Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins. Yo solo me base en los libros para crear la historia.


Capitulo 13: Seguir Siendo el Mismo.

Peeta Pov.

Estaba en el bosque, tratando de volver a casa, pero no estaba solo, a mi lado se encontraba una pequeña niña con dos trenzas, en lugar de una. Katniss pensé, tenían poco parecido, pero no era ella, puesto que la niña era rubia. Ahora lo recordaba, Primrose Everdeen, la hermana pequeña de Katniss Everdeen, estaba ahí a mi lado, temblando de miedo, intentando protegerla de uno de los profesionales que nos acorralaba. Tenía listo mi cuchillo para atacar en el preciso momento en el que él lo hiciera.

Le susurre a Prim que corriera. Ella debía correr lo más lejos posible de ahí, ponerse a salvo, hasta subir al árbol más alto, para que nadie la lastimara, estaba claro que el chico del Distrito 2 estaba solo. Que se había separado de su compañera de Distrito, pues siendo los últimos tributos en la arena y solo habiendo un ganador, no sería él quien acabara con ella. O ella con él. Pero me equivoque.

Cato intento seguir a Prim, pero no se lo permití, estuvimos luchando un tiempo, hasta que el grito desesperado de Clove su compañera de Distrito llamándolo, lo desconcertó, lo que me dio una gran ventaja logrando, haciéndole un cortarle en el brazo derecho. Cato reacciono ante mi ataque, furioso y desesperado por no ayudar a Clove, clavo su espada en mi pierna izquierda. Saco su espada de mi pierna y salió corriendo en busca de su compañera de Distrito. El dolor en ese momento era insoportable, caí en el suelo sin poder evitarlo.

Estaba a punto de desmayarme cuando el sonido de un cañonazo, me hizo reaccionar. Prim. Tenía que saber que estaba a salvo. Como pude saque toda la fuerza que me quedaba, chocando con los arboles que se me atravesaban, tome el camino por el cual Prim corrió, no tarde mucho en encontrarla, tirada en el suelo, a pocos metros de ella se encontraba Clove muerta. Prim estaba herida, aun respiraba.

-Peeta – dijo con dificultad.

-Prim, estarás bien, estarás bien. – le decía una y otra vez, mientras ella respiraba con dificultad y soltaba una que otra lagrima.

-Estas herido.

-Estoy bien – mentí – tu también estas herida.

-Yo no tengo remedio.

No, no, no. No iba a permitir que ella se fuera, ella tenía que regresar, lo había prometido, ella regresaría sana y salva con su familia. Esto no era el fin. Si no había fracasado.

-No dejare que mueras. – Tome su mano con dificultad, estaba sangrando tanto ella como yo, pero no me importaba.

-Peeta, tú debes ganar.

-No, Prim, no puedes morir. – le recrimine, ella no se iría. Mis lágrimas comenzaron a salir de mis ojos sin previo aviso.

-¿Crees que veré a mi papá?

-Prim – es lo único que salió entre mis sollozos. – Si, lo volverás a ver.

-Sabes no tengo miedo – dijo Prim con dificultad. – Quiero que me prometas algo.

-Lo que quieras.

-Quiero que ganes por los dos. Quiero que seas feliz Peeta. Que la busques y le digas lo que sientes ¿Me lo prometes? – como podía pedirme ser feliz, nunca lo seria.

-Te lo prometo. – fue lo último que me dijo y lo último que le conteste, pues lo siguiente que escuche fue el cañonazo informando la muerte de otro tributo, la muerte de Primrose Everdeen.

Despierto sobresaltado y agitado. Estaba sudando, me temblaba todo el cuerpo, por el miedo y la impotencia de no haber podido salvarla. Al parecer había sido solo una pesadilla, la misma de todas las noches, la pesadilla de la muerte de Primrose.

Esto tenía que acabar, no podía seguir viviendo así, no quería acabar como Haymitch. Me levante de la cama, tome una relajante ducha. Me dirigí a la cocina de mi nueva casa, aquí tenía todo lo necesario para hornear pan siempre que quisiese, que casi la mayoría de las veces hacía. Empecé a preparar la mezcla, solo tardaría unos minutos en tener la masa lista para meterla al horno y esperar su respectivo tiempo para tener listo un delicioso manjar.

Una nevada ligera empieza a caer en el Distrito 12, envuelvo algunos panques, los guardo en una bolsa y salgo de mí ahora casa de la Aldea de los Vencedores y me dirijo a la casa de Haymitch.

La Aldea de los Vencedores es una comunidad separada, construida alrededor de un jardín precioso adornado con arbustos floridos. Hay doce casas, cada una lo bastante grande, para alojar diez como las de la Veta. Diez están vacías, como siempre lo han estado. Las dos en uso nos pertenecen a Haymitch y a mí. Peeta Mellark. Ganador de los septuagésimos cuartos juegos del hambre.

La nieve ha empezado a cuajar y dejo un rastro de pisadas detrás de mí. La casa de Haymitch, a pesar de los cuidados del encargado del parque, emite un aire de abandono y negligencia. Me preparo en su puerta, respiro profundo el aire fresco de afuera, sabiendo que el de adentro olerá mal y luego empujo hacia dentro.

Mi nariz se arruga inmediatamente de asco. Haymitch se niega a dejar entrar a nadie a limpiar y el mismo lo hace muy mal. Con los años los oleros a licor y vomito, repollo hervido y carne quemada, ropa sin lavar y desechos de ratón se han mezclado en un olor apestoso. Camino con dificultad a través de una basura de envoltorios descartados, cristal roto y huesos hacia donde se que encontrare a Haymitch. Se sienta en la mesa de la cocina, sus brazos desparramados sobre la madera, su cabeza en un charco de licor, roncando a plena potencia. Dejo el pan en la mesa, al otro lado de Haymitch.

Le sacudo el hombro.

-Haymitch – Digo en voz alta. Intentando moverlo de un lado a otro.

-Despierta Haymitch – insisto. Golpeando levemente su cara.

-¿Qué, qué hora es? – Farfulla, por fin levantándose poco a poco.

-Casi medio día.

Le quito el cuchillo que trae, mojándolo en el licor blanco de la botella del suelo. Froto en mi camisa la cuchilla hasta que queda limpia y parto el pan en rebanadas.

-Asegurándote de que no eh muerto de inanición.

-Solo por si acaso. Toma. – digo mientras le paso unas rebanadas de pan y un poco de chocolate caliente, quien luego le añade un chorro de licor.

-Deberías dejar de tomar.

-Y tú deberías dejar de pintar los juegos.

Nadie dice nada, después de que ganara los septuagésimos cuartos juegos del hambre, me dijeron que tenía que encontrar un talento, se supone que cada vencedor debe tener uno. No fue difícil encontrar el mío, pues pase la mayor parte de mi vida decorando tartas y galletas, en la panadería de mis padres. Pintar ese era mi talento, es a lo que me dedicaría de ahora en adelante, pues no tenía que trabajar, ni en el colegio, ni en la industria del distrito.

-Me ayuda en las noches de insomnio. – respondo, después de algunos minutos.

-Cada loco, con su cura. – dice alzando su bebida, demostrando que el con la bebida no podía soportar las crueles pesadillas.

Salí de la casa de Haymitch, después de charlar un rato con él. Era impresionante lo mucho que cambiaba tu persona y tu vida después de los juegos. Si te daban una casa lujosa y mucho dinero, pero eso no te ayudaba a enfrentar las noches de aquellas pesadillas de los juegos, a quienes viste morir y a quienes asesinaste. En mi caso, no solo me dieron eso, si no también una pierna artificial, un implante que me ayudaba a caminar normalmente. No me quejaba, este era el precio que tenía que pagar por no salvar a Prim.

Camino el largo trecho de la Aldea de los Vencedores a la ciudad. Empezaba a caer una ligera lluvia nevada, no tardaría mucho en venirse una tormenta. Apure mi paso para llegar a la casa de los Everdeen. No necesitaba tocar, la puerta la mantenían abierta para cualquier emergencia. Allí sentada observando la nada, se encontraba la Sra. Everdeen, me pasaba el resto de la tarde cuidando de ella, alimentándola y tratando de sacarla de ese mundo de soledad en el que se había encerrado. Según me cuenta Hazelle la madre de Gale. No era la primera vez que lo hacía, la primera fue cuando su esposo falleció, y esta vez por la muerte de Prim y la desaparición de Katniss, se que la Sra. Everdeen no me culpa por lo que paso, pues llegue a hablar con ella más de una ocasión cuando lograba sacarla de la oscuridad, no era mucho lo que decía pero sabía que estaba ahí, sabía que había hecho todo lo que podía por su hija, aunque para mí no fuese lo suficiente.

A pesar de todo la entendía, sabia porque prefería encerrarse en una burbuja. Porque el dolor era tan fuerte que nada podía repararlo.

No podía soportarlo, necesitaba salir de ahí. Corrí todo lo que pude en dirección opuesta de la ciudad. El suelo empezaba a ser un poco resbaladizo pero no me importaba yo seguí corriendo, hasta que resbale por culpa de este maldito aparato. Quedándome tumbado en la nieve llorando y muriéndome de frio, pues había dejado mi sudadera en la casa de los Everdeen.

Un tercer cañonazo sonó en ese día. En el cielo el himno resonaba mostrando la imagen de la chica del Distrito 2 Clove, seguida de la imagen del chico del Distrito 11 Tresh y al final la chica del Distrito 12 Prim. Me encontraba a unos metros donde antes yacía el cuerpo inerte de Prim. Estaba casi consciente de las cosas que pasaban a mí alrededor, sabía que había perdido mucha sangre, y que si no recibía ayuda médica pronto moriría desangrado, pero eso no me importaba, no me importaba nada. Pero las últimas palabras de Prim resonaban en mi cabeza una y otra vez.

Quiero que ganes por los dos…

Quiero que seas feliz…

Que la busques y le digas lo que sientes…

Ganar por los dos, como ganaría si no tenía fuerza alguna, sabía que Cato me estaría buscando para acabar conmigo, pero si me matara, entonces el ganaría y eso yo no lo podía permitir, aparte se lo prometí a Prim. Prometí ganar por los dos. Empecé a llenarme de una fuerza que no creía tener, de llenarme de odio. Odio que siento por él Capitolio, por mis competidores muertos, pero sobre todo odio a los profesionales. No me importaba morir, pero no dejaría que Cato se saliese con la suya.

Cato apareció horas después, todo ensangrentado al igual que su espada.

-Vienes acabar conmigo – escupí las palabras con furia.

El se rio, sabiendo que no tenía que esforzarse mucho para matarme, pero no se lo haría fácil, si iba a morir, al menos haría mi lucha. Cato se abalanzo sobre mí intentando clavarme su espada en el pecho, pero fui más rápido que él, no teniendo en cuenta de mi fuerza y el cuchillo listo para asesinarlo. Cayó de rodillas con el cuchillo clavado en el estomago escupiendo sangre de la boca. Le quite la espada y la clave en su corazón. Lo odiaba, odiaba a verlo asesinado, pero odiaba más que él hubiera acabado conmigo.

Las trompetas empezaron a sonar y la voz de Claudius Templesmith anunciando al ganador diciendo: ¡Damas y Caballeros me llena de orgullo presentarles al vencedor de los Septuagésimos Cuartos Juegos del Hambre: Peeta Mellark. Tributo del Distrito 12. Al fin todo había acabado.

Pero la voz de una persona a pocos metros de mí, me volvió a la realidad.

...

Hola lectoras.!

Ahora si sus dudas de lo que paso con Prim quedan respondidas con este capitulo. Espero no me maten :/ Pondré la muerte de Prim con más detalles pero ya más adelante. También ya saben como Peeta gano los juegos. Y su rutina de todos los días.

"La chica sin pan" La verdad no sabia cuanto tiempo dejar pasar, pero creo que me excedí de meses XD Odio a Coin por lo tanto el trece no me gusta & mucho menos a Katniss.& El vídeo te lo envió ahora mismo.

"Minafan" Ya sabes que paso con Prim, no sobrevivió, lo siento u_u Lo que encuentra Katniss en el Distrito 12 es nieve & mas nieve. XD El encuentro entre Peeta & Katniss espero les guste.

"andrea" Si ya terminaron los Juegos del Hambre, & la rebelión apenas esta comenzando. Esta historia esta por partes, no se cuantas serán. Solo se que:

Cuando Katniss y Gale se van del Distrito 12 para ir al Distrito 13, Prim y Peeta siendo cosechados & los Juegos del Hambre. Fue la Primera Parte. La segunda apenas esta dando comienzos el capitulo anterior fue el primero de la segunda parte. No tenia contemplado que seria por partes, por eso no lo puse desde el principio. Como soy nueva no se si podre modificar ese pequeño detalle en los capítulos 01 y 12 si alguien pudiera ayudarme se los agradecería mucho.

El Review es el poder joven, que nos da la fortalece para encender al mundo en llamas y poder brillar mas que el sol.