Rompecabezas incompletos

Capítulo 2

Salvo el incidente en la azotea el día había transcurrido de manera cotidiana para el joven Mutou, después de haber utilizado la hora del receso en inusuales y profundas reflexiones había regresado con sus amigos, quienes le cuestionaron su momentánea desaparición del grupo, en especial Anzu que desde hacía algún tiempo insistía en que debían hablar con respecto a su estado de ánimo.

"Yo estoy muy bien Anzu, de maravilla" había sido su reiterada respuesta ante las continuas interrogaciones de su mejor amiga.

Jounouchi lo había retado en diferentes ocasiones a un duelo de monstruos, sin embargo era algo que aún no podía superar, ese simple juego de cartas le evocaban un sinfín de recuerdos y emociones a las que aún no quería enfrentarse, a las que no creía necesario hacerles frente.

El rubio impulsivo le comprendía en parte pero también sentía que era su deber como amigo devolver al pequeño Yugi al pasatiempo que tanta felicidad le había traído en el pasado.

"Dale tiempo" fueron las palabras de Anzu y Honda.

¿Pero tiempo para qué? El joven de ojos ametista se veía saludable y de buen ánimo, entonces ¿porqué había algo que no cuadraba en esa apariencia?

Duke se reservaban sus opiniones sobre el tema, después de todo no parecía haber problema alguno, Ryou por otro lado había dejado de ir a la escuela unos días atrás, sin embargo era algo que acostumbraba hacer debido a los continuos viajes de sus padres así que fue un hecho que también pasaba como algo normal.

De Kaiba tampoco habían tenido noticias cercanas salvo las que cualquier persona podía ver en noticiarios y periódicos, siendo él el CEO de la compañía más grande de la ciudad.

Yugi agradecía que el día hubiera terminado, al fin podía caminar de regreso a casa sin tener que preocuparse por sonreír todo el tiempo, un simple estoy bien no era suficiente para nadie, y aun con todo y su actitud alegre y positiva podía sentir la pesada mirada de preocupación de sus amigos sobre la nuca.

Todos los días era lo mismo; despertar y prepararse para las clases de manera mecánica, atender a la escuela y convivir con amigos, compañeros y profesores de la mejor manera posible, regresar a casa para tomar una cena a medias, realizar tareas y finalmente dormir, los días y las noches pasaban como agua que lleva un río.

Definitivamente no quería llamarle depresión, no tenía pensamientos suicidas, no se sentía triste y aún así no sabía a qué atribuirle su falta de apetito, el sentimiento perpetuo de cansancio y el repentino desinterés por casi todo lo que le rodeaba.

"Ya llegué abuelito!" anunció al entrar en la casa-tienda

"Qué tal Yugi, ¿qué tal la escuela?"

"Bien" respondió secamente y se dirigió directamente a su cuarto.

Sugoroku se limitó a observarlo desaparecer al subir las escaleras, así como todos los demás, el amable anciano sabía lo que inquietaba al pequeño y a qué nivel, lo que desconocía era el cómo apoyarlo cuando él mismo era el único que no sabía de su problema.

Ya en su cuarto, el joven de ojos ametista dejó la mochila de escuela sobre la cama, se quitó la parte superior del uniforme, despeinó sus cabellos y masajeó las sienes como una forma de relajar su mente, prendió la computadora y a continuación se desplomó sobre la cama quedando boca abajo.

Pensó brevemente en todas las tareas que debía tener listas para el día siguiente, en lo preocupados que estarían Jounouchi, Anzu y Honda si decidiera no aparecer online por esa noche, todas esas cosas por hacer se sentían como una pesada piedra sobre la espalda, ansiaba poder quitársela de encima, que todos lo dejaran solo y que los días pasaran más rápido.

Pero eso no era posible; si faltaba con alguna tarea los maestros le reprenderían y sus calificaciones se irían por los suelos, algo que no le preocupaba de sobremanera, sin embargo ello atraería la atención de todos sus amigos y abuelo, indudablemente le cuestionarían y la hora de enfrentar la verdad habría llegado.

No valía la pena, prefería hacer los deberes escolares y aparecer online por un momento sólo para evitar situaciones incómodas.

Apesadumbrado y sin ánimos de hacer algo, Yugi se levantó de la cama para dirigirse al escritorio y comenzar a trabajar en todo lo que debía hacer, tareas ordinarias que en otro tiempo hubiera realizado de manera mecánica y que ahora significaban un esfuerzo considerable, alguna parte de su mente sabía que era lo mejor para su futuro, sus estudios y su salud, pero la otra parte sentía como si aquéllas labores necesitaban ser completadas sólo por el simple hecho de mantener su mente ocupada en algo, más bien distraída de pensar en otros asuntos.

Al cabo de hora y media los quehaceres escolares estaban casi finalizados, lo siguiente en la agenda era decir hola a quien fuera que se encontrara conectado en aquel sitio social, Yugi no se consideraba fan de las nuevas redes sociales que estaban en boca de todos los adolescentes de la preparatoria, no con su carácter tímido, un lugar en el que las personas hablaban, en su mayoría, sobre relaciones amorosas y enredos no parecía lo mejor para él, ni siquiera había alguien especial que atrajera su atención, que le pareciera atractiva, mucho menos tenía novia. En algún otro momento de la vida había sentido una fuerte atracción por su mejor amiga Anzu, cuando pensaba en ello se percataba que ahora ya no tenía mucho sentido, no podía explicar en qué momento dejó de sentir aquello por la chica de ojos azules.

Muy en contra de sus verdaderos deseos ingresó al sitio, encontrándose con el acostumbrado contenido de todos los días, rupturas, inicios de relaciones sentimentales, fotos de citas y veladas románticas.

¿Es que las personas no tienen algo más interesante qué decir?" pensó un tanto fastidiado, usualmente no le molestaba lo que otros dijeran o hicieran pero esa ocasión sentía cierta aversión contra casi todo lo que le rodeaba.

Después de recorrer las actualizaciones durante unos minutos un estatus captó su atención.

te extraño tanto y te odio por haberme dejado, omg te odio más que a nadie en el mundo!

Había sido escrito por una chica de su misma clase con la que rara vez cruzaba palabras y aún así sabía que sólo unos días atrás el muchacho con el que salía la había dejado por una de sus amigas, por supuesto noticias así de escandalosas las conocía toda la escuela por lo que no era raro que Yugi supiera los pormenores.

No sabía porque le había llamado la atención, mucho menos sabía porque esas simples y burdas palabras le recordaron al antiguo espíritu con el que había vivido durante años.

Recordó sus grandes ojos carmesí, serios y profundos, la manera en la que miraba a sus oponentes y enemigos, una mirada llena de seguridad que congelaba a cualquiera y sin embargo…la manera en la que acostumbraba a mirarlo a él era todo lo contrario; reflejaba calma y confianza.

Esa imagen que había tratado de evitar durante semanas lo asaltaba de repente, el rostro del antiguo faraón, en esos momentos deseaba poder tener una foto de él, algo que era completamente impensable debido a la naturaleza incorpórea de su ex compañero. Eventualmente esa imagen se borraría de su mente para siempre y no podría recordarlo jamás.

Una gota de agua cayó sobre el dorso de su mano, sin darse cuenta había empezado a llorar, al darse cuenta de que el momento del que había rehuido por semanas había llegado, nunca imaginó por supuesto que el evento que lo desencadenara sería algo que leyera en internet.

Yami se había marchado para nunca jamás volver, después de todas esas promesas de estar juntos por siempre, nada de eso pareció tener algún sentido cuando ex faraón simplemente cruzó la puerta hacia la eternidad sin siquiera voltear a verlo, un pulgar arriba, fue todo lo que se dignó a hacer, eso y un discurso motivacional que parecía haber sido leído de alguna plantilla para tarjeta de regalo.

Yugi no pudo evitar sentirse usado.

Claro, después de haber recobrado sus memorias ya no tenía caso seguir en la tierra, en ninguna parte mencionaba el hecho de que no existiera otra opción…pero él fue el que le mandó a ese destino…

Aquella pesada carga era mucho y terminó desplomándose sobre él como un helado balde de agua, el nudo en la garganta se deshizo dándole paso a un llanto amargo que terminó sobre sus rodillas y manos, frente a él la pantalla seguía mostrando la actividad usual como si su dolor fuera ajeno al mundo real, y después de todo…en el mundo real los chicos normales no se enamoraban perdidamente de las almas atrapadas de faraones antiguos que habían salvado el mundo miles de años atrás.

¿De verdad lo había pensado? ¿Enamorarse?

Todo tenía tanto sentido, estaba estúpidamente enamorado de alguien que ya no existía en ese plano material, quizás ya ni estaba en esa misma dimensión, posiblemente nunca lo había estado, Yami, un ser inalcanzable en todos los sentidos.

Lo había tenido tan cerca, literalmente dentro de su cuerpo y a la vez tan lejos como la luna.

Una pequeña sonrisa irónica escapó de sus labios.

Regresó a su atención a la pantalla sin objetivo alguno, sólo para cambiar de asunto, por curiosidad o por reflejo empezó a leer los comentarios que dicho estatus había inspirado, se encontró con lo predecible, mensajes de ánimo y apoyo.

¿Cómo reaccionarían sus amigos cuando se enteraran de su calvario? ¿Entenderían su amor imposible y le apoyarían? ¿o se reirían de lo patético de su caso?

Entre los comentarios hubo uno que volvió a llamar su atención, empezaba como los anteriores y por la forma de hablar y agregar emoticonos Yugi dedujo que se trataba de una chica, lo que llamó su atención en particular fue una línea que rezaba así

"…y ese día escuché en su programa sobre las etapas por las que pasan las personas cuando pierden a alguien o algo asi XD es normal lo que sientes no te preocupes…"

El resto del mensaje era de apoyo adicionado con fuertes cargas de cursilerías, pero ahí estaba otra vez ese tema, las etapas de la pérdida o duelo. Tecleó esas palabras en el buscador y se encontró con que dichas etapas incluían: negación, enojo, deseos, negociación y finalmente aceptación.

Obviamente la fase de de negación había terminado así que seguía el enojo, pero no se sentía molesto, quizás ni siquiera en eso podía ser normal.

Un mensaje instantáneo lo sacó de sus pensamientos, era Jounouchi.

"Q tal viejo como andas?"

Yugi pensó lo que respondería antes de enviarlo.

"Bien Jou, pero algo cansado creo que iré a dormir temprano "

"siee yo también me ire…pero Yug, mira…"

El pequeño duelista suspiró profundamente en señal de fastidio, sabía que se avecinaban palabras de apoyo incondicional, no era que le molestara, apreciaba tener amigos como ellos preocupados por su bienestar pero comenzaba a sentirse hastiado de sus constantes recordatorios.

"mmm…deberías checar ese artefacto en donde guardabas tu deck, bueno te veo mañana Yug bye"

Y después de eso el anuncio awesome Jounouchi se ha desconectado apareció en la ventana de la conversación impidiéndole cuestionarle al respecto.

Aquello le había tomado por sorpresa, ¿artefacto? ¿A qué diablos se refería Jounouchi?

"De todas las cosas que pudo haber dicho porque eso? En donde guardaba mi deck? Pero si lo he guardado en varios sitios, o es que ha vuelto a inhalar plumones de pizarrón? Diablos Jou a veces creo que estas mas loco que una ca…"

Un pensamiento repentino interrumpió a la serie de interrogantes que pasaban por su mente a la vez.

El sarcófago de oro, el objeto que había contenido las piezas del rompecabezas milenario, que al no ser un artículo de los siete evitó ser sellado con los demás y el único que pudo conservar Yugi.

¿Eso era?

Después de unos segundos de dudarlo un poco Yugi se dirigió al armario, en donde había prácticamente sepultado con ropa aquel objeto, realmente no quería tener algo que le recordara esos eventos pasados pero la fuerza para deshacerse de éste no había llegado.

Tras haber retirado una montaña de playeras, pantalones, incluso ropa interior, encontró lo que buscaba, reluciente como siempre, su forma no había cambiado ni los grabados, ni su peso o color.

"No tiene caso…"

Dejó caer el objeto con forma rectangular, lo único que quería era irse a dormir y que ese día terminara de una vez, pero al caer el objeto reveló su cara inferior, tenía algo inusual en él: un pedazo de papel pegado con cinta adhesiva.

Dubitativo, Yugi despegó el objeto adjunto, después de examinarlo brevemente se dio cuenta de que se trataba de una carta, le sorprendió que el destinatario era él mismo.

Para: Yugi

De: Yami

Continuará…

Notas de la autora:

Muchas gracias por sus reviews, de verdad no creí que recibiría uno siquiera jaja me han alentado a continuar con esta historia, espero tener un poco más de tiempo en futuros capítulos y responderle a cada uno de sus comentarios.

Mientras tanto solo puedo decirles que espero que sigan leyendo y comentando, me ha alegrado mucho que les esté gustando, esperen una tormenta de sentimientos de todo tipo jajaja!