Disclaimer… Los personajes pertenecen a JKR Para gran alegría suya, yo solo juego un poco con los personajes. :P

Hola de nuevo!

Disfruten!


Capítulo 11 – Reclamando explicaciones.

El lunes llegó mas pronto de lo que se pudo percatar, se suponía que tenía que estar en la clase de la profesora McGonagall desde hacía más de una hora, pero no tenía el valor suficiente para ver a Hermione. Desde el incidente en la biblioteca no se habían dirigido la palabra, ella huía de él en cuanto se acercaba, seguramente lo consideraba un aprovechado, pero es que… ¡Rayos! No pudo reprimir los impulsos que tuvo ese día.

Permanecía frente al edificio de matemáticas, sentado en el suelo apoyado en una pared de concreto; tenía flexionada una pierna y apoyaba el codo sobre ella, la palma de su mano sostenía su cabeza antes de que decidiera explotar.

Estaba confundido, bastante confundido de hecho. Quería saber qué lo llevó a actuar de esa forma cuando la tuvo cerca en la biblioteca. Sus intentos eran en balde, su mente se negaba a darle una respuesta clara.

Y es que no había una razón, simplemente era una chica aguafiestas amante de la biblioteca. No tendría que pasarse el setenta por ciento de su día pensando en ella, no había motivo. Bueno, cierto, pasaba el día por completo con ella y antes de que eso sucediera, las cosas parecían estar bien entre ellos, incluso podían llegar a ser amigos, si, amigos, pero amigos no significaba tenerla en la cabeza aun incluso las horas que no la tenías cerca y sentirse extraño y desolado cuando no estaba junto a él. No, no debería de ser así, no debería de tenerla en cada pensamiento de su cerebro, en cada sensación de su cuerpo. No, no debería, mas sin embargo sucedía.

Aunque cabía una pequeña posibilidad de que sucediera porque le encantaba su sonrisa sincera y el brillo impactante de sus ojos cuando al fin encontraba el libro que había estado buscando por mas de una hora, o el movimiento de su cabello cuando el aire lo hacía removerse; o el exquisito olor que combinaba la fragancia floral y el aroma a antigüedad que se impregnaba a ella en la biblioteca y que no había podido eliminado de su recuerdo. Tal vez fuera la enigmática mueca y el entrecejo fruncido que mostraba mientras resolvía problemas matemáticos, o su mano moviéndose por encima de las cabezas de todos pidiendo ser escuchada para responder cualquier pregunta y contestando con tal exactitud que el profesor Snape, con todo y su desprecio, terminaba aceptando como perfecta.

No era intencional de Ron estar viéndola todo el día, solo que se volvía bastante difícil no notarla.

Cerró los ojos e hizo su cabeza hacia atrás topando con el concreto y dándose un fuerte golpe en su cerebro. Tal vez eso podría hacerlo pensar mejor.

Se equivocó, solo le generó un fuerte dolor.

El timbre que indicaba el final de la clase se escuchó, abrió los ojos y enseguida empezó a ver a los alumnos abandonar el aula. Los alumnos de Gryffindor, casi corriendo, fueron los primeros en abandonar la clase. ¡Claro! Después de dos horas de clase con la profesora McGonagall era lógico.

Los Ravenclaw los siguieron. Ron buscó con la mirada a Harry y Hermione, aunque no sabía qué haría cuando la viera. No había podido hablar con ella en ningún momento del fin de semana, siempre tenía un pretexto por el cual salir corriendo a cualquier parte lejos de él, aunque tampoco Ron hacía mucho por impedir que se fuera, no sabía qué decirle, ¿Cómo podría tratarla después de eso?

Y es que eso, ese pequeño momento, esos escasos segundos -que le parecieron horas- fueron los mas increíbles que había tenido en mucho, muchísimo tiempo.

Frotó su cara con sus manos para quitar un poco de lo cansado que se veían sus ojos y de las ojeras que lo delataban. Fue bastante difícil dormir mientras todos los pensamientos llegaban a su mente a cada segundo y creaban una nueva interrogante para su cerebro, aunque también una sonrisa en sus labios.

Vio salir a Hermione de inmediato, pero iba con una preocupación en su mirada perdida, en sus movimientos lentos y cansados, ella definitivamente tenía algo.

Vio a Harry salir después de ella y acercarse, le susurró unas palabras a su amiga y tras ver su asentimiento se fue. Ron se puso de pie y exhaló gran parte del aire que contenían sus pulmones, tenía que hablar con ella de una buena vez, si no terminaría solo las siguientes semanas.

Comenzó a caminar lentamente, atrasando mas el tiempo de su llegada, incluso empezó a contar cada paso que daba mientras los hacía mas pequeños.

Llegó a la puerta del aula, estaba a medio camino de su destino, pero alguien lo detuvo.

– ¿Veo que se recuperó muy pronto de su resfriado? –La áspera voz de la profesora McGonagall llegó a sus oídos. Se detuvo y volteó hacia ella. ¿Había dicho resfriado? Ron alzó una ceja antes de preguntar.

– ¿Cuál resfriado?

– El que tenía esta mañana, el que provocó que quedara en cama sin posibilidades de levantarse para asistir a mi clase y que lo tendría así todo el día –Era bastante obvio que no había creído nada de eso. Su tono de voz incrédulo era comprensible a varios cientos de kilómetros.

– ¡Ah! Ese resfriado –Aun así seguía el juego, alguien debió de crearlo para que no lo regañaran por su falta. Pasó una mano por su cabeza mientras veía a cualquier lado lejos de la mirada de su profesora y se balanceaba hacia delante y hacia atrás.

– Sabe, señor Weasley –Llamó su atención mientras se acomodaba sus gafas. Un sermón estaba en camino–, me agrada mucho esta nueva faceta suya de no meterse en problemas y dejar de desgastar mi mano a cada momento en que debo registrar un nuevo delito en su expediente. Así que por esos logros no lo regañaré por haber faltado a mi clase el día del examen final.

Ron se dio un golpe mentalmente. Con razón Harry estuvo hasta muy tarde en su escritorio con libros y cuadernos por todos lados. Ron lo notó, pero como su mente solo lograba concentrarse en una cosa a la vez, y este espacio ya era ocupado por una pequeña situación, un recuerdo, no se dio por enterado.

– Profesora yo… –No pudo terminar la frase, no sabía que decir.

– No quiero otra excusa, la que escuché de parte de la Señorita Granger me basta –Ron sonrió como idiota. Hermione, a pesar de que no se hablaban, lo había salvado para que presentara el examen en otra ocasión –Lo espero el miércoles para hacer el examen. No se va a salvar de él.

– No se preocupe. Aquí estaré puntualmente –Aseguró y tras el asentimiento de la profesora buscó de nuevo con la mirada a Hermione. No la encontró.

Resignado inició el camino hacia el aula de historia, serían dos largas horas aquellas.

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Hermione llevaba su mochila al hombro mientras caminaba con rumbo al aula de matemáticas. Harry la seguía de cerca bostezando cada dos segundos, llevaba su cuaderno de matemáticas abierto en sus manos dando una última repasada, intentando aprender algo imposible de lograr en tan solo unos minutos.

– Ya deja eso –Interrumpió Hermione su estudio– lo que no aprendiste en todas las clases no lo aprenderás en cinco minutos.

– ¿Cómo sabes? El alto grado de retención de mi memoria puede hacer maravillas –Contestó Harry dando la vuelta a la hoja de su cuaderno, aun le faltaba memorizar cuatro fórmulas… de seis.

– Como quieras –Concedió Hermione y continuaron su camino, en cualquier momento se escucharía el timbre.

Durante el camino se escuchaba el murmullo de la voz de Harry recitando cada una de las fórmulas necesarias para poder responder el examen. Hermione rodaba los ojos y negaba con la cabeza cada vez que escuchaba mas pronunciada la frustración de Harry.

Llegaron al salón de clases a tiempo, en la entrada había un niño menudo, con cabello negro revoltoso, estatura muy por debajo a la de ella y con el uniforme de Ravenclaw, parecía ser de tercer año. Lo observó detenidamente antes de pasar junto a él y seguir su camino.

– ¡Oye! –La voz del pequeño niño se hizo escuchar. Hermione volteó un segundo, pero se dio la vuelta enseguida. No debía de hablarle a ella, no había por qué. Continuó su camino– ¡Espera! –Gritó de nuevo, Hermione se detuvo.

– ¿A mi? –Le preguntó mientras veía a todos lados pero no encontró a nadie mas a su alrededor, incluso Harry, por estar enfrascado en su estudio, no se dio cuenta de que Hermione se había quedado atrás.

– Sí.

– ¿Qué pasó? –Preguntó cordialmente, aunque confundida.

– Me pidieron que te entregara esto –Sacó un hoja de papel doblada de su pantalón y se la extendió.

– ¿Quién? –Preguntó Hermione tomando la hoja, pero su pregunta se contestó por si sola. La cubierta de la hoja tenía un membrete con el símbolo de Slytherin.

No escuchó la respuesta del niño, ni se enteró cuándo se despidió, ni siquiera se dio cuenta cómo ella, con toda la fachada de un zombi, entró al salón para dirigirse a su lugar.

Mantenía la hoja en su mano viéndola detenidamente, aun no sacaba las fuerzas para abrirla. El incidente con Malfoy ya iba a cumplir casi cuatro semanas, pensó que ya había olvidado sus amenazas, al parecer no.

Todos estaban enfrascados en su estudio, así que nadie se dio cuenta de la terrible cara que tenía Hermione, ni de la preocupación que enmarcaban sus ojos, ni del tembloroso movimiento que realizaban sus manos tratando de desdoblar esa hoja.

Lo consiguió después de algunos intentos fallidos.

Una letra de molde se realzó en la hoja ante sus ojos.

¿Creíste que ya me había olvidado de nuestro asuntito? No, claro que no. Te veré el viernes en la sala de requerimientos a las 10 de la noche en punto y no se te ocurra faltar. No tienes oportunidad de hacerlo.

Hermione dobló la hoja y la puso sobre su banco cubriéndola con sus manos. Malfoy se convertía en un tormento en su vida, pero eso se iba a acabar, definitivamente se iba a acabar, en cuanto supiera qué era lo que quería.

La voz de la profesora McGonagall la sacó de su enajenación. El momento en que la profesora había llegado y en el que todos los alumnos habían tomado asiento sería un misterio para ella.

– Señorita Granger –Llamó la profesora.

– ¿Si? –Respondió de inmediato, aunque aun un poco perdida entre sus pensamientos.

– Le estoy preguntando que dónde está el señor Weasley.

– Ah… esto… –Volteó al asiento de atrás buscando a Harry pidiendo una explicación.

Harry solo se encogió de hombros y no dijo nada. Ya había dicho cuando bajó a la sala común que Ron estaba profundamente dormido y por mas que lo intentó no logró despertarlo con ningún medio. ¿Por qué tenía que hacer eso precisamente el día del examen?

– ¿Señorita Granger? –Llamó de nuevo la profesora al ver su mirada perdida. La vio por encima de sus lentes de montura negra a la espera de una respuesta.

– Lo que pasa es que… –Se mordió levemente el labio inferior. Podría salvar a Ron o decir la verdad y esperar que la profesora no se enfadara demasiado– Está resfriado, el clima ha estado muy cambiante y él lo resintió mucho, hoy por la mañana no pudo ni levantarse de la cama –Decidió mentir. Mostró una cara entre inocencia y arrepentimiento que la profesora terminó por creer la excusa.

No se dijo más y los exámenes comenzaron a entregarse. Hermione vio el pedazo de papel que permanecía sobre el banco, sacó el primer cuaderno que encontró en su mochila -matemáticas- y lo metió dentro. Tendría que pensar cómo solucionar de una vez y por completo el problema Malfoy.

--

Era la segunda hora, el examen había sido terminado y un nuevo tema se veía en el pizarrón. Los cerca de veinte problemas requerían una solución.

A pesar de que conocía perfectamente ese tema, su cuaderno ya empezaba a romperse por la gran cantidad de borrones que había hecho en la última hora. No lograba concentrarse ni un poco, cada vez que lo intentaba su mente se llenaba de imágenes de ese momento en la biblioteca que la estaba sacando de quicio.

Dejo el lápiz sobre el banco y con su mano rozó sus labios por un segundo. Aun recordaba con gran nitidez ese momento. Para su desgracia, o beneficio, su mente tenía una capacidad recordatoria tal, que la imagen se repetía una y otra vez en su mente haciéndola estremecerse.

La cara de Ron acercándose lentamente a ella mientras la respiración de ambos se incrementaba, las imperceptibles pecas que se alzaban sobre su nariz y bajo la línea de sus ojos se veían tan lindas que le cortaron la respiración. Algunos centímetros era lo único que los separaba, los ojos de Hermione se cerraron fuertemente al sentir unas manos por sobre su cintura y la verdad, no le molestaban. Sintió el cuerpo de Ron tan cerca que tembló, cuando abrió de nuevo los ojos su cercanía le dio la oportunidad de observar con exactitud las veintiocho pecas que enmarcaban sus ojos y coronaban su nariz. Se quedó inmersa en la profundidad de su mirada. El color azul, por alguna razón desconocida, siempre le encantó y el tono de los ojos de él era su exacto favorito, además de que en su mirada había un matiz, un brillo especial que le pareció único y encantador.

Ron hizo una pregunta y ella respondió, no recordaba exactamente qué, a su cerebro no le pareció demasiado importante guardarlo. Él sonrió y ella quiso desmallarse. Simplemente su sonrisa era perfecta. No era seductora ni falsa, era tímida, tierna y honesta, hermosa en general. Su corazón se aceleró y su dije empezó a vibrar. Se mordió el labio inferior con fuerza y cerró sus ojos. No podía estar pasando en ese preciso momento.

Ron gritópreocupado. Hermione se impactó tanto que dejó su sufrimiento y dos segundos después la cara de Ron se volvía más cercana de lo que ya estaba, si es que eso fuera posible. Sintió lo dedos de él sobre su labio, el contacto cálido de sus dedos era lento y suave, más de lo que una persona puede soportar sentir, inició un leve cosquilleo por todo su cuerpo, toda la piel se le erizó, estaba a punto de que su corazón se parase.

Los labios de Ron tocaron su labio inferior y se cumplió su predicción, su corazón se detuvo un segundo, la presión había sido demasiado. Pero era una deliciosa presión. Su cabeza su puso en blanco y todo su cuerpo dejó de trabajar, jamás había sentido algo tan simple y tan exquisito como ese contacto que robó el alma de su cuerpo. Las manos de Ron se posaron en su cintura más pronunciadamente y ella iba directo a poner sus brazos en el cuello de él. Sabía lo que seguía y, aunque no quisiera aceptarlo, lo estaba deseando. Pero la llegada de Harry provocó que toda la magia se derrumbase.

¿Por qué él le provoco aquello? Eso no debería de haber sucedido, no era posible que a ella le… bueno le… gustara. No, no podía ser posible.

¿O si?

Movió frenéticamente su cabeza de un lado a otro. No le daría más importancia a un asunto que no la tenía. Solo había sido una pequeñísimo e imperceptible roce de sus labios. Alguna vez leyó. "Un beso es solo un beso. La importancia que tenga ese beso se la da cada quien"

Y a ese pequeño contacto no le daría una importancia que no tenía. Se olvidaría de todo y volvería a hablarle a Ron como si nada de eso hubiera pasada. Sí, eso es en definitiva lo que iba a hacer, lo que tenía que hacer.

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Ron tomó varios atajos gracias a los cuales llegó de inmediato al lúgubre salón de historia que aun se encontraba vacio. Se dirigió al último banco de la última fila, lugar donde Hermione no se sentaría jamás. No, ella prefería sentarse en primera fila.

Cruzó sus brazos sobre el escritorio y apoyó su cabeza sobre ellos, se quedó con la vista perdida en el ventanal que mostraba el horizonte de la escuela. Cerró los ojos un segundo, tenía bastante sueño, la noche anterior difícilmente había podido dormir.

Ese segundo se convirtió en algunos minutos, hasta que una voz lo despertó.

– Ronald Weasley, ¿Qué haces quedándote dormido en clase? ¿No te bastó con faltar a la clase de McGonagall? –Reconoció de inmediato la voz fuerte y mandona de Hermione a un lado de él. Levantó la vista, tenía que comprobarlo.

No, no se equivocó.

Vio a Hermione dejar caer su mochila en el banco a un lado del lugar de Ron y comenzó a sacar varios cuadernos y algunos libros mientras se acomodaba algunos mechones de su cabello que se mostraban renuentes a quedarse atrás de su oreja.

– Estoy esperando tú respuesta –Dijo Hermione dejando un momento la atención que le prestaba a su mochila para voltear a donde se encontraba Ron y poner una mano en su cintura, señal de un regaño en camino.

– ¿Disculpa? –Fue lo único que pudo decir Ron, aun estaba tratando de asimilar que ella le estaba hablando, tal vez aun seguía dormido.

Hermione suspiró y cerró los ojos antes de poder contestar.

– Que no te duermas, ya con faltar a la clase de McGonagall tienes por hoy –Tomó un cuaderno de los que había sacado y lo puso sobre el banco de Ron, este pasó su vista del cuaderno a Hermione confundido, levantó una ceja al tiempo que hacía una mueca– Por si no lo recordaste hoy teníamos examen –Ron sonrió como disculpa ante su falta mientras Hermione entornaba los ojos como respuesta– Tienes que pasar los apuntes de la clase de hoy –Agregó.

– Pero Hermione…

– ¿Te pareció que te estaba preguntando? –Preguntó tomando asiento– El miércoles te dará la oportunidad de presentar el examen, así que debes de copiar lo que te haga falta para que puedas estudiar.

Ron apretó los labios resignado, aunque…

– Es clase de Historia, no creo que sea conveniente que haga tarea de…

– Ronald –Hermione lo interrumpió y entorno los ojos–, no quieras venirme con eso. Tú no pondrías atención a Historia aunque de eso dependiera tu vida, así que lo mejor será que hagas algo provechoso con tu tiempo.

– Dormir es algo provechoso, Hermione –Sabía que no tenía la razón, pero que rayos, quería seguir hablando con ella aunque se convirtiera en una discusión, llevaba casi cuatro días sin discutir con ella, tenía fuerzas que sacar.

– Si, es provechoso –Concedió Hermione y Ron se quedó pasmado–, pero durante las noches –Agregó con una mirada desafiante a que siguiera contradiciéndola, ante eso Ron resignado sacó su libreta y tomó un lápiz.

Abrió el cuaderno de Hermione en las últimas páginas que estaban escritas, eran cuatro hojas llenas de problemas fechados en ese día. Rendido, empezó a escribir el primer problema.

La comisura de sus labios se alargó un poco en un movimiento imperceptible. Estaba feliz, nuevamente hablaba con Hermione como si nada hubiera pasado y lo agradecía completamente. Aunque no lo admitiría abiertamente, extrañó muchísimo pelear con ella.

– Hermione… –Susurró Ron con la vista inmersa en los apuntes, pero si se dio cuenta el momento en que ella volteó para ver qué quería– Gracias por decir que estaba enfermo esta mañana y lograr que McGonagall accediera a aplicarme el examen el miércoles.

Ron vio de reojo la pequeña sonrisa que se instaló en los labios de Hermione. Definitivamente ya era justo que Ron agradeciera por algo.

– De nada –Respondió quedamente en el momento en que el profesor llegaba al aula y todos se sentaban a la espera de que iniciara la clase, una clase a la cual nadie pondría atención.

––

Al día siguiente por la noche sus estudios en la sala común se prolongaban monumentalmente. La razón: la falta de comprensión de Ron sobre los problemas de matemáticas para el examen del día siguiente.

Desde que las clases finalizaron y la tormenta de nieve los obligó a refugiarse en su sala común, Hermione no paraba de intentar que a la cabeza de Ron entrara algo de conocimiento. Ya casi las once de la noche y la sala común contaba solo con algunos alumnos retrasados en sus tareas. Hermione se hallaba sentada a un lado de Ron en el sillón frente a la chimenea para no morir de frio, con lápiz en mano y su cuaderno abierto de par en par tratando de que entrara a la cabeza de Ron los procedimientos que ocuparía al día siguiente para el examen.

– Ron, solo tienes que observar lo que te piden derivar –Hermione indicó con su dedo un problema del cuaderno– encontrar los mismos valores en el formulario que tenemos –Señaló una hoja que tenía a un lado del cuaderno– sustituirlo y ¡listo! No tiene mucho chiste –Repitió el simple proceso por décima vez en la última hora. Ella conocía esos temas de pies a cabeza, pero en la cabeza de Ron difícilmente entraba algo que tenía como nombre derivada, variable, constante y demás cosas que parecían simples palabras vacías.

– Hermione, esto es muy confuso, hay mas de quince fórmulas, una para cada caso…

– En el examen solo vienen problemas de las seis primeras fórmulas, anda Ron, yo se que tú puedes.

– Creo que mejor los anoto en un pedazo de papel y… –Intentó arrancar un pedazo de papel del cuaderno, pero la mano de Hermione se interpuso en su misión para llamar su atención. La vio a los ojos y todo pensamiento de hacer trampa quedó olvidado. Hermione frunció la boca monumentalmente y alzó una ceja desafiándolo a que lo hiciera y ya ella se encargaría de que se arrepintiera toda su vida– Está bien, los memorizaré punto por punto.

– Así está mejor –Hermione sonrió triunfante con una expresión de "que bueno que lo pensaste mejor, no te hubieran gustado las consecuencias". Volvió a empezar una nueva explicación con la tercera fórmula.

Ron se quedó embobado observándola, tal vez esa fuera una de razones por las que no aprendía, pero es que su vista era mas linda que la del cuaderno lleno de problemas.

Estaba feliz, volvieron a hablarse desde el lunes, bueno ella le volvió a hablar desde el lunes, el por qué era lo de menos, no preguntó, solo estuvo feliz, lo que había pasado en la biblioteca había quedado olvidado, a no ser durante las noches en la que su cerebro, por una razón inexplicable para él, la recreaba exactamente, aunque omitiendo la parte en la que Harry llegaba.

– …y listo, ya obtuviste tu resultado, ¿fácil, no? –Ron asintió enseguida, aunque solo había escuchado lejanamente toda la explicación.

Echó un vistazo a la sala común, los dos alumnos de tercer grado que acababa de ver hacía solo un cuarto de hora ya se habían ido; ningún alma estaba ahí y ellos deberían seguir el ejemplo, pero la terquedad de Hermione, de no irse hasta que entendiera absolutamente todos los problemas, los retenía.

De pronto, el rechinido de la puerta al abrirse indicó que un Gryffindor aun seguía en las afueras.

La figura de Harry se distinguió rápidamente al llegar a la luz. Tenía algo de nieve por sobre su capa y estaba algo mojado, fue directo a la chimenea para intentar calentarse un poco.

– ¡Harry! Estás todo empapado –Dijo Hermione de inmediato yendo donde él y quitándole la capa– ¿Cómo se te ocurre andar a estas horas en la calle y con la tormenta que está cayendo? –Lo regañó al tiempo que le daba una manta que estaba en el sillón.

– Es que… es que… –Titiritó algunas cuantas veces antes de poder decir una frase completa– Me dijeron que llegaría esto hoy y quise traértelo enseguida –Sacó un sobre amarillento de su pantalón y lo extendió hacia Hermione.

– ¿Qué es? –Preguntó ella confundida.

– Una carta de tus padres.

Hermione abrió desmesuradamente sus ojos al tiempo que su sonrisa se extendía ampliamente, tomó la carta entre sus manos y la vio embelesada antes de comprimirla contra su pecho.

– ¡Gracias, gracias, gracias! –Repitió muchas veces al tiempo que se lanzó al cuello de Harry para abrazarlo fuertemente y darle varios sonoros besos en las mejillas– ¡Gracias, gracias, muchísimas gracias!

Ron frunció la boca y se cruzó de brazos, volteó la cara y su insistente pie inició un replique continuo. Esas eran algunas de las acciones que veía entre Harry y Hermione y que necesitaban obtener una respuesta urgentemente, su cerebro cada vez tenía más ansias de explotar que nunca y ya estaba decidido, de esa noche no pasaba para enterarse de la relación que unía a esos dos.

– No fue nada, solo sabía que llegaría hoy y quise traértela enseguida.

– Aun así, gracias –Reconoció Hermione aun con sus brazos en el cuello de Harry, este asintió y se separaron.

Hermione mostró una sonrisa bastante radiante mientras subía las escaleras con rumbo a su cuarto, pareció que todo a su alrededor desapareció a no ser por la carta que llevaba entre sus manos.

Ron veía la enorme sonrisa de ella y el brillo que empezó a obtener a su alrededor, él también sonrió, pero su sonrisa se eliminó al escuchar hablar a Harry.

– Se ve hermosa cuando sonríe, ¿no te parece?

Ron bufó un segundo y se dirigió directamente a Harry. Dejó la pluma sobre el cuaderno con un sonoro estruendo que llamó la atención de Harry.

– Tenemos que hablar.

Harry asintió un tanto confundido, aunque enseguida se dio cuenta por donde caminaría esa conversación.

Se sentaron en su sillón favorito frente a la chimenea, un viejo sillón mullido lleno de recuerdos, lleno de pláticas donde la mayoría de las veces la palabra "plan" y "acabar con la serpiente" estaban dentro de su itinerario. Pero también ahí, para los dos, significaba indudablemente el recordatorio de una conversación que habían tenido hacía casi seis años atrás y que los convirtió en los mejores amigos.

Continuará…


para lanzar insultos, golpes, recordadas de... (uds saben) o para decirme que a pesar de rehacer todo esto me mandan un chocolatito o un beso, o ya de perdis un ron para mi solita xD siempre pueden hacerlo a través de un review, lo harán¿?

Cuidense, nos vemos.

XOXO
rosa . chocolate