Cuentos de la Casa de La Luna

Por

Resmiranda

Capítulo veintidós

"Recorro los campos con andar pensativo,

Camino por las vacías habitaciones

Y siento (la compañía de los fenecidos)

Estoy viviendo en los sepulcros."

-Abraham Lincoln. "Memoria"

...o...

Cuando Kagome despertó a la mañana siguiente encontró que el aire se había vuelto agradable por la noche. Desafortunadamente el benevolente giro de clima emparejado con el sol trepando en el cielo significaba que ella estaba sudando bajo la pesada piel, y para añadir daño e insultar, sus músculos estaban tan adoloridos que podía sentirlos resbalar de forma descarnada uno sobre otro con incluso el más simple de los movimientos. Emitiendo un ligero gruñido y sintiéndose increíblemente asquerosa cuando su piel pegajosa rozó el interior de su ropa, ella se volteó y presionó sus manos sobre el piso en intento de sentarse.

Inmediatamente lo lamentó cuando un dolor agudo sajó por sus palmas subiendo por sus brazos. No pudo sofocar el grito que escapó de ella cuando colapsó sobre sus antebrazos.

Qué dem-

Ah cierto. El bebé.

Kagome rodó sobre su espalda y pateó la pesada piel lejos de ella – los músculos que usualmente se tendían tan pacíficos arriba de sus muslos gritando en protesta – antes de llevar sus manos a su rostro e inspeccionar el daño causado por los dientes de Machiko. Lo suficientemente segura, a través de la parte baja de sus pulgares – el túmulo carnoso que apuntalaba al valle de su palma contra sus dedos – eran pequeñas lunas crecientes de color azul, morado y verde. Volteando sus manos ella vio la marca de los dientes superiores de Machiko solapando el revés de su mano, imágenes iguales la una de otra. Silenciosamente, Kagome se preguntó que la había poseído para ofrecer su mano a la hime para que la mordiese, pero en el calor del momento probablemente era lo único que tenía.

Con cautela, presionó sus dedos contra la magulladura en su mano derecha, siseando de dolor, de repente una dolencia como la hoja de un cuchillo desafilado, se encendió de nuevo.

Ou, pensó de forma hosca. Entonces, porque no pareció suficiente con pensarlo simplemente, lo dijo en voz alta.

"Ou."

Ahí. Eso la hizo sentirse un poco mejor. Kagome supuso que debería sentirse incluso mejor porque el bebé estaba sano y vivo, pero aparentemente ella había sacrificado sus manos por ello, y a ella le solían gustar sus manos. Seguro, ella se mordía las uñas a veces o las cortaba mientras picaba cebollas, y eran extremadamente resistentes a aprender cuando recogerse y nunca pudo poner un hilo en una aguja, pero eso no significaba que merecían esta clase de abuso.

Quizá sea tiempo de cambiarlas por un nuevo modelo, reflexionó.

Distraídamente, Kagome se preguntaba como uno iba a llenar un reclamo para manos nuevas del universo; después de todo, seguramente el universo le debía algo, que de ella salvando al mundo y todo eso aquella vez. En verdad, todo era tan poco conveniente.

Y ella aún estaba cansada, también. Refunfuñó rezongando mientras mecía sus brazos hacia adelante, permitiendo que el impulso la llevara a una posición sentada, luego dobló sus rodillas y descansó su frente contra ellas, dejando que sus nuevas manos tecnicolor se posaran sobre el suelo a sus costados. Cerró los ojos e intentó no pensar acerca de lo acalorada que estaba, o cuanto quería ir a casa y cuanto quería quedarse. Escuchó su respiración mientras se deslizaba por sus labios dentro del vacío creado por su cuerpo doblado.

"Oi."

Kagome ni siquiera se molestó en mirar hacia arriba. "No ahora, Kouga," dijo. "No estoy realmente de ánimo para hablar con alguien. Estoy ocupada."

"No te ves ocupada," dijo Kouga. Ella pudo escuchar sus pies moverse sobre la tierra y el pasto muerto y se preguntó que estaba haciendo. No que tuviese la energía de levantar la cabeza y averiguarlo.

"Bueno lo estoy. Estoy muy ocupada," repitió.

"¿Haciendo qué?"

Sintiendo lástima de mi misma, pensó, pero en voz alta respondió, "Faxeo este reporte." Esperó que eso fuese lo suficientemente disparatado para mantener el cerebro de él ocupado mientras ella trataba de hundirse de nuevo en su doloroso sueño, aunque conociendo su suerte se caería, o, por lo menos, despertaría con un cuello lastimado. Aunque un cuello adolorido definitivamente completaría su colección de partes del cuerpo adoloridas. Entonces ella tendría todo el set.

Kouga no respondió por un largo minuto, y Kagome pensó que se había ganado algo de paz y silencio por una vez. Tristemente, no debía ser.

"Ok," dijo con recelo, "pero el aliento-de-perro dijo que quizás te gustaría tomar un baño, y hay aguas termales a unas pocas millas de aquí."

Kagome consideró esto, meditando en que ella estaba tan cansada y adolorida que probablemente no se hubiese movido si el bosque estuviese en llamas, tampoco incluso si hubiese un harén de hombres atractivos – todos con largos, lindos cabellos, su mente proporcionó gratuitamente – si regaran una pila de dinero a menos de diez pies de ella. Pero un baño... por eso quizás valía la pena morir.

Ella levantó su cabeza para ver a Kouga sonriéndole ampliamente cuando se dio cuenta que las líneas de risa alrededor de sus ojos formaban ramas hacia atrás sobre sus sienes, casi alcanzando su línea de cabello. En su pecho, sintió un dolor lento esparcirse, pero era una sensación familiar, y no parecía haber un objetivo en mortificarse por ello. Nadie más parecía hacerlo, después de todo.

Kouga se arrodilló frente a ella y tomo sus muñecas gentilmente en sus manos antes de levantarse de nuevo.

"¿Lista?" le preguntó.

Ella asintió, y con cuidado la haló a una posición erguida antes de alzarla en sus brazos y apresurarse a actuar.

Ahora que tenía tiempo de pensarlo, parecía extraño ser sostenida por él de nuevo. Kagome meditó distraídamente que en un punto la presión de sus manos contra la parte trasera de sus muslos y el sostén de sus costillas la hubiesen hecho sentir... no estimulada, pero solo un poco más sensual de lo normal. Aunque por supuesto que eso había sido antes cuando ella solo tenía quince años y nunca había sido besada por un chico – mucho menos ser abrazada tan íntimamente – pero aún así. Ella ya no se sentía sensual, solo reconfortada.

El se ve como el padre de alguien, pensó. Quiero decir, lo es, pero se ve como tal, también. Eso era probablemente. La paternidad no era muy sugestiva, supuso mientras dejaba caer su cabeza contra su hombro, disfrutando la sensación del viento en su pelo.

Ella debió dormirse, porque sintió sus músculos – Ou – agitarse de sorpresa cuando Kouga derrapó deteniéndose, y ella parpadeó con sueño mientras la colocaba en el suelo. Pensó que quizás solo tomaría otra siesta, pero cuando sus ojos se posaron sobre la pequeña piscina de agua ante ellos, su sopor se evaporó.

El manantial no era grande, pero era lo suficientemente bueno. Con un pequeño grito de alegría Kagome se quitó los zapatos a patadas y peló sus tabi de sus pies – estaban tan sucias que se habían endurecido con sudor y la suciedad de los caminos y montañas – antes de caminar con dificultad hacia un arbusto y lanzar una mirada al lobo, quien sonreía ampliamente.

"Aw," dijo él, "¿no me quieres cerca? No te ves tan mal, sabes."

Mirándolo con el ceño fruncido, ella enrolló una media apestosa y la lanzó hacia él. La bateó lejos con una risa.

"Está bien, está bien," dijo con aires de aquel que hace un favor, "si eres así de tímida mi iré. De todas formas regresaré, así que no demores."

"Claro, claro," ella dijo entre dientes desde atrás del arbusto, sus manos lastimadas desarmando el nudo en su cintura, ansiosa de deshacerse de su hakama y su haori. Escuchó a Kouga bufar, pero ella no se molestó en contestarle, y echó una mirada de vuelta sobre el arbusto, él ya se había ido y estaba sola.

Kagome lanzó un suspiro de alivio y se sacó la ropa. Rápidamente se lamentó por no tener una muda de ropa ya que su vestimenta actual definitivamente había visto días limpios y mejores, pero era inútil seguir con eso. Hundiendo un dedo de pie desnudo en la cálida agua ella encontró, para su dicha, que estaba en la temperatura perfecta, y sin más preámbulos entró tan firmemente como pudo dentro del manantial.

El agua se arrastró por su pegajosa piel, y ella pudo sentir que levantaba la mugre y suciedad del viaje de su cuerpo. Ella tendría que recordar agradecerle a Sesshoumaru por la sugerencia –

Se detuvo en seco y frunció el ceño. Con deliberado cuidado empezó a rociar agua sobre sus hombros y corrió sus manos por su abdomen para desprender la tierra, pero su mente estaba empezando a golpetearla con un pensamiento muy incómodo.

¿Sugirió esto porque olía mal?

¡Maldito inu-youkai! Kagome no podía recordar alguna otra vez en la que ella había sido tan paranoica con su aroma. Incluso cuando ella viajaba con Inuyasha no parecía ser tanto problema, pero ahora que estaba andando con el lord youkai quien siempre estaba tan blanco y prístino –

-una visión de Sesshoumaru, rojo y gris con trozos de dragón en su pelo pasaron por su mente –

-a menos que él realmente no pudiese evitarlo, se sintió algo fea y sucia.

Con enojo Kagome roció su rostro con agua e intento restregar fuera su repentino complejo de inferioridad. Al menos Inuyasha había tomado la misma actitud relajada hacia bañarse como muchos de esta era lo hacían, pero ella no estaba positiva de que Sesshoumaru podría ensuciarse sin un decidido esfuerzo. Parecía tan injusto.

Por otra parte, ¿por qué le importaba? Probablemente había una razón psicológica profundamente asentada que la hacía querer estar por lo menos presentable a su alrededor; después de todo, todos querían verse agradable para hermosos miembros del sexo opuesto, ¿verdad? ¿Incluso si eran inmaduros e idiotas emocionalmente atrofiados? Por supuesto.

Psique estúpida, pensó. Psique estúpida con sus estúpidos complejos, estúpido subconsciente y raras cosas... Freudianas...

Ajustando su mandíbula con resolución, Kagome empujó esta línea de pensamiento fuera de su mente, por lo que solo le llevarían a lugares donde ella no quería ir. Sesshoumaru solo iba a tener que lidiar con el hecho de que era humana, y los humanos recolectaban suciedad como las ratas recolectaban la plaga bubónica.

Ugh. Plaga. Y ratas.

Realmente estaba cansada. Kagome suspiró mientras corría las uñas de sus dedos detrás de sus orejas, sacando la tierra que se había asentado ahí, y deseó por la cinco mil seiscientos veintiseisava vez que su mochila no se hubiese derretido. Verdaderamente podía servirle el champú que había empacado. Y el jabón. Y especialmente un nuevo par de calzones. Cuando llegara a casa ella definitivamente tendría que tirar los que llevaba a la basura, no solo porque estaban sucios, sino también porque estaba segura que entraría en shock post-traumático si los volvía a ver. Brevemente Kagome se visualizó abriendo los cajones de su tocador, teniendo una escena retrospectiva, y luego cayendo en un coma catatónico – o convulsionando, o cualquiera que fuere síntoma de un shock post-traumático – al mirar sus calzones.

Soltó una risita tonta y empezó a restregar su piel con la parte llana de sus uñas, raspando la mugre. Cuando llegue a casa, pensó, No voy a pensar nunca más sobre este debacle. No puede ser bueno para mi salud mental.

Bueno, quizás ella recordaría a Kouga, y recordaría a Myouga. Estaba segura que recordaría a Sesshoumaru, y si veía a Miroku o San –

Kagome se quedó quieta bajo el agua. ¡Casi se había olvidado de preguntarle a Kouga sobre sus amigos! Estúpida, estúpida, se reprendió a sí misma, ¿cómo pudiste olvidarlos?

He estado un poco ocupada, espetó con culpa a su consciencia. Estaba vagamente consciente de que tener conversaciones consigo misma no era la más sana de las actividades, pero después de ciertos eventos ella se sentía un poquito loca de todas formas.

No es que yo quise olvidarme de ellos. Quiero verlos otra vez.

Creo.

No sería igual que como fue con Kouga. Esta vez ella estaría preparada con el hecho de que ellos habían continuado sin ella; ellos eran una familia aquí. Serían más viejos, pero aún serían los mismos, como Kouga que era él mismo, aunque era más maduro. Estaría bien. Habría abrazos, besos, y lágrimas –

Preocupada, Kagome terminó de restregar su piel antes de inclinarse hacia atrás y sumergir su cabello en el agua, corriendo sus dedos por él y encontrando solo nudos. Hizo una mueca de dolor, halándolo por cinco largos minutos antes de suspirar en derrota – el universo no quería que ella tuviese un cabello presentable, y no tenía la energía para discutir con el universo – y trepó fuera sobre la hierba seca.

Tenía un poco de frío, pero estaba verdaderamente limpia por primera vez en semanas, y suspiró con agradecida satisfacción mientras se deslizaba de nuevo dentro de su ropa seca, calentada por el sol. Mientras ataba su hakama en su lugar y se ponía sus medias tiesas con pena – las cuales probablemente estarían permanentemente moldeadas en forma de sus pies – sobre los dedos de sus pies, ella escuchó el grito distante de Kouga, quien le advertía de su acercamiento en caso de que estuviese indecente.

Kagome escuchó sus pies que se acercaban rápidamente y frunció el ceño. Ahora que estaba por fin completamente despierta, estaba empezando a notar algo diferente sobre hoy.

¿Dónde está Sesshoumaru? No lo había visto desde que se despertó, y este era el primer día en casi dos semanas en el cual ella había abierto los ojos y no lo había visto. ¿De verdad olía tan mal? Suspiró con irritación, tratando de ignorar el pequeño puñal con tal rechazo, cuando Kouga se deslizó hasta detenerse frente a ella y sonrió. Por alguna razón, eso la lastimó más.

"Que tal," dijo él, poniendo sus manos en sus caderas y haciendo brillar su vieja, diabólica sonrisa, "¿lista para volver?"

Muy quieta, ella asintió con la cabeza. Pensó haber visto un destello de preocupación en su rostro, pero se había ido tan pronto lo notó. Con áspero cuidado Kouga se desplazó hacia ella y la levantó en sus brazos de nuevo antes de tomar el pequeño camino de vuelta a la aldea.

Kagome se recostó sobre su hombro, sintiendo el tosco pelaje que él usaba picarle la sien, e intentó aplastar el débil sentimiento de rechazo que se había asentado sobre su corazón. Era probablemente una de las emociones más irracionales que había experimentado, así en añadidura de la suave sensación de inseguridad ella también enojada consigo misma. ¿Cuál era su problema? Solo no lo había visto esta mañana – no es como si él la fuese a dejar a así nomás o algo.

No, probablemente se sentía de esta forma porque se iría pronto. Pronto. Quería regresar a casa donde las mujeres no tenían que parir en cabañas rudimentarias y donde el jabón era fácil de conseguir. Aún así había cosas que ella extrañaría, las cosas en las que trababa de no pensar pero lo hacía de todas maneras. Las cosas que extrañaba siempre estaban con ella, su masa inflándose bajo el océano de pensamiento, cambiando mareas.

Hubo un tiempo cuando a ella le había entretenido la descabellada idea de quedarse para siempre en el pasado, pero sobraba tan poco de los lugares y personas que habían significado tanto para ella que quedarse se hubiese convertido más en una vida a medias que la vida que tenía en su propio tiempo. No había nada para ella aquí más que recuerdos; ella había cumplido con su deber, y no había razón para quedarse, no había razón para lastimar su corazón más de lo que ya estaba. Aún así gastar el tiempo que le restaba lejos de las personas que quería parecía un desperdicio, como si estuviese parada al borde de un acantilado y tirando cada precioso minuto por el viento alegremente y mirando cómo se desvanecían, para nunca más ser encontrados.

Necesitaba preguntarle a Kouga ahora, o arriesgar su última oportunidad de ver a sus amigos, pero cuando intentó hablar ella encontró que casi fue atrapada en un lugar congelado. ¿Por qué su lengua se recostaba pesada, como granito, dentro de su boca? Era tan difícil moverla que ella casi estuvo sorprendida que no tableteara contra sus dientes.

"Kouga," dijo finalmente. Su voz estaba veteada, y trató de aclarar su garganta.

"¿Hm?" dijo, mirándola hacia abajo, y definitivamente había preocupación en sus ojos. La boca de ella se retorció.

"Kouga, ¿sabes qué pasó con..." pausó, como si retrasar la pregunta mitigase cualquier dolor que pudiese enfrentar con la respuesta. Pensó que quizás, si no preguntaba, entonces las muertes y enfermedades o tristezas que eran un simplemente abstracto tal vez por el momento nunca se solidificarían en un muy real sí.

Kagome lamió sus labios, y tomó el paso que tenía pavor tomar. "... ¿sabes qué fue lo que pasó con Sango y Miroku? ¿Sabes dónde está Shippou?"

En el mundo después de la pregunta, solo parecía haber silencio.

Ella sintió su corazón congelarse en su esfuerzo cuando vio el rostro de él derretirse de lástima.

"Lo lamento Kagome," dijo gentilmente, mientras la sangre se vaciaba de la cabeza de ella, "pero no sé dónde está Shippou."

Ella se escuchó dar un grito ahogado con decepción y Kouga de repente se vio dolido. "Pero sé que pasó con el monje y la taiji-ya," le dijo rápidamente.

Ella cerró los ojos, sin saber si quería o no saber la respuesta. Miroku, sonrisa amplia y mano y sabio tonto y Sango, apasionada y protegida y hermana –

"Ellos se casaron," dijo Kouga, y ella dejó su aliento salir en un soplo como algo desenrollado en su estómago.

"Oh, Dios," ella dijo entre dientes, y Kagome de repente se sintió cálida. La sangre había regresado, picaba sus mejillas con color.

"Sé que se instalaron después de un tiempo en una aldea al sur de aquí, y exterminaban demonios para mantenerse."

"¿Tuvieron hijos?" La pregunta se salió de su boca. "¿Aún están... aún...?

El lobo bajó la velocidad y se detuvo, y Kagome miró hacia arriba para ver que ya habían regresado al claro. Ella ni siquiera se había dado cuenta. Volteando su rostro hacia el de él, lo esperó para oír la pregunta que estaba esperando.

"Tuvieron hijos," dijo en voz baja, "y Sango está viva."

Ella escuchó lo que él no dijo, pendiendo de su voz como un miembro amputado a medias, y su vista se volvió borrosa, suavizando el mundo y oscureciendo la ansiosa compasión que agraciaba los rasgos de él. Solo cuando parpadeó ella sintió la caída de lágrimas pesadas como plumas contra su mejilla.

Pero Miroku ya no está, ella terminó.

No parecía estar bien. Uno no tendría nunca que estar sin el otro.

Kagome tragó saliva en torno al grueso y espinoso bulto en su garganta y apretó los puños tan fuerte que pensó que sacaría sangre; haciendo caso omiso de sus lesiones, sintió una irregular lanza de dolor dispararse por sus brazos mientras el mundo se derretía de nuevo.

"¿Dónde puedo encontrarla?" le preguntó. Ella volvió a parpadear, aclarando sus ojos de lágrimas para poder ver el rostro de él.

Su mandíbula se endureció. "¿Crees que eso es sabio - " el empezó.

Kagome se arremolinó lejos de él, su corazón estrangulado en su pecho, y empezó a caminar. No a ningún lado, pero lejos de él y su preocupación fuera de lugar. Miroku estaba muerto, y ella necesitaba un tiempo a solas para pensar antes de ir a ver a Sango. Miró al suelo y lo vio moverse bajo ella, preguntándose donde terminaría mientras pasaba por el bosque. Muy arriba, las ramas desnudas entrecruzándose entre ellas proyectaban marcadas sombras en el piso, y el aire templado secaba las marcas de sus lágrimas en su piel mientras Kagome intentaba escabullirse debajo del pasado que se posaba sobre ella tan pesadamente.

...o...

Myouga descansaba con satisfacción sobre el hombro de su lord, meditando lo mejor que podía y disfrutando del agradable aire por una vez. Sin embargo, él se estaba sintiendo vagamente intranquilo por su amo, quien parecía estar algo preocupado hoy e incluso – y ésta era la parte extraña – ligeramente ansioso. Nadie más lo notaría, pero Myouga podía sentir las pequeñitas sacudidas eléctricas cursar por los nervios del lord demonio para asentarse en sus músculos en forma de tirones de minutos. Casi lo estaban poniendo nervioso.

La vieja pulga suspiró con cansancio e hizo lo mejor que pudo para relajarse, a pesar del nerviosismo de su amo.

Por su parte Sesshomaru se balanceaba inconscientemente sobre su delgada rama y se preguntaba por qué le estaba tomando tanto tiempo a ella terminar de bañarse. Débilmente recordó que mientras más grande Rin crecía, más tiempo tomaba en arreglarse, pero para el mejor de sus conocimientos ella nunca se había tomado tanto tiempo en completar lo que debería ser una simple tarea. Quizás ¿estaba lavando su ropa también? Quizás ¿se quedaba porque no quería irse tan pronto? Quizás ¿se ahogó?

Sus garras saltaron involuntariamente. Sesshoumaru frunció el ceño y las elevó a la altura de su rostro, mirándolas con mala cara mientras las inspeccionaba con ojo crítico, como si pudiese discernir la razón por la cual parecían estar desarrollando una mente por su cuenta últimamente. Nada parecía estar mal, así que las colocó de nuevo sobre su regazo. Aunque, mantuvo sus ojos sobre ellas. Solo en caso de que intentaran hacer algo gracioso.

¿Dónde estaba ella?

"Oi," vino la voz de Kouga debajo de él. Sesshoumaru lo consideró por un momento y luego decidió que no se estaba sintiendo particularmente diplomático esta mañana. El se rehusó a contestar. Tal vez si pretendía no escuchar a Kouga, Kouga pensaría lo mismo.

Hubo una pausa. "¡Oi!" el lobo dijo, ligeramente más alto esta vez, la impaciencia bordeando por el sonido.

Sesshoumaru cerró los ojos.

Por un momento él pensó que el lobo se iría y lo dejaría en paz, pero luego sintió que algo lo empezaba a golpetear insistentemente en la pierna. Casi tuvo temor de averiguar lo que era. Abriendo sus ojos, se inclinó y volteó su ceño fruncido hacia Kouga, quien estaba sonriendo de forma amplia y aparentemente pasándola muy bien golpeándole con la funda de su espada. Sesshoumaru no encontraba esto ni de cerca tan entretenido como Kouga aparentemente lo hacía.

"Eso," él informó al lobo tan altivamente como fuese posible. "es totalmente innecesario."

"Solo quería saber si estabas despierto o no," respondió Kouga, sin inmutarse. Sin cuidado deslizó la espada de vuelta en su lugar.

"Y ahora que tienes esta información, ¿qué vas a hacer con ella?" le preguntó Sesshoumaru.

Kouga sonrió de nuevo, aunque Sesshoumaru pensó que se veía un poco reprimida. "Voy a hablar contigo. ¡Pero no mucho!" él dijo rápidamente cuando el lord youkai cerró los ojos en una muda súplica a los cielos.

"Muy bien," dijo Sesshoumaru, esperando que esto no tome demasiado. Ellos tenían un viaje que comenzar.

"Kagome está abatida."

Sesshoumaru se movió de posición y cerró los ojos de nuevo. "Eso no es de mi incumbencia," le informó al lobo. Y no era de su incumbencia, aunque no podía evitar sentir que estaba mintiendo.

Kouga pareció pensarlo también, porque el hastiado resoplido que dio fue tan fuerte que Sesshoumaru pensó que fue una maravilla que su vacía cabeza no se haya colapsado sobre sí misma. Menos mal no se dignó a comentar sobre su incredulidad. "Ella quiere ver a sus viejos amigos antes de ir a casa, así que si te concierne," él dijo a cambio.

¿Sus antiguos acompañantes? Ah, el monje y la cazadora. Sesshoumaru estaba en silencio, volteando esta nueva joya de información en su mente.

Kouga aclaró su garganta. "Solo uno de ellos aún sigue vivo de lo que yo sé. Ella me dijo que aún quiere verla, y yo le dije que eso quizás no fuese una buena idea, y se puso toda... femenina conmigo."

Sesshoumaru abrió un ojo. No estaba seguro de que es lo que "ponerse femenina" podría implicar puesto que Kagome ya era una, pero probablemente tenía que ver con las extrañas trasgresiones que los hombres siempre solían hacer e involucraban irse echando chispas en un torbellino de emociones heridas. Eso era definitivamente el típico comportamiento femenino. No la había visto exhibirlo antes, pero era razonable que lo hiciera ocasionalmente.

El miró mientras la cara de Kouga se tornaba ligeramente teñida de rojo, claramente avergonzado, antes de fruncir el ceño. "Así que," dijo, recogiendo los hombros, y Sesshoumaru pudo verlo rechazar mentalmente la ligera culpa que sin duda sentía, "deberías ir a hablar con ella sobre eso. Tú eres el que anda a su alrededor para no que no salga lastimada, así que tendrás que ir con ella." Con ese anuncio el lobo giró y pisoteó lejos.

Por dentro, Sesshoumaru suspiró. Por una parte este era otro desvío, pero por otra él no pensó estar listo para regresar a la Casa de la Luna a sumergirse otra vez en el sofocante trabajo que lo esperaba ahí, y que sin duda se habría multiplicado en su ausencia. Por el más rápido de los momentos sintió un destello de nostalgia por el tiempo cuando él aún estaba reuniendo su poder para así poder tomar de vuelta las tierras dejadas para él después de la muerte de su padre. No había pasado un año y medio después de que Naraku había sido vencido cuando él se había atado una vez más a la tierra, y la libertad era el precio que pagó por el poder. No era sorprendente que su padre haya encontrado las mismas restricciones tan onerosas que había sido forzado a irse por periodos extensos de tiempo para preservar su cordura. Pensando atrás hacia su niñez Sesshoumaru recordaba que su padre, ocasionalmente, si se aventuraba fuera bajo el auspicio de "mantenimiento" de territorio; ahora que él era lord en lugar de su padre, él entendió por qué.

¿Haría daño estar ausente por unos días más? Pero él probablemente ya se había ausentado por mucho tiempo, se dio cuenta con culpa; la luna había hecho dos ciclos desde que se fue.

Con un resoplido de irritación Sesshoumaru trató de decidir qué hacer. Desafortunadamente, después de unos minutos sintió un dolor de cabeza empezar a formarse, así que en vez de decidir el curso de acción apropiado en cambio decidió que simplemente actuaría como un verdadero lord de territorio debía actuar y endilgarle el trabajo a alguien más.

Sesshoumaru levantó su mano. "Myouga," dijo firmemente, complacido de que finalmente había pensado en una forma de forzar a la pulga a un mínimo de utilidad.

Myouga saltó, sus ojos abriéndose bruscamente. El no estaba acostumbrado a dormir tanto y sintió que su cabeza estaba llena de telarañas, pero al sonido de la voz de Sesshoumaru sintió el polvo volar lejos y su corazón hundirse. Hoy no había sido aplastado todavía, pero eso podía cambiar con facilidad.

Fervientemente esperó que Sesshoumaru se hubiese olvidado todo acerca de eso cuando saltó para descansar sobre la palma estirada de Sesshoumaru y se aclaró la garganta.

"¿Si, milord?" dijo, tratando de mantener el pequeño temblor lejos de su voz.

Su viejo corazón casi se detuvo cuando el demonio le frunció el ceño, pero ese sentimiento desapareció rápidamente con lo que dijo después.

"Ve a casa," Sesshoumaru dijo.

Hubo una pausa mientras Myouga reajustaba su trayectoria interna para acomodar su repentino pero críptico cambio de suerte. Cuando se volvió aparente que Sesshoumaru no iba a clarificar su orden, el se arrastró de forma incómoda. "Erm," Myouga se aventuró. "¿Por qué?"

El ceño fruncido se profundizó. "He estado fuera por mucho tiempo, y lo estaré aún más. Ve a ver las cosas, y asegúrate de que todo esté listo para mi regreso," dijo imperiosamente antes de voltear su rostro del viejo criado y mirar fijo al espacio, una clara autorización para retirarse.

Myouga se movió de nuevo. No había oído la voz de su lord con filos tan agudos desde que salieron de casa; era extraño escucharlo de nuevo. Miró hacia arriba, preguntándose qué era lo que Sesshoumaru pensaba.

Sesshoumaru le lanzó una mirada por el rabillo del ojo, y Myouga se disparó a actuar; él no se había vuelto tan viejo como estaba sin algo de instinto de supervivencia. "¡Por supuesto, milord!" dijo, "¡Me iré enseguida!"

La pulga se volteó y se agachó, preparándose para saltar cuando la voz de Sesshoumaru lo arrestó de nuevo.

"-y Myouga – "

Aquí vienen los apretujones. Sabía que no se había olvidado, Myouga pensó morosamente antes de voltear.

Hubo un ligero retorcijón en los labios de Sesshoumaru. "-no lo arruines todo," terminó.

"¡Hmph!" Myouga exclamó con alivio, pretendiendo estar ofendido. "¡No lo haría nunca!" Se volteó y saltó, sin devolverle la sonrisa a su lord sino hasta que estuvo muy dentro del bosque.

Se preguntaba si Sesshoumaru sabía lo mucho que se había parecido a su padre en ese momento.

...o...

"Kagome."

Kagome abrió sus ojos y miró fijo al árbol al otro lado de ella.

Era un lindo árbol, y estaba muy deseosa de apostar que el árbol en el que estaba sentada también era lindo, pero eso no cambiaba el hecho de que sus raíces la estaban magullando en lugares completamente no mencionables; había sido lo suficiente para hacerla regresar al lugar de campamento antes de recordar que estaba enfurruñándose.

Estaba enojada con Kouga por cuestionar el impulso de ir con Sango. Era un idiota. Un sensible, idiota que le importaba, que solo quería lo mejor para ella.

Que idiota.

Ahora parecía que él había enviado a un idiota mayor – uno que no podía decirle ni siquiera buenos días – para arrastrarla de vuelta, así que Kagome se rehusó a voltearse y reconocerlo. Enfurruñarse parecía ser más efectivo. Lo que ella quería lograr con ello era un completo misterio, pero condenado si no estaba funcionando.

Kagome cruzó los brazos y sorbió la nariz. Se estaba sintiendo deprimida, y Sesshoumaru no había ayudado nada con evitarla y diciéndole que apestaba, así que se sentía ofendida con él también. Era tan grosero.

"Kagome." Le dijo de nuevo.

Deseó que dejara de decir su nombre. Era tan considerado de su parte llamarla por su nombre en vez de 'miko' que se sintió mezquina y mala cuando lo ignoraba.

Que idiota.

Se volteó. "¿Si?" ella dijo tan fríamente como pudo. Debió ser un intento aceptable porque ella pensó ver los ojos de él ampliarse solo una fracción. El no respondió por un momento, aparentando evaluarla.

Sesshoumaru la miró fijo y casi tomó un paso hacia atrás con el tono de su voz. La había visto enojada, molesta, feliz, cansada, asustada, y contenta, pero nunca la había visto ser fría. Era solo muy...bueno... muy como él, y si había una cosa en el mundo que ella no era, era él mismo. Su comportamiento era completamente incongruente y lo ponía nervioso, aunque él prefería soportar sus molestos cambios de humor que dejarla ver su confusión.

Mantuvo su acostumbrado aburrimiento en su rostro mientras respondía. "Partiremos pronto a la aldea de tu acompañante," le dijo con calma. "Deberías despedirte puesto que no regresaremos aquí."

Mientras hablaba observó el rostro de ella, y estuvo asombrado al encontrarla frunciendo más el ceño, su labio inferior temblando peligrosamente como si estuviese a punto de llorar.

Féminas, pensó con un poco de culpa y mucha exasperación. ¿No era esto lo que ella quería?

Por su parte, Kagome estaba teniendo la desagradable experiencia de ejecutar un giro de ciento ochenta grados en su estado de ánimo a pesar de la considerable velocidad. Bien, eso fue inesperado, pensó, fuera de balance, ella sospechó, ligeramente alterada. Eso fue... fue...

No sabía que era. Había estado adentrándose en una espuma miserable por casi cuarto de hora en el momento y había estado esperando echársela a alguien, aunque ahora sus circunstancias habían cambiado completamente y toda su rabia melancólica fue desperdiciada. La parte mezquina se sentía ligeramente engañada, pero realmente ella solo se sentía avergonzada.

"¿Vamos a ver a Sango?" dijo, desinflándose, extrañamente triste. Por un momento se preguntó por qué se desviaría de su camino así – después de todo, la búsqueda había terminado – pero al final decidió que probablemente sería poco sabio preguntarle no sea que él explore sus motivos y reconsidere.

El solo asintió con la cabeza, pero fue suficiente para ella. Brevemente, la duda cruzó por su mente, pero ella la desterró con rapidez; después de todo, ¿no fue ésta la única cosa que ella realmente había querido hacer desde que saltó al pasado para seguir un cuento?

Este era el único deseo egoísta que se había permitido satisfacer, y de repente estaba ahí para que lo consiguiera.

El ya estaba caminando lejos de ella. Con dolor se levantó sobre sus pies, y, volteando, lo siguió, observando su largo, plateado cabello ondearse bajo las codiciosas sombras de los árboles.

Cuando llegaron de vuelta al claro, Kouga ya estaba ahí, con gesto de disculpa.

"Lo siento –"él dijo, pero ella lo interrumpió.

"Está bien. Yo solo..." Kagome pausó. ¿Por qué es tan difícil hablar hoy? "Um... solo tengo que despedirme," ella terminó.

"¿Ah sí?" dijo, levantando una ceja, presionándose para ser desenfadado. "No dijiste adiós la última vez. ¿Estás segura?"

Kagome solo suspiró, de repente sintiéndose cansada de nuevo. Kouga vio la pista.

El aclaró su garganta. "Akiyama se fue de cacería, pero te gustaría despedirte de Machiko?" dijo gentilmente.

¿Despedirme de ella? Pensó calladamente. No es una mala idea. Me pregunto cómo está.

Muda, asintió con la cabeza mientras se volteaba para caminar por la corta distancia hacia la cabaña donde la hime – la joven que la había traído de vuelta aquí y había hecho posible su extraño viaje – descansaba y se recuperaba de la terrible experiencia. Mientras zigzagueaba por los árboles, Kagome esperaba al regresar no encontrar a Sesshoumaru y Kouga peleando de nuevo, aunque el pensamiento fue suficiente para colocar una pequeña pero bienvenida sonrisa en sus labios.

La cabaña estaba silenciosa y acogedora cuando entró, tan diferente de lo que había sido la noche anterior. Cuando sus ojos hallaron a Machiko Kagome se ruborizó un poco, notando al bebé amamantándose de su pecho pero ella aplastó su vergüenza con rapidez. La reacción pareció casi arcaica, como si una gran cantidad de tiempo hubiese pasado entre ayer y hoy aunque a decir verdad ni siquiera habían pasado las veinticuatro horas desde que Machiko había entrado en trabajo de parto. Kagome sonrió a la joven y recorrió silenciosamente por el piso para asentarse al lado de la cama donde los dos descansaban.

"Miko-sama," dijo Machiko, devolviendo la sonrisa, aunque claramente estaba cansada. Parecía tan distinta de la frívola idiota que Kagome había conocido dos semanas antes.

"¿Cómo estás?" Kagome preguntó en voz baja, sin querer perturbar al pequeño niño amantándose animadamente del pecho de su madre. Casi con envidia del infante, se preguntó cuando había sido la última vez que sintió esa clase de entusiasmo. No podía recordar.

"Estoy bien," respondió la hime, llevando los ojos de Kagome lejos de su hijo y a su rostro. Kagome se encontró a si misma siendo mecida por la extraña profundidad que vio ahí y miró hacia otro lado.

"¿Dónde está – um. Dónde está Yukiko?" preguntó con rigidez.

Pudo oír la sonrisa en la voz de Machiko. "Creo que está en la aldea amenazando a alguien para que nos de sábanas frescas."

Una débil, ligeramente arrepentida sonrisa apretó las esquinas de la boca de Kagome mientras pensaba en esto antes de que Machiko rompiera el silencio, haciéndola que se encontrara con los ojos de la hime.

"No puedo agradecerle lo suficiente," dijo.

Kagome dudó, y sacudió su cabeza. "No hay razón para agradecerme," le dijo a la joven. "Era mi deber."

La joven miró hacia otro lado y estuvo en silencio por un momento. "Aki- Akiyama-"ella parecía tropezar con el nombre poco familiar, Kagome noto distantemente "- me dijo que usted y youkai-sama viajaron lejos para ayudarme. Esa seguramente no era su intención."

No. No realmente. Aunque ahora que lo estaba pensando estaba completamente insegura en que si lo haría o no todo de nuevo. Hubo cosas que ella no hubiese ganado si no hubiese asumido la tarea. Moviéndose incómodamente Kagome miró sus manos y se dio cuenta de que estaba rozando sus pulgares sobre sus cicatrices inconscientemente.

No la voy a ver nunca más, ella pensó, tratando de hacerlo real.

Nunca sabré si van a ser felices. Nunca sabré que pasará después de esto. Nunca podré regresar.

Veré estas cicatrices toda mi vida.

Kagome estuvo en silencio por un largo momento, dejando sus dedos pasar ligeramente sobre la nueva piel, apretada y con textura, y se mordió el labio.

"Era mi feliz obligación, "dijo finalmente. "No podía hacerlo de otra manera."

Una pequeña mano se disparó sobre su regazo y agarró sus dedos como si quisiera detener la inquietud, y Kagome miró hacia arriba hacia amplios y compasivos ojos – oscuros y gentiles y repentinamente más sabios que los suyos.

La hime sonrió dulcemente.

"Estará bien," dijo, como si supiera.

Kagome pensó que lloraría.

Luego Machiko soltó sus manos y volvió a atender a su hijo, suavemente acariciando las pequeñas orejas con un delgado dedo. Si no hubiese visto al infante de hecho entrar al mundo, Kagome nunca hubiese creído que una joven tan pequeña podría haber dado a luz a una criatura tan grande.

La hime suspiró. "Por favor dígale a youkai-sama que lo lamento. Solo puedo decir que no he sido yo misma."

Por un momento Kagome estuvo perdida, hasta que recordó que Sesshoumaru de mala gana había mencionado un... incidente. Ella asintió con la cabeza débilmente. "Um..." dijo, "Le diré, pero ¿puedo preguntarte por qué?" Sonó estúpido, pero no pudo pensar en otra cosa que decir.

La hime no respondió, solo miró fijo al bebé en sus brazos. Luego dijo, en voz tan baja que Kagome tuvo que inclinarse hacia ella para oírla, "Su usted pensaba que iba a morir, no hubiese querido sentirse indeseada tampoco."

Kagome miró hacia otro lado con timidez, arrepintiéndose de todos los pensamientos poco caritativos que tuvo. "Está bien," respondió en voz baja.

Machiko solo sonrió de nuevo, aún sobando las orejas peludas de su hijo.

No parecía haber algo más que decir, así que Kagome se levantó y sacudió polvo imaginario de su hakama antes de mirar a la hime, envuelta dentro del mundo maternal hecho solo para su hijo y ella misma.

"Adiós," dijo Machiko, sin mirarla.

"Adiós," respondió Kagome suavemente, y salió.

Kouga estaba sentado en un tronco caído y mirando fijo a nada en particular cuando ella regresó, y no pareció darse cuenta de su aproximación. Sesshoumaru no se aparecía, presuntamente buscando una excusa conveniente – o, conociéndolo, marchándose sin explicación – para darles privacidad.

Kouga no sabía de su presencia. Después de un momento Kagome tosió suave, nerviosamente, para llamar su díscola atención.

La cabeza de Kouga se movió repentinamente hacia arriba mirándola por un segundo, ojos amplios y sorprendidos como si no la reconociera, antes de su rostro – el que ella recordaba y no recordaba – se derritió en una sonrisa que no alcanzó sus ojos. "¿Te vas?" preguntó, y Kagome imaginó oír las palabras detrás de las palabras, las que iban sin decirse, las que todos escuchaban pero nunca reconocían.

Te vas. Era la misma pregunta, pero significaba mucho más. Era un hecho. Había un pesado conocimiento en él, un interminable, un nunca más que no podía ser expresado por la palabra.

Su cabeza dolía. "Ajá," respondió temblorosamente.

Si.

Ella lo observó tragar saliva mientras se levantaba lentamente y caminaba hacia ella. Solo se detuvo a una mano de distancia de ella y miró hacia su rostro, buscando. Kagome se preguntaba si, en la curva de sus propios rasgos, él podía ver todos sus secretos olvidados, enterrados tan profundo que no podía recordar que habían existido, y si él podía, ella se preguntó si él le diría todos los secretos que se había guardado incluso para sí misma.

Una sombra pasó bajo los ojos de él y se había ido.

"Ten un buen viaje," dijo, el leal, bondadoso amigo.

Sé feliz.

"Lo tendré."

Lo intentaré.

Entonces él colocó sus brazos a su alrededor, cálidos y fuertes y seguros, y ella enterró su rostro contra su hombro mientras él reposaba su mejilla contra la parte superior de su cabeza.

"Te voy a extrañar. Ojalá te hubieses quedado más tiempo," dijo, y ella escuchó su voz retumbar a través de ella, arrastrando tras ella el pequeño enojo impotente y el enorme y doloroso arrepentimiento de siempre.

Esto no fue suficiente.

"Te extrañaré, también" dijo, sus palabras apagadas por el nudo en su garganta, "pero tengo que irme, supongo."

Nunca hubiese sido lo suficiente para satisfacer.

"Supongo." El fin.

Y así es como es.

Débilmente, Kagome se preguntó por qué no estaba llorando incluso si sus ojos quemaban y no podía respirar por el peso de todo. Apretando sus dientes, ella lo abrazó con ferocidad, como si pudiese estamparlo por siempre sobre ella, para poder llevárselo con ella, para nunca sentirse sola de nuevo.

Kagome cerró los ojos.

"Adiós," él le susurró en la oreja.

"Adiós," ella hizo eco.

Luego Kouga se volteó, su cola sacudiéndose tras él, y caminó dentro del bosque.

Ella lo observó irse.

Cuando Sesshoumaru caminó hacia el lugar de campamento después de lo que él sintió ser un intervalo decente para una despedida, la encontró posada sobre un leño, la pesada piel que usaba como sábana colgando de su hombro, y sonriendo alegremente. La visión lo llevó a un alto. El parpadeó.

"¿Listo para irnos?" ella pió.

Sesshoumaru volvió a parpadear antes de inhalar subrepticiamente, sin confiar en su rostro.

Lo suficientemente seguro, ella estaba teñida con el aroma de tristeza que olía a cielos grises y árboles moribundos; le hacía doler un poco captarlo. Ella estaba escondiendo el vacío después de la despedida bajo su sonrisa, como si borrarlo de su rostro lo borrara de su mente también.

Sesshoumaru sabía el valor de esconder. Ella no quería ser vista, y él no iba a forzarla a quitarse la máscara.

El asintió con la cabeza en respuesta a su pregunta antes de darse la vuelta y arrodillarse. Ella trepó por su espalda – él pensó que se sentía hueca – y lanzó su cabello sobre ella antes de tensarse e ir por el aire.

Se mantuvo en silencio por un largo momento mientras viajaban bajo sobre la tierra, aunque con cada aliento que ella daba – su boca estaba tan cerca de la garganta de él podía sentir, muy débilmente, cada exhalación – el olor de su tristeza se reducía cada vez más, y después de un rato el se permitió relajarse con su aroma normal mientras crecía y crecía. Quizás era una hora antes de que el sol se ocultara cuando su congoja estaba casi desvanecida, y ella era lo suficientemente ella misma para hablar.

"¿Dónde está Myouga?" preguntó. El no podía ver su rostro, pero sabía que ella estaba frunciendo el ceño un poco, solo el más pequeño de los pliegues en su ceja y una mirada confundida en sus ojos. Era una de sus expresiones más entretenidas.

"Lo envié de vuelta a la Casa de la Luna," le dijo.

"Ah," ella dijo suavemente. "No pude decirle adiós."

Sesshoumaru sintió un destello de culpa – debió pensar en eso – pero no sabía que decir.

Luego ella tomó un profundo respiro y se movió contra él. El escuchó el sonido de la ropa de ella enredarse con su armadura antes de aclarar la garganta.

"Así que... ¿tu hogar realmente se llama la Casa de la Luna?" preguntó, sonando un poco incrédula, saltando sobre su arrepentimiento.

El estuvo ligeramente ofendido. "Sí," respondió. "Es nuestro hogar ancestral."

Ella se movió de nuevo. "Pensé que se había quemado," dijo en voz baja.

"Ha sido incinerada varias veces. La he reconstruido dos veces, y se incendió una vez bajo mi reinado," le informó, solo un poco rígidamente.

"Ah," dijo ella.

Kagome se acomodó de nuevo y se preguntaba por qué rayos el cuento que había leído habría dado con el nombre de su hogar bien, pero prácticamente se equivocaría en todo lo demás. Era como si alguien hubiese encontrado los registros de la historia real, pero sintió que lo que realmente había sucedido no tuvo el suficiente dinamismo, así que lo condimentaron un poco y lo cambiaron por ahí y ta-dá, una historia que se parecía vagamente a eventos actuales. Igual que casi toda la historia. Era tan irritante.

Suspiró un poco. "Y ¿por qué lo enviaste a casa?" ella se preguntó. Quizás Kouga estaba en lo cierto. Quizás era mejor no decir adiós.

Bajo sus manos él se encogió de hombros ligeramente. "He estado fuera por un tiempo. Decidí enviarlo de vuelta para asegurarse de que las cosas estuviesen en orden para mi regreso."

"Ah," ella dijo de nuevo. "Lo siento."

"¿Por qué?" él preguntó, pareciendo genuinamente confundido.

"Por... ¿alejarte de tus deberes?"

Lo escuchó reír, filoso y sin humor. "Te aseguro, no es una carga ser alejado de ellos."

Aunque él no podía verla, Kagome sonrió ampliamente. Ella permitió su barbilla caer sobre su hombro y observó el paisaje por un momento, hasta que recordó algo.

"Por cierto," su voz vino desde su hombro, sacándolo bruscamente de la vaga meditación en la que había caído, "Estoy un poco molesta contigo. Solo para que sepas."

Esto no sonaba prometedor. "¿En verdad?" preguntó con cautela. "¿A qué se debe?"

"No me viste esta mañana," dijo, dejándose asentar un poco más debajo de su espalda, lejos de él. Ella había olvidado su dolor en la más grande tristeza de la despedida, pero ahora que estaban de viaje de nuevo había vuelto y ella se estaba sintiendo bastante malhumorada por eso. Ella había pensado que solo era un subproducto de decir adiós, pero ahora que lo pensaba otra vez se sentía peor. Era difícil describir por qué sus sentimientos estaban tan terriblemente lastimados, pero tenía algo que ver con la confianza. Kagome pensó que si estuviese forzada a explicar ella lo describiría como similar al sentimiento que ella tendría si se despertara, a los quince años en el Sengoku Jidai, y encontrar que Inuyasha no estaba. Le dejaba desnuda y sola.

Reflexionando que seguramente él no merecía esto, Sesshoumaru frunció el ceño. "No era consciente de que se suponía que debía hacerlo," respondió.

Bueno. Ahora que lo pensaba de esa manera, él nunca había firmado un contrato. ¡Maldición!

Kagome frunció el ceño, disparándose graciosamente sobre su siguiente queja. "Y puedes decirme si apesto," añadió, mirando por su hombro de nuevo, aunque ella no lo miró, en cambio optando por estudiar los árboles terriblemente interesantes que pasaban bajo sus pies.

Sesshoumaru esperó, con esperanza de que aclarara su afirmación, pero ella permaneció en silencio.

El lanzó. "No lo haces?" respondió finalmente. Sonaba inseguro.

"Bueno no apesto ahora," ella le dijo. "Pero gracias por la sugerencia de un baño. Fue apreciado."

Ella no sonaba muy apreciativa para él. "Pierde cuidado cuando tu olor sea ofensivo, te haré saber," él le informó. "La sugerencia fue simplemente para tu comodidad."

Hubo una pausa. "¿Mi comodidad?" ella le preguntó como si no lo hubiese escuchado.

El frunció el ceño. "No tengo el hábito de repetir lo que he dicho."

Hubo un largo silencio.

"Ah," ella dijo finalmente. "Gracias."

Sesshoumaru rechazó responderle, sintiendo un dolor de cabeza empezar a florecer detrás de sus ojos.

Suspiró. Había pensado que la entendía, aunque mirando hacia atrás, no estaba seguro de por qué pensaría cosa tan ridícula, pero entonces otra vez ella quizás, tal vez, estaría sintiéndose un poco estresada hoy. De todas maneras, no importaba, ya que él parecía haber dicho lo apropiado para distender la situación. Trató de enfocarse en la tarea pendiente.

"Y ¿Cuánto falta para alcanzarlos?" preguntó ligeramente, de repente.

Aprovechó la distracción y calculó en su cabeza por un momento antes de responder. "Nos detendremos por la noche, y alcanzaremos la aldea para mañana al anochecer."

"Ok," dijo, acomodándose contra él de nuevo, aunque él escuchó el trasfondo quebradizo en su voz. El se preguntó por qué querría ella hacerse tan infeliz.

El no preguntó. En cambio siguieron volando, hacia la parada final de su largo, extraño viaje, cada uno de ellos vagando en sus propios pensamientos silenciosos.

...o...

El sol estaba por ocultarse, y Kagome miraba ansiosamente al horizonte, buscando la aldea donde vivía Sango. Su estómago se estaba haciendo nudos solo – quemaba como si estuviese siendo lavado en ácido – y no había comido nada excepto unos pocos sorbidos de agua con miedo de que la fuese a volver a visitar luego.

Su acompañante había estado en silencio la mayor parte del tiempo hoy, contestándole en gruñidos monosílabos excepto cuando le preguntó qué demonios le pasaba, lo cual él no respondió en absoluto. La molestaba infinitamente.

Por otra parte, ella había despertado esa mañana debajo de un árbol y él había estado sentado a su lado, apoyado contra el tronco, así que no se quejó mucho y lo dejó con sus pensamientos. El merecía un poco de paz y silencio después de estar más de un mes en su compañía, y ella estaba feliz de darle el espacio que necesitase ya que parecía ser lo único que podía hacer por él.

Sesshoumaru sintió las manos de ella convulsionar sobre sus hombros por milésima vez y apretó sus dientes. Su ansiedad – enrollándose en su nariz como filosas estalagmitas color tomate arrastrándose sobre su aroma normal – eso lo estaba poniendo a él ansioso, y su fachada feliz lo estaba poniendo terriblemente malhumorado. Incluso peor, era imposible de bloquearla fuera de su nariz, y por lo tanto de su mente; al menos cuando estaba nervioso, él tenía control sobre sí mismo para negarlo, pero no podía hacer nada respecto a ella.

El se preguntaba por qué había accedido a hacer esto de nuevo; por el momento, incluso el trabajo de papeleo parecía preferible a la aprensión infecciosa de ella.

Cuando él olfateó las llamas de cocina de una aldea más adelante Sesshoumaru se permitió gruñir de alivio. El sol se estaba hundiendo, y muy arriba las nubes se movían sin descanso por el cielo; él consideraba que estarían en el hogar de su acompañante al ocultarse el sol.

Kagome, por su parte, estaba sintiendo los primeros cosquilleos de miedo, y cuanto más descendía el sol en el cielo más quería morder algo. Su propia mano habría sido ideal, pero aún estaba lastimada, y morder a Sesshoumaru estaba fuera de discusión ya que él mordía de vuelta, así que ella se decidió por morder sin piedad su labio inferior, entrenando a su propia mente en la ligeramente desagradable tarea de arrancarse la piel agrietada. Frunció el ceño mientras caía en un patrón, rítmicamente pasando su labio por sus dientes.

"Llegaremos pronto."

Sorprendida fuera de su meditación Kagome se mordió un poco más fuerte.

"¡Ou!" dijo. Otra herida. "Maldición," dijo en voz alta, "como si no tuviese suficiente mal conmigo."

Escuchó a Sesshoumaru reírse por lo bajo con eso. Disparándole una mirada furiosa que no él no podía ver, malhumoradamente succionaba su labio dentro de su boca y esperaba a que se detuviera el sangrado.

Después de un momento lo dejo ir, y él podía sentirla equipar su valentía.

"¿Dónde está su casa?" finalmente preguntó.

Sesshoumaru no respondió por un momento, y ella estuvo al borde de preguntarle de nuevo cuando él hizo un sonido indeterminado en la parte trasera de su garganta. Ella no podía discernir el significado, pero lo olvidó cuando empezó a hablar.

"Su hogar está en la vivienda más septentrional," le dijo. "El lobo me informó que ella siguió siendo una taiji-ja por años, así que su hogar está orillado contra el bosque donde la mayoría de youkai viven."

"Ah," Kagome le dijo suavemente. "No pensé que continuaría haciendo eso."

Sesshoumaru levantó una ceja. "¿Por qué no?" le preguntó él. "Sospecho que es una ocupación bastante lucrativa."

Los dedos de ella dieron un tirón de nuevo. "No lo sé," respondió. "Solo pensé que ella quizás no... querría continuar. Después de todo los youkai que ella conoció que fueron –"ella estuvo a punto de decir que fueron buenos, pero se dio cuenta al último segundo que era una cosa tonta de decir, "-que no fueron completamente malvados."

El pareció pensar por un momento.

"Hm," dijo. "Quizás."

"No pareces muy incómodo con la idea," le dijo Kagome, casi en forma desaprobadora.

"¿Preferirías que estuviese incómodo?"

"No, yo-"

"Los Taiji-ya no me asustan," dijo él.

"Lo sé," respondió rápidamente, preocupada de haberlo ofendido.

Ella encontró eso curioso. "¿Por qué no? Ella ha aniquilado muchos youkai," dijo Kagome.

El no respondió inmediatamente, así que ella miró fijo a la suntuosa seda de su kimono debajo de sus dedos, y muy ligeramente trazó sobre las costuras de su collar, esperando que él hablara, tratando de resolver la respuesta por sí misma.

Por un largo, silencioso momento, no dijo nada, y ella se dio cuenta de la razón una fracción de segundo antes de que él hablase.

"Si. Ella ha aniquilado muchos youkai," dijo distantemente, y no necesito escuchar el resto para saber lo que era.

Y yo he aniquilado muchos humanos, él le dijo con las palabras detrás de las palabras.

Era extraño recordar eso, pero era inclusive más extraña la comprensión que clareaba de que ya no parecía importar tanto. Quizás ese era el efecto secundario de sobrevivir a todos – la vida se volvía menos.

Ella esperaba que no.

"Ahí," dijo él, cortando una envoltura a través de su triste contemplación, y ella miró por encima del hombro de él para ver una aldea al borde del bosque bajo ellos.

Su corazón se apresuró, que aunque fuese de pánico o emoción ella no podía decir. Kagome sintió su estómago darse la vuelta, y de repente encontró que era difícil respirar.

"¿Vienes conmigo?" preguntó. De repente, parecía tan importante tenerlo ahí, tan importante ser capaz de ver su rostro sin cambios. Lo necesitaba para anclarse a tierra, asegurarle que ella era real.

El no la miró. "Si," dijo en voz baja.

Entonces ellos se hundieron lejos, pasando por encima de los picos de los árboles, y Kagome se tragó su corazón cuando tocaron el borde del bosque bajo el cielo que oscurecía.

...o...