Disclaimer… Los personajes pertenecen a JKR Para gran alegría suya, yo solo juego un poco con los personajes. :P

Hola de nuevo!

Disfruten!


Capítulo 3 – Llegar tarde trae consecuencias, pero no para todos. ¡El karma no existe!

Maldijo mentalmente todo el camino hacia los bebederos.

Estaría en graves problemas si McGonagall lo llegaba a ver todo ensangrentado, y si para su mala suerte veía primero a Snape…, bueno, en ese caso mejor se consideraba hombre muerto.

Él no quería que se fuera a los extremos ese problema pero ellos se lo habían buscado. A pesar de saber que se lo merecía, se recriminaba haberles seguido el juego. Conocía a Malfoy y sus canalladas, no debió rendirse al impulso de golpearlo, ya se lo habían advertido incansables veces y él mismo se había repetido que dejaría de meterse en problemas pero la situación muchas veces no se puede controlar. De nada valía reñirse más, lo hecho hecho estaba y tendría que sufrir las consecuencias de sus actos.

Malfoy no se iba a quedar callado, irían con su tutor, Snape, que odiaba a todos los Gryffindor, y para acabarla, él era uno de los que encabezaba la lista de odiados, así que no tardarían en ir por él para llevarlo a la dirección y de nuevo llamar a sus padres, que ya vivían ahí tanto como él.

No podía verse la cara pero imaginaba que su boca estaba hinchada y con alguna cortada, su ojo derecho debía estar empezando a cambiar de color, la larga experiencia en peleas le hacía reconocer como reaccionaría su cuerpo ante los golpes. Terminó de lavarse la cara y buscó en su mochila algo con lo cual secarse, sin éxito. ¡Mierda! Su uniforme sería manchado con las marcas de sangre que aún sentía sobre su cara y se mezclaban con el agua que corría por ella. Se desfajó la playera para limpiarse con ella.

– Creo que esto servirá mejor –Escuchó la voz de la castaña de antes llegando sigilosamente junto a él, ofreciéndole un pañuelo rosa con unas iniciales.

Ron no estaba del todo seguro de tomarlo, no la conocía y su primera impresión de ella lo descontrolaba.

– Anda que la sangre aun está en tú cara y creo que deberías estar ya en clases.

No hacía falta recordárselo, lo sabía de antemano. Un poco a regañadientes tomó el pañuelo y lo pasó por su cara sin decir ni pío.

– No debiste meterte a la pelea.

– Solo trataba de ayudar –Aclaró Ron tocando su cara para averiguar cual era el mayor daño y tratar de simularlo. Hizo una mueca de dolor ante el toque.

– Que yo recuerde nadie pidió tú ayuda –Ron frunció el entrecejo, que niña de lo mas descortés, todavía que la ayudan no lo agradece.

Le regresó el pañuelo y tomó su mochila al hombro para caminar y alejarse de ella, no quería volver a discutir. Recorrió unos cuantos pasos antes de quejarse por un fuerte dolor en el costado izquierdo, los golpes de Malfoy justo estaban aflorando.

– Deberías ir a la enfermería –Sugirió la chica, ¿Qué no se había ido ya?

– No tengo tiempo, debo ir a clases –Contestó secamente, no quería estar cerca de ella y que le causara más problemas de los que tenía.

– Deberías de limpiarte bien la cara, mira que estas hecho un asco –Vio su cara con algo de repulsión, ¿Qué se creía ella? ¿Reina de belleza?

– No he pedido tú opinión, ni siquiera tú ayuda, deberías… –Sus palabras fueron acalladas por el sonido del timbre anunciando el inicio de las clases– ¡Mierda! Ya es muy tarde, si McGonagall me ve así me va a ir muy mal –Exclamó Ron para él, olvidando por instantes que estaba ella.

– Yo puedo ayudarte con eso –Afirmó señalando su ojo y después mordiéndose el labio inferior.

– ¿Enserio? –Preguntó emocionado, aunque algo desconfiado– ¿Por qué quieres ayudarme? –Volvió a retomar una postura dura.

– Bueno, si quieres que esa tal profesora tuya se entere de que te metiste en una pelea en la que NO deberías haber estado… –Hizo una pausa, lo sacaría de quicio muy pronto– Haya tú, yo solo di una sugerencia.

– ¿Sabes lo desquiciante que puedes llegar a ser? –No debería haber dicho eso de una chica, pero santo cielo, esa chica si que le podría provocar una migraña en segundos. Se masajeo el área de las sienes para evitar el dolor.

– ¿Eso fue un no? –Preguntó alzando la ceja y frunciendo la boca, su aspecto le provocaba algo de incomodes.

– ¿Tendré que darte algo a cambio? –Consideraba no darle ni las gracias siquiera; fue ella quien provocó que terminara así, no directamente, pero al fin y al cabo ella.

– ¿Te pedí algo? –Qué no conocía una respuesta que no contuviera una pregunta?

Ron puso los ojos en blanco unos segundos y un poco a regañadientes aceptó la oferta, pero solo porque quería el mínimo de problemas con McGonagall. La vio sacar una pequeña bolsita morada de su mochila, tenía dentro unos cuantos utensilios que solo había visto antes en propiedad de su madre y hermana, sabía teóricamente que servían para pintarse la cara, el por qué de sacar precisamente ellos en esa situación lo desconcertó.

– Wow, wow, wow –Se alejó unos cuantos pasos al entender la intención que tenía– ¿Me vas a poner esas… cosas, en la cara? –Preguntó señalando con algo de desprecio el maquillaje.

– No seas quejumbroso, ni que fuera para tanto, solo será un poco de polvo, ¿No has visto como estás? –Ron negó, y la chica, tras poner los ojos en blanco unos segundos, le alargó un espejo.

Sus sospechas eran ciertas, su cara estaba hecha un desastre. Su ojo derecho estaba alcanzando una tonalidad morada-negra, su labio afortunadamente no estaba tan hinchado aún, pero si mostraba rastros de sangre.

– ¿Tendrás suficiente maquillaje? –Preguntó dando un vistazo a su bolsita.

– Ni que te fuera a llenar de él –Un resoplido salió de su boca y rodó los ojos. ¿Siempre sería tan… respondona?

Ron afirmó resignado, se acercaron a una banca cercana e inicio el trabajo. Cerró los ojos para dejarse ayudar, sintió como delicadamente le ponía un liquido algo frío en la mejilla, debajo del ojo y como éste era esparcido por todo el contorno, fue una sensación extraña sentir la mano de una mujer en su cara, porque definitivamente eran sus dedos los que estaban haciendo el trabajo, y no era que jamás hubiera tenido la delicada sensación de las manos de una mujer sobre su él, pero estas eran tan suaves y finas que ni siquiera sentía el dolor del moretón, al contrario, era una muy agradable sensación, pero aun así tan extraña y nueva.

Antes de saber a ciencia cierta como reaccionar ante esa sensación, el contacto cesó. Abrió los ojos y notó que iba a cambiar de instrumento para seguir con la tarea; ella no notó que había abierto los ojos y la vio algo sonrojada, de nuevo mordiendo su labio inferior, ¿estaría nerviosa? No, obviamente no, es que la mañana estaba algo bochornosa, simplemente eso.

Ron y sus ideas quedaron sepultadas entre el frío aire de Noviembre.

Volvió a cerrar los ojos sintiendo una esponja que volvía a hacer el recorrido por su ojo como antes los dedos de ella lo habían hecho. El trabajo no tardo más de un minuto.

– ¿Ya? –Preguntó, deseado terminar con ese "martirio" e irse a su clase.

– Listo –Afirmó levantando el espejo para que observara su trabajo.

El cambio fue excelente y su ojo parecía encontrarse en perfectas condiciones. Sí se notaba algo raro en su cara, pero nadie podría saber con total seguridad que era un golpe. Fijó su vista en el labio y frunció la boca, ahí aun quedarían a la vista los restos de la pelea por algunos días, estaba un poco hinchado y la sangre se empezaba a coagular sobre él.

– No soy bruja, ni hago milagros –Si que ella siempre estaba a la defensiva– Además no es que me meta en peleas y esté preparada para borrar heridas, mucho menos tengo como quitarte esa fea cortada del labio –Indicó volviendo a rebuscar en su bolsa, dándole el espejo a Ron para ocupar sus dos manos en la búsqueda– A menos que quieras un poco de labial –Mostró una sonrisa demasiado linda y perturbadora mientras sacaba de su pequeña bolsa una cosa en forma cilíndrica que a cada momento veía que las chicas lo usaban para sus labios.

– ¡Claro que no! -Exclamó poniéndose detrás del espejo para que no viera el sonrojo que había inundado sus mejillas.

Dejó que verla por casi un minuto completo. Solo observaba su imagen en el espejo y como poco a poco se tranquilizaba y sus mejillas volvían a su tono normal. Esperaba que no hubiera visto su reacción.

– No esta mal –Le regresó el espejo con una sonrisa– Para ser tú primera vez ―Agregó. Estaba complacido con el trabajo que había hecho, pero no lo aceptaría tan fácilmente. No se dejaría ver vulnerable.

– Creo que es hora de que me vaya –Anunció ella parándose y echando su mochila al hombro.

– Si, yo también –Secundó Ron tomando su mochila de igual manera.

Cada quien se alejó al lado contrario y en ese momento, Ron cayó en cuentas de que ni siquiera había preguntado su nombre, la casa en la que estaba, ni siquiera el curso al que pertenecía. No es como que quisiera volver a topársela, pero… pero… ¡Argh!, no necesitaba darse explicaciones.

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Se sentía como una tonta mientras corría en busca del aula de matemáticas; tal vez después de todo si fue un error tratar de agradecer de alguna forma al chico Weasley por su ayuda durante esa desagradable situación, pero, ¿terminar maquillándolo? Removió su cabeza varias veces a cada lado, tal vez era el sentimiento de culpa por provocar de manera involuntaria esa situación quien la motivó-obligó a hacerlo. No es como que aceptara toda la culpa, si él no se hubiese metido, jamás hubiera salido lastimado, ¿Por qué a los hombres les encanta pelear? ¿Qué satisfacción les da eso? Se sienten machos por tener cicatrices por todo el cuerpo ¿O qué?

No fue tan desagradable e incómodo como pensó que sería el maquillarlo, está bien, si fue raro maquillar a un chico y más raro a uno que no conocía, pero hubo un cosquilleo que recorrió sus dedos al hacer contacto con su piel, fue tan… tan…. No encontraba una palabra para describir esa sensación eléctrica que recorrió su cuerpo y la hizo sentir un leve rubor en las mejillas.

Jamás había sentido algo tan indescriptible, era tan sensacional que no le prestó mayor atención a todo el movimiento que hubo dentro de su estómago con un simple roce de su piel. Seguramente solo era que quería vomitar por la primer pelea estudiantil que presenciaba en… ¡toda su vida!

Terminó su labor aliviada, no había quedado excelente, aún se veía algo hinchado, pero mucho mejor que al principio. Al despedirse se percató de que no conocía su nombre, solo había escuchado que los sujeto lo habían llamado Weasley, debía de ser ese su apellido, no había duda. Aunque no regresaría corriendo a él para conocer su nombre. No, claro que no, ni que deseara volver a toparse con Mr. Pelea Weasley.

Tras informarse de donde quedaba su aula, se percató de que había caminado en dirección contraria y con un bufido de por medio empezó a correr, hacía algunos minutos que habían timbrado y ya debería estar en el salón. Haciendo esquivadas tácticas de algunos estudiantes llegó a donde parecía ser el aula.

Respiró profundamente antes de tocar la puerta tres veces; escuchó el permiso de entrar y abrió lentamente la puerta.

En el salón se encontró con al menos treinta alumnos entre chicos y chicas perfectamente acomodados en sus lugares. Entre las primeras dos filas estaba una persona alta y de complexión delgada, pelo negro totalmente recogido con un moño, y una mirada seria y penetrante. Algo le decía que con esa profesora había que tener sumo cuidado con lo que se hacía. La observó por encima de sus cuadradas gafas de armazón metálico.

– Buenos días, profesora –Saludó Hermione con una pequeña sonrisa.

– Buenos días –Saludó la profesora cordialmente con un movimiento de cabeza, aunque sonó algo confundida. –¿Qué se le ofrece? Los alumnos están en examen. –Agregó mientras continuaba en su labor de entregar unas hojas, los exámenes.

– Eh... –¿Nadie le habría dicho de su llegada?– Profesora, soy nueva en el colegio y si esta es la clase de matemáticas de séptimo curso, creo que es la primera clase de mi horario.

La profesora se detuvo en su labor durante unos segundos para observarla de nuevo, más detenidamente. Todos los alumnos también se le quedaron viendo curiosos.

– ¡Oh! Cierto, cierto. Señorita Granger ¿es así? –Preguntó dejando los exámenes en el escritorio y acercándose a la puerta.

– Así es. Disculpe la tardanza pero no encontraba el aula –Sonrió de medio lado y la maestra hizo un movimiento con la mano restándole importancia.

– No se preocupe, la comprendo. El colegio es inmenso –Sonrió levemente y se acercó a ella– Déjeme presentarme. Soy la profesora McGonagall, profesora de matemáticas, subdirectora de la escuela y jefa de la casa de Gryffindor, su casa. –Le dedicó una sonrisa muy sincera y hubo muchos cuchicheos entre los alumnos, pero no les prestó atención– Anoche no pude darle la bienvenida porque estaba arreglando algunos asuntos importantes. –Entrelazó sus manos y su mirada seria y penetrante había cambiado a tierna, protectora, incluso llegando a maternal. Eso parecía bastante raro–. ¿Quiere presentarse a la clase? –Preguntó, Hermione suspiró, en realidad no le apetecía hacerlo, pero debía hacerlo.

Caminó dentro del salón hasta quedar frente a la clase. Recorrió con la mirada a todos antes de hablar. La mitad parecía pertenecer a su casa y la otra mitad a otra casa con un emblema amarillo en el pecho. Todos parecían diferentes personas con sus muy únicas personalidades. Presentando la diversidad que cualquier clase tiene. Su mirada terminó al llegar a la esquina del salón donde unos penetrantes ojos azules la observaban entre asombrado y espantado.

Ella también se quedó con la boca abierta, sorprendida. No esperó volver a verlo tan pronto, no siquiera que estuviera en su misma clase, ni siquiera se había percatado que pertenecía a su misma casa. Al parecer él tampoco la esperaba.

– ¿Señorita Granger? –Llamó la profesora.

– Si, si. ­–Tomó aire– Me llamo Hermione Granger y vengo de un colegio de España. He recorrido casi todo el mundo por el trabajo de mi padre, está en el ejercito –Aclaró ante los cuchicheos de los demás. Esa era la historio que se tramó en torno a su vida para justificar el paso de tantas escuelas en tan poco tiempo– MI mamá es ama de casa. Me encanta leer y el estudio, me gusta el aire libre y la tranquilidad. –Se quedó callada y esperó a que la profesora le asignara un lugar.

– Muy bien, pues bienvenida. Tome asiento detrás del señor Weasley. El muchacho pelirrojo de la esquina –Explicó mientras lo señalaba. No hacía falta, lo conocía.

Caminó lentamente hacia su lugar, escuchó el movimiento de la profesora entregando nuevamente los exámenes. Hermione pasó de largo a Weasley, sin fijar su vista en él, pero es que no tenía porque. No es como si fueran amigos o algo así.

– Profesora... –Llamó Hermione, enseguida fue escuchada.

– ¿Si?

– ¿Presentaré el examen?

– Si lo desea. –Respondió la maestra. Hermione asintió, no debía de preocuparse, ella ya tenía conocimientos de matemáticas aplicadas y conocimientos universitarios.

– ¿Por qué ella si puede presentar el examen y yo no? –Escuchó de pronto un berrinche desde el asiento que tenía al frente– Ella también llegó tarde –Weasley estaba furioso.

– Ella tiene causas, señor Weasley –Respondió la profesora enojada. Su tono de voz no era para nada igual al que había tenido con ella.

– Pero profesora...

– Señor Weasley, usted ya estaba mas que advertido que no podía llegar tarde por ninguna circunstancia.

– Pero tuve varios problemas...

– Problemas que no se atreve a decirme. –Lo vio por encima de sus lentes de montura metálica y sus suplicas se acallaron. Apoyó el codo en el escritorio y sobre la palma de su mano apoyó su mentón para soltar un resoplido molesto, muy molesto. – No puedo romper mis propias reglas, señor Weasley.

En el tiempo en que tardó en terminar de dar los exámenes, Weasley ya no dijo nada mas, se quedó callado, furioso, impotente. Hermione tal vez debería decirle algo a la profesora para que lo dejara presentar el examen puesto que había llegado tarde por defenderla.

– Esto es tu culpa... –Susurró levemente para que ella lo escuchara.

Hermione ahogó un bufido en su garganta y se formó una sonrisa irónica en sus labios. Pateó el banco que tenía al frente.

– Yo no te dije que te entrometieras –Le respondió molesta.

– No, pero parecías pedirlo a gritos.

– Estás equivocado, yo no lo pedí.

– Se supone que hice algo bueno, debería de recibir una recompensa, no esto –Susurró para sí mismo, pero también para que ella lo escuchara, era obvio­– El karma no existe –Agregó murmurando mientras Hermione empezaba a anotar su nombre en la hoja.

– El karma no se refiere a lo que haces en esta vida, si no a lo que hiciste en una vida pasada –Susurró acercando su cabeza al banco de enfrente. Al parecer no tenía un gran cerebro ese chico, tal vez tantas peleas lo habían matado.

– Ya no te estoy hablando a ti, deja de fastidiar mi vida.

– ¡Óyeme! Yo no... –Se quedó callada cuando el rechinido de la puerta al abrirse llamó su atención.

– Oh, no... –Escuchó el lamento de Weasley, pero no prestó mucha atención.

En la entrada del salón estaba un… ¿profesor? con cabello negro grasiento hasta la altura de los hombros, nariz arqueada y piel centrina, pareciéndose a un fantasma, con una mirada muy negra y rencorosa.

– Minerva, perdona la interrupción –Denotaba que no lo sentía para nada, pero la cortesía formaba parte de las apariencias que guardaba– Necesitó llevarme a Potter y a Weasley en este mismo instante.

Por un segundo se quedó en sus pensamientos procesando si había escuchado bien, ¿Había dicho Potter? ¿Se referiría a…? no podía ser posible que él… Pero no existían muchos Potter ¿o si?

De momento no se ocuparía de ese apellido, mejor se centró en las siguientes líneas de la conversación.

– ¿Para qué? –Preguntó la profesora intrigada.

– Para expulsarlos… –El arrastre en su voz junto con el lento movimiento de su cabeza buscando esos dos rostros que reclamaba y el intenso negro de su mirada mostrando un impasible nerviosismo le hizo sentir un escalofrío que recorrió su cuerpo.

Una exclamación colectiva se hizo presente. Una confusión se apoderó de Hermione, ¿Expulsarlo?, debía de haber una explicación para lo que sea de qué lo acusaban, a menos que… a menos que Malfoy hubiera ido de soplón…

Continuará…


para lanzar insultos, golpes, recordadas de... (uds saben) o para decirme que a pesar de rehacer todo esto me mandan un chocolatito o un beso, o ya de perdis un ron para mi solita xD siempre pueden hacerlo a través de un review, lo harán¿?

Cuidense, nos vemos.

XOXO
rosa . chocolate