Capítulo 5: Vengativa
Entre clases, entrenamientos de quidditch y sueños y más sueños, la semana pasó fugazmente, y antes de querer darme cuenta, ya nos habíamos plantado en el día del famoso castigo.
Pasé esa mañana inusualmente nerviosa, no podía dejar de pensar en la posibilidad de estar encerrada en un castigo con Scorpius. Podía ser horrible, o podía ser increíble e… irrepetible. Estaba completamente en mi mundo privado, lo que me acarreó más de un enfado de mis profesores, incluida la profesora McGonnagall, que ni siqueria podía creerse cómo por primera vez una de sus transformaciones no me salía a la primera.
-¡Señorita Weasley!- me dijo horrorizada. -¿Qué es lo que le ocurre si puede saberse? Siempre ha sido la mejor de la clase, y ¡Hoy no está donde tiene que estar!- me regañó severamente.
En realidad, yo no veía que fuera para tanto, pues al segundo intento lo conseguí. Sin embargo, sí que es cierto que tiempo atrás me habría horrorizado a mí misma si no lo hubiera conseguido a la primera. Pero ese día todo me daba igual.
Incluso mis amigas notaron mi visible cambio de actitud. Habitualmente animada y risueña, me paseaba por los pasillos como si fuera un objeto inanimado o una planta. Aunque cada vez que divisaba a Scorpius por los pasillos mi nervios volvían a hervir, y me convertía en la persona más acalorada del castillo. Gris y Val no dejaban de reírse de la situación, que a mí no me hacía ni pizca de gracia. Incluso mi prima Lily me miraba con ojos escrutadores últimamente. Era evidente que intentaba atar cabos, pero, tras una tarde en la que me acorraló en la sala común para que le desvelara todos mis secretos, había tenido demasiado cuidado para que jamás me encontrara sola en ningún sitio. Sus interrogatorios me ponían de los nervios.
Tras una especialmente sofocante clase de pociones, las clases del día habían finalizado, y el profesor Slughorn nos indicó a Scorpius y a mí que nos acercáramos hasta él.
- Señor Malfoy, Señorita Weasley… he decidido su castigo. Creo que será muy apropiado para ustedes, no me cabe duda de que aprenderán la lección- dijo mientras nos conducía a lo que parecía la sala de trofeos.
Y digo lo que parecía, porque todos los trofeos, sin excepción, estaban sucios y… ¡rotos! Había montones de trocitos de trofeo esparcidos por todo el suelo.
- Pero señor, ¿qué ha ocurrido aquí?- se atrevió a preguntar Scorpius.
- Peeves- se limitó a murmurar Slughorn.
Una sonrisita de suficiencia se extendió rápidamente por la cara de Scorpius, sonrisita que Slughorn se apresuró a borrar en cuanto la vio.
- Ah, no, señor Malfoy, no cante victoria tan pronto… Les prohíbo hacer magia para este cometido. Es la única forma de que aprendan la lección. El señor Filch, muy amablemente nos ha dejado distintos útiles muggles que les ayudarán en su tarea. Si a las 8 de la tarde de hoy no han terminado el trabajo, continuarán al día siguiente y así sucesivamente hasta que todo esté perfecto.
Suspiré… realmente me parecía excesivo el castigo impuesto por el profesor, pero decidí que lo más inteligente era no quejarse, decisión que, aunque con rabia, Scorpius pareció adoptar también.
- En unas horas pasaré a recogerlos. Que pasen buena tarde. Ah! Y… si utilizan la magia, lo sabré. He puesto encantamientos detectores en la sala.- Y tras decir esto se marchó, con su barriga precediéndole, y cerrando la puerta con la varita.
Todo se quedó en silencio. En un silencio más que incómodo. Ni siquiera me atrevía a mirar a los ojos a Scorpius, pues sabía que en cuanto lo hiciera, estaría perdida.
Sin embargo, finalmente no me quedó más remedio que hacerlo, pues sentía su penetrante mirada taladrándome la nuca. Levanté el rostro despacito, como con miedo, y nuestros ojos hicieron contacto.
Todo dio un vuelco de nuevo. Otra vez esa terrible sensación que me hacía sentir que mis pies no estaban en la tierra, y que toda yo estaba flotando. Como si mi mundo se viniera abajo, como si todo se hubiera puesto bocabajo con una fuerte sacudida. Fue como… un terremoto.
Pero por desgracia, su mirada, indescifrable con un punto de insatisfecha curiosidad en ella, cambió a los pocos segundos. Cambió, transformándose en una fingida mirada de desprecio, lo que hizo que todas aquellas hermosas sensaciones se rompieran de golpe, y el frío ambiente de la sala me golpeara en la cara como una helada bofetada.
- Maldita Weasley. Por tu culpa estamos aquí, y encerrados- terminó con una misteriosa sonrisa de medio lado.- Ya puedes empezar a limpiar y recoger, yo disfrutaré del espectáculo- ordenó entre risas.
Por fortuna, mi orgullo de leona salió al rescate.
- Lo tienes claro si piensas que todo esto lo voy a hacer sola, asquerosa serpiente- dije apuntándole con la varita al pecho. Nuestros rostros estaban tan cerca que podíamos sentir nuestras alteradas respiraciones.
- ¿Y qué vas a hacer leoncita? Te recuerdo que no podemos hacer magia- me provocó apartando con parsimonia mi varita de su pecho.
- No me hace falta una varita para darte tu merecido Malfoy- le dije cada vez más enfadada.
La reacción de Scorpius ante esas palabras si que no me la esperaba, pues comenzó a reír como un poseso.
-Eso ha sonado bastante sugerente gatita.
Yo me quedé de piedra. ¿Gatita? ¡¿Cómo que gatita? Por dios, ¡como siguiera así, me iba a dar un infarto! Y… ¿desde cuándo me llamaba gatita? ¿Cuándo le di permiso yo para que me llamará así? - pensaba cada vez más acalorada.
- Malfoy! Para ti soy Weasley, no leoncita, ni mucho menos gatita! Más vale que me tengas un respeto, y ahora… ¡si no quieres pegarte el resto de tardes de la semana encerrado aquí dentro, ya puedes empezar a recoger!- le grité furiosa.
Malfoy volvió a reírse, lo que me enfureció aún más. Decidí comenzar a recoger y limpiar, si él pensaba pegarse toda la semana encerrado conmigo, al menos yo no tenía ninguna intención! O…. ¿Sí la tenía?
Comencé a recoger los pedacitos esparcidos por la sala y depositándolos en una estantería, cuando un escalofrío me recorrió la espalda: Scorpius me estaba tocando el hombro para que me volviera ¡Merlín! Me di la vuelta lo más despacio que pude, intentando poner mi mejor cara de asesina desquiciada.
Y allí estaba él, mirándome con una sonrisa de oreja a oreja, sosteniendo una escoba y un recogedor muggles.
- Gatita, creo que terminarías antes si en vez de recogerlo todo con las manos, intentaras recogerlo con esto- me dijo muerto de risa.
Le quité la escoba y el recogedor con la mayor fuerza de la que fui capaz y me dirigí al centro de la sala para barrer los pedazos.
- ¿Sabes Weasley? Cuando te enfadas tienes un aspecto de gata en celo que me…
Esa frase ya fue demasiado para mí.
-¡CÁLLATE!- dije mientras me volvía furiosa hasta él. - ¡Si no quieres terminar el castigo castrado Malfoy, mejor será que no me dirijas la palabra en lo que queda de tarde, y te pongas a ayudarme!- solté a pocos centímetros de su cara con la mayor furia de la que fui capaz.
Iba a darme la vuelta de nuevo, cuando su mano tomó con delicadeza mi brazo, y nos quedamos de nuevo frente a frente. Otra vez… ¡merlín! No iba a salir viva de esa tarde…
Ambos nos quedamos paralizados durante unos minutos, no haciendo otra cosa que observarnos fijamente. Mi cara seguía siendo de rabia, y la suya era inescrutable. Parecía que sus ojos querían adentrarse dentro de mi cabeza, y los míos no podían dejar de mirar sus carnosos labios. Le pedí a Merlín que algo me sacara de esa situación, pues como siguiéramos así sabía que no me podría resistir. Un impulso salvaje recorría a oleadas mi cuerpo. Un impulso salvaje que jamás había experimentado: quería empujar a Malfoy contra la pared y empezar a besarlo. Deseaba hacerlo con desesperación, necesitaba mostrarle de ese modo las sensaciones que sus ojos y su cuerpo me producían. Ya ni siquiera me avergonzaba a mí misma por pensar de esa forma, hacía tiempo que necesitaba tener a ese hombre aunque antes me lo negara.
Scorpius se acercó aún más si era posible a mi rostro, y con delicadeza retiró un mechón rebelde de mi pelo para colocarlo detrás de la oreja, no sin antes inspirar el aroma de mi pelo. Cerró los ojos, y se mantuvo así durante unos eternos segundos, con expresión inescrutable. Yo estaba completamente paralizada. Tras inspirar y expirar profundamente un par de veces, aquellos ojos grises me miraban de nuevo. Tranquilos, pero a la vez provocadores.
Scorpius soltó una risotada. Gracias a Merlín, la risotada me hizo volver.
- ¿De qué demonios te ries Malfoy?
- De nada. Acabo de corroborar lo que yo pensaba Weasley- me contestó con tono suficiente.- Que te pongo nerviosa, como ya te dije en los vestuarios- me dijo de forma seductora.
Mi cerebro fue más rápido que mi cuerpo, y por fortuna, aunque algo aturdida, me aparté de él. Le eché una última mirada furibunda y me juré no volver a dejar que me distrajera de ese modo. Continué concentrada en la labor de recoger, limpiar y reparar los trofeos.
Sin embargo, no prestaba ninguna atención a lo que estaba haciendo, actuaba solo por inercia. En realidad, no podía dejar de pensar en él, y en el encuentro que acabábamos de tener. Mi mente volaba y flotaba por las nubes concentrada en qué habría pasado si le hubiera hecho caso a mi cuerpo, y no a la razón, si me hubiera atrevido a darle ese beso que tanto tiempo llevaba deseando. Sabía que él era más que prohibido. Era imposible, intocable, totalmente prohibido. Pero eso no me iba a impedir perderme en esas felices ensoñaciones que ya tenía tanto despierta como dormida. Las únicas ocasiones en las que salía de mi ensoñación eran aquellas en las que mis ojos se cruzaban con los suyos, y no podía evitar quedarme mirándolo. Muchos intentos hizo el rubio por llamar mi atención durante esa tarde. Primero me insultaba y despreciaba, después se acercaba a mí seductoramente, y trataba de ponerme nerviosa, luego intentaba molestarme en mi trabajo… Así pasamos la mayor parte de la tarde.
El fuerte ruido de una puerta se escuchó tras de mí, y me dí la vuelta rápidamente, algo asustada. Era el profesor Slughorn. Pero… ¿cómo? ¿ya?- me pregunté a mi misma. ¡Qué corto se me había hecho!
Slughorn echó un rápido vistazo al tiempo que lo eché yo también, y quedé maravillada. Tan concentrada que estaba en mi tarea y en intentar resistirme a sus provocaciones, no me había dado cuenta de que Scorpius había hecho un gran trabajo con la sala. La mayor parte estaba recogida y arreglada.
- Ya es la hora, señores. Veo que han realizado un buen trabajo- dijo con una sonrisa. - Está bien, su castigo por hoy ha finalizado. Espero que el trabajo duro les haya hecho aprender una valiosa lección. Sin embargo, mañana por la tarde regresarán a terminar lo que no han conseguido finalizar en la tarde de hoy. Ya pueden marcharse.
El profesor salió primero, indicando que podíamos marchar, y se quedó fuera esperando. Me encaminé a la puerta. Había decidido no volver a mirarlo, al menos no por hoy. Durante esa tarde había llegado a la conclusión de que sus provocaciones tenían el único fin de molestarme y ridiculizarme, y bajo ningún concepto pensaba darle semejante satisfacción. O al menos, no tan fácilmente. Y además, ya estaba harta de parecer una desquiciada cada vez que me perdía en sus ojos.
Sin embargo, él no estaba dispuesto a dejarme marchar sin sufrir un poquito más, así que acercó sus dulces labios a mi oído, y con su aterciopelada voz se despidió de mí.
- ¿Sabes Weasley? He llegado a la conclusión de que te mueres por mí. Mañana nos vemos-
Y se marchó con la sonrisa más prepotente y a la vez irresistible yo que jamás había visto nunca.
Me quedé de hielo. Salí como pude de la sala, con la cabeza dándome vueltas.
- ¡Rosieeeeeeeeeeee!- una pelirroja me zarandeaba y se colgaba de mí como una histérica, pidiéndome a gritos detalles de mi castigo con el rubio. Estábamos sentadas en la sala común, y por fortuna, solas, pues aún era hora de la cena. Ella, de rodillas, rogándome detalles, y yo, pálida, nerviosa y con la mirada perdida… yo no estaba allí. Estaba lejos, muy lejos de allí. En una de mis ensoñaciones, observando sus ojos.
- Rose, por Merlín, ¡despierta de una maldita vez! No se qué es lo que te da ese tío que te está volviendo loca- se reía mi prima.- Aunque en verdad… no me extraña, es tan…
- Bffff….- logré contestar solamente.
- Vale, Rosie, no me lo puedes negar, ¡confiesa ahora mismo, bellaca!- soltó pinchándome con la varita como si se tratara de una espada.
Me di por vencida, suponía que no me quedaba otro remedio mas que contárselo, o haría de mi vida un infierno constante. Al fin y al cabo, quizás me aliviara contárselo a alguien.
- Está bien Lily… te lo cuento, pero sólo ¡porque eres una pesada!- le dije risueña. - No sé que narices me pasa con Malfoy, pero es que me esta volviendo completamente loca…- le dije como un tomate.
- ¡No hace falta que lo jures!- me dijo divertida.- Te pasas el día soñando, parece que tu cabeza esté vacía por completo. Bueno, y ¿él qué? ¡Por Morgana, cuéntame de inmediato cómo ha estado él contigo hoy!
- Bueno, esta no es la primera vez que estamos a solas…- le dije con una sonrisa traviesa.
- ¡Cuéntamelo todo, de inmediato!
Puse los ojos en blanco.
Tras un rato contándole mi encuentro en los vestuarios, y todo sobre estas semanas y el castigo de hoy, la cara de mi prima no podía darme más miedo.
- Rosie… es evidente lo que tienes que hacer. Hazlo sufrir. Que sea el quien se muera por tí… sedúcele. Te aseguro que caerá en tus brazos antes de que te des cuenta. Es más que evidente que te tiene muchas ganas- me dijo satisfecha.
Pensé en cómo serían las cosas si fuera yo quien lo hiciera sufrir a él, en vez de él a mí. Me imaginé a mí misma siendo seductora con él, provocándolo constantemente, utilizando el sarcasmo… soñé que de pronto las tornas cambiaban, y ahora era él quien se moría por plantarme un beso. La leona de mi interior rugió. Decidí cambiar con él, ¡iba a hacerlo! Me vengaría de él, volviéndome seductora.
- ¡Lo haré Lily!
¡Merlín! Aquellos ojos grises me estaban volviendo… vengativa
¡MERLÍN cómo me gustaría ser Rose! jajajajaja Este chico cada día me vuelve más loca, y eso que es ficticio jajajaja
Capítulo larguito, eh? jajaja. Bueno, si os van las historias tieeeeernas y largas, y adoráis a la pareja James-Lily, os invito a conocer mi otra historia: Y el amor venció. Trata sobre la historia de amor de esta preciosa parejita, desde que Lily recibe la carta que le comunica que es una bruja, hasta el momento de la muerte de ambos, pasando claro por los celos de Snape, hablando de todos los merodeadores, etc etc...! :`( Está en proceso de escritura, no está terminada, pero ya tengo bastantes capis para ir subiéndolos poco a poco.
Bueno, espero que este capítulo de Lo que tú me haces ser os guste y que estéis preparados para el siguiente capítulo: un capítulo lleno de emocionantes curvas donde el segundo día de castigos hará estragos en la fuerza de voluntad del Slytherin más sexy que ha pisado Hogwarts! (con permiso de su padre, claro jajaja) Así que... ¡AGARRAOS FUERTE! xD
Disfrutadlo, OPINAD! jajaja ;)
BESOTEEEEES ^^
BeitaPotter 3
