Hola! :D ante todo pido disculpas, el viernes fue mi cumpleaños (así que felicitarme jajajaja :p o mejor no que me estoy volviendo demasiado vieja qué trauma… :p ) y he estado muy muy ocupada debido a ello… bueno dejando mis tonterías aparte, volvíiii! y me dispongo a contestar vuestros comentarios, los cuales agradezco en el alma!… :p

-gina lara: me alegra que me dieras finalmente la opinión del capi anterior :p has sido buena chica y has cumplido con lo prometido jajaja. Sí, ciertamente podría haber hecho el capi un poquito más picantillo? Bueno, habitualmente cuanto más se sugiere y menos se especifica, más excitante. xD además si Scor no intentó nada es porque está intentando de hecho ser más tierno, demostrar a Rose que en realidad puede confiar en él. (Aunque todo inconscientemente, claro) :p Veo que opinamos igual… Scor es un gran chico! Y algo me dice que pronto se animará! :p jajaja. Gracias y un besazo! :D

-Nadeshiko0814: me alegro muchísimo de que te esté gustando, y te aseguro que seguiré subiendo. Eso sí, como ya vengo advirtiendo al fic le queda poquito ya! ¿Sabes? Tu comentario me ha hecho darme cuenta de un gran fallo en mi fic… tienes razón, en ningún momento he puesto celoso a Scorpius y eso es un gran fallo! El asunto es que el final del fic ya está escrito y ahora no lo puedo modificar… Ummm… eso me está dando ganas de escribir un nuevo fic Rose/Scor… veremos si lo hago al final! Jajajaja. Muchas gracias por tu opinión y tu comentarió! Un besito! ^^

-aradia110: gracias por el coment! ^^

Ahora sí, enjoy este nuevo capi que va a suponer el inicio de un gran cambio en el fic…(no digo más):p :

Capítulo 19: Valiente:

Rabia. Desconsuelo. Pasión, fuerza, dolor. Todo un torrente de sensaciones recorrían el todavía joven cuerpo de Draco Malfoy. Sentado en su despacho, aferrando con desesperación un trozo de carta que le había sido enviada, había vuelto a perder los nervios. Y eso era preocupante. Llevaba muchos años sin perder los nervios. Muchos años sin pensar en todo aquello. Por todos los magos, ¿qué había hecho él para merecer esto?

Su esposa lo observaba desde la puerta del despacho, sabiendo que su marido ni siquiera sospechaba su presencia. Con la preocupación grabada a fuego en su cincelado rostro, volvía a intuír en Draco todos aquellos años de angustia y desesperación. De pesadillas por las noches, de leer en sus ojos el mudo deseo de que las cosas fueran distintas, de ver en sus labios escrito otro nombre que no era el suyo. Ella lo sabía todo, a pesar de que jamás había sido capaz de sacar una palabra a su marido. Pero no por ello lo amaba menos. Ella sabía que a pesar de todo, él también la amaba a ella, a su manera. Astoria creía fervientemente que Draco no merecía una existencia tan torturada, y luchaba día a día por facilitarle las cosas. Pero todos sus fantasmas parecían haber regresado aquella desapacible tarde de marzo…

Astoria Malfoy escrutaba la semioscuridad del estudio, intentando adivinar lo que pasaba por la mente de su marido, o lo que estaba escrito en aquella carta que parecía haber despertado sus demonios latentes…

Draco Malfoy apretó el puño aún con más fuerza, deseoso de hacer trizas el trozo de pergamino que sostenía. Pero no lo hizo. En su lugar, lo abandonó en su mesa. Se levantó con parsimonia, y tomando un vaso bajo de cristal grueso, lo llenó de hielos, y el licor más fuerte y más caro que conservaba en su estudio. El apropiado para este tipo de momentos. Tan sólo el simple tintineo de los hielos lo hizo relajarse un poco, dio un largo trago, y sintió cómo el ardiente licor calentaba todas sus terminaciones nerviosas, reconfortándolo. Se sentó en su escritorio acomodándose, y se dedicó a aplanar el de tan arrugado casi ilegible pergamino con las manos, y volver a leer:

Estimado Señor Malfoy:

Han llegado a mi poder ciertas informaciones concernientes a su hijo Scorpius, que sin duda considerará útiles:

Muchos son los rumores que llevan meses sacudiendo nuestro castillo acerca de una supuesta lujuriosa relación entre Scorpius y nada más y nada menos que la prefecta de Gryffindor, Rose Weasley, hija del auror Ronald Weasley y de su esposa Hermione Weasley.

No había creído hasta ahora conveniente preocuparle con el asunto, pues prefería estar segura… sin embargo, pude presenciar con mis propios ojos cómo durante la última salida a Hogsmeade, Scorpius y Rose, tras pasar toda la excursión juntos, compartían más que miradas cómplices y risas.

Debo añadir que tengo entendido que la prefecta Rose Weasley es experta en pociones, con una habilidad especialmente excepcional en el preparado de amortentia y flitros amorosos en general, y por ello excluyo a su hijo de ser voluntariamente culpable de semejante desfachatez y mal gusto, humillando sus raíces de esta forma tan burda … Como, habiendo crecido conociendo el honor del apellido Malfoy imagino, éstas revelaciones no serán de su agrado, y es por ello que me he visto en la obligación moral de avisarle a usted y su familia de tal terrible desatino en la vida amorosa de su hijo, para que puedan ustedes tomar las medidas pertinentes para frenar tal desdicha, antes de que la situación pueda pasar a mayores, y su estatus familiar quede en entredicho. No debemos olvidar que no sólo Rose Weasley es una sangre mestiza hija de una hija de muggles, si no quiénes son sus padres y tíos… las familias como las nuestras debemos estar unidas y siempre dispuestas a ayudarnos entre nosotros.

Adjunto con mi carta una prueba física de que lo que le cuento son algo más que rumores.

Así pues, me despido con un cordial saludo, deseando de todo corazón, puedan solucionar este desagradable asunto lo antes posible, y pidiéndole tan sólo que mi identidad se mantenga en el anonimato, a cambio del favor que acabo de realizar.

Siempre a su disposición,

Candice Fawley.

Compañera de curso y casa de su hijo Scorpius, familia de gran prestigio y larga tradición mágica.

Draco Malfoy encarcó una ceja y negó con la cabeza repetidamente. Una leve sonrisa comenzó a desdibujar sus aristocráticas facciones. Prácticamente no podía creer que alguien fuera tan entrometido. Aunque debería estar acostumbrado… éste era el tipo de cosas que lo distanciaban más cada día de sus raíces. En el más puro y profundo secreto, Draco Malfoy siempre había odiado a la "gente de su clase".

El descaro con el que el texto estaba lleno de amenazas encubiertas le produjo incluso malévolo placer, acababan de regalarle una nueva razón para alimentar más el odio que sentía contra esa clase de gente. Su clase de gente, a la que durante toda la vida había temido, Aquella sensación de masoquista placer logró por el momento desterrar su primera reacción de enfado.

Draco sujetó el vaso por el culo, y con un movimiento rítmico y circular de su mano, se aseguró de que el licor se mezclara adecuadamente con los ya algo derretidos hielos. Dio otro trago, y se relamió. Así estaba mucho mejor. Sonrió. La crisis parecía estar casi resulta, había logrado contener los recuerdos, había logrado mantener su cobardía a un lado.

Aquél último trago le había poporcionado el valor suficiente como, para por primera vez, hurgar en el contenido del sobre, buscando la "prueba física del delito".

Una rubia cabellera, unos anchos hombros, una figura amada y más que conocida para él apareció ante sus ojos, sonriendo frente con frente a otra cabellera de espeso pelo pelirrojo y rasgos delicados que también creyó reconocer. Rose Weasley se parecía cada día más a su madre, y eso le produjo una desagradable punzada en el corazón. Hermione Granger… El quiso y no pudo, su cobardía, miles de recuerdos lucharon por abrirse paso en su melancólica mente, pero Draco fue fuerte una vez más. Observó durante unos segundos como los dos visiblemente felices adolescentes se besaba con pasión, y volvían a su posición, frente a frente. Cerró sus puños con fuerza, y sin separarse de su vaso de licor, arrojó la carta al fuego, jurándose a sí mismo que no iba a permitir que su hijo cometiera el mismo error que cometió él en su momento…

Su hijo era mucho mejor que él. Su hijo no era un cobarde. Y él lo iba a apoyar. Draco Malfoy apoyó su brazo contra la chimenea, la cual crepitaba consumiendo el ofensivo pergamino, y se quedó observando cómo el reparador fuego consumía su angustia mientras guardaba la foto en el bolsillo de su túnica más próximo a su corazón. Conservaría la foto, como recordatorio de que su hijo, Scorpius Malfoy, no era ningún cobarde. Y merecía ser feliz.