Capítulo 15: Loco

- Recordando lo que ya sabemos y hay que tener siempre presente, una de las leyes básicas y elementales de la transformación moderna consiste, como todos sabéis en las cinco excepciones a las leyes elementales de Gaunt, según las cuales, hay ciertas materias a las cuales no afectan ciertos tipos de magia. ¿Quién podría decirme cuáles son esas materias, y qué magia no les afecta…?

Era el primer día de clases después de las vacaciones navideñas, pero ello no impidió que la profesora McGonnagall siguiera con su aburridísima perorata sobre las malditas transformaciones, y yo casi no era capaz de escucharla. Mis ojos, fijos durante la mayor parte de la clase en el cogote de cierta pelirroja, estaban quedándose poco a poco sin fuerza, sucumbiendo al sueño, sucumbiendo a los temibles sueños que últimamente me despojaban del descanso diario suficiente como para ser capaz de mantenerlos abiertos.

Ya solo escuchaba una especie de zumbido de fondo, oía a la profesora pero me resultaba imposible entenderla.

La mano de Rose se alzó sin vacilación en el aire, con tanto ímpetu, que estuvo a punto de derribar los libros del pupitre contiguo, en el que se sentaba su primo, ese Potter. La orgullosa profesora le dio por fin el turno de palabra a Rose. Eso hizo por supuesto, que me despertara y volviera a fijar toda mi atención en ella.

- Muchas gracias, profesora. -dijo Rose azorada. Fijó la vista al frente, sonrió y tomó aire. Se la veía realmente satisfecha de poder demostrar sus conocimientos -Como usted ha dicho, las cinco excepciones a la ley de Transfiguración Elemental de Gamp, son las siguientes:

En primer lugar, comida: es esta la excepción más conocida de todas. Los alimentos pueden cocinarse, modificarse y multiplicarse, siempre que tengamos un poco de los mismos. Pero jamás podremos hacer que aparezcan de la nada.

La segunda excepción es por supuesto, la concerniente al amor o a los estados anímicos de la persona. Muchas personas consideran que este planteamiento no es válido al existir los filtros de amor, pero en realidad sí lo es, ya que éstos no crean amor verdadero, si no falso encaprichamiento u obsesión. No se puede crear el amor donde no lo hay.

Tercera, y una de las más importantes es la excepción relacionada con la vida: Del mismo modo que es mágicamente imposible crear vida de la nada tampoco es posible revivir a los muertos por ningún medio.

En cuarto lugar encontramos el dinero: esta ley es la que más se parece a la primera que he citado, pero con una sutil diferencia: puedes modificar una moneda en tal caso, pero la misma nunca tendrá valor real, tampoco por supuesto se puede crear dinero de la nada, sin embargo, y a diferencia de la comida, aunque tengamos dinero, no podemos multiplicarlo.

La última de las leyes de Gamp es la concerniente a la información o la sabiduría, y es quizá una de las leyes más terminantes y restrictivas. No nos es posible aumentar ni modificar información o sabiduría, ni mucho menos por supuesto crearla de la nada, pues para obtenerla se ha de tener una fuente de donde sacarla.

Rose soltó todo aquello de golpe y casi sin respirar, impresionante hazaña que no habría pasado jamás desapercibida en cualquier otra clase. Pero claro que tratándose de Rose, y después de seis años con ella en clase, todos estábamos más que acostumbrados a sus impresionantes demostraciones de sabiduría e inteligencia… Yo solía decir con la intención de disimular que era una insufrible sabelotodo.

No obstante, no podía evitar maravillarme cada día más de su impresionante inteligencia.

- Excelente respuesta señorita Weasley, 10 puntos más para Gryffindor.

Y volví a quedarme embobado por culpa de mi pelirroja… Rose, orgullosa por haber ganado puntos para su casa puso esa típica sonrisa suya, esa sonrisa tan especial que me volvía completamente loco y me hacía olvidarme de quién era y dónde estaba, esa que me hacía poner cara de tonto y entrar en el mundo de fantasía e ilusión al que solo iba cuando ella sonreía.

Y así estuve por su culpa el resto de la clase. Concentrado, sí, claro que sí, pero en ella. Sólo en ella. Sus dulces gestos, su pose de orgullo, su sonrisa de satisfacción, su precioso cabello de fuego cayendo en cascada sobre su espalda hasta su cintura, sus perfectos y enormes ojos azules, su sonrisa de dientes tan blancos y perfectos, pero sobre todo y ante todo esos labios que invitaban ser besados… esos perfectos labios que me estaban llamando a gritos.

Suspiré.

Sentarse justo detrás suyo tenía sus ventajas, pero también sus inconvenientes, pues el increíble aroma que su pelo desprendí aturdía mis sentidos, transportándome a lugares exóticos y placenteros, lugares en los que sin duda me encantaría estar con ella…

De pronto sus largos brazos se echaron hacia atrás, tanto que estuvieron a punto de rozarme, tanto que casi podía sentir el calor que emanaba su piel… temerario y sin pensar demasiado en las consecuencias, acerqué mi mano hacia sus brazos, pero justo entonces volvieron a subir para enredarse en su pelo, en su perfecto pelo.

Rose recogió su pelo en una coleta improvisada dejando a la vista su hermoso y largo cuello blanco, y volví a soñar con los besos que le daría por ese precioso cuello cuando…

- ¡POR MERLÍN!- me tapé la boca con las dos manos lo más rápido que pude. El impacto de lo que acababa de ver me había despertado de golpe, pero al parecer había olvidado que me encontraba en clase con todos mis compañeros de casa, mas los leones y la profesora McGonagall, que bien sabido por todos era que es la más estricta de todas. ¡Pero mi reacción no era para menos! Acababa de ver en el precioso cuello de Rose la inconfundible fina cadenita de oro blanco engarzada, cuyo dibujo se trataba de un león y una serpiente entrelazados, y de la cual colgaba la exquisita esmeralda en forma de corazón.

Por supuesto que las reacciones no se hicieron esperar.

- ¡ Diez puntos menos para Slytherin, señor Malfoy! ¡Ha estado toda la clase soñando despierto. Le he pasado muchas durante la clase de hoy, señor Malfoy, pero lo que no puedo permitir es que interrumpa el desarrollo de la clase de esta forma tan ordinaria e injustificada! ¿Qué, por todos los cielos ha podido hacer que se comporte de esta forma tan irreverente? Explíquelo a la clase-exigió la profesora McGonagall con los labios en tensión. Habitualmente los solía tener así, pero era increíble lo muchísimo que podía llegar a tensarlos cuando estaba enfadada.

La miré bastante arrogantemente, la verdad es que esa mujer no era santo de mi devoción.

Pero al menos, sirvió para que Rose centrara toda su atención en mí.

Compuse una sonrisita rápida para mi pelirroja, miré hacia su colgante y le guiñé un ojo. Si no sabía quién se lo había enviado, acababa de delatarme del todo. Ni siquiera me di cuenta de que su primo Albus nos observaba a los dos con… no muy buena cara que digamos. Había pasado de la expresión de sospecha y suspicacia a parecer querer arrancarme la cabeza. Pero me daba exactamente igual… los Potter no tenían nada que hacer con alguien como yo.

Me burlé de él con la mirada…. Gran error.

-¡Señor Malfoy, o se explica de inmediato o le prometo que va a estar limpiando retretes con el señor Filch hasta el día de su graduación! Y le aseguro que no le pondré fácil el graduarse…

Me aclaré la garganta y compuse mi sonrisa más encantadora:

- Perdone, profesora McGonnagal… esta noche he estado enfermo, y no he logrado descansar. Me encontraba bastante mal, y estaba adormecido. Sin querer he derramado mi bote de tinta por mis pies, y cuando me he dado cuenta me he sorprendido. De ahí mi exclamación de sorpresa. Lamento mucho haber interrumpido el desarrollo de su interesantísima clase- me disculpé.

Al terminar, escuché por supuesto, los típicos suspiros femeninos que seguían a todas mis intervenciones… las mujeres se morían por mí, y yo lo sabía perfectamente.

Volví a sonreír encantadoramente para volverlas loquitas una vez más, aunque en verdad a mí la única que me importaba desde hacía mucho muchísimo tiempo era aquella pelirroja que en aquel momento me observaba entre ruborizada y molesta. Puso los ojos en blanco cuando se dio cuenta de que todas estaban suspirando por mí, lo que me llenó de orgullo y satisfacción, por supuesto. Estaba celosa, y me encantaba cuando se ponía así. Estaba tan sexy…

Mi disculpa no pareció convencer demasiado a la profesora McGonnagal, pero por fortuna el timbre sonó, y la clase había terminado.

Recogí las cosas rápidamente pensando en alcanzar a Rose y ver cómo podía agradecerme el regalo, cuando el pesado de su primo me interceptó frente a la puerta y no me quedó más remedio que observar cómo una todavía sonrojada Rose salía de la clase con una pila de libros entre sus brazos.

- ¿Qué quieres, Potter? Déjame salir.

Albus Potter siguió mi mirada, y su cara pareció adquirir tonalidades verdosas cuando se dio cuenta de que miraba a Rose.

- Déjala en paz si sabes lo que te conviene, Malfoy.

Enarqué una ceja.

- No se de qué me hablas.

- Bien que lo sabes, Malfoy… se perfectamente que fuiste tú quien le envió ese colgante… se perfectamente el juego que os traéis entre manos, Rose es mi prima, pero como si fuera mi hermana. La conozco mejor que nadie.

¿Cómo demonios lo sabía! ¿es que acaso éramos tan obvios? Me puse nervioso, se me secó la boca… no sabía que hacer… ¿sería mejor intentar despistarlo, o enfrentarme a él y su familia con todas las consecuencias? Lo más inteligente sería claro está, la primera opción, pero el hecho de poder molestarlo y fastidiarlo me llamaba demasiado la atención… era una oportunidad demasiado buena como para dejarla pasar.

- Si la conoces tan bien como dices, deberías saber que es ella la que me desea fervientemente. Que es ella la que me busca, que es ella la que se muere porque yo le…

Un grito, y un rayo de luz roja. Rose Weasley, despeinada y con aspecto de leona furiosa acababa de desarmar a su primo James, que se encontraba en el marco de la puerta con expresión de demencia, y segundos antes estaba apuntándome con la varita. ¿Qué demonios hacía allí ese desagradecido?

- ¡ROSE!-rugieron ambos primos de la pelirroja en protesta.

- Iros ahora mismo de mi vista… ¡atacar a un alumno en los pasillos! ¡Y por la espalda! ¡Y dad gracias a que no os quite puntos! ¡fuera de mi vista!

- Rose, ese cerdo estaba pavoneándose sobre ti…

- ¡Ya basta! ¡Diez puntos menos, para cada uno!

James Potter parecía a punto de explotar. Con paso firme se acercó hasta Rose, la tomó del brazo, y se la quedó mirando fijamente.

- Ya hablaremos de esto, Rose. No me va a quedar más remedio que…-se calló de pronto, y nos miró a ambos amenazantes.

- Vámonos, Albus. Y tú-se volvió hacia mí y me fulminó con la mirada. - Por tu propia seguridad personal, más vale que te alejes de ella…- y dicho esto, ambos hermanos se alejaron por el ya desierto pasillo.

Me reí de ellos, pero al parecer ya no me oyeron, o se tomaron las amenazas de Rose enserio.

Mi Rosie suspiró enfadada, y sin dirigirme ni media palabra, se marchó por el camino contrario.

-¡Weasley, eh, Weasley!-dije corriendo tras ella. Necesitaba saber qué pensaba sobre lo del colgante, que sentía, cómo estábamos ahora mismo entre nosotros. Necesitaba sentir su aliento, su mirada, su sonrisa… necesitaba hablar con ella, y conseguir unas cuantas respuestas de su boca.

Mi pelirroja se volvió con furia en sus preciosos ojos.

- Olvídame Malfoy, acabo de salvarte el culo, ahora si quieres salir vivo del día de hoy, mejor si me dejas en paz.

Comprobé con horror que ya no llevaba puesto el colgante. O más bien lo comprobó mi corazón, que dio un desagradable vuelco, y parecía que amenazaba con romperse en pedazos.

La miré con los ojos inundados de tristeza.

-¿Por qué?-dije acercándome despacito hasta ella.

- ¿Por qué, qué?-me dijo perdiendo la paciencia.

- ¿Por qué te lo has quitado?

- No se de qué me hablas- dijo. Pero a mí no me engañaba, pude comprobar cómo sus mejillas volvían a adquirir ese irresistible color rosado que me hacía perder la cabeza.

Me pegué a ella, mi aliento rozando la piel de su cuello, la cual se erizó en respuesta.

- Bien sabes tú de qué hablo.

Pude ver con satisfacción cómo tragaba saliva con cierta dificultad. Sonreí satisfecho, cosa que no le gustó en absoluto. Sin decir media palabra volvió a darse la vuelta, pero la frené tomándola de la muñeca, y con un rápido movimiento hice que sus labios quedaran a tan solo unos centímetros de los míos.

La miré a los ojos.

- Lle... llego tarde a mi próxima clase, Malfoy.

Acaricié su pelo.

- Déjame entrar en tu cabeza... déjame ver, déjame comprender qué es lo que sientes... qué es lo que piensas... déjame averiguar... -susurré cada vez más cerca de sus labios.

Necesitaba entrar dentro de esa cabeza. Saber lo que sentía. Lo que pensaba. Sobre mí. Sobre mi actitud, sobre la suya. Sobre mi regalo... sobre nosotros.

-Déjame entrar...

Y me besó. No me lo esperaba para nada, pero me besó. Rose Weasley me besó, y me fundí en ella. Me convertí en lava.

Aquellos preciosos ojos azules me estaban volviendo completamente loco...

¡HOLA GENTE! AQUÍ OS TRAIGO UN POV 100% SCOR! :P espero que os haya gustado, aunque la verdad es que no he quedado demasiado satisfecha con el resultado...

Primero de todo, dar las gracias a todos los que reseguís leyendo y dejando comentarios, eso siempre me anima mucho a continuar escribiendo :D

Y también informaros de que estoy haciendo un nuevo fic. En un principio es solo un one-shot de la pareja James Sirius Potter/ Rose Weasley. Un poco lime. Ya… lo se. Habrá muchas personas que quieran asesinarme por ello. Pero me enamoré de la pareja por una de las autoras de esta maravillosa página, y no pude resistirme a probar con ellos! Si gusta y alguien me lo pide, tengo pensado en convertirlo en una serie de encuentros de las parejas que me pidáis ;)

Si os apetece leerlo, se llama: "Solo por esta vez, Rose" Link abajo.

.net/story/story_?storyid=7788906

Muchas gracias por todo, y quiero reviewwwwwwwwwwwws! :p estoy hambrienta de ellos! Jajaja ;)

Un besazo!