Capítulo 8: Agresiva

¡Rose! ¡Pero qué demonios! Qué te pasaaaaaaaaaa- decía Albus mientras me sacudía del brazo con vehemencia

Yo estaba en mi ensoñación, metida completamente en mi mundo, observando cómo el dueño de esos ojos grises brindaba en mi honor desde su mesa, y sin darme cuenta de que todo el Gran Comedor estaba pendiente de nosotros dos, sobre todo de mí, gracias al escandaloso espectáculo que estaba ofreciendo mi primo.

-¿Quieres parar de una vez Albus?- dijo Lily entre dientes mientras intentaba apartarlo de mí.

- Hay una mejor forma de que despierte, y sin duda, menos escandalosa- y tras esto, mi prima me dio un disimulado pellizco en el brazo.

El dolor del pellizco me hizo perder finalmente la conexión visual con Scorpius.

Auuuuuuu!- grité dolorida apartando mi brazo de golpe.

Me di cuenta de que mi prima Lily no dejaba de reír, la situación parecía hacerle mucha gracia. La miré con ceño

¿Pero qué diablos pasa contigo, Lilianne?- le dije sumamente enfadada.

¡No, el asunto es qué pasa contigo Rose!- intervino de nuevo Albus poniéndose en medio de las dos. -¿Qué haces?, qué hacéis, qué…. ¡Qué rollo te llevas con Malfoy!-preguntó haciendo exagerados aspavientos con los brazos.

Chstttt- cállate o todo el colegio pensará cosas que no son- lo corté de inmediato.

¿Qué no son? Ja! Pues no es eso lo que parece, y… perdona que te diga, pero todo el colegio se ha dado cuenta ya.- me dijo señalando al frente.

Observé la escena. Parecía que el tiempo se había parado en el gran comedor, y los alumnos de las diferentes casas no hacían mas que echar miradas furtivas en mi dirección, y en la de Scorpius, quien en ese momento no le prestaba atención a nada más que a una chica de su casa a quien acariciaba el brazo con una sonrisa.

Se me encogió el estómago, pero no por que todo el colegio me observara, sino por lo que Scorpius estaba haciendo.

-¡Maldito cerdo!-pensé con rabia.

Después de todo. ¿qué podía esperar de Malfoy más que esto? A Malfoy no le importaba ninguna chica, era un maldito picaflor, solo le importaba pasar por todas las que pudiera antes de terminar el colegio. Además no teníamos ningunas relación, ningunas especie de acuerdo ni de responsabilidad, ¡no había nada, nada entre nosotros! ¿qué me pasaba? No pude evitar mirarlo con furia cuando éste levantó la vista.

Volvía a no ser consciente de dónde me hallaba, ni de la situación en la que estábamos: de nuevo estábamos solos el y yo, y se me olvidaba todo lo demás.

La mirada de Scor era burlona, en cuanto se dio cuenta de que lo miraba con furia su cara se tornó de cruel satisfacción y siguió prestándole atención a esa asquerosa Slytherin.

Estaba claro que aunque el castigo había terminado, Scorpius Malfoy seguía jugando a su propio juego: el juego de arruinarme la existencia y deprimirme. Pero era un juego que no iba a ganar. Era un juego que ganaría YO.

Así pues hice acopio de toda mi fuerza de voluntad, y bajé la mirada hacia mi comida, adoptando un gesto orgulloso y sin volver a mirarlo ni una sola vez durante el resto de la cena. No iba a dejar que esto me sucediera, iba a vengarme: le daría una paliza en el partido de Quidditch.

Terminé de cenar lo más rápido posible, y aproveché un momento en el que Lily y Albus no me miraban para escaquearme hacia la sala común sin avisar. Sin embargo, antes de salir, me encontré con las furibundas miradas de mis primos Fred y James, que me observaban con cara de total desaprobación. Decidí pasar de ellos, y aprobechar que casi todo el comedor se estaba levantando ya para volver a sus respectivas salas, para mezclarme entre la multitud y perderme. Subí rápido las escaleras, corriendo a todo lo que mis piernas daban: pensaba irme directita a la cama, no iba a darles a mis primos la oportunidad de que me echaran la charla.

Aquella noche apenas pude dormir. Las cabezas de mis primos flotaban en mis pensamientos, hablándome, regañándome, insultando a Scorpius… pero lo que me quitó el sueño completamente fue el imaginarme la cabeza de mi padre rugiendo de rabia. Aún recordaba sus palabras en el Andén 9 y ¾, mi primer día en Hogwarts.

"Supérale en todos los exámenes Rosie… y no te hagas demasiado amiga de él… el abuelo nunca te perdonaría si te casaras con un sangre limpia"…

Yo sabía que en ese momento, en realidad, mi padre había suavizado bastante sus palabras, pues le había oído despotricar en casa las suficientes veces de los Malfoy como para saber que si se enterara de lo que yo sentía por Scorpius le daría un patatús.

Me revolví incómoda en la cama, y decidí imaginar las jugadas que haría durante el próximo partido para machacar a los Slytherins, y con ellos a Scorpius. Imaginé a Scorpius lloriqueando y quejándose por haber sido derrotado una vez más por mí. Me di la vuelta, y finalmente, con esos felices pensamientos, me dormí.

La mañana del partido amaneció fría y húmeda. El cielo estaba perlado de nubes algodonadas que se arremolinaban debido al fuerte viento que soplaba venido de las montañas… parecía que iba a caer una buena tormenta.

Me levanté temprano, muy temprano: quería hacer unas cuantas cosas para estar bien preparada en el partido.

Lo primero que hice fue darme una ducha fría, que me sentó de maravilla. Me despejó cuerpo y mente, algo completamente necesario en la situación de extremo nerviosismo en la que me hallaba. Con calma y lentitud me puse el uniforme de Quidditch, y me observé en el espejo de mi habitación: no me quedaba tan mal, después de todo. Tomé mi nueva escoba, y bajé a la sala común, que se encontraba desierta… quizá me había pasado al madrugar tanto. Pero tampoco podía continuar durmiendo, así que comprendí que había hecho lo mejor al levantarme. Me senté a esperar en uno de los sillones: no podía bajar todavía al comedor, pues no estaría abierto todavía. Por fortuna, enseguida comencé a oír ruidos en la escalera, y en pocos segundo pude observar el siempre revuelto pelo de mi primo James: parecía no haber dormido en toda la noche. Su arremolinado pelo, con las puntas señalando en todas las direcciones y aquella expresión de alerta constante, con los ojos abiertos como un búho me indicaban que había tenido serias dificultades para dormir por los nervios.

Buenos días James.

Su contestación se limitó a un seco e irritado gruñido

¿Cómo has dormido?- le pregunté divertida. Parecía que el meterme un poco con el aliviaba momentáneamente mis nervios.

¿Tú que crees? ¡Demonios, no he pegado ojo maldita sea!

Ya somos dos…

Sin siquiera contestar, James subió corriendo por las escaleras hacia su dormitorio, volviendo antes de que me diera tiempo a preguntarle dónde iba con una vieja y raída libretita: la libreta de las jugadas.

Se sentó a mi lado: yo sabía de sobra que lo único que le relajaba era repasar una y otra vez las estrategias.

¿Rose?

¿Ummm?

¿Recuerdas las estrategias?

A la perfección

Él hizo caso omiso de ello, porque se puso a repasarlas de nuevo, machacándome una y otra vez los detalles que consideraba más importantes.

Cuando terminó, ya casi todo el mundo se había levantado, e incluso algunos habían bajado al comedor ya.

Y sobre todo ten cuidado con Malfoy… es perro viejo, se las sabe todas- me dijo muy serio.

Está bien lo tendré- dije poniendo los ojos en blanco.

Mmmmm….- volvió a gruñir. -¿Dónde demonios se ha metido Lilianne? – dijo para sí, y se levantó para ver si la veía por la sala común.

Yo, previsoramente me encaminé a la salida, antes de que la sala se convirtiera en la locura que yo sabía que se iba a convertir cuando James descubriera que su despreocupada hermana seguía durmiendo, y aún no estaba lista.

Bajé a desayunar con nuevos nervios hirviendo en mi interior cuando comencé a notar el tenso ambiente que precedía a un partido como aquel… Los Gryffindor-Slytherin, las casas con más rivalidad desde tiempos ancestrales, siempre había sido motivo de enorme tensión, incluso los alumnos menos aficionados al Quidditch estaban deseando presenciar el enfrentamiento. Y el hecho de que en el equipo rival estuviera ÉL… no me ayudaba mucho, la verdad… Sólo esperaba no caerme de la escoba al verlo…

Varios estudiantes me desearon suerte mientras desayunaba, y también cuando bajaba a los vestuarios. Pero yo no les reconocí, ni siquiera sabía si se trataban de amigos, si eran de mi propia casa, o de cualquier otra… podrían incluso estar insultándome y yo ni siquiera me enteraba… sólo miraba hacia el suelo, los nervios me estaban matando. Prefería hacer todo el camino hacia el campo sola, no quería distracciones en aquel momento.

Cuando llegué a los vestuarios, James y Fred eran los únicos que se encontraban en él. James daba vueltas alrededor de la sala con las manos detrás de la espalda. Su cara parecía desquiciada, y parecía un león enjaulado: actitud que solía mantener siempre en la previa de todo partido, aún más si se trataba de un Gryffindor- Slytherin. El primo Fred intentaba gastarle bromas sin éxito, ya que el habitualmente bromista James, se había convertido en "el mounstruo de antes de los partidos"

Freddie se puso a mi lado

¿no sabes dónde está Lily? Porque a este paso a James le va a dar un ataque- me preguntó entre dientes.

Me limité a negar con la cabeza y poner cara de circunstancias.

Voy a buscarlos a todos, ¡qué irresponsabilidad, qué se piensan, así cómo quieren ganar!-gruñía mientras salía del vestuario.

No pasó demasiado tiempo cuando James trajo a una enfadada Lily de la oreja, seguidos por el resto del equipo. Ni siquiera presté atención cuando nos ladró las últimas instrucciones.

Antes de que me diera cuenta, me encontraba en mi escoba, esperando oír el silbato del comienzo del partido. Me obligué a mí misma a mirar al suelo… intentaba evitar deliberadamente los ojos grises que sin duda me distraerían… al menos, hasta que no estuviera en el aire.

El silbato sonó, y nos elevamos en el aire con elegancia. Volvió a sonar, y la quaffle estaba en movimiento. Una sensación de alivio se extendió por todo mi cuerpo al sentir la suave y fresca brisa acariciar mi rostro. Esa brisa actuaba como una corriente eléctrica en mi cuerpo, dotando a cada una de mis extremidades de una fuerza y destreza únicas. Cuando estaba en la escoba, todo era diferente… parecía ser mucho más ágil en el aire que en tierra firme.

Ahora que mis nervios estaban calmados, intenté localizar con la mirada la pelota… la llevaba mi primo James, quien me lanzaba furibundas miradas mientras intentaba él solo acercarse a los postes de gol de Slytherin. Como un rayo, dirigí mi escoba hacia su lado derecho, librándome de uno de los cazadores de Slytherin que intentaban cubrirme con una elegante floritura en el aire. James me pasó la pelota, y pude marcar un tanto pegadito al aro, que por poco se va fuera. El guardián de Slytherin se la había tragado enterita. Mi primo me guiñó un ojo, y escuché cómo Lily desde lo alto celebraba el tanto.

No pude participar en la siguiente jugada, ya que una bludger lanzada con saña por uno de los golpeadores rivales estuvo apunto de reventarme el cráneo.

Cuidado Weasley- me dijo una voz burlona que reconocí al instante.

Lancé una mirada furiosa a Malfoy, que él correspondió con una risilla socarrona. Decidí en ese momento que intentaría evitar sus ojos al máximo. Bajo ningún concepto iba yo a dejar que me desconcentrara.

Fui parte activa del siguiente tanto de Gryffindor, ya que mi eficaz pase en el último momento a ras del guardián hizo que esta vez mi primo, marcara un tanto. Ya íbamos 30-0, cuando el partido empezó a ponerse peligroso. Unos gruesos gotarrones cayeron implacables de los densos y negruzcos nubarrones que teñían el cielo desde el amanecer…la visibilidad se redujo considerablemente, situación que aprovecharon los Slytherin sin pensárselo dos veces. La brutalidad se apoderó del encuentro. Los serpientes, desesperados por ver cómo Gryffindor los estaba machacando, comenzaron a marcar tantos, ayudados sin duda por la mala visibilidad de la densa lluvia, que hacía que la señora Hooch no viera la mayor parte de faltas que los verdes cometían. Situación que por supuesto, le venía de perlas a Scorpius, quien no cesaba de molestarme.

El colmo de los colmos llegó cuando el propio Malfoy bajó de propio hasta donde yo me encontraba para entorpecer mi trayectoria hacia los postes de gol.

Gruñí e intenté golpearlo, con lo que me desestabilicé de la escoba y estuve a punto de caerme por su culpa.

En cuanto pude volver a sujetarme, y pese a las protestas de mi primo James, subí directa hasta donde mi primo Freddy estaba, y, gracias a lo sorprendido que se quedó de verme así, logré robarle el bate sin ningún esfuerzo. En cuanto lo tuve, fui zumbando hasta la posición de Scorpius. Estaba cegada de rabia, lo único en lo que pensaba era en darle un buen porrazo en su cabezota rubia.

-¡Pommmm!- me reí al darme cuenta de que sonaba como si su cerebro estuviera vacío.

Por fortuna, la gran altura a la que se encontraba Scorpius me ayudó a que casi nadie se percatara de mi loca acción… antes de que se montara un gran escándalo (si dejamos de lado el hecho de que mi primo James gritara como un descosido a Freddie por haberse dejado arrebatar el bate por mí), pude devolver el bate a mi primo, quien me hizo un gesto con el pulgar en señal de aprobación por lo que había hecho yo con su bate.

Los ojos vengativos y furiosos de Scorpius no dejaban de fulminarme desde su posición, intimidantes, al acecho. Lo había humillado, y como él siempre decía: "nadie humilla a un Malfoy y vive para contarlo". Me reí de él, y logré marcar otro tanto, aunque esta vez no íbamos nada bien: 60- 90 para Slytherin

La brutalidad del partido se volvía cada vez más insostenible, y la señora Hooch ni siquiera daba a basto a pitar tantas faltas.

Yo intentaba marcar tantos tantos como me eran posible, pero la corpulencia de los Slytherins y sus sucios métodos me impedían jugar mi juego casi por completo. James rugía bajo la lluvia, su mirada indicaba que de un momento a otro se volvería loco e iría a golpear a intentar tirar de su escoba a todos los Slytherins que pudiera.

En ese momento, en el momento en el que los de mi equipo empezaron a responder a la violencia con más violencia, me desesperé profundamente… sólo rezaba por que mi prima lograra atrapar la snitch de una vez y así todo terminara: debíamos ganar, por nuestro orgullo, por nuestro honor.

Giré la cara hasta la posición de Lily para hacerle señas, y todo pasó muy rápido. Oí un fuerte rugido de rabia, acompañado por otros rugidos de expectación, vi la furiosa cara de Scorpius deformarse de horror, y… de repente…todo se volvió negro.

¡Hola mis queridos y amados lectores! :D

Siento la tardanza, la verdad es que últimamente no tengo nada de tiempo … y siento dejaros con la intriga de qué ha pasado! Jajaja no creo que tengáis que esperar mucho para averiguarlo! ;)

¡FELÍZ SEMANA SANTA! OS QUIERO!