Capitulo V: Un punto en el que no hay retorno.
Aunque los días pasaban, Yuki no podía ver la luz del sol en ninguno de ellos, su existencia se encontraba inmersa en una oscuridad de la que no había escapatoria.
Desde que fue convertido en vampiro por Tohma, había experimentado toda la lujuria y el sadismo de éste.
El vampiro lo envolvía entre sus brazos y lo poseía una y otra vez sin descanso, de las maneras más duras que se pudiera imaginar. Lo arañaba con sus filosas uñas, y lo embestía con una fuerza casi salvaje, haciéndole un daño que le calaba en los huesos. Pero, a pesar del resentimiento de su cuerpo, por todo lo que recibía, en pocos minutos las heridas sanaban, el dolor cesaba y dejaba paso al placer.
Yuki lo odiaba y amaba al mismo; amaba las sensaciones que despertaba en él, amaba su cuerpo irresistible y quizás, pero solo un poco, la nueva visión del mundo que poseía. Odiaba a Tohma, lo maldecía y lo condenaba, pero más que a él se detestaba a si mismo; a la criatura abominable en que se había convertido; o tal vez a quien siempre había sido.
-¿Qué es lo que piensa tan ensimismado mi querido Eiri-san?-. Dijo Tohma mientras se abrochaba los botones de la camisa y acomodaba las botas.
-Pienso en mi, en ti y en nosotros-. Dijo Yuki al tiempo que contemplaba sus propias manos, desnudas y cubiertas de sangre, sangre que no le pertenecía a él, sino a su amante.
En sus encuentros sexuales ambos se convertían en bestias salvajes. Yuki se había habituado a ello y a los extraños gustos de Tohma, que incluían desde arañazos y cadenas, hasta mordidas para succionar la sangre del otro. –¿Me habré acostumbrado a él?. ¿Lo amaré realmente, o solo soy demasiado cobarde para huir de él y acabar con mi vida?-. Pensaba el rubio, que no lograba comprender el motivo de su existencia.
-Es bueno que pienses en nosotros , eso me indica que ya has asumido que somos una pareja, y que no nos separaremos jamás-.
-Eso ya lo sé, y es lo que más me duele... El que esto no se acabará jamás-.
-¡Tonterías! (dijo Tohma), deberías alegrarte. Podremos ser amantes por siempre-. Le dirigió una mirada llena de lujuria y se pasó los dedos por la comisura de los labios en un gesto provocador.
-Tohma...-. Un pequeño silencia que lleno el ambiente antes de que el novelista continuara. –TU, ERES MI ENEMIGO Y MI AMANTE AL MISMO TIEMPO, eso puede cambiar, pero nunca dejarás de ser mi enemigo-.
-Nada cambiara entre nosotros si yo no lo deseo... te lo aseguro-. Dijo el poderoso vampiro, y abriendo su sarcófago se sumergió en él. Había llegado el momento de dormir.
El escritor también se hundió en su ataúd. Aquel simple acto le proporcionaba una única y pequeña tranquilidad, pues al sumirse en el profundo sueño que le otorgaba la llegada del los primeros rayos del sol, se libraba del padecimiento que le significaba el pensar en Tohma y en su propio ser... un suplicio mayor que cualquier otro posible.
Con el llegar de la nueva noche y al abrir sus ojos, Yuki se encontró con una sorpresa. Tohma estaba vestido de una forma más elegante de lo usual; con unos finos pantalones de hilo cerúleo y una chaqueta que le hacía juego. A su lado habían tres maletas de cuero de búfalo teñido de negro y una larga gabardina azul.
-Llegó el momento de partir de este espantoso hormiguero. Iremos a donde podamos cazar sin cuidados, a donde nuestras presas se encuentren en cada esquina a montones. Iremos de regreso al lugar en el que nos conocimos-. Deteniéndose para mirar la reacción del rubio que acababa de despertar de su sueño diurno Tohma prosiguió. – Vamos a Londres, ¿ qué te parece?-.
-No!! -. Dijo secamente el rubio, que continuó con más calma- No es necesario, estamos bien aquí, no deseo salir de esta isla; es lo único que evita que mate a más personas-.
-No seas tonto, crees que tus instintos y deseos te permitirán seguir viviendo sin cazar?. Pues no, te equivocas, Aun cuando has resistido mucho desde que te convertí, tu cuerpo te pide la sangre de los vivos, no podrás continuar sin ella.
He sido muy paciente contigo, pero todo tiene un limite. Ahora, deseo salir de esta maldita isla e ir al mundo real, allí despertarás al verdadero vampiro que hay en ti.-.
-¿Acaso lo único que puedo hacer es matar?-. Preguntó con desesperación el joven de hermosos cabellos dorados.
-Esa es la razón que tiene tu alma para despertar cada noche; pues es tu alma más que tu cuerpo la que pide sangre y aún cuando te resistas a ello, eso no cambiará-. Tohma sujeto por la barbilla a Yuki y luego le acarició la mejilla.
-Entiéndelo eres un vampiro y los vampiros bebemos sangre, sin importar de quien se trate, sea, un anciano, un niño, una joven o un bebé, todos son nuestras presas; ricos y pobres, finos y ordinarios, nosotros los vampiros no discriminamos entere nuestras victimas; pero por supuesto, cada quien tiene sus preferencias.
-No sigas, No quiero oírte y no quiero irme de aquí. Este es el lugar que me vio nacer como un monstruo y será este el lugar en el que me quedaré por siempre. Esta es mi prisión, mi castigo por lo que soy-.
-Deja de decir estupideces y vístete, partimos esta misma noche-. Tohma cogió unas ropas que ya había dispuesto para el novelista y se las tiró en la cara. – No quiero más demoras, entiende que tú haces lo que yo diga-.
Antes de que Tohma se marchara de la "habitación" Yuki le espeto: - ¡Tú no eres mi dueño!-.
-¡Claro que lo soy!, tú me perteneces en cuerpo y alma...
Aunque a Yuki no le gustaba admitirlo Tohma se había convertido en todo para él. -¿Ya no puedes leer mis pensamientos?-.
-No, ya no puedo hacerlo-. Contestó el maestro.
-Es lo que imaginé-. Y tras esto Yuki se vistió. Ahora tenía una pequeña libertad; sus pensamientos eran solo suyos y nadie podía leerlos ni escudriñarlos... Un poco de privacidad, un poco de solo el-.
Tras una semana de viaje en barco y luego en automóvil, llegaron a Londres.
Para Yuki la cuidad estaba mil veces más hermosa de lo que la había dejado, sus rascacielos, sus luces, y ahora... su gente. La sangre comenzó a hervirle, el éxtasis se apodero de él.
Tohma puedo notarlo con sólo verlo, el deseo de beber sangre era demasiado fuerte como para ignorarlo.
-No te resistas, ve por quien más se te apetezca-. Dijo Tohma al tiempo que con su mano, lo incitaba a salir del auto y exponerse al inmenso gentío.
Era una tibia noche de verano, el aire era suave y estaba impregnado de un sinfín de exquisitas fragancias; de manjares recién preparados, del perfume de mujeres y hombres, del aroma del Támesis, pero por sobre todo, del olor a humanos; a su piel, su sudor... su sangre.
Al bajar del auto y posar sus pies en el suelo una oleada de viento lo golpeo en la cara despeinándolo... aquel viento trajo consigo aun más olores de los que el rubio podía soportar. Yuki palideció, sus manos temblaron y casi calló al piso, de no ser por los fuertes brazos de Tohma que lo sujetaron.
-Estás muy débil. Debes matar... Esta noche yo te ayudaré, pero estoy seguro, que luego no será necesario-.
Tohma indicó al chofer que los llevara al hotel en donde se hospedarían y lo manipuló para que arreglara los papeles necesarios para comprar una mansión a su nombre en la cuidad.
El hotel al que llegaron era sumamente elegante. Las recepcionistas, no tardaron en darles la más grata bienvenida y ofrecerles todo lo que pudieran necesitar. Tohma quedó cautivado por de ellas; la más joven de las tres; poseía un cuerpo delgado, ojos pequeños pero expresivos, llenos de dulzura y boquita pequeña seductora, en realidad todo en ella era pequeño pero a la vez cautivador. No tardó en decidirse por ella, para que fuera la victima de la que luego se alimentaría su preciado novicio.
Lo único que Yuki deseaba, era entrar en la habitación, para escapar del aroma de tantos cuerpos jóvenes que lo provocaban y mareaban, desde que había sido convertido hacia alrededor de un mes, no había vuelto a probar la sangre humana.
El escritor se tendió en la cama exhausto, sentía como su cuerpo le quemaba por dentro y su boca se encontraba seca y deseosa del contacto de el líquido vital.
No debía preocuparse por la presencia del otro vampiro, pues seguramente tardaría un tiempo en arreglar todos los documentos necesarios para hospedarse en el lugar.
Cerró los ojos y deseó que el sueño llegara, pero no lo hizo. Nuevamente se encontraba acompañado de pensamientos y recuerdos dolorosos, de los que no había escapatoria.
La puerta se abrió de golpe y sobresaltó al rubio. Tohma entró en la habitación acompañado de una joven, a pesar de que la luz no estaba encendida él podía verla con claridad; se trataba de una de las recepcionistas que los recibieron al entrar en el hotel. Con solo verle los ojos pudo notar que estaba siendo influenciada por Tohma.
-Esta hermosa jovencita se ha ofrecido para hacernos compañía-. Dijo Tohma indicándole a la joven que entrara en el dormitorio.
-Muy buenas noches, espero que no le moleste mi presencia -. Dijo ella con el cabello firmemente tomado en un moño.
Yuki no sabía qué decir, la crudeza de los actos de Tohma no dejaban de sorprenderlo, pero jamás creyó que fuera capaz de traer hasta allí a una joven de la que seguramente luego se preguntaría por su paradero.
-No puedes ser tan imprudente. ¡Sácala de aquí!-. Dijo el escritor enardecido y adolorido, pues su cuerpo deseoso de sangre estaba al límite y ya no podía aguantar más.
-A pesar del estado en el que estás sigues residiéndote?. No puedo entenderte, eres increíblemente obstinado. Muy bien, si tu no la quieres, entonces me la quedaré yo-. Y rodeando con su brazo la cintura a la joven, la besó en los labios degustándose con su sabor y su calor.
Los sentidos del rubio estaban más despiertos que nunca, podía percibir la esencia de la mujer que se entregaba a Tohma, podía sentir como el cuerpo de la joven subía de temperatura con cada caricia del vampiro y como su corazón palpitaba con más intensidad.
Tohma rasgó la parte superior del uniforme de la mujer y la despojó de la blusa que le cubría los senos, dejándolos expuestos a sus caricias y besos. Eran pequeños y firmes, como dos pequeñas montañitas de color damasco en cuya cima había un volcán deseoso de hacer erupción.
Con su mano libre desarmó el apretado peinado de la muchacha, por lo que los cabellos de ésta; largos y castaños quedaron libres para ser enredados entre sus dedos.
La joven no podía resistirse a tales caricias, el pudor la abandonó por completo, ni siquiera le importó la presencia del otro hombre en la habitación, que seguramente estaba mirándolo todo. Se entregó ante aquel hombre que la acariciaba como nunca nadie lo habían hecho.
La mujer no estaba equivocada, aun desde la cama, Yuki permanecía estático observando la sensual escena, en la que la protagonista no tenía ni la más remota sospecha de que estaba siendo victima de un espantosos juego, un juego que terminaría con su muerte.
Tohma hizo un pequeño corte en la muñeca de la mujer y luego limpió la sangre que mano de la herida con su lengua, sin succionarla ni presionarla.
Pero ella no era conciente de aquello, estaba envuelta en un suave hechizo y lo único que podía sentir era el placer.
Con aquel corte, el aroma de la sangre impregnó la habitación y se metió en las narices del rubio, el sabor dulzón de la sangre era casi táctil para él. Sus colmillos crecieron en sus fundas de piel y se hicieron filosos y prominentes. No podía evitarlo, estaba demasiado cerca de aquel cuerpo que lo llamaba para poseerlo.
-Ven... únete a nosotros...-. Dijo sin palabras el hombre de ojos castaños y chispeantes que no habían dejado de observar por ni un segundo el comportamiento de su preciado novicio.
Que más le daba si era invitado o no a participar (pensó Yuki), él ya sabía que todo eso había sido planeado para él.
La tentación era demasiado fuerte, demasiado irresistible; aquel cuerpo semidesnudo siendo acariciado por las ágiles manos del vampiro, el largo cuello siendo besado por los diestros labios de Tohma y luego mordido para beber del exquisito néctar... Presenciar todo eso le era fatal...
Se acercó sin cavilaciones, su deseo era más fuerte que él mismo, sujetó uno de los brazos de la joven y la atrajo hacia él, haciendo que la muchacha gimiera de disgusto por ser alejada de los brazos de su amante.
-No te preocupes querida, yo te propiciaré más placer del que podrás soportar- Dijo Yuki con un tono de voz sugerente, al tiempo que acercaba sus labios a la garganta de la joven y hundía sus colmillos en su piel.
¡Ahhhhh!...---. Sollozó la muchacha mientras Yuki le acariciaba las firmes nalgas y le succionaba la sangre sin que apenas se diera cuenta de ello.
Tohma los observaba deleitado, las caricias de su novicio se hacían cada vez más apasionadas y bruscas, provocando que de los labios de la joven no dejaran de brotar gemidos de satisfacción, y que él mismo se sintiera completamente seducido por la situación.
El deseo sexual del rubio no se reprimió, aunque era la sangre lo que más añoraba en ese momento, su virilidad también estaba viva y le pedía a gritos que poseyera a la mujer.
Sin ningún tipo de delicadeza rasgo la falda de la chica y la despojó de su prenda interior, la subió a sus piernas y hundió su miembro con brusquedad. Era como si su cuerpo fuera un animal salvaje que necesitaba con urgencia realizar el coito.
La estreches de la vagina de la joven indicaba sin duda que esta era virgen, y que había llegado a la habitación debido a los poderes de persuasión de Tohma. Se sintió mal por ello; por estar profanando la virtud de una mujer, pero al mismo tiempo se sentía pleno estando ahí, envuelto por aquella humedad tan conocida. A pesar de que su mente sabía que aquello estaba mal, su cuerpo solo obedecía a sus instintos primarios.
Poseyó a la joven en totalidad, y aunque la utilizaba para su propia satisfacción la hizo feliz, la hizo disfrutar como ya nunca más lo haría, vivir la experiencia más importante que jamás tendría.
Mientras la joven clamaba por más Yuki la beso por última vez, pero esta vez en forma tierna, apoderándose de su último suspiro y de su última gota de sangre... con ello la muchacha ya estaba muerta.
Tohma que se encontraba sentado al borde de la cama, miro a su aprendiz como si fuera la primera vez que lo hacía, sus ojos destellaron de pasión y felicidad, pues había logrado despertar por completo a Yuki como vampiro.
Yuki depositó el cuerpo de la muchacha en el piso; tenía la apariencia de una doncella, su piel aun estaba prendida por la pasión, su cuello y extremidades tenían las pequeñas marcas de unas mordidas, pero en sus labios había quedado marcada una sonrisa de satisfacción que jamás podría ser borrada.
Ella había muerto feliz y sin siquiera darse cuenta de lo que sucedió.
A la noche siguiente Tohma y Yuki se mudaron a su nueva mansión. Era un lugar de lo más elegante y refinado, cada detalle estaba celosamente cuidado e inspirado en el renacimiento, pero eso, al rubio no le importo. Durante su vida como mortal no habría dejado de admirar la magnificencia de las habitaciones o de escribir algunos datos importantes sobre la data de su construcción, pero ahora sus intereses eran otros, lo único que deseaba hacer era salir a la oscuridad de la noche a cazar, necesitaba beber sangre.
Si quieres marcharte hazlo ya, yo no te detendré, solo recuerda no exponerte demasiado y regresar antes de que amanezca, es demasiado peligroso quedarse afuera, aun para ti.
A pesar de su impaciencia Yuki escucho todo con atención y luego se marcho con su nuevo poder de la velocidad.
La noche estaba fresca, pero aun así las calles estaban abarrotadas de gente.
Yuki no se atrevió a transitar por aquellos lugares en donde la luz artificial lo iluminaba demasiado, pues podía imaginarse el aspecto que tenia y que llamaría demasiado la atención, pero a pesar de no encontrarse en lugares completamente iluminados, el rubio llamaba mucho la atención, tanto de hombres como de mujeres, pues lo encontraban increíblemente atractivo y no podían evitar enamorarse de él.
Yuki sabia todo eso, podía leer la mente de cualquiera que quisiera; sabia que pensaba éste y aquel, y le divirtió jugar un rato con ello, aprender más acerca de sus nuevos poderes. Pero eso no era lo que más le interesaba hacer durante esa noche, sus venas le pedían a gritos el contacto con la sangre y el rubio no se hizo esperar más, salió en la búsqueda de una nueva victima, pero esta vez sin ningún tipo de miramientos.
En las afueras de un bar había un par de hombres que conversaban animadamente mientras se tambaleaban por tanto alcohol. Yuki no solo podía notar su estado de ebriedad por su estado físico, sino también porque apenas podía leer sus mentes con claridad.
Uno de los hombres era joven; de no más allá de veinte años, y el otro estaba cerca de los cuarenta. Ambos tenían el aspecto típico de los albañiles o constructores; con la piel bronceada por la continua exposición a los rayos del sol y las ropas raídas y malolientes por el sudor. Ninguno de los dos había notado la presencia del extraño, por lo que se sorprendieron sobremanera cundo Yuki se les acercó y los llamó por sus nombres.
-¿Qué es lo que quieres?-. Dijo el joven a la defensiva. Tenía el cabello crespo y negro, la piel morena y músculos marcados, a pesar del aire fresco solo usaba unos jeans desvencijados y una sudadera anaranjada.
Sin entender muy bien por qué, el rubio se sintió particularmente atraído por él y le tendió la mano.- Buenas noches, mis intenciones son buenas, solo quiero conversar un rato-.
El otro hombre se interpuso entre los dos. – Mi amigo y yo estamos ocupados, será mejor que te marches a otra parte-.
-Pero si podemos divertirnos los tres juntos, ¿por qué tan antipático?-. Dijo Yuki en tono burlón.
El joven se había puesto algo nervioso por la extraña mirada que le dirigió el elegante rubio. No sabía bien por qué, pero aquel hombre le daba miedo. En un movimiento impulsivo, lo empujo a un lado y espetó: - ¿Qué no ves que estamos en algo, ¡lárgate de una vez!-. Se dio la vuelta e indico a su amigo que entraran en el bar.
Los dos hombres se encaminaron a la taberna burlándose del extraño, no sólo de su actitud, sino de su vestimenta; que era absurdamente fina para un lugar como ese.
Antes de que pudieran entrar Yuki se les volvió a acercar: - No tengo ganas de perder mí tiempo ¿por qué no me acompañan dócilmente?-.
Enfurecidos por lo que para ellos parecía una tomada de pelo y una provocación los dos se abalanzaron ante el elegante hombre para golpearlo, pero éste los esquivo sin complicaciones y ambos quedaron más anonadados que antes.
El hombre maduro saco una corta pluma y amenazó al extraño. – Si no quieres terminar mal, ¡aléjate de nosotros y déjanos en paz! -.
-¿En serio?, ¿Crees que con eso podrías hacerme algo?-. Yuki se mantuvo en donde estaba y miró seductoramente a ambos hombres.
Ante aquello el nerviosismo se apoderó de los dos.
-¡Eres un maldito engreído!. Tú te la buscaste, te demostraré que jamás debes subestimarme!!-. Dijo el hombre mayor precipitándose hacia Yuki para enterrarle el arma. Era un hombre corpulento y recio, sus brazos eran fuertes, pero aún así no pudo dañar al rubio, pues este desapareció ante sus ojos.
Yuki había saltado tan alto que pudo ubicarse justo detrás de la espalda de aquel sujeto.
El pobre hombre no había notado aquello, por lo que cuando Yuki lo abrazó por la espalda éste se sobresaltó, pero no logro escapar, estaba fuertemente sujeto por aquellos brazos, no pudo librase cuando Yuki lo abrazo por la espalda y le clavó los colmillos en la garganta apenas podía coordinar sus movimientos debido a su embriaguez, comenzó a reírse solo, pues pensaba que todo aquello era obra de su imaginación, que se encontraban peleando contra un fantasma de su imaginación.
-Ya me estoy aburriendo de este tonto juego-. Dijo Yuki
-Bla... ya déjanos en paz estúpida aparición...-. Dijo el hombre rascándose la cabeza sin entender muy bien las cosas-.
El joven observaba la situación aun más confundido. Había veces en las que se había emborrachado al extremo de imaginar cosas extrañas, pero este no era el caso, había bebido como acostumbraba y no se sentía tan borracho, además le parecía raro que los dos estuvieran viendo la misma aparición.
Se acerco a su amigo y lo agarro del brazo para guiarlo hasta el bar, pero el fantasmagórico hombre le agarro el otro brazo y tiro de el.
-El juego terminó, es hora de mi recompensa-. Mientras mantenía al joven sujeto por el brazo, Yuki lo miró a los ojos y se adentro en su mente, incursionando en los pasillos de sus recuerdos y añoranzas. Hacer eso le hizo recordar la noche que conoció a Tohma, y se dio cuenta de que estaba haciendo exactamente lo mismo que Tohma le hizo a él. Se estaba comportando como él y estaba siguiendo sus mismos pasos.
*Maldito Tohma... sabes exactamente lo que voy a hacer, me has guiado todo este tiempo y no me he dado cuenta de ello, no has dejado de ser mi mentor* pensó el rubio.
Ante el descuido de Yuki el joven pudo librarse de él y salió corriendo acompañado de su amigo.
Yuki no los siguió, el odio había vuelto a apoderarse de él, odiaba a Tohma y asimismo por ser tan tonto, odiaba a todos, odiaba a ese joven porque pudo librase de él cuando el no puedo huir de Tohma, y se volvió a odiar asimismo por permitir que escaparan...
Llevado por la rabia corrió lo más rápido que sus piernas se lo permitieron en busca de aquellos hombres, agudizando su sentido del olfato pudo dar con ellos y se abalanzo sobre el más adulto clavándole los colmillos en la garganta y succionándole la sangre hasta matarlo.
El joven estaba aterrorizado, en su mente no cabía la posibilidad de que una criatura sobrenatural pudiera beber sangre, por lo que estaba seguro de que aquel ser espectral se trataba de un demonio que venia a buscarlos por sus malos actos.
Intento huir de nuevo, pero no pudo, ante el apareció el demonio vestido de lujo y con una mirada diabólica y llena de odio, con una piel centellante por la blancura y con unos dientes más largos de lo común en cualquier mortal.
-No me mates, por favor, te daré lo que sea, mi alma, te daré dinero, pero por favor no me mates-. Suplico desesperado el joven moreno.
Aquello avivó aún más la ira del rubio, sintió asco por aquel sujeto tan cobarde, porque se tiro a sus pies como un gusano desesperado por no morir.
Yuki lo agarro del cabello y lo levanto del suelo obligando a que lo mirara a los ojos, deberías agradecer que esta noche será tu última noche... Y tras esto clavo sus colmillos en el cuello del joven, aunque no bebió toda la sangre de este estaba enojado y había perdido los deseos de comer. Dejo al hombre tirado en el piso para que desangrara, en pocos minutos estaría muerto.
Yuki vagó por las calles durante toda la noche, hasta que se asomaron los primeros rayos del sol y se vio obligado a regresar a su escondite.
Mientras caminaba con gran rapidez hasta el hotel en el que se hospedaban, Eiri pudo ver que el sol aparecía y que sus aún tenues rayos lo abrazaban cálidamente. Se sintió hipnotizado, era tan grande su anhelo por poder sentir su cuerpo cubierto por la luz y la tibieza del sol que corrió en la dirección en que éste salía, aún cuando le hacía daño a sus ojos y su piel. En sólo algunos minutos el cuerpo empezó a dolerle fuertemente el sol abrazaba su cuerpo y amenazaba en quemarlo como lo hace un fósforo a un papel.
El rubio se entregó a la situación, no tenía nada que perder, ya lo había perdido todo y estaba muy cansado para escapar del dolor. Su cuerpo se tambaleaba y las piernas le flaqueaban. Justo en ese instante, cuando las cosas se hubiesen puesto aún más dañinas para el pelirubio, llegó Tohma tapando al joven con un abrigo negro y cargándolo en sus brazos, para luego sacarlo del sol a una velocidad increíble.
Volaban sobre los rascacielos de la ciudad en dirección de una mansión abandonada que estaba próxima y tenía puestas y ventanas clausuradas, por lo que el sol no podría amenazar con entrar.
Si no hubiera sido porque Tohma había estado esperando a la llegada del rubio con impaciencia y a que éste pudo sentir el aroma de la piel quemada del último a kilómetros, el poderoso vampiro no habría podido llegar a él, y lo más probable es que el sol habría acabado con la "vida de Yuki".
Pese a que el cuerpo del pelirubio estaba bastante quemado, las quemaduras sólo eran superficiales y no tardarían mucho en sanarse. El color de piel de Eiri había pasado de un pálido blanco a un color bronceado mate.
Ese día y cuatro días más los pasaron en ese espantoso lugar, Yuki estaba aún muy débil, y Tohma no quería exponerlo a ningún peligro.
A pesar de que Tohma había cuidado a Yuki con bastante recelo y amabilidad, cuando el rubio hubo de estar bien, la amabilidad se acabó y el poderoso vampiro no tardó en propinarle un gran puñetazo en el estómago.
-¡¿Cómo osas dañar así el cuerpo que con tanto esmero he protegido y educado?!
-No existe modo de que mueras. ¡Estúpido!. Entiéndelo de una vez, estás y estarás atado a esta vida para siempre, esa es la maldición de nuestra condición. La muerte sólo podría llegar a tocarte tras el dolor más insoportable existente, pero eso no será algo por lo que yo te dejaré pasar, si es necesario, yo mismo haré que pases por un sufrimiento casi tan grande como el de la muerte para que te des cuenta de lo espantoso que es y desistas en intentarlo.
El rubio sólo atinó a escucharlo sin emitir palabra alguna, no sabía bien por qué había podido soportar aquel sol sin sufrir heridas peores, pero no por el momento no quería volver a experimentar una experiencia similar, el dolor que había sentido había sido agobiante.
El tono de piel de Yuki había quedado levemente más oscuro, por lo que podía camuflarse de mejor manera entre los humanos, para divertirse entre ellos y alimentarse como correspondía. Había pasado ya cinco días comiendo sólo algunas gotas de sangre al verse impedido de succionar más de sus víctimas.
Nuevamente estaba insaciable, se alimentaba de una y otra víctima sin importarle el sexo ni la edad, sólo quería sentir la exquisita sensación de la sangre fluyendo por su garganta, el agradable palpitar de los corazones apagándose, y la suavidad y calidez de sus cuerpos entre sus brazos.
Odiaba que el calor de los humanos durara tan poco tras su fallecimiento, por lo que cada vez hacía que las experiencias de muerte de sus víctimas fueran más largas y las rodeaba de suspenso. Disfrutaba al máximo de sus juegos mortales, que al mismo tiempo eran la llave de su despensa de sangre, sangre que hacía mucho más veloz la curación de sus heridas, una sangre que lo hacía sentir un poco más vivo…
Cuántas ideas ilustrativas había oído de sus propias víctimas, a cuantos científicos destacados había oído decir que el ser humano es la criatura más inteligente y poderosa de la Tierra, que incluso era capaz de derrotar a enfermedades invisibles. Pero Yuki sabía que todos ellos estaban equivocados, su inocencia e ignorancia causaba una risa seca en el rubio al pensar que una vez él había sido como ellos, creyendo que era la cúspide de la pirámide, invencible, e inalcanzable, pero tuvo que golpearse de frente para darse cuenta de que estaba muy equivocado, había una especie despreciable y llena de artimañas que se llevaba el primer puesto, nadie podía ganarles en inteligencia y fuerza, éstos eran los vampiros. Pero ni siquiera entre ellos mismos había quien pudiera derrotar al más grande demonio de la muerte, un demonio que había vivido tantos años que nadie podría contarlos jamás. Él era la muerte misma, una muerte tormentosa que sólo se llevaba a los que por capricho quería, una muerte que acompañaba al rubio sin dejarlo jamás... Tohma…
No había nada que hacer contra él, ni contra sí mismo, estaba completamente subyugado a sus decisiones, por lo que por fin había decido adoptar el planteamiento de un antiguo proverbio: Si no puedes contra él, únetele…
Eso era lo que desde una Noche tormentosa de invierno había decidido el escritor. El antiguo y cobarde Yuki Eiri había muerto por fin, ya no se contendría más y desataría su poder sobre el mundo como lo hacía su verdugo, de todas formas no tenía nada que perder. Su mente u cuerpo podrían abandonarse a los placeres de la carne sin reparo para siempre.
Desde esa noche en adelante las cosas entre el rubio y el Tohma cambiaron su relación ya no era tan apática como antes y se sumergían en prolongadas conversaciones acerca de las trivialidades de la sociedad contemporánea, sus avances tecnológicos, los cambios políticos y económicos, etc.
Su relación era un constante dar y recibir, el escritor sabía que mientras se entregara apaciblemente al otro vampiro podría hacer su voluntad con mayor libertad.
El sexo entre ambos llegaba a niveles impensables para los humanos, podían estar la noche entera sin detenerse en un acto continuo de placer y dolor.
El sadismo de Tohma a veces se sobrepasaba causando serias heridas a su amante, el que debía aguantar en silencio el dolor hasta que la herida cerrase por completo.
El rubio sabía que el otro se dejaba llevar, pero sus caricias gentiles y suaves le daban a entender que éste lo deseaba de una manera que jamás hubiese imaginado.
Luego de aquellas noches de intenso placer Tohma dejaba a su amante libre de que hiciera lo que deseara donde él deseara siempre y cuando volviera dentro de tres días, si no deseaba ser severamente castigado.
En una de esas noches de completa libertad, el novelista decidió ir a un ligar distinto, que aunque no era de su agrado tenía deseos de conocer. Fue guiado por la música estridente de éste y una voz infantil que cantaba de manera totalmente apasionada y despreocupada.
La música en el lugar era estridente, los colores de las luces fluorecentes lo cegaban a ratos, hasta que se acostumbró a ellas. El humo del cigarrillo y el olor de la cerveza impregnaban el lugar dejándolo todo maloliente.
La juventud de esa época tenía por costumbre fumar de manera desmedida un tabaco de bajísima calidad que ellos llamaban cigarrillos.
Con sus poderes sobre naturales, Yuki percibía todo con una nitidez y precisión de la que ningún humano podría experimentar jamás.
Mientras caminaba haciéndose paso por entre la multitud de jóvenes desorientados que coreaban la mediocre letra de la canción, pudo llegar al fin a un lugar en el que podía apreciar a quien fuera dueño de la voz que lo atrajo. Era un jovencito pequeño y vestido extravagantemente, con el cabello hasta los hombros y desordenado, parecía verdaderamente una niña jugando a ser cantante.
A Eiri le desagradó de inmediato, cómo era posible que un hombre cantara de esa manera tan infantil y con esas ropas tan poco masculinas.
Detestaba las extrañas personas que esa sociedad estaba formando, con su liberalismo y tolerancia desmedida. Era absolutamente inaceptable.
Volvió a mirar al joven que cantaba entregándose por completo, éste no se daba cuenta de las miradas lujuriosas que hombres y mujeres jóvenes y adultas le propinaban. Eran sus ropas y su cuerpo un verdadero llamado a probarlo. El joven era una especie de fruto Sueve y dulce, que desprendía inocencia y a la vez erotismo con su sensual y delicado cuerpo.
Yuki lo había decidido, él sería su primera presa de la noche.
He aquí después de mucho tiempo este nuevo capítulo que espero sea del agrado de todas ustedes fieles lectoras, no saben el ánimo que me dan con sus mensajitos. O///O
Espero por lo menos puedo satisfacer un poco su ansiedad, disculpen la demora, había perdido la motivación, porque pensé que no había gustado mucho mi fic, entonces me bajonié, pero al volver a ver los reviews de ustedes que han seguido el fanfic me dieron ganas de continuarlo, aún cuando no sea del gusto de la matoría, debo ser fiel a mis seguidoras y a mi misma.
De nuevo disculpen y espero seguir teniendo su apoyo
Matta Ne!
O.ó
¿Qué creen que pasará después con este extraño e interesante cantante y Yuki?
¿Quién será este muchacho que logró llamar la atención del frío vampiro?
