Fred y James:
El retrato de "Alaric el despechado" se abrió con un tenue chirrido, y los dos primos salieron de él. Fred consideraba una tontería lo que estaban haciendo. Era casi imposible encontrar a una persona que no quería ser encontrada en ese castillo, y así se lo hizo saber a James. Si al menos tuvieran el mapa del merodeador… pero justo la noche anterior Filch se lo había requisado a consecuencia de una especialmente cruel broma hacia el ajado conserje. Fred llegó incluso a sugerir entrar por la fuerza en el despacho de Filch y recuperar el mapa "nunca encontraremos a Rose sin él", decía.
James sin embargo no quería oír hablar de otra cosa que no fuera descuartizar en esos momentos, y en lugar de ir en busca de Rose, como el resto de sus primos, él iba a la caza de la "Barbie rubia", como solía llamar a Malfoy. Casi no pudo creer lo que vio cuando salieron del pasadizo: ¡lo había visto! juraría que acababa de ver un mechón de la estúpida melena del idiota redomado de Scorpius Malfoy saliendo por la puerta principal hacia los terrenos.
- ¡¿Lo has visto?! - inquirió con rudeza. Fred asintió, poniendo los ojos en blanco, aunque al mismo tiempo divertido. Todo lo que fuera molestar a la Barbie rubia le parecía estupendo.
- ¡Vamos! - exclamaron a la vez, y echaron a correr por el hall hasta llegar a la entrada. Ambos salieron a un fresco día de niebla que parecía estar aclarando. Los pajaritos cantaban, incluso algunos cálidos rayos de sol parecían querer asomar tímidamente entre la neblina. Un vistazo general, y de pronto lo vieron: Scorpius Malfoy, acompañado de alguien que sin duda no era su prima, avanzando a toda velocidad hacia las puertas de hierro de la entrada a los terrenos, sin duda con intención de abandonar el castillo. ¿Dónde demonios iría?
Las reacciones de James y Fred no se hicieron esperar. Ambos se miraron con el rostro desencajado. Si Malfoy estaba con Rose antes, ahora estaba con otra chica, y parecía tener tanta prisa por escapar de los terrenos… ¿qué demonios significaba aquello? ¿habría hecho daño a Rose? ¿de qué escapaba el muy cobarde?
Ambos corrieron como alma que lleva el diablo. Intentaron ser sigilosos, no les convenía provocar un duelo en esos momentos, el factor sorpresa sería decisivo. James se ocupó incluso de hacer un encantamiento silenciador para que sus pasos y los de Fred no se escucharan contra la gravilla. Los muchachos se hicieron invisibles, agachándose sobre la capa del abuelo de James, que por suerte habían llevado consigo. El espacio era muy estrecho con ambos dentro de la capa, más teniendo en cuenta que eran alumnos fortachones y de gran estatura de séptimo año, pero haciendo un gran esfuerzo, y gracias sobre todo a que la acompañante de Malfoy, a quien ya habían reconocido rezongaba perezosamente, consiguieron adelantarlos. En cuanto se encontraron frente a ellos, se quitaron la capa de inmediato, y los apuntaron con sus varitas. Podrían haberles atacado por la espalda directamente, y todo habría sido mucho más fácil, pero James y Fred eran auténticos y orgullosos Gryffindors cuyo orgullo y honor les impedía terminantemente jugar sucio como cualquier vulgar Slytherin.
El rostro de Malfoy estaba desencajado. Completamente desencajado. Parecía a simple vista, desarmado. Candice Fawley parecía entre nerviosa y divertida, y jugueteaba con la mano en los bolsillos de su capa. Deberían vigilarla, sin duda su varita estaba en ellos.
- Potter… Weasley…- dijo Malfoy con su voz llena de rabia y desprecio. - ¿Se puede saber qué demonios estáis haciendo?
- ¡Pero qué tenemos aquí! ¡Si es la Barbie- rubia- prisitas! ¿dónde vas con tanta prisa, muñequita?- lo provocó James con una sonrisa insolente, en este tipo de situaciones su habitual bravuconería se elevaba al cuadrado. Fred vigilaba las manos de Candice, sin dejar de apuntarla con la varita. La muchacha permanecía inusualmente en silencio.
- Voy a donde me pasa por los cojones, ¿a ti qué te parece? - contestó el rubio con desprecio.
- Yo que tú no me pondría tan chulito, Malfoy - insistió James acercando su varita cada vez más al cuello del Slytherin.
Scorpius Malfoy parecía desesperando. Lo había atacado un nervioso tic en el ojo derecho, que parecía tener serias dificultades por mantenerse abierto.
Fred y James rieron estruendosamente.
-Vale princesita, antes de que te lances encima nuestro, te explicaré qué está pasando aquí- terminó imitando el tic de Scorpius. - Resulta que Rose no aparece. Resulta también, que ha llegado a nuestros oídos que estaba contigo. Sí, contigo- a cada palabra James se ponía más serio, era evidente que se ponía enfermo sólo de pensarlo. - Aunque suene increíble, tenemos una persona en la familia con un gusto vomitivo. Por tanto, la pregunta del millón, es: qué haces tú aquí, con esa víbora- dijo mirando a Fawley con desprecio- y por qué demonios parece que huyáis del castillo como si acabarais de cometer un asesinato- el Gryffindor había terminado la frase con los dientes completamente apretados, su mandíbula descontrolada debido a la rabia. Scorpius Malfoy iba a necesitar algún tipo de ayuda divina para salir de ésta sano y salvo.
- ¿Dónde está? Y ¿qué le has hecho? - insistió esta vez Fred, al no obtener respuesta de Scorpius.
Por su parte el rubio parecía a punto de echarse a llorar… algo muy apropiado para la diversión de los dos primos, si no fuera porque la situación era demasiado tensa para reírse a esas alturas. Se sentía un cobarde por haberla dejado en ese estado, se sentía triste y desolado por haberle hecho tanto daño en los dos últimos días, pero desde luego no estaba dispuesto a cooperar con ese par de perros, lo que tenía que hacer es marcharse de ahí, el tiempo era crucial, no podía llegar tarde a la cita con su padre, que lo tomaría sin duda como una provocación, una clara declaración de intenciones que no le iba a beneficiar en absoluto.
- No sé de qué me hablas- soltó apretando los puños con rabia.
La confusión reinó. James Potter perdió los nervios, y arreó tal puñetazo en el estómago al slytherin que éste se lanzó al suelo encogido, intentando recuperar la respiración. Candice Fawley escapó ante las narices de un distraído Fred, y antes de que ninguno de ellos se diera cuenta, había desaparecido por las vallas de la entrada.
Candice Fawley:
El día no podía estar resultando más propicio para Candice Fawley. Cuando ya pensaba que las cosas estaban poniéndose demasiado feas como para poder hacer otra cosa que no fuera improvisar, aparecían los dos gorilas descerebrados Weasley por excelencia y le despejaban el camino. Mientras divisaba las primeras casitas del pueblo, Candice Fawley se sentía afortunada. Plena de energía, y con el cerebro trabajando a toda máquina… todo aquello iba a resultar perfecto… por fin iba a recibir todo el reconocimiento que merecía, y no sólo eso… Scorpius se daría cuenta, si no se había dado cuenta ya, de que ella era la mejor opción para él. Iba a salvar su culo de tal manera que su ex novio debería guardarle gratitud por el resto de la eternidad…
La Slytherin entró en la decrépita tabernucha en la que Scorpius había quedado con su padre, echando un vistazo despreciativo, y dejando muy claro a todos los presentes que ella tenía demasiado nivel como para encontrarse allí por voluntad propia. De pronto se encontró de frente con una versión más madura del atractivo Scorpius Malfoy, quien se hallaba sentado en una mesa con un vaso de whiskey de fuego, y al parecer muy distraído.
-Buenos días, señor Malfoy. Soy Candice Fawley- dijo mientras tendía la mano con una amplia sonrisa impregnada de falsa inocencia a un confuso Draco Malfoy.
Rose Weasley:
El convulso cuerpo de Rose Weasley intenta frenar sus incontrolables sollozos.
No dejaba de temblar desde que aquellos inoportunos pasos la despojaron de su tranquilo sueño y, fingiéndose dormida, había podido escuchar a la perfección cómo Scorpius se alejaba hacia los terrenos con su ex-novia, escuchar sus halagos hacia la despiadada serpiente, intuir sus sonrisas cómplices, sentir cómo ambos se reían de ella… ver por debajo de sus entrecerrados párpados cómo Scorpius se fijaba en su abandonado cuerpo y la ignoraba, ver y darse cuenta de cómo todo era parte de un plan. Un cruel plan que pretendía hundirla, arrancarle las ganas de vivir, justo en el día de su cumpleaños. Todos esos meses de besos, caricias, flores, regalos y dulces palabras formaban parte de un sádico plan, y ella había sido tan estúpida como para creérselo. Sin embargo le parecía demasiado extraño que Malfoy no hubiera comentado nada al verla así, que no se lo hubiera hecho saber a su querida serpiente para que ambos pudieran disfrutar al máximo de la visión de ella, más humillada que nunca. ¿Por qué no lo habrían hecho? Quizá se había aburrido definitivamente de ella. Quizá Rose era tan sosa y tan "indigna" para él de merecerlo que ya ni siquiera le producía placer alguno seguir humillándola…
-¡Rose!- exclamó una voz conocida. Era Hugo, su hermano.
De inmediato se lanzó a su lado, la tomó de las manos, intentó que ella se levantara de aquel lugar. Rose ni siquiera tenía fuerzas para negarse… se limitó a obedecer, sin dejar de sollozar. Ni siquiera veía por dónde iba. Hugo se moría de ganas de preguntarle un millón de cosas. Por su sangre bullía un incontrolable deseo de vengarse de todo el que tuviera algo que ver con el deplorable estado en el que se encontraba su hermana mayor, pero sabía que debía darle un tiempo, la conocía demasiado bien como para no saber qué hacer. La gente comenzaba a despertar en el castillo, y los pasillos pronto comenzarían a ser un bullicio de actividad. Tenía que llevarse a Rose a algún lugar donde nadie pudiera molestarles, donde ella pudiera desahogarse. Sabía que ella sólo quería dormir, conocía a su hermana a la perfección. Siempre que se llevaba un gran disgusto, una enorme desilusión, siempre que Rose Weasley estaba deprimida, lo único que buscaba en el mundo era escapar de la realidad, oportunidad que sólo Morfeo le proporcionaba. El Weasley escuchó risas al final del pasillo por el que caminaban. No permitiría que vieran a su hermana de aquel modo, él sabía que ella jamás se lo perdonaría. Ahora Rose era responsabilidad suya, y la iba a cuidar. Hugo forzó la puerta más cercana, e hizo entrar a Rose en lo que parecía un aula en desuso. La abrazó mientras notaba cómo temblaba bajo sus brazos. Besó su pelo e intentó tranquilizarla. Pero Rose ni siquiera abría los ojos, necesitaba más tiempo. En ese momento Hugo se juró a sí mismo que, sin importar cómo o cuando, acabaría con Scorpius Malfoy.
Lily Luna, Albus, Roxanne y Lucy:
El bolsillo de Lily Luna ardía, y ella sacó con excitación la enorme moneda de oro gracias a la cual todos los primos se estaban comunicando aquella alocada mañana. Era una idea familiar que se había ido transmitiendo desde que Victoire, la prima más mayor, entró en su primer año a Hogwarts. Desde entonces todos los alumnos miembros de la familia Weasley usaban este original método para comunicarse entre ellos, que se remontaba a los tiempos de sus padres y tíos, y los cuales lo habían ideado para enviarse mensajes sin ser descubiertos, durante una dura y represiva época escolar.
El mensaje era de Fred, y tan sólo una palabra brillaba en la ardiente superficie de la moneda: "TERRENOS".
Lily miró a sus primas y hermano, quien se había reunido con ellas tras perder de vista a Hugo. Lucy y Roxanne tenían su propia moneda en la mano, y a todos ellos les gobernaba la confusión.
- Vamos
Los cuatro Gryffindor bajaron por la escalera principal, atravesaron como un rayo el vestíbulo sin decirse ni media palabra, y salieron al ya más cálido día casi primaveral. No vieron nada, y una mueca de fastidio apareció en la cara de la más joven de las muchachas.
- Tranquila Lily, le contestaré…- dijo Lucy mientras, con su varita, enviaba un mensaje para James.
No hizo falta que Fred contestara, dos segundos después lo tenían detrás, haciéndoles exageradas muecas para que lo siguieran. Los cinco primos marcharon en silencio hacia el bosque prohibido.
-¿Qué ocurre?- preguntó Roxanne con impaciencia a su hermano.
- Tenemos a Malfoy- replicó éste con una mueca malévola, que no hizo si no preocupar más a tres de los primos. Albus gimió.
- ¿Y Rose?
Fred se encogió de hombros, con cierto grado de preocupación grabado en su ceño.
- Esto no me lo pierdo- añadió Roxanne con cara de traviesa maldad. Su carácter travieso y despreocupado le permitía eludirse con facilidad, incluso en momentos de máximo estrés y preocupación. Pero Lily, Lucy y Albus no podían dejar de pensar con angustia que todavía no se sabía nada de Rose. Para cuando llegaron al claro donde James vigilaba a un desarmado y evidentemente alicaído Scorpius, quien se encontraba atado contra un árbol y con la nariz llena de sangre por todos lados, Albus decidió intentar contactar con Hugo, del que hacía por lo menos una hora que no sabían nada.
Hugo Weasley :
Hugo Weasley se dirigía hacia la sala de los menesteres. Se quedaría allí con Rose hasta que a la misma se le pasara el disgusto. No podía permitirse llevarla a sala común, que en ese momento se encontraría abarrotada. Puede que incluso sus amigas la estuvieran buscando.
De pronto el bolsillo del muchacho pelirrojo comenzó a arder de nuevo. Ya lo había notado anteriormente, pero estaba demasiado ocupado como para hacerle caso. Miró la moneda, el mensaje era de Albus, al que hacía ya un buen rato que había dado esquinazo. Quería saber dónde estaba. De pronto se sintió culpable.
Un segundo mensaje, esta vez de Lily, apareció en la moneda antes de que pudiera pensar en si contestar o no. "Ven al bosque, date prisa".
-¡Mierda! Susurró Hugo, dispuesto a ignorar el mensaje. Metió la moneda en sus pantalones de nuevo, y sus ojos se encontraron con los enrojecidos ojos de su hermana.
- ¿Qué ocurre?- preguntó ella con voz débil y afectada. Hugo la miró enternecido y enormemente aliviado de que hablara. - Nada, tonterías de Lily.- contestó con voz dulce.
Rose le arrebató la moneda sin darle tiempo siquiera a quejarse.
-¿Qué está pasando?- exigió su hermana con brusquedad.
- Ni lo sé, ni importa, Rose.
Pero Rose había leído el mensaje en la moneda, y se lo había tomado como que Lily estaba en apuros. No era momento para pensar en ella misma y autocompadecerse, menos aún para debilidades. Agarró a su hermano de la mano, y secándose las lágrimas lo arrastró camino a los terrenos, haciendo caso omiso de sus protestas.
Scorpius Malfoy:
James Potter y Fred Weasley exigían a gritos saber dónde estaba su prima. Scorpius les cuenta que la vio por última vez esa mañana, en la puerta de la biblioteca. Estaba preocupado por ella, y sabía que si les decía dónde estaba irían a por ella, y la cuidarían. La consolarían. La ayudarían. Otro puñetazo, y siente cómo su nariz cruje bajo el puño de uno de los dos Gryffindors. No sabe quién ha sido esta vez, y tampoco le importa. Scorpius Malfoy se sentía humillado. Pero la sensación de devastación que arrasaba con su cuerpo poco tenía que ver con la humillación de la que estaba siendo merecido objeto por parte de los primos de Rose.
Se sentía mal por su absurdo plan. Terriblemente mal por no haber sido lo suficientemente valiente como para haber planeado plantarle cara a su padre sin ninguna triquiñuela, y peor aún por todo lo que le había hecho a Rose durante esos días. Se hallaba en tal estado de tristeza y meditación que se regocijaba con cada uno de los golpes e insultos que los primos de Rose le propinaban. Porque lo merecía. Se siente muy alejado del dolor físico en esos momentos. Sus ojos cerrados sólo ven el rostro de Rose. Su corazón hecho pedazos tras haberlo visto salir con Fawley del aula, su cuerpo encogido y tumbado en el frío suelo aquel amanecer… su rostro desilusionado. Entonces vuelve a recordar cómo es su rostro cuando sonríe. Su expresión de fingido enfado cada vez que le roba un beso, o la emoción mal disimulada en su cara cada vez que se encuentran. Y en ese momento es plenamente consciente de lo muchísimo que la ama, y de que pase lo que pase luchará para que estén juntos.
Un pequeño bullicio se desata en el claro del bosque que hacía unos minutos se hallaba extrañamente silencioso. Scorpius suponía que se habían marchado a buscar a Rose, pero ahora puede escuchar un gran número de voces conocidas. Al parecer todos los primos han acudido a recrearse con el espectáculo.
- Gracias a Merlín…- dice una voz con alivio.
-¡No! ¡Sacadla de aquí! ¿No lo entendéis?- gruñe con furia una voz que el Slytherin identifica como la de James Potter.
Pasos apresurados, y voces airadas.
De pronto Scorpius escucha algo que hace que le de un vuelco al corazón. Abre los ojos de inmediato.
- ¿Qué narices pasa aquí, qué intentáis ocultarme?
Una furia incontrolable domina la voz de Rose Weasley, borrando todo atisbo de su anterior debilidad. La mayoría de los primos se apartan.
Los ojos azules se encuentran con los grises, y ambos se quedan mirándose, sin decirse nada.
Todos los presentes observan la escena en silencio, el tiempo parece haberse detenido, sólo para ellos dos.
Scorpius atraviesa sus ojos con profundidad, su cara muestra el mayor alivio posible, al ver que ella está bien. La mira con ardor, pretende decirle de este modo que la ama sólo a ella. El rostro de Rose se contorsiona en una mueca de dolor y decepción que sólo muestra por un segundo, pues un segundo más tarde se ha puesto la ya tan conocida máscara de frialdad. Le dice a Scorpius con su mirada que la ha perdido. Se acerca a él, el bosque en pleno contiene la respiración.
Se queda mirándolo lo que le parece una eternidad, y entonces le da una humillante y fuerte bofetada que resuena por todo el lugar. Scorpius siente que su corazón se hace pedazos, pero bien que lo merece. Haría lo que fuera por hacerle comprender… Incluso después de ello, sus primos contienen el habla. Una última mirada, y Rose se ha dado la vuelta. Se dirige a James.
- Soltadlo. Soltadlo inmediatamente.
Fieras protestas siguen a sus palabras, pero ella no quiere escuchar nada más.
- No entiendo a qué jugáis haciendo algo así. Podrían expulsaros a todos, y eso será lo más suave que merezcáis- reclama, su voz más fría a cada palabra. - Soltadlo- vuelve a insistir, y James lo suelta. Por su cara podría decirse que las navidades han sido canceladas durante el resto de la eternidad. Está furioso con Rose, y pretende hacérselo saber. Pero ella no está para aguantarlo. Scorpius Malfoy frota sus adoloridos brazos por la acción de la cuerda. Corre hasta Rose, la sujeta de los brazos, y es consciente de que al menos siete varitas lo apuntan en ese mismo momento, dispuestas a maldecirlo. Si no lo han hecho ya es porque todavía está desarmado.
- Volveré- le dice únicamente. Toma su varita del suelo, y corre más de lo que ha corrido en toda su vida hacia Hogsmeade…
Un joven rubio irrumpe en la decrépita taberna, y se apoya en los goznes de la puerta, sin aliento. Escruta con avidez la pequeña y sucia sala, y encuentra de inmediato unos ojos iguales que los suyos. Sin perder un segundo, Scorpius se sienta en la mesa que su padre comparte con Candice. Su expresión es inescrutable. La de su padre, parece decepcionada. Candice Fawley es por fin consciente de que ha llegado. Se siente molesta porque lo hayan dejado marchar, y temerosa de cómo pueda reaccionar Scorpius. Lleva largo rato hablando con el que anhela sea su futuro suegro, un gran camino recorrido para que ahora todo se arruine. La chica compone de inmediato una terriblemente falsa sonrisa de oreja a oreja. Se levanta, y abraza a Scorpius, a quien entran ganas de apartarla con brusquedad. Candice intenta besarlo y es más de lo que él puede aguantar. La aparta como si fuera una mosca pesada rondando su comida, y se ocupa de mostrar todo el desprecio del que es capaz con su mirada. Ella no se da por aludida, o al menos, finge no hacerlo.
- Sí que tardabas amor mío… le estaba contando a tu estimado padre lo feliz que me has hecho al darte cuenta de que estabas completamente equivocado. Que me amabas a mí, y que vamos a casarnos- soltó ella con maldad, dirigiéndole una mirada de: "no tienes más remedio que confirmarlo…" al tiempo que mostraba radiante un anillo.
Scorpius, que conocía perfectamente hasta dónde podía llegar la maldad y la astucia de aquella serpiente no pudo sin embargo quedarse de piedra ante tan descarada muestra de manipulación, locura y egoísmo.
Aún así, sacudió la cabeza ignorando a Candice, y se volvió hacia su padre.
- Papá. Ven conmigo. Por favor- le ruega, y Draco Malfoy se levanta de inmediato, con clara confusión en su mirada.
Candice Fawley es presa de una rabieta. Ha seguido a Scorpius y su padre durante todo el camino refunfuñando e intentando llamar la atención de ambos. Cree todavía en sus posibilidades si hacer ver a Scorpius la gravedad de desmentir su versión, pero el muchacho se halla en tal estado de decisión que ni siquiera parecer ser consciente de que ella está todavía allí. Su padre camina a su lado, confuso, sin embargo ninguno de los dos se dirigen la palabra. Está sumamente intrigado, jamás había visto a su hijo en tal estado. Y no precisamente por ver su nariz cubierta de sangre, es la fuerza interior que emana la que lo tiene obnubilado. Por fin Draco Malfoy se decide a hablar. Mira a su hijo.
- ¿Adónde me llevas, Scorpius?- pregunta con autoridad al tiempo que observa con disgusto a aquella despreciable chiquilla que pretende apropiarse de su hijo.
- Ahora lo veras. Pero para ello necesito que te vayas, Fawley- suelta Scorpius sin ningún miramiento, deteniéndose en seco. Ella no parece en absoluto dispuesta, y Draco está comenzando a enfadarse de verdad.
- Me parecen unos modales muy impropios de su apellido, señorita Fawley, pensaba otra cosa de usted… creo que tendré que informar a su padre de esto.
Candice siente por fin todo el peso de sus humillaciones, como si la hubieran derribado de un mazazo. Sin mediar palabra y pensando tan sólo en la venganza, corre hacia su sala común, tapándose la llorosa cara, y pensando en mil y una acciones para vengarse de todo aquello.
Scorpius sonríe a su padre.
Ambos llegan a la sala común de Gryffindor, Draco tiene el corazón en un puño. Scorpius envía un patronus a Rose, supone que estará allí, pero no obtiene respuesta. Tras media hora esperando, un chico de tercer curso sale por el retrato, y Scorpius le ruega que haga salir a Rose Weasley. Al rato ella sale, con aspecto de no saber qué ocurre. Una horda de sobreprotectores primos salen tras ella, y ella irritada, los hace volver a entrar antes de que siquiera vean a los poco comunes visitantes.
El rostro de Rose se tiñe de frialdad al ver a Scorpius y su padre observándola, y se prepara para dar una mordaz contestación. Supone que ambos han acudido a pedir responsabilidades por lo sucedido aquella mañana en el bosque. Pero de pronto Scorpius pone su mundo del revés.
Avanza hasta ella, la toma de la mano.
- Papá…- dice Scorpius con ímpetu- Ésta es Rose Weasley. Y es el amor de mi vida. La amo. Y voy a estar con ella, durante el resto de mi vida…
Tras lo que le parece una eternidad, se vuelve hacia su padre, espera recibir la segunda bofetada del día en su ya maltrecho rostro. Pero su padre está sonriendo, y una brillante lágrima cae por su mejilla.
- Hoy me has hecho feliz, hijo mío.
Rose Weasley:
Y esa es nuestra historia, cielo… todavía soy incapaz de enumerar todas las pequeñas y maravillosas cosas que esos ojos grises han cambiado en mí. Nunca terminaría de enumerar… lo que tú me haces ser"- dice, mirando ya con intensidad los ojos de su marido. Rose Weasley se levanta. Su pequeña hijita ya duerme. Se acerca con sigilo a Scorpius, temiendo despertar a la pequeña Siannah, y lo toma de las manos.
- Llevo mucho tiempo queriendo decirte lo que tú me haces ser, Scorpius. Tú me haces ser feliz.
... FIN...
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Gina lara: Siento haber tardado tanto en actualizar… he tenido una horrible falta de tiempo últimamente… quiero darte las gracias, gracias de corazón, porque gracias a tus incondicionales comentarios, tenía ganas de seguir. Gracias por tu apoyo, de verdad, espero no haberte decepcionado con el final. Un beso enorme
Nadeshiko0814: Lo mismo para ti, me disculpo por haber tardado tanto en actualizar! la falta de tiempo no perdona… Muchas gracias por tu comentario, la verdad es que me hizo muchísima ilusión ver tanto entusiasmo, y me alegra mucho que te gustara que Draco y Astoria estuvieran enamorados 3 no podía verlo de otro modo! Jejeje
Un besazo y gracias! (Espero no decepcionarte a ti tampoco con el final!)
Y otra historia que llega a su fin, queridos míos ... Rose y Scorpius llevan acompañando mis veladas de escritura desde enero de 2011, y desde entonces me he sentido unida a estos dos personajes de una manera muy especial... mucho ha cambiado y evolucionado mi forma de escribir desde entonces, por muchos distintos estilos literarios ha tenido que pasar esta pobre historia para acabar finalizando en el estilo con el que más cómoda me he sentido hasta el momento. Desde aquí doy las gracias a todos vosotros, que me habéis seguido durante estos dos años. Que habéis esperando con santa paciencia mis siempre tardanas actualizaciones, que me habéis colocado en favoritos, y sobre todo, que me habéis hecho comentarios, los cuales siempre me ayudaban a nunca perder la motivación...
Gracias otra vez por vuestra eterna paciencia con las actualizaciones. Me voy triste como si un amor se terminara, pero en realidad no es así. Un amor comienza.
Si alguien a quien guste cómo escribo se siente tan huérfano como yo en este mismo momento, le recomiendo mis dos nuevas historias: "Draco Dormiens Nunquam Titillandus" sobre los fundadores y la apertura de Hogwarts, en la que ahora mismo estoy poniendo todo mi cariño, mi alma, y mi corazón; y Chocolate, menta, rosas&rock´n roll (un Rose/James que me tiene completamente entusiasmada)... Un enorme beso y GRACIAS, DE VERDAD! HASTA SIEMPRE!
