Despertó cuando los primeros rayos de sol se habían colado por la ventana. Se quedo unos minutos en la cama para pensar por donde empezaría a buscar. Lo único que Heimish le había dicho a Sofia el día de su partida era que "hiba en busca de el secreto de su padre", eso no le decía nada, lo único de lo que si estaba segura era de que Heimish no estaba viviendo en la ciudad, el la detestaba había vivido en el bosque casi toda su vida y estaba acostumbrado a ello. Así que lo único que podía hacer por el momento era buscar en las afueras y ver si encontraba algo.
Se levanto cuando supo que hacer. Puso su bolso arriba de la cama y saco la ropa extra. El bolso contenía unas calzas de cuero negras y una remera larga de color verde ámbar , la remera tenia una capucha de tela verde forrada con encaje oscuro que le había echo su amiga Bonnie, sus mangas eran largas y ajustadas. Se puso las mismas botas color marrón oscuro que traía en el viaje y unos guantes de cuero sin dedos que la resguardaban del frió y le permitían empuñar sin torpes movimientos a sus armas. Dejo la capa larga con capucha de color verde oliva en el bolso, la usaría luego cuando el frió se hiciera menos soportable.
Cuando hiba a desacerse de la ropa de viaje inservible callo de una de las prendas una mascara de color marrón ocre. La recogió extrañada, cuando se la haserco pudo ver los hermosos detalles en la nariz y en los ojos. Se acordó que la había guardado, un recuerdo departe de los huérfanos para que nunca olvidara de donde venia. Se la dejo colgando en el cuello .

Corto un pedazo de tela de la ropa que había usado en el viaje antes de dejarla por hay y se hizo una liga para recoger su pelo en un rodete sino se le engancharía en todo árbol y arbusto por el que pasara. Le quedaron dos mechones enrulados y pelirrojos en ambos lados de su cara. Acomodo sus armas y salio del hotel de inmigrantes.

Busco un lugar donde pudo comprar un caballo. Encontro uno serca del hotel. Habian cinco caballos a la vista, en especial uno que le llamo la atencion. Era de color marron y sus patas negras. Al acariciarlo supo que era para ella porque movió su cabeza y se haserco, le pidió mas caricias, esto le saco una sonrisa
-Quiero este-le dijo al vendedor que estaba a su lado
-¿Esta segura? Hay muchos mejores que este-dijo señalando los demás caballos
-Siento que este es para mi-dijo mirando al vendedor- ¿cuanto quiere por el?
Lo pago a un buen precio, luego de comprar el caballo recogió algunas cosas para el viaje.
Recorría el camino que salia de la ciudad de Boston cuando vio a un tumulto de gente apelmazada en el medio de la calle. Se haserco para ver que era el epicentro de aquel remolino de personas.

Al acercarse noto que las baldosas tenían hilos de sangre. Eso le aseguraron la causa de tanto revuelo. Tres cuerpos. Soldados ingleses. La gente se arremolinaba alrededor de los cuerpos y murmuraba cosas, los tres estaban bañados en sangre. Sofia paro el trote de su caballo para mirar la sangrienta escena. Uno de ellos estaba boca arriba dejando ver un corte que hiba desde su nuez de adán hasta su pecho, recto, le dio escalofríos ver la perfección de la mortal herida. Pensó que no podían ser esbirros americanos, debía ser alguien diferente. Mientras veia los cuerpos escucho a dos mujeres inglesas hablar por lo bajo
-Esto es inaceptable...como puede matar ese esbirro asesino de los americanos a unos soldados de esa manera tan despótica
-Eso no es todo, ¿no te enteraste? Mataron a otros dos soldados en el callejón, pero los solados dicen que las heridas que tenían eran diferentes que no fue el asesino quien los mato, y tienen un testigo que dice que fue...una mujer- La señora de edad se acerco mas para pronunciar estas ultimas dos palabras.

Sofia frunció su ceño y siguió mirando a los cadáveres. No se preocupo mucho por que la reconocieran en ese momento. Luego de unos minutos llegaron otros soldados, eran cuatro, tres de ellos iban vestidos de rojo, el cuarto tenia detalles verdes en el uniforme, este se acuclillo al lado de uno de los soldados muertos, la cara de este mostraba tristeza, con dos dedos cerro los ojos de el hombre que yacía muerto.
-Primo...-dijo el hombre en un susurro que nadie escucho.

Unas lagrimas recorrieron las mejillas de Sofia. Como pudo ser tan tonta de ni siquiera pensar si aquellos soldados que había matado ayer no tenían familia o estaban obligados a hacer lo que hacían en ese momento.
Una terrible culpa se almaceno en su pecho y sus lagrimas expresaron el peso que derepente le habia nacido dentro. El soldado levanto su mirada y la vio. Ella se dio cuenta que llevaba sus dagas al descubierto, incluso una de ellas todabia estaba manchada de sangre. Trago saliva, el soldado la estaba inspeccionando, cuando su mirada llego a sus armas recordó los soldados muertos en el callejón, aquellas heridas diferentes y al hombre que tuvieron que extorsionar para que les diera informacion sobre el nuevo asesino. El hombre se paro y la miro fijo
-!Oiga señorita¡- dijo mientras se acercaba a ella con el rifle en mano. Los demás hombres se alertaron, miraban a su cabecilla con atención. Sofia abrió los ojos como un búho y no tuvo mas remedio que bajarse del caballo. Las personas se corrieron del lugar y miraron de lejos a Sofia y a el soldado
-¿Que se le ofrece caballero?- dijo muy gentil y con una sonrisa, el hombre le clavo la mirada, en esa mirada Sofia pudo ver muchas cosas...no prácticamente cosas lindas
-Señorita me dejaría ver esas dagas que lleva en su cinturón- Sofia no se las hiba a dar, si se las deba la descubrirían y probablemente fusilarían. Suspiro porque no le quedaba otra opción mas que matarlo.
-Perdóname- le dijo en un susurro, el soldado no parecía entender
-Pero...- el soldado frunció el ceño

Antes de darse cuenta Sofia ya le había clavado una daga en el estomago, callo casi muerto .
Las personas cuando vieron al soldado caer corrieron se alejaron aun mas entre exclamaciones. Los otros soldados atacaron inmediatamente. El primero trato de clavare la bayoneta de su arma, pero sofia lo esquivo con facilidad y le clavo una de las dagas en el costado, el segundo le hiba disparar. No podía esquivar balas así que antes de que el hombre herido cayera lo uso como escudo para que la bala no le atravesara en pecho. Cuando el hombre se distrajo para cargar saco el cuchillo de su bota y se lo lanzo, este atravesó su cuello. El ultimo estaba atemorizado, el miedo se veía en su rostro, Sofia y el se miraron fijo. No lo podía dejar vivo. Cuando miro su mano, vio un anillo de compromiso. Ese hombre tenia familia. Sofia saco su ballesta y la apunto hacia el que se tenso aun mas de lo que estaba
-Deja el arma- le dijo con brusquedad, el soldado estaba en estado de pánico, por esa razón no reaccionaba
-!Que dejes el arma¡- le volvió a decir Sofia, esta vez si reacciono y tiro el arma a los pies de Sofia
-Vete...- el soldado la miro perplejo y se fue corriendo.
Retiro la daga de la espalda del soldado y la volvió a poner en su bota. Miro a su alrededor para solo ver a personas que nisiquera conocía mirándola como si fuera una clase de monstruo. Se limito a ponerse la mascara y la capucha, para pasar mas inadvertida. Se subió a su caballo que se había apartado un poco gracias a la pelea.

Fue al galope hasta llegar a un punto vació de la ciudad, las lagrimas le surcaban el cuello, no recordaba haber matado tantas personas de donde vivía. Cuando los primeros arboles aparecieron se bajo del caballo y se puso su abrigo. Los bosques de América tenían algo diferente a los bosques escoceses, se leían cosas horribles en la naturaleza que la rodeaba, en sus arboles se sentía el dolor de personas luchando por libertad, en su nieve se podían ver las lagrimas de las familias que perdían a padres y esposos y en su cielo las pocas fuerzas que le quedaban para continuar. Los bosques escoceses escondían leyendas, en sus arboles se veía el misterio y el peligro de batallas pasadas, en la nieve que cubría la tierra como un manto todos los invierno se podía sentir los tiempos de ivernacion, donde todo parecía estar así como entumecido y dormido, en los cielos de aquellos bosques se encontraban los mas felices de los recuerdos que atesoraba su país.

Las diferencias eran muchas, si bien los bosques de américa cargaban dolor, había algo que los mantenía fuertes, algo que los mantenía firmes a las perdidas y a la condición de revelarse contra quienes una vez les arrebataron la libertad de ser uno con ellos mismos. En las antiguas creencia de su pueblo se decía que un lugar en donde la naturaleza se unía siempre había algo o alguien que mantenía su flujo de energía haciéndolo un lugar fuerte y prospero, incluso en los malos momentos, se pregunto que o quien hacia que ese lugar no se quebrara. Se rio al encontrarse a si misma preguntándose eso, aquellas cosas eran solo cuentos, cosas inventadas. O por lo menos eso decía la iglesia en que confiaba
Luego de largas horas de viaje se sentó a descansar, su caballo estaba algo agotado. La nieve era un obstáculo bastante grande para quedarse a dormir en algún lugar esa noche, así que solo se paro un momento ato a su caballo a un tronco hueco, se sentó al lado de el y le dio un par de manzanas. Le acaricio la crin y su hocico.
-¿Que nombre te pondré a ti ternura?- le dijo mientras acariciaba su hocico- que tal... Tim o... Casu como se llamaba mi antiguo caballo
El caballo parecía entender de lo que hablaba porque se quejaba con con relinchos bajos de los nombres que mencionaba
-O con que te has puesto selectivo... que tal Thunder o Shaun
El caballo seguía quejándose y relinchaba por lo bajo, como si estuviera maldiciendo.
-Esta bien...que tal... Leo-el caballo se puso mas contento esta vez, emitió un relicho agudo y con el hocico tocaba la mano de su dueña
-Leo...lindo nombre para un caballo tan valiente y bueno- dijo mientras se paraba y acariciaba su cabeza- bueno Leo es hora de que sigamos, necesitamos un lugar en donde pasar lo noche y sino terminaremos congelados
Prosiguieron su camino. Unas horas después el sol se escondió y empeso a nevar. El frió aumento y no encontraban un refugio en donde pasar la noche. Luego de unas horas fueron engullidos por la oscuridad y lo único con lo que pudo alumbrarse fue con una lampara de aceite que había traído solo por las dudas.

La pequeña nevada se transformo en una feroz tormenta, su caballo apenas podía seguir. La nieve apenas dejaba ver el camino que seguían Sofia hiba con la cabeza agachada al igual que su caballo. El estado penoso de Leo era preocupante, el sudor que hacia unos minutos ahora con la nieve se secaba y le daba escalofríos que apenas soportaba.
Sofia levanto su cabeza y adelante suyo vio la salvación de ambos. Una cueva lo suficientemente grande para los dos,estaba a unos metros así que se bajo del caballo y tiro de las riendas. Llegaron y ambos se sintieron aliviados al no sentir ese viento helado en la cara y la nieve que chocaba y se derretía causándoles mas frió. La cueva tenia unos unos cinco metros de alto y unos diez de largo, no era tan profunda ya que parecía que se había derrumbado porque a los cuarenta metros tenia una pared de rocas que bloqueaba todo paso hacia su interior. Primero tuvo miedo de encontrar a un oso pero gracias a dios no había ninguno y parecía que no había indicios de que hubiera uno y se hubiera ido recientemente. Se coloco a unos veinte metros de la entrada a la cueva encendió una fogata con lo que encontró dentro de la cueva. Su caballo temblaba de frió así que lo coloco serca de la fogata y le saco la brida y la montura, le cepillo el sudor. Por suerte había traído provisiones para el viaje en la montura, unas pieles, comida para el caballo y para ella. Le sirvió comida a su caballo y lo tapo, este se recostó mientras comía, parecía estar mejor ahora, Sofia cocino algo de carne y se sentó apoyando su espalda en las costillas del caballo que estaba recostado. Saboreo la carne y se calentó sus ojos estaban pesarosos y se le cerraban solos. Tuvo en cuenta que si bien no había osos ni indicios de que hubiera uno en la cueva podía ser que uno buscara refugio en aquella tormenta tan pesada. Así que llevo a su caballo atrás de la fogata porque sabia que a los osos les daba miedo el fuego a causa de su mala vista. Estaba muy agotada, apoyo la cabeza en el lomo de su caballo, no quería dormirse, quería quedarse a vigilar pero el cansancio le gano y sus ojos se cerraron rendidos al agotamiento.

En el medio de su sueño reconfortante. Sintió una mano, que le acariciaba su rostro, era una mano suave, debería de ser porque tenia como una tela cubierta, algo así como gasa. La mano asía movimientos leves con el pulgar. Abrió sus ojos solo unos segundos, estaba oscuro, la fogata se había apagado lo único que pudo ver fue una capucha en frente de ella. Nisiquera pudo ver su rostro, su mano acariciaba su mejilla dulcemente.
-Duerme...-le dijo la figura misteriosa, era un hombre, sus ojos no aguantaron el peso del agotamiento y otra vez, aunque Sofia no quisiera, se cerraron sin ningún aviso.

Desperto a la mañana siguiente sobresaltada, cubierta por unas pieles y con la fogata ensendida... alguien habia estado con ella esa noche. Las imagenes de aquella misteriosa figura le asaltaron la mente y primero sintio intriga luego miedo. ella no conocia a nadie aparte de su hermano y nisiquiera sabia si este estaba viviendo en aquel lugar. Decidio dejarlo para otro momento. Porque parecia que el extraño vistante no queria hacerle daño, por lo que recordaba.

Debia explorar la zona en donde se encontraba, su caballo estaba muy exahusto todabia asi que prefirio dejarlo en la cueva descansando. Junto sus armas y la lampara de aceite por las dudas. Cuando salio pudo ver con mas detalles la entrada de la cueva, era redonda, una capa de nieve y las raices de un arbol que estaba encima de el lo cubrian completamente. Era una vista muy linda.

Decidio investigar primero por el norte, se subio a un arbol con la aguilidad de un gato y salto de uno en uno para que no la detectaran exploradores y soldados de cualquiera de los dos bandos. Recorrio un extenso trayecto hasta que vio señales de fogatas y de tiendas en los alredeores. Estuvo varios dias recorriendo los senderos para hacer el reconocimiento de aquel lugar. No tardo en dar con un campameto de soldados americanos. No se animo a hasercarse mucho al principio, asi que lo primero que iso fue ir mas alto y ver desde un punto seguro a los patriotas que estaban en el lugar.

El campamento estaba rodeado por una baja muralla de troncos apicanados, se veia triste. Los observo marchar cargar sus armas al mando de su capitan, tambien observo a algunos que estaban en el centro del campamento, al rededor de una fogata, se veian temerosos y adoloridos. Luego de mirarlos un rato, algo la sobresalto, entraron dos hombres cargando a un soldado, herido y cubierto de sangre tambaleaba su cabeza de un lado a otro .

El general salio enseguida de su tienda habisado por otros soladados. El hiba vestido como tal y tenia el pelo de color blanco por las canas, no podia apreciar muchos detalles desde donde estaba pero se veia como un hombre de unos cincuenta años. Se haserco a el soldado moribundo e inicio una conversacion con los recien llegados

-¿Que les ha pasado?-pregunto el general arrodillándose para ver al soldado que apenas respiraba
-Rompieron el frente mi general- dijo uno de los recién llegados- nos apuñalaron por la espalda, fueron demasiados- Unos médicos llevaron al soldado moribundo a una tienda, la sangre le brotaba de las heridas. Múltiples balas surcaban su espalda y aun así seguía en pie.
El General lo vio hirse con las minimas posibilidades de sobrevivir
-¡General! si rompieron nuestra guardia no pasara mucho tiempo hasta que nos encuentren-dijo el teniente. Los soldados permanecieron en silencio mientras observavan al general pensar
-¿Y que hay de Connor?- pregunto cuando este se quedaba ya sin opciones
-Esta diriguiendo una flota de guerra, me informaron que llegara en tres semanas- dijo el teniente
-Entonces compatriotas alisten sus armas. Esta noche tendremos visitas- dicho esto partió a su tienda de nuevo. Los soldados se miraron porque sabían que el que no moría esa noche seria victima de heridas horriblemente dolorosas.

Sofia, desde su lugar, recapacito un rato. Los ingleses eran muy diferentes a los americanos. Lo decia en el sentido de que ellos no merecian estas tierras que asía tiempo habían encontrado, estas tierras deberían ser libres al igual que las personas que la vieron nacer y los mestizos que nacieron en ella. Los americanos solo querían libertad. Los inlgeses dinero y mas poder. Sabia que lucharia hasta perder la vida si su tierra se viera envuelta en los problemas en los que se mantenía américa. Aparte de todo esto una pregunta se le aparecio en su cabeza ¿quien era Connor? tal vez era un capitán o general tal vez un hombre de un rango mayor. pero hablaban de el como una sola persona asi que debía ser alguien que tenia la valentía y habilidad de atacar solo y eficazmente.

Al ver a los soldados con esas caras, supo que estos sabían que no hiban a pasar un buen momento, se apiado profundamente de ellos suspiro y en un pensamiento se pregunto porque no ayudarlos. Tenia una mascara y armas suficietes para detener por lo menos a la mayoria y que no pudieran atacar. Se bajo del arbol. Si los ayudaba tenia que ser rapido y consiso su ataque, era ir, atacar y salir lo mas rapido posible, no podia dejar que ningun soldado ingles la viera sin la mascara y tampoco que ningun esbirro americano la vieran su verdadera identidad...se pondrian curiosos y lo menos que queria ahora que estaba buscando a su hermano era que la buscaran para otra causa que aunque era una noble no podia cumplirla.

Se puso la mascara y regreso a la cueva, alli se preparo. Se ato muy bien el pelo casi sin dejar que este se viera porque no eran muy comunes las pelirrojas en ese tiempo y menos las pelirrojas con rulos y ojos verde ámbar. Se acomodo la capucha con la mascara. Esto la dejo casi irreconocible de cara. Pero su remera algo ajustada asia resaltar su cintura y su forma de moverse tal cual como la de una mujer. Eso seria lo único que sabrían. Que la que los había volcoteado era una mujer. Debia partir enseguida si queria cumplir su cometido. Sin ser decubierta ni por un bando ni por el otro.