Disclaimer… Los personajes pertenecen a JKR Para gran alegría suya, yo solo juego un poco con los personajes. :P

Hola gente!

Disfruten!!


Capítulo 2 – ¡Odio el lunes!

¡El sol, la arena y el mar formaban un excelente afrodisiaco para iniciar el día. En el horizonte el sol principiaba su entrada triunfal, saliendo de las entrañas del mar, mientras un adolescente pelirrojo salía a la terraza de su casa para apreciar el encantador lugar que tenía a la vista. Estaba eufórico de estar ahí, rodeado de agua y con la brisa matutina que transportando arena creándole un cosquilleo que recorría su cuerpo. Lo mejor de todo era una mujer hermosa, en un mini traje de baño que corría por la playa para llegar a su encuentro, amplió su sonrisa y se dispuso a encontrarse con ella. Solo unos cuantos metros los separaban, estaban a escasos segundos de sentir su piel junto a la de él…

¡RING RING, RING RING!

Un sonido estrepitosamente odioso lo hizo pegar un brinco desde su cama, consiguiendo que cayera de ella con todo su peso sobre su hombro izquierdo, dejando inconcluso el sueño que, para su mala suerte, eternamente acababa en el mismo momento.

Odiaba el lunes porque marcaba el inicio de la semana.

Una maldición inundó la habitación por completo sin poder sobrepasar el eco del despertador que se mantenía; se puso de pie con un dolor agudo en el omóplato prefiriendo eso a tener un fuerte dolor de cabeza todo el día por el infernal ruido que no paraba. Lo hizo callar con un fuerte golpe sobre la manivela.

Era un viejo reloj que había pertenecido a su madre, un maldito reloj antiguo con unas raras campanillas que lo desquiciaban la mayor parte de los días. Cuánto deseaba poder aventarlo a la pared de su cuarto y que jamás lo interrumpiera de nuevo. Pero sus ideas descabelladas debían eliminarse, aún lo necesitaba para no llegar tarde a las clases, rezaba para que los meses que faltaban para finalizar sus estudios terminaran y juraba que se desharía de él, estaba más que se decidió, era más que necesario.

Las siete de la mañana marcaba su tormentoso reloj.

Ronald Weasley tenía diecisiete años y estudiaba en el "Colegio Hogwarts", su séptimo y último curso estaba casi a la mitad, poco mas de dos trimestres faltaban para que por fin fuera liberado, cuánta alegría proporcionaba ello definitivamente, aunque no tuviera idea alguna de que pasaría en cuanto diera por concluidos sus estudios.

Era alto, delgado pero corpulento, un color de cabello rojo fuego muy particular engalanaba su cabeza, unos ojos color azul eran cubiertos por unas pequeñas pecas que no pasaban desapercibidas y una larga nariz lo coronaba.

Su cuarto estaba en penumbras, la luz artificial del foco se encontraba apagada. Con sumo cuidado de no golpearse con algo, agitó los brazos acercándose instintivamente a la pared buscando el interruptor. Pero en uno de tantos movimientos lo que fue a parar a algo, no precisamente blando, fue su pie, mas específicamente su dedo gordo del pie derecho. Una blasfemia se logró escuchar seguramente en varios kilómetros a la redonda y un alarde de furia lo hizo caminar más rápido para dar un poco de luz al lugar.

Odiaba el lunes porque la noche anterior aun era fin de semana y siempre olvidaba dejar la pequeña luz de noche encendida para que no terminara matándose entre la oscuridad de la mañana.

Su cuarto era compartido con una persona mas, su mejor amigo; cada quien disfrutaba de su espacio perfectamente individualizado. La parte que le tocaba a él, la mitad izquierda, nunca tenía la cama tendida así como tampoco un poco de orden, era la más vistosa con posters de equipos de baloncesto, los mejores del país. Su favorito, Los Chudley Cannons, no podía faltar, a pesar de tener años sin conseguir un campeonato.

Una basta cantidad de libros se regaban por doquier, empleados para su tarea de días antes o tal vez incluso de meses antes, no dudaba que existieran libros que utilizó en el ciclo escolar pasado y que no regresó a la Biblioteca. La otra mitad estaba más ordenado y tenía el escritorio lleno de libros de criminología e investigación, que era lo que mas le agradaba a su compañero, un sentido de la justicia muy alto corría por sus venas. La parte de pared que le tocaba estaba repleta de anotaciones sacadas de los libros que consultaba para no olvidar aquellos detalles importantes.

Se vistió con el uniforme, un pantalón negro y una playera blanca con el escudo de su casa a la altura del corazón. Tomó su mochila y metió los primeros cuadernos que se encontró en su escritorio, era algo tarde y debía presentar un examen de matemáticas, materia que no era su fuerte y prueba para la cual no había estudiado lo suficiente, o más bien dicho… nada.

Odiaba el lunes porque siempre había un examen para el cual nunca estudiaba.

Salió apresurado de su cuarto y tras cerrar con llave, aceleró la marcha andando por el pasillo hasta bajar por las escaleras.

Vaya cansancio que experimentó, estaba en el sexto piso y para su mala suerte el elevador no funcionaba. Dio un último vistazo a la casa deseando no olvidar nada importante dentro.

Su casa era un edificio de seis pisos realmente ancestral conectado a otro edificio por la estancia del primer piso y también por el segundo, de un lado vivían las chicas y del otro los chicos. La casa parecía haber sido hecho de piedra caliza antigua con toques de dorado y rojo por todas partes, colores que predominaban por el inmenso león de piedra que se asomaba sobre la fachada del segundo piso y que en letras grandes se podía leer claramente "Gryffindor", una de las cuatro casas que existían en el colegio y, aunque cada una tenía lo suyo, por muchos era considerada la mas prestigiosa por el alto grado de coraje, lealtad, responsabilidad y valentía que se destacaba entre sus habitantes.

Se dejó de retrasos y comenzó a caminar tomando los atajos que tan bien conocía para llegar al otro extremo del colegio. Pasó por entre arbustos, paredes que no eran precisamente eso, pasillos inexplorados y entradas secretas que apresuraban su camino. El territorio del colegio era inmenso, tenía edificios de por lo menos tres pisos, todo necesario para resguardar a los estudiantes y maestros que ahí vivían durante al menos diez meses al año.

Estando cerca de su destino aligeró el paso preparando a su cerebro para llegar a la orca y reprobar muy probablemente. De pronto, algo logró captar su atención.

Escondidos entre unas arboledas, para evitar ser observados por algún maestro, un grupo de estudiantes formaban un círculo algo irregular dejando un boquete al centro, "Deben de estar peleando" fue lo que pasó por su cabeza y volvió su mirada al frente continuando su camino.

Odiaba el lunes porque siempre había peleas que no se pudieron enfrentar el fin de semana, o que se crearon en esos dos días.

Estaba decidido a pasar de largo de esa situación, pero distinguió una melena café alborotado corriendo de un lado a otro y lo hizo cambiar de opinión, regresó unos pasos para percatarse de la realidad de la "pelea", que de pelea no tenía nada. Un detestable chico y los dos gorilas que siempre lo acompañaban, hacían volar una mochila de mano en mano sin dejarla al alcance de su dueña. quien trataba de recuperarla. Conocía perfectamente a esos tres y su manera de molestar a cualquiera que normalmente era alguien de menor grado, estaba vez la había tomado con una chica.

Ron no pudo dejar la situación así, y aunque no le gustaba tener problemas, siempre acababa en ellos, parecía ser su destino. Con un bufido de por medio se dirigió al circulo que habían armado y que iba creciendo por las personas que querían divertirse con la desgracia ajena, vislumbró a alumnos de todas las casas, incluso de la suya y se sintió decepcionado de que permitieran algo así. Aventó a algunos para llegar al centro del lugar y siendo alto, de metro setenta y ocho, no tuvo dificultades en atrapar la mochila en una de esas veces en las que volaba por el lugar.

– ¿Qué? ¿Tú también te vas a poner a jugar con mi mochila? –Preguntó la chica deteniéndose y con una mano en la cintura frunció la boca. Sus ojos mostraban una expresión de irritación y rabia, provocándole un estremecimiento.

No era fea, pero tampoco bonita para su gusto, y lo bonita que podía llegar a aparentar desaparecía en segundos al mostrar su genio que no era de lo mejor. Era de estatura media, al menos metro sesenta, tez bronceada y unos ojos marrones con una mirada que no pudo determinar. Desvió su mirada de la de ella, empezaba a alterarlo.

– No, yo solo quiero que dejen de estar perturbando la paz de las personas con sus juegos de niños –Respondió aventándole la mochila, vio a la chica enrojecer al tiempo que atrapaba su mochila.

– ¿Haciendo tu obra de caridad del día, Weasley? –Preguntó Malfoy despectivamente. Era un rubio pálido con los ojos grises y la mirada más fría de lo que un adolescente de diecisiete años debía tener.

– Hago lo que se debe hacer –Le espetó Ron– Tú como prefecto deberías hacerlo también.

Al ser "galardonado" como decía su madre, para ser prefecto, decidió que las peleas tenían que disminuir, no podía andar dando espectáculos a los chiquillos, no es que le importara demasiado, pero la confianza que habían puesto en él el director y la subdirectora, lo convertían en un deber que no defraudaría.

Cuando llegó a un nuevo curso la primer noticia que recibió, una totalmente desagradable, consistió en que su peor enemigo, aquel con el cual todas las batallas eran libradas, aquel que pensó poder poner a raya mostrando su insignia de prefecto, también había sido nombrado uno, ¿Qué todos estaban en contra de su idea de dejar de pelear, o qué?

– Mira quien lo dice, el que cada viernes está castigado –Las risas de los presentes no se hicieron esperar y eso enfureció más a Ron.

Si, lamentablemente era verdad, pero no por eso le gustaba que se divulgara y todos se rieran de él. Siendo que Malfoy era la otra parte de la moneda y nunca acababa castigado, aunque en la enfermería pudiere que si.

– No deberías de meterte donde no te llaman, Weasley –Sentenció el rubio con los brazos cruzados a la altura del pecho.

– Yo puedo meterme donde quiera. Malfoy, así que cierra la boca –Dijo a la brava. Vio su reloj, marcaba casi las ocho, debía darse prisa. Dio media vuelta y empezó a caminar, el asunto ya estaba solucionado y la mochila en manos de su dueña.

Por una vez en su vida necesitaba decirle NO a una pelea para llegar con McGonagall a tiempo y no reprobar el examen por falta.

– No, no puedes –Afirmó uno de los bravucones que estaban junto a Malfoy, parecía un perro siguiendo a su amo como idiota, lo tomó del hombro y lo hizo regresar a los límites interiores del círculo.

El impulso provocó que su mochila cayera al suelo llevándoselo también a él. Vio de reojo a la chica totalmente estupefacta.

"Esto me saco por querer ayudar a las personas, este no es mi problema, no vuelvo a intervenir nunca ¡NUNCA!" pensó para si mismo, aunque sería una mentira, no podía ir en contra de sus principios de ayudar a quien lo necesitara.

Odiaba el lunes porque siempre había idiotas que buscaban pleitos.

Sintió un golpe en la pantorrilla producto de una patada del gorila y las risas comenzaron. Ahora si que Ron Weasley había enfurecido, él no buscaba problemas, pero siempre acaba dentro de ellos, "soy prefecto, no debo pelear, soy prefecto, no debo pelear" se repitió incansablemente para detener los impulsos que lo embargaban para regresarle un buen golpe.

– Miren a Weasley, como no tiene cerca a su noviecito no se atreve a defenderse –El tonó burlesco en su voz le taladró el cerebro. Odiaba a Malfoy y lo odiaba en serio.

Él se refería a su mejor amigo, quien siempre lo acompañaba en cada pelea contra esos. Pero una semana cada dos meses se ausentaba dejándolo solo, logrando ser atacado con mayor energía por Malfoy.

– Weasley, ¿Dónde dejaste a tu noviecito? ¿Es que acaso te abandonó? –Preguntó con una sonrisa idiota el gorila más cercano, el que lo había derrumbado.

La muchacha por la cual se metió en ese embrollo estaba pasmada, distinguió algo en su expresión que no daba crédito a los que sus ojos veían.

Malfoy y compañía se encargaban de sacarlo de quicio y desde la última pelea, menos de una semana atrás, estaban buscando la manera de volver a fastidiarlo. Presentándose una oportunidad de oro, y sin estar su amigo presente, no la desaprovecharían jamás.

"No debo pelear, soy prefecto, no debo pelear, soy prefecto, no debo…" pensaba para sí, pero su sangre empezaba a hervir por dentro.

– ¡Ya dejen esto! -Exclamó la muchacha acercándose a él y encarando al gorila– ¡Dejen sus estúpidos juegos de niños! –Su potente y segura voz replicó en el lugar.

El gorila, con una sonrisa de por medio, la hizo a un lado con un empujón, usando mas fuerza de la requerida, haciéndola caer.

Odiaba el lunes porque siempre encontraba alguien a quien tener que defender.

Sus pensamientos de la no violencia quedaron acallados. ¡Al diablo con que soy prefecto! Exclamó para si y dejando que su mochila se quedara en el suelo, agarró impulso para levantarse de golpe y quitarle la sonrisa del rostro al dirigir su puño a la cara de aquel ante la mirada atónita de todos. Satisfechos, ahora ya tendrían una verdadera pelea.

– ¡No vuelvas a hacer eso, no me gusta tener problemas contigo y romperte la cara Goyle! –Vociferó viéndolo acabar en el suelo.

Dio una vuelta y alargando su mano hacia ella le ayudó a levantarse.

– ¿Estas bien? –Preguntó, a lo que ella, algo asustada y conmocionada por la situación, se encogió los hombros y asintió.

De pronto un golpe de parte del tercer sujeto que estaba metido en la pelea se dirigió directo a su cara, solo lo vio milésimas de segundo antes y aunque trato de evitarlo, le fue casi imposible. Se estampó en el rabillo de su boca haciéndolo tambalear, evitó caerse pero no que su mandíbula casi quisiera salirse de su lugar y un hilo de sangre comenzó a salir por el labio.

Escuchó el grito de la muchacha y vio como un pequeño sobresalto fue acompañado ante lo inesperado del golpe.

Le había dolido, claro que si, pero mas dañado estaba su orgullo por permitir que él lo llegase a tocar. Se limpió la sangre con su mano. Cuánto odiaba terminar agarrándose a golpes con las personas mas indeseables del lugar y mas cuando su compañero de pelea no estaba ahí, no es que les tuviera miedo pero eran tres contra uno, aunque aun así podría quedar en buenas condiciones. ¡Diablos!, aun sabiendo que tiene las de ganar no debería meterse en ningún problema.

Los presentes estaban más que felices, les encantaba ver la sangre de los implicados sin levantar un solo dedo para detener todo el circo que se creaba por alguna estupidez.

– ¡Crabbe!, ¿tú también? Pensé que la última vez que hablé había quedado clara mi advertencia, parece que te la tengo que repetir. ¡NO SE TE OCURRA VOLVER A LEVANTAR TU MIERDA DE PUÑO CONTRA MI! -Gritó enojado, lo que menos deseaba era un nuevo reporte que llenara su, ya de por si, enorme carpeta– ¡Creí que tu ojo aun te lo recordaba! –Apuntó al gorila quien tenía rastro de coagulación, una herida que no terminaba de sanar en el ojo derecho.

– ¿Qué?, ¿Ahora te convertiste en el caballero andante a la salva de doncellas en peligro? Deberías escoger mejores prospectos, algunos que valga la pena salvar –Dijo con asco Malfoy y su sonrisa mordaz no se alejó– ¿Pero qué podemos esperar? En tu familia no conocen la belleza, tu hermana… uf y tu madre… de tu madre mejor me reservo la saliva.

Odiaba el lunes porque su enojo se prendía fácilmente como un fósforo.

Él había… él había... ¡Él había insultado a su madre, a su hermana, a su familia!, Eso era lo último que esperaba, era lo único que necesitaba para sacar toda la rabia contenida de la semana contra Malfoy, al parecer el dolor aun no había sido suficiente para enseñarle a mantener su boca cerrada, tal vez unos nuevos golpes si lo lograrían. Y como los pedía a gritos…, definitivamente no lo iba a hacer esperar.

Sin dejar pasar un segundo de mas, con una zancada, Ron llegó donde Malfoy y estampó todo su puño contra su cara desprotegida cayendo al suelo y llevándose a Ron con él al jalarlo del brazo, y ya en el suelo los golpes no tardaron.

Ron plantó todos los golpes que pudo mientras sostuvo a Malfoy. Escuchó un ¡Alto! de entre la muchedumbre tan lejano que se perdía en el aire; cuando en un descuido uno de los gorilas, no supo quien, lo jaló de la playera logrando ventaja para Malfoy quien consiguió aprisionarlo para embutir algunos cuantos golpes directo a la cara y el estómago. En una muestra de agilidad, Ron logró zafarse con un golpe titánico y quitándose a Malfoy de encima, en instantes logró ponerse de pie.

Odiaba los lunes porque siempre le tocaba recibir golpes, a parte de darlos.

– Tengo que llegar a mis clases, pero si los vuelvo a encontrar, si vuelvo a escuchar un solo comentario mordaz de su parte a con mi familia… ¡LES PARTO LA CARA DE NUEVO! ¡Y NO ME DETENDRÉ POR NADA! ¡Están advertidos! –Sentenció señalando a cada uno de los implicados quienes estaban en el suelo auxiliando a Malfoy con un ojo morado, la nariz tal vez rota y su boca sangrando.

Escuchó los ¡BUUU! De parte de los presentes porque la pelea había terminado sin ver el daño que buscaban.

– ¡YA LÁRGUENSE A SUS CLASES! –Su sonora voz resonó a lo largo y ancho del lugar haciéndolos callar por segundos e iniciaron la retirada lanzándole miradas reprensoras por haber terminado el espectáculo.

Le importó poco y se alejó limpiando rastros de la sangre que emanaba de su boca y nariz. Estaba furioso, no, estaba mas que furioso, aun quería saciar su instinto asesino que se cargaba en ese momento. Pero también se reprendía a si mismo por encontrarse en su cuarta pelea del mes con esos bravucones y aunque para él estaba justificada cada una de ellas, su tutora no lo veía así y siempre terminaba castigado.

– ¡Odio el lunes! –Gritó mientras caminaba hacia la clase para la cual ya estaba retrasado y con la profesora que seguramente terminaría castigándolo de por vida como consecuencia de sus actos– ¡Odio el lunes! –Repitió más fuertemente y alzó los brazos al cielo en señal de alabanza y enojo ante las circunstancias que se ponían en su camino.

Y odiaba por sobre todo no poder cambiar lo que ya sabía un lunes presagiaba.

OooOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

– Señor –El arrastre de su voz era de temor y en medio de una lucha entre hablar o no hablar.

– ¿Qué? –Preguntó fríamente y con cansancio mientas acariciaba la enorme serpiente que había estado en su vida desde hacía muchos años ya.

– Llevaron a Granger a Hogwarts –Susurró temeroso con el celular en la mano.

Su señor empezó a reír lúgubremente y de inmediato empezó a toser; sacó su huesuda mano desde debajo de su capa y la llevó a su boca tratando de controlar esa intensa tos que cada vez se presentaba mas frecuente e intensamente.

– Nos lo están poniendo realmente fácil –Dijo en cuanto pudo– No saben lo que les espera, no lo saben.

Se puso de pie y arrebató el celular. Su vasallo se agazapó a su propio cuerpo y se alejó tembloroso de su señor. Sonriendo tecleó un mensaje y lo envió. Caminó hacia el enorme ventanal de la mansión, descorrió las cortinas negras y vio las montañas que se alcanzaban a ver en el lejano horizonte.

– Es tiempo de marcharnos –Susurró, el plan tendría que empezar a ponerse en marcha pronto. Sonrió y se sintió triunfador, ahora sería mucho más fácil conseguir tenerla y encontrar así la cura, su cura.

Continuará...


para lanzar insultos, golpes, recordadas de... (uds saben) o para decirme que a pesar de rehacer todo esto me mandan un chocolatito o un beso, o ya de perdis un ron para mi solita xD siempre pueden hacerlo a través de un review, lo harán¿?

Cuidense, nos vemos.

XOXO
rosa . chocolate