Vayaaa ha pasado una eternidad lo sé y no tengo excusa pero en mi defensa he de decir que han pasado varias cosas, cambié de trabajo, intento avanzar mi tesis y controlar mis locuras y nuevas obsesiones…en fin que al parecer apenas me empiezo a equilibrar y ya puedo volver a escribir yay, es tarde y no terminé de revisar el cap así que ustedes perdonarán faltas gramaticales de coherencia o simples locuras que aparezcan, y también contestaré sus reviews pronto, mientras tanto los dejo con esto
Capítulo 7
Una invisible y particularmente complicada soledad ensombrecía el rostro de Anzu, sus expresivos y brillantes ojos azules parecían haber perdido algo que jamás volvería, aún cuando las heridas sanasen, aún si él fuera capaz de volver, si todo volviera a ser como en días anteriores, que se sentían como lejanos recuerdos, aún así lo perdido no podría ser recuperado.
Semanas de intentar mantenerse en una sola pieza por el bien de sus mejores amigos, de Yugi especialmente, por su propio bienestar físico y mental habían resultado contraproducentes, sentía como si todo aquello se hubiera acumulado para tomar la forma de un gran peso invisible sobre su espalda, un peso que amenazaba con hacerla desplomarse sobre sus propias rodillas, en cualquier momento. En algún momento pensó que guardar y tratar de ignorar todo aquello sería tan simple como barrer una habitación para esconder la basura debajo del tapete olvidando completamente lo que ello conlleva.
La pareja de mejores amigos caminaba por las tranquilas calles de la ciudad de Dominó en medio de una tarde fría debido a la débil pero incesante lluvia tan común durante aquellos últimos días, a veces imperceptible y otras amenazadora, hasta arrasadora, justo como los sentimientos en conflicto del grupo.
Bajo el pretexto de necesitar ayuda para los exámenes Yugi y Anzu se dirigían a la casa de esta última, sin embargo esas habían sido precisamente las últimas palabras mencionadas. Anzu desconocía la razón por la cual su acompañante permanecía en total silencio y en realidad no le interesaba, sólo sabía que tendrían algunas horas a solas en las que podrían aclarar la situación y seguir adelante juntos, como cuando niños ambos se tenían el uno al otro. O bien el peso invisible en la espalda de la chica ojizazul caería sobre ambos obligándoles a destruirse mutuamente. Anzu no sabía porque había aceptado la petición del ex duelista o porque era incapaz de dirigirle la palabra o si quiera preocuparse por él.
Yugi por su parte mantenía un paso torpe y lento, tropezando cada dos o tres pasos, con la mirada clavada en el piso, la cara escondida bajo el impermeable azul y con ambas manos sosteniendo la mochila sobre su espalda, en un gesto que pareciera más bien de auto protección, dibujando con su ser una escena que despertaba en su compañera sentimientos parecidos al asco y la repulsión, sin siquiera ella conocer la razón.
La forma en la que aparentaba ser tan débil y frágil le comenzaba a parecer insoportable, ¿porqué creía que era el único capaz de derrumbarse de ese modo? ¿Acaso era ella la responsable de mantener la cordura y fortaleza por ambos?
En ese momento el único lazo que los unía era la sombra dejada por un anhelo imposible, el fantasma de la falsa esperanza de recibir los sentimientos recíprocos del espíritu de un faraón milenario que simplemente había dejado de existir en aquel mundo, el mismo que probablemente abandonó miles de años atrás.
Anzu, Yugi y el pesado manto de una tragedia muda que los envolvía, habían perdido más que un amor imposible, los lazos de amistad en ese momento se encontraban perdidos en otro lugar lejos del que se encontraban, la misma Anzu, al sentir al que considerara su mejor amigo caminar detrás de ella, con su andar lento y ausente casi espectral, percibía como si éste también se hubiera marchado de su mundo, ahí estaba él a pocos centímetros de ella y sin embargo los dos podrían haber estado en planos diferentes y sentirse exactamente igual.
Las piernas de Anzu comenzaron a acelerar su paso de manera inconsciente, buscando alejarse de esa situación lo antes posible, esperando una respuesta que no obtuvo de su acompañante pero sí del cielo, pesadas gotas de lluvia se precipitaron sobre sus cabezas tan rápidamente que cuando pudieron reaccionar aquello ya era una tormenta torrencial.
Sin mirar atrás, Anzu echó a correr cubriéndose la cabeza con los brazos, sintiéndose ya completamente envuelta por la lluvia, ignoraba si su acompañante se había quedado en el mismo lugar lamentándose o si el fenómeno natural le había obligado a reaccionar, no lo sabía y no le interesaba cambiar esa situación.
Tan solo unos metros adelante fue alcanzada por un cobijador y familiar brazo que le rodeaba los hombros cubriéndole con un conocido impermeable azul. ¿En qué momento Yugi había crecido tanto? Aquello en el mundo real había sido cuestión de unos pocos segundos, en su mundo había transcurrido de manera lenta, irreal, onírica… lo cual se vio reflejado en su capacidad para reaccionar.
"¡Vamos Anzu o te resfriarás!"
El impermeable ya puesto, Yugi a la distancia y Anzu perdida en otro mundo, en el que se encontraba su cuerpo el tiempo pareció transcurrir lentamente hasta detenerse por completo, en el que divagaba su mente no existía la lluvia, ni las calles frías ni la ausencia de un fantasma lejano, sólo estaban ella, justo en el mismo lugar que se había quedado su cuerpo, y su mejor amigo a sólo unos metros, lejano e inalcanzable.
"¿Qué ocurre?" El ex rey de los juegos la tomó de la mano atrayendo su atención, las ropas de ambos escurriendo pesadamente.
Bastó con ese simple toque para regresarla al mundo corpóreo, siendo el rostro preocupado y empapado de Yugi lo primero que pudo distinguir, cuando cayó en la cuenta de su presencia ya había derramado varias lágrimas que inútilmente buscaron confundirse con la lluvia.
Ninguno se atrevió a hablar o cuestionar lo que estaba pasando, no existían las palabras necesarias, el joven de ojos ametista le rodeó la cintura con ambos brazos, lenta y cuidadosamente como queriendo memorizar cada segundo de aquel momento y, en contraste con sus movimientos previos, dejó que su cabeza cayera, se derrumbara sobre un costado del cuello de la joven ojiazul. Ella, tras dudarlo brevemente le abrazó con arrebato, aferrándose al cuerpo que tenía en frente, casi enterrando las uñas en la espalda de éste.
Bajo un cielo gris y frío los dos cuerpos temblantes y exhaustos finalmente se encontraron, rindiéndose a lo inevitable, dejando salir las lágrimas aprisionadas por semanas, incluso las que habían sido guardadas años atrás se hacían presentes, las que se formaron por el simple conocimiento de que aquello sucedería.
Sus labios se encontraron en un movimiento que había surgido con la misma fuerza que las lágrimas acumuladas, igual de repentino e inevitable, en ese punto ya no importaba quién lo había iniciado ni el porqué, sólo quedaba el calor que ambos cuerpos necesitaban desesperadamente.
Tan sólo medio minuto después de haber empezado, el fugaz beso desapareció cómo había surgido, repentino, suplicante y producto de la mezcla de sentimientos y emociones de ambos.
El ex duelista bajó la mirada al instante que sus labios se separaron de los de su mejor amiga, incapaz de mirarla a los ojos, sin embargo ella entendió el gesto a la perfección y le abrazó rodeándole el cuello con ambos brazos y hundiendo la mitad del rostro en el cuello de éste.
"Nos estamos destruyendo Yugi…" susurró Anzu en tono de derrota, a unos milímetros del oído de Yugi.
Estando tan cercanos la joven ojiazul pudo visualizar la expresión de su debilitado amigo, aún cuando tenía la mirada clavada en el piso y el mentón enterrado en el hombro de éste supo que el ex duelista estaba llorando aún cuando ya no le quedaban más lagrimas por derramar, casi podía describir cómo se le habían deformado las facciones, el temblor de su cuerpo no mentía pero el cansancio en éste era tan evidente como doloroso.
"Yo lo amaba Yug, pero… no tanto como tú, eso es obvio…"dijo al aire cómo si él no estuviera presente.
Lágrimas pesadas y amargas rodaron por las mejillas del joven duelista confirmándole que aún le quedaban algunas por derramar.
"Si, lo sabemos…porque Yug, parece que eres el único que no lo había aceptado"
"!¿Como amar alguien así Anzu?! Ni siquiera …ni siquiera estaba vivo" exclamó Yugi levantando la voz, agitado y con la vista nublada por las lágrimas, dejando escuchar su voz, articulando más de tres palabras ante ella por primera vez en algunos días.
Por supuesto que estaba preparada para una reacción así, incluso para algo más emocional, la joven de cabello castaño atrajo aún más al pequeño como queriéndolo proteger.
"Vamos a casa"
Ya no quedaba más que agregar, Anzu estrechó sus cuerpos una última vez para separarse segundos después y comenzar a caminar, la lluvia había cesado y el ritmo habitual regresaba a las calles, por su parte, Yugi aún con la mirada en el piso y lágrimas en los ojos pudo percatarse de las miradas curiosas que se posaban en ellos. Así los dos retomaron la marcha y en cuestión de instantes llegaron a casa de Anzu.
Era un lugar en el que el ex duelista había estado incontables ocasiones, ya fuera como compañero de juegos infantiles, de estudio o como un buen amigo que prestaba su hombro a manera de desahogo, Yugi siempre se había sentido bienvenido, al menos hasta ese momento, no podía explicarlo pero de alguna manera se veía a sí mismo como una presencia ajena, como algo que no encajaba en aquel lugar.
Anzu entró primero, deteniendo la puerta cortésmente para dejarlo pasar, se descalzó, removió el impermeable azul para ponerlo a secar y subió al segundo piso tan rápido que parecía ir dando saltitos por las escaleras, entre tanto Yugi la observaba desde el nivel inferior, completamente empapado y sin atreverse a mover un solo centímetro.
En un parpadeo la chica de ojos azules volvió trayendo consigo un montón de toallas y una bata de baño.
"¿Qué haces ahí? No te preocupes por mojar el piso podemos secarlo después pero no te quedes ahí nada más" dijo ella con un tono de voz considerablemente más animado. Él bajó la mirada otra vez evitando hacer contacto visual a toda costa.
"Yug…" dijo preocupada acercándosele y cubriéndolo con una de las toallas. "Te vas a resfriar" A continuación lo abrazó frotando la toalla en diferentes partes de su cuerpo para mantenerlo caliente.
"Discúlpame…" dijo al fin Yugi en voz baja
"¿Porqué?"
"Lo de… hace rato"
Ella se separó un poco para posar sus manos sobre los hombros de su mejor amigo, el hecho de que esta vez sí se estuvieran viendo a los ojos la llenó de una calidez reconfortante.
"Yug…" quiso comenzar a hablar pero calló reprimiendo sus propias palabras, se mordió el labio inferior y tras meditarlo un poco retomó el hilo "Vamos a secarnos primero"
Yugi se limitó a hacer un gesto afirmativo, Anzu le dejó a la mano una bata azul marino indicándole que ella iría a cambiarse a otro lugar y con eso se quedó sólo en un lugar al que ya no pertenecía, desvistiéndose en silencio y con la mente en blanco.
Cuando Anzu regresó traía puesta su piyama, unos pants grises y una playera amarilla varias tallas más grandes que la suya, y un par de tazas humeantes que colocó sobre la mesa de la sala.
"Por favor no te quedes en el recibidor, antes solías entrar hasta la cocina sin importar quien estuviera para agarrar galletas del frasco" Comentó sin mirarlo, teniendo cuidado de no derramar el contenido de las tazas.
Él se acerco dubitativamente, manteniendo las distancias como un cachorro herido recibiendo ayuda de extraños, Anzu se sentó en un extremo del sillón en frente de la mesita y palpó un par de veces el espacio junto a ella, indicándole que podía acercarse, que quería que se acercara, él así lo hizo con la misma timidez y permaneció con las manos entrelazadas en medio de las rodillas y con la vista al piso.
Así fue hasta que sintió el repentino peso de su mejor amiga sobre su cuerpo, abrazándolo con fuerza y nuevamente hundiendo la cara en su cuello.
"Perdóname tu…" la voz se le quebró hasta romper en llanto "Yo no he sabido manejar esta situación…no puedo…he estado …tan ocupada en mi propio dolor que olvidé el tuyo"
"No Anzu yo…" alcanzó a decir en voz baja, a punto de derrumbarse nuevamente.
"Está bien… lo sé…fui egoísta…él me gustaba y eso me confundió mucho…Yugi…"
Quería decir algo, reaccionar, no estar como congelado en su asiento pero no podía pensar en nada, sólo esperar a que Anzu se desahogara y terminara con lo que quería comunicarle.
"Llegué a tener celos de…de ti…los veía y sabía que no tenía oportunidad, no contigo"
"¿D-De… qué e-estás… hablando?" tartamudeó ya con lágrimas corriendo bajo sus ojos.
"Él te amaba…¡diablos! Te amaba como nunca antes he visto a alguien hacerlo, más que a sí mismo, más que a nada en el mundo… el brillo en sus ojos cuando veía hacía la nada… hacia donde seguramente estabas tú…"
Rompió el abrazo regresando a su asiento, abrazando sus piernas y recargando el mentón en las rodillas, dando la impresión de que aún tenía mucho que decir. Tomó una gran bocanada de aire y exhaló prolongadamente.
"La primera vez que salí con él me di cuenta de que su mente y su voluntad ya estaban en ti, en protegerte…quizás ni él lo sabía en ese momento pero era muy obvio…aún así no quise verlo, quise hacerme a la idea de que…si…llegáramos a otros niveles…podía empezar a gustarle…fallé, fallé completamente"
"¿Amarme? ¿De qué hablas? Nunca me dio esa…ni la más ligera impresión o idea, nunca, ¿porqué habría de hacerlo? Tu viste cómo se marchó, tú estabas ahí" Dijo distante, deteniendo el llanto.
Anzu reflexionó lo que acababa de escuchar y retomó la plática.
"El día que perdió ese duelo contra Rafael…ese día Yugi jamás podré olvidarlo, no creo volver a ver un hombre tan devastado, arrepentido, hundido en la tristeza."
Yugi frunció el seño, imitó la posición en la que se encontraba Anzu e intentó concentrarse en sus palabras.
"Durante esos días fuimos muy cercanos, nadie más se atrevía a dirigirle más de tres palabras, no queríamos culparlo pero…¿cómo evitarlo? Él activó esa carta aún sabiendo las consecuencias. Los chicos, Rebeca e incluso yo lo responsabilizamos en silencio… sin embargo, ¿qué debía hacer yo? ¿Ignorarlo y dejar que su dolor lo consumiera? Ya estaba sufriendo bastante así que decidí apoyarlo, de una u otra forma… Una parte de mí me decía que ese era el momento para declararle mis sentimientos." Pausó un momento su relato para estirar brazos y piernas , se incorporó sobre la mesita, tomó lentamente la taza caliente y le dio un pequeño sorbo buscando aclararse la garganta "Pero no pude, estaba demasiado preocupada por ti y él no pensaba en otra cosa que no fueras tu, entonces…en realidad no tenía caso intentarlo." Se quedó unos instantes inmóvil y en silencio sosteniendo la taza entre sus manos, Yugi comenzaba a sentirse incómodo, teniendo dificultades para aceptar todo lo que sus oídos escuchaban cuando la joven continuó "Pero sí pasó algo"
Sus últimas palabras captaron la atención del ex duelista sentado en el otro extremo del sillón, su corazón pareció dar un brinco y las manos comenzaron a temblarle, intentando ahogar el nudo que tenía en la garganta logró articular un par de palabras.
"¿Qué…pasó?" dijo al aire con un hilillo de voz.
Anzu sorbió más chocolate caliente dejando la taza vacía sobre la mesa, retomó su posición en el sillón acurrucándose en uno de los cojines y meditó una vez más sus palabras.
"Fue durante la noche de ese día, cuando perdió el duelo, todos estaban tan tensos que él se alejó del grupo, pasaron unas horas y como vi que no regresaba fui a buscarlo, lo encontré a pocos metros del camper, sentado solitariamente en medio de la nada"
flashback
Era media noche en el frío desierto y Anzu, visiblemente preocupada se acercaba cuidadosamente hasta donde se encontraba el atormentado espíritu milenario, vistiendo un pantalón de mezclilla y una chaqueta afelpada, llevando consigo una cobija.
"Uh…Yami…" Llamó la joven al espíritu, que se encontraba sentado en la arena, con las piernas flexionadas, mirando al cielo y dándole la espalda.
No obtuvo respuesta, sin embargo era una reacción esperada.
"Yami está helando aquí afuera, ¿porqué no vienes adentro? Hay bastante espacio para todos nosotros, no te preocupes por eso." Dijo disimulando su nerviosismo e incomodidad.
El ex faraón continuó como si no hubiera nadie más ahí, causando que la chica detrás de él suspirara pesadamente resignándose.
"Te voy a dejar esto aquí a un lado… sé que me estás escuchando…"
Para ese momento la chica ojiazul ya estaba a punto de llegar al límite de su paciencia, seguro, los dos estaban pasando por un momento difícil, su día no había sido el mejor de todos, de hecho nunca lo había visto tan deprimido pero eso no le daba ningún derecho de ser grosero.
"¡Oye! Contéstame al menos" le recriminó reemplazando su preocupación y nerviosismo por indignación, posicionándose justo en frente de él, pero nada la preparó para enfrentar lo que vio; un espíritu milenario, una vez faraón, campeón del Duelo de monstruos que se reducía a un hombre en la completa miseria, débil en todos los sentidos, sus ojos hinchados y rojizos se perdían en el manto infinito de estrellas, sus ropas estaban sucias y cubiertas de arena.
Anzu tragó saliva sintiendo como la preocupación y ansiedad regresaban a inundar todo su ser.
"Esto…nos duele a todos…pero Yami no ganarás nada alejándote e ignorándonos. Además…" sabía que lo que estaba a punto de decir movería fibras sensibles que quizás no debiera tocar en esas circunstancias pero ya no quedaban más opciones "…¡Además Yugi sacrificó su alma para que tú pudieras seguir!"
No pudo decir si aquello había alcanzado los oídos del espíritu o si sencillamente era el tiempo adecuado para hablar, pero finalmente Yami dio señales de vida.
"He perdido…algo más importante que mi vida…" dijo casi suspirando y con voz ronca.
"¡Pero lo vamos a rescatar! Por eso debes ser fuerte, debemos…por él Yami, si permanecemos juntos podremos lograrlo, sólo …sólo no te rindas así" Alentó la joven sentándose a una distancia prudente del espíritu.
"¿Y si nunca vuelvo a verlo?" el espíritu lanzó la pregunta al aire, no se estaba dirigiendo a Anzu, quien ni siquiera sabía si ya había notado su presencia.
"Claro que lo veremos, hemos estado en situaciones peores…" se detuvo en seco al caer en la cuenta de que en realidad esa era la peor de las situaciones.
"No entiendes Anzu…" el espíritu finalmente movió la cabeza para ver directamente a su amiga, confirmándole que había escuchado todo lo que ésta había dicho. La joven se quedó congelada en su lugar. "Yugi…mi aibou…él…significa mucho para mi"
"Si, te entiendo Yami, ustedes dos han peleado juntos durante estos años, han pasado por tanto… estoy segura de que son grandes amigos" comentó la joven ojiazul intentando alejar el tema que estaban a punto de tocar.
El rostro de Yami se ensombreció de repente, sus grandes y expresivos ojos se cubrieron de tristeza. Aspiró una gran bocanada de aire y la exhaló casi dolorosamente.
"Lo amo"
Esas dos palabras fueron suficientes para liberar de un gran peso a la joven ojiazul, uno que la oprimía, restringía pero a la vez la llenaba de cierta seguridad, de una falsa esperanza a la que quería seguir aferrándose.
"Con toda mi alma y mis fuerzas…"
"Yo…creo que ahora te entiendo mejor Yami" fue lo mejor que se le ocurrió decir, en realidad deseaba salir corriendo de ahí, correr hasta quedar sin fuerzas ni aliento, mientras sus lágrimas se secaban con el viento helado del desierto nocturno.
"No…" una sonrisa herida escapó de los labios del ex faraón, su voluntad comenzaba a flaquear. Respiró profundamente una vez más y se preparó para mostrar por primera vez su verdadera cara. "No conozco nada de este mundo, no debería estar en él, éste no es mi tiempo ni espacio, todos los días son un constante recordatorio de eso, de que tengo una misión que cumplir urgentemente y que ni siquiera puedo recordarla, de que no pertenezco aquí…"
"Pero nunca… nunca te ves …bueno, así, siempre estás tan seguro de…"
"Si dejara ese acto me derrumbaría por completo Anzu, ese exceso de confianza es … un escudo, con todo eso…el saber que Yugi está a mi lado es lo único que me da fuerzas para continuar, él es el único que me ha hecho sentir… feliz, cómodo, tranquilo…" De repente una chispa iluminó sus ojos y su tono de voz se aclaró un poco "Cuando duerme por las noches su tranquilidad me da paz y cuando despierta por las mañanas siempre me anima y no me permite rendirme…aún después de todo lo que le he hecho pasar, de las veces que lo he expuesto al peligro, con esto…debería odiarme pero casi puedo sentir que no me culpa…"
"¿Lo sabe?"
"No" fue una respuesta categórica y sin lugar a más cuestionamientos, sin embargo el espíritu sintió que aún quedaba mucho por agregar. "Al principio pensaba que estos sentimientos eran …fraternales o simplemente amistosos y que no debía pensar en expresarlos porque eran…naturales. Después descubrí que también…sentía deseos por él" ambos se sonrojaron inevitablemente ante tal confesión. "Que quería tocarlo, deseaba tocarlo, sentirlo, aspirar su aroma, claro en mi estado eso no era posible, incluso dentro del rompecabezas podía percibir un poco de su esencia y sentir su piel, pero era, no sé cómo explicarlo…cómo una sensación incompleta, igual que tocar algo con guantes"
"¿Pero porqué no se lo has dicho? Estoy segura que a él no le importara ese… detalle" comentó ella un poco más tranquila.
"Porque no lo merezco Anzu, lo que pasó hoy fue un gran ejemplo" su semblante volvió a la oscuridad y melancolía "Soy egoísta, tan sólo lo lastimaría, tú misma has estado todas esas veces que ha estado en peligro por mi culpa; por poco lo pierdo en el duelo contra Pegasus, en el duelo contra Marik… sé que él quiere ayudarme pero no es justo que por mi culpa pase por esas cosas…y hoy…lo perdí al fin. Esto que pasó…me hizo reaccionar, ver las cosas como son, si llegara a confesarle lo que siento, esto tan intenso y maravilloso, lo haría infeliz, por todo lo que le he hecho sufrir, porque no podría tocarlo ni demostrarle cuánto lo amo, no puedo darle lo que merece…nunca podré. "La voz se le quebró y una silenciosa y furtiva lágrima escapó y resbaló por su mejilla. "Algún día me iré para siempre y eso será inevitable, por más que peleemos o nos aferremos eso tendrá que suceder porque yo no pertenezco aquí…¿y que pasará entonces? ¡Él se quedará aquí sufriendo por este estúpido que no puede proteger lo que más ama! " Finalmente el espíritu se derrumbó y soltó a llorar desconsoladamente.
Anzu tomó unos instantes para comprender todo lo que el ex faraón le había confesado, no sabía que decir ni cómo animarlo, ciertamente él tenía razón, pero se equivocaba al creer que era egoísta, Anzu pensaba que la decisión de no hablar para proteger a Yugi había sido lo más desinteresado que pudo haber hecho, aunque no podía ni imaginar el sufrimiento que consumía su alma.
"Vamos a salvar su alma te lo prometo." Aseguró la joven poniendo una mano sobre el hombro del espíritu intentando calmarlo"
"Eres la única que sabe de esto" dijo Yami aún llorando.
"Y supongo que así quieres que se mantenga"
El espíritu asintió sintiéndose más vulnerable que nunca, la joven no resistió más y soltó a llorar también, los dos se abrazaron y lloraron en silencio, sufriendo por su parte. Anzu no comprendía el dolor en el alma del espíritu, él no sabía que acababa del romperle el corazón a la joven ojiazul.
Fin de flashback
"Nunca más volvimos a hablar del tema y yo no se lo había contado a nadie hasta ahora, decidimos que eso sería lo mejor para todos, pero ahora veo que no fue así." Respiró profundamente al finalizar su relato.
Yugi sintió que ya no le quedaba más energía en el cuerpo y se dejó caer en el sillón, recostándose a unos centímetros de las piernas de Anzu.
"Tú lo amabas" fue una afirmación más que una pregunta.
"Con toda mi alma" respondió el joven ex duelista con la mirada clavada en el techo.
"Perdóname por nunca decirte esto Yugi, no creas que lo hice porque intentaba algo… con él"
"No Anzu" se apresuró a aclarar "Te entiendo…créeme"
"Pero…es que cada vez que quería confesártelo, me venían a la mente sus palabras y creía que tenía razón…bueno, también estás sufriendo…que era lo que queríamos evitar…"
"Quisiera simplemente olvidarlo"
"Hay…opciones, métodos…muchas cosas…para eso"
"Es que no puedo, aún siento su presencia"
"¿Cómo dices?"
"A veces siento que sigue en este mundo, incluso he llegado a escucharlo, a soñar con él, que me toca y se siente… muy real"
Anzu enmudeció de repente.
"Él dijo que esto pasaría"
"¿¡Qué, qué dijo!?" exclamó incorporándose en el sillón, albergando un efímero rayo de esperanza.
"Calma Yugi, sólo dijo que tus sentidos se confundirían y bueno, después de tantos años de compartir un cuerpo y mente te harían creer que él sigue aquí"
Y con eso la pequeña motivación que le quedaba se esfumó, aunque sabía que era algo imposible y lejano le gustaba aferrarse a ella.
"Entiendo…" susurró desplomándose nuevamente e invitando una nueva depresión.
La joven ojiazul no pudo evitar sentirse culpable más aún cuando sabía que lo que estaba a punto de explicarle lo pondría peor pero ya no podían esperar al mejor momento.
Continuará…
Notas de la autora:
La trama se revela y nos acercamos a la conclusión, cualquier comentario es siempre bienvenido, ustedes son geniales y les deseo el mejor de los días
xoxo
