VI: ¿Un sueño?

Shuichi no prestó atención al significado de las palabras, sino que se dejó llevar por el sonido que éstas producían al salir de sus labios. Aquella voz no era lo que hubiese esperado de una aparición como él, eran más bien fría, pero extrañamente reconfortantes.

Volvió a mirarlo, esta vez, enfocando mejor su visión y adaptándola a la oscuridad que reinaba la callejuela, no le importaba parecer poco educado con su comportamiento, sólo deseaba investigar por qué aquel hombre era tan hermoso, o acaso no era un ser humano, ¿era aquel sujeto de brillantes cabellos dorados un ángel? Shuichi no podía pensar bien, se sentía mareado y a penas podía soportar el peso de su cuerpo, de un segundo a otro se desvaneció.

El vampiro lo sujetó en sus brazos, y de inmediato, su mirada se posó en la tersa piel de su garganta. Abrió la boca, dejando entrever sus colmillos en un deseo casi incontenible de succionar la sangre, que corría enérgica por aquellas jóvenes venas. Pero cuando el aroma de la piel del muchacho llegó a su nariz, embriagándolo por completo, alejó su rostro, pensando que debía controlarse, porque de lo contrario, el juego acabaría muy pronto, y quería disfrutar de aquella experiencia todo lo que fuera posible.

En un rápido movimiento cargó al joven en sus brazos y saltó hasta el techo del edificio más próximo. Arriba contempló el rostro del cantante y se sorprendió al notar que a pesar de sus heridas y de los hematomas que ya se estaban dejando ver, seguía siendo una presa absolutamente exquisita, de rasgos suaves y extravagantes. De verdad había encontrado una joya poco usual.

*Que descuidado eres al quedarte dormido en los brazos de tu peor enemigo* Tras pensar esto, el vampiro se elevó en los aires y viajo saltando sobre los techos de los rascacielos, sólo descendió cuando hubo encontrado un hospital en el que dejó al muchacho, al cuidado de unas amables enfermeras que hubieran dado cualquier cosa porque el rubio se quedara un poco más y les diera sus datos para contactarlo. Pero el vampiro no podía concederles aquel detalle, tenía que marcharse antes que el alba llegara.

Por la tarde del mismo día, Shuichi despertó adolorido y sorprendido, pues al abril los ojos lo primero que vio fue el rostro de su amigo Hiro que lo observaba con preocupación, y las paredes blanco invierno de lo que seguramente era un hospital. Con inmediatez los recuerdos de la noche llegaron a su mente.

Se sentó en la cama con brusquedad y el dolor de sus músculos heridos se hizo más fuerte, Hiro se aproximó más a él, para indicarle que se calmara y le dijo que debía estar tranquilo, que estaba bien y que nada malo le pasaría, ya estaba a salvo.

-Quién, él, el hombre que me trajo hasta aquí, dónde ¿dónde está? Shuichi hablaba con mucha prisa.

-¡Ah!, sí, pregunté a las enfermeras por la persona que te había traído hasta aquí para darle las gracias, pero me dijeron que se fue apenas te dejó al cuidado del hospital. Decían que tenía la apariencia de ser alguien muy importante, por lo que seguramente tenía prisa y no podía ser descubierto en un lugar como este. Yo la verdad, quería verle, para agradecerle por ayudarte, eso es algo muy valioso.

-Pero, pero por qué, dime, dime ¿cómo era aquel hombre? Decía el pelirosa sin tomar atención a lo que su amigo le decía.

La apariencia del guitarrista cambio drásticamente, sus ojos refulgieron de furia y le dirigió al muchacho una mirada asesina.

-¡Yo, yo estoy totalmente preocupado por ti, y tú te preocupas por pequeñeces como esa. Qué no te das cuenta de que lo que ha pasado ha sido por tú culpa, por qué te fuiste a otro lado sin decirme, por qué no me pediste que te acompañara!

Hiro Estaba muy enfadado, había llegado al hospital a penas lo llamaron por teléfono, y al ver a su amigo inconciente se le calló el mundo encima. No entendía por qué aquel joven de cabellos alborotados y de color chillón era tan descuidado, por qué siempre se dejaba llevar por sus deseos infantiles sin pensar en las consecuencias. Desde pequeño había sido así, y él siempre había tenido que estar a su lado para cuidarlo. Pero siendo sincero consigo mismo, eso no era lo que realmente le molestaba, lo que le dolía era que su amigo hubiera decidido salir aquella noche sin él.

Shuichi escuchó todo lo que le lanzó su amigo enojado. Sabía que había actuado mal, sabía que Hiro tenía motivos para enfurecerse, pero sólo pensaba que eso era algo que él no hubiese podido evitar, y de cierto modo no se arrepentía de que hubiese pasado, ya que si bien le dolían los huesos y músculos de prácticamente todos los centímetros del cuerpo, se sentía extrañamente extasiado por el recuerdo de la persona que lo había salvado.

-Hiro, ¿crees que los ángeles existen?

Hiro miró al muchacho con ojos de sorpresa, aquello alivió de golpe su rabia y dejó paso a la ternura, a la más grande ternura que nadie nunca hubiese despertado en él.

*Sólo tú puedes hacerme cambiar tan drásticamente* Pensó el músico.

-Sí, sí creo en ellos, y tú lo sabes. Pero no seas tan exagerado, no estuviste al borde de la muerte ni nada como tal como para ver a ángeles.

-Mh, sí, puede ser, aunque anoche yo pensaba que moriría, de no ser por aquel…

-¿Por aquel hombre?, sí, fue un hombre muy atractivo el que te salvó, las enfermeras y auxiliares no han dejado de hablar de ello durante todo el tiempo que has estado durmiendo. Según ellas parecía la aparición de un ángel. Algunas mujeres son tan exageradas.

Sí, seguramente ése era el hombre, pensaba Shuichi. Las mujeres no habían sido exageradas en su descripción, aquel sujeto era increíblemente guapo e incluso él lo había comparado con un ángel, aunque todavía no estaba seguro de que no lo fuera.

-Hiro, lamento mucho haberte preocupado, te prometo que no se volverá a repetir.

Aquellas palabras sinceras fueron recibidas por el guitarrista con un poco de dolor, no porque no se sintiera agradado de oírlas, sino porque podía sentir cómo el muchacho había estado evitando preguntar por sus padres.

Desde que se había ido de su casa y se había pintado el cabello de color rosado, Shuichi no había vuelto a tener contacto alguno con su familia. Ellos simplemente habían cerrado la puerta de su casa para siempre desde que decidió formar una banda y dedicarse exclusivamente a la música. El cantante muchas veces pensó en dejar su pasión, pero cada vez que lo hacía, su vida perdía el sentido y se sentía perdido. Para él, perder a su familia había sido el precio a pagar por su sueño.

Hiro podía imaginar el dolor que el pelirosa debía estar sintiendo, pero aunque hubiese querido, no habría podido convencer al joven de dejar el canto, ya que sabía que eso era su vida.

Tras pasar cinco días en el hospital, Shuichi fue derivado a su casa, con la indicación médica de guardar reposo por, por lo menos, una semana completa más.

Para el pelirosa, aquello era imposible, y su amigo lo sabía, no podía permanecer quieto y tranquilo por tanto tiempo. Por la única razón que había aguantado aquellos cinco interminables días en el hospital, con un comportamiento relativamente tranquilo, era porque estaba bastante anestesiado con las drogas para el dolor, pero ahora ya no habría drogas y su energía habitual no tardaba en desbordarse.

-Vendrás a vivir conmigo hasta que te recuperes. Dijo el guitarrista con decisión.

-¡No!, ¡Hiro, yo puedo cuidarme solo!, ¿acaso no confías en mí?

El joven de cabello largo y castaño lo miró con unos ojos que decían absolutamente No.

-Te conozco lo suficientemente bien como para saber cómo te comportarás estos días, y no seguirás las indicaciones que te dio el médico.

-¡Pero Hiroooo! El muchacho chillaba estruendosamente intentando convencer a su amigo, pero no lograba nada con ello.

-Suficiente, la decisión ha sido tomada, ahora mismo vamos a mi casa, te dejaré con Suguro e iré a buscar algunas de tus pertenencias.

-¿Pero haremos fiestas juntos verdad? Dijo entusiasmado el muchachito que parecía un niño pequeño deseoso de que se lo consintiera en sus mañas.

-Definitivamente No (Dijo Hiro con seriedad). Debes entender que mientras mejor te cuides, y más descanses más rápido sanarás y así podrás volver a cantar pronto.

-Mmm está bien, me quedaré contigo y me portaré bien, pero si me prometes que todas las noches veremos películas de terror juntos, no me atrevo a verlas solo.

-Hehe he. Está bien. Asintió enérgico el guitarrista mientras ayudaba al otro a sentarse en la silla de ruedas.

Para Yuki aquellos cinco días habían pasado tan lentos como pasaba cada día de su interminable vida, tenía unos inmensos deseos de entretenerse con su nuevo juguete pero se veía imposibilitado de hacerlo con aquel sujeto llamado Hiro pegado a él. Estaba empezando a considerar que aquel hombre era más que un estorbo en sus planes.

No le interesaba que pudiera pasar, aquella segunda noche desde que el pelirosa había salido del hospital había sido la escogida por el vampiro para encontrarse con su víctima.

Empleando todo el poder telepático del que disponía hizo que el joven ya dormido se aproximara al balcón.

Tras unos minutos, el muchacho de cabellos rosados se aproximó al balcón del departamento, vestía un delgado pijama de pantalón corto y una polera de manga corta. Era un pijama veraniego, que no convenía para nada en pleno invierno. El vampiro supuso que aquel atuendo era conveniente para poner ungüentos medicinales sobre la piel, y de cierto modo agradeció que el muchacho vistiera así, porque su piel expuesta lo hacía lucir aún más apetecible y atractivo.

Al pasar sólo algunos segundos la piel del joven ya estaba erizada por el frío y los vellos se distinguían erguidos. Era una escena absolutamente encantadora, pensaba el rubio, como sacada de una novela de terror, y bien sabía él que le encantaban ese tipo de cosas, todo aquello con un toque dramático simpre había sido su debilidad, aquel suceso había sido planificado por él, al igual como hacía muchísimos años atrás en sus novelas.

Yuki se encontraba de pie sobre la barandilla del balcón, su largo abrigo negro se hondeaba con el viento y sus cabellos se revolvían incansables.

Al ver como el joven se aproximaba más hasta él se puso en cuclillas y con delicadeza le tendió una mano.

Cundo sus manos hubieron de estar lo suficientemente próximas como para tocarse con la de él, el vampiro ordenó al pelirosa despertar del transe y mirarlo.

Al despertar lo primero que Shuichi vio fueron los gélidos ojos del rubio. Se sentía perplejo, aquello debía ser un sueño, pues su cuerpo no sentía ni frío ni nada que pudiese indicarle lo contrario.

Los ojos violeta intenso del cantante se posaron largamente en los dorados y felinos del rubio. Fue una mirada profunda, en la que el muchacho se encontraba perdido e hipnotizado.

-¿Por qué no dejas de mirarme y me das la mano?-. Dijo el vampiro al tiempo que le indicaba su mano tendida en el aire, a la espera de la suya que se encontraba en la misma condición.

Shuichi no entendía por qué podía estar soñando algo así, y por qué todo parecía tan real, pero aquellos pensamientos prácticos no eran los que en ese momento deseaba enfocarse, sólo quería hacer lo que aquel hombre le indicaba, en su mente no cabía nada más.

Sin más, Shuichi tomó la mano del otro, sintiendo su piel suave y fría provista de una firmeza y dureza que parecían impenetrables.

El vampiro sujetó con fuerza de su mano provocando que una corriente eléctrica se extendiera por todo su cuerpo. Tras esto, lo impulsó hacia sí y lo cubrió con su abrigo (después de todo él no sentía aquel frío desgarrador).

Al sentir su cuerpo protegido del viento, el cantante se relajó un poco más, ya que tenía los músculos del cuerpo totalmente tensados por la emoción.

-Que valiente eres mi adorable conejito, ¿o es acaso estupidez la que te impulsa?

-Esas frías palabras chocaron en la mente del muchacho como piedras, no tenían sentido en la cordialidad y amabilidad que correspondería a un ángel. Aquel sueño estaba durando demasiado, quería desperar ya.

-Aún es muy pronto, vamos a pasear. Y tras esto Yuki abrazó con uno de sus brazos al muchacho dejándolo completamente pegado a su cuerpo, y de un salto se levantó en el aire hasta llegar al tejado de otro edificio.

Shuichi sintió un vahío. El rostro se le heló y comenzó a dolerle, pero lo que lo atemorizó sobremanera fue el percatarse de que se encontraban a una inmensa altura.

-Por favor bájame, odio las alturas.

-El viaje está recién empezando y no hemos hecho los que nos convoca aún.

-¿Lo que nos… convoca? Dijo el pelirosa intrigado.

No podía negar que, aunque se sentía asustado por estar a esa altura con aquel ser sobrenatural, había algo que lo excitaba e impulsaba a seguir adelante, una parte de él deseaba seguir en el sueño y descubrir más cosas de ese hombre.

El rubio sonrió como ante los ojos del muchacho no había hecho nunca, aquello lo incomodó e hizo que se ruborizara, además sólo pensar que ese sujeto lo estaba cargando, era algo vergonzante.

-No deberías sentir vergüenza de algo como esto, deberías saber que hay cosas mucho peores.

El vampiro no dejó tiempo a su presa para que pensara y dio otro salto inmenso hasta otro rascacielos. Así viajaron hasta llegar a la torre de Tokio en donde depositó al joven en uno de los miradores ubicándose a su lado.

-¿Qué te parece la vista? Preguntó al muchacho.

Éste miraba algo atontado el paisaje nocturno de la cuidad, nunca había visto algo así, se sentía abrumado y confuso, pero absolutamente extasiado, tenía ganas de gritar, una increíble sensación de libertad se había apoderado de él.

Mientras pensaba en todo aquello el escritor lo abrazó por la espalda otorgándole un poco de calor.

-¿Hace frío esta noche, por qué no nos calentamos un poco? El vampiro había sujetado su rostro volteándolo hacia sí.

-¿Qué, qué eres tú'. Preguntó el cantante.

-Eso no importa…

-Pero cuál… Las palabras del muchacho fueron acalladas por los tersos y secos labios de extraño ángel. El pelirosa sólo pudo pensar, ¿cuál es tu nombre?

Los labios del hombre se entreabrieron y dejaron paso a una lengua ávida por entrar a una cueva inexplorada. Aquella forzosa y torpe entrada era el indicio de un apasionado beso, que se prolongó por varios segundos a pesar de la poca experticia y la reticencia de uno de los participantes.

Tras separarse el muchacho respiraba agitado mientras pensaba que ese había sido su primer beso.

-¿No hay primero sin segundo verdad?

Tras oír esto el cantante se echó hacia atrás. No entendía qué pasaba, pero estaba seguro de que aquello era un sueño, nada de eso podría estar ocurriendo en el mundo real.

-¿Quieres que te haga sentir como en sueños? Y sin más el vampiro atrajo con fuerza al joven y le robó otro beso, obligándolo esta vez a responder. En un principio el cantante intentó resistirse batiéndose por liberarse, pero luego sus fuerzas se desvanecieron y se dejó llevar por aquel extasiador beso.

Yuki sabía que esta vez su juguete había disfrutado de la experiencia lo notaba en el latir de su corazón y en el fluir de su sangre que no mentían, estos, eran incluso más honestos que su confusa y divagante mente.

El muchacho estaba confundido y agitado por el beso, su cuerpo se sentía más cálido y deseoso de más. Quería que aquel sujeto siguiera besándolo.

El vampiro sonrió satisfecho, había logrado lo que quería, el juego de esa noche, había llegado a su final.

Y en un momento el pelirosa se encontraba durmiendo en sus brazos, sin darse cuanta de que se encontraban aún sobre la torre y sin saber si aquello había ocurrido o no.

Yuki volvió a dejar al muchacho en el balcón de donde lo había ido a buscar. Y con el poder de persuasión de su mente lo obligó a abrir ponerse de pie junto a la baranda. Tras esto, se marchó de la escena del "crimen" pero antes sacó de su hipnosis a su víctima, provocando que esta perdiera el equilibrio y por poco cayera al no saberse de pie.

Por suerte Shuichi se sujetó de la barandilla y evitó caer.

Al verse allí, sintió como el frío calaba sus huesos y deseó entrar de inmediato a la casa confundido por no entender qué hacía ahí a esas horas. Fue entonces cuando recordó su sueño y un escalofrío se apoderó de él. Sin poder contenerse comenzó a tiritar por completo.

Al entrar a la casa se sintió algo más confortado, pero los tiritones no cesaron. Se volvió a meter a su cama, que estaba enfrente de la de Hiro e intentó controlarse haciendo memoria de lo que había soñado. Había sido tan real, incluso había despertado en el balcón. Pero no, era imposible, sólo había sido un sueño muy vívido, se decía el chico tratando de relajarse. Pero el recuerdo de aquellos apasionados besos lo inquietó y obligó a levantarse para lavarse la cara, sin saber por qué exactamente, aquellos recuerdos lo excitaron.

Esa noche el pelirosa no pudo dormir y eso era lo que exactamente alguien quería.

Primer beso robado

Siempre estaré ahí, para ti.