Cuentos de la Casa de La Luna
Por
Resmiranda
Capítulo veinte
"Sirvieron haggis en la última cena a la que asistí. No sabía si arrojarla o comerla. Habiéndola comido, deseé haberla arrojado." –Steve Turner
...o...
Sesshoumaru estaba de pie en sus ensangrentadas, apestosas ropas prestadas, y observaba como Kagome sacaba intestinos de dragón de su cabello. Muy calladamente él reflexionó en que debió haber visto esto venir, ya que el día había empezado en condiciones bastante desfavorables cuando recuperó la conciencia. El deseó haber tomado el mensaje y haberse negado a moverse en vez de ceder y despertar.
Cuando él apareció en el mundo de los despiertos, hubo un curioso peso en su regazo que no había estado ahí la noche anterior. Era autónomo, y estaba situado completamente en su armadura.
Sin moverse o de alguna otra forma indicar que estaba despierto, Sesshoumaru meditó por un momento. Desayuno, él pensó por ninguna razón en particular.
Pequeñitas manos encontraron camino hacia su pecho, presionando ligeramente.
Un enano, él pensó. Por un momento el contempló varias razones de por qué el tendría un enano en su regazo, pero su exploración cesó cuando sus vagas meditaciones se hicieron un poco más claras. El dio un suspiro mental. Un enano. El cual, él pensó, algo esperanzado, quizás no sea completamente incongruente con desayuno.
El podía sentir a alguien mirándolo fijamente, acercándose, y ahí, ahí él olfateó algo no muy diferente a carne rancia y a cadáveres de animales abandonados en charcos por varios días, y él empezó a reconsiderar el valor de los ejercicios mentales.
¿Un enano zombi? El se preguntó, y luego se dio por vencido. Sesshoumaru abrió los ojos.
Un muy pegajoso niño lobo estaba parado en su regazo, apoyándose contra su pecho, e inspeccionando su rostro mucho más cerca de lo que a él le parecía cómodo. El observó como la boca del niño lentamente se estiró convirtiéndose en una enorme sonrisa de oreja a oreja. Este reía locamente antes de volcarse gentilmente hacia atrás dentro las piernas de Sesshoumaru y chillando con un placer que parecía, para Sesshoumaru, algo completamente inapropiado para las circunstancias dadas.
"¡Iiiiiiiiiiiii!" este anunció.
"Gnuh," Sesshoumaru respondió, no enteramente seguro de que alguien mereciese esta clase de trato al ingresar al mundo de los despiertos. El se movió levemente, haciendo que el niño se inclinara hacia la derecha, su suave cráneo peligrosamente cerca del piso de piedra. Con resignación, él lo agarró antes de que pudiese ir más lejos, aferrándolo por debajo de sus brazos y levantándolo para sentarlo sobre su regazo. El pequeño lobo parecía pensar que esto era la mejor cosa pasara en su corta vida – posiblemente mejor que excretar, lo cual, a juzgar por el trasfondo de su olor, había hecho recientemente – y alzó su voz en un aun más alto y penetrante registro.
"¡IIIIIIIiiiiiiiiiIIIIIIIIIIIiiiiiiiiiiiIIIIIIII!" este declaro alegremente al mundo, y empezó a dar brincos donde estaba sentado.
Sesshoumaru lo miró fijamente, e intentó decidir qué hacer.
El estaba pensando en las diversas formas en las que podría silenciar al chillante cachorro que rebotaba cuando un paso lo hizo mirar hacia arriba, solo para ver a Kagome, sonriendo casi tan abiertamente como el niño en su regazo.
"Ya veo que hiciste un amigo," ella dijo. Siniestramente, Sesshoumaru pensó que estaba siendo un poco frívola respecto a la situación para alguien que rutinariamente comparaba al despertar con tortura, aunque para ser sinceros siempre se sentía más como una tortura para él el escucharla a ella continuarla. Aunque, él pensó que podría, tal vez, soportar sus quejas con mejor humor la próxima vez, ya que por el momento él estaba considerando la muerte como una opción viable. Los muertos, después de todo, eran capaces de dormir todo el tiempo. Como los envidiaba a todos ellos en este momento.
Inconsciente de sus vagamente mórbidas meditaciones, Kagome se dejó caer a su lado, aun sonriendo. "Estoy impresionada. No creo que sería capaz de soportar esto tan bien como lo haces tú. ¿Cómo lo haces?" ella dijo animadamente.
El parpadeó, sin comprender, su mente borrosa en los bordes. "¿Hacer qué?"
"No explotar de ira."
El inclinó su cabeza a un lado mientras consideraba esto. "Con profunda meditación," él dijo después de unos pocos segundos de contemplación. Era parcialmente cierto – su mente estaba bastante en blanco por el momento.
Ella rió al tomar al bebé de sus manos. A éste no pareció importarle la transferencia, y sopló pequeñas burbujas hacia ella mientras lo ayudaba a ponerse de pie. Sesshoumaru la observó jugar con él, aun medio-soñando en los espacios más oscuros de su mente.
Para sus aun adormilados ojos, ella se veía casi como una matrona, casi infantil. Se veía pura y dulce, la extraña penumbra de la cueva oscureciendo su forma, pintándola en sombras de tinta y en pergamino sin marco, y sus manos aún vendadas contra la tierna piel del bebé eran suaves y delicadas y fuertes. Insólitamente, por alguna razón, él de repente recordó que era humana, y esas manos, flotando como pálidas alas bajo las del bebé, eran tan frágiles que incluso este infante podría romperlas, si éste pensara hacerlo.
Cuidadosamente, repentinamente, bizarramente consciente de lo frágil que ella era, él los alcanzó y los apartó, separando sus manos, dejando caer al niño sobre su trasero y sosteniendo los vendados dedos de la miko en los suyos. El escuchó su súbita inhalación de aire, como por sorpresa, o quizás por dolor. El se preguntó si la sostenía demasiado fuerte.
Ahora sentado en el frío suelo de la cueva, él bebe empezó a llorar.
De alguna otra parte de la cámara, él escuchó a la madre arrullar. "Oooooh," ella dijo, y Sesshoumaru frunció, volteando sus ojos para observarla caminar apuradamente alrededor del fuego para quitarlo del suelo, "¡Ryuji, no molestes a las personas cuando están durmiendo! ¡Sabes muy bien eso!" Ella tomó al niño en sus brazos, arrojando apenas una disculpa sobre su hombro mientras se alejaba con prisa, de vuelta a cualquier quehacer que había estado haciendo, y Sesshoumaru oyó al esposo de la mujer de las medicinas – Haru, su mente suplió – lanzar una risa exageradamente sincera para alguien que había tomado tanto la noche anterior.
El parpadeó y se volteó hacia Kagome.
Sus manos aun estaban capturadas en las suyas, y ella lo miraba fijamente. El la observaba también, preguntándose por qué ella no las retiraba, o, por esta razón, por qué él tampoco. Tal vez él debería.
Ante él, Kagome pareció recuperar el aliento.
"Vaya," ella dijo finalmente. "Eres raro en las mañanas. Me alegra que despiertes antes que yo."
Kagome observó como su rostro se derritió en un ensordecedor ceño fruncido antes de que su habitual expresión de arrogancia se deslizara suavemente a su lugar. Ella lanzó una risita, lo cual pareció volverlo aun más malhumorado. Su mano alrededor de las de ella se apretó. "Yo no soy raro," él dijo con petulancia. "Simplemente estoy pendiente de tus mejores conveniencias."
Hubo un vertiginoso momento de deja vú. "Ay dios," ella dijo desesperadamente, "no digas eso. Suenas igual a mi madre, y pensé que la dejé unos cuantos cientos de años en el futuro."
El dio un largo suspiro de sufrimiento el cual se esforzó para sugerir eso, en toda su increíblemente larga vida, nunca había enfrentado ninguna actividad casi tan dura como hablar con ella. Detrás de su busto, ella sintió una pequeña pero intensa punzada de satisfacción.
"Yo," Sesshoumaru dijo con toda la dignidad que pudo reunir, "solo estoy preocupado de si tus heridas habrán empeorado."
Kagome se sintió cálida. "¿Estás preocupado por mi?" ella preguntó.
El hizo un sonido estrangulado en su garganta y ajustó el apretón en los dedos de ella, rehusándose a responder. En cambio, él llevó la mano derecha de ella hacia él, retirando hábilmente el vendaje que rodeaba su dedo índice.
Ella se había despertado esa mañana más temprano que de costumbre – incluso Sesshoumaru aun no se había movido de su lugar – y miró adormilada a la baja calidez del fuego frente a ella, el alguna vez embravecido latido de la llama ahora ondeando débilmente bajo las brasas. Ella había soñado en... algo extraño, pero ahora ella no podía recordarlo con claridad. Había sido un oscuro y cálido sueño, con suaves esquinas y el olor del púrpura, a lo que ella pensaba que el púrpura olía – aunque no era algo que ella pudiera conocer – y ahora que ella estaba despierta ella solo deseaba deslizarse de nuevo dentro de él. El día previo flotaba bajo el polvo rosa de los sueños que se habían ido, y ella recordó que no quería que eso fuese lo primero que ella recordara en la mañana. Involuntariamente, sus dedos se movieron, y la rigidez en ellos la sacó aún más.
Quemé mis dedos, ella pensó. Rei dijo que estarían bien ahora, y ahora no quiero revisar y ver si ella se ha equivocado. La fría ansiedad que se había arrastrado dentro de su cama, alrededor de la cual ella se había enrollado toda la noche, se hizo sentir en el vacio de su garganta, y en el medio-consciente mundo entre el sueño y el despertar ella pensó que la delgada piel de ahí se abriría si hacia un movimiento equivocado. Ella aún recordaba que el filo del terror podía cortar tan profundamente como el filo de la memoria.
Luchando para empujarlo a un lado sin engancharse en el filoso borde, Kagome intentó hundirse más y más de nuevo en el sueño, pero el esfuerzo la derrotó, como si estuviese tratando de escapar de arena movediza en reversa.
Ella se rindió y se incorporó, borrando el sueño de sus ojos con la parte trasera de su manga antes de desatar el lazo que se había aflojado cuando ella se movía en sueños. Con cautela ella separó sus tiesos dedos y corrió sus manos por su desordenado cabello e intentó no pensar en cuán difícil era hacer esta simple acción. Ella decidió dejarlo así, y enroscar la cinta alrededor de su mano antes de colocarla a un lado y observar sus alrededores mañaneros.
El aire en la recámara era fresco pero no frío, y el kimono prestado era lo suficientemente ancho para mantenerla caliente, pero en el momento, inclusive si ella tuviese que morir de hipotermia, Kagome deseaba fervientemente despojarse de sus ropas y las pieles y tomar un baño. Distraídamente, ella se rascó la cabeza y bostezó. Un suave sonido de talón la hizo voltearse para encontrar a Rei parada unos cuantos metros de ella y sonriendo. "Buenos días," ella dijo en voz baja. "Me preguntaba cuando despertarías."
Kagome frunció. "¿Es tarde?" preguntó.
Rei se encogió de hombros. "Eso depende de cuan temprano te levantas usualmente."
"Al alba," Kagome le dijo, el recuerdo de muchos días sacudidos para despertarla con un carraspeo dándole a su voz un tono triste.
"Bueno, no terriblemente tarde entonces. Solo me preguntaba si querías un poco de desayuno. Es conejo."
'Conejo' resultó ser justamente eso – conejo, crudo, y tieso y aun con pedazos de pelaje blanco como la nieve colgando de su triste, desaliñada carcasa. Los pequeños lobeznos a su lado arrancaban pedazos del tamaño de un bocado antes de clavarlos en sus ensangrentadas bocas y succionarlos dentro de ellas con gusto.
Kagome casi pudo oír la voz de su madre haciendo eco en su cabeza. Kagome, ella diría, nunca es educado hacer arcadas con comida que te sirven en casa de otros. Sonríe, come tan poquito como puedas, y adula a tu anfitriona. Ella observó como la pequeña cría hembra arrancó un pequeño trozo del costado y se lo ofreció a ella con una amplia, roja sonrisa.
Solo es jalea de frambuesa, Kagome pensó desesperadamente. Y esos pequeños pedazos atrancados entre sus dientes son pepitas. Ah, como odio las semillas. Porque eso es lo que son. Semillas. No, en ningún modo, manera, o forma, sangrienta carne cruda infestada de botulismo y ojalá tuviese alcohol porque quizás eso mataría los huevos de gusanos que sin duda se esconden ahí en algún lugar creo que me voy a enfermar.
Si tan solo enfermarse no fuese tan desgraciadamente descortés.
Kagome tomó un gran respiro y extendió una mano tan reacia que pensó que sería forzada a empujarla hacia adelante con su otra mano, y tomó la carne de los regordetes, dedos ensangrentados. Se sentía como... bueno, carne cruda. Fría y ligeramente escurridiza, aunque firme y mojada. Los dos niños la miraban, como si esperaran a que ella realizase un truco. Antes de que su garganta se pudiese cerrar, Kagome metió la carne en su boca y empezó a masticar.
Ella había esperado masticarla rápidamente y tragarla tan pronto le fuese posible, pero resultó que la carne cruda de conejo era tan masticable como los pasteles de arroz y, como un agregado, lleno de sangre. Tomó solo una eternidad el triturarlo lo suficiente para tragarlo, y cuando lo hizo, ella halló que no estaba tan hambrienta como lo había estado cuando despertó.
"Bueno, ¿eh?" Rei dijo animadamente.
Desesperadamente Kagome buscó que decir. "Satisfactorio," ella dijo finalmente. Si Rei sospechaba alguna falsedad de su parte, ella no lo demostró, simplemente sonrió su propia sonrisa carmesí, y Kagome decidió que tan pronto ella llegase a casa, ella se convertiría en una vegetariana. Los rábanos, al menos, no escurrían sangre por su garganta, y nunca habían sido lindos, jamás.
Ella se las arregló para forzar dos pedazos mas por su garganta antes de que su estómago se rebelara y ella se sentara hacia atrás, deseando fervientemente un vaso de agua y algo de arroz. Ella miró fijo a las pequeñitas crestas y astillas que hacían al piso disparejo, y se quedó, abruptamente, a la deriva, como si hubiese seguido un pequeñito arroyo de montaña en un perezoso día de primavera, y ahora estuviese sorprendida de estar flotando sin rumbo en un mar otoñal que ella nunca hubiera tenido la intención de encontrar. Por un momento ella estuvo hipnotizada por la sangre en las puntas de sus dedos.
"¿Te sientes bien?"
Sorprendida, Kagome levantó la mirada para ver a Rei observarla con preocupación, y ella tragó la bilis reunida en su garganta antes de sonreír, alisando la soledad. "Estoy bien Rei. Gracias por preocuparte. Es solo que..." se quedó sin palabras, preguntándose si había alguna esperanza de un baño caliente en absoluto.
"Solo que..." Rei apuntó amablemente.
¿Por qué no puedes ser un poco irritante, o cruel, o algo, para no sentirme tan mal acerca de ser infeliz? Kagome pensó, ligeramente miserable. "Um," ella dijo, su duda se atoró en sus hombros, "hay... no hay... um, creo que necesito un baño." Sus mejillas se sonrojaron un poco.
La loba apretó los labios, inclinando su cabeza a un lado. "Bueno," ella dijo después de un momento de contemplación, "hay nieve afuera."
Kagome se quejó internamente. "Eso es lo que pensé," dijo, y ella no pudo quitar el ceño fruncido. Frotar nieve por todo su cuerpo parecía una invitación para la neumonía, y la congelaría para rematar. "¿No tendrías por ahí unas ollas o algo? Para poner nieve dentro y derretirla?"
Rei pareció pensar antes de aplaudir. "¡Por supuesto!" ella chilló. "¡Siempre está el arroyo! Es donde conseguimos agua para beber. Pero es fría."
Kagome pensó que podía manejar eso. "¡No! ¡Eso está bien! ¿Dónde está?"
Ella observó mientras el ceño de la otra mujer se fruncía. "¿Estás segura de querer bañarte antes de llenarte de mugre con sangre de dragón?"
Por qué, Kagome se desesperó, ¿esto no suena como lo que para yo me apunté? Exactamente igual que cada maldita cosa que ha pasado desde que salté por ese pozo? Pero lo que dijo en voz alta fue, "¿Qué? ¡Pensé que lo único que tenía que hacer era purificar el cadáver!"
"Bueno, sí, pero tienes que ordenarlo para hacerlo," Rei dijo animadamente. "Y tu acompañante ha hecho un desastre de él."
Claro. Kagome suspiró. "Supongo que esperare entonces."
Rei sonrió, dientes afilados extraños en su casi humano rostro. "Eso probablemente será lo mejor, querida. Ahora, por favor ¿podrías cuidar a los niños mientras ordeno? Siempre están por los pies."
Así fue como Kagome se halló a sí misma persiguiendo a dos incontrolables niños que se las arreglaban para estar pegajosos y mojados todo el tiempo, y que pensaban que todo era un juguete, especialmente las colas de cada uno; ella casi estuvo agradecida cuando Haru entró tranquilamente y se sacudió la nieve sobre él.
"¿Eh?" él dijo mirando a Kagome, cuyo cabello estaba despeinado y quien sostenía a su progenie contra sus caderas, antes de reventar de risa.
"¿Están insoportables hoy?" él preguntó, sonriendo burlonamente mientras extendía sus manos para tomar a la pequeña niña.
"Son... excitables," ella le dijo, pasándole agradecidamente una de sus cargas a alguien con un poco más de experiencia, y quien tenía que adorarlo por orden del universo. Haru había reído nuevamente y había columpiado a la pequeña niña sobre su cabeza.
"¿Tienes alguno?" él le preguntó mientras la niña chillaba con deleite.
"Er," dijo Kagome, "no aún, no."
"¡Deberías, deberías!" él le dijo, rozando la nariz de su hija contra la suya propia.
"Eventualmente," ella había respondido. "Creo que estoy contenta con, uh, tomarlos prestados ahora."
Ella deseó, muy vagamente, que los niños fuesen solo un poco más grandes, y entendieran órdenes como, quédate quieto, y, no comas eso, y, ¡fuego malo! Ella había colocado al niño en el suelo por un segundo mientras apuradamente agarraba su cabello en su habitual baja cola de caballo, cuando se había volteado de nuevo él había trepado sobre el regazo de Sesshoumaru y se había convertido en el alegre recipiente de la mirada confusa del youkai. Kagome había tomado el tiempo de descanso ofrecido por el asalto a su acompañante antes de sonreír y acercarse para rescatarlo.
Aparentemente Sesshoumaru era muy intenso en las mañanas, e incluso más taciturno que lo usual. Cuando había agarrado sus manos ella había siseado de sorpresa; no estaba acostumbrada a su tacto, y verlo tomar sus dedos con tal familiaridad, era, simplemente, extraño, aunque nada desagradable en absoluto. Ninguno de los dos parecía inclinado a romper el contacto, y Kagome estuvo sorprendida de que se sentía ambos natural y ligeramente raro, igual que su declaración de que él estaba preocupado. Cuando él le había dicho eso, parecía ser que la única cosa lógica para sentir era la extraña calidez que deja sin aliento, la compulsión de devolver tal cuidado. Ella se sintió complacida. Claramente, sin embargo, él no estaba acostumbrado a decir esas cosas en voz alta tal como ella había hecho con sus amigos. Ahora Sesshoumaru estaba ignorando su pregunta y quitando hábilmente la cosa que ella había olvidado con un aire que era casi, pero no exactamente, clínico. La preocupación que se había asentado en las esquinas de su mente como polvo se removió.
"Um, por favor -" ella empezó, pero no fue más lejos cuando él deslizó la venda de su dedo y sostuvo su mano cerca de su cara para inspeccionar. Ella se mordió el labio y sostuvo el aliento.
"Hmm," fue todo lo que él dijo.
Era demasiado. Kagome tiró de su propia mano y él la soltó antes de que ella la llevara frente a su cara para una examinación cercana, su corazón cayendo hacia sus rodillas.
Sus heridas fueron ciertamente curadas, pero en vez de la suave piel que ella había estado esperando, había una delgada, burbujeada película de brillosa escara agraciando la base de sus dedos. Mientras ella sacaba el resto del vendaje, ella vio que cada dedo tenía el mismo apenas visible desfiguración, y hubo una lanza de decepción por su pecho, tan intensa que ella perdió el aliento por un momento. Recuperándolo, ella inhaló profundamente y flexionó su mano, experimentalmente probando el alcance de movimiento.
La piel se estiró y haló, pero aparte de eso esa pequeña incomodidad sus dedos parecían estar completamente normales en todo menos en apariencia. Estaban enteramente funcionales, solo un poco más feos.
Lo cual, ella pensó, vaciando sus pulmones en un largo, desalentado flujo, es mejor que tener dedos feos que también sean inútiles. Eso es algo, por lo menos. Ella metió su labio inferior entre sus dientes y lo mordisqueó, presionándolo entre la lengua y los dientes superiores, mientras ella flexionaba sus manos y observaba su nueva piel alisarse y estirarse y jalar contra sus movimientos.
Después de unos pocos momentos Kagome suspiró de nuevo y dejó caer sus manos sobre su regazo antes de regresar a ver a Sesshoumaru observarla con esa mirada de vaga confusión que parecía usar la mayoría del tiempo en su presencia. No era muy diferente de su mirada normal, pero descubrió que era un avance sobre el aburrimiento, porque significaba que él de hecho le estaba prestando atención a ella en vez de encontrarla insufriblemente pesada.
Desafortunadamente él no parecía pensar que era necesario el informarle a ella sobre la fuente de su confusión, o quizás él solo la disfrutaba. Después de un segundo se sintió un poco incomoda mirándolo fijamente a su inescrutable mirada dorada, y se movió ligeramente nerviosa sobre el lugar en donde estaba sentada.
"¿Qué?" ella le preguntó nerviosamente, su mirada lanzándose lejos de la de él.
Ella lo vio sacudir su cabeza muy levemente desde la esquina de su ojo. "¿Cuál es el problema?" él le preguntó cuando lo miró de nuevo, y ella notó que sus ojos se habían entrecerrado un poco. No podía saber si el cambio en su expresión era de irritación o de preocupación, o quizás él solo necesitaba lentes. El ciertamente parecía entrecerrar los ojos lo suficiente; estaba sorprendida de que él no haya desarrollado un estrabismo permanente.
El estaba esperando su respuesta. La mirada de Kagome parpadeó hacia sus manos de nuevo antes de humedecer sus labios. "Son solo... las cicatrices," dijo. "Esperaba no tenerlas. Pero," ella levantó la mirada, forzando una sonrisa por sus tiesos rasgos, "no importa. Mis dedos aún funcionan, así que no hay daño." Como para probar su punto, ella levantó sus manos de su regazo y flexionó sus dedos, contoneando las articulaciones para mostrarle que estaba como nueva, excepto por un desgaste natural.
Una miko, gentilmente usada, ella pensó, una risa sardónica chirriando por su garganta.
Sesshoumaru alzó una ceja con poco entretenimiento y sus labios se torcieron un poco, pero no dijo nada más en al respecto. En cambio él se levantó, su largo cuerpo desplegándose en un solo movimiento fluido, y sacudió sus mangas antes de correr sus largas, elegantes garras por su perfectamente ordenado cabello. Irracionalmente, Kagome se sintió irritada. ¿Acaso él nunca necesitaba una ducha como todos los demás en el universo? Ella se levantó con dificultad después de él, el esfuerzo de sus dedos nuevamente tiesos contra el piso de la cueva causándole un nudo en su pecho mientras lo hacía.
El se derritió a su postura normal. "Bueno," dijo, aburrido de nuevo mientras ella rebotaba – aparentemente de forma alegre – a pararse junto a él, "¿Nos ocuparemos del trato hoy, o continuaremos discutiendo acerca de mis actitudes al despertar?" El esnifó, como si enfatizara su cansancio con el mundo.
El cambio de humor fue tan drástico desde su vagamente preocupada postura anterior, que Kagome se preguntaba si ella no había pulsado inadvertidamente un interruptor de prendido-apagado en algún lugar. Ella no estaba siquiera segura de lo que significaba su comentario, era seguro el asumir que él se estaba burlando de ella. "¿Qué?" ella farfulló en genérica indignación mientras daba un paso lejos de él, desequilibrada y sintiéndose nada a la defensiva, aunque no sabía por qué.
Ignorando su enojada exigencia, Sesshoumaru se encogió de hombros con suntuosidad, su mentón inclinándose hacia arriba para indicar que estaba en el modo Teman, Peones Insignificantes. "Me doy cuenta de que soy un fascinante tema de conversación," dijo en tono conciliador, claramente sugiriendo que mientras que su elegancia hacia sus asuntos era profunda, sería mejor para todos los involucrados recordar que era limitada también, "pero sospecho que una continua exploración sobre el tema lo volvería tedioso." Él le echo una mirada desde la esquina de su ojo, suspirando mientras lo hacía.
Un irritado grito ahogado se atoró en su garganta, y por un segundo Kagome quería abofetear su linda cara, hasta que notó el tirón casi imperceptible de una ceja, y se dio cuenta de que él simplemente la estaba provocando.
La decepción acerca de sus heridas olvidada, se pateó a si misma por no haber caído en cuenta de que él la estaba molestando, así que en lugar de cometer un pobremente planeado e irreflexivo ataque contra su persona, ella se alejó y resolló teátricamente. "Odio decirte esto," dijo, y estaba secretamente complacida de que se escuchaba casi tan insufriblemente esnob como él, "pero creo yo que el tema acerca de ti es tedioso, sin importar la amplitud de la exploración."
La ceja imperceptiblemente caprichosa se elevó a unos cuantos puntos más. "¿Es realmente así?" él preguntó descaradamente.
Ella casi sonrió. Si no lo hubiese estado esperando, se hubiese perdido la pequeña, entretenida curva de su boca que se encendió y se apagó dejando de existir tan rápidamente que no la hubiera visto si ella hubiera pestañeado. Dando un suspiro, ella retiró de forma indiferente pequeñas basuras imaginarias de la parte delantera de su kimono mientras ideaba una adecuada refutación, encontrando una al último instante.
Kagome aclaró su garganta. "Me temo que sí," ella le informó despreocupadamente antes de girar con elegancia sobre sus talones y desfilar alrededor del fuego hacia la entrada de la cueva. "Y como se torna cada vez más tedioso con cada segundo, creo que deberíamos abandonarlo totalmente y ponernos a trabajar."
Por un momento ella estuvo preocupada de haberlo llevado un poquito lejos antes que él diera una de sus risas sin humor detrás de ella, y escuchó la suave caída de sus talones mientras se desplazaba tras ella.
Se permitió sonreír para sí, solo un poco. Si él quiso apartar el tema sobre su inconformidad irritándola, decidió entonces, que ella en verdad estaba felizmente inclinada a permitirle hacerlo. Además, ese era la mejor respuesta perspicaz que había inventado hasta ahora. Aun sonriendo su secreta sonrisa burlona, Kagome mentalmente se dio palmadas en la espalda por un preciso golpe bien proporcionado mientras iba enfadada hacia la dirección del nevoso mundo afuera, y la tarea que los esperaba.
Treinta minutos después y Kagome estaba montada sobre la espalda de Sesshoumaru, y él daba saltos ligeros a través del valle superficial en dirección al triunfo de ayer. Ellos hubieran partido hace mucho, pero Rei los había interrumpido a mitad de la puerta y los había presionado para que se cambiasen de vestimenta. Kagome había capitulado fácilmente, y había terminado en una vieja hakama azul de talla muy grande y un kimono azul marino seleccionado desde la esquina más polvorienta de las cuevas. Al menos eran más cálidas. Sesshoumaru, por otra parte, fue ligeramente más difícil, y solo después de mucha persuasión marrullera le había concedido a Rei convencerlo de que la sangre de dragón apestaba, y que traspasaría por la tela en poco tiempo, y él no quería andar por ahí oliendo como uno por el resto de su viaje, ¿o sí? El se puso una hakama negra – desteñida – y un kimono gris oscuro – levemente gastado – antes de que Rei lo hubiera considerado aceptable. Kagome secretamente estuvo sorprendida de que él hubiese consentido los deseos de su anfitriona con tal relativa cortesía, hasta que ella recordó que él podía ser educado si lo quería. Ella estuvo a punto de soltar un resignado, autocompasivo suspiro cuando Rei la sorprendió oprimiendo tres o cuatro cordones tasuki en sus manos.
"Pero-" Kagome había comenzado, intentando agarrarlos entre la gruesa tela antes de sacudir las largas mangas del kimono fuera de sus manos y bajo sus muñecas con frustración.
"¡Sin peros!" Rei había interpuesto imperiosamente. "¿Cuántas veces he enviado a jóvenes a limpiar sus propios desastres?"
Después de una pausa significativa, Kagome se dio cuenta de que esa no era una pregunta retórica. "Um –" ella buscó, sin idea. "¿Más de unas cuantas?"
"¡Más de unas cuantas!" Rei agarró la respuesta y la levantó cual un trofeo, metafóricamente hablando. "¡Eso es exactamente correcto! ¿Y quién sabría más acerca de limpieza de tripas de dragón en grietas rocosas?"
Tras ella Sesshoumaru se rió por lo bajo. "Er," ella dijo, evitando deliberadamente la mirada de él. "¿Tú?"
"Exactamente, mi querida," Rei exclamó como si acabara de demostrar el argumento. "Así que tú me escuchas a mí y solo llevas estas. ¡No te arrepentirás de haberlo hecho!" Kagome se dio por vencido, solo para salir de ahí.
Ahora el viento congelado resbalaba sobre su piel y dentro de su ropa. Kagome se acurrucó contra Sesshoumaru para calentarse, y estaba agradecida de que él había dejado su armadura atrás – el metal podía ponerse frío en el frígido aire, y ella no tenía ganas de volver a visitar el adormecimiento de ayer. Sin mencionar que sus dedos ya estaban tiesos del frío y no por heridos, y ella apenas era capaz de reprimir la urgencia de clavar sus dedos por el cuello de él para calentarlos. Presionando su rostro contra el hombro de él, Kagome intentó cerrarse a su alrededor para arrebatarle el calor antes de que su nariz empezara a gotear en serio y ella estaría forzada a encontrar algo con que limpiarla. Ella cerró sus ojos, e intentó pensar en algo para conversar y romper el silencio.
"Lamento haber dejado a Ryuji despertarte," Kagome dijo, bostezando contra su espalda.
Por un momento ella pensó que no la había oído cuando él volteó su cabeza levemente. "¿Quién?" El quería saber.
Kagome viró los ojos. "Olvídalo," ella dijo, exasperada.
Sesshoumaru no era fácilmente disuadido. "¿Quién?" él preguntó de nuevo.
"El pequeño lobo que te despertó? Ya sabes," Ella dijo, levantado su mentón para apoyarla sobre su hombro para un mejor acceso a su oreja. "Chico, voz aguda, realmente le gustaba tu regazo por alguna razón?" ella le recordó.
"Ah," Sesshoumaru dijo después de una segunda pausa. "¿Es ese su nombre?"
"No, lo inventé."
Ella podía sentir su confusión a pesar de la expresión de aburrimiento en su rostro. "Está bien," él dijo eventualmente.
Sesshoumaru la escuchó soltar una risita. "No lo hice en verdad," ella le dijo entre risas. "Ese es su nombre realmente."
Lentamente Sesshoumaru empezó a caer en cuenta de que quizás ella se estaba burlando de él, lo cual no era la forma en que el universo se suponía que debía funcionar. "Está bien," él dijo de nuevo, solo para irritarla.
"Ay, olvídalo," ella gruñó.
"Está bien," él dijo distraídamente por tercera vez, agradecido de que ella pareció haber abandonado sus confusos esfuerzos por ese momento.
Ella estuvo callada por unos cuantos largos minutos antes de que empezara a hablar de nuevo, su voz vacilante, lo cual lo volvía suspicaz y ligeramente ansioso. "¿Sesshoumaru?"
Después de un momento se dio cuenta de que ella necesitaba una contestación suya para continuar, y él abrigo la fantasía pasajera de que si no le respondía entonces ella estaría en silencio por siempre. Halló la perspectiva aburrida, lo cual era mucho peor que potencialmente ofensiva. "¿Si?" él contestó finalmente, ligeramente aprensivo. Ella no era la más discreta de las personas que él había conocido, así que si se sentía nerviosa al preguntar algo, probablemente había una razón.
Ella no respondió, y él estuvo a punto de repetir su respuesta cuando ella suspiró. "Lo que – " ella empezó, tartamudeó, y luego empezó de nuevo. "¿Lo que dijiste fue en serio? Acerca de cómo es... de cómo es mi aroma?"
La pregunta era desconcertante. ¿Cuál sería el punto en mentir sobre algo como eso? "Si," él se atrevió, preguntándose por que ella querría saber.
"Ah," ella dijo y se quedo callada por un momento, sus dedos en sus hombros moviéndose nerviosamente.
Sesshoumaru se dio por vencido al tratar de seguir su línea de pensamientos y se volteó hacia el camino frente a ellos. Estaban bien adentro del rango del nido principal del dragón, y estarían ahí en unos pocos minutos más. El olor de la sangre del dragón ya se rizaba por su nariz, y Sesshoumaru estaba disgustado al hallar que Rei no había exagerado acerca de la pestilencia; ni siquiera olía a sangre ahora, pero a algo pútrido y poco apetecible. El suspiró resignado mientras encontraba su camino a través de la nieve.
"¿Sesshoumaru?" Kagome dijo de repente.
"¿Si?"
"¿A qué huelo ahora?"
El se encogió de hombros. "Como un lobo que necesita un baño," él le dijo.
El la sintió moverse bruscamente en sorpresa. "¿Qué?" ella exclamó. "¡Claro que no!"
"No tengo una razón porque mentir," él dijo con desdén, "y ciertamente es así." Eso era en su mayor parte verdad. Su propio aroma estaba debajo del olor de la guarida de lobos, pero era débil por el momento, especialmente bajo sus ropas prestadas.
Ella jadeó en su oreja, mandando escalofríos por su piel. "Sí, bueno, tú tampoco hueles bien," ella dijo petulantemente.
"Ah, ¿es cierto?" él dijo suavemente. "¿Por qué me importaría lo que tú pienses acerca de cómo huelo?"
Hubo una pausa. "Espera, tal vez no eres tú. Es como que huele a... huevos podridos. ¿Hueles eso?"
Sesshoumaru no tenía idea – él no había olido huevos podridos muy seguido en su vida, pero él sospechaba que ella estaba empezando a percibir el viento del cadáver del dragón. "Lo percibo," él le dijo.
El la escuchó resoplar cerca de su oreja, y luego ella enterró su rostro contra la espalda de él, inhalando vigorosamente, como si pudiese olfatear su hígado a través de fuerza de pura voluntad. Después de un segundo ella levantó su rostro de nuevo. "Muy bien," ella anunció. "Ese no eres tú. Olvida que dije algo."
Sesshoumaru se sintió extrañamente complacido, y volvió su atención a la tarea que les esperaba.
La rocosa inclinación sobre ellos estaba resbalosa con hielo y nieve, y Sesshoumaru se quedó callado mientras navegaba haciéndose camino hacia arriba, evitando la zanja roja que se había formado por la nieve por el calor de la sangre del dragón que corría por su garganta. Con un empujón final, él se elevó en el aire sobre el nido.
"Qué asco," fue el único comentario de Kagome cuando él llegó a la cima de la cresta del valle y ella vio el cuerpo bajo ellos.
A pesar del frío el cadáver ya estaba empezando a descomponerse un poco, así que los bordes de la piel por donde había sido rebanado ya se estaban viendo irregulares, y el interior de una garganta no es el más lindo de los panoramas en primer lugar. Sesshoumaru evitó la cabeza cortada con aplicación, optando por aplastar levemente la torcida curva del cuello. El cuerpo se movió ligeramente bajo su peso, pero no los hizo perder el equilibrio y volcarlos dentro de la nieve manchada de sangre bajo ellos, por lo cual él estuvo algo agradecido.
Sesshoumaru se arrodilló y dejó que su pasajera se bajara, aunque el esfuerzo fue dificultado por su falta de voluntad de retirar su manga del frente de su nariz. Cuando los pies de ella estuvieron tan firmemente plantados en la piel del dragón como fuese posible, él se levantó, intentó mantener su aliento tan superficial como fuese posible.
"Um," Kagome dijo desde atrás de la barrera de su mano, "probablemente este no es el mejor lugar para estar de pie, si voy a estar purificando cosas. Nos caeremos."
El no había pensado en eso. Sesshoumaru suspiró mientras la lanzaba sobre su hombro y saltaba elegantemente hacia abajo al borde exterior del nido, solo perdiendo la gracia cuando descubrió que no había buenos puntos de apoyo. Al último momento él agarró la saliente y se sostuvo, echando un vistazo a la punta de la cola del dragón con suspicacia. Por alguna razón, él pensó que la había visto moverse.
Kagome no estaba teniendo ese problema – ella se movió contra su hombro en un intento de bajarse. Sesshoumaru suspiró de nuevo y la pasó a la cuna de su otro brazo.
"¡Iip!" ella chilló antes de parecer recuperar el entendimiento de la situación. "¿Qué diablos?" ella exigió. "¡Avísame antes de hacer eso!"
Sesshoumaru se encogió de hombros "Sugiero que trabajemos," él dijo sosamente. "No quiero quedar colgado del borde de un acantilado todo el día. Podría dejarte caer accidentalmente."
Kagome no tomó esa provocación, solo giró los ojos y se retorció en su apretadura, alargando las manos hacia arriba para alcanzar las frías, blancas escamas cerca de su cabeza. El observó cuando sus cejas se juntaron hacia abajo en concentración, y él percibió el aroma brillante que causaba que su sangre se acelerara de ansiedad juntarse en los bordes de ella, tornándola dorada. El esperó.
Después de un momento él se cansó de esperar. "¿Y bien?" dijo después de sentir que había pasado una cantidad de tiempo apropiada.
Kagome se había estado preguntando lo mismo. Las escamas contra sus manos estaban frías e implacables, e incluso cuando ella podía sentir su poder amontonarse y plantarse en la carne bajo sus dedos, nada estaba sucediendo. Ella hizo un sonido frustrado en su garganta. "No lo sé," dijo. "Lo estoy cargando bastante bien, pero no pasa nada."
Ella lo miró de vuelta para verlo levantar una ceja por incredulidad. "¿Por qué no?" él preguntó, claramente disgustado acerca de las soluciones alternas para remover dragones. Kagome no lo culpó; ella ya había empezado a pensar en ellas, y ninguna parecía placentera.
"No lo sé," ella dijo de nuevo. Ella sorbió su labio inferior dentro de su boca y lo mordió, intentado pensar. No podía recordar alguna otra vez en la que su purificación haya fallado en monstruos; incluso si eran fuertes, esta siempre hacia algo, siempre los quemaba o los cortaba, pero nunca había fallado. Ansiosamente, Kagome se preguntó si había hecho algo mal, y ahora su purificación no le respondería más. El pensamiento era aterrador.
"Ojala Miroku estuviera aquí," ella dijo en voz alta, y de repente ella recordó, con culpa, que se suponía que ella debía buscarlo a él y a Sango mientras estaba aquí. Debió haberle preguntado a Kouga si sabía donde se encontraban. El nudo de tristeza en su pecho se apretó solo un poco.
"¿Quién?" Sesshoumaru preguntó, interrumpiendo su pequeño ensueño.
Kagome sacudió su cabeza, como para sacudirse la culpa. "El monje," ella dijo con tristeza. "El sabría que anda mal. Siempre he podido eliminar demonios y monstruos con mis poderes, así que no sé por qué no están funcionando ahora. Puedo sentirlo, pero no está haciendo nada."
"¿Haz purificado un dragón antes?"
"Ese es el punto, lo he hecho. Ese se desintegró normalmente cuando le lancé una flecha," ella dijo. "¿Qué de diferente tiene este?"
Kagome sintió su espalda moverse contra el brazo de él cuando él se encogió de hombros. "Quizás," él se atrevió a decir lentamente, "solo puedes matar cosas que están vivas?" Luego, porque eso sonaba estúpido, "La carne muerta no necesita ser purificada, tal vez?"
Sesshoumaru observó como el rostro de ella calló bastante espectacularmente. "Ay, dios, espero que te equivoques," ella gimió, llevando su mano a la frente y haciendo círculos pequeños contra la piel ahí con las puntas de sus dedos.
"¿Por qué desearías eso? ¿Acaso no es mejor aún tener tu poder que haberlo perdido?"
Su pecho se elevó y cayó con un suspiro. "Bueno, si lo pones de esa manera," ella dijo, "Supongo que espero que estés en lo correcto. Solo no quiero mover esta cosa a mano."
Sesshoumaru sabía exactamente a qué se refería ella. "Aunque," él dijo, "es mejor que estar repentinamente indefenso, ¿cierto?"
Su labio inferior salió formando un ligero puchero. "Ah, deja de intentar mirar el lado bueno," ella gruñó. Ella cruzó los brazos y procedió a mirar al espacio.
Despues de un momento Sesshoumaru aclaró su garganta, causando que ella lo regresara a ver. "Si no te importa," él dijo insípidamente, "me gustaría cambiar de posición antes de que mi brazo se caiga."
"¿De nuevo?" Kagome se burló. El le disparó una mirada feroz y ella le sonrió abiertamente.
"Pero sí," ella continuó, "es una buena ideaaaaaaaaaaaak!" Su aquiescencia se perdió cuando él la apretó más y se él impulsó desde la ladera, levantándose en una mano y luego se volteó aterrizando justo dentro del borde del nido del dragón. El flexionó vida dentro de sus dedos mientras la colocaba en la nieve al lado de él. A su otro lado, la sinuosa cola descansaba lánguidamente sobre el borde del acantilado.
Kagome se dio cuenta de que merecía eso, así que no se tomó lo molestia de irritarse. En cambio ella observó cuando él se estiraba mientras ella recuperaba su aliento. Después de un momento ellos se voltearon hacia el cadáver a su lado.
Era enorme, y en su mayoría enrollado en sí mismo, como una particularmente larga serpiente con brazos y manos con garras, y ahora que ella estaba cerca de este Kagome encontró difícil sostenerlo todo en una sola vista. Ella tenía que inclinar su cabeza antes de que partes diferentes tomaran forma – un bulto sobre el otro lado de la cola se transformó en una cadera, un pico altísimo so se convirtió en una rodilla. Dudaba que siquiera Sesshoumaru, en su verdadera forma, hubiese podido hacerlo ceder mucho mientras este aun estaba completo, y dudó severamente que él quisiera ponerlo en su boca una vez que lo hubiese rebanado y su sangre de olor sulfúrico estuviese escurriendo.
Estúpidos dragones, ella pensó. "Supongo," ella se atrevió lentamente, "que tendremos que cortarlo y lanzarlo dentro del valle."
Sesshoumaru se volteó y la miró, ligeramente sorprendido. "¿Tendremos?" dijo él.
Kagome frunció y levantó su barbilla. "Si, tendremos. No puedo moverlo todo yo sola."
"No estaba sugiriendo eso. Estaba expresando asombro acerca de que tú deseas ayudarme."
Kagome se sintió irritada. "¿Por qué? ¿Crees que soy demasiado débil como para hacer esto?" ella exigió.
El demonio movió su cabeza. "No," dijo, "pensé que me endilgarías esta tarea, y que lo haría solo."
Eso no se le había ocurrido a ella, y ahora que él había mencionado la idea se sintió bastante tonta por no haberlo pensado antes. Aun así, ella no iba a dejar que él hiciera todo el trabajo. No sería justo. "Por supuesto que no," ella dijo con cuanta dignidad pudo reunir. "No voy a dejarte hacer todo esto solo. Ahora vas a ponerte a rebanar o ¿qué?"
Ella observó mientras se volteaba, perplejo, hacia la cola frente a él y la inspeccionaba. Era enorme, la circunferencia extendida hacia al menos el doble de su altura, y por un momento Kagome se preguntó si sería capaz de cortar todo antes de que él levantara sus garras e inclinara su cabeza, como si estuviese calculando. Luego él se encogió de hombros, y su mano fue hacia Toukijin y la sacó de donde descansaba en su cadera, desenfundando la espada sobre su cabeza antes de llevarla hacia abajo en un movimiento preciso.
La cola del dragón explotó.
Fue una erupción bastante espectacular, mayormente lejos de ellos pero, como es la naturaleza de las explosiones, hacia afuera también. Y hacia arriba. Kagome pestañeó, mirando fijamente hacia el rocío de trozos de dragón contra la pared opuesta de su nido mientras una muy suave lluvia de tejido blando empezó a caer desde el cielo.
Por un momento ninguno de los dos dijo algo hasta que Sesshoumaru dio un paso hacia atrás, su cabello plateado lentamente pintándose de rojo, y se volteó hacia ella, viéndose levemente aturdido.
"Hn," él dijo finalmente, como si solo fuese un inocente transeúnte con ningún interés personal en los eventos que ocurrían a su alrededor, "ese no era el resultado previsto."
Kagome pensó que esto posiblemente era un eufemismo. "Ajá," ella respondió cuando un pedazo bastante grande de dragón aterrizó sobre su hombro, "Eso pensé." Juntos miraron el desastre frente a ellos, contemplando un futuro que se estaba viendo muy sombrío y sucio de verdad.
Sesshoumaru intentó varias técnicas rebana-dragón, pero todas ellas le daban el mismo resultado – filete de dragón al aire, hígado volador de dragón, paté de dragón – así que eventualmente se rindió y caminó miserablemente con dificultad por la nieve y el hedor, rebanando de cualquier modo en dirección al cadáver y caminando mientras explotaba detrás de él. No había ningún lugar para esconderse de la ducha inevitable, así que al final Kagome se quedó a su lado, marchando sin decir nada por la nieve junto a él en lo que posiblemente era una solidaridad descaminada mientras él continuaba con su tarea repulsiva.
Ninguno de los dos dijo algo, y Sesshoumaru estaba al menos un poco sorprendido de saber que Kagome se abstuvo de quejarse acerca del desastre que estaba haciendo. Ella ni siquiera lo reprendió, por lo cual él estaba extremadamente agradecido.
Era extraño – él nunca había visto a un dragón explotar antes, así que la consecuencia de sus actos era enteramente inesperada y extremadamente inoportuna, pero como Kagome él nunca había tenido que arreglárselas con un dragón que ya estaba muerto. Todos los que él había conocido estaban bastante vivos – aunque claro que no se quedaron así – y después de que habían sido despachados él nunca se había quedado en los alrededores para ver qué pasaba luego. El sospechaba que las repentinamente volátiles propiedades del cadáver eran el resultado natural del proceso de descomposición, pero al final no era de real importancia. La única cosa que realmente importaba era que ambos estaban cubiertos de entrañas de dragón, y estaban destinados a quedarse así por las próximas horas mientras ellos lancen el cuerpo dentro del valle empinado debajo.
Después de un tiempo alcanzaron la cabeza, el último pedazo necesitado de liquidación. Sesshoumaru suspiró y lo cortó, y Kagome observó como la cabeza pareció expandirse hacia afuera, de repente lanzando una explosión de hueso y cerebro en el aire que lo rodeaba. Cuando finalmente se asentó Sesshoumaru asintió con una severa y resignada satisfacción y se volteó hacia ella. "Pongámonos a trabajar," él dijo, extendiendo una mano. Le tomó un momento darse cuenta que él estaba esperando que le diese una cinta tasuki. Sin hablar ella sacó una de donde colgaban por su cintura y se la pasó. Agarrando un extremo de la cinta entre sus filosos dientes, Sesshoumaru la curvó alrededor de sus hombros y sobre sus mangas antes de amarrarla en su lugar, Kagome intentó observar indiferentemente que tan bonitos se veían sus brazos desnudos, pero al final ella miró hacia otro lado, ligeramente avergonzada. El no pareció notarlo, en cambio probaba las ataduras. Aparentemente satisfecho, Sesshoumaru se inclinó hacia adelante antes de levantar lo que antes había sido la un cuarto de la parte derecha frontal de la cara del dragón en el aire. Kagome intentó no mirar a la masa de lóbulo frontal que temblaba aun encapsulada en el cráneo. "¿Proseguimos?" él dijo.
"Seguro," Ella respondió, de repente con extremas ganas de vomitar. Ella miró tras él cuando Sesshoumaru saltó lejos por los escombros sangrientos para lanzar su carga dentro del valle más allá antes de dejar caer sus hombros mientras observaba las rebanadas de carne a su alrededor. Los cuerpos, al parecer, contenían un poco más de lo que parecían poder sostener. Aun así, ella no podía dejar que él hiciera todo solo. Resignadamente ella separó otro cinta tasuki del montón y lo amarró por su kimono para asegurar sus mangas antes de meter las otras de vuelta en su cintura. Estómago enturbiado, ella se inclinó y recogió un poco de dragón con la piel aún pegada y empezó a caminar trabajosamente hacia el empinado precipicio, intentando no pensar en el chapoteo debajo de sus zapatos.
Una hora y media después Kagome se paró sobre lo que alguna vez había sido el estomago del dragón y se encontró a si misma a punto de reventar en lagrimas de frustración. Intelectualmente ella sabía que su trabajo estaba medio terminado, y que en una hora y media más ellos podrían regresar por un baño, pero en este momento parecía que ella nunca escaparía de este infierno, que estaría atrapada por siempre en este ciclo interminable de lanzar apestosos pedazos de cadáver por un acantilado. Kagome pateó sobre el suelo en desesperación, lo que pareció ser un mal cálculo. Bajo la suela de su zapato, ella sintió algo resbalar, y en cámara lenta ella calló dentro de una pila de pequeños intestinos.
En este punto Kagome abandonó toda pretensión de siquiera intentar estar serena acerca de la situación.
"¡ARG!" ella chilló, sin importarle que su boca ahora estuviese llena de aire repugnante, y sin importarle que Sesshoumaru pudiese oírla. Dobló su cuerpo, luchando por poner sus pies bajo ella, sus dedos hundiéndose dentro de las elásticas tripas bajo sus manos. "¡Arg!" reiteró mientras se levantaba con dificultad. "¡Este es el peor trabajo de todos!"
Detrás ella escuchó a Sesshoumaru posarse en una resbalosa pila de entrañas y ella se volteó para mirarlo, cubierto en sangre y pareciendo casi abatido. Había una línea de sangre por el lado de su cara, y la sangre en sus manos casi alcanzaba sus codos, amontonada en capas tan gruesas que ella ya no podía ver las rayas en sus muñecas. Él ni siquiera la miró a los ojos, solo observó el suelo cuando habló. "Lo sé," él le dijo. "No anticipé esta eventualidad."
Kagome intentó limpiar sus manos en su hakama, pero el gesto era en vano – cada pulgada en ella era un desastre – así que en cambio se puso a sacar tripas de su cabello. Quizás si ella no tuviese pedazos de apestosos intestinos en su cabello ella se sentiría un poco menos inmunda. "No es tu culpa," ella le dijo, quitando un elástico pedazo de entraña y dejando que esta se uniese a su hermana cerca de sus pies. "Solo es... ugh." Ella arrugó su nariz. "Esto solo es absolutamente desagradable."
Sesshoumaru la observó quitarse tripas del cabello, y se sintió bizarramente inquieto de que ella tuviese que pasar por esto. El deseó, fervientemente, no haber despertado esa mañana.
Kagome esperó, pero él no parecía tener una respuesta para ella, y ella sospechaba que él estaba sientiendo un ligero golpe a su orgullo; él era un guerrero, no un trabajador. Esta clase de cosas estaba muy por debajo de él.
Ella suspiró.
"Sabes," ella dijo en tono de conversación mientras recogía una masa de intestinos temblorosos en sus manos y se dirigía hacia la dirección del acantilado, "Le dije a Kouga que cuando yo regresara lo patearía donde más le duele. Pero ahora creo que solo lo mataré."
Ella lo escuchó moverse detrás de ella antes de que sus pasos se igualaran a los suyos. "No estarías, quizás, deseosa de ayuda en aquella tentativa?"
Kagome fingió pensar mientras él se movía a su lado, una particularmente impresionante extensión de costilla arrastrándose tras él. "Depende," ella dijo finalmente.
"¿Depende de qué?" él quería saber.
"En cuanto cuesta." Alcanzaron el borde, y Sesshoumaru la miró mientras ella lanzaba la pila en sus brazos sobre el costado tan bien como pudo.
"Creo yo," él dijo mientras lanzaba su propia carga después de la de ella y la observó dar volteretas, una y otra vez, para caer lejos bajo ellos en la base de la montaña, "que estaría dispuesto a ayudarte sin coste."
Kagome se volteó. "Ah, me malinterpretas," ella dijo.
La mirada en su rostro parecía decir, no sería la primera vez, pero en voz alta él solo respondió, "¿Lo hago?"
"Ah, sí," ella se sorbió la nariz. "No es cuanto me vas a cobrar a mí, sino cuanto estarías dispuesto a pagar por el privilegio." Ella sonrió ampliamente. "Algo tan divertido definitivamente no es gratis."
Por un momento él pestañeó, y luego su boca se curvó, y él soltó una risita ahogada.
Era la primera vez que ella lo había escuchado reír realmente, genuinamente, sin malicia o humor negro.
Ella pensó que sonaba lindo.
Contenta de mirarlo fijamente y repetir su risa en su cabeza, Kagome no se movió cuando él levanto una mano y la acercó hacia ella, sus dedos vagando hasta descansar en su cabello, lejos de su línea de visión. Curiosa, ella giró su cabeza ligeramente, intentando ver que estaba haciendo cuando él recogió su mano, un mechón de su cabello siguiendo su mano, aun moldeado a la pegajosa rodaja de víscera que él estaba quitando. Casi con pesar él la separó de los cabellos que colgaban de esta antes de lanzarla por el lado de la montaña para perderse en la nieve antes de volverse hacia Kagome.
"¿Continuamos?" él preguntó. "Casi hemos terminado."
Kagome miró sobre su hombro hacia la carnicería. "Yo no diría casi," ella dijo. "Yo diría un poco más de la mitad."
El se encogió de hombros y se volteó. "Si así lo deseas," él dijo. "Pero casi significa que un baño está más cerca de nuestro alcance, mientras que un poco más de la mitad solo significa que hay mucho más dragón que limpiar. Sé cual prefiero yo."
¿Quién hubiera pensado que él fuese un optimista? Ella pensó, una pequeña sonrisa formándose en sus labios. Sesshoumaru la miró.
"¿Bien, miko?" él provocó. "Dices que hay mucho trabajo por hacer, y no será terminado contigo holgazaneado por ahí." El se volteó hacia ella y levantó una de las enormes patas con garras hacia el aire antes de arrojarla muy por arriba de la cabeza de ella para caer en arco dentro del valle debajo. Asintiendo con satisfacción, él regresó a la tarea, recogiendo su camino por el horripilante paisaje.
Kagome rió, y lo siguió.
...o...
Otra hora media después ellos regresaron con dificultad, ensangrentados pero satisfechos con un trabajo completado. Era solo temprano en la tarde, pero Kagome pensó que ella solo se hundiría en la nieve y dormiría por un día, excepto que quería estar limpia primero. También, dormir en la nieve probablemente la mataría, pero en realidad, eso era solamente incidental. Lo que ella verdaderamente quería era un baño.
"Bueno," ella dijo alegremente mientras se acercaban a las cuevas. "Eso fue bastante divertido, pensé." Ella lanzó una mirada por el rabo de su ojo hacia su acompañante, justo a tiempo para atrapar la confusión revoloteando por sus facciones.
"Si es de esa manera, entonces estas utilizando una definición para diversión de la que yo no me había percatado antes," él respondió.
Kagome rió con eso, ya que era una forma ostentosa de decir '¿Qué?' "Bien podría fingir que fue divertido," ella aclaró, "ya que acabo de perder tres horas de mi vida – las cuales nunca recuperaré – haciéndolo. Quiero que haya valido la pena."
Sesshoumaru solo se encogió de hombros, como si indicase que simplemente con haber terminado la tarea era suficiente premio, lo cual, ella pensó, probablemente lo era. Ella sonrió y se volvió hacia su destino.
"Entonces ¿qué está programado para el resto del día?" ella preguntó alegremente.
Sesshoumaru frunció y la miró detenidamente por la esquina de sus ojos. Ella estaba muy optimista para alguien que acababa de pasar tres horas caminando por una pila de dragón. El abrió su boca para responder, pero ella empezó a especular en voz alta antes de que él pudiese responder.
"Regresar a las cuevas, tomar un baño, cenar algo y descansar, y luego marcharnos mañana en la mañana?" ella dijo, como si intentara descubrir el plan de él.
El arqueó una ceja. "Nos vamos hoy," él le informó. "No deseo permanecer aquí más de lo necesario."
"¿Hoy?" ella exclamó, claramente consternada. "¿Por qué hoy? ¡Estoy exhausta!"
"Eso puede ser," él respondió, "pero extenderemos nuestro viaje con al menos medio día si no nos marchamos inmediatamente. Además." El sorbió su nariz, "tú no llevarás a otra persona sobre tu espalda, aunque ciertamente estas invitada a intentarlo."
Esto era muy cierto, y Kagome se sintió bastante mezquina y mala por quejarse acerca de estar cansada cuando no sería ella la que estaría cargando su somnoliento trasero por ahí. "Er," ella dijo, "creo que paso, aunque gracias por la oferta."
"Eso es decepcionante," él dijo. "Esperaba ser el perezoso para variar."
"¡Oye! Yo no soy perezosa," ella le dijo. "solo me canso fácilmente. Hay una diferencia."
"Por supuesto. Una que te hace más ligera, supongo?"
"Oooooh," Kagome exclamó, atrapada en la mitad entre frustración y entretención, "No. ¡Pero una que me hace más callada!"
Sesshoumaru lanzó una mirada interesada hacia la dirección de ella. "¿En verdad?" él dijo.
Ella le sonrió abiertamente y asintió. "Cuando estoy cansada, me callo. Si yo fuera perezosa, hablaría más."
"Gnuh," él respondió, obviamente desanimado con ese prospecto.
"Ah, te gusta mi conversación," ella bromeó mientras alcanzaban la cueva. "No tienes que decir nada, lo puedo ver. Soy un individuo fascinante, y todo lo que digo es una pepita de oro."
El bufó mientras hacía a un lado las pieles que cubrían la entrada, haciéndose a un lado para que ella pudiese pasar. "Una pepita de algo, eso seguro," ella lo escuchó murmurar. Ella dejo eso resbalar mientras se adelantaba dentro de la calidez de la cámara frontal; el aire caliente en su rostro helado y brazos casi quemaron, pero se sintió tan bien que no le importó. Kagome solo se paró dentro cerca de la puerta y pisoteó vida de vuelta a sus pies mientras escuchó a Sesshoumaru aparecer tras ella.
Por el otro lado del fuego hubo un sonido de roce antes de que Rei viniese bulliciosamente, una mirada de sorpresa en sus simpáticas facciones. "¡Oh cielos!" dijo ella. "Tuvieron que hacerlo a mano ¿cierto?"
Kagome solo asintió. Rei sacudió su cabeza. "Eso es desafortunado," ella dijo, suspirando. "Esperaba que sus poderes harían poco trabajo de él, pero supongo que no importa. ¿Les gustaría asearse?"
"Sí," Kagome respondió, y sintió una ráfaga de alivio como si alguien hubiese levantado una sabana de su rostro y pudiese respirar de nuevo. Ella se hundió sobre donde estaba parada.
Rei sonrió e hizo un gesto para que la siguieran antes de voltearse y caminar dentro de las cuevas y hacia la derecha. Ellos la siguieron.
Una hora después Kagome – su cabello y su piel restregada libre de toda la sangre – se acurrucó en su vestimenta de miko mientras estaba sentada junto a las llamas que parpadeaban y se secaba. Aun estaba suprimiendo escalofríos del agua helada cuando Sesshoumaru salió de la oscura cámara por la que el riachuelo subterráneo corría, brillando un poco mojado pero una vez más en sus inmaculadas ropas blancas, y definitivamente limpio. Ella observó mientras él pasaba sus garras por su cabello húmedo antes de escurrirlo sobre el piso de la cueva. Lúgubremente él intentó esponjarlo para darle su apariencia original, pero colgaba pesadamente, y finalmente él suspiró mientras se paseó para sentarse junto a ella, dejando que éste se amontonara sobre su regazo cuando se sentó en el suelo.
"¿Te sientes mejor?" Ella preguntó. Desafortunadamente ella estaba tratando de frotar algo de vida de vuelta a su nariz cuando habló, así que sonó más a un, "e jientes ejor" pero Sesshoumaru fingió no darse cuenta. El solo asintió mientras peinaba lentamente sus dedos por la longitud de su cabello que se secaba sobre su hombro. Kagome casi se ofreció a ayudarlo, pero decidió al último momento que tal gesto podría ser un poco avanzado. En cambio, se sentaron en cómodo silencio por un tiempo, disfrutando el novedoso sentimiento de limpieza, y Kagome cerró sus ojos para saborear el callado momento.
Ella se despertó asustada cuando sintió una mano rozar su rodilla, y por un momento ella estaba desorientada, pensó que era joven de nuevo, pensó que estaba sentada en un campamento y Sango la estaba despertando – pero no. Los dedos que se retiraban tenían garras y la mano tenia rayas, y Kagome pestañeó rápidamente, mirando a Sesshoumaru. "¿Qué?" ella preguntó aturdida.
"Estás seca," él le dijo, y por alguna razón, para su mente adormecida, ella no entendió lo que él quiso decir antes de recordar que se había bañado. Ella se movió, intentando mover su cabello detrás de sus hombros, pero un dolor agudo la detuvo. Con una mueca de dolor, ella levantó una mano y la masajeó sobre su cuello agarrotado mientras él continuaba. "Tengo las hierbas. Es tiempo de irnos."
"¿Ya?" ella preguntó, un poco consternada. El no dijo nada, solo presionó un pequeño paquete en las manos de ella antes de levantarse y lanzar su propio cabello seco detrás de él. Kagome lo miró sin decir nada mientras él se paseaba hacia el lado de la cueva y empezó a amarrar su armadura en su lugar.
Ella miró de vuelta al paquete en sus manos. Parecía tan pequeño, tan inconsecuente. Era extraño que ellos hubieran viajado todo este camino, derrotado a un dragón y quitado su cadáver – lo cual ella nunca olvidaría por el resto de su vida – solo por este suave paquete. Era tan pequeño; que podría ser fácilmente extraviado. Sus dedos apretándose sobre él, miró a Sesshoumaru, quien estaba ajustando su obi en su nudo elaborado, y se dio cuenta de que estaban solos. "¿Dónde está Rei?" ella le preguntó.
"Afuera," él le respondió. "Yo supongo que está dándoles a sus crías un poco de aire fresco."
"Quieres decir que se cansó de perseguirlos por las cuevas?" Kagome preguntó.
"Eso también," él respondió, deslizando a Toukijin y Tenseiga en sus lugares en su cintura. "¿Estás lista?"
Asintiendo, ella se levantó con dificultad y recogió su arco y su aljaba, colocándolas ambas en su espalda antes de voltearse y deslizar el paquete dentro de su ropa donde llegó a descansar contra su estómago. Se sentía extraño y probablemente la haría verse gorda, pero ya que su mochila se había derretido ella no tenía otro lugar donde ponerlo. Ella se volteó otra vez para mirarlo, apresuradamente atando su cabello hacia atrás y rápidamente trotando hacia la espalda de él que se retiraba, siguiéndolo por el laberinto de las cuevas.
Kagome sintió un golpe de decepción con la pérdida del fuego cuando emergieron otra vez al frígido aire. Sesshoumaru no parecía estar dispuesto a decir ningún tipo de despedida – ella cayó en cuenta de que él nunca parecía decir hola, tampoco, yendo y viniendo cuando él quería – pero Kagome estaba lo suficientemente agradecida para darle a Rei un abrazo y dar un beso a cada uno de los cachorros de lobo antes de irse.
"Gracias," ella dijo a Rei dando un paso hacia atrás. "Espero verte de nuevo algún día."
"Eso estaría bien," Rei estuvo de acuerdo, retrocediendo también, balanceando a sus bebés sobre sus caderas. "Les deseo un buen viaje."
Kagome sonrió, subió a la espalda de Sesshoumaru, y partieron de nuevo, hacia la luz del atardecer.
...o...
"¿Tenemos que detenernos aquí?" ella dijo entre dientes que castañeaban. Sesshoumaru le lanzó una paciente mirada furiosa.
"Al menos que desees continuar," él respondió. "Aunque ya que la temperatura está cayendo precipitadamente, te sugiero que entres. Deja tu arco y aljaba." El levantó sus manos hacia las tiras de cuero que sostenían su armadura en su lugar y empezó a deshacer los nudos. Kagome gruñó silenciosamente con desesperación antes de inclinarse y echar un vistazo a la cueva una vez más. Estas montañas, ella pensó, están tan pobremente diseñadas.
Había espacio para los dos, pero solo apenas. El bajo, descuidado techo y el cuenco poco profundo en el suelo difícilmente calificaban a esto como una cueva en absoluto – más como un cuchitril – pero ella se estaba congelando, y por lo menos podría estar cálida adentro. Suspirando, ella dejó su arco y flechas a un lado antes de agacharse y gatear adentro, metiéndose como mejor pudo dentro del rincón apretado al final. Apenas había espacio para que ella estirase sus piernas, y el techo pequeño inclinándose hacia abajo parecía colgar pesadamente sobre ella. Se estremeció y cerró los ojos, escuchando los sonidos de pedazos de armadura golpear una gruesa sabana de nieve afuera. Kagome escuchó un sonido de roce, and ella echó un vistazo por debajo de sus pestañas para ver a Sesshoumaru arreglando sus espadas justo a la entrada antes de gatear detrás de ella.
Estaba apretado, aunque no era tan extraño como lo había sido la primera noche. Kagome pensó que esto podría ser atribuido a la terrible experiencia que compartieron con respecto a tripas de dragón. Una vez que hayas visto a alguien remolcando una vejiga gigante detrás de él, había muy poco que los podría avergonzar a alguno de los dos. Ella ni siquiera se sonrojó cuando él se deslizó a su lado, su costado contra el suyo mientras él se las arreglaba para bloquear la entrada como lo hizo la primera noche, aunque ahora que ellos estaban juntos su cuerpo prevenía que la mayoría del aire frío la alcanzara.
Kagome metió sus manos dentro de sus mangas para mantenerlas calientes mientras se acomodaba en la oscuridad, exhausta. No habían hablado mucho durante el viaje de regreso – Sesshoumaru parecía perdido en sus pensamientos, y ella no había tenido el deseo o la energía de intentar y sacarlo de su armazón. Además, ella estaba cómoda solo manteniendo su rostro lejos del viento y calladamente pensar en nada en particular. Ellos no tenían que hablar todo el tiempo, después de todo.
Se sentaron en cómodo silencio por un largo momento antes de que Kagome aclarara su garganta. "¿Estaremos en la guarida de los lobos mañana?" ella preguntó.
Ella sintió a Sesshoumaru moverse a su lado. "Si," él dijo.
"¿Cuando piensas que llegaremos?"
El sedoso sonido de cabellos resbalando por su hombro le dijo a ella que él estaba inclinando su cabeza mientras calculaba. Ella casi podía imaginarse su cara 'pensadora' en su cabeza: labios fruncidos, cejas ligeramente juntas, mirada lejana en sus ojos, como si pudiese discernir la respuesta que buscaba asustando al objeto más cercano para que cayese bajo su mirada. Después de un momento el suspiró. "Antes del mediodía, quizás," dijo. "Pero no nos detendremos ahí."
Kagome frunció sus cejas. "¿Qué hay de Myouga?"
Sesshoumaru bufó. "Bueno, tal vez pausaremos lo suficiente para recogerlo, pero debemos hacerlo con debida prisa. Cuanto más tardemos, más difícil será el parto del bebé."
Bleah, Kagome pensó mientras se encontró con un problema en su plan. "¿Cómo la encontraremos?" ella se preguntó en voz alta.
Sesshoumaru se encogió de hombros, su hombro rozando contra el de ella. "Olor," él dijo. "Quizás Kouga ya la debe haber encontrado. No tomará mucho, debería pensar."
Kagome solo asintió. Estuvieron en silencio de nuevo hasta que un pensamiento la golpeó. No parecía haber una razón para no decirlo, así que lo hizo. "Creo," ella dijo lentamente, "que voy a extrañar a Rei."
El estuvo callado por un momento, hasta que dijo, "¿Por qué?"
Ella lo hubiese visto vagamente sorprendido si hubiese visto sus facciones en la oscuridad, pero tal gesto parecía trivial. "Porque ella era agradable," ella respondió en lugar. "Me agradaba mucho."
"Apenas la conocías," Sesshoumaru señaló.
"Bueno, sí, pero ese es el punto de conocer gente nueva – primero los encuentras, y luego los empiezas a conocer."
El gruñó, sin estar en desacuerdo o de acuerdo.
Kagome sonrió débilmente. "¿Qué, no te gusta conocer gente nueva?"
"Tiene sus ventajas," él reconoció, "pero no es terriblemente divertido para mí."
"¿Por qué no?" ella quería saber. El aire en su pequeño rincón empezaba a calentarse, y sus párpados se hacían pesados. Ella podía sentir su cuerpo relajarse en la forma de la piedra bajo ella, su cabeza inclinándose hacia el lado mientras el sueño lentamente serpenteaba sus sinuosos zarcillos a su alrededor y la arrastraban hacia abajo. Kagome bostezó.
Casi estuvo dormida cuando él respondió finalmente, aunque él no le respondió como ella pensó que lo haría.
"Tu viajas en el tiempo," dijo en su lugar, su voz suave. "Deberías saber por qué no."
Kagome pestañeó lentamente, repentinamente pensando en Sinayo y Amaya y Sango y Miroku y Shippou e Inuyasha – cada uno de ellos muerto o en otro lugar donde ella no podía encontrarlos, dejando agujeros en ella que nunca podrían ser llenados por nadie más. "Ah claro," ella respondió silenciosamente, tristemente, "ya recuerdo."
A su lado, él suspiró y estuvo inmóvil. Lentamente ella se hundió en la oscuridad de su cabeza.
Era... difícil, ella decidió. Era muy difícil pensar que Rei estaría muerta cuando ella regresara a su propio tiempo. A ella realmente le había agradado la loba, la había encontrado casi como una hermana. Ella se preguntaba si los pequeños niños crecerían fuertes, o si morirían jóvenes, o si tendrían bebes. Ella se preguntaba si el nieto de Kouga sobreviviría, si Akiyama estaría ahí para él como el padre de Inuyasha nunca estuvo. Tanto era incierto, especialmente el final...
Ella tragó saliva, y se preguntaba si Sesshoumaru estaba muerto también en su propio tiempo.
Por un corto, momento que la mareó, ella quería preguntarle, si es que él aun estuviese vivo, que la buscase cuando ella regresara a su propio tiempo, pero entonces ella se detuvo, rápidamente decidiendo que ella preferiría no saber su final, si en verdad él se había terminado para el tiempo en que ella nació. Incluso si ella no lo volvía a ver, incluso si era una ilusión, ella quería pensar que el aun estaba vivo. Ella quería creer que el continuaría.
El pensamiento la esculpió y la dejo vacía.
Pero no había utilidad en pensar en eso, ¿cierto? Lentamente, Kagome desenredó una mano de su manga y la colocó contra su corazón, como para alejar el vacío que ella encontró de pronto ahí antes de volver a bajarla e, impulsivamente, se apoyó contra el demonio a su lado y dejo su cabeza descansar en su hombro.
El estaba quieto y no realizó ninguna acción para quitarla, aunque pudo escuchar un pequeño suspiro escapar de él. Mientras ella dejaba que el sueño viniese y la tomara, ella se preguntaba que pensaba él, si se arrepentía de haberla conocido. Se preguntaba si había valido la pena para él.
Eso esperaba.
...o...
