Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins. Yo solo me base en los libros para crear la historia.
Capitulo 14: Volviendo a mi Hogar.
Katniss Pov.
Estaba a pocos metros de mi hogar, del Distrito 12, lo había logrado, había regresado a casa. Estaba oscuro y una gran llovizna de nieve empezaba a caer en el Distrito. Corro a toda velocidad a la alta alambrada metálica rematada con bucles de alambre de espino, me tomo un instante para escuchar con atención, por si oigo el zumbido que indica que la valla está cargada. En este momento esta tan silenciosa como una piedra. Me escondo detrás de un grupo de arbustos, por si alguien anda merodeando, me tumbo boca abajo y me arrastro por debajo de la tira de sesenta centímetros que lleva suelta varios años.
La alambrada tiene otros puntos débiles, pero esta, está tan cerca de casa que casi siempre entraba al bosque por aquí. Me encontraba feliz, al fin podía ver a mi patito y a mi mamá. Las cosas no podían ir mejor. Los del Distrito 13 no se darían cuenta de mi partida hasta que regresaran los demás soldados y eso tendría su tiempo. Pero a pocos metros de donde caminaba lo vi. Un muchacho tirado en el ahora frio suelo cubierto de nieve del Distrito 12. No sé porque pero le hable.
-Si sigues ahí, te enfermaras – No sabía porque lo había hecho, a lo mejor porque me encontraba tan feliz de haber regresado, que hasta ahora mismo podría cantar.
-Que mas da – me contesto el joven resignado e indiferente.
-¿Puedo ayudarte? – en este momento ayudaría a todo mundo si fuera necesario.
-Nadie puede ayudarme – no sé porque me empeñaba tanto en ayudarlo, estaba claro que no quería mi ayuda y solo estaba perdiendo mi tiempo con él, pero había algo que me impedía abandonarlo ahí.
-Vamos te llevare a tu casa. – me acerque a él para tenderle la mano, pero él no se movió de donde estaba.
-Estoy muerto ¿verdad? – Está bien, el tipo es un completo lunático.
-Am, no que yo sé.
-¿Esto es real? – dice tallándose los ojos, como si lo que viera, no fuera más que una alucinación.
-Lo es. – Digo – ¿Te sientes bien? - le pregunto, hincándome donde está él y tocando su frente con mi mano. – Estas ardiendo – contesto a mi pregunta.
-Eso no me importa… Katniss ¿De verdad eres tú? – ¿Me conocía? Pero como era que aquel chico ha sabido mi nombre, ¿Es que mi familia me ha estado buscando y el Distrito entero se ha enterado de mi desaparición? Seguro que sí. Pero este chico no tenía pinta de ser de la Veta. Lo miro fijamente. Es de altura media, bajo y fornido, cabello rubio ceniza que le cae en ondas sobre la frente, bajo los ojos se le notan unas ligeras ojeras, al parecer no ha dormido bien. Pero un vago recuerdo cruza en mi cabeza en ese momento.
Fue durante la peor época posible. Mi padre había muerto en un accidente minero, en el enero más frio que se recordaba. El distrito nos había concedido una pequeña suma de dinero como compensación por su muerte, lo bastante para un mes de luto, después del cual mi madre habría tenido que conseguir un trabajo. El problema fue que no lo hizo. Se limitaba a quedarse sentada en una silla o lo más habitual acurrucada debajo de las mantas de la cama, con la mirada perdida. No le afectaban las suplicas constantes de Prim. A los once años con una hermana de siete, había perdido a un padre y a una madre. Me convertí en la cabeza de la familia, compraba comida en el mercado, la cocinaba como podía e intentaba que Prim y yo estuviésemos presentables, porque si se hacía público que mi madre ya no podía cuidarnos, nos habrían enviado al orfanato de la comunidad.
Al final, el dinero voló y empezamos a morirnos de hambre poco a poco. No dejaba de decirme que todo iría bien si podía aguantar hasta el ocho de mayo, porque entonces cumpliría doce años y podría pedir las teselas y conseguir aquella valiosa cantidad de cereales y aceite que serviría para alimentarnos. El problema era que quedaban varias semanas y cabía la posibilidad de que no llegáramos vivas.
La tarde de mi encuentro con este chico, la lluvia caía en implacables mantas de agua helada. Había estado en la ciudad intentando cambiar algunas ropas viejas de bebe de Prim en el mercado público, pero no obtuve éxito. La lluvia había empapado la chaqueta de cazador de mi padre que llevaba puesta y yo estaba muerta de frio. Llevábamos tres días comiendo agua hervida con algunas hojas de menta seca. Temblaba tanto que se me cayó la ropa de bebe en un charco lleno de barro, pero no la recogí porque temía que si me agachaba, no podría volver a levantarme. Además nadie quería la ropa.
Me encontré dando tumbos por una calle embarrada, detrás de las tiendas que servían a la gente más acomodada de la ciudad. Los comerciantes vivían sobre sus negocios, así que básicamente estaba en sus patios. Cuando pase junto a la panadería, el olor a pan recién hecho era tan intenso que me maree. Los hornos estaban en la parte de atrás y de la puerta abierta de la cocina surgía un resplandor dorado. Levante la tapa del cubo de basura de la panadería y lo encontré completamente vacío.
De repente alguien empezó a gritarme y al levantar la cabeza, vi a la mujer del panadero diciéndome que me largara, que si quería que llamase a los agentes de la paz y que estaba harta de que los mocosos de la Veta escarbaran en su basura. Las palabras eran feas y yo no tenía defensa. Mientras ponía con cuidado la tapa en su sitio y retrocedía lo vi: un chico de pelo rubio asomándose por detrás de su madre. Lo había visto en el colegio, estaba en mi curso, aunque no sabía su nombre.
Su madre entro en la panadería, gruñendo, pero él tuvo que haber esto observando cómo me alejaba por detrás de la pocilga en la que tenían un cerdo y como me apoyaba en el otro lado de un viejo manzano. Por fin me daba cuenta de que no tenía nada que llevar a casa. Me cedieron las rodillas y me deje caer por el tronco del árbol hasta dar con las raíces. Era demasiado, estaba demasiado enferma, débil y cansada muy cansada.
Oí un estrepito en la panadería, los gritos de la mujer de nuevo y el sonido de un golpe y me pregunte vagamente que estaría pasando. Unos pies se arrastran por el lodo hacia mí y pensé "Es ella, ha venido a echarme con un palo". Pero no era ella, era el chico y en los brazos llevaba dos enormes panes que debían de haberse caído al fuego, porque la corteza estaba ennegrecida. Su madre le chillaba "¡Dáselo al cerdo, crio estúpido! ¿Por qué no? ¡Ninguna persona decente va a comprarme el pan quemado!"
El chico empezó a arrancar las partes quemadas y a tirarlas al comedero, entonces sonó la campanilla de la puerta de la tienda y su madre desapareció en el interior, para atender al cliente. El chico ni siquiera me miro, aunque yo si lo miraba a él, por el pan y por el verdugón rojo que le habían dejado en la mejilla. Le echo un vistazo a la panadería, como para comprobar si había moros en la costa, tiro uno de los panes en mi dirección, el segundo lo siguió poco después, acto seguido el muchacho volvió a la panadería.
Esa noche, nos comimos uno entero rebanada a rebanada, era un pan bueno y sustancioso con pasas y nueces. En la mañana comimos el pan segundo pan para desayunar y fuimos al colegio. Fue como si la primavera hubiese llegado de la noche a la mañana: el aire era dulce y cálido. En clase, pase junto al chico por el pasillo y vi que se le había hinchado la mejilla y tenía el ojo morado.
Estaba con sus amigos y no me hizo caso, pero cuando recogí a Prim para volver a casa por la tarde, lo descubrí mirándome desde el otro lado del patio. Nuestras miradas se cruzaron durante un segundo, después el volvió la cabeza. Yo baje la vista, avergonzada y entonces lo vi: el primer diente de león en años. Se me encendió una bombilla en la cabeza, pensé en las horas pasadas en los bosques con mi padre y supe cómo íbamos a sobrevivir.
Vuelvo a la realidad, preguntándole al chico que tenía enfrente:
-Peeta Mellark ¿Cierto? – lo ayudo a ponerse de pie. Mientras caminamos por la Veta para llegar a la ciudad, él me contesta.
-Lo que queda de mi – dice con un dejo de tristeza - ¿Vienes a matarme?
-¿Por qué iba a matarte? – le digo un tanto extrañada por su pregunta.
-Y porque no ibas hacerlo. – contesta desafiante.
-Bueno, porque nunca eh matado a una persona ¿Tu si? – le pregunto con voz temblorosa, volteándolo a ver.
-Ellos, me perseguirán por toda mi vida. – dice un tanto cansado. Y yo sin entender a lo que se refiere.
-¿Por qué lo hiciste?
-Porque no tenía otra opción. – cuando menos me lo espero no solo nos estamos dirigiendo a la ciudad sino a la Aldea de los Vencedores. Donde van a parar todos aquellos que han ganado los juegos del hambre, entonces empiezo a comprender mejor sus palabras.
-Eres un vencedor – afirmo más que pregunto.
-¿No lo sabías? – dice un tanto confundido.
-No – contesto
-Entonces, no lo sabe – murmura Peeta más para él que para mí.
-¿Saber qué? – le pregunto un tanto confundida.
-Estaré bien aquí, gracias por acompañarme. – evade mi pregunta, mientras comienza a caminar tambaleándose en dirección a su casa. Doy media vuelta, para irme, cuando escucho un golpe. El chico del pan ha caído desmayado a pocos metros de mí. Voy en su auxilio. Gritando a todo pulmón que alguien me ayudara, pero nadie aparece, estos rumbos están más solos que el bosque del Distrito.
- Peeta – intento que reaccione pegándole en la cara pero nada.
-Quieres dejar de hacer tanto ruido. – Me sobresalto, por las palabras de la persona que se dirige a mí. Huele mal, al parecer ha estado bebiendo y mucho.
-Deberías ayudarme en vez de quedarte hay parado.
-¿Qué le ha pasado al chico? – pregunta preocupado.
-No lo sé, está ardiendo de fiebre.
-Vamos a meterlo a su casa.
Con su ayuda, logramos meter a Peeta en su casa y llevarlo a su habitación, la casa era enorme y lujosa, tenía todo lo que una persona podría imaginar si quiera. Pero se notaba tan vacía. El hombre que me ayudo me dijo que se llamaba Haymitch. Ya antes había escuchado su nombre Haymitch Abernathy ganador de los Quarter Quell. El se fue minutos después de explicarme donde estaba el baño, la cocina y los medicamentos, pues el no serviría de mucha ayuda con la borrachera que traía encima.
Toque la frente de Peeta, la fiebre ha empezado a subir, sabía que no se recuperaría pronto con esa ropa mojada que traía. Busque entre los cajones de su ropero, encontrando ropa ligera para que él pudiera descansar cómodo. Le saco la camisa que lleva puesta y después la interior, me sonrojo un poco, en esta situación mi hermanita y mi mamá serian de gran ayuda para Peeta, que yo, a ellas no les causaría ningún efecto la desnudez, a mi tan solo me avergüenza. Pero no podía irlas a buscar, era demasiado tarde para llegar a casa y decirles que me ayudaran a tratar con un enfermo. A parte de que como iba a explicarles de mi regreso y él porque me había ido.
Le paso por la cabeza la playera holgada que saque de su ropero. Con todo el cuidado del mundo, le quito las botas, los calcetines y después, centímetro a centímetro, los pantalones. Pero me quedo paralizada al ver la pierna de Peeta. Es un artefacto artificial haciendo parecer una pierna de verdad. Algo temblorosa le paso los pantaloncillos y se los coloco. Dejándome con la duda de saber cómo fue que Peeta acabo con ese artefacto.
La fiebre comenzaba a subir, seguía inconsciente y no podía hacerlo tomar las pastillas, tenía que esperar a que recobrara la conciencia, así que coló unos trapos mojados en su frente y en su estomago pero cuando coloco el trapo en su estomago, él empieza a reaccionar.
...
Hola!
Espero les haya gustado el encuentro de Katniss & Peeta, y porque no también el de Haymitch. La historia del pan, es como relleno, pues ya se la saben. XD
"andrea" Y la seguiré tenlo por seguro, solo espero que te siga gustando y la sigas leyendo.
"La chica sin pan" Gracias Chica, lo del vídeo lo siento por no habértelo enviado, a mas tardar en la noche te lo envió. ;D sin falta ahora si :)
"magui9999" Gracias, hasta el momento trato de hacer una historia diferente, pero si hay mucho con el libro, por el momento me alegro que la leas y haber que sigue creando mi cabeza. :D
Nos leemos el viernes y si no, subo el domingo
Los Reviews en época de exámenes son una bendición.
