HOLA! Realmente me da hasta vergüenza aparecer por aquí, no tengo perdón ninguno… os traigo humildemente un capítulo, y como recompensa deciros que el fic ya está escrito hasta el final. Pese a mi terrible tardanza (de veras que no tengo ninguna excusa y lo siento muchísimo, es una horrible falta de respeto hacia todos vosotros…) pese a ello aquí os dejaré los capítulos que restan hasta terminar la historia. Aparte de éste, quedan cinco más… De veras os doy las infinitas gracias por vuestra paciencia y vuestros reviews, que desde luego por tardar tanto, no merezco. Mi único consuelo es que ésta vez si que no os volveré a dejar tirados, pues tengo ya toda la historia escrita y la iré subiendo poco a poco…
GRACIAS POR TODO DE VERAS, Y SI AÚN SOIS TAN TREMENDAMENTE COMPASIVOS COMO PARA DEJARME ALGÚN REVIEW (OS TENDRÍAIS GANADO EL CIELO), PROMETO CONTESTARLO ENSEGUIDA.
GRACIAS GRACIAS Y GRACIAS Y MILLONES DE BESOS, DISCULPAS Y ABRAZOS!
Capítulo 17: Insegura.
Las siguientes semanas en el castillo no fueron demasiado agradables para mí. Podría definirlas como los momentos más… extraños que pasé en Hogwarts. Allá donde fuera e hiciera lo que hiciese me dominaba una desagradable sensación de no saber qué hacer ni cómo comportarme. Estaba triste, y me sentía extraña, desconocida… como si hubiera perdido mis señas de identidad.
Me limitaba a asistir a las clases, y en horario extraescolar a refugiarme en la biblioteca. Aunque en los últimos días tuve que cambiar la biblioteca por mi sala común, ya que Malfoy había tomado la irritante y peligrosa costumbre de intentar acorralarme cada vez que tenía oportunidad, y, permaneciendo en la biblioteca se lo ponía demasiado fácil. Bueno, eso, y que la salud mental de la anciana señora Pince no parecía poder aguantar otro de mis gritos histéricos cada vez que Scorpius lograba acorralarme.
-¡Por favor, señorita Weasley, esto es una biblioteca, no la casa del terror, márchense ambos, ahora mismo!- era la cantinela de todas las tardes…
Realmente odio a Scorpius. Lo odio cada día más y más por millones de razones… porque por su culpa ya no puedo esconderme en la biblioteca, porque debido a eso tengo que aguantar los constantes y tormentosos interrogatorios en la sala común de Lily y cía… por ser el causante de mi ya preocupante insomnio, por no dejar de confundirme, por ilusionarme y luego desilusionarme, por no dejar de perseguirme, por no parar de provocarme, por hacerme sentir esas demasiado adictivas sensaciones…. Por no poder dejar de pensar en él mi un maldito segundo, y porque por su culpa me estoy convirtiendo en alguien desconocido, en alguien que reúne muchos de los requisitos que yo desprecio en las personas… cobarde, miedosa, vulnerable, depresiva, introvertida, y llena de inseguridad.
Por ello sigo sin poder comprender cómo a pesar de lo enfadada que estoy con él por todas aquellas razones, sigo sonriendo como una boba cada vez que pienso en él… cómo a pesar de todo aquello sus ojos siguen persiguiéndome en sueños, cómo aún con todo sus candentes miradas vuelven a encender en mí la llama de la pasión que tan cruel y salvajemente se apoderó de mis entrañas aquella ya tan lejana para mí mañana en el armario escobero… por ello no puedo entender cómo es posible que cada vez que vislumbre un uniforme esmeralda mi primer impulso sea esconderme, cómo cada vez que veo una rubia cabellera aparecer por alguna esquina mi corazón da un vuelco y parece totalmente decidido a abandonar mi pecho… por eso no entiendo cómo por mucho que intente negármelo, me estoy enamorando. Completa, estúpida e irremediablemente.
En el solitario dormitorio solo se escuchó mi desesperado gruñido. Taché la última frase con verdadera saña. El "diario" en el que estaba relatando los motivos de mi angustia fue el único testigo y sufridor de mi ira por el momento.
Tenía que admitirlo, mi cabeza no daba para más en el día de hoy. Estaba exhausta. Había intentado dotar de razón mis sentimientos en tantas ocasiones durante las últimas horas que había perdido ya la cuenta… y mi cerebro parecía a punto de ponerse en huelga. No sabía si la idea que tanto me había recomendado mi amiga Gris de descargar mi frustración en un diario estaba siendo demasiado efectiva… por el momento, creía que sólo servía para calentarme más la cabeza. Al menos me daba una excusa para subir temprano a mi dormitorio, y que nadie me molestara…
Me dejé caer en la cama como una exhalación, las noches de pesadillas e insomnio estaban haciendo verdadera mella en mí, y de inmediato caí profundamente dormida. No hace falta que diga que mis sueños no fueron… precisamente tranquilos. A lo que me parecieron segundos de haberme quedado dormida me desperté empapada en sudor, y no me quedó más remedio que ahogar un grito contra la almohada.
Un rápido vistazo a mi alrededor me hizo darme cuenta de que debía llevar durmiendo mucho más de lo que pensaba, pues la habitación se encontraba completamente sumida en la oscuridad… tan sólo un débil rayito de luna atravesaba la estancia, en la que solo se oía la lenta y acompasada respiración de mis compañeras de habitación.
Suspiré, bastante enfadada conmigo misma y mi subconsciente por haberme vuelto a jugar una mala pasada. A modo de ineficaz autocastigo me di una palmada en la frente que sonó por toda la habitación.
-Auch!
Volví a tumbarme con rapidez, lo que hizo que todo me diera vueltas (fenómeno un tanto extraño de explicar siendo que estaba a oscuras), y salí completamente de las sábanas, quedando encima de la misma colcha… necesitaba perder todo ese insoportable calor corporal que me habían producido las pesadillas… parecía que se había desatado el infierno en mi interior.
Cerré los ojos con fuerza, y suspiré varias veces intentando controlar mi respiración de nuevo. Pasaban los minutos, pero no conseguía volver a quedarme dormida… nuevas imágenes de la pasada pesadilla acuchillaron mi mente sin piedad.
Tanteé con mi brazo derecho la mesilla en busca de mi varita, quería comprobar qué hora era… finalmente la encontré, y cerrando mis cortinas para no molestar a mis compañeras susurré lumus. El reloj de mi mesilla marcaba las cuatro de la madrugada. Volví a recostarme totalmente molesta... desvelarme a esas horas era algo que me repateaba los higadillos.
Tras vueltas, vueltas y más vueltas en la cama, y probar mil y una posturas cada vez más inverosímiles, decidí reconocerme a mí misma que sería imposible volver a dormirme, y que lo mejor sería darme un baño, ya que el desagradable sudor me había dejado la piel asquerosamente pegajosa.
Tomé mi albornoz y las cosas necesarias para no pasar frío al salir de la ducha, y entré a los baños. Bueno, al menos no tendría que aguantar la interminable espera de todas las mañanas para acceder al baño… Me acerqué a una de las duchas, y abrí el grifo. Un terrible escalofrío recorrió toda mi espalda al hacerlo, era lo peor de las duchas… siempre corría una desagradable corriente Merlín sabe por qué. Si tan solo pudiera darme un baño calentito… era lo que verdaderamente necesitaba en ese momento. Una gran bañera con agua calentita, donde poder pasarme las horas que le restaban al amanecer, relajada, con los ojos cerraditos, pensando…
Mi mente se fue directamente a los baños de prefectos del quinto piso, pero deseché esa posibilidad… las cuatro y pico no era una hora razonable para vagar por el castillo… sin alguien me veía me buscaría graves problemas… mmm… quizá pudiera tomar prestada la capa de invisibilidad de James sin que se diera cuenta…
Puse los ojos en blanco.
-¡Oh, por Merlín, Rose!… ¿acaso no eres prefecta?- dije dándome de nuevo una palmada en la frente. Un prefecto no tenía por qué dar explicaciones de por qué se encontraba fuera de su dormitorio en medio de la noche, bastaba con decir que te tocaba guardia…
El ruido de una cerradura oxidada al abrirse inundó el silencioso ambiente nocturno del quinto piso, donde por fortuna, no había ni un alma. Avancé con una sonrisa en mi rostro al notar los sutiles aromas florales que tanto me gustaban… el agradable y relajante olor flotaba todavía en el ambiente, sin duda, no hace mucho alguien había optado por lo mismo que yo…
Con una gran sonrisa, y los ojos cerrados para apreciar mejor el tan agradable aroma, dejé mis cosas en el suelo y comencé a desvestirme poco a poco.
¡Y gracias a Merlín que se me ocurrió abrir los ojos y mirar al frente!
-¡AHHHHHHHHHHHHH! ¡¿Qué haces aquí!?- chillé histérica tapándome con lo primero que encontré.
La aterciopelada voz de lo que me pareció un adonis rubio con una sonrisa de ensueño me habló desde la inmensa bañera llena de espuma.
- ¡Vaya, vaya pequitas! Pensé que estaba soñando… si no hubieras abierto la boca y jodido el encanto, seguiría pensándolo… vaya visión…
Un rayito de luna iluminaba sus rubios cabellos que se pegaban a su cuello de una forma que debería estar más que prohibida.
- ¡Repito, qué demonios haces aquí!- dije empezando a ponerme histérica.
- Insomnio-dijo encogiéndose de hombros, y comenzó a salir de la bañera.
Puse unos ojos como platos, y me tapé los ojos con la única mano que me quedaba libre.
- ¿Qué… qué haces?
- Ser hospitalario
- ¡Vuelve ahora mismo a la bañera!
Me atreví a abrir ligeramente la palma de mi mano, y pude ver por entre los dedos cómo Scorpius ya se encontraba casi en frente mío. Mi mirada se perdió en sus marcados y pecaminosos abdominales, lo que hizo que me pusiera como un tomate. Seguí bajando inconscientemente, pero por fortuna, o más bien por desgracia… tapaba sus partes íntimas con una gran cantidad de espuma.
- Eso sería contraproducente- me dijo con una risita.
- No para mí… además, no estás en condiciones de decirme lo que es o no es producente, no estando desnudo, ¡vete!
- Te recuerdo que yo estaba aquí mucho antes de que tú llegaras.
Golpe bajo. No podía verlo, pero sí intuía su sin duda insoportable expresión de petulancia.
Como venía siendo habitual últimamente, volvía a tener la maldita razón.
Gruñí derrotada, y me encaminé hasta la puerta. Pero justo cuando llegué hasta ella se escuchó un clic, acompañado cómo no, de su característica risita. Agarré el pomo, y como mi aturullada cabecita imaginaba, no se abrió. Mi varita voló de mis manos de inmediato, y un triunfante Malfoy me sonreía desde la bañera. Me había vuelto a dejar encerrada… de nuevo.
- ¿Otra vez? ¡eres muy pesado Malfoy! Son las cinco de la mañana, y ahora mismo no estoy para jueguecitos… más vale que abras la puerta de inmediato.
- No.
- Malfoy…
- No.
- ¡MALFOY!
- Rose
Me había vuelto a descolocar completamente… por mucho que me gustara, jamás me acostumbraría a oír mi nombre de sus labios.
- ¿Q… q qué?
- Ven.
- Ni en sueños…
Scorpius puso los ojos en blanco.
- Hazme caso.- negué muy fuerte con la cabeza, y apretando los labios. Como si así fuera a tener una mayor fuerza de voluntad o algo por el estilo…
- No muerdo.- en respuesta a ello me limité a dejarme caer contra la pared, abrazar mis pertenencias, y mirar hacia otro lado con cara de mosqueo.
- Pareces una niña pequeña…
Un suspiro.
- Rose. Por favor.
Subí la cabeza, atontada por el efecto de sus palabras. ¿Scorpius Malfoy pidiéndome a mí algo por favor? Eso no tenía precedente. Ni precio. Ni qué decir tiene, que me pudo la curiosidad. Me levanté, y avancé.
- ¡¿No quiero que hagas nada brusco o raro, eh!?-advertí acercándome a la orilla de la enorme bañera. - Bien, ya estoy aquí. ¿Qué es lo que quieres?
Observé la expresión de Scorpius. Parecía debatirse entre el nerviosismo y la diversión. Estaba segura de que su vena "graciosa" y pervertida acabaría ganando la ardua batalla mental, y tendría que terminar dándole una bofetada. Pero para mi sorpresa no fue así. Volví a equivocarme con él.
Lo que hizo a continuación hizo que mis nervios se alteraran como si no hubiera un mañana.
Su cálida mano rozó la mía con delicadeza, y se cerró en torno a mis temblorosos dedos…
La cara de estúpida que se me quedó tuvo que ser de campeonato.
- Q… qué haces?
- Quiero que entres aquí, conmigo Rose.
- No. ¡Ni hablar! Estás desnudo, y yo también tendré que estarlo si entro allí
- Vamos, hay suficiente espuma como para que ninguno de los dos vea nada que no deba ver. Por favor, confía en mí.
- Ese es el problema, que no confío en ti.
- Por favor…
Volví a negar con fuerza.
- Rose, prometo que si lo haces te dejaré salir de inmediato… solo quiero decirte algo…
- También puedes decírmelo desde aquí.
Me puso carita de cachorrito, y mi mente comenzó a librar una dura batalla. Claramente deseaba hacerlo desesperadamente… pero mi orgullo y sentido de la precaución me recomendaba precisamente lo contrario.
- Te prometo que no haré nada…
- Está bien. Pero como intentes algo, ¡ya puedes prepararte!- advertí, gesticulando exageradamente- él asintió sonriente.
- ¿A qué esperas?
- ¡¿A que te des la vuelta, quizá?! - dije algo molesta, mientras él se apartaba con una risita.
Me quité toda la ropa velozmente y sin dejar de vigilarlo. En menos de un minuto ya estaba en el agua, atrayendo desesperadamente toda la espuma que podía hacia mi cuerpo, y tapándome con ella, a lo que consideré distancia prudencial de él.
- Ya.
Creo que ni en un millón de años encontraría las palabras aproximadas para describir el nivel de lujuria que se dibujó en sus perfectas facciones.
Sin embargo, no hizo nada de lo que pudiera quejarme. Pude ver, sin dejar de observarlo con aprensión, cómo se acercaba hasta mí, con expresión circunspecta.
- Quería hablar contigo.
- Adelante.
- Yo... quiero una explicación.
- Yo también.- exigí. Aún no me había explicado todo eso del colgante. Scorpius levantó una ceja. Sin duda se estaría preguntando por qué lo esquivaba si yo también quería explicaciones.
- Vale-dijo finalmente, dibujando una gran sonrisa. - Entonces, tendrás que aceptar venir conmigo a la excursión a Hogsmeade de mañana- me dijo con carita de niño ilusionado.
- ¡¿C c c.. cómo!?
Scorpius Malfoy se aclaró la garganta con gesto teatral, volvió a agarrar mi mano, y llevándosela a los labios con suma delicadeza la besó.
- Rose Weasley, ¿te gustaría venir mañana a Hogsmeade conmigo?- me dijo mirándome intensamente.
Nunca jamás, en toda mi vida me había quedado más de piedra. Todavía no entiendo cómo con el mareo que me dio no me ahogué…
Comencé a tartamudear como una idiota… aquellos impresionantes ojos grises me estaban volviendo… insegura.
