Cuentos de la Casa de La Luna
Por
Resmiranda
Capítulo diecinueve
"Nada en la vida es más estimulante que le disparen a uno sin resultado." – Winston Churchill
...o...
Más tarde, cuando ella estaba más coherente, Kagome determinaría que el grito había salvado sus pulmones por expulsar aire consistentemente, y los pedruscos le habían salvado la vida bloqueando el humo por ese segundo que Sesshoumaru necesitó para alcanzarla.
Por ahora, sin embargo, Kagome descansó su barbilla sobre el hombro de Sesshoumaru y compuso una carta.
Queridas glándulas adrenales, ella pensó.
Les doy como nunca las gracias por el adorable obsequio de la adrenalina, porque de repente ¡ya no tengo frío! Es maravilloso poder sentir mis dedos otra vez, y la sangre es simplemente fabulosa. Creo que estoy pensando más rápido también, y ¡ya no estoy tan pálida! Me alegraron el día.
Mucho amor,
Kagome
P.D. Si llegaran a ver a mis pulmones, por favor díganles que dejen de holgazanear por ahí y hagan su trabajo.
Satisfecha, ella mentalmente dobló la carta y la envió a sus órganos internos ipso facto antes de volver a la urgente tarea de vivir, la cual era, en el momento, mucho más difícil de lo que debería ser.
De nuevo ella se esforzó para tomar aire, absorbiendo lo más que pudo por una garganta dolorida, pero una vez más su diafragma no pudo con la tarea. Kagome también sospechaba que se había roto una o dos costillas, lo cual era mejor que estar muerta, pero no tan bueno como escapar sin un rasguño. Sutilmente, ella estaba enormemente agradecida a cualquier dios que hubo dictado que Sesshoumaru plantase la mirada de punta.
Todo había pasado tan rápido. Ella había visto el humo rodar por la ladera, avecinándose cada vez más grande; ella no se hubiese sentido tan nerviosa si, arriba en el cielo, la distante figura de Sesshoumaru aparentemente teniendo dificultades no hubiese sido tan inmensamente preocupante.
Ella lo observaba, esperando que tuviese éxito, pero mientras el humo rodaba más cerca y más cerca ella empezó a sospechar que estaría algo sola en esta. Si entornaba los ojos, ella podía verlo a él apartarse rápidamente, intentando evitar la nube como si lo lastimara. Lo cual, sabiendo lo poderoso que él era, hizo que su estómago se enturbiara. Ella se volteó hacia la avalancha que se acercaba y trató de pensar en formas de salvar su pellejo; desafortunadamente, ella solo tenía un solo método probado y testeado.
Ojala tuviera una máscara de gas, pensó aturdidamente, sacando una flecha y colocándola en su arco. Ella sintió sus poderes encenderse a la vida, calentando sus manos, corriendo por sus dedos y hacia la flecha que sostenía, y entonces ella la había soltado dentro de la nube, esperando desesperadamente que el humo estuviese basado en shouki y pudiese ser purificado.
La flecha aterrizó al borde de la nube rodante. Kagome entornó los ojos, su corazón saltando en su pecho cuando vio a la flecha purificar el veneno, solo para tartamudear de nuevo cuando la flecha se deshizo rápidamente antes de desaparecer, y el veneno que siseaba se estrelló alrededor del vacío dejado por su purificación.
"¡Mierda, mierda, mierda!" ella había dicho entre dientes, colgando su arco por su espalda y acurrucándose detrás del pedrusco más grande. Ella gateó en la nieve, esperando contra toda esperanza que el humo se extinguiese antes de alcanzarla, pero en cambio, se acercaba más y más, engulléndose la montaña a su paso, hinchándose, extendiendo venenosos dedos fuera y dentro buscándola. La sangre se fue de sus extremidades, dejándola más fría de lo que ella nunca había estado. Kagome sintió el mundo desintegrarse a su alrededor.
Ay, Dios no –
Ella no podía ver bien, estaba mareada, no podría correr para alejarse, no podía ni respirar, más cerca, casi ahí, y ella estaba sola, ella iba a morir, y no pudo detener el chillido que arañó por su garganta.
"¡Sesshoumaru!"
Dios, ella hubiera dado todo porque él estuviera ahí, pero Kagome ni siquiera podía verlo, él estaba tan arriba, tan lejos, tan fuera de alcance, y la nube ahí, gruesa, grande, eclipsando el mundo, ella se sentó en la nieve, cubrió su cabeza, y gritó –
- por quizás un segundo, y luego Sesshoumaru se estrelló contra ella, su armadura quitándole el aliento de su cuerpo, el brazo izquierdo apretando su cintura como una cinta de hierro sosteniéndola ladeada contra él, y entonces él se disparó hacia adelante, la ola de veneno regándose encima, encima, sobre ellos, sobre –
- y fallando por pulgadas mientras él se deslizaba fuera y por debajo de la cresta. Luego ellos estaban volando bajo, hacia abajo y fuera, rozando contra la nieve, y ella podía ver la nube sobre su hombro, estrellándose hacia abajo, persiguiéndolo a él por la ladera.
El viento congelado latigueaba por su cabello, y podía sentir el frío emanando de la nieve bajo ellos. Kagome se esforzaba por aliento, su rostro presionado contra la garganta de él – era graciosa la forma en que el mundo se enfocaba nítidamente cuando uno estuvo a punto de morir, y él estaba tan cálido, olía a tormentas eléctricas – y apretó sus ojos. Esto no está pasando, ella pensó. Estaremos bien. El es el demonio más fuerte en el mundo. El no sufrirá la ignominia de ser asesinado por un tritón agigantado. El no terminará su vida por un estúpido lobo que olvidó usar protección. El no se permitirá a sí mismo sofocarse en el vomito de un dragón.
El no va a dejarme morir.
Finalmente, ella tomó un gran respiro, abrió sus ojos, y miró encima de su hombro.
La nube estaba desvaneciéndose, o disminuyendo su velocidad, o él estaba acelerándose. Lo que sea que estaba pasando, no importaba – ellos estaban escapando. Kagome dejo ir un quejido dealivio, sus brazos apretándose sobre los hombros de él mientras ella lo sintió doblarse por la cintura, doblándola a ella en la curva de su cuerpo antes de que de los pies de él se hundieran en la nieve, y él saltó de nuevo, más lejos del camino de la avalancha toxica. Luego de menos de un minuto ella ya no podía ver la nube, y él se hundió y saltó de nuevo, redirigiéndose más lejos por la montaña, Kagome pensó que ella podría acostumbrarse a volar bajo debajo de un nublado cielo – sin el riesgo mortal, claro – así que ella se concentró en respirar y miró las nubes mientras él saltaba cada vez más lejos.
Sesshoumaru la escuchó recuperar el aliento e intentó pensar en cómo detenerse. En los últimos dos saltos él había tratado de aterrizar en la congelada pendiente bajo él – si no detenerse entonces al menos brincar más lejos en el aire en vez de estar tan cerca del suelo – pero él estaba yendo demasiado rápido para maniobrar. El no estaba del todo seguro si hubiese hecho alguna diferencia de todos modos, ya que la nieve bajo él era demasiado profunda y sus zapatos seguían perdiendo tracción. Era realmente muy controversial.
El intento desacelerar su velocidad mientras saltaba de nuevo. No funcionó. Para llover sobre mojado él pensó que las puntas de su cabello podían estar chamuscadas, y podía aún oler el débil hedor de su ropa ligeramente quemada. Sesshoumaru arrugó su nariz e intentó hurgar en el cabello con olor a flores de Kagome sin ser tan obvio.
Otro salto más tarde y él se estaba desesperando. Esta vez había intentado agudizar el pliegue de su cuerpo para así poder hundir sus talones en el suelo, pero la joven mujer en sus brazos lo prevenían de la necesaria contorción. El suspiró. No había nada que hacer.
"Prepárate," él le ordenó.
El sintió la piel de su mejilla moverse contra su garganta, y entendió un débil "¿Qué?" antes de ser desvanecido por el viento cuando dio una vuelta y se enrolló sobre ella, rozando la nieve. Hubo un largo momento de silencio antes de que él empezara a hundirse más, arando por el cúmulo polvoriento y dejando una zanja que se profundizaba en su estela.
Kagome dio un chillido de sorpresa cuando ellos empezaron a descender, sus manos cortando por la sábana congelada que cubría el suelo. El frío le robo el aliento. Ella sintió sus dedos entumirse inmediatamente, y entonces ellos estaban más y más abajo y Sesshoumaru golpeó suelo sólido, derrapando hasta detenerse tan repentinamente que la hizo dispararse hacia arriba, su rostro en la pared blanca que se arqueaba sobre ellos.
El frío quemaba. Ella pensó que escuchó los huesos de su cráneo sonar bajo su peso. Por unos pocos segundos ella no se movió, demasiado cegada y asustada y congelada para hacer algo más que nada, hasta que sintió que ellos se escabullían hacia los lados, el precursor de una caída por la empinada pendiente.
"¡Um!" ella señaló.
Sesshoumaru había estado recostado bajo ella, muy calladamente, intentado no pensar acerca del hecho de que su rostro estaba ahora firmemente apretado contra los pechos de ella. Después de solo un momento él se había dado cuenta de que era imposible no pensar en eso, y él revirtió el intento de no pensar en cuan suave y cálida ella era. Era una terriblemente embarazosa posición en la cual él se encontraba, pero por otro lado sus pechos eran algo lindos, y, en su totalidad, el universo lo estaba tratando a él muchísimo mejor de lo que él se merecía por fallar en derrotar al dragón y salvar a la chica en una forma que no implicara romperle las costillas.
Fue su sonido nervioso – él pudo sentir la vibración contra su nariz – que lo trajo de vuelta a la inmediata realidad de la situación, la cual era que estaba extremadamente frío, empaparse era inevitable, había una gran lagartija esperando disolverlos en mucha porquería orgánica, y que estaban a punto de rodar por la ladera.
Sesshoumaru se abstuvo de apretar los labios para pensar, y sondeo sus opciones. Problema uno: frío. No había calor en ningún lado alrededor de ellos, y como a Sesshoumaru no le daba la gana de prenderse a sí mismo con fuego, no había nada que hacer con ello. Problema dos: mojarse. Al menos que Tenseiga tuviera poderes que no conociera previamente, no había nada que él pudiese hacer con ello tampoco. Problema tres: gran y maldita lagartija. El había tratado de deshacerse de esa particular complicación con toda propiedad, pero el dragón era uno testarudo, y hasta que él tenga un nuevo plan de acción, nada podía hacerse. Problema cuatro: inminente caída terminal por la ladera.
El casi suspiro de alivio. Este era un problema que él podía resolver. Toukijin aún descansaba en su mano derecha, toda olvidada por su rápido escape, y él apretó su puño en ella. Presionando sus dientes, Sesshoumaru rodó muy ligeramente hacia arriba de la ladera, inclinando a Kagome más adentro del banco de nieve – su calor abandonó el rostro de él, y se sintió un poquito decepcionado por eso – luego le dio una vuelta a la espada en su mano y la condujo hacia dentro del suelo en un ángulo empinado bajo ellos. El se empujó a sí mismo hacia arriba antes de voltear su cuerpo lo suficiente para colocar un pie entre la hoja de la espada y el suelo. No era el mejor de los puntos de apoyo para pie, pero debía ayudar.
A la mitad bajo él, Kagome estaba intentando concentrarse en mantener su arco intacto, pero seguía distrayéndose por la forma en que él estaba presionado contra ella. Ella se retorció cuando él rodo lejos de ella y se sentó, llevándola a ella con él. Estaban cubiertos de nieve.
Por un minuto ninguno de los dos dijo algo. Ambos simplemente miraron fijamente abajo por la ladera e intentaron recuperar la coherencia, y Kagome intentó rozar algo de vida devuelta a su rostro con sus mangas.
Finalmente Kagome aclaró su garganta.
"Mierda," ella declaró.
Sesshoumaru dio una risa seca. "Estoy dispuesto a estar de acuerdo," él dijo mientras ella se movía nerviosamente contra él. Observó entretenido como ella intentaba tomar una posición solida sin tocarlo a él, pero eventualmente se dio por vencida y apoyó una mano por debajo del frente de su armadura y se sostuvo, evitando su mirada.
"Mierda,"
"Así lo hemos establecido."
Ella sacudió su cabeza. "Lo siento, yo normalmente no insulto, pero maldición." Sesshoumaru encontró difícil creer que cualquiera quien hubiese pasado un considerable tiempo en compañía de su medio-hermano estuviese avergonzado por decir palabrotas, pero él solo asintió con la cabeza.
Su cerebro se sentía entumido. No era un sentimiento placentero, y aunque todo lo que ella quería hacer era mirar fijo a la distancia y tratar de recuperarse de una cercana muerte, ella simplemente no tenía el tiempo para molestarse con la salud mental. Kagome parpadeó unas cuantas veces más antes de acentuar un suspiro. "Bueno," ella dijo, rompiendo la quietud, "¿Qué hacemos ahora?"
Sesshoumaru apretó los labios muy ligeramente. "Derrotamos al dragón y continuamos," él respondió, tratando de sacudir la nieve de su larga manga.
Ella no dijo nada, y después de un momento él a miró para encontrar una expresión de turbación en el rostro de ella.
"¿Tienes una objeción?" él dijo socarronamente.
Kagome consideró. Porque lo hiciste tan bien la última vez, no parecía el más sabio de los comentarios. Tampoco lo era, seguro, me encanta que intenten matarme, especialmente cuando él pueda tomarse esa información muy a pecho. Ella tembló en sus vestimentas mojadas e intentar pensar en una respuesta que no lo hiciera enojar.
"Um," ella se aventuró, "¿tienes un plan diferente esta vez?"
La mano alrededor de su cintura dio un tirón, y Sesshoumaru no respondió por un rato. "No por ahora," él dijo finalmente.
Su boca se torció. En este momento, él le recordaba solo un poco a su hermano; Inuyasha tendía a hacer lo mismo una y otra vez, esperando resultados distintos cada vez. Su propensión a ondear esa maldita espada enorme una y otra vez casi la hubo destruido una o dos veces, y había hecho a sus enemigos más fuertes varias veces. Se había vuelto una rutina tan predecible que ella casi podía ver su tren de pensamiento cuando confrontaba un enemigo.
¡Nada supera a Tessaiga! El pensaría antes de lanzarse hacia su oponente y cortarlo con su espada. Si tenía poco o ningún efecto, él era usualmente golpeado y lanzado hacia atrás, aterrizando en el suelo algunos metros lejos donde él prontamente procedía a olvidar todo lo que había pasado en los últimos cinco segundos.
¡Nada supera a Tessaiga! Él pensaría de nuevo, y luego empezaría el proceso de nuevo.
Kagome sospechaba que Sesshoumaru habría intentado meterse en ese mismo tipo de tonto comportamiento ahora mismo si no la tuviese a ella colgando de su cuello – y de su armadura – como un albatros.
"¿Quizás podamos rodear la montaña y deslizarnos hacia el camino trasero?" ella postuló.
El sacudió su cabeza, sacando unos cuantos trozos de hielo. "El dragón es, esencialmente, un enemigo asentado en una fortaleza fácilmente defendible en tierras altas, equipado con armas superiores. Toma muy poco esfuerzo el defender un área rodeado de montañas, y simplemente se movería hacia cualquier lugar en donde nosotros decidamos buscar paso."
Kagome se restregó la cara. Esto no sonaba bien. "¿Entonces qué haces en esta clase de situación?" ella preguntó.
El demonio se encogió de hombros. "No ocuparse de dicho enemigo."
"Sí, bueno, esa no es una opción, ¿o sí?" ella respondió, la frustración tornando los bordes de su voz poco claros.
"No, no lo es," él estuvo de acuerdo.
"Entonces ¿qué vamos a hacer?"
"Vamos a sentarnos aquí en la nieve y pensar en un plan."
Contra él, Kagome tembló de nuevo. "¿Cuánto tiempo crees que tome eso? porque creo que eventualmente moriré."
Sesshoumaru gruñó. "Tomará menos tiempo si cesas tus tonterías," él le informó.
"¡Oye - !"
"Proposiciones útiles solamente," él dijo en seco, apretándola más.
"Bueno, yo pensé que era útil," ella dijo entre dientes, alzando su nariz en el aire pretendiendo ser tan altiva como una temblorosa joven cubierta de nieve podría ser.
"Efectivamente."
Frunciendo, Kagome jadeó de irritación, tratando de pensar en una solución a este problema, ella dobló su labio bajo, frunció, y miró fijamente hacia la nada, como si deseara que la respuesta se materializara en la nieve.
"Supongo," ella dijo lentamente, "que podría disparar todas mis flechas. Eso podría purificar la cosa humeante lo suficiente para que tú puedas entrar ahí y matarlo."
El la observó con ligera sorpresa. "¿Tus flechas purifican el veneno?" él quería saber.
"Bueno," ella dijo, "no por mucho. Hay una gran cantidad de humo, y puedo hacer mucho con solo una flecha, sabes."
Torciendo sus labios un poco, Sesshoumaru estrechó sus ojos. "Purificaste a ese youkai jabalí de una forma bastante espectacular," él le recordó a ella. "Quizás ¿serías tan amable de hacer eso nuevamente?"
"Oye, solo he hecho eso un par de veces en toda mi vida," ella dijo bruscamente. "No es como si te lo hubiera ocultado o algo."
"No mencionaste de forma inmediata que podías purificar el veneno," él señaló.
"Bueno, ya que la pureza se agota en las flechas bastante rápido contra toda esa cosa, no parecía ser terriblemente importante," ella respondió.
Sesshoumaru parecía estar pensando, Y Kagome nerviosamente se haló a sí misma un poco más arriba por la pendiente, el vacío bajo ella dando vueltas en su profundidad.
"¿En qué momentos puedes purificar sin ayuda de flechas?" él preguntó repentinamente.
Su boca se torció cuando intentó recordar. "Solo cuando de hecho no tengo ninguna flecha, ahora que lo pienso," ella dijo después de un rato. "Y generalmente pasa cuando estoy aterrorizada de que vaya a morir."
"Así que," él demonio dijo especulando, "si te cargase conmigo a la batalla, ¿podrías ser capaz de evocar estos poderes?"
"¿Qué? ¡No!" ella exclamó, una sacudida de ansiedad atravesándose por su estómago con la idea de bucear precipitadamente hacia un dragón venenoso.
Ella no lo estaba mirando, pero estaba segura que él había levantado una ceja en desdeñosa incredulidad. "¿Por qué no?" él preguntó.
"Porque pienso que creo que no me dejarás morir," ella dijo, y se encontró ruborizándose ligeramente por cosas que no podía precisar, pero ella barrió su vergüenza a un lado. "Ya sabes, con el trato de "proteger mujeres y niños" que has estado siguiendo, el cual es aún, debo añadir, muy extraño. Pero ajá, eso de alguna manera pone un amortiguador en todo el miedo del riesgo mortal. Además, podría purificarte a ti también. No puedo controlarlo realmente, sabes."
Sesshoumaru trató de sacar las partes de la conversación que le eran útiles e ignorar las demás, no fuera que vaya a confundirse y subsecuentemente se desviara del asunto. "Hmm," él respondió. "¿Así que no serías capaz de evocar tu poder aún si yo te lanzara frente de mi?"
Kagome tuvo una breve visión de su cuerpo volando como una granada de mano chillante antes de sacudir su cabeza violentamente. "Creo que estaría demasiado asustada por el aterrizaje para concentrarme en el veneno," ella dijo rápidamente. El no respondió.
Tomando un profundo respiro, Sesshoumaru intentó aclarar su mente. El podía sentir que la respuesta a su problema se encontraba en sus poderes sagrados, aunque dichos poderes lo pusieran bastante nervioso. Ella definitivamente necesitaría temer por su propia vida, a menos que, ella necesitara encontrar algún otro conducto para usar en contra del veneno. "¿En qué otra cosa podrías invertir tus poderes?" él preguntó pensativamente.
Kagome cerró los ojos con un apretón y trató de pensar. "Bueno," ella dijo, "realmente en cualquier cosa. Pero todo lo que tengo son flechas. Mi mochila está aún por esas rocas."
"Eso es desafortunado," él respondió. "No estaría sorprendido en absoluto si se ha derretido."
"¿Derretido?" ella dijo, su voz volviéndose aguda mientras se volteaba para mirarlo furiosamente, como si fuese culpa de él el haber olvidado sus efectos personales atrás. "¿Qué quieres decir con, derretido?"
Sesshoumaru frunció, confundido. "Quiero decir derretido," él repitió, pero ella no estaba escuchando.
"Oooooh," ella gimió, dejando caer su cabeza contra la mano que agarraba la armadura de él. "Eso tenía todas mis cosas ahí. Mi bolsa de dormir, mi sábana, mi jabón, mis cal – am, cosas," ella tropezó con lo que sin duda era un articulo vergonzoso, pero rápidamente se recuperó. "Todo. Maldita, maldita, maldita sea." Ella levantaba su cabeza y la dejaba caer sobre su mano varias veces, como si intentara provocarse amnesia.
El suspiró. "Esto no es productivo," él dijo. "¿Todo lo que tienes son flechas?"
Ella asintió con la cabeza sin levantarla. "Y no creo que pueda poner mucho más poder en algo y mantener su carga," ella dijo, su voz algo apagada. "Debo mantener contacto con ello para purificar la cantidad de veneno que necesitamos para – "
Ella se detuvo. Sesshoumaru frunció, en un intento de discernir sus pensamientos, pero estaba completamente perdido cuando ella levantó su cabeza y formó una pequeña 'o' con sus labios. Después de varios segundos de esta postura él temió que ella hubiese olvidado como respirar. El la sacudió un poco.
"Oh," ella dijo cuando él la sacudió, su voz pequeña. "Creo que se que hacer. Oh..."
La irritación pinchaba su cerebro, impulsando a su lengua a actuar. "¿Si?" El dijo con mordacidad. "¿Quisieras iluminarme con tu brillante plan?"
Kagome le lanzó una rápida mirada con furia antes de retirarla. "Solo déjame pensar en esto por un momento," ella dijo con enfado. "Aún hay algunas logísticas que elaborar."
Sesshoumaru suspiró y miró fijamente hacia otro lado, a la gris-blanca nieve que se extendía ante ellos. Intentó aclarar su percepción, para alcanzar esa mente en blanco que necesitaba en preparación para la batalla por venir, aunque, para ser completamente honesto consigo mismo, también porque estaba cansado de pensar. Si ella tenía un plan, ella era plenamente bienvenida a pensar por ambos en este momento. El solo quería una siesta. Sesshoumaru cerró los ojos, preguntándose si podía robar unos pocos momentos de sueño sin que ella lo notara.
"Muy bien," ella dijo de repente, "Lo tengo. Yo - ¡despierta!" Kagome lo golpeó fuerte en el pecho y él abrió los ojos molesto.
"No estaba dormido," él dijo bruscamente, mejor dicho culpablemente.
Ella frunció. "¿Quieres matar esta cosa o no?"
"Pensé que había quedado bien establecido que sí deseo matarla?" él dijo, ligeramente confundido.
"Como sea," ella respondió. "Mira, tú dijiste que querías llevarme contigo a la batalla, ¿cierto?"
"De hecho yo no dije eso en esas precisas palabras – "
Kagome se detuvo antes de girar los ojos en exasperación. El podía ser tan denso a veces. "Bien, pero podrías llevarme contigo, ¿cierto?" ella exigió, obstaculizándolo.
El bufó, un poco insultado por la interrupción. "Si la situación lo ordena, si," él dijo fríamente.
"Bien. Solo lo he hecho una vez, pero puedo usar mi arco para purificar; si el veneno está basado en shouki, y creo que lo está, todo lo que necesito hacer es sostener el arco frente a mí, y el veneno alrededor sería anulado. Y tú no te purificarías porque estaría contenido. ¿Qué piensas?"
Su boca se torció. "Y ¿qué si eres incapaz de purificar el veneno?" él preguntó. "¿Qué si disuelve tu piel al contacto? ¿Qué si te mata?"
En su estómago ella sintió algo apretarse con fuerza y luego dar vuelta, mandando una pequeña descarga de bilis hacia su boca. Lo tragó con disgusto. "Entonces yo muero, por supuesto." Ella dijo malhumoradamente. "Pero probablemente moriré en esta montaña de todos modos, incluso si no muero por derretirme la cara. Hace frío y me dará hipotermia al menos que matemos a ese dragón y lleguemos a algún lugar seco donde pueda sentarme cerca del fuego y calentarme, ¡rayos!" Kagome vagamente se había dado cuenta de que estaba empezando a despotricar solo un poco, pero ella encontró que no le importaba. Nada importaba realmente excepto matar ese dragón y calentarse de nuevo. Sus dientes empezaban a tiritar.
El no dijo nada por un largo momento. Entonces se deslizó un poquito hacia bajo por la ladera para así doblar sus rodillas, y la arrastró a ella sin ceremonia hacia su regazo.
"Iik," ella balbuceó, por el repentino vértigo y la audacia de él. "No creo que nos conozcamos lo suficiente aún para - " ella dijo entre dientes que sonaban.
El frunció, y ella notó que no se veía en absoluto complacido. El se veía bastante disgustado, de hecho. No, completamente molesto. Eso era. Ella observó como él descolgaba el arco de su espalda y lo presionaba contra sus manos antes de torpemente deslizar las suyas dentro de las mangas de ella.
"Oye – "ella protestó débilmente, pero se rindió cuando él empezó a frotar sus brazos con vigor. Sus manos estaban casi hirviendo contra su piel, y ella encontró que se sentía bien. Estaba tan cansada, y su piel contra la suya era realmente agradable, y sus manos eran fuertes, aunque quemaran, solo un poco, con demasiada fricción. Aun, era mucho, mucho mejor que nada. Kagome cerró los ojos y lo dejó calentarla.
Después de alrededor de dos minutos él se detuvo y retiró sus manos, y Kagome se sintió fría de nuevo, y extrañamente privada hasta que el mecanismo de mantener su equilibrio en su regazo requirió que ella se inclinara hacia él, hombro contra pecho. Ella abrió sus ojos para encontrarlo a él mirándola fijamente. Su rostro estaba muy cerca.
"Bien," él dijo, como si le diese ordenes a un regimiento. "Practica."
Ella frunció, confundida. "¿Practicar qué?"
La miró como si fuera estúpida. Kagome encontró a esto increíblemente gracioso viniendo de un hombre cuyo entero modus operandi parecía consistir en acuchillar salvajemente en la oscuridad hasta haber apuñalado la respuesta en los riñones por casualidad. "Practica con el arco," él aclaró. "Al menos que desees ir a la batalla con un arma no probada, aunque me doy cuenta que esto nunca te lo ha impedido antes."
Ella apretó los dientes. "Te haré saber que si me lo ha impedido," ella le dijo con arrogancia mientras se enderezaba, lejos de su rostro, y levantó el arco hacia el aire para que no pudiese tocarlo a él. Y luego, porque era fundamentalmente una chica honesta, ella añadió "pero no tan seguido."
Sesshoumaru rió por lo bajo mientras ella miraba con furia al arco en sus manos y pensaba en purificar el humo venenoso. Purificar. Ella necesitaba purificar algo, y ella necesitaba que su poder viniese cuando ella lo invocase. Kagome se concentró, frunciendo intensamente hacia el arco en sus manos, tensionó –
Nada sucedió. Después de unos minutos, nada siguió sucediendo.
Sesshoumaru bufó, moviéndose un poco bajo ella. "No tenemos prisa," él dijo, en ese horrible sardónico tono. "Tómate tu tiempo."
Labios apretándose en una blanca línea, Kagome pensó muchísimo en purificar irritantes demonios con horriblemente Lindo cabello. Lindo cabello con nieve en él. Lindo cabello y realmente cálida piel y probablemente mucho músculo y ella estaba extremadamente perturbada por su propio giro de pensamiento, así que ella pensó en cambio en que seguido él la hacía ver rojo. Siempre burlándose de ella, o empujándola, o insultándola vagamente – él era horrible, completa y tan totalmente frustrante –
En su mano el arco se encendió en vida, y Sesshoumaru hizo un ruido en la parte trasera de su garganta.
Su corazón tropezó en su pecho. Inmediatamente la luz se desvaneció y ella se volteó con urgencia en su regazo para ver si lo había lastimado, estrechando sus ojos cuando él alcanzó su vista. No se veía herido, pero entonces de nuevo ella había visto que él tendía a volar con esa expresión en su cara todo el tiempo, así que probablemente no era el mejor de los indicadores. "¿Estás bien?" ella pregunto ansiosamente.
Él le dio un asentimiento seco con la cabeza. "Lo estoy. Solo es que..." él arrastró las palabras viéndose pensativo.
Ella frunció. "¿Es que qué?" ella preguntó.
Sesshoumaru sacudió su cabeza. "Tu olor cambia cuando invocas tus poderes," él le dijo. "Solo es asombroso."
"¿En serio?" ella preguntó, alegrándose. Ella se volvió repentinamente muy curiosa. "¿A qué huelo?" Entonces ella sintió una pizca de preocupación resbalar por su mente. "Espera, no huelo mal, ¿verdad?"
Ella pensó que él casi sonrió con eso. "No, no hueles mal. Por lo menos, huele mejor que esas pieles apestosas que llevas."
Kagome bufó. "No puedo evitarlo si los lobos no son los animales más meticulosos."
"Efectivamente. Que esté mojada no ayuda, tampoco."
Kagome decidió abandonar esta línea de interrogatorio. Ella encontró que no le gustaría la idea de que podría repelerlo. Entonces ¿a qué huelo cuando hago esto? Ella preguntó, y esta vez lo encontró más fácil. Ella haló su poder de nuevo, permitiendo a su arco encenderse con un fuego rosa pálido.
Su mirada fija resbaló lejos de la de ella. "Es... difícil ponerlo en palabras," él dijo. "Quizás luego, después de haber tenido éxito, pensaré en una forma de describirlo."
Cejas cayendo, Kagome estrechó los ojos. Sospechó que él solo esperaba que lo olvidara, o tal vez él pensaba que ella podía ser sobornada para pelear bien con tal cosa. Lo cual no podría haber sido tan irritante si no fuera cierto; ella realmente estaba interesada.
Bien, que sea así, ella pensó petulantemente, saldré de esto viva, y entonces tu tendrás que decirme.
Ella hizo que el arco se encendiera de nuevo y de nuevo, y después de unos minutos ella estuvo segura de que sabía cómo hacerlo. "Bien, estoy lista," ella anunció.
"Excelente," Sesshoumaru respondió. "Porque creo que estas entumeciendo mis piernas."
El disfrutó el furioso rubor que se prendía por sus mejillas cuando la transfirió en la cuna de su brazo izquierdo de nuevo. Lanzando una rápida mirada bajo la montaña, él encontró un conveniente punto de salto. Asintiendo con la cabeza en satisfacción, se preparó para desenfundar a Toukijin y dirigirse hacia eso cuando un pensamiento cruzó por su mente. Se volteó hacia Kagome. "¿Está tu hakama bien sujetada?" él le preguntó.
El observó, casi complacido, mientras ella se ruborizaba furiosamente de nuevo. "¡Que pregunta!" ella chilló, indignada.
Sesshoumaru no tenía ganas de dar explicaciones. "¿Y bien?" él quería saber.
"Eso no es asunto tuyo, pero si," ella dijo, cortante.
"Bien," él respondió. Sin su permiso – porque, realmente, ella no tenía otra opción – Sesshoumaru rodeó los dedos alrededor del lazo que se ajustaba bien contra el lado de su cintura, y la amarró seguramente contra él. La escuchó dar un ofendido grito entrecortado cuando él se dobló, apretó la empuñadura de Toukijin, y se disparó a sí mismo lejos de la montaña, espada en una mano, miko casi petrificada en la otra.
Bueno, él meditó mientras daba una vuelta en el aire, llevando sus pies en línea con la roca sobresaliente que él había escogido como trampolín, hay mucho peores formas de ir a una batalla.
Mientras el glacial viento silbaba sobre sus mejillas, Kagome intentó tragarse su corazón otra vez cuando él se vino abajo en otra caída libre. "Me podrías haber advertido," ella dijo molestamente, cuando su voz regresó.
El se encogió de hombros, ojos enfocados abajo. "Levanta tus pies," él ordenó.
"¿Qué – " ella empezó, pero pensó mejor en ello. "Ah, no importa," ella dijo accediendo, doblándose alrededor del brazo en su cintura. Su apretón en su arco era tan fuerte que pensó que se rompería.
Cuando Sesshoumaru aterrizó, el dobladillo de su hakama rozó la nieve bajo ellos mientras él absorbía el choque, agachándose tan bajo que bien podría haber estado sentado, antes de sentirlo desenrollarse y saltar y ella recordó cuan increíblemente poderoso era él. No podía decidir si eso la tranquilizaba, o la ponía más nerviosa. Apretando sus dientes para así dejar de temblar tanto, Kagome enfocó sus ojos frente a ella.
El viento latigueaba por su vestimenta mientras Sesshoumaru se disparaba hacia adelante, cayendo y saltando de nuevo, arriba y a través de la montaña, directo a su oponente. Delante de ellos, el gran dragón blanco se movió de nuevo, levantándose lánguidamente contra el cielo gris, e inclusive si ella se estaba congelando, Kagome sintió un delgado brillo de sudor salir y pasar por su frente. Ella deseaba fervientemente no ahogarse.
La tensión era increíble, encordada a través de ella como una cuerda de guitarra apunto de soltarse. Sesshoumaru subió como un rayo por las pendientes hacia la grieta en el horizonte, diciendo nada, y ella podía incluso oír su respiración, aunque ella apostaba a que era constante y regular. El dragón no parecía estar demasiado ansioso tampoco, simplemente los miraba con pereza mientras ellos avanzaban. Kagome pensó que era muy injusto de que ella fuera la única apunto de hiperventilarse.
"Estate lista," ella de repente escuchó su voz cerca de su oreja, sin embargo era débil contra la ráfaga de viento a su alrededor. Bueno si él no iba a dejarse asesinar por una engreída lagartija, ella tampoco. Kagome adaptó sus hombros lo mejor que pudo contra él, y empujó la cuerda de su arco hacia atrás.
Silenciosamente, ellos parecían flotar por el aire, el mundo arrestado en su camino mientras ellos se acercaban cada vez más. En su nido la cabeza del dragón zigzagueaba alrededor en su cuello, como una cobra preparándose para atacar. Y en el interminable segundo en el que este abrió su gran boca, Kagome pensó que ella pudo ver el final del mundo en su garganta.
Cuando el dragón se preparó para atacar, Sesshoumaru sintió que la respiración de ella de repente se aceleró, y él arriesgó una rápida mirada hacia sus manos en el agrietado segundo antes de que el dragón escupiera su veneno al aire. Estaban pálidas y temblorosas sobre la madera del arco, pero él podía ver que su mandíbula estaba fija en una aguda línea, sus ojos furiosos y firmes; ella tenía la expresión de alguien que había enfrentado muchos enemigos antes, y había encontrado sus muertes cuando ella las buscó.
Sesshoumaru sonrió. Ella estaría bien.
Y luego frente a ellos, el dragón rugió, y blanco, polvoriento humo, chorreó hacia delante de su boca.
El la escucho hacer un ruido estrangulado, y en sus manos el arco se encendió en vida, su brillante perfume de repente bloqueando todas los otros olores, limpio y puro y mortal. El apretó a Toukijin, y mientras el humo venenoso formaba una torre sobre ellos, ante ellos, frente a ellos él la escuchó gritar, un áspero grito de guerrero, y ellos estaban en el medio del humo.
Cuando golpearon la pared de humo, el silencio era ensordecedor, y por un momento él pensó que ella iba a morir, que su magia no funcionaría antes de que ella lanzara un quejido y el aire que corría a su alrededor era claro y puro, sin veneno y despejado. Su fuerza sobre ella se apretó mientras la llevaba más cerca de él, frente a él, y ella cortó por la podredumbre a su alrededor como una cuchilla, sus manos brillando como una estrella.
Era hermoso. Ella encendió la nube que se aceleraba hacia ellos con luz rosa, llenando su túnel con espeluznantes sombras, y detrás de él Sesshoumaru podía sentir el humo colapsar hacia adentro del vacío que ella dejó en su estela. Ellos tendrían que ir derecho – si el cambiaba de dirección dramáticamente, él no sabía que tan rápido sería ella capaz de purificar el veneno. El juntó sus dientes, y alrededor de Toukijin, sus dedos se apretaron lo suficientemente fuerte como para dejar quemaduras de fricción, curadas al instante.
Había algo más en la brisa, también. El pensó que podía oler algo, latigueando cerca de él, el olor de carne rota, pero era tan débil que él no estaba seguro de si la había percibido en absoluto o no, así que siguió adelante, dentro de la ola de niebla, la sacerdotisa en sus brazos iluminando el camino.
Después de unos interminables momentos, él entrecerró sus ojos cuando divisó la salida. Justo adelante tuvo la extraña vista de pálido en pálido, humo blanco contra el cielo gris, y hubo otro rugido, lo suficientemente alto para irritar sus oídos. Kagome ni siquiera se estremeció, solamente se quedó inmóvil y segura frente a él. El se imaginó que ella ni siquiera había parpadeado con el pavoroso ruido, y él se sintió irracionalmente complacido mucho más que antes y sobre ellos otra nube, y él con cuidado formó un ángulo hacia arriba, frente a la fuente, más cerca de su triunfo o sus muertes, frente a su victoria o su derrota. Con la agudeza de sus ojos intensificada por la adrenalina, vio las manos de Kagome apretarse sobre su arco. La luz frente a ellos se encendió incandescente.
En sus venas, él escuchó su sangre cantar mientras el mundo se estrechaba, y el estaba tan cerca, tan cerca que él podía saborear sus escalas resbalando por su lengua, podía sentir el ruido de cartílago y hueso contra sus dientes, y entonces ellos rompieron entre la nube, el dragón alto sobre ellos, su gran boca se abrió anchamente para ahogarlos, tragarlos enteros.
Sesshoumaru vio sus ojos entrecerrarse, escuchó su mandíbula cerrarse, colmillos chocándose juntos como lanzar rocas macizas sobre rocas macizas. Sonaba como el cerrar de portones.
El sonrió sin humor, y levantó su espada.
Era aún por un largo momento hasta que sin previo aviso la poderosa cabeza se disparara hacia adelante, como para atacarlos, y él se torció en el aire, retirando un pie antes de que su nariz golpeara, sus fauces abriéndose de nuevo. Había el hedor de carne podrida, fétido aliento, y bajo éste el amargo olor del veneno, acre y agrio, causando que la garganta de Sesshoumaru se apretara.
El se alejó, dio una voltereta hacia atrás, afuera arriba dentro, y luego ellos estaban bajo su barbilla. En su brazo Kagome se tensionó y se volteó, sosteniendo el arco encendido al lado del hombro de él mientras tras ellos otra enorme nube se elevaba, inflándose hacia afuera. El sintió el aire moverse bajo sus pies, y luego ellos, también, fueron mantenidos a flote arriba a través del vacío, arriba, arriba, hacia la gran garganta escamosa, y Sesshoumaru se inclinó hacia la izquierda, la cuchilla a su lado afilada y sedienta de muerte.
Sesshoumaru levantó a Toukijin, derecha y certera, y golpeó hacia arriba, brazo firme y puntería pura.
El dragón rugió de nuevo sobre ellos un medio segundo antes de que él lo golpeara, y entonces él sintió la sacudida del impacto atravesando por todo su cuerpo. Kagome gritó cuando su brazo se apretó a su alrededor, pero su fuerza no le falló a él. Con la tranquilidad de un conquistador experimentado él se impulsó por la piel que reventaba, dentro de la carne debajo, a través de las venas que bombeaban y por el pesado cartílago de la garganta, mientras sobre ellos él escuchó el rugido ahogarse en un gorgoteo. Dentro de un segundo él estaba atravesando el cuello, y entonces él se disparó lejos, detrás, dentro del valle más allá, volteándose para darle la cara a su derrotado oponente. El observó cuando la cabeza se desprendía, parecía flotar de arriba a abajo antes de chocar contra la roca debajo, y luego el cuello ondeó y colapsó, manchando a la montaña de rojo bajo él.
Ellos flotaron hacia atrás. Acurrucada en la curva de su brazo Kagome se sentía tiesa y tensa; él casi podía discernir el temblor dejado por el torrente de adrenalina que se disparó por las venas de ella.
Bueno, ella podría estar temblando, pero Sesshoumaru estaba extremadamente complacido. El asesinato fue limpio y rápido, y ellos habían pasado la prueba. Ahora todo lo que necesitaban hacer era encontrar a la mujer youkai de las medicinas que cultivaba cualesquier extraña hierba que pudiese crecer aquí en el frío, tomarlas, y regresar. Con cuidado él bajó dentro del valle, encontrando que la ladera se estrechaba en una suave inclinación, dejando una pequeña cuenca rodeada por picos en la mitad. Cuando ellos estuvieron lo suficientemente lejos del cadáver de su enemigo, Sesshoumaru tocó la nieve y dejó ir a la miko, quien tropezó un poco mientras se alejaba de él.
Con satisfacción, él latigueó a Toukijin fuera y adentro, haciendo a la sangre volar dentro de las frías dunas antes de, con pesar, conducirla hacia abajo dentro de la nieve para terminar el trabajo. La nieve siseó con el calor, y él se apartó, levantando la cuchilla y colocándola en su respectivo lugar en su cintura. El corrió una mano por su cabello.
El miró a Kagome, quien no se había movido.
Sesshoumaru inclinó su cabeza. "Si te has recuperado?" él dijo con gracia, sonriendo un poco por su humor. Decapitar cosas siempre lo ponían en un buen estado de ánimo, y él se meció un poquito en sus talones mientras esperaba que la miko dijera algo.
Silenciosamente, ella solo se quedó ahí.
Después de un momento él frunció y abrió su boca para preguntar de nuevo, pero nunca lo hizo pues ante él ella se estremeció, dejó caer el arco, y colapsó dentro de la nieve, enterrando sus manos bajo ésta.
Miserablemente, Kagome apretó los ojos y se preguntó que horrible espíritu se había apoderado de ella para ofrecerse de escudo humano, y por qué ella no había pensado en la parte trasera de sus dedos, los cuales, cuando estaban alrededor del arco eran las únicas partes de ella en frente de la pura barrera. Sus dedos se habían chisporroteado y ampollado en los pocos momentos en que sus poderes surgieron al frente para proteger sus manos, pero el daño ya estaba hecho: por la base de cada uno de sus dedos la piel había formado burbujas y se había roto, y solo su determinación había mantenido su mano en el arco segura y fuerte. Determinación, y el conocimiento de que ella moriría si no aguantaba.
Pero ahora las quemaduras que azotaban a través de su mano estaban supurando y picando, halando la piel fuertemente sobre sus nudillos, y ella estaba temerosa de mirar sus manos por temor de que sus dedos se hayan derretido y pegado juntos. Se sentía como si alguien estuviese rayando granito hirviente por la parte de atrás de sus manos, cavando dentro de su piel, y así que ella empujó sus manos más profundo en la nieve, lágrimas de dolor goteando por su mejilla, cayendo dentro del congelado polvo bajo ella, mientras esperaba que sus manos se entumieran.
Ojala estuviera en casa, ella pensó. Ojala...
"¿Kagome?"
Ella no lo había escuchado moverse, pero ahora él estaba ante ella, arrodillado en la nieve y mirándola imperiosamente. "¿Qué sucede, Kagome?" él quería saber. Ella pensó que ella podría haber no estado de acuerdo con su tono, pero el sonido de su nombre en sus labios, casi preocupado, suavizó su reacción. En vez de hablar, ella calladamente levantó sus manos de donde descansaba en sus pequeñas frías tumbas.
Por primera vez, ella estuvo agradecida de que su rostro no mostró ninguna reacción; él solamente miró fijo sus manos como si simplemente estuviera leyendo un libro. Tragando su miedo, ella miró sus dedos para examinar el daño.
No se veía tan mal como se sentía, pero las primeras uniones de cada dedo estaban de color rojo oscuro, delineadas por piel blanca y quebrada, hinchada y brillosa. Ella estuvo intensamente aliviada de hallar que estos no se habían soldado juntos, pero el conocimiento de esto hizo poco para aliviar el dolor, Kagome tomó aire entre sus dientes, sintiéndose casi humillada por las lágrimas que se le regaban encima.
No debería estar llorando por esto. Esto no es nada comparado con lo que Sango y Miroku e Inuyasha tenían que soportar. Nada en absoluto.
Furiosamente ella dobló su cabeza hacia su brazo, restregando las líneas mojadas antes de moverse hacia adelante para enterrar sus manos en la nieve de nuevo.
Ella escuchó el forzado sonido de tela rompiéndose, y ella miró hacia arriba para ver a Sesshoumaru metódicamente romper una tira de la ondeante manga de su kimono. No había expresión en su rostro.
"¿Qué - ?" ella empezó.
"No te muevas," él ordenó, alcanzando y levantando su mano izquierda de la nieve antes de que empezara a envolver la seda sin apretar alrededor de cada dedo, pausando entre cada uno para romper y amarrar el vendaje improvisado en su lugar.
Ella observó, sin palabras, mientras él cuidaba de sus heridas, y la golpeó como algo insólito. Ella siempre era la que cuidaba de las heridas de todos los demás, la que curaba las lesiones de otras personas; parecía extraño estar en el extremo que recibía. Kagome miró hacia abajo y observó como trabajaba, sus movimientos precisos y eficientes, mandíbula firme, y sus manos sobre las suyas estaban cálidas. Ella tembló cuando él sacó su otra mano fuera de la nieve, y no fue enteramente por el frío.
El terminó y soltó sus manos. "Tendremos que cambiar los vendajes al menos una vez por día," él dijo bruscamente.
Ella quería preguntar como sabía eso, pero contuvo su lengua. ¿Qué importaba donde había aprendido él estas cosas? Ella presionó sus labios juntos en una delgada línea. "Lo siento," ella dijo, mirando fijamente hacia la nieve donde lentamente se filtraba dentro de su hakama. Ella tenía tanto frío. Cuidadosamente ella levantó sus manos lastimadas hacia sus brazos y se abrazó a sí misma. Después de un momento, cuando él no se movió, ella miró hacia arriba.
El la estaba mirando muy extrañamente.
"¿Qué?" ella preguntó, incómoda.
Sesshoumaru sacudió su cabeza, muy ligeramente. "¿Por qué sientes la necesidad de disculparte?" él preguntó.
Kagome apretó sus labios; no estaba segura tampoco. "Porque... no tendrás mangas para cuando regresemos a Edo?" ella se aventuró.
Ella vio su labio moverse rápidamente. "Entonces el mundo tendrá el gran privilegio de ver mis brazos," él le dijo.
Y de repente todo pareció tan absurdo. El pozo, el cuento, el viaje, el dragón, el lord youkai bromeando con ella en la nieve, y Kagome empezó a reír, impotente y alto.
Sesshoumaru la observó disolverse en risa, presionando sus antebrazos en su boca, tratando de sofocar sus desesperadamente entretenidas risillas, y se sintió extrañamente satisfecho. Él le permitió tener su entretenimiento por un momento antes de incorporarse y ofrecerle una mano para ayudarla a levantarse. Aún riendo, ella levantó una mano y él agarró su antebrazo, halándola de la nieve.
Sobre piernas temblorosas ella se dobló y recogió su arco – la humedad probablemente lo combaría, pero con suerte ella no lo necesitaría de nuevo – y lo colgó sobre su espalda con tiesos dedos antes de voltearse, aún sonriendo, hacia Sesshoumaru, quien la miraba en la luz que se oscurecía.
La luz. "Ah –" ella dijo de repente, mirando al cielo. "Se hace de noche."
Ella observó cuando él levanto su cabeza también. "Si," él estuvo de acuerdo antes de regresar sus ojos hacia ella que se acercaba.
No dijeron nada, solamente mantuvieron sus miradas en los ojos del otro, de compañeros, del conocimiento compartido de su triunfo llenando el aire entre los dos.
En la brisa, su cabello plateado se hinchaba y fluía. Ella pensaba que se veía hermosamente alienígena ante ella en el día que se desvanecía, en la nieve que congelaba, y por una extraña razón, en una forma que ella no pudo describir, a Kagome le dolió.
Ella abrió su boca. "Am –" ella empezó, sin estar segura de lo que estaba a punto de decir.
Tristemente, él estuvo destinado a nunca saberlo, porque ella no fue más lejos porque alguien escogió ese momento para empezar a gritar.
"¡AH!" una aguda voz de mujer chilló, y ambos voltearon, sorprendidos de cualesquier mundo raro en el que estaban viviendo, para ver a una bastante joven youkai lobo adornada en una gruesa piel blanca, con las manos presionadas contra su cara en la perfecta imitación del horror.
"¡Mataron a Aiko!" ella exclamó. "¿Cómo pudieron?"
Kagome parpadeó. Un montón de cosas le vinieron a la mente, pero solo una logró salir.
"¿Nombraste al dragón Aiko?" ella dijo incrédulamente. A su lado, ella escuchó a Sesshoumaru reir.
La youkai parecía no estar escuchando. "¿Cómo pudieron?" ella se lamentó de nuevo. "¡La crié desde que salió del cascarón! ¡Ella era la mejor dragona que tuve! ¿Cómo pudieron?"
"Le aseguro que no fue sin dificultad," Sesshoumaru le informó.
La youkai no tomó bien la información. "¡Tú!" ella chilló, apuntando un tembloroso dedo hacia él. "¡Tú no eres un lobo! Y tú -" su acusador dedo girando hacia Kagome " – no estás embarazada."
"Er," Kagome dijo. "¿No?"
"¿Qué están haciendo aquí? ¿Tienen idea lo difícil que es entrenar a un dragón? Ahora tendré que empezar todo de nuevo, y yo simplemente ¡detesto entrenar dragones! ¡Maldita sea!" La youkai pisoteó en la nieve como una niña petulante y fruncía poderosamente, su labio bajo empezando a temblar. "¡La mataron por nada!" ella declaró.
Kagome estaba vagamente horrorizada. "¡No!" ella exclamó extendiendo una mano en un gesto para apaciguarla. "¡Nosotros no lo hicimos por nada, estamos aquí por las hierbas necesarias para lobos hanyou!" ella declaró.
"¡Pero ninguno de ustedes son lobos!"
"Hubieron complicaciones," Sesshoumaru interrumpió fríamente. "Estamos aquí en vez del... padre."
"¿Y por qué él no está aquí?" ella quería saber, claramente reacia a creer en ellos.
Sesshoumaru bufó. "El – "
"El murió," Kagome interrumpió rápidamente. Cruzando por su mente estaba la preocupante idea que la youkai estuviese demasiado ofendida de que su dragón ahora este decapitado por dos personas que claramente no tenían nada que ver con lobos hanyous y que no cooperaría. La situación más comprensiva en la que podía pensar era de un padre muerto, incapaz de cuidar de su amante e hijo debido a que estaba tieso como una tabla y seis pies bajo tierra. ¡Solo somos amables pasantes! Ella gorjeó telepáticamente. ¿No sería agradable darnos un descanso?
Lanzándole una sorprendida mirada, Sesshoumaru casi la corrigió, pero pensó mejor en ello. El estaba levemente impresionado; ella era precisa e intrépida, y él de repente halló que sentía curiosidad de cómo manejaría ella este reto. El quería observarla. Cerrando su boca él se volteó hacia la youkai de nuevo, quien había cruzado los brazos y estaba ahora olfateando fuertemente, como para controlar sus lágrimas. Ella estuvo en silencio por un largo momento.
"Ah, está bien," ella dijo finalmente, mirándolos de arriba a abajo. "Si están aquí por una razón legítima – y más vale que lo sea - supongo que deben venir conmigo."
Sesshoumaru casi preguntó por qué alguien viajaría tanto y arriesgarse a que sus pellejos se derritiesen por un remedio que no podrían usar, pero la loba ya había girado sobre sus talones y había empezado a caminar airada, siguiendo la zanja de huellas que ella había dejado cuando se había aventurado afuera para enfrentarlos. Deslizando una mirada hacia Kagome, él vio que ella reflejaba su misma mirada dudosa. Ella sostuvo su mirada por un momento antes de encogerse de hombros y caminar trabajosamente detrás de su reacia anfitriona. El la siguió.
...o...
Treinta minutos después, Kagome se halló con dos cachorros de lobo saltando sobre su regazo y mirando fijo con enormes ojos mientras el youkai que los había recibido azotaba kimono tras kimono para su inspección. Su nombre resultó ser Rei.
"Y no me llamen Rei-san o Rei-sama," ella había ordenado. "Rei está bien. Los honoríficos me hacen reir."
"Bien," Kagome, quien casi nunca llamaba a nadie –san o –sama, estuvo de acuerdo. Ahora ella estaba sentada cerca de un muy caliente fuego en la que parecía ser la pequeña red de bien-iluminadas, bien-templadas, bien-ventiladas cuevas y observó como Rei latigueaba pesadas, secas vestimentas fuera de un pequeño trastero en la roca. Ella aparentemente había decidido que Kagome, aparte de necesitar evitar una hipotermia, también necesitaba verse bonita para 'su youkai.'
"El no es mi – " Kagome había empezado, pero Rei la había interrumpido.
"Lo sé, pero déjame fingir que sí," ella exigió. "Es tan raro que yo encuentre compañía femenina, y nunca uso estos. Solo déjame arreglarte un poquito."
Era obvio que ella estaba acostumbrada a obtener lo que quería, así que Kagome había consentido por el amor a una vida silenciosa, o, al menos, una vida más silenciosa de la que recientemente había estado viviendo.
"¿Este?" Rei preguntó, sosteniendo un particularmente bonito kimono azul que parecía abrigado.
Kagome, quien de hecho había asentido a cada kimono que se le había presentado, asintió de nuevo, algo desesperada. Tal vez éste es el verdadero juicio por fuego, ella pensó, levemente con pánico mientras desenredaba con cuidado una pequeña mano con garras de un mechón de su cabello. Si este es, Sesshoumaru tuvo la mejor de las partes, ese idiota. Al entrar a las cuevas, un youkai que solo podía ser el esposo de Rei se había incorporado y los había recibido jovialmente, dando palmadas en la espalda de Kagome tan fuerte que ella había dado un traspié hacia adelante, aunque un instinto de preservación propia había hecho que se contuviera de hacer lo mismo a Sesshoumaru. En cambio, había invitado a Sesshoumaru a beber una jarra de lo que Kagome esperaba fuera sake, pero, juzgando por su enérgico color, lo más probable era que fuese algo más fuerte. Ella había regresado a ver a Sesshoumaru mientras Rei la conducía lejos para cambiarse de ropa y secarse, pero él solo se había encogido de hombros antes de verlo asentarse al lado del fuego y extender una mano y tomar la jarra del lobo, quien se la había pasado, claramente contento de haber encontrado un compañero para beber.
Rei estaba mirando el kimono especulativamente. "Sabes," ella dijo al final, "Creo que este te sentara bien. Toma." Ella lo lanzó y Kagome apenas tuvo tiempo para atraparlo antes de que cayera en el fuego. Ella recogía la tela hacia ella mientras Rei le lanzaba un par de tabis negros sobre su hombro – estos rebotaron en la rodilla de Kagome – y empezó a doblar el resto de ropas.
"Um," Kagome dijo, mirando fijamente hacia la resistente tela.
"¿Si?" Rei preguntó, doblando dinámicamente.
"¿Te sientes sola aquí arriba?" ella preguntó. En su regazo uno de los cachorros aplaudió y empezó a acariciar el kimono, con dificultad.
"Ah sí," Rei respondió, "pero tengo a Haru, y de todos modos, hay muchas mujeres de medicinas, así que cambiamos lugares cada dos años."
Kagome parpadeó. "¿De verdad?"
"Claro. Cualquiera se volvería completamente loco si tuviera que quedarse aquí toda su vida. Supongo que debería estar agradecida de que hayas aparecido, ya que tengo un año y medio que me falta, pero también detesto entrenar dragones," ella suspiró. "Ellos realmente son problemáticos."
"Puedo imaginármelo," Kagome lo dijo con tanta comprensión como ella pudo mostrar.
"Bueno," Rei arregló, "no es malo en todo. Disfruto el cultivo, y no es tan difícil encontrar comida aquí como parece. Es una vida bastante buena supongo, así que debería dejar de quejarme. ¡Kira! ¡Ryuji!"
Los cachorros en el regazo de Kagome miraron hacia arriba esperando mientras su madre aplaudía con autoridad. "Vengan aquí, queridos. Dejen a la buena miko cambiarse de ropa."
Kagome ocultó su pequeño suspiro de alivio cuando lo niños bajaron de su regazo y se dirigieron hacia Rei, quien se inclinó para recogerlos. "¿Recuerdas el camino de vuelta a la primera habitación?" ella le preguntó a Kagome.
"Er," Kagome dijo, "Eso creo."
"Bien," ella respondió. "Reúnete con nosotros cuando hayas terminado de vestirte," Con eso, ella salió, dejando a Kagome sola por primera vez en tres semanas.
El repentino silencio, se rompió solo por el adorable crujido del fuego, era como música.
Por un largo momento, Kagome se mantuvo quieta y cerró sus ojos, disfrutando la sensación del silencio antes de que ella se sentara sobre una gruesa piel y empezó a quitarse la ropa. Ella se quitó sus empapados tabi con tiesos dedos y extendió sus pies cerca del fuego para calentarse mientras se encogía fuera de su gruesa blusa. Ella estaba terriblemente agradecida de que su sujetador e interior habían escapado de la congeladora nieve casi ilesos. Con poca ceremonia ella se quitó su hakama y colocó sus vestimentas cerca del fuego para secarlas antes de deslizarse dentro del kimono y amarrar el elaborado nudo. Ella soltó su cabello y lo sacudió antes de decidir que estaba lo suficientemente seco y lo volvió a recoger con algo de dificultad. Sus pies aun estaban fríos, pero, ella razonó, los gruesos tabis definitivamente los calentaría, así que se los puso antes de recoger sus zapatos y deslizarlos por sus pies. Ella se quedó cerca del callado fuego por un momento más antes de levantarse y caminar hacia la puerta por la que ella había entrado, y siguió el sonido de fuertes risas e infantiles risillas.
Cuando halló la primera habitación Kagome encontró a Haru rebotando a ambos niños sobre sus rodillas e informando a Sesshoumaru que los niños eran, en verdad, lo mejor desde el derramamiento de sangre, y diciéndole al lord youkai que debería realmente tener unos él mismo.
Sesshoumaru simplemente asentía educadamente antes de beber otra jarra. Kagome esperaba que él no se estuviera embriagando. ¿Puede un daiyoukai embriagarse? Ella se preguntaba distraídamente mientras caminaba hacia el fuego.
"¡Ah, Kagome, ven siéntate, siéntate!" Rei exclamó. "Tenemos que quitar este molesto trato del camino antes de que podamos relajarnos y irnos a la cama."
Kagome estaba levemente consternada, "¿El trato? ¿Ahora?"
"Bueno, ¿cuándo preferirías hacerlo?" Rei preguntó. "Porque no puedo darte las hierbas al menos que pagues un precio."
"¿Qué clase de precio?" ella preguntó.
"Eso es lo que vamos a averiguar," Rei anunció. "No te preocupes, no será terriblemente agobiante. De hecho, creo que habremos terminado tan pronto como habremos empezado."
El cosquilleo de la ansiedad en su estómago se elevó un poco en intensidad – o quizás ella solo tenía hambre – pero Kagome forzó su mandíbula y caminó hacia ellos, sentándose al lado de Sesshoumaru. "Muy bien," ella dijo, y estaba feliz de haber encontrado a su voz tan segura, "empecemos."
Rei aplaudió sus manos. "¡Excelente!" ella exclamó. "Te encantará esto. El precio es levantamiento de cadáver."
Kagome parpadeó rápidamente mientras intentó pensar en ello. "Oh," ella dijo finalmente. "Dices del dragón, ¿cierto?"
"¡Por supuesto! ¿Al cadáver de quién crees que me refería? ¿El tuyo? ¡Ja ja!"
"J aja," Kagome respondió. Ella escuchó a Sesshoumaru reír por lo bajo, y ella le lanzó una mirada furiosa antes de regresar su atención a su anfitriona. "Pero, er, el cuerpo es muy grande. No estoy segura si podremos –"
Rei la interrumpió con un tajo su mano. "¡Grande! ¡Pffft!" ella exclamó. "¿Eres o no eres una miko?"
Ella frunció antes de que cayera en cuenta. "Oh," ella dijo de nuevo, "Solo tendré que purificarlo ¿cierto?"
"Exactamente. Estoy segura de que no te tomara mucho tiempo. Pueden hacerlo mañana en la mañana mientras yo preparo la medicina que necesitan."
Esto no sonaba exigente en absoluto. "¿Le das a todos los que vienen una tarea tan fácil?" Kagome dijo dudosamente.
"No," Rei respondió. "Les doy la misma tarea. Deshacerse de un gran cuerpo es mucho trabajo, y en verdad, es su culpa que bloqueé mi valle en primer lugar. Usualmente lo hacen."
"Oh."
"¡Ah!"Su anfitriona exclamó. "¡Casi lo olvide! Tengo que darte esa ungüento para tus dedos."
Kagome miró hacia abajo, sorprendida, "¿Tienes ungüento para quemaduras de dragón?" ella preguntó.
"¡Claro! ¿Por qué crees que odio tanto entrenar dragones? ¡Vengan queridos! ¡Hora de dormir!"
Kagome observó como Rei hizo saltar y agarró a sus hijos del regazo de su padre. "Tú, también, amor," ella dijo. "Hora de ir a la cama." Kagome observó cómo le plantó un breve beso en su cabeza inclinada hacia arriba antes de voltearla. Haru se incorporó lentamente y se estiró antes de rendirse con un bostezo.
"Que duerman bien," él le dijo a sus huéspedes antes de pasearse tranquilamente detrás de su esposa, y Kagome y Sesshoumaru estaban solos de nuevo.
"Bueno," Kagome dijo después de un momento, "eso fue algo anti-culminante."
"Ciertamente." Sesshoumaru respondió, y ella estuvo levemente aliviada de escuchar su voz fuerte y sin arrastrar palabras. "Pero eso probablemente es con la mejor intención."
"Digo, ni siquiera hubo ningún regateo," ella dijo. "Estoy sorprendida."
"Sospecho," dijo Sesshoumaru, "que asesinar al dragón es suficiente prueba. Nuestra anfitriona no parece ser extremadamente sádica."
Kagome frunció. "Oye," ella dijo, "¿por qué no hiciste la negociación? ¿Pensé que esa era tu tarea?"
Sesshoumaru se encogió de hombros. "Quería ver cómo lo manejarías," él dijo enigmáticamente.
Por un momento, ella pensó en disgustarse con él por lanzarla al agua para ver si ella podía nadar, pero pensó no tener la energía, y realmente, dependía de qué forma lo viera. Ella se volteó hacia él y sonrió ampliamente.
El le echó un vistazo y retrocedió levemente. "¿Por qué sonríes?" él le preguntó con recelo.
"Sesshoumaru, ¿acaso esto significa que confías en mi?" ella preguntó. "Porque si es así, ¡es muy tierno!"
Él le frunció. "Te haré saber que nunca en mi vida he sido tierno. Solamente no desconfío de ti."
"Eso es prácticamente lo mismo," ella le dijo.
"No lo es," él dijo. "Y no es tierno," él dijo de nuevo, y ella podía percibir que él no sabía si sentirse insultado o halagado.
"Ah, como sea," ella dijo despreocupadamente. "Solo estoy contenta de que todo lo que tengo que hacer es solo un poco de la imposición de manos, y luego nos iremos de aquí."
"Hacia otro viaje en el frío."
"Ah, gracias por arruinarlo para mí."
"Simplemente estoy siendo realista; no deberías entusiasmarte demasiado."
"Pero yo no quiero ser realista. ¿Ya terminamos?"
"No hasta que presentes el pago."
"Así que prácticamente terminamos."
"Creo," Sesshoumaru dijo lentamente, "que no estás completamente familiarizada con la palabra 'prácticamente.' Muchas cosas pueden ir mal entre ahora y ese momento."
Kagome se mordió el labio. "¿Cómo que'?" ella le preguntó.
El se encogió de hombros, Y ella escuchó seda contra seda. El estaba seco de nuevo. "Si yo fuera capaz de predecir tales cosas, sería capaz de evitarlas," él le dijo.
"Ah," ella dijo antes de voltearse hacia el fuego cuando Rei entró ajetreada de nuevo.
"¡Aquí esta!" ella cantó. "Solo pon un poquito de este ungüento en tus manos y venda tus dedos sin apretar – e individualmente – y deberías estar completamente curada para cuando te despiertes mañana." Ella colocó pesadamente un pequeño tarro entre ellos. "Hay pieles en la esquina para dormir, y ¡los veré por la mañana!"
Sin esperar una respuesta, se fue volando de nuevo.
Kagome pestañeó y se rindió al intentar mantener el mismo ritmo que el resto del mundo. Ella miró el pequeño recipiente con duda antes de levantarlo y desenroscar la tapa, olfateando experimentalmente. "Hmm," ella dijo mientras un preciso, olor de menta le llegó a la nariz. "Me pregunto que hay en esto."
Ella escuchó un sonido de tela rasgándose y ella miró hacia arriba para ver a Sesshoumaru hacer tiras con el puño de su otra manga. "Probablemente es mejor no especular acerca de eso," él le dijo. "Solo te angustiaría."
"Em," ella dijo. "No sé si lo haría. Tengo una gran imaginación y no hay perritos en esto, ¿cierto?"
El se veía confundido mientras tomaba sus manos en las suyas y sacaba los vendajes que las cubrían. "No que yo sepa," él dijo después de unos momentos. "Y dudo que los cachorros de perro tengan algún valor medicinal. Úntalo."
Encogiéndose de hombros, ella hundió una punta de dedo en el ungüento. Hormigueaba donde topaba su piel, y ella se retorció un poco cuando lo corrió por la base de sus dedos, cubriendo sus quemaduras. Su piel se refrescó casi inmediatamente, y sus manos repentinamente ya no se sentían hinchadas. "Vaya," ella dijo. "Esta cosa se siente increíble."
Sesshoumaru no respondió, solamente levantó su mano derecha al aire mientras la vendaba primero antes de pasar a la izquierda. Ella lo miraba en la luz de la fogata, notando como su color cambiaba de frío a cálido con la luz naranja tiñendo su cabello de dorado, y tornando sus dorados ojos cobre pulido. El estaba concentrándose en sus manos, y ella observó mientras un largo mechón de cabello resbalaba sobre su hombro y encima de su regazo. Kagome tuvo que reprimir la urgencia de colocarlo detrás de su oreja, y se resignó a observarlo.
Cuando hubo terminado se sentó hacia atrás. "No te muevas," él le ordenó, levantándose. Ella lo siguió con la mirada mientras él se movía de vuelta hacia la esquina de la habitación antes de regresar con un brazo lleno de pieles.
"Nunca pensé que me cansaría de las pieles," ella dijo con pesar mientras él las dejaba caer a sus pies. El no dijo nada, simplemente se movió unos cuantos metros hacia la pared de la cámara y se sentó, inclinándose sobre ella en su acostumbrada postura de dormir, mientras Kagome arreglaba la pila de pieles en algo que pareciese una cama. Ella sintió la pérdida de su bolsa de dormir profundamente.
Después de haber movido todo para satisfacerse ella levantó la primera de las capas y se deslizó dentro, cerrando sus ojos, agradecida de finalmente estar caliente antes de recordar algo y abrirlos de nuevo.
"Nunca me dijiste a que olía," ella dijo el silencio de la cámara. Ella miró a Sesshoumaru, quien estaba sentado a solo unos pies de ella, lejos entre la oscuridad. El no se movió.
"¿No lo hice?" él preguntó calladamente. Ella pensó que sonaba entretenido.
"No lo hiciste. Aunque si huelo a pieles mojadas cuando purifico, preferiría no saberlo."
"Es diferente a eso," él dijo. "No hueles a ningún olor que puedas percibir."
Ella frunció. "¿A qué te refieres?"
El se encogió de hombros. "Inuyasha olía a morado sobre verde," él le dijo después de una contemplación de un segundo. "Esa es la mejor de las formas de describirlo."
"No sé a qué huele el morado y el verde."
"Es la más precisa de las descripciones, aunque la combinación de morado y verde no es agradable."
"Ah," ella dijo. Contra su mejilla la suave piel le hacía cosquillas a sus labios mientras se acurrucaba un poco más profundo en sus sábanas. "¿Quiero saber a qué huelo?" ella le preguntó, de repente nerviosa por razones que ella no podía entender por completo.
Por un largo momento él no dijo nada. Luego abrió su boca.
"Cascadas," él le dijo. "Hueles a luz de sol sobre cascadas."
El se calló. Por alguna razón irracional, Kagome pensó que lloraría.
El estuvo quieto por otro largo momento antes de moverse de nuevo. "Debes descansar," él le dijo calladamente. "Saldremos de nuevo mañana."
Kagome casi accedió, pero se detuvo. "Tormentas eléctricas." Ella dijo en cambio. Lo observó levantar su cabeza, abrir sus dorados ojos, y mirar fijo sus pies.
Kagome lamió sus labios. "Hueles a tormentas eléctricas para mí."
En la parpadeante luz naranja, ella pensó que lo vio sonreír, antes de cerrar sus ojos nuevamente, dejando caer su cabeza un poquito, oscureciendo su rostro de ella con su cabello dorado. "Duerme, Kagome," él dijo, su voz tan ligera que ella pensó que sería lo suficientemente ligera para flotar.
Ella sonrió. "Buenas noches, Sesshoumaru," ella respondió suavemente antes de voltearse y cerrar los ojos. Se durmió casi inmediatamente.
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