Capítulo 21: Estúpidamente ingenua:
Parte 1: Scorpius:
La mañana amaneció impaciente y neblinosa, y Scorpius la recibió tal y como había despedido el día anterior: no se había movido de la ventana en toda la noche. No podía permitírselo, sólo tenía aquella noche para fraguar un plan perfecto, y eso es lo que intentó hacer. Aunque no lo consiguió. Su cerebro estaba embotado, y todo lo que lograba era darle vueltas y más vueltas a la misma cuestión. Lo que más le dolía de todo aquél asunto era el daño que le estaba haciendo a Rose… su carita el día anterior, cuando lo había visto salir de la sala con Fawley y a él no le había quedado más remedio que ignorarla era todo un poema… no había intentado volver a hablar con ella ni darle explicaciones el resto del día, y aunque le aliviara que ella no hubiera intentado ponerse en contacto con él por ningún medio, por otro lado le dolía. ¿Tan poco interés por él mostraba la chica de sus sueños? En cualquier caso, lo peor de todo el asunto era el momento en el que estaban sucediendo todas estas cuestiones… ocho de marzo, cumpleaños de Rose. Era horrible pensar que, después de todo lo que tenía pensado para ella, tuviera que pasar todo el día de su cumpleaños fingiendo ser un cerdo que no se acordaba, o al que le daba exactamente igual y la ignoraba…
Sacudió la cabeza intentando concentrarse, de nada valía lamentarse, pues no le quedaba remedio alguno, todo tenía que salir a pedir de boca, y parte importante del plan era que Rose no tuviera intención ni de acercársele en todo el día… si lo hacía, sólo lo metería en problemas…
El resto del plan estaba bastante claro: tantearía a su padre, lo enfrentaría sólo por orgullo propio, para demostrarle que él ya no era un niño y que no le iba a resultar tan fácil desde ahora llevar las cosas a su manera, y sólo cuando estuviera arrinconado, acorralado, sólo cuando no le quedara otro remedio le mostraría quién era la responsable de todo aquel lio. Porque Scorpius lo tenía muy claro… Candice Fawley iba a cantar como una cotorra, de eso ya se encargaría él, si hacía falta con maldición imperdonable de por medio. Desde luego no tenía nada tan claro en el mundo como que no iba a dejar que una víbora como Fawley arruinara la posibilidad de que él pudiera llegar a ser feliz. Conocía demasiado bien a Candice Fawley como para dar por hecho que ella se iba a conformar con confesar y hacer todo por las buenas, sin traer escondido un as en la manga, y no se iba a permitir semejante cosa. Así pues, era hora. Salió del dormitorio a la sala común con el búho familiar en la mano… y apretando con fuerza una botellita de poción sacada del despacho del viejo Slughorn en la otra. No había nadie levantado, era demasiado temprano, ocasión ideal para que Fawley y él hablaran de frente a frente. Desde luego, tenían mucho, mucho de lo que hablar…
El muchacho redactó una breve nota y dio instrucciones a su búho de que no dejara en paz a Fawley hasta asegurarse de que leía la nota y se levantaba de la cama.
Parte 2: Rose:
Tras una agitada noche en la que vio pasar todas y cada una de las horas en el reloj, Rose Weasley decidió por fin levantarse, aquella mañana en la que acababa de convertirse en una bruja mayor de edad. Era algo que siempre solía pasarle, desde muy pequeña la excitación por saber que al día siguiente cumpliría un año más, un nuevo año de madurez, conocimientos y sabiduría, una nueva excusa para poder comportarse de la forma en la que realmente era sin parecer un bicho raro: madura, adulta. El simple hecho de tener todo eso solía proporcionarle una excelente excusa para no pegar ojo en toda la noche, pero esta vez no era aquel el motivo de su desvelo, era algo totalmente distinto. Esta vez no sentía excitación alguna por cumplir un nuevo año. A pesar de ser una fecha tan importante, lo sucedido ayer con Scorpius conseguía empañar cualquier otro atisbo de emoción o sentimiento. La pelirroja se levantó, cansada de estar en la cama. Era demasiado temprano, y habría de ser así, pues estaba segura de que dentro de unas pocas horas Lily estaría acampada en la sala común con pancartas, regalos, montones de comida y fuegos artificiales, y seguida seguramente de alguno de sus primos, todavía en pijama y de mal humor. Aquel pensamiento logró arrancarle una sonrisa demasiado breve como para disfrutarla. En esos momentos hubiera preferido que nadie se acordara de su cumpleaños… Por suerte todavía era demasiado temprano, y Lily estaría aún durmiendo. Terminó de vestirse y salió de la sala común, con el sol todavía intentando despuntar entre la neblina matinal. Su cuerpo le arrastraba por inercia, recorría los pasillos sin ser verdaderamente consciente del lugar al que se dirigía.
Sólo cuando llegó a la biblioteca se dio cuenta de que era ese el lugar que tenía pensado para su retiro… Los libros, su eterno refugio, el lugar donde nada podía alcanzarle. Allí se escondería. Sería maravilloso que aquel día la biblioteca estuviera cerrada para ella, que nadie se acordara de su cumpleaños, mucho menos de su persona, y pudiera pasar el día en su dulce mundo de palabras y tentadoras historias fantásticas.
Sin embargo la puerta de la biblioteca estaba aún cerrada… era demasiado temprano. ¡demonios! Necesitaba llenar su cabeza con palabras e historias ajenas, era la única forma de apartar de su cansada mente aquellos pensamientos tan horribles que le habían tenido toda la noche en un lastimero duermevela.
Apoyó la espalda contra la pared, y se dejó caer escurriéndose hasta quedar sentada sobre el suelo, desmadejada.
No era más que una estúpida que se dejaba engañar día y noche, una vez tras otra por el mismo gañán imbécil de Scorpius Malfoy… por el dueño de esos ojos grises que le volvían tonta ingenua, estúpida y crédula como nunca antes lo había sido. Por el idiota que le había engañado y mentido, riéndose de ella hasta la saciedad, por el imbécil en el que no podía dejar de pensar ni un solo segundo al que ayer había pillado encerrado con su exnovia y que llevaba desde entonces ignorándola, evitándola. Y mejor que siguiera así, pues si volvía a comportarse como un maldito príncipe encantador temía caer rendida de nuevo en sus brazos como la estúpida que se sentía que era…
Cerró los ojos, intentando poner la mente en blanco, y la noche en vela hizo su efecto de inmediato, en el momento más inoportuno. Rose Weasley se quedó profundamente dormida.
Parte 3: Draco:
Draco Malfoy peleaba con el difícil nudo de su corbata hacía veinte minutos. Ni siquiera era consciente del tiempo que llevaba de esa guisa, estaba demasiado perdido en sus propios pensamientos como para atender a nada más. Su mujer hacía ya un rato que observaba desde la puerta sus inútiles intentos con una sonrisa en los labios. Sabía que el que estuviera así significaba problemas, significaba preocupaciones, pero no podía evitar sentirse plena de optimismo al saber que Draco solucionaría todos aquellos problemas ese mismo día. Astoria siempre había tenido mucha intuición, sabía que todo esto era por Scorpius, el único capaz de poner a Draco en la tierra, su debilidad. A pesar de la dureza que había mostrado siempre en su educación, Scorpius era el ser al que Draco más quería en el mundo. Astoria podía ver la resolución en los ojos de su marido, a pesar de su implacable y evidente nerviosismo.
La menuda mujer avanzó hasta él y apoyó las manos en su pecho con delicadeza, dedicándole una tierna sonrisa. Él la miró, alarmado por su presencia, creía estar sólo.
Astoria sólo necesitó un segundo para dejar el nudo de su corbata perfecto con su varita. Draco se miró en el espejo, sonrió.
- Gracias.- murmuró todavía asombrado, y se agachó para depositar un tierno beso en los labios de su mujer.
- Siempre es un placer recordarte que no eres muggle- contestó ella con una sonrisa irónica y divertida.
Draco la observó maravillado. Era ésa la dulce y bondadosa mujer que le había enamorado cuando él creía imposible el volver a enamorarse nunca más. Compuso una expresión de falso enfado.
- ¿Desde cuándo te has vuelto tan sabihonda?- Astoria Greengras compartía ciertas similitudes con la primera mujer de la que se había enamorado, y a la que en contadas ocasiones había podido olvidar. Pero ella le ayudaba siempre a hacerlo, Astoria y el tiempo habían sanado sus heridas. Oleadas de gratitud hacia Astoria recorrieron su pecho. Ella, siempre ella. Su ayuda, su consuelo. Como siempre, lo estaba ayudando, quizá sin siquiera ser consciente de ello. Había relajado su tensión. Lo había hecho sentir mucho mejor.
La mujer castaña reprimió una breve carcajada, y volvió a besarle en los labios.
- Anda, ve. Y da recuerdos a Scorpius. Dile que le quiero mucho. Y que estoy con él.
Draco se quedó tan anonadado que ni siquiera se atrevió a preguntar el motivo por el que Astoria supiera dónde se dirigía. Tomando un buen puñado de polvos flú se desapareció entre las llamas verdosas de su ostentosa chimenea, con sus labios componiendo la palabra "te amo".
Parte 4: Lily:
Lily Luna estaba asustada. Se había levantado poco después del amanecer de un sábado, había pasado gran parte de la mañana preparando cosas para su prima, luchando con el resto de sus primos para que se levantaran, y organizándolo todo. Había acudido por fin al dormitorio de Rose, y había encontrado su cama vacía. Ninguna de sus adormiladas y furiosas compañeras de curso parecían saber dónde se hallaba la pelirroja. Lily abandonó el dormitorio con un terrible mal humor… no sólo por haberse pegado semejante madrugón para nada, si no también por lo malas amigas que tenía Rose como compañeras, que ni siquiera parecían pretender levantarse para ayudar, o buscar a Rose. Harta de tanto escándalo y molestia, Valerie había terminado tirándole un cojín a la cabeza, y acusándole de estar loca por despertarlas a semejantes horas de un sábado, y Lily estuvo a punto de hechizarla, pero en ese momento la irritada voz de Hugo la llamó desde la sala común. Bajó.
-¿Qué pasa?
- ¿Por qué tardas tanto Lily? Tengo sueño…- se quejó su primo.
- Rose no está.
Esa simple frase bastó para espabilar al menos a su primo y a su hermano Albus.
- ¿Cómo que no está?
- No está
- ¿Y no saben dónde…?-
La pequeña pelirroja se limitó a negar con la cabeza.
Un potente ronquido les hizo sobresaltarse a todos. Era James, que cabeceaba sentado en una silla apoyada en precario equilibrio contra la pared.
- ¡JAMES!- rugió Lily sin poder creer que su hermano mostrara tan poco interés por el problema que ahora les acuciaba. El moreno dio un respingo tan exagerado que perdió el equilibrio, cayendo estrepitosamente al suelo, y tirando en su caída tres sillas con el brazo, armando un buen escándalo en la sala. Comenzaron a escucharse fieras protestas provenientes de los dormitorios de los pisos superiores.
Todos los primos rieron, Lily se limitó a componer una sardónica y vengativa sonrisita.
- Bien, ahora que parece que el bello durmiente ha despertado, escúchanos- dijo mientras su hermano se levantaba con expresión de desquiciado y frotándose el dolorido trasero.
- Rose no está en su dormitorio.
- Y a mí qué demonios me cuentas- respondió James de un humor de perros.
- Te lo cuento porque eres su primo, y deberías estar tan preocupado por ella como yo lo estoy. ¿Dónde demonios está Fred? ¿Aún no lo has despertado?- preguntaba la pelirroja mientras pensaba asaltar el dormitorio de Roxanne y sacarla a rastras de la cama. Pero no hizo falta, la muchacha bajaba desperezándose de forma casi obscena.
- ¿Qué tanto drama? ¿qué pasa?
- Rose no aparece
- Esfffaaaabaaa anossssi ellote co sunoooovio.
- ¡¿Cómo?!- Roxanne hablaba al tiempo que bostezaba, y no se le había entendido nada.
- ¡Digo que estará dándose el lote con Malfoy!- exclamó tan alto que provocó una nueva oleada de protestas e insultos provenientes de los dormitorio.
- ¡CÓMO! Esta vez fue el siempre sobreprotector James el que se dejó oír por encima de todos. - ¡¿Que Rose qué!? ¡Voy ahora mismo a buscar a ese sinvergüenza!- rugió mientras hacía señas a Fred, que en ese momento bajaba con cara de malas pulgas para que lo siguiera. Para James ya era inconcebible que cualquier tío se fijara en cualquiera de sus primas o hermana como para que encima fuera Scorpius Malfoy. Definitivamente ese canalla se las iba a pagar. En otras circunstancias puede que Lily, Albus, Lucy, o incluso Roxanne los hubieran detenido, pero siendo que tenían que encontrar a Rose, James supondría un hábil sabueso que seguramente, la encontraría más rápido y efectivamente que nadie, y que con un poco de suerte si era cierto que estaban juntos, le daría una lección al engreído de Malfoy.
Roxanne y Lily se miraron como si todo aquello fuera viento en popa, de hecho, Roxanne no podía haber encontrado mejor momento para soltar aquella bomba. Lily comenzó a organizar las "partidas de búsqueda por grupos" para encontrar a Rose. Mientras tanto James Potter husmeaba por el castillo, lleno de rabia, pensando en todos y cada uno de los castigos físicos que podía probar con Scorpius, e intentando no pensar en lo que su prima y ese malnacido podían estar haciendo en ese mismo momento. Le seguía a duras penas su confuso primo Fred, que todavía tenía que frotarse los ojos para ver por donde pisaba.
Parte 5: Scorpius:
Tras una intensa conversación con Candice Fawley, Scorpius no podía estar más nervioso. Había dejado claros todos y cada uno de los puntos de lo que quería que ella hiciera, bajo la única premisa de que ella "se lo debía", por haberlo metido en semejante lío. Pero Candice Fawley no era en absoluto una persona de fiar, y tenía que estar más que atento a todos y cada uno de sus movimientos. Cuando empezaron a escuchar los primeros ruidos en la sala común, Scorpius la sacó de allí, no podía arriesgarse a que nadie los escuchara. Y cuando calcularon que las puertas del castillo debían estar ya abiertas, bajaron las escaleras que conducían a la entrada, mientras el muchacho la observaba con suspicacia. Fawley parecía demasiado feliz como para verdaderamente estar conformándose con lo que él decía, y era eso lo que lo mantenía especialmente alerta. Cuando estaban a punto de pasar por delante de la biblioteca el muchacho vislumbró con horror a Rose sentada contra la puerta de la misma, y completamente dormida… ¿qué demonios? Miró a Candice, quien parecía estar demasiado ocupada babeando con él, y se dijo a sí mismo que debía distraerla como fuera, así que eso fue lo que intentó.
- He de admitir que estoy impresionado con tus astucias, Candice, una vez más, demuestras que eres digna de tu casa y apellido…- la aduló, consciente de que la serpiente se volvería loca con sus cumplidos, pero quizá era algo inteligente, al mismo tiempo que la distraía, tenerla contenta podía ser un plus extra para que ella cumpliera con lo acordado de buen grado.
- Qué pena que no se pueda decir lo mismo de ti, Scorpius… últimamente estás perdiendo facultades al juntarte con esa traidora…- comenzó a parlotear alegremente mientras observaba a Scorpius como si fuera un pedazo de carne especialmente jugoso para un muerto de hambre.
Ambos pasaron de largo sin que Candice se diera cuenta de que Rose estaba allí. Le habría encantado despertarla, besarla, arroparla entre sus brazos, decirle que la amaba, se moría de remordimientos, curiosidad y sobre todo preocupación… ¿qué hacía ella allí a tales horas, y dormida? Probablemente fuera por lo que fuera, sería culpa suya. Para cuando llegaron a los terrenos, la niebla se había disipado bastante, y ambos avanzaban presurosos hacia Hogsmeade.
Hola! vuelvo ya con el penúltimo capi… espero que con el anterior capítulo te haya quedado todo algo más claro, gina lara. Bueno, de veras espero que os guste este capi, y es una pena pero… estamos llegando al final! La semana que viene tendréis el último capítulo de la historia
En fin, gracias por leerme. Millones de besos y abrazos a todo el mundo, y mil gracias ilily por tu comentario del anterior capítulo: aquí tienes la actualización ^^
