VI: Cuando te conocí
La música inundaba sus sentidos y lo embriagaba por completo. Cada vez que se paraba sobre un escenario y se ponía a cantar, podía sentir a su cuerpo y alma libres de toda atadura. Shuichi vivía por la música y así lo había sido desde que era un niño pequeño. Ahora, a sus 18 años, y con la mayoría de edad recién cumplida, podía dedicarse por entero a lo que realmente amaba, el canto.
La familia de este agraciado joven, nunca había estado de acuerdo con esto, para ellos, ser cantante era sólo un sueño ilusorio, que no lo llevaría a ningún lado. Pero por más que se lo impidieron, al cumplir sus 18 años, Shuichi se marchó de su casa y se organizó con algunos amigos para formar una banda de música, que algunas noches de la semana tocaba en algún night club de mala muerte. Para el muchacho tales cosas no tenían mayor importancia, el sentía que cualquier escenario era una buena plataforma para lanzarse a cantar, y que con su esfuerzo podrían, algún día, hacerse realmente famosos.
Sólo había algo que nublaba la ilusión de este agraciado joven, y era que, más que oír su música, la mayoría de las personas presentes en los "conciertos", estaban más interesados en él mismo que en la música en general, es decir, sólo se mostraban interesados por su cuerpo.
Shuichi pensaba que quizás eso se debía al color con el que había teñido su cabello, de un rosado fuerte y vivo, que llamaba la atención de cualquiera, pero que quedaba muy bien con su personalidad alegre y entusiasta. Pero también recordaba lo que muchos de sus amigos e incluso su propia madre le habían dicho sobre su, según ellos, exótica belleza. Él, no sabía si eso era algo bueno o malo, pero no era algo que le agradara, ya que siempre se había sentido como una especie de bicho raro al que se le miraba con extrañeza.
Incluso creía que eso, y su corta estatura (era mucho más bajo que el promedio de los hombres) eran los motivos por los que hasta ese momento no había tenido novia. Aunque no se sentía realmente mal por ello, ya que no se había sentido enamorado de nadie todavía, y suponía que la persona indicada para él aún no había aparecido en su vida.
Esa madrugada, la luz de la luna estaba especialmente brillante e hizo que se sintiera extasiado y con deseos de caminar. Así que al terminar su presentación, se despidió de sus amigos y emprendió el camino que habitualmente seguía para llegar a su pensión, pero esta vez tomo una ruta distinta y más larga, para disfrutar así, del agradable ambiente de la noche.
Sabía que sus amigos habían confiado en dejarlo ir solo, porque estaban al corriente de que su casa no quedaba lejos de donde habían tocado. Y si no les había dicho a sus amigos que iría por otro lado era porque Hiro, su mejor amigo, era especialmente receloso de él, y no le permitiría andar solo de noche, aún cuando estuviera próximo a amanecer.
Hiro era muy sobre protector con él, había sido como su hermano mayor desde que eran pequeños y se hicieron amigos en el colegio. El joven de cabello castaño, era dos años mayor que él, pero sin entender muy bien por qué, había entablado una muy buena amistad con el pelirosa.
Shuichi caminaba a paso lento, sin preocuparse mayormente de la oscuridad que rondaba la noche, se sentía extrañamente confortado y atraído por la luz de la luna.
Pero lo que el muchacho no sospechaba, era que era que no estaba realmente solo en ese momento, que había alguien, que seguía cada uno de sus pasos oculto entre las sombras.
Yuki, leía los pensamientos del joven cantante como si se tratase de un libro abierto, no le fue difícil enterarse de aquellas cosas que incluso habían sido ocultadas a su mejor amigo Hiro.
El vampiro pareció disfrutar sus pensamientos, hacía tiempo que no le había tocado toparse con una criatura tan simple, honesta y estúpidamente ingenua.
*Parece que eres una criatura aún más interesante de lo que imaginé, creo que me divertiré mucho contigo*. Pensaba el rubio, mientras seguía contemplando el delgado y frágil cuerpecillo del joven, que caminaba sin cuidado hacia una dirección que ni él mismo conocía, mientras tarareaba una alegre melodía*.
Tras doblar por una esquina y encontrarse en una callejuela ocupada por un grupo de punkis alrededor de una fogata improvisada, el pelirosa se dio cuenta de que estaba perdido. Había caminado por largo rato sin darse cuenta de las calles que estaba tomando.
El joven miró sin mayor cuidado a los hombres que habían parado su conversación tras oír su melodía.
Los hombres lo miraron extrañados y de inmediato algunos cambiaron su mirada, relativamente pasiva, a una cargada de odio y malicia.
-¿Qué haces aquí pequeña, te has perdido o vienes a jugar con nosotros?
Shuichi estaba totalmente sorprendido, sabía que su estilo no era muy habitual, y que su cabello estaba pintado de un color considerado socialmente como poco varonil, pero jamás lo habían confundido con una mujer, eso era algo que lo choquió totalmente, y ante lo que no supo reaccionar adecuadamente.
-Yo, yo no soy una mujer, y tampoco estoy perdido, sólo me equivoqué de camino, pero ya me voy.
-¿Dices que no eres una mujer?, entonces eres un maldito travestido. Dijo uno de los hombres.
-Como odio a los homosexuales. ¡Malditos desviados! Dijo un segundo.
-Seguro viniste a propósito buscando emoción.
- Todos son iguales, unos asquerosos desviados.
Yuki miraba la escena desde lo alto de un edificio, pensando en lo tonto que era el muchacho de cabello rosado, y en lo poco civilizada que se pondría la situación a continuación.
-Están equivocados, yo no soy homosexual, yo sólo me pinto el cabello porque toco en una banda.
-¡Ja!, nosotros también tocamos en una banda y no vestimos así.
Uno de los hombres, llevado por un acto de impulsividad le propinó al cantante un golpe en el rostro de tal magnitud, que hizo que éste perdiera el equilibrio y se trastabillara. Los otros se reían y burlaban del joven que intentaba recobrar el equilibrio.
-¡Cállate, niñita llorona!
Los hombres formaron un círculo alrededor del muchacho y comenzaron a lanzarle manotazos y patadas en distintas partes del cuerpo.
Shuichi no hallaba cómo escapar, cuando intentó correr por un pequeño hueco que habían dejado sus agresores, uno de los sujetos lo agarró por atrás, del pelo, y lo regresó al círculo dándole un golpe de tal envergadura que lo dejó tirado en le suelo.
-Esto te enseñará a no volver a meterte en nuestro territorio, asqueroso travesti.
Cuando los sujetos se disponían a continuar con una zarpa de golpes aún más duras Yuki bajó desde el techo y se acercó a los hombres como si hubiera venido caminando por la calle.
Los sujetos dejaron de golpear al joven que se encontraba muy malherido y al borde de la inconciencia tirado en el suelo, y se enfocaron en aquel extraño de elegante atuendo, buen talante y cabellos dorados que atraían toda la luz que poseía la callejuela. Para ellos aquel hombre daba una extraña y para normal sensación, y no pudieron evitar sentir cierto miedo. Uno de los hombres absolutamente confiado de su mayoría en número y de su buena condición, no se dejó amedrentar por el aura que emitía en extraño y lo enfrentó.
-¿Qué es lo que quieres viejo?, ¿qué no ves que estamos ocupados? Al oír estas palabras, el grupo de hombres recobró su valor y se aproximó al pelirubio para amedrentarlo.
Pero para la sorpresa del grupo de punkis, el rubio no retrocedió ni un centímetro, sino al contrario, camino a su encuentro, quedando a sólo unos pasos de distancia de éstos. Yuki les sonrió, empleando una de sus más habituales y macabras sonrisas. Para él aquello era como el juego del gato y el ratón; el grupo de ratones siempre cree que puede ganar en todo hasta que aparece un feroz gato y se los come a todos. Él era el gato, y no podía dejar que la comparación se echara a perder en esta oportunidad.
-Creo que se han divertido lo suficiente con mi juguete, pero se les ha pasado la mano. Cualquiera que daña mi propiedad debe pagar las consecuencias. Dijo el vampiro con su marcado acento inglés.
-¿Cómo te atreves maldito excéntrico? Uno de los sujetos le lanzó un combo, pero éste, en un ágil movimiento lo esquivó e hizo, que por la confusión, el agresor perdiera el equilibrio.
Los otros hombres se miraron extrañados y procedieron a hacer lo mismo, pero la serie de golpes que le arrojaron jamás llegaron a su destino.
Mientras tanto, Shuichi estaba tratando de incorporarse, pero no podía ver bien producto de los golpes que lo tenían mareado.
- Ya me aburrieron. Dijo el rubio. Y en un rápido movimiento con su mano derecha golpeó los cuellos y estómagos de los hombres con tal fuerza que les quebró sus huesos e hizo explotar los órganos, matándolos de inmediato.
El pelirosa se esforzaba por ponerse en pie y marcharse del lugar mientras pudiera. Sólo deseaba escapar, por lo que cuando sintió que alguien lo tomaba por el hombro impulsándolo hacia arriba, para que se pusiera en pie, lanzó de inmediato una patada para defenderse. Pero ésta fue evitada y sólo se encontró chocando estúpidamente con el aire. Ahí, el pelirosa se da cuenta de que quien lo estaba sujetando era aquel hombre que había estado peleando con los punkis para ayudarlo.
Shuichi se sintió avergonzado por su mala reacción, pero agradeció que el hombre hubiese podido evitar el golpe. Cundo levantó su rostro para dar las quedó deslumbrado por lo que veía. Era el hombre con la piel más blanca y tersa que hubiese visto jamás, con unos hipnotizantes ojos dorados provistos de largas y seductoras pestañas. Apenas podía distinguir si estaba sonriendo o no, pero le dio la impresión de que así lo hacía. Aquel rostro no poseía edad, era absolutamente indescifrable.
El muchacho no pudo decir palabra.
- No hace falta que hables, dijo el rubio sin quitarle los ojos de encima y ayudándolo a incorporase.
