Disclaimer… Los personajes pertenecen a JKR Para gran alegría suya, yo solo juego un poco con los personajes. :P
Hola de nuevo!
he aqui el seguimiento de la historia, lo que ustedes ya estaban ansiosos por saber, bueno tal vez no en este capitulo, pero por lo menos saben que este barco se vuelve a poner en marcha xD, puf! creo que el que sea la 1:40 está afectando mi buen juicio u_u
espero que les guste este primer capitulo desde harry, creo que se enteraran de alguna que otra cosita :D
Disfruten!
Capítulo 13 – Hacer lo correcto nunca es fácil.
Harry dormía plácidamente bajo tantos cobertores como le era posible. La noche realmente se había puesto helada. Se removía levemente cada cierto tiempo, algo intentaba sacarlo de su letargo, no quería salir, no podía ser su despertador, ese no sonaba como un repiqueteo insistente.
Se acomodó tratando de volver a dormir; antes de que regresara a sus sueños el insistente sonido interrumpió su descanso. Disgustado, abrió los ojos lentamente, una tenue luz iluminaba el cuarto. Se talló los ojos aun adormilado, tomó los anteojos que tenía a un lado de su cama y los colocó sobre su nariz, pudo ver con claridad la silueta que se hallaba en la silla de su escritorio.
Se enderezó sobre su cama y tomó su reloj de pulsera, se talló de nuevo los ojos para asegurarse de que estaba viendo bien, porque en definitiva era extraño e irreal lo que sus ojos veían, más siendo las cinco cuarenta de la mañana.
Ron estaba en el escritorio de Harry, con la lámpara prendida, metido hasta las narices en los cuadernos que mantenía frente a él y realizaba anotaciones rápidas y precisas.
– ¿Qué haces, Ron? –Preguntó Harry frotándose los ojos tratando de acoplarse a la luz.
– ¿Qué parece? –Dijo sin levantar la vista mientras escribiendo insistentemente en su cuaderno entre muecas y negaciones–. Estudio –Agregó tras ver la cara de desconcierto que había adquirido Harry. Aunque con esa contestación su cara se puso realmente pasmada. Seguramente aun seguía dormido y por alguna extraña razón a su sueño se coló la imagen irreal de su mejor amigo estudiando a tan escazas horas de la madrugada.
– ¿Aun estoy dormido, verdad? –Preguntó poniéndose de pie y acercándose al escritorio.
– No.
Harry llegó junto a Ron y observó claramente la hoja del cuaderno llena por completo de operaciones, rayones y borrones. Durante el último de los problemas que trataba de resolver, y que repentinamente dejó de contestar, empezó a pegar con la punta del lápiz sobre el escritorio. Así que eso era lo que lo había despertado…
– ¿Quién eres tú y dónde está Ron? –Interrogó completamente confundido, en definitiva esa no era la persona que él conocía de tantos años.
– No molestes, Harry –Dijo Ron levantando la vista del escritorio para ver a su amigo– Y perdón por ocupar tú escritorio, pero el mío en definitiva no lo podía ocupar. –Harry volteó a ese otro escritorio y coincidió en seguida con él. Algunos libros, pero sobre todo revistas y cuadernos, lo inundaban haciéndolo inutilizable.
– ¿Por qué estás estudiando a estas horas, Ron? –Preguntó Harry mientras su amigo agachaba la mirada para continuar con su pesadilla de matemáticas– Deberías estar dormido, ya lo que aprendiste lo aprendiste, lo que no, pues no.
Había muy poca luz, pero juraba que su amigo se había sonrojado.
– Porque ella trató de enseñarme toda la tarde para que salga bien en el examen –Harry sabía perfectamente que el hablar de ella se refería a Hermione. Sonrió sin tratar de disimularlo, estaba tentado a burlarse de su amigo, se contuvo. Le dio una palmada en la espalda y decidió volver a dormir.
Definitivamente Hermione estaba causando estragos enormes en su amigo, y no solo pensaba en el hecho que había logrado hacer lo inimaginable: ponerlo a estudiar; no, había algo más encerrado en todo eso, algo mas profundo y sincero que realmente le alegraba que pasara.
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El ruido del despertador lo hizo abrir los ojos. Esta vez si era su hora para despertar.
Le dio un fuerte golpe que lo hizo callar. Bostezo varias veces y se talló varias más los ojos antes de sentarse en su cama y ponerse los lentes sobre su nariz. Adormilado, volteó al escritorio, la misma imagen que había visto hacía casi hora y media seguía igual.
Ron continuaba en la misma posición, en el escritorio estudiando; una sonrisa se escapó del rostro de Harry. Si tuviera una cámara le tomaría una fotografía para enmarcar el momento, seguramente los gemelos apreciarían tenerla en su poder.
– Oye, ¿Desde qué hora estás despierto? –Preguntó Harry viendo las ojeras que estaban formándose bajo la línea de los ojos de Ron.
– Cinco –Respondió simplemente.
Harry se quedó en shock. Si que su amigo se estaba volviendo loco; pero su locura era producto de una persona en especial y tal vez, solo tal vez, produciría algo bueno, algo muy bueno.
No quiso decirle más. Tomó algo de ropa y salió rumbo al baño.
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Ron bostezó fuertemente mientras bajaban las escaleras; se cargaba una cara de cansancio enorme, Harry esperaba en verdad que hubiera puesto atención a las clases de Hermione y que las horas de estudio hubieran valido la pena.
– ¿Preparado para el examen? –Preguntó Harry.
Ron se limitó a encoger sus hombros restándole importancia, tratando de ocultar los nervios que podían traicionarlo, pero sus nervios eran notorios hasta en diez kilómetros a la redonda y la importancia que tenía el asunto aun mayor.
Llegaron a la sala común y el movimiento matutino, aunque bastante, era normal.
El murmullo ruidoso de los niños de primero año, aun escuchándose emocionados por estar dentro del colegio, irritaba a los de cursos mayores que lo único que esperaban eran las vacaciones para salir huyendo de ese encierro que les daba Hogwarts; aunque para algunos, como Harry, Hogwarts nunca sería algo mas que su casa.
– ¿Dónde está Hermione? –Escuchó la voz de Ron; volteó, pero no lo encontró por ningún lado. No, cómo lo iba a ver a su alrededor si Ron ya estaba muchos metros lejos, frente a las escaleras de los dormitorios de las chicas, desesperado.
Harry entornó los ojos y lo siguió hasta sentarse en el sillón más cercano a las escaleras.
– No debe de tardar...
– Ella nunca baja después que nosotros, ¡nunca! –Recalcó Ron interrumpiendo, agregó una mirada que fácilmente intimidaba y mucho. Logró que Harry se estremeciera.
Si, era verdad, en las semanas que llevaba Hermione en el colegio, cuando ellos bajaban ella ya estaba en la sala devorando algún libro. Seguramente tuvo algo que hacer, o ya había bajado pero regresó por algo que olvidó. Había muchas posibilidades para que no estuviera ahí, pero Ron no entendería ninguna, seguramente estaba demasiado ansioso por mostrarle lo que había aprendido en las últimas horas.
Harry se quedó sumergido en sus pensamientos viendo como las maderas eran consumidas por el fuego de la chimenea. Era un rojo fuego ardiente, brillante, que llenaba todo el cuerpo con un calor agradable y una sensación de alivio, una sensación de querer estar junto a él por mucho tiempo aunque el miedo a quemarse también estuviera inmiscuido; aun así, eso no era lo importante. El querer estar cerca y no poder tocarlo, más bien no deber tocarlo, era lo preocupante, lo que le desgarraba el alma. Esas últimas oraciones ya no se referían al fuego.
– La clase estará increíble. –Logró escuchar un dulce y encantador tono de voz por sobre el ruido de la sala común, que poco a poco se había ido vaciando en los últimos minutos–. No te preocupes, yo te cuidaré de los balonazos –No captó el receptor de sus palabras, él no le importa, le interesa la voz de ella, le interesa ella.
Se puso de pie para buscarla; era fácil. Buscarla entre toda una multitud siempre lo era, y no por su cabello deslumbrante y rojizo que le cubre casi toda la espalda. No, no era eso, era el aura que ella desprendía y que siempre lograba captar aunque estuviera muy lejos; era el sonido de su voz que parecía llegar a él aunque no prestara atención; y era el aroma dulzón florar de un perfume que llevaba desde siempre.
Y es que Ginny Weasley nunca se presentaba ante él como lo hacían todo, y no representa para él lo que todos. Ella era especial y parecía vivir en una frecuencia diferente, porque ella era diferente, pero una frecuencia que era la indicada para que él la escuchara, para que la tomara muy en cuenta, para que fuera muy importante para él.
No pudo evitar que una sonrisa de idiota se formara en su cara, una sonrisa que llevaba meses, tal vez años, en su cara, siempre al verla.
Llevaba el uniforme deportivo de la escuela, un short negro pequeño y una blusa ceñida al cuerpo de color blanco con el escudo de Gryffindor a la altura del corazón. Platicaba con algunos de sus amigos, que ciertamente no estaba seguro de conocer, pero es que conocer a las amistadas de Ginny era simplemente imposible, su carisma le hacía conseguir amigos tan rápido como él conseguía problemas.
En medio de la plática ella volteó hacia donde estaba él y se percató de su presencia, sus miradas se cruzaron. Harry no quitó su sonrisa de idiota y ella le regaló una sonrisa suave, sincera y un saludo efusivo con la mano, Harry solo levantó su mano derecha un segundo antes de bajarla de nuevo.
Ginny nunca se enojaba ante el poco saludo que le brindaba, pero es que lo conocía, sabía que eso es más de lo que le da a muchos que no sean Ron; aunque... si ella supiera algunas cosas...
La pelirroja pareció debatirse un segundo entre acercarse o no, la mano de una de sus amigas jalándola hacia la puerta la hizo decidir, pero es que había razones, el timbre de entrada no tardaba en sonar y a las clases de educación física no se debe de faltar a menos que se quiera dar algunas cuantas muchas vueltas extras al campo de fútbol.
Ginny, sonriendo, señaló el espacio de su muñeca donde debería haber un reloj, después formó círculos con sus dedos índices en algún tipo de señal que quería referirse a después, señaló uno de sus ojos para después poner una mano bajo su mentón y dirigir su mirada al cielo como pensativa, al segundo siguiente tronó los dedos a la altura de su cabeza y con una sonrisa indicó el numero dos con sus dedos para después señalar su boca; Harry asintió enseguida mientras ella salía apresurada.
Por alguna razón inexplicable, él era capaz de descifrar cualquier combinación de señas que Ginny le hiciera, quien sabe, pero pareció convertirse en algo natural desde esas vacaciones de tercer año en el que se hicieron mucho muy buenos amigos mientras ella estaba sin poder hablar en todas las vacaciones en la Madriguera por una infección en sus cuerdas bucales.
Lo que le acababa de decir se resumía a: "Se me hace tarde, después nos vemos. Mmm... ¡ya se! ¿A las dos para comer?" algo simple que cualquier hubiera requerido mínimo haber visto tres veces las señales.
– Ya van a timbrar y no la veo por ninguna parte –Escuchó la queja de Ron a su lado e inmediatamente trató de quitar la sonrisa de idiota. Ron no podía enterarse de nada.
– Tal vez ya se fue...
– No lo creo... –Bajó su mirada al suelo.
Harry no dijo nada, tal vez en parte porque tampoco lo creía.
– Tal vez se quedó dormida –Soltó de pronto Ron y Harry alzó una ceja incrédulo. Eso era todavía mas irreal que cualquier otra explicación, incluso que hubieran llegado extraterrestres para secuestrarla– Es posible.
Ron se quedó pensativo y Harry observó el reloj de pared que colgaba por sobre la chimenea. Era cinco para las ocho, la clase de McGonagall estaba por empezar y si querían llegar a tiempo debían de correr enseguida.
– Iré a buscarla. –Declaró Ron mientras caminaba rumbo a las escaleras.
– ¡¿QUÉ?! –Terció Harry haciendo una mueca y ciñendo las cejas–. ¡No puedes hacer eso! –Lo siguió a las escaleras– Además que deberíamos irnos ya, a menos que quieras llegar tarde a tu examen.
Ron se detuvo justo a orillas del primer escalón. Harry suspiró, lo había convencido.
– Vamos. –Repitió Harry, pero Ron decidió no hacer caso y levantó su pierna para dar el primer paso al primer escalón.
– Preferiría que no hiciera eso, señor Weasley –La fría y mandona voz de la profesora McGonagall resonó en la vacía sala común. Ron se alejo rápidamente de la escalera y Harry dio media vuelta para ver a la profesora caminar lentamente hacia ellos. Tendrían problemas–. Preferiría que las alarmas continuaran apagadas, no quiero tener un nuevo incidente como el del año pasado–. Hizo una mueca disgustada contrayendo sus labios, cerrando los ojos y tomando una fuerte inhalación de aire, todo mientras entrelazaba sus manos. Seguramente aun recordaba perfectamente el problema que se generó hacía unos meses con Seamus Finnigan.
En el colegio siempre se había hablado de la prohibición que tienen los chicos de subir al cuarto de las chicas; pero alguien quiso probar su suerte. Y realmente que su suerte estuvo muy negra esa noche; en cuanto puso un pie en el primer escalón una fuerte alarma resonó en todo el edificio sacando a todos de su sueño y de sus habitaciones también. La alarma llegó hasta el dormitorio de la profesora McGonagall y a oídos del director de igual manera para alertarlos de la intromisión que se estaba efectuando en el edificio Gryffindor.
La profesora McGonagall y el director llegaron de inmediato, creyendo que era una equivocación, se encontraron con que no. El profesor Dumbledore se limitó a decir que parte de ser joven es tomar riesgos por conseguir lo que se quiere, mas tratándose de una chica que se ama y después se fue. La profesora McGonagall, por otro lado, no fue tan comprensiva, estaba mas roja que nunca y su expresión es una que no se quiere ver nunca, y el castigo que le dio entró dentro de los tres primeros lugares de los peores castigos de McGonagall. Si, había una clasificación, y Harry no se enorgullecía en decir que todos ya los había cumplido.
Harry soltó una risita, recordar que alguien más ya había probado el dolor de un castigo de primer nivel era divertido. Escuchó una pequeña risa de Ron; de seguro también se estaba acordando de lo mismo.
– No es de broma, señores. –Dijo la profesora McGonagall un tanto indignada y mató toda sonrisa de los labios de los chicos.
– Por supuesto que no, profesora. –Respondió Harry seriamente.
– ¿Qué intentaba hacer, señor Weasley?
– Es que estamos esperando a Hermione, pero nada que baja, es muy raro –Dijo Ron haciendo una mueca de lado, después su mirada pareció entristecerse y sus facciones lo mostraron muy preocupado– tal vez está enferma... –Susurró mas para si que para los que tenía cerca.
Harry se quedó pasmado y su boca se abrió. No había pensado en eso, y era una posibilidad bastante viable. Tal vez en su estado estaba sufriendo una recaída, o peor, un ataque.
Inició una carrera hacia las escaleras, no importaba la alarma.
– ¡Señor Potter! –No hizo caso– ¡La señorita Granger no está en su dormitorio! –Gritó fuertemente deteniendo así la carrera de Harry.
– ¿A no? –Preguntó quedándose congelado.
– La señorita Granger estará ocupada todo el día arreglando asuntos personales. –Dijo rápidamente.
Ron lo observó pidiendo una explicación, no se la dio, se dirigió de inmediato a la profesora.
– ¿Qué asuntos personales?
– Los ignoro.
Ni Harry ni Ron exigieron saber, aunque lo deseaban sabían perfectamente que la profesora McGonagall no era partidaria de mentir.
– Pero tal vez esto les responda –Sacó dos pequeños pedazos de papel, se acomodó sus lentes y después de ver sobre el papel les extendió uno a cada quien.
Harry se acercó a la profesora para tomar el papel destinado a él, Ron hizo exactamente lo mismo.
Desdobló la pequeña hoja de cuaderno que había sido arrancada a la carrera y vio la perfecta letra de Hermione, respiró tranquilo.
Harry.
Imagino que si estas leyendo esto estabas un poco histérico. (Le pedí a la profesora que te diera esto sólo si parecías preocupado)
Espero haberme equivocado y que hayas recordado que Tonks está aquí.
Pero si tienes esta hoja en tus manos quiere decir que no lo recordaste.
Si, cabeza hueca, Tonks está aquí. Estaré con ella todo el día, así que nos veremos en la noche, tiene que tomar unas muestras.
Cuídate.
No se metan en problemas.
Harry rodó los ojos, él ya no se metía en problemas. Volteó a ver a Ron para decirle la advertencia de Hermione pero se contuvo. Su amigo tenía una sonrisa de idiota en la cara, una sonrisa que él conocía.
– Señores, ¿no creen que se les esta haciendo tarde para su clase? –Preguntó la profesora McGonagall unos segundos antes de que el timbre se escuchara–. Será mejor que se apresuren; hay un examen que debe de presentar, señor Weasley, y no creo que desee llegar tarde.
– No, profesora. –Respondió Ron y guardando la nota en su pantalón salió de la sala después de que la profesora McGonagall lo hiciera.
Harry los siguió, aun pensando en Hermione y en lo que Tonks le diría, en las nuevas noticias que traía o en las nuevas órdenes que se tenían que cumplir y en una nueva mudanza por realizar. Esperaba que no fuera eso lo que había llevado a Tonks a visitarla.
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– Estoy aburrido... –Se quejó Ron durante la clase de Historia; el profesor llevaba casi media hora hablando sobre la segunda guerra mundial.
Ron tenía la cabeza apoyada en el pupitre y sus brazos caían a los lados. Harry estaba en el lugar continuo escuchando a medias lo que el profesor decía sobre el ataque a Japón por parte de Estados Unidos.
– No te quejes tanto, ya es la última hora. –Respondió Harry, pero tenía que admitirlo, también estaba aburrido; a pesar de gustarle la historia, mas las batallas, el profesor Binns simplemente no servía para impartir esa materia.
– Estoy cansado –Bostezó fuertemente y sus ojos empezaron a cerrarse– Me estoy durmiendo y no está Hermione para evitarlo.
Harry se volteó tan bruscamente hacia Ron que le dolió el cuello.
– ¿Cómo Hermione va a evitar que te duermas?
– Ya sabes, ahora me estaría regañando para que no me quede dormido, me pondría a pelear con ella porque quiero dormir, después ella se molestaría porque le estoy distrayendo de la clase y yo le diría que no hay nada bueno en lo que se está perdiendo, me daría una cátedra de historia, pelearíamos mas y cuando menos me de cuenta el timbre ya estaría sonando.
Harry trató de disimular su sonrisa, pero al final desistió. Prefirió no decirle nada, solo mostró una sonrisa de medio lado mientras le lanzó una mirada de vergüenza por su comportamiento y otra de asombro, y es que realmente Ron estaba... raro.
Pasaron otras tres horas antes de que el timbre sonara. Bueno, tal vez solo fueron veinte minutos, pero en verdad que se sintieron como tres horas.
Salieron apresuradamente en medio de bostezos y ojos adormilados. Harry tomó rumbo al comedor, Ron tomó el lado contario.
– ¿A dónde vas? –Preguntó Harry.
– A la biblioteca –Respondió Ron como si fuera bastante obvio y lo mas normal.
– ¿A la biblioteca? –Repitió levantando una ceja. Ron no iba a la biblioteca solo porque si– ¿A qué vas?
– Costumbre –Dijo simplemente, levantó los hombros y aferró mas la correa de la mochila entre su mano.
Podía definirse como costumbre el hecho de que Hermione los arrastrara ahí cada que las clases terminaran, ya sea para ir a hacer una tarea de inmediato o por algunos libros para hacer la tarea después, o simplemente por estar en un lugar silencioso. Parecía ser que la costumbre solo se la creó Ron, porque Harry no deseaba ir a la biblioteca.
– Además, no se, es bastante silencioso y perfecto como para jugar ajedrez.
– ¿No iras a comer?
– Pasará a las cocinas por un refrigerio.
– La Sra. Pince no te permitirá entrar con comida.
– No pensaba pedirle permiso.
– ¿Por qué no me extraña? –Harry sonrió de medio lado y recordando una cita que tenía en escasos minutos y a la cual no quería llegar tarde, así como tampoco le apetecía que Ron estuviera presente, no hizo más preguntas–. Nos vemos mas tarde.
Dio media vuelta y continuó su trayecto al comedor. Tomó el camino de piedras que iba a dar directamente al comedor. Estaba atestado de alumnos comprando, alumnos comiendo y alumnos jugando. Harry rodó los ojos, nunca le había gustado los lugares con tanta gente, por eso normalmente comía en cualquier parte alejada de los comedores o a deshoras.
Vio su reloj, marcaban exactamente las 2:10; buscó con la mirada a Ginny pero no logró encontrarla. Tal vez aun no salía de su clase. Se sentó en la única mesa que encontró vacía en todo el lugar, dejó su mochila de lado y apoyó su mentón sobre la palma de su mano a esperar. Resopló, no le gustaban las miradas que todo el mundo le lanzaba. Era muy popular, bastante popular pero eso era solo cuando estaban en partidos de campeonato y ganaban todos los juegos, el resto del año -mas cuando a penas regresaba de su semana en Londres- todos querían acercársele y tratar de ser su amigo y conseguir las respuestas a todas las interrogantes que tenía el colegio acerca de él.
Sintió unas pequeñas manos enrollándose sobre su cara y cubriendo sus ojos. No la sintió llegar. El aroma florar inundó sus pulmones, sonrió. Tocó las pequeñas manos sobre sus ojos y escuchó una risita divertida.
– ¿Quién será? –Preguntó Harry jugando– ¿Quién será aquella que me tiene en sus manos? –Sus palabras siempre querían tener otro significado mas profundo.
– La bruja malvada que te descuartizará por haber tardado tanto. –La opresión en sus ojos se eliminó y Ginny se sentó frente a él. Dejó caer la mochila a un lado y le dio una mordida a una manzana que llevaba en su mano.
– Oh… yo no diría bruja. Yo diría la bella princesa que me perdonará por retrasarme diez minutos. –Contestó Harry con una sonrisa inclinándose hacia ella.
– Pues, mi príncipe, no fueron diez minutos; fue una hora completa –Harry alzó una ceja sin comprender nada– No tuve química.
– ¿Snape no fue a clases? –Preguntó de inmediato sin creerlo.
– Aparentemente salió del colegio por unos días, regresa la próxima semana –Ginny le dio una nueva mordida a su manzana. Harry no pudo evitar quedarse sin palabras. ¿Snape fuera del colegio? Eso nunca había pasado antes.
– Vaya… –Soltó incrédulo.
– Lo se. –Correspondió Ginny.
Se quedaron en silencio durante algunos minutos sintiendo las miradas de todos sobre ellos. No era de extrañarse, la amistad que Harry llevaba con Ginny siempre impresionaba a todos.
– ¿Cómo van los preparativos para la fiesta? –Preguntó Harry para eliminar el silencio envolvente.
– ¡Dios! Ni me lo recuerdes. Es todo un caos –Dejó caer su cabeza sobre la mesa y resopló– Luna me acaba de decir que hay un problema con los del banquete y Jason me viene con que el grupo que tocará solo quiere hacerlo hasta media noche. ¡Media noche! ¿Lo puedes creer? A esa hora muy apenas estará empezando el baile. ¡Dios! –Volvió a resoplar– No vuelvo a meterme en algo así.
Harry sonrió, Ginny normalmente se presionaba demasiado cuando quería que algo saliera bien, de un momento a otro podría explotar y empezaría a soltar instrucciones sobre lo que se tenía que hacer o decir para solucionar todo y sin que se diera cuenta todo estaría listo, arreglado y preparado para el gran día. Si, le gustaba mas trabajar bajo presión, porque así trabaja mejor. Quien sabe, tenía confundido los cables de su cerebro, tal vez por eso le gustaba tanto.
– Para acabarla, aun no tengo vestido –Se golpeó algunas veces la cabeza sobre la mesa y Harry rodó los ojos. Si, loca por completo– ¡Ni siquiera tengo pareja!
Harry se tensó. Quería gritarle en ese momento que él sería su pareja, que él quería ser su pareja. Se contuvo, su vergüenza y nerviosismo no le dejaba decir esas cuantas palabras. Además, decirlas sería confirmarle lo que ella sabía que él sentía por ella pero que no debía de sentir, que no debería de decir.
– ¿Por qué aun no tienes pareja? –Se atrevió a preguntar.
Ginny se sonrojó, seguramente no pensó decir lo último ni que Harry siguiera la conversación por ahí, pero ya lo había hecho. Se mordió el labio inferior antes de contestar.
– Porque no he aceptado ninguna propuesta.
Harry se tensó, de nuevo. ¿Cómo que no había aceptado ninguna propuesta? ¿Había tenido alguna? Maldijo por lo bajo. Quería matar a ese de inmediato.
– ¿Quién…? –Empezó Harry pero se contuvo, no tenía ningún derecho de preguntar. Ginny levantó la cabeza y lo vio de frente, fue muy fácil para ella adivinar qué quería.
– Unos cuantos de mi salón, Dean y Michael. –Respondió, Harry volteó la mirada. Michael llevaba tras ella desde principio del año. Y en verdad que Harry quiso jugarle algunas muchas bromas– Michael no me deja en paz –Soltó haciendo un mohín con su boca y arrugando su nariz– No hace otra cosa mas que acosarme; empieza a enfermarme –Harry sonrió un segundo y se inclinó hacía Ginny. Con que ella dijera una palabra y él se encargaría de que Michael no se acercara a ella más–. Creo que tendré que romperle el corazón en algún momento, o tal vez algún hueso. Tal vez con eso me deje en paz.
Harry se recargó en su silla. Le gustaría ver eso.
Ginny empezó a removerse incomoda.
– ¿Qué tienes?
– Las miradas…
Harry volteó hacia todos lados. A él también le molestaba que todos lo observaran, pero cuando tenía cerca de Ginny se olvidaba de eso; ella no.
– ¿Quieres ir a otro lado?
– Si, por favor –Suspiró aliviada y se puso de pie.
– ¿Quieres comprar algo antes?
Ginny rodó los ojos negando; abrió su mochila y mostró una buena cantidad de comida para ellos dos y aun así sobraría mucha.
– Estaba preparada.
Harry sonrió complacido. Siempre preparada para huir de las miradas, para huir a un lugar tranquilo, su lugar tranquilo. Se puso de pie y cogió su mochila.
Caminaron libremente y entre pláticas hasta llegar a los campos traseros del colegio. Los frondosos robles que normalmente se vislumbraban en línea dándole una hermosa vista al lugar, en ese momento se hallaban por completo con manchas de café rojizas en sus ojos y la mayoría de ellas regadas por todo el lugar. El otoño hacía sus estragos en ellos.
La mirada de Ginny se iluminó mientras caminaban lentamente hasta quedar bajo la sombra de los primeros árboles. Las hojas crujían bajo sus pies, mas cuando Ginny se sentó bajo uno de los árboles y recostó su espalda en el roble. Harry la siguió a su lado.
Ginny empezó a sacar varios paquetes de su mochila y los puso sobre las rojizas hojas de roble.
– Parece que improvisaremos un picnic, ¿no? –Preguntó Harry.
– Creo que eso parece. –Ginny sonrió y tomo un lonche de todo lo que había llevado (hamburguesas, lonches, frituras, refrescos, jugos, galletas).
Harry tomó una hamburguesa, antes de que pudiera abrirla Ginny se la quitó de las manos.
– Esta no es tuya –Explicó Ginny ante la mueca de Harry, le dio otro paquete– Es esta, sin cebolla, ni pepinillos y con doble ración de papas fritas. Como te gusta. –Sonrió, Harry correspondió. No pensó que lo conociera tan bien.
Comieron en silencio sintiendo el aire frio del clima de ese día que se llevaba las hojas con su paso o tiraba más desde los árboles. Harry observaba a Ginny muy detenidamente, pero es que le encantaba verla en cualquier situación y en cualquier momento. Ginny le gustaba… ¡No!, le encantaba. Pero no podía darse el lujo de inmiscuirla en su vida, una vida que muchas veces no tiene ni pies ni cabeza.
– ¿Cómo te fue en Londres? –Preguntó Ginny de pronto. Si, ella sabía lo de su pasado, pensó que con eso ella se alejaría de él. Se equivocó. Lo que consiguió fue su atención.
Harry bajó la mirada antes de continuar.
– Bien, siguen haciendo estudios, aun no encuentran nada concreto. –Le respondió con la verdad a pesar de saber que tan confidencial era esa información. Ni siquiera Ron la sabía, pero es que el le dijo una vez: Si es necesario que lo sepa, lo sabré. Pero nunca fue necesario, con Ginny… bueno, ella la encontró en un mal momento. Algunas veces, de regreso de Londres, llegaba debilitado y ella lo encontró en una de esas y tuvo que contarle.
Vio la comida, tal vez por eso se empeñaba en que comiera suficiente en cualquier momento que tenía oportunidad.
– Llevan años probando con tu sangre, tu médula, tus células, tu todo. ¡Solo falta que te saquen algo de tu cerebro! –Harry sonrió, Ginny solía exagerar las cosas para hacerlo sonreír, siempre funcionaba–. No, espera, tu cerebro es demasiado pequeño, creo que no serviría para hacerle pruebas.
Harry le lanzó una mirada de advertencia, ella le sacó la lengua desafiante. Él no hizo nada más.
– Ya hablando en enserio, ¿Crees que algún día lo encuentren? –Preguntó Ginny apoyando su cabeza en el hombro de Harry.
– No lo sé, la verdad es que no lo sé. –Apoyó su cabeza sobre la de Ginny–. Realmente me gustaría tener una respuesta.
Estuvieron así por varios minutos, perdidos entre ellos mismos y el clima que les daba ciertos estremecimientos a su cuerpo por el aire frío, hasta que Ginny levantó su cara y puso su mano sobre la mejilla de Harry para que la viera de frente.
– Yo tengo fe; tú deberías tenerla. Hermione y tú se merecen tener la felicidad que les fue arrebatada hace muchos años. Yo estoy segura que la tendrán.
Sonrió muy tenue y hermoso. Harry le correspondió y ella se sonrojo y bajo la mirada. Harry levantó su mentón y la volvió a ver a los ojos.
El color de sus ojos estaba entre un marrón que algunas veces adquiría tonalidades rojizas de lo mas extrañas, pero encantadoras. Hizo a un lado un mechón de su cabello que empezaba a estorbarle en la mejilla y la acarició lento y suave, Ginny se sonrojó más.
Ella era la personas mas encantadora que había conocido jamás, y había conocido a muchas chicas, muchas. Dentro y fuera de Hogwarts, dentro y fuera de Inglaterra. Y nadie había sido capaz de parecerse aunque fuera un poco a Ginny. Ella era divertida, risueña, explosiva, infantil, hermosa, carismática, enojona, decidida, segura, etc., etc., etc., era todo eso y mas.
Acarició su mejilla con su pulgar, ella era todo lo él quería, todo lo que él necesitaba.
Sin pensarlo un segundo más, unió sus labios con los de Ginny. Era como probar el exquisito sabor del paraíso, ella era el paraíso. Sus labios eran delicados y dulces, su propio sabor tenía un toque de caramelo de los dulces que había estado probado. Se movió un poco, probó su labio inferior mientras pasaba sus brazos por la cintura de Ginny. Sintió las manos de Ginny subir hasta posarse tras su cuello y jugar con el inicio de su cabello sobre la nuca. Harry sonrió con sus labios sobre los de ella; Ginny también sonrió.
Estaba mal hacerlo, muy mal, pero por un segundo no le importó.
La besó lentamente, con cariño, con delicadeza. La tomó más fuertemente por la cintura y la atrajo hacia si, quería sentirla por completo suya, aunque su mente le decía que era egoísta, que no debería de hacerlo.
Se sentía todavía más culpable porque no era la primera vez que era egoísta. Pero es que tenerla junto a él pero al mismo tiempo no tenerla, le partía el alma y siempre terminaba robándole un poco de felicidad para si mismo.
Ginny atrapó su labio inferior y un segundo después Harry sintió la lengua de Ginny entrar en su boca esta vez mas fuerte, mas intenso, con pasión. Harry sabía que debía detenerse, debía parar. No lo hizo de inmediato, volvió a hacer el beso lento hasta quedar en pequeños besos entre sus labios. Dejó de abrazarla y tomó las delicadas manos de Ginny para quitarlas de su cuello, ella se rehusó al principio, pero ya sabía que ese beso no duraría, jamás lo hacía.
Dejó de besarla con un último delicado beso sobre su frente.
– No es seguro que estés conmigo. –Le dijo con un nudo en la garganta– Sabes, que mi vida no es segura.
– ¡Pero Harry! –Objetó ella– No ha pasado nada en años.
– Porque no saben de mi –Replicó– Si se enteran… –No quería ni siquiera pensar en eso. Significaría su fin, y el de Hermione también.
– No podrían hacerlo.
– Pero si lo hacen y te involucro… –Se interrumpió él mismo, era difícil siquiera decirlo– no, no quiero pensar en eso. –Negó varias veces con la cabeza. Si Voldemort se enteraba de su existencia, si llegaba a saber que la clave para calmar su enfermedad no estaba en Hermione si no en él iría tras él enseguida. Y si eso ocurría de ninguna manera quería a Ginny en medio de todo.
Ginny no dijo nada más. Recostó su cabeza de nuevo en el hombro de Harry. Él agradeció que no se fuera, que no lo odiara, aunque debería. Siempre le hacía lo mismo y por eso no la dejaba tratar de encontrar alguna persona que realmente pudiera corresponderla.
Harry se sumió en pensamientos silenciosos. Y revivió lo que acababa de pasar, sonrió a cada momento. De pronto se dio cuenta de algo.
– ¿Hermione?
Ginny se sobresaltó y volteó a verlo.
– ¿Qué pasa?
Harry la vio directamente a los ojos.
– Tú dijiste: Hermione y tú se merecen tener la felicidad. –Dijo contrariado– ¿Hermione? ¿Por qué supones que ella…?
– Harry… –Sonrió y agachó la cabeza–, es muy obvió.
– ¿Cómo…?
– Tú nunca hablas con nadie a parte de con Ron o conmigo, y de pronto llega alguien de fuera y tu la tratas como si la conocieras toda la vida. ¿Qué crees que puedo pensar? –Ginny frunció el entrecejo. Era demasiado perceptiva.
– Pero Ron…
– Ron es un idiota, ni siquiera se da cuenta de que ella le gusta.
Harry sonrió. ¿Así que ella también se había dado cuenta?
– No te preocupes, ya arreglé eso. –Ginny levantó una ceja sin entender realmente– Ayer le dije que le gustaba Hermione y que tenía que decírselo cuanto antes.
Ginny sonrió y vio el brillo de esperanza en sus ojos. De inmediato supo qué era lo que estaba pasando por su siempre pensativa cabecita. Si Ron y Hermione podrían estar juntos, ellos… Ni siquiera quiso terminar la frase.
– No –Dijo tajantemente. El brillo de su mirada decayó.
– ¿Por qué ellos si y nosotros…?
– El que estaría en peligro es Ron, él es fuerte, podría soportarlo; además, ella necesita de alguien como él. –Acarició la mejilla de Ginny con el dorso de su mano– Yo jamás podría ponerte en peligro.
– ¡Pero Harry! –Replicó nuevamente. Harry puso un dedo sobre los dulces labios de Ginny y la calló.
– No –Concluyó y se puso de pie.
Extendió la mano para que Ginny se pusiera de pie. Ella agachó la cabeza y suspiró ruidosamente antes de aceptar su mano; sabía que su conversación había acabado.
Caminaron lentamente hacia la casa de Gryffindor, sin que se dieran cuenta el día ya casi acababa. No hablaron en todo el camino. Pero la mano de Ginny buscó insistentemente la de Harry, al final él no pudo negarse.
– Ron no se atreverá a pedirle a Hermione que vaya al baile con él –Soltó Ginny cuando quedaba poco para llegar.
Harry se sobresaltó de pronto por volver a escuchar la dulce voz de Ginny.
– Si –Contestó medio minuto después–, tienes razón.
– Creo que deberíamos intervenir.
– Deberíamos –Coincidió Harry abriendo la puerta de la casa.
– Lo haremos –Aseguró Ginny entrando a la sala común.
Harry entró tras de ella y de inmediato soltó su mano. La mirada penetrante de Ron desde el asiento frente a la chimenea lo obligó.
La mirada que recaía en ellos era de odio, frustración, enojo. Era hombre muerto. Ron debería de saber lo que había pasado y le estaba esperando para matarlo por hacer sufrir a su pequeña hermana.
Tragó saliva, estaba muerto.
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Ron llegó a la biblioteca después de tomar suministros de las cocinas. Llegó al cubículo que siempre ocupaba con Hermione y sacó el pequeño tablero de ajedrez que algunas veces llevaba con él. Ese día lo llevó porque quería enseñarle lo bueno que era él en ajedrez, tenía que demostrarle que había algo en lo que realmente era excelente.
No pudo cumplir con sus planes, pero aun así quiso ir a la biblioteca, siempre era buen momento para descansar y jugar algunos partidos de ajedrez en solitario. Estaba consiente que jamás antes había considerado la biblioteca como el lugar adecuado para hacerlo, pero siempre se pueden conseguir nuevos hábitos, ¿no?
Jugó seis partidos antes de cansarse y quedarse dormido sobre el escritorio. Pensó que podría estar en la biblioteca tranquilo, y aunque se sentí bien, la costumbre -como le había dicho a Harry- no era por ir a la biblioteca, era por ir con Hermione a la biblioteca.
Despertó cuando el sol empezaba a ocultarse en el horizonte. Bostezó ruidosamente y estiró sus brazos a sus anchas. Guardó las piezas de ajedrez, debería irse ya, tal vez Hermione ya estuviera en la sala común.
Sacó unos cuantos cuadernos para acomodar primero el tablero de ajedrez. Entre esos cuadernos sacó los de matemáticas. Se mordió el labio inferior y empezó a remover una y otra vez su cuaderno para encontrar esa pequeña nota que le había sido entregada por la mañana.
Pasó una y otra vez las hojas hasta que salió volando.
Su caligrafía era impecable, y aunque solo eran unas cuantas palabras decididamente eran concretas y lo que necesitaba leer.
Mucha suerte. Aunque creo que no la necesitas. Tú puedes hacerlo, sé que puedes. Demuéstramelo.
Sonrió, ¡claro que se lo demostraría! Había sido capaz de resolver todos los problemas, estaba seguro que conseguiría sacar un Excelente.
Giró de lado para guardar el cuaderno, pero terminó tirando el cuaderno de Hermione que estaba muy en la orilla de la mesa.
Lo levantó de inmediato, pero algo llamó su atención en el suelo. Había un pequeño papelito tirado, ¿se habría salido del cuaderno? Alzó una ceja y lo levantó.
Era una hoja de Slytherin, tenía el símbolo de la serpiente en la cubierta. Eso si que estaba raro, muy raro.
Reconoció la caligrafía de inmediato, ¿Cómo no hacerlo? Sus notas amenazadoras habían sido para él en muchas ocasiones.
¿Creíste que ya me había olvidado de nuestro asuntito? No, claro que no. Te veré el viernes en la sala de requerimientos a las 10 de la noche en punto y no se te ocurra faltar. No tienes oportunidad de hacerlo.
Se quedó sin respirar. ¿Qué significaba eso?
Un hueco hundió su pecho. Si la nota era de Malfoy para Hermione… si ese desgraciado había sido el culpable de la tristeza de Hermione y de la ocasional mirada perdida que tenía matices de miedo… Ron arrugó la hoja entre sus manos. No, no podía ser posible, ¿Por qué ella no le había dicho nada?
Ron sonrió maliciosamente mientras movía negativamente su cabeza, en ese mismo momento sabría qué estaba pasando.
Guardó lo más rápido que pudo todas sus cosas y corrió, literalmente corrió -a pesar de los gritos de la Sra. Pince-, hasta llegar a la sala común de su casa.
Obligó a una niña de tercer año ir a buscar a Hermione a su habitación de inmediato. La chiquilla no quiso, pero Ron era poseedor de una placa de prefecto, tuvo que hacerlo. A regañadientes fue. Cuando regresó dijo que no había nadie. Ron maldijo por lo bajo.
Empezó a caminar de un lado a otro de la sala común desesperado, al cabo de quince minutos había desesperado y estresado a todos los que estaban ahí, por lo que se habían estado yendo poco a poco. Al cabo de media hora terminó sobre el sofá del salón a esperar. Cada que la puerta se abría se ponía de pie a la espera de verla atravesar la obscuridad de la noche y reclamar una explicación.
No podía ser verdad lo que su mente creía, no, no era posible que Malfoy intentara algo en contra de ella, no algo tan elaborado, Malfoy no tenía tanto cerebro para eso. Esperaba estar en lo correcto.
En algún momento, ya ni siquiera sabía qué hora era, la puerta se abrió de nuevo y Ginny entró, tras ella Harry.
Ron resopló, de nuevo no era ella. Aunque tal vez él podría decirle algo.
Se quedó con la mirada penetrante sobre Harry, él empezó a encogerse, tratando de refugiarse; su mirada había adquirido miedo, miedo por su vida, pero también ¿aceptación?
Ron quitó esos pensamientos de él; no eran importantes.
– ¿Hermione? –Preguntó. Harry se enderezó y alzó una ceja.
– ¿Eh?
– Que si sabes dónde está Hermione –Repitió fuerte y claro.
– Eh… no, no lo sé –Respondió cuando salió de su letargo.
Ron suspiró y volvió a su lugar con la vista fija en las llamas de la chimenea. Hacía un rato que la había prendido.
Harry caminó lentamente hacia el dormitorio, y se fue de inmediato. Tal vez fue porque el aura de Ron no presagiaba nada bueno. Ginny también subió enseguida.
Media hora más tarde la puerta se abrió de nuevo.
Ron se puso de pie de inmediato con la nota en la mano, algo dentro de si le decía que era Hermione.
Sí, era ella. Entró sonriendo, su cara parecía resplandecer, estaba iluminada, feliz…
Ron agitó su cabeza, no debería de pensar en eso, no cuando seguramente se desataría una batalla y él quería respuestas.
Hermione no se había dado cuenta de su presencia hasta que Ron carraspeó. Captando su atención vio la confusión en la mirada de ella.
A Ron sólo le bastó una pregunta para que esa mirada de confusión cambiara a una de terror.
– ¿Me explicarás qué significa esto, Hermione? –Preguntó agitando la pequeña nota, ya arrugada, entre su mano.
Continuará…
wow... creo que realmente estos ultimos capitulos son laaaaaargos, ¿no les parece? asi esta bien o prefieren mas cortos¿?
para lanzar insultos, golpes, recordadas de... (uds saben) o para decirme que a pesar de rehacer todo esto me mandan un chocolatito o un beso, o ya de perdis un ron para mi solita xD siempre pueden hacerlo a través de un review, lo harán¿?
Cuidense, nos vemos.
XOXO
rosa . chocolate
PD: oigan... quiero pensar que el que no haya recibido mas que 2 comentarios por los 3 capitulos que subi la semana pasada fue porque fanfiction andaba con problemas y no porque me odian... espero saber de ustedes, realmente espero saber de ustedes...
