó.

"No llores," él le dijo de repente, interrumpiéndola.

Su voz causó que algo se diera una vuelta en su estomago, causó que la luz del sol se tornara pesada y dolorosa, causó que las sombras se arrastraran hacia ella. "¿Qué?"

Por un momento él estaba silencioso, y bizarramente ella sintió como si ella estuviese parada al borde del cielo, a punto de perder el equilibrio y caer por siempre hacia las estrellas.

Entonces, lentamente, él se volteó y la miró por encima de su hombro, y la expresión en su rostro tiró de algo profundo y sombrío, bajo en su pecho. Por un momento, Kagome estuvo de vuelta en la luz de la fogata con él cuando era un era un errante rey sin un reino, ella una sacerdotisa sin un templo y cada uno envuelto en sus propias penas privadas. Ella de repente recordó donde estaba, y con quien estaba, y porque eran ellos los únicos abandonados en los cavernosos lugares de cosas perdidas y nunca vueltas a encontrar, los lugares llenos solamente con la presencia de la ausencia.

Cuando ellos se conocieron por vez primera en ese cálido círculo ellos habían sido atados juntos por el más delgado de los brillantes hilos, por los accidentes de la circunstancia. Ahora ese hilo era grueso y firme, vinculándolos, no solo hecho de penas sino también de deuda y compañerismo con palabras dichas en la luz de la fogata que ambos recordaban pero que nunca mencionaban. Con esa terrible, oscura mirada en los ojos de él era como si él hubiese seguido ese hilo desde su persona hacia ella, y se hubiese deslizado bajo su piel hacia el lugar donde la tristeza vivía. O talvez era ella quien se había deslizado en él; talvez ellos eran lo mismo.

Entonces ella parpadeó, y las sombras gatearon lejos. El se volteó de nuevo hacia la entrada.

"No llores," él repitió. "No me gustan las lágrimas."

Kagome pensó en Inuyasha, quien odiaba las lágrimas también, y asintió. "Lo – Lo siento," ella dijo. "Solo bromeaba."

El estuvo en silencio por un momento antes de ella oírlo reír bajo y astutamente. "En todo caso," él dijo, "No te culparía. La frustración de la situación es suficiente para hacer llorar a cualquiera."

Ellos volvieron a las palabras ligeras ahora, y ella se preguntaba si volverían a hablar de forma densa alguna otra vez. Mordiéndose el labio, Kagome físicamente se sacudió antes de responder. "¿Incluso a ti?" ella preguntó, dirigiéndose a la coquetería y lográndolo pasablemente bien.

"No."

"Dijiste cualquiera," ella resaltó mientras luchaba para levantarse y empezó a pisotear para dar vida a sus pies.

"Miko, yo no soy cualquiera," él le recordó.

"Claro, se me olvidó por un momento," ella respondió, sonriendo ampliamente mientras se paraba a su lado. "Eres Sesshoumaru-sama."

"Y harías muy bien en recordar eso, miko-sama."

Ella se movía con dificultad mientras caminaban hacia el frente de la cueva y miraban fijamente el alboroto bajo ellos, dejando la súbita oscuridad atrás. "Lo intentaré. Ahora, ¿Qué haremos hoy?"

A su lado, Sesshoumaru suspiró. "No hay duda en que lo averiguaremos pronto," él dijo, desplegando un largo dedo con garra para apuntar hacia el campamento principal, donde la mayoría de los lobos estaban pululando por todos lados. "Nuestro anfitrión nos ha pedido que asistamos."

Kagome sintió su estomago hundirse. "Esto no terminará bien, ¿cierto?" ella preguntó.

Sesshoumaru miró por el costado de la montaña y dentro de un futuro que se estaba convirtiendo más y más complicado con el paso de los días. "Eso lo dudo," él respondió.

"Lo pensé."

...o...

Alrededor del fuego, Kagome se acurrucaba en pieles mientras Myouga se acurrucaba en sus ropas y traducía los ladridos y gruñidos para ella, mientras toda la tribu – los lobos reales tanto como los youkai – parecían haberse reunido, y las guturales, vocalizaciones animales eran la lengua común para todos menos para ella. Ella se sentía muy en la oscuridad, y Sesshoumaru se sentaba a su lado y miraba inútilmente con furia hacia las llamas frente a él, escuchando atentamente la conversación a su alrededor o ignorándola por completo. Era difícil adivinar con él. Kagome se concentró en su adormilado traductor.

"Ellos aún están discutiendo sobre quien irá a traer al príncipe de vuelta," Myouga bostezó. "Parece que nadie quiere abandonar la montaña en época de invierno e ir solo."

"¿Por qué no?"

"Los lobos cazan en manadas – no son animales solitarios. Es casi imposible que uno de ellos derribe a la presa necesitan mantenerse vivos," Myouga suplió.

Kagome consideró esto. "Y... ¿por qué no puede ir un grupo grande de ellos?"

Myouga se encogió de hombros. "Probablemente porque a ellos les gusta estar aquí y no quieren viajar. Y las montañas son más peligrosas en invierno también."

"¿Lo son?" Kagome preguntó. Ella supuso que tenía sentido, pero ella las había atravesado lo suficientemente segura. "Lo hice bien."

A su lado, Sesshoumaru gruñó.

"Er," la pulga dijo. "Hay muchos más youkai, igual que animales salvajes, en las montañas durante el invierno, y la mayoría medio-dementes por el hambre. A los lobos les gusta pelear, pero no tanto. No es una cuestión de travesía, sino de destreza."

"¿Destreza?"

"Pelea," Myouga suplió. "Tú estabas bien protegida."

Sesshoumaru gruñó de nuevo como si descartara la idea de que él la estaba protegiendo, a pesar del hecho de que su protección era supuestamente toda la razón por la cual es se estaba colocando en dicho lío. Kagome se preguntaba si algún día él liquidaría su deuda, o si él estaría colgado a su alrededor por siempre, y para su ambivalente sorpresa ella no podía decidir cuál de estas opciones ella prefería. Ella suspiró. Esto es lo que consigo por ser tan amigable: emocionalmente apegada. Genial.

Ella apretó su mandíbula. No era como si no hubiese estado en alguna forma apegada antes, pero había sido un abstracto apego hacia los recuerdos, a la idea de Sesshoumaru, más que un real apego hacia él como una persona. Youkai. Lo que sea. El punto era que la idea era una cosa relegada a tiempos pasados, mientras que largas, acaloradas discusiones y silenciosas, compartidas penas eran muy reales y repentinamente muy visceral. El era, si no un amigo, entonces un apreciado camarada. Ella le deseaba el bien en una forma que era muy inmediata, en vez de una preocupación ampliamente cubierta por su general naturaleza tierna. Kagome no estaba segura de que le agradara este progreso.

Y en una forma que era triste a su vez – ella recordaba que hubo un tiempo en el que ella le abría el corazón a cualquiera, pero de alguna forma la puerta se había vuelto más y más difícil de abrirse toda, sellada por marcas y bloqueada con memorias. Aun así el tenía el pie colocado como una cuña, por así decir, y había sido capaz de hacer palanca para abrirla. Ella se preguntaba que tan lejos él había caminado dentro, y si era ya muy tarde para que él regresase. Muy tarde significaba que incluso si ella pudiera, ella no quisiera que lo haga.

Kagome se sacudió – pensando en eso en esta coyuntura probablemente la conduciría a angustiarse, y eso no sería productivo. Ella miró de mala gana a las llamas mientras los lobos ladraban y gruñían y lloriqueaban a su alrededor, discutiendo entre ellos.

Inconsciente de las meditaciones de su acompañante, Sesshoumaru resaltó un suspiro interno. Era lo suficientemente malo que él tuviese que tratar con sus propios asuntos tediosos de gobierno; que él ahora sea obligado – lejos de la educación y el conocimiento de tratados – a escuchar los tediosos asuntos de alguien más parecía distintivamente injusto. Que su compañera sea probablemente invitada a participar en dichos asuntos lo parecía aun más, ya que esto significaba eso, por delegación, él sería invitado a intrometerse también. Sesshoumaru generalmente gustaba de mantenerse fuera de tales cosas en deferencia a ambas equidad hacia sus aliados y su propio disgusto por el esfuerzo innecesario. No era que él fuese perezoso, per se; él no lo era. El solo era eficiente con su energía, y eso lo había llevado lejos.

Mientras, Kagome gastaba energía de cualquier forma. Ellos siempre estaban deteniéndose en alguna aldea – incluso si ella no necesitaba refugio para la noche – y haciendo esto y aquella pequeña tarea para los habitantes, o, en el caso de ese estúpido jabalí, extremadamente largas tareas por las cuales ella nunca pedía pago excepto en el más exiguo de los plazos. Lo que era peor era que sospechaba que ella estaría haciéndolo de la misma forma si es que él no estuviese ahí, lo cual sería peligroso e innecesario y prácticamente garantizado que él no podría dejarla sola por más de cinco minutos antes de ella terminar hasta el cuello entre problemas de otra gente. Ella era la cosa más agotadora desde... siempre. El se preguntaba como su imbécil medio hermano lo había manejado.

Una conmoción lo sacó de su irritada ensoñación. Detrás de Kouga un lobo y un youkai gruñeron y luego saltaron hacia sus gargantas, claramente en desacuerdo sobre algo que sin duda no valdría el sangriento esfuerzo. El vio a Kouga virar los ojos con cansancio antes de vadear entre ellos y apartarlos, sosteniendo al lobo por el pescuezo, y a su contrincante por su grasiento cabello. Sesshoumaru arrugó la nariz, tan discretamente como pudo, en leve repugnancia.

Por lo menos, él dijo, podría tener secuaces presentables. El bufó. Probablemente eso venía por andar en cuevas oscuras todo el tiempo. Cuando no podías ver a alguien más, no importaba como los demás se veían. Las normas estaban destinadas a ser poco exigentes. Sintiéndose casi un engreído, Sesshoumaru agarró un pedazo de detrito imaginario de la manga de su kimono y lo liberó en el viento.

Kagome observó a Kouga con inconfundible admiración. El se veía tan maduro – y ella tenía que seguir recordándose a si misma que él se veía maduro porque él era, de hecho, un adulto – tan dominante y seguro de su rol. Ella se sentía orgullosa de él, incluso si ella no tenía nada que ver con si presencia, o fuerza o liderazgo. Quizás ella solo se sentía orgullosa de conocerlo; privilegiada por ser la amiga de tan buena persona. Después de todo ¿Quién no lo haría? Kagome se dio cuenta de que ella estaba volando con la mente un poquito, pero ella decidió que no importaba en realidad – a nadie le importaba, y no hacía daño el admirar a un amigo.

Por la esquina de su ojo, Sesshoumaru la observó mirar al lobo detener la pelea, y se sintió más bien molesto. Si ella se excitaba con demostraciones de fuerza, él podía hacerlo muchísimo mejor que eso, y lo había demostrado demasiadas veces frente a ella; no había una razón para que ella se sonrojara por una fuerza inferior.

No, él pensó, que me importe lo que ella piensa, pero honestamente. Es como si ella prefiriese paja a seda. Absoluto mal gusto.

Inconscientemente, él empujó sus manos dentro de las mangas de su kimono con más petulante fuerza de lo estrictamente necesario.

Kagome observó como Kouga le gruñó ambos, diciendo algo en el ininteligible lenguaje de gemidos y gruñidos.

"El dice que va a decidir de una vez por todas quien irá a traer a su hijo," Myouga tradujo. "El dice que esta harto de las peleas."

Kouga lanzó a cada uno en direcciones opuestas – impresionante, ella pensó, sonriendo – antes de caminar de vuelta al fuego, doblar sus piernas bajo él, y sentarse. Con gran gravedad, él levantó sus manos hacia él aire, palmas afuera, y esperó que el escándalo a su alrededor muriera.

Después un gradualmente menor y menor abarrotado minuto, el campamento estuvo lo suficientemente silencioso para que el hablase. Kagome observó como él abría su boca y aulló una serie de corredizos tonos que la hicieron tiritar un poquito. Siempre parecía solo un poquito salvaje, un poco más indomable, el oír voces no humanas venir de gargantas humanas. Bueno, gargantas que parecían de humano, de todas formas. Ella esperó por la traducción.

"Ah," dijo Myouga desde debajo de su collar. "Eso es... sorprendente."

Kagome frunció, de pronto aprensiva. "¿Qué es?" ella susurró.

"Bueno, él dice... que él mismo irá a traer a Akiyama, y que llevará consigo unos cuantos camaradas confiables." Myouga le dijo.

"¿Por qué es eso sorprendente?" ella preguntó, confundida.

Ella sintió que él se encogió de hombros antes responderle. "Porque él es el líder de la tribu, y no es común que el líder deje su puesto, especialmente durante el invierno. La tribu estará bajo el segundo al mando, y eso usualmente lleva a tensiones sociales. Los lobos pelean entre ellos todo el tiempo por puestos, así que sin una mano dura a cargo las cosas pueden ponerse un tanto caóticas. Aún, es mejor quedarse aquí que ir a las montañas en invierno, así que nadie querrá estar de su lado malo cuando regrese."

Kagome solo asintió en respuesta. No por primera vez, ella deseó que hubiese estudiado más con Kaede – o cualquier otra miko, francamente – cuando su conocimiento sobre youkai era aún gravemente escaso. Miroku siempre había sido el que sabía de esa clase de cosas. Ella frunció hasta que Kouga le llamó la atención repentinamente hablando en lengua humana.

"Ahora," él anunció, "debemos escoger un grupo para ir rumbo norte y recoger las medicinas requeridas."

Hubo un descontento movimiento, y Kagome solo pudo imaginar la consternación que el resto de la tribu sentiría acerca de ir más al norte en las montañas.

"Debemos escoger nuestros mas fuertes y experimentados enviados para negociar el difícil pasaje -" aquí Kagome escuchó a Sesshoumaru reír una de sus bajas, risas sin humor, como si él solo estuviese viendo una broma que no era graciosa en absoluto "-debemos confiar en los enviados."

El bajó sus manos, y para su bastante no sorprendida consternación, hizo un gesto hacia Sesshoumaru y ella. "Sesshoumaru-sama, Kagome-sama," él dijo, y el agregado honorífico en su nombre la sorprendió un poco, "Me gustaría pedirles que hagan el viaje."

Kagome se mordió el labio. Ella había sospechado que algo como esto se presentaría, y ella quería ayudar. Ella había pensado en Machiko en pequeñitos pensamientos en los últimos días, pensando lo horrible que sería morir sola y llevarse a su hijo consigo, y la idea le había apretado el corazón lo suficiente que la misión de la que ella se había hecho cargo había asumido un poquito más de peso que aquel del deber. Por otro lado, ella no era fuerte, y no tenía idea de cómo conseguir la medicina necesaria.

Sessoumaru observó como Kagome se levantó e inclinó su cabeza, y gimió por dentro. Ella iba a aceptar el encargo y ellos iban a tener que viajar al norte y él no quería

"Me siento muy apenada, Kouga-k – sama," ella tropezó sobre su honorífico, claramente no acostumbrada a él. "Pero no podemos aceptar esta misión. No soy ni fuerte, ni experimentada, y después de todo, yo solo estoy al mando de Sesshoumaru-sama."

Sesshoumaru presionó una garra dentro de la palma de su mano para evitar que sus cejas se dispararan hacia arriba de sorpresa.

"Y como no es su deber el asistir en mis obligaciones," ella continuó, "no podemos hacer esto." Ella se inclinó de nuevo antes de sentarse en el suelo. Sesshoumaru se encontró a sí mismo impresionado a regañadientes, y se movió sus ojos de vuelta a su anfitrión.

Kouga estaba sonriendo indulgentemente, como si hubiese anticipado esta eventualidad. Sesshoumaru encontró eso preocupante.

"Kagome-sama," él empezó cálidamente, "usted es mucho más fuerte de lo que usted percibe que es -" para la creciente irritación de Sesshoumaru Kagome se ruborizó lindamente con su garantía. "– así que no hay razón para que rechace esta misión. Yo confió en usted. Ambos son fuertes. Y después de todo..."

Kouga movió su mirada hacia Sesshoumaru, y él lord youkai repentinamente sintió un frío temor atacar su estómago. El no se ATREVERIA a mencionar eso, frente a todos...

No, él no lo haría. El estaba mintiendo, esperando que Sesshoumaru entrara en pánico y aceptara sus deseos. Las cejas de Sesshoumaru se recogieron hacia abajo en una atronadora mirada furiosa. El no se atrevería, y yo no seré manipulado, él pensó.

El levantó su mentón arrogantemente para hacerle saber a Kouga que con él no se puede jugar.

Su corazón cayó hacia su estomago cuando Kouga le dio una pequeña, sonrisa de disculpa, y abrió su boca para continuar. "Después de todo," Kouga repitió, moviendo sus ojos hacia Kagome, "Sesshoumaru conoce los retos y los afrontará, ya que él es, de hecho, experimentado en recolectar este tipo de medicina."

Sesshoumaru no pudo guardar el gruñido que se incrustaba por su garganta, y él escuchó débiles risillas en la multitud que los rodeaba.

Kagome se sintió ligeramente desmayar, y extremadamente confundida, y no ligeramente desconcertada por el cruel sonido que había escapado de su acompañante. Ella no se atrevía a mirarlo.

Que...demonios... ella pensó, muy, muy deliberadamente. Ella repetía la frase en su cabeza, como para mantener su mente ocupada con la que parecía la única forma en que ella debía evitar contemplar el significado de las palabras de Kouga.

Por su parte, Kouga continuó como si no hubiese solo impugnado arrogantemente el honor de Sesshoumaru. "Y por supuesto," él dijo en voz alta, "Sesshoumaru-sama es un valioso aliado. No podría pedirle a nadie más que fuese, yo no confío en nadie tanto como en mi amigo Señor." Y él se inclinó profundamente hacia ellos, una pequeña, triunfante sonrisa en su rostro.

Sesshoumaru gruñó. Atrapado. Kouga había deshecho todas sus salidas honorables – él era, a pesar de ser él mismo, el candidato ideal, y justamente le habían puesto en sus manos la más profunda confianza de la tribu. El no podía negarse sin perder rostro o dañar la alianza entre ellos. ¿Y la razón? Era solo un seguro más en contra de reclamar la vida del bebé en pago de la de Rin – una muerte para pagar la primera muerte de ella, y dejándolo quedarse muerto para pagar su segunda muerte, cuando la tribu de lobos no levantó ni un solo dedo contra los usurpadores a pesar de sus alianzas hacia la Casa. El podía entender por que no, pero era aún una cuestión de honor, una cuestión personal también. Y ahora él no podía matar al niño, incluso si pudiese evitar a Kagome.

Y no puedo matar a ese revoltoso, bastardo lobo, él pensó furiosamente.

Kouga tosió. "Claro, si deseas que Kagome-sama se quede conmigo, yo la mantendré a sa -"

Sesshoumaru gruñó de nuevo antes de cerrar su boca para apretar sus dientes y contemplar tranquilizadores pensamientos de carnicería.

Como si estuviese soñando, Kagome miró a Kouga enderezarse y sonreírle con dientes puntiagudos. "Gracias," él dijo, "por aceptar esta misión. Tendremos sus provisiones listas para el medio día."

"Pero yo -" ella empezó.

A su lado, Sesshoumaru se disparó sobre sus pies, se volteó elegantemente, y se fue airado a través de la manada que se dividió ante él como un Mar Rojo que se reía por lo bajo.

"Um..." ella se quedó sin palabras, perdida, confundida, y empezando a enojarse. A su alrededor parecía haber un consenso general de que la reunión se había terminado, y la multitud estaba dispersándose rápidamente, dejándola sola cerca del fuego y mirando fijamente a Kouga, quien parecía estar evitando su mirada.

"¿Myouga?" ella murmuró. "¿Qué fue todo eso?"

No hubo respuesta, y cuando revisó bajo su collar ella encontró que él había desaparecido, igual que lo hacía cuando las cosas se ponían tensas.

Parecía ser para ella que el universo estaba tomando una injusta ventaja sobre su normalmente simpática naturaleza. Muy continuamente Kagome reunió las pieles a su alrededor, se levantó, y luego caminó pisando fuerte e intentó no gritar de frustración. Ella cerró sus ojos y trató pensar.

Voy a patear a alguien. Probablemente a Kouga. En la espinilla – no, en las joyas de la familia, para que no vuelva a plagar de problemas al mundo con su irritante progenie. Voy a aventurarme fuera en las montañas que ahora sé que están llenas de youkai dementes por el hambre y famélicos animales, y me dirigiré al norte donde es frío, y ¿qué DEMONIOS quiso decir él con experimentado? Kagome tomó un profundo respiro. He saltado dentro de un universo paralelo, y ni siquiera me di cuenta.

"¿Kagome?"

Kagome abrió los ojos y miró furiosa y asesinamente a Kouga, quien tenía la decencia de verse avergonzado antes de darle una avergonzada sonrisilla.

"Yo -" él empezó.

"Que," ella lo interrumpió, "demonios fue todo eso"

"Er -"

"¡Tú acabas de ofrecerme a mí para ser asesinada cuando te dije que no podía hacerlo!"

"Es que -"

E insultaste a Sesshoumaru! ¿Qué rayos?" Ella se detuvo y tomó otro profundo respiro, muy consiente que ella estaba cansada y amargada y no preparada para esto.

"¡Kagome!" Kouga se las arregló. "Lo lamento. Tenía que hacerlo."

Kagome le lanzó una mirada. "Tenías que hacerlo," ella dijo. "De verdad."

"Si, de verdad."

"¿Quieres decirme por qué?"

EL miró hacia el piso, lo cual Kagome tomó como un mal signo.

"¿Bien?" ella exigió después de un momento.

El lobo tomó un gran respiro y levantó los ojos, una arrepentida expresión en su rostro. "Perdóname, Kagome." Tuve que decir esas cosas y... bueno, tuve que forzar la mano de Sesshoumaru."

"¿Por qué, cómo acabas de hacer eso?"

El suspiró. "Efectivamente le di la confianza de la tribu para realizar su tarea. El no puede rechazar, fallar deliberadamente, o de otra forma lastimar a mi futuro nieto sin destruir nuestra alianza ahora."

Kagome cerró los ojos muy fuertemente hasta que vio estrellas, y los abrió de nuevo. "¿Quiero saber por qué él haría eso?"

"Pago,"

"¿Para qué?"

Su boca se torció. "Prefiero no decirlo," él dijo en tono defensivo.

No quiere que piense menos de él, ella pensó miserablemente. "¿Sabes qué? No quiero saber," ella dijo rápidamente. "Si él tiene que matar a un bebé para hacerte pagar por algo, no quiero saber que pago es ese, porque debiste haber hecho algo terrible."

Kouga se restregó el cuello, pareciendo un poco avergonzado. "Bueno, el es libre de matarlo después. Solo le estoy comprando tiempo. Con suerte, Sesshoumaru no se molestará en intentarlo y reducir pago por otros cincuenta años. Para ese tiempo el niño tendrá la oportunidad de pelea."

Kagome se sintió ligeramente traicionada, y muy sola de nuevo, perdida en asuntos que ella no entendía. "Bueno. Está bien. Ahora, ¿te gustaría decirme por qué Sesshoumaru es tan, um, experimentado?" Por alguna razón ella tenía nauseas.

Kouga se meció hacia atrás sobre sus talones y miró hacia el cielo. "No creo," él dijo lentamente, "que sea mi lugar para decirte eso."

"¿Por qué no?" ella casi chilló.

"Eso es asunto de Sesshoumaru," él se apresuró para calmarla. "Es de él para decírtelo."

"Y tú acabas de decirle a todos sobre él."

"Tuve que. Lo siento."

Y él en realidad no se veía apenado. De hecho, él se veía casi miserable. "Siento que haya que tenido que arrastrarte en esto," él continuó, "pero Sesshoumaru no va a permitir que tú te quedes atrás conmigo y con la tribu."

No confía en ti, lo apuesto. Kagome apretó sus dientes. "Claro," ella respondió amargamente. "No hay problema."

El hizo una mueca de dolor. "Pero en lo bueno del caso, probablemente no saldrás lastimada," él dijo, frágilmente alegre.

"Probablemente," ella murmuró. Ella se volteó para mirar a las llamas frente a ella, preguntándose por qué sentía como si Sesshoumaru le había mentido. No era como si él estuviese obligado a contarle a ella sobre él, o nada, igual. El tenía derecho sobre sus secretos, inclusive si este era tan grande como parecía serlo.

Asno, ella pensó.

A su lado, Kouga se aclaró la garganta.

"Muy bien," ella interrumpió cualquier cosa que él estuvo a punto de decir. "Voy a traer mis cosas, y tomaré tus estúpidas provisiones. Pero cuando regrese de recoger esta medicina, te patearé. Donde más duele."

El lobo soltó un resignado suspiro. "Es lo justo."

...o...

Resultó ser que los lobos eran grandes admiradores de la carne seca. Y la carne seca. Con un costado de carne seca. Kagome deseaba una ensalada, pero al menos era mejor que tallarines secos día y noche, y ella estaba casi segura de que había perdido diez libras en el viaje aquí – probablemente no le dolería recuperar algo de eso de nuevo.

Al menos ella estaba más caliente, ahora. La pesada piel que le habían dado mantenía al viento fuera, y unas cuantas botas suaves y descartadas – forradas con piel – ahora envolvían sus pies, así el mordisco del invierno fue reducido de alguna manera. Por otro lado, se ponía cada vez más frío, y ellos solo habían viajado un día.

Ambos no se habían hablado ni más de diez palabras. Sesshoumaru aún estaba echando humo, y ella lo había dejado estofarse; no estaba completamente segura si ella confiaba en que él no le arrancaría el corazón si ella abordaba un tema delicado de todas formas, así que ella mantuvo su cabeza abajo e intentó ignorar la molestia en su estómago que solo parecía ponerse peor mientras apretaba más para guardarse sus palabras. Ella deseó que Myouga no hubiese huido – ella en realidad pudo haber usado a alguien para conversar, o para hacer las pases entre ellos dos. Por así decirlo, el día pasó lentamente, y ella observó el suelo pasar bajo sus pies mientras el silencio entre ellos se hacía más escandaloso de lo que el habla alguna vez pudo.

Ahora sus pies se sentían como si estuviesen a punto de desprenderse. El sol se estaba ocultando, y había empezado a nevar, aunque en vez de las nevascas que ella había visto en las tierras bajas esta ahora punzaba sus mejillas mientras el viento azotaba su rostro. Encontró difícil el mantener sus ojos abiertos, así que ella entornaba los ojos hacia el suelo y mantuvo sus ojos en las huellas de Sesshoumaru en la luz que se desvanecía.

Cuando llegue a casa, ella pensó, voy a invertir en una de esas pequeñas motonetas, para nunca más tener que caminar a ningún lado de nuevo. Y tendrá un asiento más cálido, incluso si tengo que incendiarlo para hacerlo cálido.

"Aquí," vino su voz frente a ella. La palabra fue tan abrupta e inesperada que la cabeza de Kagome se disparó hacia arriba y ciñó un nervio de su cuello.

"Aaaah," ella siseó, masajeándolo. Ella echó un vistazo a su compañero, solo para encontrar que él no estaba ahí.

"¿Sesshoumaru?" Ella llamó, su voz casi perdida en el viento, y ella sintió el repentino filo del pánico.

Para su infinito alivio, su cabeza apareció detrás de una agudamente torcida roca. "Hay una cueva aquí," él dijo insípidamente. "Si no deseas morir, te sugiero que entres."

En la privacidad de su cabeza, Kagome lanzó un grito de frustración antes de dar un traspié hacia delante y doblando la esquina, donde casi colisionó contra él.

"¿Qué -?" ella empezó antes de bajar sus ojos hacia la angosta, gruta de baja estatura cerca de los pies de él. "Ay no," ella gimió.

"Silencio," él dijo bruscamente. "No es tan pequeña como parece. Ahora entra, o iré yo primero y te quedarás aquí afuera."

Mordiendo su labio, Kagome retiró su mochila de su hombro antes de agacharse y entrar. Ella se metió a la fuerza, retorciéndose para entrar.

Era más amplio por dentro pero no por mucho. No había espacio para estar de pie, pero era más profundo de lo que ella pensaba que era. Gruñendo, ella jaló su mochila por la estrecha entrada y se movió hacia el fondo, resbalando en la pared para sentarse con las rodillas recogidas hasta su barbilla. Colocó su mochila cerca de sus pies. No había más espacio para nada más, y Kagome se preguntaba con creciente disgusto como iba a dormir mientras observaba a Sesshoumaru efectuar una serie de impresionantes acrobacias para así poder caber por la entrada antes de resbalar sobre la pared del lado opuesto. Su armadura chirrió contra la roca antes de detenerse, su rodilla izquierda – el lado más cercano a la entrada de la ladera – doblada hacia arriba, su mano izquierda apoyada sobre ella, eficazmente protegiendo la mayor parte de la cueva de la abertura.

La cueva era tan pequeña que él casi la tocaba; no podría haber habido más de un pie entre ellos. Kagome mordió su labio miserablemente y miró fijo hacia sus propias rodillas con el incómodo silencio.

Sesshoumaru la oyó tragar saliva antes de que abriese su boca para hablar. "Gracias," ella dijo, voz suave y llana en los cerrados confines de la cueva. Afuera en la noche, el helado viento aullaba por las montañas.

"¿Por qué?" él preguntó. El se sentía cansado, casi fatigado, y él no podía comprender el por qué. Quizás hoy había sido demasiado agotador, y él ciertamente no había dormido lo suficiente la noche anterior. Quizás el frío estaba empezando a afectarlo.

Ella se movió nerviosamente. "Por... sentarte cerca de la entrada," ella terminó.

El gruñó en respuesta. En pocos momentos la cueva estaría lo suficientemente cálida por el calor combinado de sus cuerpos, y él podría soportar el tener un lado más frío que el otro si eso significaba que él podría dormir lejos del camino de los elementos.

Ella estuvo en silencio por un rato antes de susurrar un poco. El escuchó un pequeño quejido y entonces algo entró es su campo de visión. El miró hacia abajo.

Era una manta de piel, obviamente una con las que ella había dormido en el campamento de lobos. El le echó un vistazo a ella, levantando una ceja en curiosidad.

Kagome se ruborizó. "En caso de que tengas frío," ella dijo en un chirrido. Ella observó como él llevaba sus ojos devuelta a la manta, como si contemplara la idea, antes de levantarla de su mano, sacudirla, y cubrir su lado izquierdo.

"Gracias," ella lo oyó murmurar. Ella solo asintió antes de alcanzar su mochila de nuevo y sacar su aplastada bolsa de dormir. Ella podría sentarse contra la capa de piel y colocar la bolsa de dormir sobre ella, ella razonó. De esa forma ella estaría lo suficientemente caliente para atrapar unas cuantas horas de sueño, inclusive si ella estaba obligada a dormir sentada. Kagome la arregló sobre sus rodillas y la jaló hacia sus hombros antes de dejar que su cabeza cayera para atrás contra la pared y cerrar sus ojos.

El viento gemía contra las montañas, pero lentamente empezó a calentar dentro de su refugio. Después de alrededor de quince minutos o algo así Kagome abrió un ojo para estudiar a Sesshoumaru. El había apoyado su cabeza contra la pared y estaba mirando sobre su hombro al mundo exterior, pero en vez de verse aburrido o sin expresión, ella pensó que se veía resignado. Había una cierta inclinación en su ceja, una cierta triste depresión en sus párpados, como si tuviese una expectativa hacia el futuro, y este fuese trabajo duro sin recompensa. O quizás él estaba aburrido. La luz ya casi se había ido, y era difícil percibir su expresión. Ella probablemente solo estaba proyectando su propia exhausta resignación en él.

Ella pensó que había sido muy injusto departe de Kouga atraparlo de esta manera.

Kagome se movió sobre su asiento, contoneándose contra la suave piel bajo la capa, y trató de decidir cuál de sus preguntas ella quería preguntarle primero antes de decidir empezar pequeño y luego trabajar cuesta arriba.

"¿Sesshoumaru?" ella dijo.

El no respondió, solamente deslizó sus ojos de la entrada de la pared hacia el rostro de ella, un movimiento calculado, sin duda, para desanimar preguntas desagradables.

Bueno, ella pensó, él sabe lo que viene. Ella se aclaró la garganta. "Um," ella empezó, y luego se detuvo.

"¿Si?" él dijo después de un momento. Kagome tragó saliva.

"¿Dónde – dónde crees que fue Myouga?" Ahí. Eso no fue ofensivo ni intrometido, ella pensó. Pasos de bebé.

Sesshoumaru bufó. "Está engordando a costa de lobos," él dijo. "Lo cual esta bien. El probablemente moriría en esto."

Su corazón cayó – no había oportunidad de que él se les uniera, entonces, y ella sintió su ausencia de forma penetrante. "¿Moriría?" ella preguntó, contra toda esperanza de que este no fuera el caso. Ella no estaba totalmente segura de si ella quería quedarse a solas con Sesshoumaru.

"El ya era inútil," Sesshouamru dijo sin gracia. "Se hubiese congelado por completo, incluso en tu vestuario."

Kagome se mordió el labio y sintió un pellizco de lágrimas arriba en su nariz, pero no progresó más por lo que ella estuvo agradecida.

Ella suspiró, ordenando sus palabras otra vez. "También me preguntaba..." – Las cejas de Sesshoumaru se recogieron hacia abajo levemente, en un fruncido de sospecha – "Um... preguntándome qué... tendremos que hacer. Para encontrar las hierbas que necesitamos," ella terminó sin convicción, la verdadera pregunta que ella quería hacer aún pesada bajo su lengua.

Al otro lado de ella, Sesshoumaru dejó un pequeño suspiro escapar de sus labios. "Arduo viaje, juicio por fuego, tediosa negociación," él dijo lacónicamente. "Al menos, de esa forma parece que las cosas funcionan."

Kagome no estaba por completo segura de si le gustaba el sonido de esto. Arduo viaje ya estaba cubierto, y tediosa negociación no sonaba tan mal, pero juicio por fuego hizo que su estómago se volteara, y en sus manos la sangre pareció retirarse, dejando sus dedos fríos y entumidos. Ella tomó un estremecido respiro.

"No te preocupes," Sesshoumaru dijo de repente, y ella lo miró, pero ahora estaba tan oscuro que ya no podía ver sus facciones, solo su tenue contorno. Ella tragó saliva fuertemente.

Ahora que ella no podía ver su rostro, repentinamente pareció más fácil, aunque eso era como decir que el suelo era más suave que la roca.

Ella movió su mirada de vuelta a donde ella sabía que sus rodillas estaban, y acumuló su coraje.

"Sesshoumaru."

Hubo una pausa, y entonces ella lo escuchó moverse contra la pared. "¿Si?" él dijo silenciosamente.

Kagome cerró sus ojos, y se bajó del precipicio y se adentró en territorios inexplorados.

"¿Qué quiso decir Kouga cuando dijo que tenias experiencia?" ella preguntó, y ella se sintió vagamente orgullosa de que su voz haya temblado solo un poquito.

Silencio. Luego, "¿No te lo dijo él mismo?"

Sin hablar, ella sacudió su cabeza antes de darse cuenta de que él podría no verla. "No," ella dijo, su voz rompiéndose solo un poco. "El dijo que era asunto tuyo si querías decirlo o no."

Sesshoumaru estaba en silencio. En su pecho su corazón latía pesadamente, y ella lamió sus labios y esperó a algo que ni siquiera podía nombrar. En la oscura calidez de la cueva ella esperó que él respondiera, y escuchaba al salvaje viento en el valle debajo.

El sabía que ella preguntaría. Ella sería... bueno, demasiado no ella misma para dejarlo pasar, y en realidad, había sido tanto tiempo atrás, y su corazón parecía tan tierno que no pareció importar si le contaba. La forma en que él hubo contribuido a la debilidad de su casa no le importaría a ella de la forma en que les importaba a los demás youkai. Ella era humana.

En los secretos espacios de su cabeza, una pequeña voz le susurró que a ella talvez le agrade más él por ello.

La tensión era horrible, y dos veces ella abrió su boca para retirar lo dicho, pero dos veces ningún sonido salió, así que ella esperó en agonía, preguntándose si él la iba a lastimar de la furia, o nunca más hablarle otra vez, o algo, y entonces él se movió contra la pared y habló.

"Ya he hecho esto antes," él dijo, y su voz era tan baja que ella tuvo que esforzarse para oírla sobre el aullido del viento, "pero el niño en cuestión no era mío."

Ella dejó ir el aliento que había estado aguantando y sintió algo liberarse en su pecho. Ella estaba extrañamente aliviada, como si le hubiesen concedido un aplazamiento. Después de un momento Kagome lamió sus labios, de repente muy, muy curiosa.

"¿De quién era?" ella preguntó, y ella estuvo sorprendida al encontrar que su voz temblaba igual que sus manos, y sutilmente ella cayó en cuenta de que estaba llena de adrenalina. Ella apretó sus puños y se esforzó para oír la voz de él.

Por un largo momento, él no respondió, y entonces ella lo escuchó soltar un suspiro en la oscuridad, y ella sintió el sonido enrollarse por su corazón.

"Era de mi padre;" él dijo, palabras grises y pesadas, vacías y en ruinas, una y otra vez, dentro del espacio entre ellos, y la implicación hizo que su aliento quedara atrapado en su garganta.

"Yo hice este viaje para Inuyasha y su madre."

...o...