Capítulo VII: Un despertar con altibajos.

A la mañana siguiente Hiro despertó sobresaltado al notar que su amigo estaba sentado frente a la televisión con una apariencia terriblemente demacrada.

Al acercarse a él pudo comprobar que éste estaba sudando y que su nariz estaba irritada, de modo que extendió su mano para tocar su frente.

-¡Shuichi, estás afiebrado!, tu temperatura está muy alta. ¿Cómo ha podido pasar algo así?, ¿Por qué no me has despertado para que te ayudara? El guitarrista hablaba atropelladamente.

-Hiro, no te preocupes, sólo es un leve resfriado.

-¿Leve?, mira como estas. Tendré que llevarte al hospital.

-No, no Hiro, estoy bien, por favor déjame aquí, con un poco de descanso se me pasará.

Al ver a su amigo tan convencido y extrañamente preocupado, el guitarrista decidió hacerle caso y llamó por teléfono a Matt, otro compañero de la banda, para que lo ayudara yendo a comprar medicinas para Shuichi.

Luego de hablar por teléfono, Hiro obligó al muchacho a quitarse el pijama que tenía puesto y a ponerse otro limpio, pues el que tenía estaba impregnado de sudor.

Cuando el pelirosa se sacó la parte de arriba del pijama dejó al descubierto unos largos rasguños en su espalda, de los que no tenía memoria. Al verlos Hiro palideció, no recordaba haberlos visto el día anterior cuando ayudó a su amigo a desvestirse, y mucho menos los días en los que había estado en el hospital.

-¿Shuichi cómo te hiciste estos rasguños?

-¿Rasguños?, ¿qué rasguños? Dijo el cantante sin prestar mayor importancia a las palabras de su amigo. Hiro dame el pijama tengo frío. El pelirosa luchaba a duras penas por quitarle de las manos el pijama a su amigo para cubrirse del frío. .

El guitarrista confundido y enojado lo agarró con fuerza obligándolo a ponerse de pie, guiándolo hasta el baño.

-¿Qué te pasa Hiro?, ¡ahw, ahw!, tengo frío, me duele, no me jales con tanta fuerza. El muchacho sollozaba sin entender la brusquedad de su amigo.

-No estoy para juegos, ¿qué significan estos rasguños Shuichi? El guitarrista puso al joven de espaldas frente al espejo del baño, indicándole que mirara su espalda.

Con sus enormes ojos violetas puedo ver en su espalda cinco rasguños, que se extendían desde su hombro izquierdo hasta su cintura. Aquello le sorprendió mucho, pues parecían recientes.

-¿Quién te hizo esto?

-¿De que hablas Hiro?, pudo haber sido cualquier cosa, quizás me los hicieron esos vándalos la otra noche. Shuichi a penas podía verse en el espejo, pues perdía la nitidez de su visión debido a la fiebre.

-Shuichi, yo he visto tus heridas todos estos días y jamás había visto estos rasguños.

-Bueno no sé, ¿qué quieres que te diga? Yo no he salido de acá, tú lo sabes.

-No, no lo sé, anoche yo estaba durmiendo y tú amaneces así, totalmente enfermo y con esto. ¡Esto fue hecho por una mano!. ¡Shuichi cómo quieres que te ayude si me ocultas cosas!

-Yo no, yo no… El muchacho de largos y alborotados cabellos rosados estaba a punto de echarse a llorar, ya no podía más, se sentía pésimo, y a demás estaba siendo regañado severamente por su mejor amigo sin entender el por qué.

Al ver el estado en el que se encontraba su amigo, el guitarrista se sintió morir, jamás había sido su intensión ponerlo así, pero estaba tan molesto por la aparición de esos extraños rasguños que se descontroló por completo.

-Perdóname Shuichi, lo lamento mucho. El joven pelirrojo sintió miedo de ver en aquellos hermosos y honestos ojos violeta algún rastro de odio o rencor. Así que los evitó al momento de tomarlo en brazos y llevarlo hasta su cama. Tal gesto no le significó el mayor esfuerzo, pues el muchacho era extremadamente delgado, liviano y "compacto".

Al recostar al cantante en la cama le entregó la parte de arriba de su pijama sin mirarlo a la cara y de espaldas a él esperó a que este se vistiera y decidiera dormirse.

Pero al sentir la pequeña y suave mano del muchacho en su brazo indicándole que lo mirara, no pudo evitar voltearse, aunque lo hizo con reticencia. Al hacerlo se encontró con esos ojos tristes que deseaba evitar. La angustia lo agobió, sabía que él era el culpable de aquella mirada.

-Hiro, no, no te enfades por favor. Tú eres lo único que tengo en el mundo.

*"Tú eres lo único que tengo en el mundo" (Se repitió mentalmente el pelirojo) ¿Cómo podía ser tan cruel?, ¿cómo era posible que no se diera cuenta del poder que aquellas palabras tenían para él? Si soy tan importante para ti, ¿por qué me haces estas cosas?, ¿por qué me obligas a actuar de esta forma que aborrezco?. ¿Por qué me haces cambiar tanto?* Hiro pensaba cabizbajo esquivando la mirada del muchacho.

-¡¡Hiroooo!!. Se puso a llorar el pelirosa. -No te enojes conmigo. ¡Por favor, perdóname!, ¡Hiroooo mírame! El cantante tironeaba del brazo de su amigo para que éste le hiciera caso.

La voz del cantante era para él como el sonido del aire, suave y dulce; como el sonido del río, que acaricia con su correr y como del tormentoso mar, todos a la vez. Conocía tan bien las fluctuaciones de aquella voz, a veces chillona y otras más armoniosa y suave que cualquier otra, que se daba perfecta cuenta aún con los ojos cerrados del estado de ánimo del muchacho. Y sabía que en ese momento estaba sufriendo de verdad, sabía por su tono, y por sus honestos ojos violetas que no entendía por qué él estaba tan enojado, y quizás eso era lo que más lo molestaba…

Hiro sabía que Shuchi no actuaba de manera egoísta a propósito, sólo era muy ingenuo como para darse cuenta de sentimientos que no fueran de amistad.

Por fin, tras reflexionar, pudo calmar su rabia y se decidió a mirar al joven de apariencia infantil y ojos empapados y empequeñecidos por llorar. Al verlo no pudo evitar reír, ya que el muchacho tenía el rostro marcado por los surcos de las lágrimas y la nariz le hacía burbujas de mocos al respirar; parecía un perrito apenado a la espera de que su amo le permitiera entrar a la casa.

-Hiro…

Al ver dibujar su nombre en aquellos delgados y rosados labios, y sentir el sonido de su voz pronunciando su nombre terminó de calmarlo, y lo hizo pensar una vez más en que aquel niñato era la persona más especial que hubiese conocido jamás. Ya que a pesar de sus rabietas y mañas infantiles, a pensar de sus ideas alocadas e impulsivas que los metían en problemas, siempre era capaz de arrancarle una sonrisa que daba vuelta la situación a su favor.

Shuichi lo seguía mirando con una carita de perrito herido y totalmente humilde que sólo él podía hacer. Y con mucho cuidado le extendió su pijama, para que le ayudara a vestirse.

Hiro lo cogió e hizo lo que el muchacho quería, en un gesto que indicaba que estaban haciendo las pases. Al ayudarlo a ponérselo no pudo evitar ver de nuevo aquellas marcas que habían incitado toda esa desagradable situación, y apretó el puño con fuerza. Justo en ese momento sonó el timbre de la puerta anunciando que Matt por fín había llegado.

Los ojos cansados por la enfermedad y de llorar de Shuichi se abrieron de par en par, alegres, por la llegada de su amigo. Sintió deseos de pararse de la cama y salir a saludarlo como siempre hacía, pero se limito de hacerlo, pues a penas se podía el peso de su cuerpo, pero aún así no pudo evitar reírse a carcajadas al ver la cabeza descubierta del tecladista al quitarse su gorro y mostrar su pelada.

El joven se había rapado la cabeza hacía poco tiempo, y aquello, era objeto de burlas y risas por parte de Shuiichi que no aguantaba ver una cabeza pelada sin echarse a reír, y en esos momentos no se inmutaba porque se le salieran ls mocos de tantas carcajadas.

Hiro le llamaba la atención por faltarle así el respeto a Matt, pero a éste realmente no le interesaba, e incluso a veces se reían juntos sobre su nueva calva.

Matt tenía la misma edad que Hiro, y se habían conocido hacía tres años en una de las audiciones que Shuichi y él habían hecho para encontrar a un tecladista. Desde un comienzo Matt demostró ser muy hábil con el instrumento, aunque su personalidad en el escenario es algo retraída e incluso apática. Lo extraño es que fuera de escena Matt es la persona más cordial y atenta que hay en el mundo, siempre tiende una mano a quién se lo pida sin exigir nada a cambio. Es por ello y por muchas otras cosas que los tres se hicieron muy buenos amigos y siguen tocando juntos desde entonces, aún cuando han conocido a tecladistas de mejor nivel artístico que él, no han querido alejarse de su lado.

Al ver que Shuichi estaba a medio vestir y que su pantalón estaba sudado Matt se ofreció a ayudarlo a cambiarse. Pero de inmediato Hiro dejó de hacer lo que estaba haciendo (ordenar las compras) y se ofreció a hacerlo él, no podía abusar de la visita…

Matt se extrañó un poco por la sobre reacción del guitarrista, pero lo olvidó de inmediato y se dedico a hacer lo que su amigo había abandonado y luego se fue a la cocina a preparar un caldillo de pollo, ideal para el resfriado.

Shuichi se sintió muy feliz al ver que su amigo lo ayudaba de maneta tan cordial a ponerse el pantalón luego de lo que había pasado. Era un alivio saber que siempre estaría ahí para él, aún cuando a veces se enojara por sus torpezas.

En tanto, Hiro hacía malabares para ponerle el pantalón a ese muchacho que perecía una babosa y que no ayudaba en nada en su trabajo. Sacarle la ropa siempre era tarea fácil, pero ponérsela era toda una proeza, más aun cuando éste no ponía nada de su parte. Aunque ahora entendía que no lo hiciera, pues estaba enfermo y herido. Y de todas formas, para él Shuichi se veía mejor sin ropas.

Mientras sus amigos preparaban distintas cosas para él, Shuichi intentaba hacer memoria de cómo pudo hacerse esos rasguños. *Yo anoche no salí a ningún lado ¿entonces cómo…? Fue entonces, que recordó el haber despertado con frío en el balcón. Quizás, él mismo se los había echo de algún modo mientras dormía, quizás era sonámbulo. Aquella conclusión lo alivió mucho y tras hacerla se quedó dormido, preso del cansancio.

Cuando el cantante se durmió eran pasadas las tres de la tarde. Había estado acompañado de sus dos amigos, quienes habían faltado a sus respectivos trabajos para hacerle compañía.

Shuichi despertó sólo una vez, a las nueve de la noche, para recibir la medicina que su amigo Hiro le estaba ofreciendo.

Matt ya se había marchado hacía rato, y sólo se encontraba con Hiro, quien había puesto su futón mucho más apegado a su cama que la noche anterior, para evitar cualquier inconveniente que se pudiese presentar.

Lo que él no sabía era que había muchas cosas en la noche que no podría evitar y que estaban ligadas a criaturas misteriosas y tenebrosas que despertaban sólo cuando el sol se ponía. Estas criaturas eran denominadas comúnmente por los humanos como vampiros, y eran vistos por estos como personajes de fantasía presentes sólo en historias de terror. Presos de su ignorancia, desconocen la real existencia de estos, y más aún que son el máximo eslabón de la cadena alimenticia. Ningún animal es inmune a ser devorado por un vampiro, aunque éstos tienen su preferencia en la sangre humana, que alguna vez, ellos mismos poseyeron.

Aquella noche era resguardada por una de estas poderosas y austeras criaturas.

Yuki surcaba los cielos saltando por los techos, ataviado con un elegante traje de lino azul marino de dos piezas, que se impregnaba con gotitas de la llovizna de la fría noche. Para él no era necesario usar abrigo, ya que la inclemencia del tiempo no le surtía efecto, aun cuando su piel se ponía de igual temperatura que el viento.

Al aproximarse al departamento en donde moraba su nueva presa, se dio cuenta de que ésta estaba custodiada por su fiel perro guardián (Hiro), no pudo evitar enojarse, pero lo hizo más aún cuando al acercarse hasta la ventana del balcón oyó la respiración entrecortada del pelirosa y el aroma de su sangre enferma. Como detestaba la debilidad humana, cualquier pequeño cambio podía alterar su salud.

Pero aquello le serviría como enseñanza para cuidar mejor a su nuevo juguete, no quería que por otra torpeza suya se retrasaran sus planes.

Esa noche el vampiro se marchó con igual sigilo como había llegado, después de todo, en tales condiciones, el cantante sólo le sería un estorbo.

Mañana sería otro día, y se aseguraría de que el joven estuviera dispuesto para emprender su nueva travesía.

Continuará…