Digimon no me pertenece, yo solo escribo por diversión y sin ánimo de lucro
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~ Amistades de todo tipo ~
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II. Sora y Jou
"Amigos son aquellos extraños seres que nos preguntan como estamos y se esperan a oír la contestación"
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–Siempre hace lo mismo, estoy harto –se quejó Tai.
Miré atentamente a mi amigo, mientras él apretaba los puños. Matt se limitó a cruzarse de brazos y poner los ojos en blanco.
–Si dices que siempre hace lo mismo no sé de qué te sorprendes.
Le lancé una mirada de advertencia pero se encogió de hombros con indiferencia. Él siempre con tanto tacto, en especial cuando se trataba de Tai, a veces costaba entender que fueran tan buenos amigos. Izzy despegó por un momento los ojos del ordenador para mirar a Tai con gesto compasivo.
–Sabes que si Joe no vino ayer es porque tenía que estudiar para un examen de hoy.
–Eso no lo sé, ya suena a excusa, no viene nunca –replicó.
El día anterior nos habíamos reunido todos los amigos para celebrar que el mayor de los Yagami había marcado el gol vencedor de un partido, dándole así la liga a su equipo. Pero Joe no había podido asistir, diciendo que tenía que estudiar, y se limitó a darle la enhorabuena a Tai por un mensaje. Eso solo sirvió para irritarlo. Y yo lo entendí perfectamente, la indiferencia es dolorosa. He sufrido demasiada viniendo de mi padre como para no saberlo.
–¿Cuándo dejamos que se distanciara tanto de nosotros? –preguntó mientras se levantaba y salía de la biblioteca.
Ante eso incluso Matt puso gesto de disgusto. Estaba claro que no nos veíamos tanto como antes, pero la verdad es que Joe debería haberse presentado en la celebración de Tai. Y yo cavilé sobre ello durante un buen rato, mientras intentaba terminar un trabajo. Izzy pareció captar mi estado de ensimismamiento y se sobresaltó al verme levantarme dejando el libro sobre la mesa con un golpe sordo.
Mis dos amigos me miraron mientras me marchaba con paso firme. Pocas veces me enfado, yo soy una persona tranquila, pero cuando alguien se equivoca de esa manera no puedo evitar intervenir. Estaba claro que Joe se había metido en problemas.
Apenas quince minutos más tarde, ya estaba en la puerta de la casa en la que vivía la familia Kido. Toqué insistentemente al timbre, al ver que no había recibido respuesta en la primera llamada, pero nadie fue a abrir la puerta.
Ya me marchaba, cuando me encontré a Joe detrás de mí, cargando con gran cantidad de libros apilados y mirándome con cara de sorpresa.
–¿Sora? ¿Qué haces aquí? –preguntó extrañado.
–Tengo que hablar contigo, es urgente –expliqué con gesto serio.
El chico asintió con la cabeza, todavía con el ceño ligeramente fruncido, y me dejó pasar mientras hacía equilibrismos para que no se le cayeran los libros. Tuve que sonreír ante tal imagen. Puede que el tiempo pasase, pero mi amigo seguía siendo el mismo patoso de siempre. Hay cosas que no cambian y me alegraba ver que esa era una de ellas.
Joe me ofreció un té y se sirvió uno él mismo. Se colocó bien las gafas sobre el puente de la nariz y me miró con nerviosismo. No hay que conocerme demasiado para reconocer mi gesto de enfado, porque normalmente suelo sonreír.
–Tengo la impresión de que estás algo molesta, ¿no? ¿He hecho algo malo?
–Lo siento, pero sí –respondí dejando la taza en la mesa–. Ayer todos te echamos en falta. Si solo hubiera sido una vez lo entendería, tal vez dos o tres, pero llevas sin venir cuando nos reunimos como dos meses.
Él bajó la cabeza, claramente arrepentido.
–Lo sé, es que he estado muy ocupado con los exámenes...
Pero algo me dijo que había más cosas detrás de esa excusa. Miré atentamente los ojos negros de mi amigo tratando de desentrañar lo que él intentaba esconder. Joe siempre había sido alguien que se encerraba en sí mismo cuando las inseguridades lo atrapaban. Aunque no por nada su emblema era la Sinceridad, siempre se podía confiar en él porque iba con la verdad por delante. Esa regla solamente era rota por las mentiras piadosas, que en teoría no dañan a nadie. Recordé con claridad cómo en nuestra primera aventura mi amigo siempre parecía escandalizarse por que los demás nos adaptásemos tan bien a las aventuras en el mundo digital. Y eso me llevó a pensar las veces que se había impuesto a sí mismo el deber de cuidarnos, alegando que era el mayor. Por eso era extraño que ahora nos dejase de lado.
–No tienes que usar excusas conmigo, si necesitas hablar de algo sabes que puedes hacerlo –dije sonriendo.
No podía estar enfadada con él, sabía que tenía que haber razones para aquello. Él siempre había tenido muchos exámenes pero había sacado tiempo para vernos así que debía haber algún problema.
–Verás... Es que a veces... –él titubeó antes de hablar y al final volvió a callarse.
Tan indeciso como siempre.
–A veces... –susurré instándole a continuar.
–Tengo la sensación de que sobro –concluyó él de carrerilla.
Lo miré atentamente mientras asimilaba la información. En realidad, no podía decir que me sorprendiera, no era la primera vez que Joe creía que estaba de más, aunque siempre parecía darse cuenta de que no era así. Hasta ahora, al parecer.
–Eso es una tontería...
–No, no lo es –replicó él–. Últimamente hay ratos en los que no puedo participar en la conversación porque yo ya he entrado en la Universidad y vosotros seguís juntos en la escuela. Y hacéis planes en pequeños grupos. Tú con Tai y Matt, o las chicas juntas, o los más pequeños... Pero yo parece que no encajo en ningún subgrupo. No creo que nadie note mi ausencia.
Me miró con confusión cuando me vio sonreír con cariño.
–Para ser tan listo y estudiar tanto, siempre has dicho muchas tonterías –dije casi riendo–. Que sepas que hoy Tai ha estado todo el día triste porque ayer no apareciste. Eres el mayor, el que siempre ha intentado cuidarnos a todos, la voz de la razón en muchas ocasiones. ¿Cómo puedes pensar que no eres una pieza clave en nuestro grupo?
Y mientras decía aquello, fui aún más consciente de que tenía razón en lo que decía. Recordaba cómo Joe se arriesgó a subir al monte Mugen él solo y se lanzó sobre un Unimon para sacarle la rueda negra. Las únicas veces que mi amigo había hecho una locura era para protegernos a los demás. Porque era el mayor, el que nos cuidaba. Aunque a veces lo hiciera en silencio. Como cuando a mí me había explicado aquel examen de Biología que estaba convencida que iba a suspender, pero acabé sacando un notable. O cuando le había cedido a Tai su postre en la cafetería para alegrarle el día si algún profesor le había castigado. O cuando fue el único que consiguió convencer a Matt de que fuera al médico cuando tuvo ese esguince en el pie...
Muchas veces los pequeños detalles son lo que importa. Lo que hace que la vida sea como es. Las personas no somos las palabras que decimos, sino las acciones, las cosas que demostramos que estamos dispuestos a hacer. Puede que Joe nunca haya sido amante de los discursos largos o de palabras cariñosas, pero siempre estuvo ahí, apoyándonos silenciosamente a todos, preparado para dar ese empujón final o para tendernos la mano si tropezábamos.
Sonreí al ver que él lo hacía, porque mis palabras lo habían convencido. Él es así. A veces necesita unos pequeños ánimos para asegurarse de las cosas, para vencer sus inseguridades. Y para eso estamos los amigos, ¿no?
–Tienes razón. Siento mucho no haber estado ayer, me siento mal por Tai, y también siento mi ausencia durante este tiempo. Te prometo que lo enmendaré.
Asentí con la cabeza convencida de que decía la verdad, él no hace promesas en vano. Me acompañó a la puerta cargando mi mochila y me costó convencerle de que no hacía falta que me llevase a casa. Otra faceta de Joe que siempre he admirado es lo considerado que es con todo el mundo, desde luego nadie le puede hacer la competencia en educación y buenos modales. Tal vez Cody sea el que más cerca esté de él en eso.
Un rato después recibí un mensaje de Mimi que me puso bastante contenta, me decía que Joe le había pedido que avisase a todos de que nos invitaba a cenar esa noche en su casa. Decidimos llevar unas pizzas y una película para ver después. Todos estábamos entusiasmados con la idea simplemente porque el mayor del grupo estaría ahí. Y pensar que él creía que sobraba... Debería darse cuenta de cuánto de menos le habíamos echado todos.
Llegué una de las primeras y ayudé a mi amigo a preparar algo de picar y poner la mesa. Éramos muchos así que nos llevó un rato largo. Tai y Kari llegaron extrañamente pronto y lo primero que hizo Joe fue disculparse por su ausencia el día anterior. Lo vi titubear mientras le explicaba a Tai la razón por la cual había estado algo distante y tuve que sonreír al verlos abrazarse.
Los demás no tardaron en llegar y cenamos entre un gran barullo. La discusión de Yolei y Davis no se hizo esperar, ni tampoco los intentos de Ken y Cody de pararlos. Escuchaba a mi derecha la conversación de los chicos sobre fútbol en la que no tardaría en meterme. En frente a Mimi contándole detalladamente a Izzy cómo eran unos zapatos que se había comprado, y mi amigo con cara de atención aunque sospeché que su mente vagaba lejos de aquí. Kari y T.K le estaban contando animadamente a Joe cómo les iba en la escuela. Él los miraba con cariño, estoy segura de que por su mente pasaba una imagen de ellos cuando eran pequeños, al fin y al cabo todos reflexionábamos a veces sobre cómo habían crecido esos dos a los que conocimos cuando eran unos críos.
El ambiente era muy agradable y todos estábamos disfrutando de esa reunión más de lo normal. Cuando estaban preparando la película para ponerla en la gran televisión del salón, sentí que alguien tocaba mi hombro para llamar mi atención. Joe me hizo gestos para que lo siguiera a la cocina y aguardé con curiosidad para saber qué quería decirme.
–Gracias, Sora. No habría comprendido cómo son las cosas si no hubieras venido ayer a abrirme los ojos. Siempre fuiste la que más confió en mí y valoró que tratase de cuidaros, incluso una vez me nombraste líder –me reí al recordar aquella situación cuando nos enfrentamos con Bakemon, él consiguió librarnos del peligro–. Sé que nunca soy de muchas palabras, pero de verdad que valoro mucho la amistad de todos vosotros. Me hacéis ser mejor persona.
Sonreí y lo abracé sin poder contenerme. Que compartiera aquello conmigo me había conmovido mucho. Y era irónico que dijera que le hacíamos mejor persona cuando él es una de las mejores que conozco y conoceré jamás.
Volvimos con los demás y vimos la película entre charlas y risas, creo que casi nadie se enteró mucho de qué trataba. Pero daba igual, lo importante era pasar tiempo juntos. Y estaba segura de que a partir de entonces Joe vendría mucho más con nosotros.
Horas más tarde, cuando ya nos marchábamos, sonreí a mi amigo con ganas.
–Gracias por haber cuidado siempre de nosotros –dije de todo corazón.
Y él sonrió antes de responderme.
–Siempre lo haré.
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No sé qué tal habrá quedado, es para lo que ha dado mi inspiración así que espero que no esté muy mal, he intentado resaltar las virtudes de Joe.
Siguiente amistad: Davis y Mimi (lo sé, raro, me he puesto un gran reto con esto)
Espero que hayáis disfrutado de la lectura :)
