Y llegamos al capítulo final de esto. Admito que, de alguna forma, me divertí escribiendo esto, me hizo explorar mi lado más sensible. Admito egocéntricamente haberme puesto a llorar al escribir este capítulo.
Drama, drama en todas partes. Con su dulzura inmiscuida por ahí. A quienes leen, gracias. Sírvanse con los reviews cualquier cosa.
Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Canción para Mañana
– Tercera parte –
—Final—
I. Valor
Hizo un contraste entre la realidad y las posibilidades. Su palabra contra la de aquel cerdo, como lo llamaba Yamato. Y la cámara de vídeo. Y la grabadora. Sus pensamientos iban a la velocidad de la luz, pero no era capaz de darle atajo a ninguno. Debía ser rápida o se iba a arrepentir. Tomó las cosas, las guardó en el bolso y salió apresurada de su cuarto, rumbo quizá a dónde.
Taichi estuvo a punto de objetar algo, pero la palabra murió en sus labios, suspiró resignado y volvió a lo suyo. Hikari no quería decirle nada, pero la notaba más viva, más de lo que hubiera manifestado desde hacia meses. Y sonrió, esperanzado de que hubiera una mejoría.
Mientras echaba a pedalear calle abajo, con el bolso en el cesto de la bicicleta, con el viento frío despejando sus pensamientos, se infundió de valor. Pedaleó más fuerte, como si el calor generado por aquella acción pudiera aclararla de una vez. Se detuvo en un semáforo y miró la hora, en veinte minutos debería verse con él a la entrada de la escuela… un día domingo.
Siguió pedaleando a todo lo que sus piernas daban, notando su aliento huir en pequeñas estelas de vaho en aquella fría mañana. Llegó finalmente a su destino, frenando rápidamente y extendiéndole el bolso a Yamato.
—P…pero…— Esperó, respiró profundamente y recuperó el aliento, mirándole a los ojos. —¿Cómo haremos para accionar la cámara, Yamato-san?
—Hikari, es hora de que hables de esto. Si quieres ayuda, debes romper el silencio.— Parecía serio, demasiado serio para el propio gusto de la Yagami.
Quiso llorar, pero se contuvo, asintiendo con toda la valentía que le cabía en aquel momento.
Ya había sido valiente para hablarlo con él, ahora tocaba serlo unas diez veces más para hablarlo con el resto.
II. Urgencia
Hubo dispuesto todo para una reunión, algunas cosas de comer y bebidas calientes para la ocasión. Yamato mandaba mensajes a diestra y siniestra, hasta reunir a los necesarios para comenzar a llevar a cabo el plan, para prestar apoyo a Hikari, para demostrarle que ella no estaba sola en aquel problema. Hikari sólo estaba sentada en una silla, con la cabeza escondida entre los brazos, sin atreverse siquiera a probar el café que le hubo dado el rubio apenas llegaron.
«Es urgente, vengan y no rechisten nada.
Ishida.»
Con aquellas palabras, claro que ninguno opondría resistencia e irían en el acto a ver de qué se trataba. Dejó la D-Terminal sobre la mesa de la sala de estar y comenzó a pasearse en círculos, mirando de vez en cuando en la puerta y a veces a Hikari, la cual no alzaba la cabeza y parecía estremecerse a causa del llanto. Fue hasta su lado y acarició sus cabellos, suspirando hondamente. Él tampoco estaba seguro de si su plan funcionaría. Se sentó a su lado, jugando con sus mechones castaños, con la cabeza recostada sobre un brazo y sonriendo apenas de manera perceptible. Sin saber lo que le traería aquel suceso, sin saber qué pasaría una vez confesaran la verdad, esperó pacientemente. Pasó el otro brazo por sobre sus hombros, acariciando su brazo con cuidado, hasta besar su mejilla e ir a atender la puerta, el timbre sonaba.
La primera persona había atendido el urgente llamado.
Yamato respiró profundamente, abriendo la puerta.
III. Llanto
Hikari corrió al baño apenas hubo sentido la puerta abrirse, se lavó presurosamente la cara y esperó a que el rojo de sus ojos disminuyera un poco antes de salir. En la sala, podía escuchar claramente la voz que NO quería oír, de todos los puntuales, llegó primero el impuntual, se recargó contra la puerta y escuchó cómo uno a uno comenzaban a llegar los chicos.
Pero el primero en llegar había sido Taichi, ¿cómo lo iría a mirar a los ojos ahora? ¿Cómo podría?
¿Cuánto estuvo allí? ¿Diez minutos? ¿Media hora? ¿Una hora? ¿Una eternidad? Inspiró con fuerza, como si un golpe de oxígeno le permitiera de nuevo a su cerebro pensar bien. Quiso arañar la puerta como si fuese un gato y rogar que Yamato la sacara en andas de allí. Pero naturalmente no lo hizo. Se giró sobre sus talones, enderezó los hombros y salió de allí.
La imagen que allí vio quiso volver a avivar el llanto que había estado luchando por reprimir, ¡hasta habían traído a Mimi! Sintió a sus rodillas más frágiles, como si éstas no pudieran equilibrar más el peso de su cansado espíritu, como si todo el peso de sus problemas estuviera rompiendo sus hombros.
Rompió en el más liberador de los llantos, más que aquella vez en que Yamato lo hubo descubierto. Porque para ser libre había que llorar, había que sufrir sólo un poco más.
De alguna manera, el llanto estaba liberando gramo a gramo su alma.
IV. Verdad
Todos se alarmaron, Taichi y Miyako quisieron abalanzarse a abrazar y consolar a la chica, pero Yamato los detuvo con un gesto, alzando a Hikari en una brazada y sentándola en una silla. Se posicionó a un lado suyo, apoyando una de sus manos en los convulsionados hombros. Todos se tensaron en sus lugares.
Taichi estaba que se mordía las uñas de los nervios, ¿por qué demonios su hermana lloraba tan desconsolada? ¿Por qué Yamato estaba parado a su lado? ¿Acaso… ellos…? Negó rápidamente, ¡eso era una locura! Daisuke notó su nerviosismo y pasó un brazo por los hombros del antiguo portador del Valor, en un vago gesto tranquilizador. Taichi le dedicó una sonrisa vaga.
—Hikari-chan tiene algo que decirnos a todos.— Expresó el primer portador de la Amistad, hincándose y sujetando a la Luz por los hombros, sonriendo cálidamente. —¿Verdad?
La chica asintió, secándose las lágrimas con el dorso de la mano, poniéndose lentamente de pie. Miró a sus amigos y nuevamente fue incapaz de hablar, los sollozos habían tomado poder en ella. Respiró otra vez, mordiéndose el labio inferior, mirándolos a todos y cada uno de ellos, repasando su mirada desde el más joven, Iori, quién venía claramente de un entrenamiento, su mejor amiga que sujetaba la mano de su novio, Takeru, quien se apretaba las manos, Daisuke, quien siempre intentó velar por ella, Sora, su hermano, él más preocupado… Golpeó el suelo con el pie, con el semblante serio.
—Quiero agradecerles a todos su enorme preocupación… y quiero pedirles perdón por haberles preocupado tanto.— Les dedicó una reverencia, volviendo a enderezarse. Silenció unos minutos y volvió a hablar, sentía que su corazón en cualquier momento abandonaría su pecho, pero debía confesarlo. —Estoy… siendo víctima de acoso sexual.
Y otro silencio, un silencio tan denso que podría ser cortado con un cuchillo. Todas las miradas sobre ella, miradas llenas de compasión, impotencia, ira… Y escuchó un sollozo, luego otro más y finalmente casi un chillido. Alzó la cabeza y observó, Daisuke luchaba por no llorar, apretando los puños, Miyako se había echado a llorar sobre el hombro de Ken y éste último se repartía entre consolar a su devastada novia y a su amigo. Taichi se cubría el rostro con ambas manos, respirando de manera entrecortada, con Sora acariciando sus hombros dulcemente. Mimi chillaba de la rabia, con Koushiro intentando tranquilizarla.
La verdad había sido increíblemente dolorosa de revelar.
V. Luz
—¿Quién es el malnacido?— Para sorpresa de todos, Jyou fue el que preguntó, mirando muy serio a la menor.
Hikari vaciló un momento, recordando el plan de Yamato, ese que incluía la cámara y el grabador. Se envalentonó, firme en su postura. Suspiró y los miró, tras un silencio que se hizo eterno, murmuró la respuesta.
—Sumida, mi profesor de inglés.
—¡Yo a ese infeliz le parto la cara, lo mataré con mis propias manos!— Sora tuvo que arrastrar nuevamente a su asiento a Taichi, pero fue su propia hermana quien corrió a abrazarlo, pidiendo silenciosamente perdón por haberlo callado durante tanto tiempo. —Hikari… Hikari… ¿Por qué callaste tanto tiempo? ¿Por qué? ¿No confías en nosotros?
—No es eso, Taichi.— Habló Yamato, estoico en su posición. —Sumida, aquel cerdo, coordina el área extracurricular, la tenía amenazada. Y no con su curso de fotografía… utilizó la debilidad de Hikari, sus amigos.
Casi en sincronía, Takeru, Ken, Miyako y Daisuke se pusieron de pie, observando a su amiga. Difícil era advertir cuál de los cuatro estaba más conmocionado al respecto, Ken, más sereno que los otros tres, interrogó, con la voz temblorosa.
—¿Con qué te amenazó, Hikari?
Hikari, sin soltar las manos de su hermano, se puso de pie, con la decisión marcada en su semblante.
—Ustedes. A ti y a Daisuke-kun quería quitarles sus becas deportivas, a Miyako quería destituirla del club de informática. Y quería quitarle el cupo a Takeru del club de literatura.
Los cuatro aludidos se miraron entre sí, entre el remordimiento y la rabia.
—Ese cerdo caerá. Ya verás cómo. Contra la palabra de un estudiante no puede, ¿pero contra la de varios?— Daisuke, como siempre, parecía ser el más optimista en ese asunto.
Aquella seguridad le devolvió las esperanzas, Hikari se permitió sonreír ante ellos luego de tanto tiempo, abrazándole a los cuatro, infinitamente agradecida.
Una vez más, su luz era impulsada por ellos, sus amigos, sus hermanos elegidos.
VI. Paz
Acorde al plan, Takeru y Ken cargaban con cuidado los artefactos electrónicos. Daisuke, aprovechando la clase de educación física, se había ido a sacar algunas tablas del pequeño armario del salón de clases, acomodándolas en otro lugar. Perfecto, allí cabrían dos personas. Luego de aquello, se fue corriendo otra vez al patio a seguir como si no hubiera hecho absolutamente nada. Miyako, por su parte, había logrado hackear la página web del instituto, colocando fotos de Sumida y carteles acusadores al respecto, sin mencionar en ningún momento a la víctima.
«Este cerdo repugnante acosa y amenaza a sus alumnas.»
«¿De verdad permiten que este "hombre" haga clases en una escuela?»
«¿De verdad le permiten ejercer como maestro?»
Esperaron a la tarde, según Hikari, aquel maldito solía ir media hora después del término de las clases, lo que les daba el tiempo suficiente al rubio y al peliazul de ocultarse en el armario previamente arreglado. Por su parte, Daisuke y Miyako acordaron en ocultarse en un aula conjunta, esperando cualquier señal. Miyako sostenía fuertemente contra su pecho su móvil, esperando la señal de Daisuke para llamar a la policía. Apenas le fue dada, llamó.
Dentro del armario, ambos esperaban el momento preciso para encender la grabadora, Hikari haría un ruido para que "la presa" ignorase el sonido de los aparatos al encenderse.
Justo y cabal, a las cinco con treinta, Sumida tomaba por los hombros a la castaña, la cual sólo cerró los ojos, aquella sería la última vez que ese asqueroso cerdo haría aquello, la esperanza latía en su corazón, no debería soportarlo más luego de aquella tarde.
—Sumida-sensei, por favor, no…— Rogó, en apenas un susurro.
—Ya lo sabes, darling, sé una buena chica y nadie saldrá herido…
Procedía a bajar su mano para acariciar su muslo, justo en el instante en que la puerta se abría de par en par, con Daisuke al frente y Miyako atrás de él, con Ken y Takeru saliendo del pequeño armario, sosteniendo en sus manos la cámara y la grabadora, respectivamente.
—Sumida-sensei, no sé si usted esté enterado de esto, pero acosar sexualmente a una alumna está penado. Es una falta gravísima, no sólo como maestro, sino que como ciudadano.— ¿Desde cuándo Ichijouji hablaba tan seguro de sí mismo? Sumida estaba acorralado, sólo le quedaba una puerta de salida, puerta que para su desgracia el rubio bloqueaba.
—¿Con que amenazando a una de sus alumnas a cambio de favores sexuales? ¿Tan penoso es para ni siquiera lograr conseguir una mujer de verdad? ¿Ha pensado que Yagami tiene la edad acorde para ser su propia hija?— El que atacó esta vez fue el Takaishi, sin piedad alguna.
—¿Y usándonos a nosotros como amenaza? ¡Eso sí es caer bajo, Sumida!— Expresó finalmente la de anteojos, yendo de inmediato a colocarse al lado de su amiga. —No intente ni huir, tenemos pruebas y la policía viene en camino.
Al cabo de veinte minutos, un oficial recogía las pruebas y se llevaba al hombre en calidad de detenido por considerarle un peligro a la sociedad. El director no cabía en su bochorno y prometió al resto del cuerpo docente instalar cámaras de seguridad en cada aula para prevenir nuevas desgracias como aquellas.
Esa noche, Hikari podría dormir en paz, dormir en paz después de mucho tiempo.
VII. Gratitud
Tras preguntarle a Takeru, se fue corriendo a la facultad de Yamato, llevando consigo un periódico de aquel día y unas galletas hechas por ella misma en casa la misma noche que detuvieron a Sumida. No cabía en su gozo, en su libertad, fue como si le hubieran quitado todos los grilletes a su alma y ahora hasta daba brincos, tanta paz, tanta gratitud no cabían en ella… pensar que aquel hombre nunca más le haría daño era el mejor de los placeres.
Allí lo vio, distinguió una cabellera rubia y corrió hacia él. Sin mediar más palabra, lo abrazó con fuerzas, riendo.
—¡Yamato, Yamato!— El aludido alzó una ceja, asombrado de no oír tanta formalidad en ella. Sin más palabras, le entregó el diario con el titular que sin duda le hizo sonreír a él también, «detenido maestro acusado de abusos sexuales reiterados» y una breve nota que no se molestó en leer. Correspondió el abrazo, dándole vueltas en el aire.
—¡Lo logramos, Hikari-chan, lo logramos!— Yamato tampoco cabía en júbilo tras aquella genial noticia.
Echaron a andar por ahí, en un cómodo silencio. Yamato, como siempre, a pocos pasos de la castaña, tarareando una canción, una tonada alegre. Y Hikari, a menos de un metro, sonriendo tranquilamente.
Se apresuró unos pocos pasos, engarzándose de su brazo, el rubio sólo le sonrió con cariño, caminando con ella hasta una cafetería.
Otro pastel de celebración.
Hikari, en silencio, agradecía todo el apoyo que le dio, toda su ayuda para cerrar esa dolorosa etapa.
Hikari no tenía idea de cómo expresarle su gratitud. Yamato sólo besó su frente, con que siguiera a su lado, iluminando las tinieblas de su alma, se daba por pagado.
VIII. Libertad
Ahora sí, luego de seis meses, podía dar aquel asunto por cerrado y enterrado, salía de su última sesión con el terapeuta y un rubio, vestido con unos vaqueros rotos y una camisa negra, la esperaba fuera de la consulta. Ya no más declaraciones, ya no más tener que atestiguar, ya no más juicios y tratos con abogados, ya no más psicólogo, ya no más fármacos, ¡era libre! Sonrió discretamente y él extendió su mano, la cual ella tomó con suavidad.
—¿Y qué te dijo?— Ishida rompía la quietud entre los dos, caminando lentamente a su lado, con sus dedos entrelazados con los de ella.
—Pues, dejo los fármacos en dos semanas, disminuyendo desde mañana las dosis y hoy me dieron el alta, quiere que venga en un mes para ver cómo mi cuerpo reacciona a la falta de medicación.— Explicó con calma, a lo cual el rubio sólo suspiró, aliviado.
—Al fin termina todo esto.— Se aproximó a ella, besando su sien.
—Y nada habría sido posible de no ser por ti, Yama.— Hikari detuvo su andar, mirándole con una amplia sonrisa. —Muchas gracias.—
El rubio la abrazó con fuerza, besando su frente primero, luego besando sus labios con delicadeza, con el rostro de la menor entre sus manos. Negó con la cabeza una vez, sin borrar la suave sonrisa en su semblante.
—La manera en que puedes darme las gracias es permaneciendo conmigo, como hasta ahora, Hikari, haciéndome feliz y siguiendo inspirándome para escribir canciones.
Esa misma noche le mostró la canción que había escrito para ella, una canción llamada Libertad.
Una canción para hoy, para mañana, ¿qué más daba? La ansiada libertad finalmente había llegado.
— . . . —
Es tan surrealista que no quiero creerlo, ¿yo, terminando un fic? ¡Eso no pasa a diario! Pero aquí lo tengo, terminado. Me desvelé escribiéndolo, pero, who cares? Me dio una pena tremenda hacer algunas partes, pero le di su final feliz. No sé si es el final que esperaban ver, sin embargo en lo personal me siento realizada con este trabajo que me sacó de cuajo de mi comfort zone. Dije que sería de no más de dos a cuatro capítulos. Y salió de tres.
A quienes siguieron este fic, les doy las infinitas gracias.
ChemicalFairy, espero que haya sido de tu total agrado.
* . Carrie
