Encontrarse con una carta de su ex compañero, que creía ya se encontraba lo más lejos posible de su vida, en otra vida y posiblemente en otra dimensión, fue lo último que había espero pasaría ese día, no, de hecho fue lo último con lo que creyó toparse en lo que le restaba de vida.
El mar de interrogantes dentro de su, ahora solitaria, mente no se hizo esperar, ¿Cuándo la escribió? ¿Porque? ¿porqué Jounouchi sabía de ella?
Quizás había regresado, posiblemente sólo era una horrible broma, ¿y si todo aquello era un sueño o una ilusión alimentada por la falta de alimento y sueño?
Las emociones del joven duelista le atacaron al unísono, sin siquiera conocer el contenido de la carta lo poco que le quedaba de fuerza se derrumbó en forma de amargas y abundantes lágrimas que aparentaban haber esperado el momento de salir a la luz por un tiempo demasiado prolongado.
Un pesado halo de confusión envolvió su ser por completo, no sabía si debía leer el resto del motivo de su lamento u olvidar su existencia y continuar con la vida que intentaba sobrellevar, una de apariencias falsas que servían como escudo.
Yugi, atormentado, optó por una decisión pasajera, no leería la carta, primero debía asimilar los hechos, y si el llanto se había presentado como la puerta para dejar pasar todos sus sentimientos, tenía que aceptarlo y dejar fluir el caudaloso río de emociones.
Se recostó boca abajo sobre la cama y lloró y sollozó sonoramente procurando no ser oído por su abuelo, una almohada se encargaría de ello.
La noche ya había caído, en el interior del cuarto la única luz presente provenía de la pantalla de la laptop del joven de los ojos ametista., Yugi lloró y se lamentó durante un largo rato, todas las lagrimas que había guardado e ignorado ahora le reclamaban su cautiverio.
"Te extraño, te necesito, no puedo creer que te fueras así, prometiste que estaríamos juntos para siempre, dijiste que tus memorias no te importaban y que preferías estar conmigo, incluso te ofrecí mis recuerdos…nada de eso te importó!" eran los pensamientos que cruzaban su atormentada mente, en un momento completamente sentimental simplemente no quería entender o razonar nada, sólo había lugar para su amargo sufrimiento.
Más tarde, las luces de la casa se encontraban todas apagadas, el abuelo Mutou seguramente había ido a dormir plácidamente hacía un par de horas, por su parte Yugi sentía que había llorado lo suficiente como para toda una vida. Sabía que tenía los ojos hinchados y el cabello hecho un desastre pero eso realmente no importaba.
"¿Y ahora qué?" fue la interrogante que inundó la habitación.
Miró de reojo la carta que había abandonado en el piso del closet junto a un montón de ropa, ahí estaba la causante de aquella molesta experiencia, la contempló durante unos segundos como si se tratara de un animal extraño y desconocido del cual no se sabe si atacará en el momento menos indicado.
Dubitativo el joven se dirigió lentamente hacia el objeto en cuestión como quien se acerca a un perro a punto de atacar y busca calmarlo.
Sobra decir que el pedazo de papel no le atacó y sin embargo Yugi agradeció que no lo hiciera una vez que la tuvo entre sus manos, la desdobló y recorrió con la mirada rápidamente.
El papel parecía un tanto viejo y su contenido se veía afectado por el paso del tiempo debido a que el escritor había utilizado lápiz, lo cual extrañó al joven.
¿Cuánto tiempo tenía de haber sido escrita y porqué Junouchi se la había entregado hacía algunas horas atrás?
Sólo había una manera de saberlo, Yugi comenzó a leerla desde el principio notando que el inicio se veía particularmente más afectado que el resto del texto, se podían apreciar que habían pasado una goma para borrar una y otra vez.
Para: Yugi
De: Yami
Saludos aibou, esto es un poco difícil para mí, estoy un poco oxidado ¿sabes? Bueno trataré de ir directo al punto: hace sólo unos días que el torneo de ciudad batallas llegó a su fin y ahora tenemos los siete artículos del milenio y las tres cartas de dioses egipcios…
Los enunciados siguientes también tenían marcas visibles de haber sido ensayados en varias ocasiones, el papel incluso se veía más delgado.
Y jamás lo hubiera podido lograr sin tu ayuda, de verdad, literalmente jamás lo hubiera logrado…te lo agradezco y no tengo como pagarte, jamás podré…
No importa lo que pase de ahora en adelante, nunca te olvidaré aibou.
Eso era todo, Yugi realmente no sabía que había esperado obtener de la lectura de aquel recuerdo de su ex compañero, eso no aportaba algo nuevo, entonces… ¿porqué Jounouchi sabía de su existencia? ¿Porqué Yami jamás se la entregó personalmente, siendo que ya había pasado bastante tiempo de aquello?
Tenía que encontrar una respuesta o no podría dormir en toda la noche, se dirigió a la laptop para intentar comunicarse con su mejor amigo y no pudo evitar mirar el reloj de reojo.
Las 3 de la mañana.
Jounouchi seguramente ya se encontraba plácidamente dormido, aún si lograra despertarlo y hablar con él no conseguiría que éste le dijera una sola frase coherente.
Al poner los hechos sobre la mesa supo que aquélla carta había desencadenado una serie de sentimientos indeseables y hasta ahora evitados con todas las fuerzas que le quedaban, sabía y entendía muy poco y se sentía mucho peor, algo le había indicado que no debía leerla pero su madurez y fortaleza no fueron suficientes.
El atormentado joven duelista no pudo conciliar el sueño en todo lo que restó de la noche, aún cuando logró apartar todo pensamiento relativo con su ex compañero, la carta debajo del sarcófago y la posible relación de su mejor amigo con todo eso, simplemente el descanso no llegó a su mente.
…
Desde unas semanas atrás despertar por las mañanas y salir de la cama se había convertido en una tarea repulsiva, el solo pensar en ella le provocaba fruncir el seño, pero esa en particular se sentía aún más desagradable.
Tenía bolsas debajo de los ojos, el cabello más alborotado que de costumbre, las extremidades se sentían pesadas y entumidas y la expresión en su cara mostraba una mezcla entre fastidio, ira y ansia.
Lentamente y sin ánimo de ir realmente a la escuela el joven Mutou se vistió con el usual uniforme de la preparatoria Dominó, lavó la cara y peinó su cabello, llevó a cabo una rutina muy sencilla y básica, sólo lo necesario para parecer presentable, su interés en asistir era uno muy distinto al de la rutina diaria.
Antes de salir de la casa, Yugi dirigió una rápida mirada a su cuarto para comprobar que no olvidaba algo, guardó la carta y se marchó sin agregar más, sin desayunar ni haber saludado al abuelo
Al llegar a su destino se percato que la hora de entrar aún estaba distante, en su apuro había llegado más temprano de lo acostumbrado, la escuela se veía tranquila, pocos estudiantes se encontraban caminando por los pasillos , una sensación de soledad y vacio se apoderó de su ser.
Una sensación que no lo asaltaba desde hacia varios años y aún así la recordaba bien, ese sentimiento tan común en su vida justo antes de haber completado el rompecabezas del milenio, la vida solitaria de un adolescente tímido e incapaz de hacer alguna amistad , recordó como algunos de sus compañeros de aquél entonces lo molestaban por su curioso aspecto infantil, su peculiar interés por los juegos de mesa, de video y demás pasatiempos solitarios y cómo otros estudiantes simplemente lo ignoraban o se mantenían indiferentes.
Una época en la que únicamente su amiga de la infancia, Anzu, le dirigía la palabra y su atención.
Nubes grises cubrieron el cielo y oscurecieron las calles, un trueno alertó a los estudiantes que despreocupadamente comenzaron a ingresar a los salones dejando al joven de ojos ametista con sus memorias en medio del patio de la preparatoria.
Unas semanas atrás él era conocido como el Rey de los Juegos, buscado y admirado por muchos pero Yami se había llevado todo ello consigo, sin él no había necesidad de torneos épicos ni duelos en los que se jugaran los destinos de personas o el mundo mismo, había regresado a ser simplemente Yugi Mutou.
Nunca pidió fama ni algún tipo de reconocimiento, inclusive agradecía que sus compañeros no le atosigasen constantemente, sin embargo si alcanzaba a percibir una diferencia abismal; la soledad tan acostumbrada que ahora pesaba como si se hubiese acumulado durante todos esos años.
"¡Yugi!"
Una conocida voz lo sacó de sus pensamientos, Anzu corría hacia él con desesperación en sus movimientos y preocupación en los ojos.
"¡Yugi cuanto lo siento!" exclamó la joven abrazando repentinamente a su amigo "¡Yo no quería que esto fuera así, por favor tienes que perdonarlo!"
Confundido, Yugi se apartó de ella y la miró con una expresión interrogante.
"¿Anzu? ¿De qué hablas? ¿Perdonar a quién?"
"Jounouchi…él me contó…sobre…bueno…él" comenzó a explicar pausadamente pero la mirada de Yugi demostraba que comenzaba a impacientarse lo que prácticamente le obligó a continuar su explicación de manera más natural "Jounouchi nos contó a Honda y a mi que te dijo sobre la carta"
La situación mejoraba para el atormentado duelista, entonces todos sus amigos cercanos sabían de aquello aparentemente desde algún tiempo atrás y todo se había mantenido como un secreto, ¿acaso lo creían tan frágil? ¿porqué ocultar algo así? ¿Por qué Anzu se disculpaba? ¡Qué podían saber ellos sobre sus sentimientos? En realidad nadie entendía, nadie podía, ni siquiera él lo hacía.
Yugi no pudo evitar sentirse traicionado, aunque no entendía porqué o si tenía razón de hacerlo, sólo se preguntó qué otras cosas podían estar ocultándole.
"¿De qué carta me hablas?" preguntó sólo para ver la reacción en la cara de su amiga y si podía obtener más información de todo ese asunto.
"Eh…¿no la leíste?"
La respuesta del duelista fue una mirada seria y fría ante la que Anzu no tuvo más opción que dar una mejor explicación.
La chica de ojos azules inhaló aire para exhalarlo con resignación, evitó la mirada dubitativa que tenía clavada encima y comenzó a explicar.
"Un par de días antes del Duelo Ceremonial Yami habló con nosotros…Honda, Jounouchi y yo"
El conocido nombre resonó en la mente de Yugi alertándolo, sintió un agudo dolor en el pecho.
"Yo…" la chica pausó unos momentos, cerró los ojos en señal de estar meditando sus siguientes palabras. "¡Yugi yo no quiero que sufras!" exclamó ella mirándolo a los ojos, los de ella parecían estar a punto de derramar lágrimas...
Continuará…
Notas de la autora:
Esto se complica un poco no? Sólo quiero agradecerles sus gratos comentarios sin ustedes esto no sería posible, de verdad! Tenía pensado en hacer esta historia de sólo dos capítulos pero al ver el buen recibimiento, al menos mejor del que yo tenía pensado, he decidido ampliar la trama, que espero, les guste.
Son las 3 de la mañana pero necesitaba terminar este capitulo, ooowww
Hasta el siguiente capitulo!
xoxo
