HOLA! He vuelto! Ante todo primero me diculpo por mi tardanza, lo cierto es que llevo una semana y media enferma con mucha fiebre en la cama, y la verdad, ganas de encender el ordenador, pues ninguna. Vuelvo ya con uno de los últimos capis de la historia! Snifff, snifff!. Pero antes, contestaré a esos geniales comentarios que agradezco tanto :D
Marce: Muchas gracias por comentar! ^^ Sí, lo cierto es que disfruté especialmente escribiendo algo de Draco, era una espinita clavada que tenía desde siempre, y quería mostrarlo al mundo tal y como lo veo xD. Sí, tienes razón, debería contárselo a su esposa, pero bueno, aún así tiene buenas intenciones Un besito y gracias!
Gina lara : :D hola de nuevo! Jajajaja. Parece que te maltrato un poco con mi historia, siempre te dejo sin explicaciones, no puede ser xD. Sí, el amor de Rose y Scor hizo ser valiente al papá de Scor ¿no es hermoso? xD y lo del beso… bueno, digamos que en el capítulo en el que ambos salen a Hogsmeade y Scorpius le dice al final que la perdone por ser un cobarde y la besa… bueno, pues acaban así. Y casualmente la avispada Candice Fawley, está por allí con una cámara espiando! Saludosssssssssssss! ^^
Espero que os guste, besitos para todo el mundo!
Capítulo 20: Rabioso:
Scorpius Malfoy se encontraba sólo, sentado sobre la cama con dosel de su frío dormitorio subterráneo, con la cabeza sujeta entre sus amplias manos. Sufría un terrible dolor de cabeza, acentuado por el agotamiento que siempre le provocaban sus temibles y virulentos ataques de rabia. Acababa de tener el ataque de rabia más fuerte que su memoria recordaba. Era algo que, desde muy niño, solía ocurrirle cuando las cosas no salían como él esperaba, aunque últimamente cada vez los tenía más suaves y espaciados en el tiempo. El último año habían prácticamente desaparecido, y Scorpius tenía la teoría, irrefutable para él, de que la responsable de ello tenía nombre y apellidos, y un hermoso cabello rojizo. Rose Weasley había cambiado muchas cosas en su persona, y por ello mismo no había estado tan dispuesto a renunciar a ella como al parecer, su padre, quería que lo estuviera.
Incomodado por el efecto de la luz lunar en el agua del lago, arrugó con saña el trocito de pergamino que tenía en su mano, haciéndolo un ovillo y lanzándolo contra su almohada mientras se levantaba a correr las cortinas del dormitorio en busca de la más profunda oscuridad.
Había hechizado la puerta del dormitorio explícitamente para que nadie más perturbara su soledad. Si alguien le molestaba en un momento como aquel, lo más probable y cómodo para él sería descargar toda su rabia en esa persona. Lamentó no haberlo hecho horas antes, cuando Candice Fawley lo había interrumpido en su ya diaria costumbre de observar embobado a Rose mientras ella charlaba y reía por los pasillos con distintas personas, y lo había llevado a rastras hacia un aula desierta. Sabía que Candice no tenía por qué ser responsable de lo ocurrido, y aún así, no podía evitar sospechar de ella por el mero hecho de ser quien era.
Scorpius había intentado por todos los medios, salvo por la fuerza que la slytherin le dejara marcharse, pero ella no parecía muy dispuesta a ello.
- Vas a escuchar lo que te diga, en cuanto te enteres te sentirás agradecido, créeme- farfulló la chica mientras pensaba apresuradamente en qué actitud sería la más apropiada para que su ex novio no se diera cuenta de que estaba mintiendo, o más bien, omitiendo información. Candice Fawley nunca había asimilado el abandono de Scorpius Malfoy, un año atrás. A pesar de lo rápidamente que Scorpius perdió el interés por ella (tan sólo duraron un mes), ella seguía loca por él, y se repetía mentalmente día tras día que estaban hechos el uno para el otro, mientras lanzaba con saña dardos a una vieja foto robada de Rose Weasley.
- He escuchado por ahí que tu padre ha recibido una carta con una foto tuya morreando a la comadreja… - comenzó, y se deleitó observando la expresión de terror en el rostro del rubio. -¡¿es eso cierto!?
Pero la jugada no le salió nada bien a la slytherin, pues en cuanto Scorpius escuchó sus palabras salió del aula dando un portazo, y sin preguntar siquiera cómo es que ella sabía aquello, o quién demonios se había ido de la lengua. Su mente era un torbellino de rabia y confusión. La situación no hizo más que empeorar cuando encontró a una preocupada Rose observándole frente a la puerta del aula, en el ya desierto pasillo. ¿Los había seguido? Rose se acercó a él, pero el rubio no se veía con fuerzas para hablar con ella ahora mismo… sabía lo que le esperaba a partir de ahora, y no quería ponerse las cosas más difíciles a sí mismo. Le destrozó el corazón ver la desilusionada mirada de Rose rogándole alguna explicación mientras Candice Fawley salía del aula haciendo mucho ruido y exhibiendo una repugnante sonrisa, con el claro motivo de que Rose la viera. Desde ese instante él se había recluído en su dormitorio, y no había vuelto a salir… ni intención había tenido, hasta que el búho real familiar le había entregado la dichosa carta que ahora yacía hecha un ovillo contra su almohada.
Querido Scorpius:
Hasta aquí han llegado sorprendentes noticias acerca de tí. Es de vital importancia pues, que nos encontremos el próximo sábado en Hogsmeade, para comentarlas. Las vacaciones de pascua comienzan el miércoles, por lo que todos los alumnos tendréis permiso para asistir a Hogsmeade ese día. No creo que tu madre pueda venir.
Te espero el sábado a las diez en la puerta del pub "cabeza de puerco",
Draco.
Scorpius casi podía intuír la furia con la que su padre había escrito aquella apresurada nota. Ya imaginaba el discurso: "una vergüenza para la familia… y con una Weasley, nada más y nada menos… el apellido familiar en juego… el estatus de sangre ultrajado… nunca había estado tan decepcionado… vas a matar a tu abuelo cuando se entere… relacionarse con traidores a la sangre…"
Decidió descargar toda su rabia en hacer trizas la nota, pero cuando terminó se dio cuenta de que seguía igual de furioso. El dolor de cabeza le impedía pensar… sin tan sólo el mismo remitiera un poco…
- ¡Auch!- Scorpius apartó el dolorido y sangrante dedo del pico del búho … sin duda su padre le había dado instrucciones exactas de no dejarlo en paz hasta que no le enviara una respuesta… Pues iba a quedarse con las ganas, porque no iría a la cita, ni mucho menos pensaba contestar a su padre.
Sintiéndose rebelde, agarró un trozo de pergamino viejo y arrugado, y sin escribir nada, lo ató a la pata del búho.
La mera visión en su imaginación de la cara de su padre cuando recibiera su respuesta y viera que estaba en blanco le produjo la primera sensación placentera en lo que parecía ya toda una vida. Abrió la puerta momentáneamente para que el búho saliera volando por ella, y lo observó marchar entre ceñudo y orgulloso haberse atrevido a plantar cara a su padre. Sabía que era una medida temporal, que no podía durar demasiado tiempo, pues finalmente tendría que terminar cediendo a la voluntad de su progenitor como siempre, pero al menos estaba satisfecho porque el mismo conociera su desacuerdo.
Volvió a tirarse en la cama dispuesto a seguir autocompadeciéndose y volcando su rabia contra el mobiliario de la habitación el tiempo necesario hasta que se calmara del todo, pero ya no encontraba consuelo en ello. El dolor del picotazo se hizo palpitante y más persistente, lo que ayudó a mitigar ligeramente su jaqueca, provocando que las ideas fluyeran de nuevo. No arreglaría nada permaneciendo tirado en su cama, lamentándose y destrozando todo lo que tuviera a mano, como tampoco arreglaría nada negándose a acudir a la cita con su padre, eso estaba claro… quizá si… quizá si pudiera…
Se levantó de golpe, tan rápidamente que sintió cómo su cabeza daba vueltas y estuvo a punto de perder el equilibrio. Pero el hecho de que su visión hubiera quedado momentáneamente empañada por lucecitas moteadas blancas producidas por el mareo no impidió que siguiera avanzando por el suelo de su sala común como un búfalo por la planicie africana.
Miró hacia todos lados frenéticamente buscando la fuente que le había dado la mala noticia aquella mañana sin ser apenas consciente de que todo el que lo miraba terminaba apartando con temor sus ojos de él, y la encontró charlando burlonamente con su mejor amiga.
- Candice, ven- rugió más que habló, y le hizo señas para que lo siguiera hasta su dormitorio. La chica se levantó, pavoneándose exageradamente por el camino con sus amigas y otros habitantes de slytherin, y entró en el dormitorio. Se quedó observando con delirante placer, cómo Scorpius Malfoy paseaba de un lado al otro del dormitorio como un león enjaulado.
- Vas a darme un culpable, y vas a dármelo ya. - Scorpius observó con desprecio, cómo su compañera no perdía la irritante sonrisa de satisfacción.
- Aún no me has dicho si es cierto, Scor…- contestó ella fingiendo desconocimiento e inocencia.
- Eso ahora no importa. ¿Sabes qué? Tampoco importa quién haya sido. Lo importante ahora es que mi padre se quite de la cabeza esa idea… que piense que… que… no es cierto, que es una jugarreta, o que ella ya no me interesa-comenzó a farfullar más para sí mismo que para la serpiente, por fín dejó de caminar, parándose en seco, asaetado por la respuesta.- Y tú, tú vas a ayudarme a solucionar todo esto…
La sonrisa de Candice Fawley fue borrándose poco a poco al ver la determinación en la cara de su ex novio…
- Y… por qué habría yo de ayudar a esa… esa… ¿por qué habría de hacer algo así?- chilló indignada mientras reculaba hacia la puerta.
- Porque se que tú eres la responsable de todo esto- contestó Scorpius tensando la mandíbula- Y me lo debes.
La garganta de Candice dejó escapar un débil sonidito estrangulado, la chica tragó saliva con dificultad, angustiada por el lío en el que se había metido… si no lo ayudaba, le resultaría imposible que Scorpius volviera a verla con buenos ojos, y si lo ayudaba… quizá con un poco de astucia, podía ser capaz de cambiar las tornas.
- Tú vendrás conmigo a Hogsmeade el sábado- añadió el rubio, tan concentrado en sus pensamientos que fue incapaz de percibir la débilmente disimulada expresión de triunfo en el rostro de su compañera.
