Había llegado por fin mi día de descanso, después de una agotadora semana de vigilancia intensiva por todo el Castillo.
¿Pero qué hacer? Ni en mis días de Hogwarts me aburría tanto en Hogsmade, por otro lado, ahora si podía beber lo que quisiera, así que bajé al bar en Tres Escobas.
Tenía que ir preparando mi garganta para algo fuerte, así que comencé con un par de cervezas de mantequilla; después whiskey de fuego, lo tomé lentamente al saber que de golpe me causaría solo un dolor de cabeza terrible, justo iba a pedir la segunda ronda cuando un camarero se acercó a mi mesa trayendo con él un vaso de vino de elfo domestico.
-Yo no lo he pedido- expliqué.
-Lo manda el señor de allá- casi me caigo de la silla cuando volteó mi cabeza y veo hacia donde el elfo señalaba, ¿Cómo podía ser él? Esto debía ser un error, que estaba dispuesta a aclarar, di las gracias, tomé el vaso y fui a su mesa con toda la dignidad que tenia aun.
-¿Por qué me dio esto?- el no se inmutó, parecía que me esperaba.
-Lo necesita, después de ver su patronus, creo que el alcohol le hará recobrar el buen gusto-hablaba con su ironía característica que tantos corajes me hizo pasar en mi años de escuela –He estado consultando en diversas fuentes, lo que sucede entre los lobos en luna llena- su voz de serpiente ponzoñosa comenzaba a herirme nuevamente, pero yo no pensaba dejarme ganar tan fácilmente, aun tenia orgullo y conciencia sobre la embriaguez.
- ¿Qué le hace pensar que eso me importa?-
- La otra semana me dio la impresión que estaba interesada en ellos, tal vez demasiado – sin tomarle mucha importancia, bebí de un solo trago el vino elfico.
-Si se emborracha su torpeza se hará incontrolable Nymphadora- este no entendía que no me gustaba mi nombre.
-No sé ni siquiera por que está aquí, mejor déjeme en paz- logré articular, el efecto embriagante comenzaba su efecto, su cara se ensombreció con mis palabas y en un rápido movimiento quedo cerca de mí.
-Quiero que entienda que está en una misión, y que debe tener su mente clara y consciente-
-Con usted cerca dándome Vino de elfo domestico, será difícil eso- ya comenzaba a enfadarme su actitud.
-Debe dejar atrás los imposibles Nymphadora, solo está perdiendo el tiempo debería buscarse otro pasatiempo- y no sé si era la gran concentración de alcohol en mi cerebro que comencé a hablar sin parar
-Que curioso que me lo diga la persona más amargada y sin corazón que he conocido en mi vida, sin duda su pasatiempo es hacer pociones ¿no es así?- un silencio incomodo se formó entre nosotros, sus ojos negros como noche estaban expectantes clavados en los míos, a esta distancia puede notar con mayor atención la palidez de su rostro y algunas arrugas que comenzaban a mostrarse, estuve a punto de reírme de su afamada nariz pero lo que me quedaba de cordura me lo impidió, bajé mi vista hasta sus labios ligeramente resecos y delgados, que también carecían de color; y en eso muchas preguntas se agolparon en mi mente.
¿Cuanto había pasado de la última vez que había tenido un abrazo? ¿Hace cuanto que no besaba a alguien? Sentía como se oprimían mis pulmones, lo necesitaba, prescindir tanto de ellos los había convertido en mi adicción, ahora era una necesidad, era como si ya no pudiera vivir un minuto más sin recibir un beso. Mordí mi labio, Merlín las cosas que pensaba, que estupidez; y lo peor era que él estaba ahí, aun con su vista clavada en mi; ¿Qué estaba esperando?
Giré la cabeza, y contemplé el bar de tres escobas solo; que curioso, si en la noche había más clientes, pero eran tiempos extraños y difíciles; y yo también era extraña, el seguía ahí con su cara de cansada seriedad y de un momento a otro sus labios se volvieron lo único con sabor, ya no era whiskey de fuego, vino elfico u otra bebida, todo era insípido.
No había nadie en Tres escobas, era algo a mi favor esto quedaba en absoluto secreto, la suerte veía a mi favor.
Sus labios sabor frutilla se separaron de los míos temblorosos, ¿En que estaba pensando? Esas eran las palabras de su mente; traté de mantener compostura para cuando ella volvió a clavar sus hermosos ojos en mi ser, su cara confundida me lo decía todo; sonreír no era parte de mi vida por lo que no lo hice, aunque dentro de mí lo estaba, estaba feliz debo admitir, no había hecho nada mas, las cosas se daban por si solas.
Quedarme callado como acostumbraba era lo mejor, en un silencio yo no podía reprocharle y así ella entendería lo que me estaba pasando.
Sé que ella entendió que nadie debía saberlo, ella asintió con un ligero cabeceo, y yo también incliné la cabeza comprendiendo que de lo que había ocurrido, probablemente se repetiría; pues lo había visto en su mente, ella lo necesitaba, yo la necesitaba.
