El cálido sol casi veraniego golpeaba con furia las ventanas del semivacío dormitorio de los chicos de Gryffindor de sexto año, enviando tórridas oleadas de calor, y dando aspecto de horno al dormitorio semivacío en el que un despeinado muchacho de diecisiete años dormitaba despatarrado encima de su desordenada cama. James Sirius Potter murmuraba cosas sin sentido, sumido en el más profundo mundo de los sueños cuando, un especialmente fuerte ronquido recién salido de su garganta, que bien podría haber despertado a media torre Gryffindor si hubiera estado llena, terminó de golpe y sin contemplaciones con su extraño sueño.
El muchacho se incorporó confundido, al tiempo que se rascaba la cabeza cubierta por enmarañado e incontrolable pelo negro. Observó con ojos entornados la sala, protegiendo torpemente sus ojos de la molesta luz rojiza que se reflejaba por todo el dormitorio y empeorando su incipiente dolor de cabeza, y se dio cuenta de que estaba empapado en sudor. Hacía un calor de los mil demonios. Agobiado, saltó de su cama como un resorte para quitarse la camiseta y los pantalones, quedándose en calzoncillos.
-Mucho mejor…- comentó en voz alta mientras se estiraba escandalosamente, y entonces se dio cuenta de que estaba sólo en el dormitorio. Alarmado, giró la cabeza en todas direcciones sin cuidado alguno, y un horriblemente doloroso tirón atacó su cuello, haciéndole proferir un gracioso alarido de dolor. Miró hacia su almohada con rencor, y se dio cuenta de que ésta estaba en el suelo. Seguramente su dolor de cuello se debía a haber dormido toda la noche sin almohada. O más bien toda la mañana porque… ahora que comenzaba a recordar, aquella noche había llegado tarde… es más, ¡se había acostado al amanecer! Sin ningún miramiento hacia su dolorido cuello, James se lanzó como un poseso encima de la cama, con la intención de alcanzar su reloj de mesa lo antes posible: las doce y media… las doce y media ¡No podía creerlo!
Corriendo como si la vida le fuera en ello comenzó a vestirse: la camisa mal abrochada; los pantalones demasiado bajos; la bragueta bajada, el cinturón colgando precariamente de sus pantalones… un calcetín de cada color y tamaño, y para colmo sucios. Levantó sus brazos y olisqueó profundamente sus axilas para comprobar que no olía demasiado mal: era lo más importante para él. Llenó su ropa de su colonia preferida, colocó su larga y negra túnica del revés, y a punto estuvo de matarse al no pararse a abrochar sus cordones. Maldiciendo una y otra vez agarró su varita, y una vez en la sala común se dio cuenta de que no llevaba puesta corbata alguna.
-¡Accio corbata!- la fina corbata escarlata llegó volando hasta él, y, en lugar de atraparla con la mano, se anudó directamente a su cuello con tanta fuerza que estuvo a punto de asfixiarse. Arrancándosela, y sin preocuparse de su sin duda extremadamente enmarañado pelo, su dolorido cuello, y sus cordones asesinos, salió de la sala y enfiló el camino a las aulas a toda prisa.
Bajó directamente a la sala de profesores, pues sabía que el profesor Flitwick estaba a punto de llegar: era la hora del almuerzo. En efecto, unos segundos después el diminuto y simpático profesor hace acto de presencia, y observa con inusual severidad al joven James, quien se disculpa por haberse perdido la última clase antes del examen final de encantamientos del día siguiente.
Para cuando salió de la sala, no sólo acumulaba un terrible trabajo que hacer a sus espaldas para recuperar la importante clase perdida, si no también el castigo pertinente, que estaba más que seguro que no habría recibido si no se hubiera encontrado por el pasillo a la oportuna directora McGonagall, a quien casi le da un ictus cuando vio su desastroso aspecto. Por supuesto, el castigo sería aquella tarde, y le había resultado imposible intentar hacer entrar en razón a la directora.
Desesperado y luchando por intentar embutirse en una camisa que hacía años que se le había quedado pequeña para su desarrollada musculatura, decidió ir hacia el gran comedor donde enseguida comenzaría la comida. Con un poco de suerte sus amigos ya estarían allí, y podría descargar la rabia con alguno de ellos. Y de paso, hablar con Rose. Iba a necesitarla para lograr hacer el trabajo a tiempo, y de paso, se aseguraría de que no sospechara nada de él…
No se equivocaba: el comedor comenzaba a llenarse, y la mesa Gryffindor, ya estaba abarrotada.
Abatido, buscó a sus amigos, y se dejó caer en el banco al tiempo que propinaba dos collejas a los que más cerca se encontraban de él.
-¡Ey!- protestaron ambos, frotándose la coronilla.
- ¿Eh, tío, qué pasa contigo?- añadió su primo Fred, que lo observa desde enfrente con expresión divertida. - ¿Nochecita de pasión con tus sábanas?- insistió mirándolo de arriba a abajo y riéndose.
- Eso os pasa por no despertarme, capullos- gruñó James.- Pues sí, Freddo, algo así. Me he peleado con la cama, y como ves, nadie ha tenido la consideración de despertarme, ni siquiera mi querido primo- lo fulminó con la mirada.
- Oh, Jimmy… es que estabas tan tierno que lo único que podría haber hecho es darte un osito de pelu…
- Créeme, por tu seguridad, ha sido mejor que te quedaras durmiendo…- comentó Dave Jordan en un tono misterioso que parecía esconder una historia detrás.
James lo miró extrañado, y se dio cuenta de que todos sus amigos lo observaban entre suspicaces y divertidos.
- ¡Bueno! Ya pensaba que se te había comido Flint, Jimmy- los interrumpió Frank Bones, un chico alto, fuerte y moreno de Hufflepuff con clara expresión de profunda satisfacción que se hizo hueco a codazos entre James y Jordan.
Berta Flint era una Slytherin de séptimo año que había estado colada por James desde que tenían uso de razón, y a la que él siempre había rechazado sistemáticamente. La historia era tan conocida por todos, que hasta los profesores lo sabían. La chica estaba obsesionada, de hecho, seguro que si ahora miraran hacia la mesa Slytherin, la muchacha estaría mirando al moreno con rencor. James casi podía notar hasta cierto quemazón en la coronilla en esos momentos.
- Muy gracioso… ¿sabes? Por culpa de estos capullos de aquí, ahora tengo un trabajo y un castigo, y…- se paró en seco, al darse cuenta de que todos sus amigos lo miraban como si supieran un bombazo y estuvieran esperando el momento idóneo para soltarlo.
- Vale, ¿qué cojones ha pasado? Ya podéis ir soltando…
- ¡Lo que te has perdido, Jimmy!- lo interrumpió un alborotado Frank Bones sin darle tiempo siquiera a terminar la frase, y con aspecto de estar más satisfecho que en toda su vida. Poco a poco fue soltando aire y recuperando su color normal de cara. Parecía haber estado reteniendo el aire al mismo tiempo que la misteriosa noticia. Si no lo decía ya, reventaba.- no veas la que se ha organizado hoy en…
De pronto el comedor fue presa de encarnecidos susurros y rumores, y James pudo ver cómo Rose entraba en la sala con la cabeza muy alta. La gente parecía hacerle pasillo mientras caminaba. Su expresión no conservaba nada de su habitualmente soñador aspecto, ésta vez estaba dominada por un ansia vengativa que no dejaba lugar a duda alguna y que, personalmente, a James, le ponía los pelos de punta. Todo el mundo la miraba. James tragó saliva con dificultad, sospechaba que el incidente que tantas ganas tenía Bones de relatar tendría que ver con su prima… sospechaba también que ése era el motivo de su evidente mal humor, quizá no había previsto el hecho de que Rosie tenía algo de mal carácter. Quizá tampoco sería la mejor idea intentar que lo ayudara con el trabajo hoy… Sus ojos coincidieron con los de su prima, quien destilaba fuego en su mirada. James se apresuró a apartar la vista, volvió de nuevo la cara hacia su mesa, y pareció encogerse un poco en su asiento. Frank Bones decidió que podía continuar con su relato, sin perder su amplia sonrisa, pero ésta vez entre susurros. Sin duda, él también temía la ira de Rose.
- No sabes la que se ha montado en el pasillo a primera hora de la mañana… Rose ha aparecido hecha un auténtico basilisco buscando a McLaggen… y de hecho, lo ha encontrado. Estaba en medio del pasillo, y… ¿¡a que no sabes qué!?- dijo elevando cada vez más el tono inconscientemente. Para ese entonces, James se dio cuenta de que todos sus amigos lo observaban con una expresión mezcla de suspicacia, mezcla de condescendencia. - ¡el muy idiota…! ¡Llevaba toda la cara cubierta de pústulas de colores! Daba un asco tremendo, y el imbécil ni siquiera se había dado cuenta… ¡no se debe ni de duchar por las mañanas el muy guarro…! Quién sabe, quizá por eso mismo le han salido esas pústulas tan especiales… ¿sabes por qué son tan especiales, Jimmy? ¿no lo sabes? ¿enserio? Bueno, yo creo que puedes hacerte una idea…- James estaba empezando a perder la paciencia. Era evidente, sospechaban de él. Quizá su plan no había sido tan inteligente como pensaba en un primer momento.
- Cerdo. Ponía cerdo- se adelantó Lorcan Scamander, recién llegado desde la mesa de Ravenclaw- tu prima está que echa chispas- añadió divertido. - Es mejor mantenerse alejado hoy de ella.
- ¡Joder, Lorcan, me has jodido la historia!- protestó Bones, sin perder su sonrisa, y prosiguió. - Pero… ¿sabes qué es lo mejor?- hizo una pausa, saboreando al máximo el instante. -¿Qué?..
- ¡Por todos los magos, Bones, haz el favor de…! Sí, ya sé que hace Oing oing, no me dirás que no es una idea origi…
- ¡Lo sabía!- gritaron todos triunfalmente, y al unísono.
- Sabíamos que era cosa tuya…
- Tenía tu marca…
- Y tu ausencia esta noche sin avisar…
- Más vale que Rose no te descubra.
- Te la vas a ganar, tío.
- Estás jugando con fuego…
- Sí. Es que no lo sabes todo.- prosiguió Bones, cada vez más contento. - Cuando Rose se ha acercado hecha un basilisco a McLaggen, iba con la varita en alto, dispuesta a hechizarle. Entonces se ha puesto a gritarle de todo en medio del pasillo, lo más suave que le ha llamado es cobarde. Todos estábamos allí. McLaggen se ha puesto a huír de ella, y ella ha logrado atraparlo. Entonces él ha abierto la boca y… OING, OI…
De pronto, James pegó tal salto en el banco que tiró una jarra entera de zumo de calabaza, de la cual se estaba sirviendo. Poniendo los ojos en blanco, Rose Weasley, quien estaba dándole toquecitos en la espalda a su primo, terminó con todo el desastre de una rápida sacudida de varita. Su aspecto parecía el de una leona salvaje a punto de cazar.
- Tenemos que hablar, Jimmy.- dijo tensando completamente los labios. James tragó saliva, y pensando que lo mejor sería disimular, intentó calmarse, invitándola a sentarse a la mesa.
- Claro… ¿por qué no te sientas?- sorprendentemente, la muchacha aceptó, no sin antes lanzar una mirada de profundo malhumor a los amigos de James, quienes parecieron encogerse más en sus asientos. Fred, sin embargo, seguía con la misma expresión de divertida chulería, y para Bones, parecía que se había adelantado la navidad.
- ¿Cómo estás, Rosie?
- Estupendamente.
- ¿Has dormido bien?
- De lujo.
- Has estado genial hoy, Rose. Ese imbécil se ha llevado su merecido- se atrevió a añadir Bones. James pensó que Rose iba a mandarlo a la mierda, sin embargo, le lanzó una satisfecha sonrisa de orgullo.
- Tendrías que habérmelo dejado a mí, Rose- decidió disimular James.- Ese cabrón se habría enterado de lo que es meterse con mi prima…- Pero Rose no le hizo ningún caso, y prosiguió con su perorata. Su mirada destilaba peligro, y James se dio cuenta de que casi todo el comedor la miraba embobado, en especial sus amigos.
- ¿Y tú, Jimmy? ¿Qué tal has dormido tú? No te he visto mucho esta mañana por aquí…- comenzó Rose.
- He estado enfermo- se apresuró a soltar James, sin siquiera pensarlo. Bones retenía la risa como podía.
- ¿Enfermo, eh?
- Sí.
- Me he enterado de que te han castigado.- ¿cómo demonios podía enterarse si nadie más que él lo sabía todavía?
- Mmmm…
- Y te han mandado un trabajo extra también. Qué injusticia, ¿verdad primito? Que encima de haber estado enfermo te hayan castigado…- James asintió con la cabeza, sin ser consciente de que toda la mesa Gryffindor los observaba, parecían estar viendo un partido de tenis muggle.
- Imagino que querrás mi ayuda más tarde, ¿verdad?- James asintió, su cara era un poema en ese momento.
- Muy bien, nos vemos luego, y así podemos… charlar más tranquilamente- añadió, y, apoyando una mano en su hombro, clavó sus uñas sin piedad en él. James retuvo el grito de dolor que pugnaba por salir de su boca, y en el mismo instante en el que su prima dejó de mirarlo, dio un capón a sus amigos de nuevo.
- ¡Aghh! ¿Pero qué coño te pasa, James?
- Dejad de mirar a mi prima así, ¡panda de pervertidos!- Fred puso los ojos en blanco.
- ¿Nunca te han dicho que eres demasiado protector con Rose, James? No creo que a ella le haga mucha gracia eso. Quizá sea ese el motivo por el cual te odia tanto.- comentó Fred con regodeo. - Mírame a mí, yo la dejo vivir, y no me paso el día peleándome con ella, como el dementor y el preso.- James lo ignoró.
Bones parecía no caber en sí de gozo.
- Tu prima ha estado brillante hoy ¿He dicho ya que ha vuelto a hechizar a McLageen por cobarde? ¿Y que ha hechizado a todos cuantos estaban alrededor del pasillo y se han reído? Yo me he librado por los pelos…¡Y encima ningún profesor se ha enterado! …- parloteó con admiración. A James empezaba a cansarle la actitud de profundo y patético encaprichamiento que parecía tener Bones con Rose desde hacía ya un tiempo.
- ¿Y a éste inútil qué le pasa? Como no borres esa sonrisa de idiota, te la borraré de un puñetazo…
Un sonoro gruñido de Fred interrumpió la breve discusión. James siguió su airada mirada, y se dio cuenta de que Malfoy estaba apoyado contra la pared, en clara actitud de conquista, hablando con Rose.
- ¿Pero éste desde cuándo…?- oyó decir a Lorcan por detrás. Ésta vez a nadie le hizo gracia, todos odiaban a Malfoy.
James intentó calmarse, respirando hondo. Sin embargo los constantes tocamientos de pelo y sonrisas tontas del rubio dirigidas hacia su prima no ayudaban en absoluto. Notó cómo la bilis iba subiéndole por el estómago hacia la garganta, pero ésta vez no era el único, todos los observaban con cierta rabia. Sobre todo en cuanto Rose comenzó a reaccionar positivamente ante los gestos de Malfoy.
El rubio le guiñó un ojo, y eso ya era demasiado para él. Retirando el banco con fuerza, se levantó, y fue a su encuentro en el mismo momento en el que la profesora McGonagall se presentaba en el lugar. Chocó con ella, estando a punto de hacerla caer al suelo, y desde luego, eso la puso de peor humor. Algo que desde luego, era lo que menos le convenía en ese preciso momento.
- Potter. Será mejor que tengas más cuidado, aunque te cueste creerlo, no eres ningún trol de montaña. Estás en un colegio, y no querrás que tu castigo sea peor. He hablado con la señorita Weasley, parece estar preocupada por tu rendimiento escolar, teniendo en cuenta que no es la primera vez que te quedas dormido. Me ha dado una excelente idea. Cree que una tarde de tareas de órden y limpieza en la biblioteca le hará mucho bien a tu alborotadora mente. Y yo creo lo mismo, así que, a las cinco comienza tu tarea, que contará con la estrecha supervisión de la señora Pince, hasta que ésta crea oportuno ponerle fin. Y no olvides de entregar tu trabajo mañana al profesor Flitwick.
Sin añadir nada más, la profesora McGonagall se marchó. Malhumorado, James se preguntó cómo demonios podía gozar su prima de tanto favoritismo entre los profesores… siempre había sido así. Rose abría la boca, y los profesores caían rendidos a sus pies. ¿Sería cuestión de sus impecables buenas notas, o simplemente de que era lo suficientemente inteligente para, a pesar de su rebeldía innata, nunca haber sido descubierta cometiendo ninguna falta? Desde luego, si ellos supieran cómo Rose era realmente, se dijo, entonces no le irían tan bien las cosas…
James dirigió la mirada de nuevo hasta su prima. En esos momentos Malfoy había desaparecido, y Rose comía tranquilamente en la mesa de Ravenclaw mientras charlaba animadamente con sus amigas. Su humor parecía haber mejorado bastante, claro, ya se había encargado ella de vengarse de James, de la mejor forma posible. Sabía que odiaba pasar tiempo en la biblioteca, y sobre todo que no soportaba a la vieja hurraca de Pince, fruto, numerosas veces, de sus bromas. James sacudió la cabeza imaginando lo que le esperaba… todavía no podía creer cómo Rose podía salirse siempre con la suya con total impunidad. Sería sin duda algo de admirar si no estuviera tan enfadado con ella.
Casi casi podía imaginar su cara de inmensa satisfacción cuando terminara el castigo y se pusieran juntos a hacer su trabajo. Maldita la hora en la que decidió hacer de primo protector…
Sin mediar media palabra más y cada vez de peor humor, se marchó del comedor con el plato de comida intacto. No tenía hambre, sólo ganas de patear algo. Si ese algo era rubio y se apellidaba Malfoy, mejor que mejor. No le vendría nada mal para descargar su frustración. De todas formas, todo esto le pasaba por meterse en la vida de su prima. Si la hubiera dejado revolcarse con el inútil ese, seguro que hoy no estaría ni castigado, ni tendría trabajo alguno que hacer, y podría dedicarse a disfrutar de uno de los últimos días del curso escolar en los terrenos…¿Por qué lo había hecho realmente? ¿Por qué siempre que Rose iba a salir con alguien acababa arruinando sus citas? Por protegerla, eso estaba claro. Bien, James era un tío, y como tal, sabía cómo actuaban y pensaban los demás. Si él se comportaba como un cerdo a veces, sabía que los demás podían hacerlo también, y desde luego, no permitiría que le hicieran a su prima lo que él iba haciendo por ahí. Miró la hora. Aún era temprano, tenía un par de horas antes de la próxima clase, y lo mejor sería que subiera a descansar un rato al dormitorio.
Mientras subía las escaleras que conducían a su sala común, un inoportuno y agobiante pensamiento ocupó su mente, y él se llevó las manos a las sienes intentando descartarlo por completo. Si quería proteger a Rose de los aprovechados en general, ¿por qué no sentía lo mismo con el resto de sus primas? O lo que es más… con su hermana. ¿Por qué no sentía eso mismo con Lily? Cierto es que también se enfadaba cuando algún tío las rondaba pero… con Rose era distinto. Cada vez que veía algún tipo de mención al evidente atractivo de su prima, alguna mirada coqueta hacia ella o por parte de ella hacia alguien, o cualquier tipo de intención que sobrepasara la mera amistad hacia ella por parte de quien fuera, una furia interna, totalmente desconocida para él se encendía en su interior, abrasándole las entrañas. Quizá era porque ambos se conocían a la perfección. A lo mejor se trataba de que ella conocía sus más íntimos secretos y él los de ella… quizá porque siempre estaban discutiendo y reconciliándose, quizá… no lo sabía, pero si seguía pensando en aquello terminaría por volverse loco. Ya en su cama, comenzó a tararear una canción, intentando así olvidarse de todo, y cerró los ojos. Mala elección. Su mente voló hasta el momento que su cerebro llevaba horas luchando por rescatar de sus recuerdos. El momento en el que se dio cuenta de que Rose era una chica, alguien en la que los demás podrían fijarse, no sólo su prima. El momento en el que aprendió, que no era bueno meterse en la vida de Rose, y que aún así, siempre iba a seguir haciéndolo. Fue durante el verano anterior:
Miraba el atardecer por la ventana. Unas feas nubes negruzcas cubrían el horizonte, que prometía tormenta. James se lamió los labios. La no muy lejana playa traía hacia el lugar cierto gusto a sal que se adhería a sus humedecidos labios, y que él adoraba saborear. Había sido un día horriblemente aburrido, sus padres lo había traído junto con sus dos hermanos a la casa de la playa de los tíos Ron y Hermione, y ellos se habían marchado de crucero por las malditas islas griegas por no sabía que historia de un aniversario, dejando antes muy claro que no se le permitía salir de casa de sus tíos. Estaba castigado, por haber gastado una broma pesada a la señora Pince en su último día de colegio antes del verano.
James chasqueó la lengua en señal de impaciencia, no veía el momento de llegar a la madriguera y poder pasar el resto del verano con Teddy, Fred, Louis, y sus demás primos favoritos.
Mientras tanto, a James le esperaba toda una semana de torturante presencia de primos y hermanos menores y repelentes a los que sólo soportaba durante un rato, pues eran demasiado críos para él. A pesar de llevarse tan sólo un año con Albus y Rose. Y no es que con Rose se llevara mal, simplemente… se pasaban el día como el perro y el gato. Además, ella estaría seguramente jugando a algún estúpido juego de críos con Lily, Al y Hugo.
Fastidiado, decide dar una vuelta rápida por la casa más aburrida en la que cree haber estado jamás. Pasa por la puerta del dormitorio de Rose, y entonces lo escucha: los acordes de una de las mejores baladas de rock de la historia, y sin duda, una de sus canciones favoritas.
Es el cuarto de Rose. La puerta está entreabierta, y husmea en silencio su interior.
Un fuerte olor a incienso sale del dormitorio, donde la brisa previa a la tormenta sacude unas tupidas cortinas azul cielo salpicadas de banderas inglesas en miniatura.
Rose se ha hecho con un toca discos prácticamente idéntico al que tiene James en su dormitorio, y se encuentra en su cama, en una curiosa posición. Apoyando el cuello y la cabeza en su almohada, dos largas y despeinadas trenzas pelirrojas caen extendidas, siguiendo la gravedad. Tiene el resto de su cuerpo contra la pared, como haciendo el pino. Sus largas piernas enfundadas en unos cortos shorts vaqueros se extienden por la azulada pared llena de pósters de grupos viejos y fotos de Rose y sus amigas, dejando ver que su verano en la playa ha tenido satisfactorio efecto sobre su poco habitualmente poco bronceada piel. Sus grandes ojos azules brillan con intensidad, y sus marcadas pequitas se notan más de lo habitual debido al bronceado. Un atrapa sueños de color aguamarina acaricia con sus plumas las plantas de los pies de Rose, y ella sostiene distraída un colgante en forma de corazón contra su cara. Lo pasa por su pelo, frente, nariz y labios en movimientos hipnóticamente circulares para terminar mordisqueándolo, y volver luego a recorrer el mismo camino. James la observa embobado. Se da cuenta de que lleva un buen rato embelesado cuando su prima comienza a cantar la última estrofa de la canción.
And I will love you, baby - Always
And I'll be there forever and a day - Always
I'll be there till the stars don't shine
Till the heavens burst and
The words don't rhyme
And I know when I die, you'll be on my mind
And I'll love you - Always…
La canción termina, y James decide entrar. Rose lo mira desde su posición, y enseguida se incorpora, para quedar observándolo con las piernas cruzadas y las manos sobre su regazo. Una nueva canción de Bon Jovi comienza a sonar.
- Hola Jimmy -saluda, y su expresión de desconcierto le hace darse cuenta de que él sigue sonriendo embobado. - ¿Qué te trae por aquí?- él sacude la cabeza avergonzado de sí mismo, y se sienta a su lado.
- No tengo nada que hacer- dice encogiéndose de hombros. ¿Con que baladas eh? ¿Tienes el día sensible?- se burla, y entonces localiza un trozo de carta arrugado, probablemente, la que traía el colgante que Rose no dejaba de mordisquear.
- ¿Qué es eso?
- ¡Oh!, no es nada.
- Rosie…
- Sólo un regalo, de un amigo. Un vecino.
- Ammm. Antes de que se diera cuenta, James había arrancado la carta de su lado, y se había puesto a leer en voz alta:
- Estimada Rose,
Uh, qué cursi de tío.- interrumpe la lectura con una mirada burlona hacia su prima.
Me ha encantado pasar la tarde contigo en la playa.
Te mando éste corazón para que no te olvides de mí en el rato que pasemos separados.
Recuerda, quedamos ésta noche en…¡AUCH!
Su prima le propina tal patada en sus partes íntimas que piensa que no va a poder levantarse nunca más, y James, cae en la cama llevándose la mano desesperado a ese lugar.
Por su parte, Rose aprovecha para arrebatarle la carta con aire triunfal, haciendo caso omiso de los aullidos y protestas de su primo.
- Te dije que no te metieras donde no te llamaban, Jimmy.
- Eres demasiado bestia, Rose. A veces me pregunto si no naciste tío.
Rose vuelve a amenazar, ésta vez con el puño, y ampliando más si cabe su sonrisa.
Vuelve a sentarse al lado de su primo, habiendo primero guardado la carta a buen recaudo.
"Nothing else matters" comienza a sonar, lo que hace que a James se le olvide de golpe el enfado.
- No sabía que conociertasMetallica.
- Ya ves.
- Parece que he hecho un buen trabajo contigo.
- Tú siempre tan arrogante- dice la pelirroja sacándole la lengua. Su pecoso rostro ruborizado está tan gracioso que James se apacigua.
- Ahora enserio, es una gran canción.
- Lo se - dice la muchacha algo más calmada y con una sonrisa sincera. Cierra los ojos, y vuelve a adoptar la posición de "pino contra la pared" que al parecer, tan cómoda le resulta. Cuando vuelve a abrir los ojos, su primo la observa a su misma altura: ha adoptado su misma posición, con la diferencia de que su cara se encuentra roja como un tomate, al haber bajado toda la sangre a su cabeza. Rose estalla en carcajadas. James aprovecha su buen humor.
- ¿Pretendes escaparte hoy para quedar con un chico? Ella no contesta, sigue riendo.
- ¿Rose?
- ¿Qué?
- ¿Vas a contestarme?
- ¿Es asunto tuyo?- silencio.
- Eso pensaba.
- Vamos, Rosie, no seas traviesa. No deberías…
- ¿Tú me vas a decir lo que debo o no debo hacer, Jimmy?- responde con ironía mientras enarca una ceja.- Además, tengo ya quince años. Sólo uno menos que tú, no me estropees la fiesta, ¿sí?
- ¿Estás saliendo con él?
- ¡No por dios!
- ¿Os habéis besado ya?
James pensaba que esa pregunta la haría estallar en furia asesina, sin embargo, el efecto que produjo el Rose, fue totalmente inesperado. Bajó las piernas de golpe, quedándose otra vez en posición normal, y se quedó dando la espalda a James. Para cuando James se puso frente a ella, pudo ver que estaba completamente ruborizada.
- ¿Rose?
- ¡¿QUÉ!?
¿Por qué se ponía así? ¿Podía ser que jamás la hubieran besado? Aquella posibilidad se le hizo extrañamente satisfactoria al moreno.
- ¿Qué te pasa?- Un gruñido, y una mirada asesina.
- Pues no, no, ¡no! No me han besado nunca, ¿vale? No como al señor "he estado con medio Hogwarts". A diferencia de ti, yo no voy besuqueándome por ahí con todo el que pillo, ¿sabes?- y menos mal que no lo hacía, pensó James.
- Yo busco algo distinto, algo real, algo que me haga sentir como éstas canciones. Como ésta canción- dice.
- ¿Y qué es lo que te pone de tan mal humor de todo ello?- pregunta James confuso. Rose duda unos instantes, y, poniéndose colorada de nuevo, confiesa su pesar.
- ¡No se si lo haré bien, James! Me da pánico ser horrible.- confiesa, mirando al suelo con bochorno.
Aquella sí que era una idea ridícula para James. ¿Rose? ¿hacer algo mal?
Entonces ríe entre aliviado y enternecido. Rose era tan especial... ¿Cómo podía una persona ser tan rebelde y alocada, y al mismo tiempo tan madura por un lado, y tierna e infantil por el otro? Nunca sabía por dónde va a salir, y eso le encantaba de ella. Observa esos gruesos y apetecibles labios que nunca antes han sido besados, y de pronto siente un irrefrenable instinto de unirlos con los suyos. Quizá él podría ayudarla, ayudarla a sentirse bien, calmar su inseguridad… La canción sigue sonando, y de pronto se da cuenta de que la letra es extrañamente perfecta para la situación, y sobre todo, de que ambos llevan siglos mirándose embobados, sin decirse nada. Los dos están muy cerca, James casi puede contar las pequitas que enmarcan el bonito rostro de su prima cuando de pronto, Albus entra en la estancia sin avisar, provocando que ambos den un exagerado respingo, y se queden mirando abochornados el suelo, con el corazón y la respiración agitados como nunca.
Después de aquello, James y Rose pasaron meses sin dirigirse prácticamente la palabra. Desde entonces, y a pesar de las nefastas consecuencias de aquel encuentro, "Nothing else matters", es, inexplicablemente, la canción preferida de James.
HOLA :DHe vuelto! Siento haber tardado, pero me fui de vacaciones de semana santa, y bueno… en realidad he tardado sólo una semana y un día! Que sepáis que mi ritmo de actualización va a ser más o menos ese, aunque habrá semanas que no podré actualizar, pero intentaré subir un capítulo por semana, puesto que tengo muchas más historias que actualizar además de esta, y si no me muero! Jajaja
Quiero dar las más inmensas gracias a todos los que hayaís leído mi humilde historia, y espero que esté gustando. Ante todo os ruego: comentarios por favor! Necesito saber si lo estoy haciendo bien!
Gracias y un gran beso for everybody!
Os dejo la traducción del fragmento de canción que he incluído en el capi:
Always, de Bon Jovi:
Y yo te amaré, nena - Siempre
Y yo estaré allí por siempre y un día más - Siempre
Estaré allí hasta que las estrellas no brillan
Hasta que el cielo estalle y
Las palabras no rimen
Y sé que cuando muera, tú estarás en mi mente
Y te amaré - Siempre ...
